SUMARY: Yamato, Sesshomaru y Sasuke disfrazados de Reyes Magos y escuchando lo que los niños quieren, pero sufriendo por dentro sus asuntos personales.

Parejas principales: Yamato x Sora .-. Sesshomaru x Rin .-. Sasuke x Sakura

Aclaraciones: Este es un fic crossover y UA

Género: Romance

Disclaimer: Los personajes de Digimon, Inuyasha y Naruto no me pertenecen, sino a sus respectivos creadores Akiyoshi Hongo, Rumiko Takahashi y Masashi Kishimoto


LOS TRES REYES MAGOS

by: Atori

Threeshoot


Ellas

Era de noche y Sora había llegado a su casa.

Tras haber cerrado la puerta de su habitación, soltó un hondo suspiro como si hubiera estado en una guerra y salido ilesa sin haber llevado ninguna clase de protección.

Es que todavía no entendía como había podido confesarse tan descaradamente.

Desde el primer momento en que supo que estaba enamorada Ishida Yamato, se había decidido guardar aquellos sentimientos por lo inútil que era.

En pocas palabras, se había rendido sin luchar.

Era una cobarde y lo reconocía. Pero, ¿qué probabilidades tenía de que Yamato la correspondiera? Ninguna.

Él era guapo, atractivo, popular y solamente SU amigo, por lo que ella no se veía a su altura.

Pero hoy…

¡Había sido una bocazas! Y ahora se moría de vergüenza si lo viera.

¿Por qué se lo había dicho?

Porque él le había preguntado porqué había rechazado a Taichi.

¿Y después, qué había hecho?

Huir y escapar como una cobarde.

¿Qué pretendía de ahora en adelante?

Emigrar a España o a cualquier lugar del globo donde no la encontrara.

¡No tenía valor para encararlo!

¡Tenía miedo de que la rechazara y perder su estatus como amiga!

Dando un segundo suspiro, se tumbó bocabajo sobre su cama.

Quizás, con muchísima suerte, Yamato, después de rechazarla, le decía que aún seguían siendo amigos.

¡En sueños, quizás!

Después de confesarle sus sentimientos, por lo incómodo que le ha de resultar, comenzará a ignorarla.

-Soy una estúpida…

El vibrador de su móvil, la despertó de su ensoñación. Cogiéndolo de su bolsillo, no le sorprendió que el que llamase fuera Yamato.

Seguro que quería una explicación y dejar en claro que lo suyo era imposible.

Con el móvil vibrando en sus manos, Sora estuvo entre la gran duda de su vida: Cogerlo y afrontar la realidad; No cogerlo y seguir huyendo.

Teniendo más miedo que valor, dejó que el móvil siguiera vibrando, sin atreverse a contestarle.

Tras un minuto, el móvil dejó de sonar y eso alivió a la joven mujer.

-Parece mentira que a mi edad me esté comportando como una tonta colegiala –riéndose de sí misma.

Segundos después, su móvil volvió a vibrar y nuevamente, la llamada provenía de Yamato.

Y nuevamente, Sora dejó que el móvil vibrara.

Que Yamato insistiera por tercera vez, asombraba a Sora.

Parecía que el rubio quería hablar con ella fuera como fuese.

Tragó saliva.

No, no podía hablar con él. No se veía capaz.

Una hora después, la batería de su móvil se había terminado y con ello, las llamadas de Yamato habían cesado.

Y se sintió aliviada.

Aunque también, puede que estuviera exagerando, y en el fondo, Yamato quería decirle que también estaba enamorado de ella.

-¡Como si eso fuera posible! –se dijo siendo realista, mientras ponía el móvil a cargar.

Yamato y ella eran tan distintos, que no tenían nada en común. Además, a pesar de que se conocían desde la secundaria, nunca habían hablado mucho. Siempre era Taichi el que más hablaba con él, por lo que todas las cualidades por las que se había enamorado, era por lo que Taichi contaba y que ella confirmaba cuando lo veía. Pero durante la secundaria e incluso durante sus cuatros años de universidad, había sido un chico tan popular, donde todas las mujeres revoloteaban a su alrededor como abejas a la miel. Había sido testigo de la cantidad de chicas con las que había salido, aunque nunca nada serio. Solo una tarde y si hubo noches, nunca quiso saberlo.

-Todas ellas eran tan guapas, tan refinadas y tan bien vestidas que es imposible que yo tenga alguna oportunidad –se decía angustiada, tras observar cuál era el tipo de chica que le gustaba a Yamato.

El timbre de su casa sonó en esos instantes. Debido a que sus padres se encontraban en la fiesta que la fundación había preparado, no le quedó otro remedio de averiguar quién era a esas horas de la noche.

A punto de abrir la puerta, Sora se detuvo.

¿Y si era Yamato?

-No, es imposible. No es muy razonable si estuviera delante de mi casa llamar durante una hora al móvil –se dijo tras desechar la idea de inmediato. Y convencida de que no era él, abrió la puerta.

Su sorpresa fue grande al ver lo equivocada que estaba.

Allí se encontraba Yamato, todavía disfrazado de Rey Gaspar, pero sin la peluca y sin la barba postiza, con el móvil en la mano y con una mirada acusatoria.

Por puro reflejo, Sora cerró la puerta de golpe, quedando más mal de lo que ya había quedado.

¡Ahora sí que quería huir a España o a Canadá!

-¡Ni pienses que me voy a marchar, Sora! –le dijo Yamato desde el otro lado de la puerta- ¡No me puedes decir que estás enamorada de mí y después evitarme! ¡¿O acaso estás jugando conmigo?!

Y las mejillas de Takenouchi nunca estuvieron tan rojas de vergüenza como en ese momento.

Era cierto que desde su punto de vista, parecía que se divertía a su costa. Pero claro, él como lo tenía todo y podía permitirse a la chica que quisiera, incluyéndola, no tenía ninguna inseguridad de que la chica le rechazara.

Saberse tan insignificante ante su persona, le hizo ver la realidad y el error que había cometido.

-¡Cómo si tú no lo hubieras hecho con las otras chicas! –le contestó con la puerta como obstáculo- ¡Tú puedes permitirte a la que quieras, que no tienes problemas a la hora de declararte! ¡Pero yo soy distinta a ellas! ¡¿Lo entiendes?! –comenzando a llorar- ¡Por eso, en ningún momento me pediste salir como a ellas! ¡Porque soy distinta! ¡Porque SOLO me consideras tu amiga! ¡¿Cómo esperas que dé la cara cuando sé que me vas a rechazar y que nuestra amistad no volverá a ser como antes?!

Una confesión cobarde apropiada para el momento, donde la pelirroja no podía ver al rubio.

-…

Por esa razón, no veía como la cara de Yamato había perdido su rabia y se había mantenido tan callado que Sora no supo interpretar.

-Estás equivocada –con un tono más bajo, pero apreciable para el sentido auditivo de la joven-. Nunca te he pedido para salir porque contigo es diferente.

Sora miró la puerta confusa, como si así viera a Yamato.

-Yo te he querido siempre, pero porque te quiero y por la relación que mantenías con Taichi que nunca te lo he dicho. Por eso, estás equivocada si crees que no tengo miedo a declararme a la chica que realmente me gusta.

-Mientes. Eso lo dices para reconfortarme.

-Si fuera una mentira, no estaría delante de tu puerta durante más de una hora, para aclarar las cosas y pasando una vergüenza horrible llevando este disfraz.

Sora se giró un poco más.

-¿En serio… -sorbiendo por la nariz- en serio… yo… te gusto?

-Desde que teníamos catorce años –confesó.

-¿Aunque seamos… distintos…?

-Así es.

Poco a poco, Sora se fue girando hasta mirar la puerta. Sus extremidades, también lentas, se fueron dirigiendo al pomo.

-¿A pesar… de que yo no soy tan guapa y femenina… como las otras con las que saliste…?

-Eso es algo que no me interesa.

La puerta se fue abriendo lentamente, dejando ver a una Sora con las lágrimas descendiendo por sus mejillas y el rojo pintado sobre ellas.

-¿A pesar… de que soy una cobarde… que no quiso enfrentarse…?

Y Yamato detuvo sus palabras colocando un dedo sobre sus labios.

-En eso ambos somos idénticos –con su otra mano, la aprovechó para arrimarla a él-. Si tú perdonas este defecto mío, yo te perdono el tuyo.

La mano que tapaba sus labios, descendió hasta su compañera, para aprisionarla más contra él. Viéndola tan cerca, tan tierna con esa cara de embobada sobre su persona, eran razones para ir bajando su rostro y comenzar su relación con un beso de amor.

-¡Mira, mami! ¡El Rey Gaspar le está metiendo mano a esa señorita!

Fueron las palabras inoportunas de un niño, que regresaba de la calle con su madre.

Avivando más la fea mirada que les había lanzado la madre de la criatura, ambos jóvenes se metieron dentro de la casa.

-Mami, mami –le llamó el niño tirando de su falda-, es que el Rey Gaspar va a hacer con esa señorita lo que tú y papá hacéis.

.

¡No estaba!

¡No la encontraba!

Con la habitación completamente desordenada, Rin buscaba el regalo que había hecho desesperadamente.

Era una jovencita muy olvidadiza, y ese defecto, ahora se hacía presente.

-Justo cuando menos lo quiero –se decía mientras volvía a buscar entre los cajones de la cómoda que estaban tirados por el suelo.

Si al menos supiera si había llevado el regalo por la mañana, entonces podría tener la desagradable opción de que cuando había ido al coche para coger la portátil y dársela a Sasuke-san, el regalo se hubiera caído y por lo tanto, perdido. Pero es que ni eso lograba recordar.

-¡Jo! –se lamentó y permitiéndose dar unos segundos de descanso.

Ella que desde niña siempre había querido hacerle un regalo, hasta el punto de ir ahorrando un yen por semana y aguantándose las ganas de comprar aquellos deliciosos y riquísimos regalices, las gominolas de tiburón, las de fresa, las nubes, los tanzanitos, las mariquitas de chocolate…

Tentada por las golosinas que todavía le fascinaban, Rin recobró el sentido de inmediato para centrarse en aquel problema tan grave.

¡Había perdido el regalo para Sesshomaru!

Había estado ahorrando desde niña, con la firme determinación de comprarle algo, hasta acabar por decidirse en comprar material para hacerle algo hecho por ella.

Una bufanda, había sido su elección, no teniendo muchas opciones, ya que a Sesshomaru le disgustaba los dulces.

Y ella era terrible a la hora de cocinar.

Y bueno… también lo era a la hora de calcetar.

Pero por Sesshomaru, se había esforzado todo aquel año para hacerle una bufanda medianamente decente.

-Todo un año… -murmuró.

Recordando la de veces que se había equivocado y vuelto a empezar, hizo que diera por finalizado el descanso y volviera a buscar con desesperación.

No tenía tiempo ni dinero para volver a hacerle otra bufanda. Y aún por encima, el día de Reyes era dentro de unas horas.

-¡Maldita sea! –buscando hasta debajo de la cama.

En serio que a su defecto se le sumaba lo patosa que era, por lo que quizás se le hubiera caído sin que se diera cuenta.

-¿Qué estás haciendo?

La sorpresiva voz de su hermanastro mayor, provocó que al erguirse, chocara su cabeza con la cama.

-¡Ay! –sobándose la parte dolorida.

La joven observó a Sesshomaru, donde como siempre, no corría a preguntarle si estaba bien, ni preguntarle sobre su estado o incluso hacer alguna mueca graciosa.

-Hola, Sesshomaru –sonriendo nerviosa, sin dejar de sobarse la cabeza-. Creía que estabas en tu habitación.

El mero hecho de observar la habitación, fue indicio para explicar la razón de porqué se encontraba ahí.

-Solo estoy… estoy… buscando algo –contestó nerviosa con la verdad, como siempre, por delante.

-¿Has vuelto a perder algo?

Eso fue un golpe bajo para la joven.

Por una parte, le encantaba que la conociera tan bien, porque eso era indicio de que se fijaba en ella. Sin embargo, como también conocía la otra cara de la moneda, eso significaba un bajón de categoría como chica ideal para alguien que le doblaba la edad.

-Sí –contestando a su pregunta con pena.

Una pena que Sesshomaru malinterpretó. De seguro que se trataba por la bufanda que iba a regalarle con tanta ilusión a aquel mocoso, pensaba Sesshomaru con ella escondida en su bolsillo.

-¿Qué era? –preguntó con dureza.

-Ah… pues… pues… un regalo… -y como odiaba mentirle, Rin dejó la respuesta a medias, rogando silenciosamente de que su hermanastro no le preguntara para quién.

-¿Para quién?

La joven cerró los ojos, al escuchar la tan temida pregunta.

No podía responderle que era para él, sin comprometerse demasiado. Pues habiéndole hecho un regalo solo a un miembro de la familia, resultaba sospechoso. Por eso, había ideado, ingenuamente, dejarlo en el árbol de Navidad, mientras todos durmiesen, con el mensaje de ser alguien anónimo.

-¿Y bien? –insistió Sesshomaru.

-Si no te lo digo, ¿te enfadarías? –cuestionó la joven.

-…

¡Claro que se enfadaría!

De hecho, ¡ya estaba enfadado!

¡MOSQUEADO!

¡RABIOSO!

-Aquí la tienes –sacándolo del bolsillo y lanzándolo encima de la cama.

Rin tras verlo, a parte de sentirse avergonzada, se sintió humillada. Sesshomaru no solo había descubierto su regalo, sino que además, lo despreciaba cruelmente. Recordar la cantidad de noches que se había mantenido en vela para coserlo sin que nadie se diera cuenta, recordar la de veces que se había pinchado con la aguja, fueron momentos que flotaron por su mente como nubes por el cielo a toda velocidad.

Y todo para que al final Sesshomaru lo rechazara y con ello sus sentimientos. Unos sentimientos que ni hasta a su madre adoptiva le había confesado cuando se lo había preguntado. Y es que, con el descubrimiento de su regalo, había descubierto también la tarjeta, donde estaba escrito cuánto lo amaba desde el primer momento que lo había visto. Por eso, siempre había estado pegado a él como una lapa, para que la tuviera presente y viera que se portaba correctamente. Por eso había llorado cuando él se había ido a la universidad, porque tenía miedo de que alguna guapa universitaria le conquistara y perderlo. Era por eso también, que para evitar sospechas, hacía lo imposible por mostrarse natural cuando lo abrazaba y sonreía, cuando por dentro se sentía como una gelatina.

-Sé que no está bien, pero…

-Puedes hacer con tu vida lo que quieras que no me importa –declaró con frialdad.

Aquello era un claro rechazo a sus sentimientos.

De reojo, observó el regalo, roto como su corazón.

Apretó el dobladillo de su falda, sintiéndose molesta.

-Entonces… ¡¿Hubiera sido mejor que no me hubieran adoptado, verdad?! ¡Tú como tienes padre y madre, no te importa machacar el corazón de los que son huérfanos como yo! ¡¿Verdad?!

-… -Sesshomaru no quiso seguir con aquella conversación sin terminar en consecuencia. Por lo que se dio la media vuelta.

-¡Todavía no he terminado! –gritándole con un poco más de fuerza, donde daba gracias a que los progenitores estuvieran en la fiesta que organizaba la fundación, mientras que Inuyasha disculpándose con su novia, por el incidente de aquel día- ¡Toda mi vida he estado bajo tu sombra porque me lo pidieron tus padres! ¡Dijeron que te sentías solo, pero tú al menos tenías un padre y una madre! ¡Yo era la que estaba sola en una casa de extraños! –comenzando a llorar- ¡Por eso, me apegué a ti, esperando no sentir más esa soledad!

-…

-¡Y cuánto más sabía de ti… ya no sentía la soledad…! –hablando con dificultades debido a los sollozos.

-…

-¡Quise… creí que podría ser feliz contigo… a pesar de que estamos registrados como hermanos… acallando lo que empezaba a sentir… pero…! ¡Y ahora tú…! ¡No tenías porque rechazarme así!

-¿El regalo no era para Kohaku? –preguntó de repente.

-¿Qué…? –fue otra pregunta la que la joven le ofreció, sin entender nada.

-¿La bufanda no es para Kohaku? –cuestionó Sesshomaru, girándose a verla.

-No… -contestando con los ojos vidriosos y todavía sin entender.

-¿Y por qué pusiste en medio de la bufanda una tarjeta confesándole lo que sentías?

-¿A Kohaku? –volviendo a preguntar más extrañada.

-¿Acaso lo vas a negar? –sacándola del bolsillo y lo que había supuesto la evidencia definitiva de a quién iba dirigida la bufanda- ¿También vas a negar que hiciste la bufanda a medida para ese capullo?

Rin, quién no entendía nada, cogió la tarjeta para intentar leerla. Sus ojos vidriosos, impedían la lectura, pero sí distinguir algo bastante simple.

-Esta no es mi letra… creo que… pertenece a Irasue-sama…

-…

-Y… la bufanda… no era así… de corta… está rota…

-…

¡Su madre!

¡LA JODIDA DE SU MADRE HABÍA SIDO LA CULPABLE DE METER UNA TARJETA FALSA Y CORTADO LA BUFANDA!

Por eso estaba tan mal envuelto, a pesar de lo patosa que era Rin.

Sintió como alguien lo cogía de su camisa blanca, tirando tímidamente por ella.

-¿Creías que… era para Kohaku? ¿Estabas… celoso?

-No lo estaba.

¡Mentiroso!

Había estado muerto de celos.

Eso le había pasado por sentirse seguro de qué la bufanda había sido para él. La tarjetita llena de adulaciones y tanto amor, habían podido con su persona, especialmente, cuando Rin buscaba con tanto énfasis el regalo.

¿Había sido eso lo que su madre había pretendido? ¿Que sus celos fueran el camino y la razón para hablar con ella?

¿Acaso no era un método un poco retorcido?

Si le hubiera dado el regalo tal cómo estaba, no tendría que haber llegado a aquellos extremos.

Su camisa sintió un fuerte tirón de golpe, obligándolo a descender y lo siguiente con lo que se encontró, fue con los labios de la joven sobre los suyos, en un beso tímido e inocente.

Al separarse, Sesshomaru observó a la joven con los ojos cristalinos y roja como un tomate.

-Entonces… ¿Te parece bien esto? Sino… -apartándose lentamente de él- lo entiendo… lo tengo asumido…

Aunque viera que estuviera celoso de Kohaku, eso no significaba que fuera correspondida.

De hecho, ahora que había tenido su primer beso con él, podía soportar que le diera una negativa como respuesta. Al menos, seguro que no sería de manera cruel.

-Rin –empezó de forma tan dura que la sobresaltó-, ¿sabes qué acabas de besar a tu propio hermano?

Hermanastro, quería contradecirlo, donde había que agregar que no tenían lazos sanguíneos. Pero sabía que cuando su tono era así de duro, lo mejor era callar, porque era cuando comenzaba un monólogo acusador.

Sumisa, Rin solo pudo bajar la cabeza y escuchar lo que le vendría.

-¿Dices si está bien esto? Somos familia y que tiene un renombre en la sociedad, ¿qué crees que pensarán los demás de esto? Se armaría un follón tremendo.

-…

-¿Te sentirías capaz de afrontarlo?

La suavidad en sus últimas palabras y la insinuación con la que lo había dicho, hicieron que Rin alzara la cabeza para mirarle.

-Claro.

-… -Sesshomaru cerró los ojos y avanzó hacia ella-. ¿Sabes que si estás conmigo, será para siempre? –cogiéndola por la cintura-. Soy un hombre que te lleva diez años y no soporto los amoríos colegiales –apretándola demasiado a su figura, donde la sorpresa crecía más en su cara-. Si me quieres sinceramente o si solo es admiración, es tu oportunidad para dejarlo en claro.

Rin no sentía los pies sobre el suelo. Sesshomaru se había ocupado de, al cogerla por la cintura, auparla para tenerla a su altura.

-Recuerda que si te comprometes conmigo, todos hablarán de ti a tus espaldas.

¿La estaba presionando a que le aceptara o a que se lo pensara y lo dejara?

Ciertamente, eran muchas cosas que tenía en contra al iniciar una relación con él. Eran familia, de un buen estatus en la sociedad, le llevaba una década de edad, era un hombre con más experiencia en aquel campo que ella.

Más experto que ella…

Para la sorpresa del hombre, Rin escondió su rostro en su pecho.

-A mí no me importa lo que me digan. Pero me llevas diez años… ya has estado con otras mujeres… pero yo nunca pude estar con otro hombre… creo que soy yo la que tiene miedo de que te canses de mí y te busques a otra que te complazca como… como Kagura-san… -recordando con amargura la única relación formal que había tenido.

-Un hombre tiene sus necesidades cuando no está con la mujer que ama –apartando los cabellos que habían caído sobre la mejilla femenina, y que debido a lo húmedo que estaba, se habían pegado-. Y si fueras más avispada, te darías cuenta de la cantidad de veces que te miraba.

-¿Me mirabas? –repitió roja y mirándole asombrada-. Vaya… pues no entiendo cómo Irasue-sama te ha permitido hacer de un rey tan puro como lo es el Rey Baltasar. Los Reyes Magos nunca miraban a otras mujeres.

Arrancándola una pequeña sonrisa por esas palabras ligeramente infantiles, Sesshomaru acercó sus labios hasta su oreja para susurrar y de paso, contar uno de sus más oscuros secretos.

-Los Reyes Magos se están modernizando. Ahora no les importa ver a mujeres, incluso si la ven desnuda mientras se ducha.

.

Lloraba desconsolada como todas las noches.

Con sus padres en aquella fiesta que había organizado la fundación y su hermana de cena con su cuñado, le había tocado el cuidado de Inabi.

El niño, tan bueno como siempre, se había quedado dormido al instante. Le resultaría gracioso el hecho de que Inabi, a diferencia de los demás niños, no se sentía nervioso con los regalos del día siguiente, pero sí, fiel creyente a tres reyes que hacían en una sola noche la repartición de los regalos por todo el mundo.

Ojalá fuese una niña como él, con la capacidad de creer en seres divinos y pedirle que Sasuke volviera con ella. O eso, o que le concedieran la muerte.

Llegados a ese punto, a pesar de que salía con Naruto y que se esforzaba muchísimo en hacerla feliz, Sakura no tuvo duda de que su vida sin Sasuke no tendría sentido.

-Si no hubiese salido con él…

Si al menos no hubieran estado juntos, no se sentiría tan vacía y sin ganas de vivir como ahora.

Pero ella, ingenua cuando habían estado juntos, que se había sentido como en una princesa de cuento, segura de que todo sería feliz y eterno.

Estuvieron bastante tiempo juntos, para que la burbuja fuera creciendo y sufrir un gran shock cuando lo había descubierto cambiado, casi como cuando lo había conocido por primera vez.

-Pero… más arisco… más despectivo… -volvió a sollozar con fuerza, ante las crueles palabras que le decía. Tan crueles que incluso recordaba la que más le afectaba: "Por mí, puedes morirte que no me importas"

Apretó la almohada con tanta fuerza que quería hacerse daño. Sentir ese dolor para oprimir el que sentía su corazón ya roto y destruido.

¡Tendría que odiarlo con semejantes palabras!

¡Tendría que odiarlo por coquetear descaradamente ante sus narices!

¡Tendría que odiarlo y olvidarle!

Pero su corazón se negaba a ello y precisamente por eso, es que se sentía tan rota y vacía.

¡Era una idiota por seguir pensando en él!

Su mejor amiga se lo había dicho.

Debería olvidarle y centrarse en aquel chico que de verdad la quería.

Le había aconsejado su madre.

¡Era imposible!

No podía seguir con Naruto en aquella falsa relación. Fue por eso, que hoy tras finalizar su cita, había cortado con él.

Naruto, aunque al principio se había resistido, al final, tras ver sus lágrimas, en bajo, apenado y derrotado había aceptado.

Doble puñalada para su corazón roto.

Toda su vida era un sufrimiento y ahora lo había bordado.

De repente, Sakura escuchó unos golpecitos sobre su ventana, asustándola irremediablemente. Ver allí a un intruso pintado de negro, fueron motivos para estar a punto de coger el teléfono y llamar a la policía.

Su corazón se aceleró cuando descubrió que se trataba de Sasuke ahí subido, sujetándose de la rama del árbol.

-¡Sasuke-kun! –sin importar aparecer ante él en pijama y con tan deplorable aspecto debido a sus lágrimas, fue en seguida a abrirle para que entrara, antes de que se cayera.

Una vez que estuvo dentro, Sakura advirtió que tenía puesto los ropajes de rey mago, su rostro ligeramente pintado y lleno de heridas, donde Mikoto daría el grito al cielo al ver cómo el disfraz de rey mago estaba todo desgarrado y preparado para ser llevado al vertedero.

-¡¿Qué te ha pasado?! ¡¿Por qué estás tan herido?!

-¿Podrías no ser tan escandalosa? Despertarás a Inabi. Está aquí, ¿verdad? –ignorándola, donde sus ojos parecían estar más interesados en buscar a su sobrino.

-Sí.

Nuevamente ahí estaba el comportamiento despectivo de Sasuke, aunque bastante suave en comparación con todo lo que había soportado durante casi todo un año. Eso hizo que las lágrimas rebeldes cayeran de sus ojos.

-¿Podrías curarme?

Sakura le miró ante esa petición.

A contraluz, Sasuke parecía ser aquel mismo chico que había conocido por primera vez: Despectivo, pero humano.

-Claro.

Una vez en la sala, Sakura hizo todo lo que había estado en su mano para curarle las heridas. Incluso le había dado ropa vieja de su padre, por si acaso, Inabi se levantaba para beber leche o ir al aseo y descubrir la verdad. Y Sasuke, ni corto ni pudoroso, se había cambiado ahí, delante de ella. En cierta forma, no tendría que sorprenderse. Habían sido novios y hecho todo lo que una pareja haría, pero como él tenía un cuerpo de infarto, ella aún seguía sonrojándose por él, aumentando ese amor que sentía y que tanto le dolía.

Sasuke durante todo el tiempo, la había mirado fijamente. Su cuidado por él, seguía siendo suave y delicado, confirmando más y más que le seguía queriendo. Aunque la evidencia más clara estaba en sus ojos rojos, tal como su sobrino había descrito de boca de su abuela materna.

¿Tanto le amaba hasta el punto de estar casi esquelética?

El corto pija que portaba, a pesar de estar en invierno, le ofrecía una buena vista de cómo se había castigado con su cuerpo.

Y eso lo hacía sentirse un gilipollas.

Y aunque reconociera que parte de lo que le pasaba era por su culpa, la raíz de todo, derivaba de otro agente que no se hubiera creído hasta comprobarlo con sus propios ojos.

-Oye –levantándose del sofá, observando el árbol de navidad que la familia Haruno había decorado y que tenía puestos sobre el pié del árbol los regalos-, hoy Inabi cuando habló conmigo, creyendo que era el Rey Baltasar, me dijo que no quería juguetes. Dijo que se había portado mal y que no se los merecía. A mí me molestó porque tuve que comprarle la dichosa ciudad que Itachi me dijo –soltando una mueca-. Pero insistía en no querer nada material. Solo quería una cosa –mirándola- que tú y yo volviéramos a estar juntos.

El corazón de Sakura latió a la velocidad del sonido. La confesión y la mirada de Sasuke eran como un mando a distancia que podía controlar a su voluntad los latidos de su corazón.

-Pero era imposible. Para empezar, tú estás con Naruto y…

-He roto con él –confesó sin saber porqué lo hacía. Quizás, porque esperaba que le dijera que estaba dispuesto a volver a su lado.

-… -Sasuke la miró inexpresivo por unos momentos, hasta suspirar con fuerza-. Has cometido un error –desviando su mirada.

Otra vez sus esperazas hundidas.

Ya había perdido la cuenta de cuántas veces habían sido.

-Inabi también me contó algo que ya me había contado. Lo de Kabuto y que se aprovecha de mí.

Insistir en que era así, supondría una discusión que no llevaría a ninguna parte, solo a que el pequeño Inabi se despertara y llorar porque sus tíos, a los que quería que volvieran, se estaban peleando.

-Todos me estuvisteis cargando con el dichoso asunto, que no me di cuenta de que teníais razón.

-¿Eso significa que te vas a apartar de ellos?

La respuesta tardó bastante tiempo en ser dada. Cuando Sasuke lo hizo, Sakura notó como sus puños se habían tensado.

-Es lo normal.

Y no supo porqué, que Sakura vio que detrás de aquellas palabras había algo que ella desconocía. Quizás, aquello tenía que ver con las heridas.

-Y cómo lo descubriste, ¿te pegaron? –se aventuró a preguntar.

-Yo comencé la pelea –confesó con su flequillo tapándole la cara, ocultando su mirada ante ella- ¿Recuerdas por qué razón te pedí para salir?

Un escalofrío por el cuerpo de Sakura fue una respuesta afirmativa.

Sintiendo de forma más notoria el frío por sus brazos desnudos, Sakura se abrazó a sí misma, temblando, aunque de miedo.

Aquel tema había sido tabú y hasta olvidado desde que había comenzado a salir con Sasuke. Ahora solo lo consideraba como un terrible momento que no quería recordar.

-Aunque estuvimos juntos seis meses, durante un mes todo había sido normal para nosotros. Fue a partir de ahí, cuando comencé a tratarte mal y tú aguantándolo. En tan solo un mes, rompí todo con lo que te había prometido cuando te pedí que fueras mi novia.

-Lo hiciste… pero, qué tiene todo eso con ver con lo que pasó, con lo que… -sintiendo nuevamente ese escalofrío y el miedo al recordarlo tan claro y nítido como lo que estaba viviendo ahora- ¡¿Por qué me has hecho recordarlo si me prometiste que me lo harías olvidar?! ¡Por eso te entregué mi cuerpo, a pesar de…! –cerrando los ojos- …a pesar de que… ya había sido mancillado…

Sasuke apretó la mandíbula recordando perfectamente aquel fatídico día.

Él, como todas las noches, había estado en alguna discoteca de la ciudad, emborrachándose y pasándoselo bien con tres o cuatro chicas. Eso no lo recordaba con exactitud. Pero sí recordaba el sonido de los coches de policía y la ambulancia cerca del local. Curioso, como el resto de clientes, habían salido a ver qué tío se había emborrachado de más y armado aquel escándalo. Lo que Sasuke no se imaginaba es que la escena no había sido de un colega borracho, sino de Sakura con una cara de espanto como si hubiera visto a un fantasma, sus ropas rasgadas y…

Cuando le había visto, Sakura había intentado sonreír y decirle aliviada que le había encontrado y ser la primera en felicitarle por su cumpleaños.

Un sentimiento de culpa le había invadido. Ella se había aventurado sola por aquellos parajes peligrosos y sufrir un altercado terrible. Fue por eso que le había pedido para salir, prometiéndole que la protegería para siempre. Que a su lado, estaría segura.

Sin embargo, jamás hubiera sospechado que todo aquello había sido una trama astutamente preparada por Kabuto y sus compinches.

Eso lo había descubierto ese día, tras haber escuchado a su sobrino.

Kabuto se estaba aprovechando, y había tenido la osadía de restregárselo a su sobrino. Claro que no lo hubiera creído hasta escucharlo bajo su disfraz. Por eso, ató cabos.

Kabuto había aparecido, un día después de que empezara a salir con Sakura. Primero había sido de forma considerada, ganándose poco a poco su aprecio, hasta terminar en lo que realmente era.

Hasta ahora no le había parecido extraño la forma en que hablaba de lo sucedido con Sakura y lo muy lameculos que le resultaba, cuando le invitaba a unas copas.

Pero el Internet contenía información interesante y detalles muy curiosos como por ejemplo, descubrir que el violador de Sakura se trataba ni más ni menos que de un primo lejano de Kabuto, Orochimaru, ese era su nombre. Y ese día había tramado un plan para asegurarse de que estuvieran compinchados y sacarles la verdad por la boca.

Quizás quedase mal parado, pero ellos habían quedado peor.

-De ahora en adelante, no permitiré que te vuelvan a tocar –prometió Sasuke.

Y aunque eso alegraba a Sakura, lo veía como otra promesa que no tardaría en romper.

-Eso me dijiste… y mira cómo estoy ahora…

-Sé que no es fácil, pero también sé que aún me quieres.

Esa prepotencia, aunque cierta, fue un motivo para que Sakura se enfadara.

-¡Claro que te quiero! ¡Soy tan estúpida que no puedo odiarte! ¡Pero me has destrozado! ¡Me has dejado tirada y me has insultado una y otra vez! ¡Y ahora, de forma tan simple, admites algo que para ti no es un problema!

Sakura se vio callada por un abrazo que el chico le había dado.

-No te dije que no te pusieras escandalosa, que despertarías a Inabi.

Aunque el abrazo fuese tierno, como aquellos que le daba cuando estaban juntos, la resistencia fue un acto reflejo.

-No te creas que con un abrazo te voy a perdonar –aunque en el fondo, lo había esperado tanto, que no se resistía.

-Lo sé. Y –separándose de ella, para retirar las lágrimas de sus ojos verdes- sé que te llevará mucho tiempo volver a confiar en mí. Pero por Inabi, ¿podemos hacerle creer que hemos vuelto?

-¿Pretendes… mentirle a un niño? ¿A tu sobrino?

-Yo quiero volver contigo –adoptando una expresión suave y tranquila-. Pero es como tú dices. Te he hecho mucho daño y pienso esperar hasta que confíes de nuevo en mí.

Sakura se le quedó mirando.

Ahí tenía de vuelta al Sasuke de siempre, a aquel chaval calmado, frío con los demás excepto con ella, afectuoso con su sobrino, siendo un tío ejemplar que se la pasaba en leerle cuentos y jugar con él.

-¡Abrázame toda la noche! –pidió la joven de repente- ¡Quédate conmigo hasta que despierte! Y entonces… confiaré en ti…

Sasuke asintió con la cabeza. Sentándose en el sofá, se acostó con ella a su lado, abrazándola fuertemente.

-Creo que el poder de los Reyes Magos en realidad existe –dándose cuenta de que la petición de su sobrino se había cumplido.

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Así es como funciona el poder de esos tres Reyes Magos. De pequeños creímos en ellos, porque eran nuestros padres, nuestros familiares y nuestros amigos quiénes nos alegraban este día tan especial con lo que pedíamos en nuestras cartas. Ahora, que somos mayores, al igual que dejamos de creer en el Ratoncito Pérez, hemos dejado de creer que lo material no lo trae esos tres señores montados en camellos, sino nosotros mismos. Y es por eso, que si queremos algo que no es material, para conseguirlo debemos hacer uso de nuestro esfuerzo y de nuestro valor.

Porque la esperanza para conseguirlo, es algo que nunca morirá. Por lo que mientras el ser humano exista, los Reyes Magos estarán ahí para siempre.

FIN


Notas de la autora:

Un final así, así, ¿no? Es lo que pienso yo también, por lo que cuando lo estaba releyendo me dije que esto necesita algo más, como una aclaración, ¿no? Es por eso, que decidí seguirlo, después de ponerle FIN. Sin embargo, debido a la falta de tiempo y la promesa de que fuese hoy actualizado, se me hizo imposible, por lo que quedará para epílogo si os parece bien.

Sobre la reconciliación, tengo la impresión de que ha pasado de ser una reconciliación dulce y tierna a una bastante fuerte, pero real en el mundo que vivimos. Pero en fin, así quedó.

Pues lo de siempre, espero que os haya gustado, que me regaléis un review (hoy es mi cumple y razón por la que hay tantas actualizaciones), que es un bonito regalo (aunque también admito dibujos/fics de mis tres parejas XD) y nos vemos hasta finales de septiembre (razón, exámenes de selectividad).

'Atori'