Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Contemos.


Sus ojos oscuros y profundos como hondas cuevas en la tierra vieron fijamente la puerta corrediza del salón mientras su mano delgada agarraba tranquilamente una taza de té verde, soltó de entre sus labios un suspiro suave y largo, se acomodó en el cojín negro y espero.

Porque tenía que esperar.

Escucho el traqueteo de los pasos de su esposo pero no dio importancia, él ya debería saber que era tarde, tarde para todo, para pedir una segunda oportunidad, para decirle una vez más 'te quiero' a su hijo, para abrazarlo. Era tarde para todo y eso era lo que más dolía. Su marido dejó caer una maldición mientras sus manos buscaban airadamente entre los escondites específicos de la casa las armas, pero no las encontró. Que inteligente es mi niño, pensó entonces no sin antes soltar una sonrisita. Probó otro sorbo de té verde y cerró los ojos.

Contemos, contemos ne~ había canturreado una vez ella mientras veía los ojos de su pequeño, y en su mente volvió a contar.

Uno, te encontraré Ita-kun, dos, y cuando lo haga te daré un fuerte abrazo, tres, un beso en la mejilla, cuatro, una sonrisa, cinco, te cargare, seis, te acariciare, siete, te querré, ocho, por siempre, nueve, y tú a… nunca había llegado a diez, y tampoco lo haría hoy, hoy que era el final del juego, del juego que nunca más volvería a recordar. Dejo la taza de té verde en la mesa, giro un poco solo para ver como su esposo caía y dejaba escapar sangre de su pecho.

Oh Fugaku pensó, que padres más crueles somos, se lamento dolida. Él se acercó con una máscara cubriendo su rostro, pasos suaves, ni siquiera estaba alerta pensó Mikoto, actuaba así porque Itachi sabía que ella nunca podría empuñar un kunai hacia él. Su niño. Le miro detenidamente.

―Itachi. ―le soltó con cariño, y el shinobi apenas movió la cabeza clara muestra que le escuchaba. Mikoto sonrió, abrió los labios rosados e Itachi siguió acercándose.

Alzó el kunai.

―Uno…―empezó Mikoto cerrando los ojos. Itachi apuñalo.

―Dos―finalmente soltó él con voz ronca. Se movió un poco solo para verlo por última vez, él quedo quieto y ella alzo la mano.

Diez

Uno, seré una mejor madre, dos, tendrás un padre cariñoso, tres, reirás, cuatro, no tendrás miedo, cinco, lloraras de alegría, seis, no tendrás que ocultarte tras una mascara, siete, no tendrás que sufrir, ocho, no tendrás que odiarte, nueve, te amare, diez, y tú a mí… empecemos de nuevo.

Su pecho dejo de moverse, él se deslizo hacía afuera mientras removía un poco la mascara mostrando el sharingan (aquel rojizo que se profundizo).

Diez.