Capítulo VI

Wish you were here

So, so do think you can tell

heaven from hell?

blue skies from pain?

Can you tell a green field?

from a cold steel rail?

a smile from a veil?

do you think you can tell?

Did they get you to trade?

Your heroes from ghosts

Hot ashes for trees

Hot air for a cool breeze

Cold comfort for change

Did you exchange?

A walk on part in the war

For a lead role in a cage

How I wish, how I wish you were here

We're just two lost souls swimming in a fish bowl

year after year

Running over the same old ground

And how we found

The same old fears

I wish you were here***

(Canción que Edward está oyendo en ese momento)

En una fría y sombría esquina se hallaba Edward. Inhalando una bocanada más de humo…exhalando e inhalando… con su ipad en sus oídos, aislándose del mundo real. Preguntándose una y otra vez si es que realmente, él, estaría destinado a ser feliz alguna vez… al parecer no.

Una bocanada más…

Un poco más alto el volumen de su soundtrack del día…

Un día bastante fuerte… lleno de trabajo, lo ideal para olvidarse un tanto de sus problemas existenciales y personales…

…Pensando en su abuelo, el viejo Aro… su abuelo de verdad, no el otro tipejo que no quiso interesarse en él y que en último momento decidió entregar todos sus bienes materiales a su "desheredado" hijo, Carlisle… ¿Qué estaría haciendo el viejo y cascarrabias de Aro?... la noticia le había caído como una cubeta de hielos… Aro Volturi, quien fuese el principal ser humano que se ocupó de potenciar su precoz inteligencia y talento musical… ese abuelo adoptivo que estuvo con él en todo momento y le había inculcado el amor y valor por los libros, se había ido para siempre.

Muchas veces, Esme le instó a que viviera junto a ellos. Inclusive le había ofrecido construir una pequeña casa independiente solamente para él, pero como siempre tan terco, no quiso. Y murió. Solo.

El personal de la casa de reposo, lugar que Aro personalmente escogió para sus últimos años, comunicó que, murió mientras dormía, así que sin lugar a dudas, se trataba de una muerte apacible con total ausencia de dolor.

"Sigo preguntándome, de que demonios me sirve ser un idiota prodigio… si siempre acaban mal las cosas… como quisiera que estuvieses acá para discutir de algo más trascendental que mis propias estúpidas crisis existenciales" Meditaba Edward, mientras consumía su cigarrillo…

- Vamos hijo, ya es hora – Dijo Carlisle, apoyando su mano en el hombro de su primogénito, sacándolo de sus ensoñaciones.

Edward asintió con la cabeza.

Era la hora de la parte más difícil. Al menos para él.

Detestaba tener que demostrar sentimientos ante personas que apenas conocía. Sinceramente, Edward, no era muy amigo de las masas de personas. Prefería mantenerse de bajo perfil.

Padre e hijo, bajaron las escaleras de la hermosa y antigua biblioteca pública de Seattle, la cual era el lugar donde se velaban los restos de Aro Volturi, el espacio ideal para despedir a un gran librero miembro de la más alta elite de los círculos culturales del país. Gran cantidad de sus libros, se hallaban en ese lugar, como donativo, una vez que cerró las puertas de su antigua librería de Chicago, y decidió mudarse a Seattle, para estar un poco más cerca de su querida familia adoptiva. Más bien, fue Alice, quien le persuadió de venirse a vivir más cerca. No quería, pero ¿cómo resistirse a esos hermosos ojos azules y a ese puchero infantil?

Poco a poco, la sala se fue llenando, tanto de flores como de personas que respetaban el intelecto y conocimiento literario de Aro. Unas cuantas mujeres llorando, otras, lloriqueando más por mera actuación que por sentimiento. Actores, periodistas, cantantes líricos, escritores, artistas visuales, médicos, estudiantes de literatura, entre otros personajes, se agruparon para despedir al viejo cascarrabias… Edward sentía un profundo agradecimiento por aquellas personas que fueron a mostrar sus más íntimos respetos hacia su abuelo… miraba a su madre, con sus hermosos ojos verdes, hinchados de tanto llorar la pérdida de su amigo y mentor; observaba a su padre, con una expresión de dolor indescifrable, tratando de contener la tristeza de Esme. A la izquierda, su pequeña hermana, Alice, con su enorme y abultado vientre, llevando a su sobrina y sus ojos cerrados, llorando, aferrada a Jasper, quien trazaba círculos en su espalda, a modo de consuelo. Miraba a su familia… dolida… a su derecha, su "hermano por elección propia" Emmett, junto a su hermosa Rosalie, con a ellos, incondicionales, como una gran familia. No obstante, se sentía solo. A pesar de estar acompañado, se sentía solo, e incomprendido. Siempre se sintió extraño, un intruso… inclusive frente a sus padres.

Ya era hora de dar el último adiós a su gran amigo… Junto a Carlisle, Edward tomó el féretro con su mano, y caminaron hacia lo que sería el último gran viaje de Aro…

….

Siete días antes del funeral de Aro Volturi

La vida de Isabella se estaba complicando un poco. Angela estaba viviendo un cándido y tórrido romance con Ben; habían decidido revivir todos los años que pasaron separados… su vida sexual, era… bastante ruidosa… todo el edificio se había reparado en ello. Además, Bella, dejó de asistir a los controles con Edward. Es más, ni si quiera había averiguado por otro ginecólogo que controlara su embarazo y tampoco le había dicho algo a Angela, a decir verdad, no le había dicho a nadie sobre su estado; de hecho, Angela creía que no se había atrevido a hacerse la inseminación artificial, y todo el proyecto de maternidad quedó en el olvido.

Sus nauseas eran atroces, y no tan solo en la mañana, cualquier olor que ella encontrase "fuerte", hacia que se pusiera verde. Más de alguna vez en la cocina del Litchi, casi vomita sobre un filete de salmón… Ni si quiera ella sabía como lo hacía para aguantar esos enormes deseos por vomitar. Odiaba tener que preparar pollo… ese olorcillo que desprendía cada vez que tenía que adobarlo o descuerarlo… simplemente asqueroso.

Muchas veces Angela la escuchó vomitar por las mañanas… y también por las noches… se preguntaba si su amiga estaba bien… actuaba muy extraño, solía preguntarse si es que estaba realmente enferma de algo, o es que se estaba volviendo bulímica.

"¡Mierda no! ¿¡Y ahora que hago!?... ¿Ir a algún control médico? Por ejemplo… ¡Ya cállate estúpida voz de mi conciencia! "

Pensaba Isabella… mirándose al espejo de cuerpo entero… definitivamente sus pantalones ya no le cerraban. Tenía un notorio bultito entre las caderas, demasiado grande para tener apenas unas trece semanas. Ya toda su ropa estaba remendada, no tenía ningún pantalón que ponerse, por lo menos alguno que le disimulara su pancita.

Finalmente, decidió ponerse el dichoso pantalón que había usado las últimas semanas, el más ancho que no le apretaba su pequeño vientre, y la única blusa, que caía como campana, hasta cinco centímetros bajo el hueso de la cadera.

Volvió a mirarse al espejo. Sin duda, estaba ojerosa y de un aspecto ligeramente verdoso, como un zombi… cualquier olor extraño, la haría vomitar; y así fue, sintió el aroma del café recién hecho, más tostadas con mermelada de frambuesa… las nauseas llegaron para apoderarse de su cuerpo. Literalmente, parecía una escena sacada del exorcista. Era algo que se repetía mañana a mañana, eso, sin nombrar las enormes jaquecas de las cuales era víctima.

- ¿Estás bien? – Preguntó Angela desde la puerta del baño, mientras Isabella se abrazaba al sanitario, devolviendo todo lo poco que alcanzó a cenar la noche anterior.

- Bella… ¡Bella voy a entrar! – No hubo respuesta de Bella quien seguía devolviéndolo todo.

Finalmente Angela ingresó al baño. Isabella ya había vomitado todo, y estaba tirando de la cadena del retrete.

- ¿Qué es lo que te pasa?

- Nada Ang, nada de que preocuparse

- ¿Cómo quieres que no me preocupe si te oigo vomitar a cada rato? ¿Estás enferma de algo? ¿Tienes anorexia? Mira que si es eso, es una brutalidad de tu parte creerte una gorda, por que no lo eres, al contrario, eres tan delgada que pareciera que cuando sopla el viento, éste te levanta como una pluma

- No Ang, no estoy anoréxica ni nada de eso… tal vez, tal vez comí algo que no estaba bien

- Pero… ya llevas bastante tiempo con esos vómitos extraños…¿qué tal si vas a médico?...¿Qué tal si vas a ver a Edward?

- Mmmm… Edward… lo pensaré ¿si? T e prometo que si sigo mal iré al doctor

- Está bien…digamos por esta vez que te creo… ¿desayunarás con nosotros? – "Nosotros" ese pronombre personal en plural, que tanto había estado escuchando durante estos últimos tres meses, y que tanto le incomodaba. Esos "nosotros"… tan acaramelados siempre, que cada vez que se besaban, olvidaban al resto y se encerraban en su burbuja privada de felicidad y lujuria, haciendo que el resto, sobre todo Bella, se sintieran bastante incómodos en su presencia.

- No creo que sea bueno… ya ves, que lo he eliminado todo, tal vez más tarde tome un té de hierbas, creo que eso me sentará mejor

Angela la miró de pies a cabeza… había algo que no le cuadraba… Bella estaba demasiado distante con ella. Desde siempre habían sido grandes amigas y confidentes, crecieron juntas, fueron a la escuela primaria y secundaria juntas; al morir los padres de Isabella, vivió con Angela y su familia, fueron hermanas. Asistieron juntas a la Escuela de Cocina… y juntas, abrieron el Litchi. Entonces ¿qué diablos sucedía con Bella? ¿Qué demonios había sucedido que la sentía tan apática y distante? (además de esa evidente delgadez que se estaba acentuando cada vez más, esas ojeras violáceas bajo sus parpados, ese tono blancuzco verdoso que tenía durante las mañanas… a simple vista, Bella estaba más delgada que antes… pero se veía mal, fea, enfermiza) ¿Será que estaba con algún estúpido arranque de envidia por la relación candente que la que Angela y Ben estaban enredados cada vez más? Pues eso no lo sabía.

Dio un paseo por Forks, días antes, Jacob Balck, su amigo de infancia y actual arrendatario de su casa (la propiedad que heredó de sus padres) tenía dos noticias grandes y buenas que contarle. Así que, con cuidado, fue a su pueblo natal.

Leah y Jacob la esperaban en la sala con un humeante y delicioso chocolate caliente.

Isabella descendió su de coche, y observó alrededor... árboles, y más árboles, verde… esas nubes que siempre amenazan con dejar caer un diluvio universal… que maravilloso se sentía estar en casa otra vez. Tomó una bocanada de aire fresco e ingresó a la casa que tantos recuerdos familiares le traía.

Jacob se apresuró a abrirle la puerta y estamparle un enorme abrazo. Siempre le sentaba de maravilla los cálidos abrazos de Jacob, era como tener un sol personal a su alrededor.

- También te he extrañado Jake – Dijo Isabella, una vez que logró deshacerse del abrazo de Jacob.

- ¿Dónde te habías metido? Siempre que trato de localizarte es como si la tierra te tragara

- No es para tanto Jake

- Si que lo es Bella – Una sonriente Leah, le tendió una taza de reconfortante chocolate caliente, que hizo que todos los sentidos de Isabella se volcaran a aquella irresistible taza.

Se sentaron en la sala, en la cual, alguna vez en un pasado distante, Bella jugaba a sus muñecas, mientras veía a sus padres bailar o abrazarse tiernamente. El recuerdo, hizo que Isabella cerrara los ojos, y unas lágrimas casi invisibles rodaron por su ahora extremadamente delgado rostro.

Jacob, no paraba de sonreír, es más, tenía en el rostro una expresión casi estúpida. Leah, le golpeó con el codo, para hacerlo reaccionar. Ambos se hallaban sentados en el sofá frente a Bella.

- Oh, si, casi lo olvido, tengo dos grandes noticias, una es más grande que la otra- Un nervioso Jacob se levantó de su silla y daba grandes zancos por la sala

- Vamos Jake, desembucha – Le alentaba Isabella, mientras se entregaba por completo a ese delicioso chocolate

- Si bueno, primero la grande y la grandísima al final

- ¿Recuerdas a Sam?

- ¿El novio de Emily?

- Hace algún tiempo hemos estado trabajando con cultivos orgánicos y que ya han dado sus frutos, hace algunos días, nos notificaron que fuimos seleccionados por una entidad de gobierno para aportarnos en capital, de esta manera, ahora podemos trabajar como pequeños empresarios. Yo sé que adoras las verduras frescas y siempre las buscas lo local y de preferencia orgánica e hidropónica, en fin, te estoy ofreciendo, ser tus proveedores de cultivos orgánicos e hidropónicos ¿Qué me dices?

- ¡Es simplemente genial Jake! ¡No sabes lo que me alegra oír eso! ¡Y…Claro que si!... Es maravilloso que hayas pensado en el restorant como cliente… ¡esto es genial!

- Y otra cosa más…

- ¿La grandísima?

- Bella… Leah y yo…- La interpelada se puso de pie, junto a su pareja

- ¿Van a casarse? – Preguntó Isabella enarcando una ceja

- Creo que eso ya lo sabías…- Le contestó Leah con una amable sonrisa

Leah y Jacob se miraron. Él se posicionó detrás de su futura esposa y la abrazó, dejando sus manos en su vientre. Leah, tomó las manos de Jake. Bella (con lo hormonal que estaba) comenzó a llorar de la emoción

- ¡Ay! ¡Jake, Leah! – Logró decir Isabella con un nudo en la garganta

- Bella, estamos "embarazados" – Soltó Jacob con su estúpida sonrisa plasmada en el rostro

- Y nos gustaría mucho que fueses la madrina de nuestro bebé – Leah se dirigió a Isabella con una hermosa y deslumbrante sonrisa

Bella se emocionó, comenzó a llorar, y no había quien parara ese diluvio de lágrimas. Hipaba, moqueba. Y cuando creía que había terminado de llorar, miraba a Jake y Leah, allí parados frente a ella, y volvía a lloriquear. Entre medio de sus sollozos, pudo articular algo que poco se entendió, pero finalmente captaron el mensaje. Isabella estaba feliz, muy feliz por su amigo y la novia de éste. Tendrían un pequeño. Y estaban juntos, como una familia, serían una familia… ya eran una familia. Por un lado, Bella estaba feliz y contenta con la gran noticia… y por otro, ella misma le daba una lástima atroz… ella también estaba embarazada… pero sola.

Antes de irse, y asegurarles que estaba bien, que solamente había sido la emoción del momento, volvió a felicitarlos y decirles lo feliz que se encontraba por ellos y el gran honor que es ser la madrina de ese pequeño que estaría por llegar a este mundo.

Finalmente, se subió a su auto, rumbo al restorant.

Isabella, llegó a duras penas al Litchi. Su carcacha que tiene por auto, casi la deja tirada por el camino unas cuantas veces.

Se puso su mandil, tratando de disimular su pancita y sus ojos hinchados de tanto llorar.

Ahora, la cosa se ponía peor, debía prepara pollo. Apestoso y fétido pollo.

Casi vomitando encima del pollo, logró prepararlo.

El personal de la cocina, notaba que Bella estaba muy rara. Ya no tenía esa pasión, amor, dedicación y perfección al hacer sus platos, ahora estaban como si los hubiese hecho cualquier aprendiz de cocinero. Sus comidas quedaban sin sazón e insípidas. Paul quería hablar con ella, pero no se atrevía; en algunas ocasiones se lo había comentado a Angela, es más, él mismo, muchas veces tuvo que arreglar las preparaciones antes de que salieran de la cocina.

- Paul, quedas a cargo, voy a la oficina, muero del dolor de cabeza – Dijo Isabella. Necesitaba salir de la cocina. La mezcla de olores la mareaba.

- Eh… Bella, la verdad queríamos todos hablar contigo jefa

- ¿Cómo así? ¿Quiénes todos?

En efecto eran todos: Angela, Paul, Seth, Quil, Embry y Emily

Todos quienes trabajaban en el restorant con Isabella, a excepción del resto de los meseros

- Mira, Bella… este último tiempo sentimos que ya no tienes la misma entrega y dedicación… es más, muchas veces he tenido que intervenir tus preparaciones por que están insípidas, mal montadas y presentadas, y sin nombrar, lo desabridas que se encuentran, hay algunos clientes que se han quejado – Dijo Paul

- ¿Qué quieres decir exactamente? ¿¡Que apesto en la cocina!?

- Nena, no se trata de eso – Comentó Angela, en un tono conciliador

- Entonces ¿de que va la queja exactamente? – Bella trataba de disimular las lágrimas que estaban por caer. ¡Malditas hormonas!

- Bella, es simple, ya no cocinas como antes, a tus platos les falta sazón y forma. Cocinas por obligación, no por pasión, que era lo que te caracterizaba… Mil veces he tenido que intervenirlos, cosa que no debería, pero lo hacemos, me avergüenza ver que un plato salga así de la cocina –Dijo Quil

Isabella cerró los ojos muy fuerte para contener esa represa de lágrimas que estaba por desbordarse. Apretó los puños a un costado y apretujó muy fuerte la mandíbula antes de decir algo. No quería que la vieran llorar, nunca lo había hecho en público (a excepción de su amigo Jake que la había visto llorar mil veces a lo largo de su vida) y mucho menos ahora, con su equipo de trabajo criticándola.

- Entonces ¿eso es todo? ¿Qué apesto en la cocina? ¿¡Algo más que decir!?

- Si Bella, creemos que sería bueno que te tomes un descanso- Una muy seria Angela le dijo a Isabella

- ¿Cómo que un descanso?

- Bella, últimamente te ves mal, disculpa si te ofendo, pero realmente te ves mal, estás mucho más delgada, ojerosa, y siempre traes cara de que estas por vomitar…¿de verdad no estas enferma? De verdad que estamos preocupados por ti- Dijo Seth

- Isabella… creo que te haría bien descansar, tal vez estás bajo mucha presión, el Litchi está creciendo mucho más de lo que nosotras creíamos- Comentó Angela

- ¿Quieres que renuncie? ¿¡Eso es lo que quieres Weber!?

- ¡Por Dios! ¿¡Que demonios es lo que te sucede mujer!?

- ¡Quieres que renuncie por que ya no te hago falta para el estúpido restorant!

Los ánimos de las dos mujeres creadoras del Litchi estaban en estado de ebullición.

- ¿¡Qué mierdas dices!? ¿¡Te estás escuchando!?

- ¡Claro! ¡Ahora que Paul y Quil se saben las preparaciones a mi, ya no me necesitas en este lugar!

- ¡Demonios Swan! ¡Deja de hablar estupideces sin sentido! ¡Esa "semi anorexia" que tienes te esta dejando sin cerebro!

- ¿¡Ahora soy una descerebrada!? ¡Te recuerdo que esta estúpida descerebrada te dio la idea de este restorant!

- ¡No tienes para que recordármelo ni restregármelo por la cara! ¡Claro que lo sé idiota! ¡Y como tu socia te exijo que te tomes dos semanas de licencia para que descanses y cambies esa horrible cara con la que vienes a trabajar diariamente!

- ¿¡Horrible cara!? ¡Talvez no la traería si tú y el imbécil de tu novio dejaran de follar por un momento y me dejaran dormir en vez de gritar como cerdos en un matadero!

- ¿¡Qué es lo que has dicho!?

- ¡Lo que oíste!

- ¡Entonces es verdad! ¡Estás celosa por que yo soy feliz!

- ¿¡Qué!? ¿¡Es que de tanto follar has perdido neuronas!? ¿¡Qué ridiculeces dices!?

- ¿¡Es que nadie puede ser feliz si tu no lo eres!?

- ¡Ya cállate, Weber!

- ¡Estás celosa y para rematar las cosas eres anoréxica o peor aún, bulímica!

- ¡No estoy celosa! ¡Ni soy bulímica ni anoréxica!

- ¿¡Así!? ¡Pues no te creo ni una jodida palabra! ¡Si no eres anoréxica, prueba este trozo de pollo!

Al sólo olerlo, y que Angela se lo acercara, comenzó a darle náuseas. Isabella le dio un manotazo a la cuchara que Angela le acercaba. El pollo cayó al suelo, dejando una mancha de aceite y vegetales desparramados por el suelo.

- ¡Ya basta de este circo!- Isabella se estaba sacando el mandil y su gorro de chef. Los tiró al suelo, dio media vuelta, enfrentando a Paul y a Quil, les apuntó con su delicado y pequeño dedo índice- Ustedes dos, Paul y Quil, quedan a cargo de la cocina, ya saben como preparar todo, háganlo bien "con pasión"- diciéndolo en su mejor tono sarcástico imitándolos a ellos cuando se lo comentaron en su queja- Y tu Weber, no te preocupes, te dejaré a ti a tu noviecito de secundaria revivir su amorío… ya no me verás en el departamento cuando llegues… y desde ahora en adelante, nuestra relación será absolutamente profesional- Isabella estaba dando la vuelta al pomo de la puerta trasera de salida cuando se detuvo, y miró a Angela con una expresión que ella no supo interpretar, parecía una mezcla de pedir ayuda a gritos y una soledad enorme- Una cosa más, el Litchi, tiene un nuevo proveedor… Emily puede darles los detalles… Adiós.

Isabella dio un portazo, y se largó.

Llegó a su casa, que pronto sería su ex casa, comenzó a hacer sus maletas, y en bolsas y cajas comenzó a poner sus pocas pertenencias… Sus cuchillos y vajilla favorita; sus libros de cocina, su café y cafetera, su colección de tacitas para el té; su cuadro (más bien un reproducción) de El Beso de Gustav Klimt; sus fotografías; sus cojines. Por falta de espacio dejó algunas cosas. Con bastante esfuerzo bajó sus pertenencias desde el décimo piso, hasta donde había dejado su coche aparcado. Fueron alrededor de unos cinco viajes, haciendo fuerza que no es lo adecuado para una mujer embarazada en el primer trimestre.

Puso las llaves en el contacto y se largó.

Dio unas cuantas vueltas sin sentido. Finalmente se detuvo en un callejón oscuro, y se entregó al mar de emociones que tenía. Lloró y lloró, hasta que ya no le quedaban lágrimas. Se dijo a si misma que tenía que buscar un lugar donde dormir para pronto comenzar una búsqueda exhaustiva de un nuevo departamento.

El hotel que escogió Isabella, no era del todo malo, contaba con servicio a la habitación y los servicios básicos que era lo que en este momento necesitaba. Se quedó allí, tumbada de espaldas mirando el cielo raso, recordando todo lo sucedido. ¿Cómo es que había llegado a este punto? ¿En que momento se salio todo de su control?

Todo parecía tan irreal.

De un momento a otro, había perdido a su mejor amiga. ¿Por qué no se sentía capaz de contarle sobre su embarazo y se lo seguía ocultando? ¿Por qué se fue en primera instancia esa madrugada cuando pudo quedarse en esa mullida y reconfortante cama a la espera de Edward?... No, tuvo que largarse y arruinar su única posibilidad de ser feliz.

¿Es que siempre tenía que ser así? ¿Siempre era ella quien estaba boicoteando sus relaciones? ¿Por qué no podía ser feliz y ya?

Al día siguiente, se pondría a buscar su nuevo apartamento. No quería gran cosa, solo un lugar donde refugiarse y tener la intimidad que necesitaba.

- No Alice, no necesito otro libro nuevo- Dijo Edward tapándose la cara con la almohada. Debió haberle quitado la llave extra en cuanto tuvo oportunidad. Ese duendillo lleno de energía positiva lo estaba mareando un poco.

- Vamos, acompáñame, yo creo que tu sobrina va a necesitar muchos libros de cuentos… Y abre las cortinas… ¡Cielos! ¡Cada vez te pareces más a Bridget Jones!

A Alice le aterrizó una almohada en su cabeza.

- ¡Hey! ¡Cuidado con tu sobrina!

- No le di a tu barriga, le di a tu cabeza

- Levántate y acompáñame

- ¿Por qué tienes que ser tan irritante pequeño demonio?

- Por que soy tu muy amada hermana menor que viene a sacarte de tu… auto exilio sentimental

Edward negó con la cabeza. Alice no tenía remedio. Finalmente acompañó a su hermana al centro comercial. Era su día de descanso, en el cual había pensado quedarse durmiendo hasta el día siguiente y no saber de nadie; ahora su decepción de la vida en general en la oscuridad de su habitación, en donde una vez, compartió la calidez de su cama con Isabella. Se hubiese quedado ahí, recordando la última vez se la sintió tan cálida. Pero en vez de eso, ese pequeño torbellino que tiene por hermana, irrumpió en la tranquilidad de su departamento y lo sacó de la cama.

- ¡Sal!

- Está bien, pero no te demores, que además, necesito pasar por la tienda de niños

- ¿No crees que ya tiene suficiente ropa como hasta que cumpla…mmm, unos quince años?

- No, jamás será suficiente… además, ¿Quién dijo que iba por ropita de bebé? Necesito…otras cosas

- Si, claro…

- Es verdad

Alice salió de la habitación. Tomó entre sus manos la fotografía donde esta junto a Edward… se rió ante el recuerdo. Su desgarbado y flacucho hermano, con esas gafas enormes... siempre contándole cuentos a la hora de dormir y cuidando de ella. Pero también otro recuerdo desagradable le llegó, tal y como hubiese sido ayer. La intensidad de lo ocurrido quedó grabada en su memoria, tanto con detalles, olores, sabores y texturas. Edward debía tener unos quince años por esa época (ya vestía de negro y oía The Cure, era un chico gótico…), Alice, tan sólo cinco. Carlisle ya se encontraba trabajando en el Hospital General de Chicago. Esme por su parte, por fin había logrado graduarse de Literatura Inglesa, y ahora se encontraba haciendo una maestría en Comunicaciones, por supuesto, seguía trabajando con Aro, logrando que su librería y tienda de antigüedades creciera a un ritmo acelerado. Ese día Carlisle llegaría tarde, pues había avisado que se encontraba con mucho trabajo. Esme tenía clases en la Universidad, por lo tanto, Edward se quedaría en casa cuidando de su pequeña hermana. Después de cenar, venía un tortuosa media hora de dibujos infantiles, que Alice tanto amaba, y Edward tanto detestaba. Casi era la hora de dormir de Alice, cuando en ese instante, tocan a la puerta del pequeño y modesto apartamento. Edward abrió la puerta, delante de él, se encontraba un tipo de edad avanzada, de cabellos grisáceos y una mirada azul penetrante, fría y desafiante. El hombre miró ceñudo a Edward, lo examinó de pies a cabeza, vio por encima del hombro y observó a Alice, con su pijama de Barney y con su Winnie the Pooh en sus brazos. Él hombre, por fin habló…

- ¿No vas a dejarme entrar, muchacho?- Dijo el extraño con un profundo e intenso acento inglés británico

- ¿Debería? ¿Quién es usted?- Edward ya lo había notado, el parecido con Carlisle era innegable, este viejo, era William Cullen, el abuelo que Edward jamás llegó a conocer, ya que él le había rechazado antes de si quiera nacer.

- Tu abuelo, si eso responde a tu pregunta

- ¿Mi abuelo? Lo siento, creo que usted se ha equivocado, mi abuelo materno está muerto, y el único abuelo que yo conozco… no es usted – Contestó ácidamente. Generalmente, Edward, era un encanto, con muy buen trato y modales, pero en esta ocasión, fue lo más grosero que pudo.

- ¡Niño insolente! ¿A caso tu padre no te ha hablado de mí?

Edward aun no dejaba ingresar a aquel hombre, que decía que era su pariente.

- Pues la verdad, no… Pero no hay que ser lo suficientemente inteligente para darse cuenta que usted le dio la espalda cuando más necesitaba a su padre… No sé con que derecho viene hasta acá y su auto proclama mi abuelo ¿acaso sabe mi nombre completo o el de la pequeña? ¿Si quiera sabe que edad tengo?

El hombre calló por unos instantes. La ira que sentía iba en aumento, su mirada azul cobalto se tornaba cada vez más fría.

- Déjame entrar de una vez y termina con esas estupideces

- No sé que es lo que trama al venir acá… adelante, si necesita algo, sírvase solo… no soy empleado de nadie, menos de un don nadie que en mi vida había visto… Ven pequeña, vamos a dormir-le dijo a Alice, quien miraba extrañada toda la escena-… Y no toque nada

El viejo, se quedó de pie en la pequeña salita, mirando a su alrededor. Se daba cuenta de cuantas cosas había perdido tras quince años de darle la espalda a su hijo… a su incomprendido y rebelde hijo, que ya no era un adolescente. Carlisle, se había convertido en un padre y jefe de familia a muy corta edad. Sin poder evitarlo, se acercó a las fotografías familiares. Una fotografía de Edward con la pequeña, que no sabía como se llamaba… Diplomas, tanto de Esme como de Carlisle, ambos con calificaciones sobresalientes. Trofeos y medallas de Edward. Aparentemente era un chico muy listo. Un piano, desgastado, pero a fin de cuentas, un piano.

Edward volvió a la sala. Se quedó mirando a su abuelo, con una expresión hosca en su rostro.

- ¿Aún sigue aquí? Tenía la esperanza de que su hubiese marchado…

- ¿Siempre eres así de grosero, mal educado e irritante?

- No, no siempre… ahora, si me disculpa debo practicar

Edward, tomó una de sus partituras y se dirigió al piano. Piano que Esme halló en un remate y con parte de sus ahorros le compró el instrumento a Edward. En cuanto, se dieron cuenta que era más listo de lo normal, comenzaron a estimular su inteligencia. Ese viejo piano, ya llevaba junto a Edward diez años.

Puso sus manos en las teclas, y la magia nació por si sola… comenzó a tocar los Nocturnos de Frédéric Chopin, Nocturno en Si Mayor op. 62 Nº 1.

Alice se encontraba despierta en su habitación, maravillada de la música que podía tocar su hermano. Abrió la puerta, apenas podía verse que se encontraba tras ella.

William por su parte, estaba boquiabierto. Nunca creyó, jamás pasó por su cabeza que pudiese tener un nieto con ese talento maravilloso. Si bien su hijo tenía talento musical, nunca estuvo de acuerdo en que tocara la guitarra de la manera tan estridente y ruidosa.

La música seguía flotando por la habitación. Alice seguía en la puerta de su habitación oyendo como su hermano daba vida a las notas musicales.

William, absolutamente anonadado por el talento musical de Edward, no se dio cuenta cuando Carlisle cruzó por el umbral de la puerta. Su sonrisa al oír a su primogénito tocar el piano, desapareció en cuanto vio quien estaba de pie en la salita.

- ¿Qué haces acá? – Preguntó con una mezcla de precaución y asombro, sin perder la calma y serenidad

- También me da gusto volver a verte, hijo

- Edward, puedes retirarte

El interpelado asintió con la cabeza, pero dirigió una mirada llena de preocupación hacia su padre. La comunicación silenciosa entre los dos era asombrosa. Edward, sabía que Carlisle estaría bien.

- No sabía que el chico tocara el piano tan bien

- Por su puesto que no lo sabes – Dijo Carlisle con una serenidad increíbles. No quería una discusión frente a los niños.

William necesitaba hablar con su hijo, pero ya no sabía como hacerlo. Después de quince años, volver a verlo, tratar de entablar una conversación, sería bastante difícil. Cerró los ojos, y se apretó el puente de la nariz, con los dedos índice y pulgar.

- Carlisle, no he venido a discutir, necesito hablar de algo muy importante

- Se me hace muy difícil padre

- Sé que en el pasado, fui, bastante… egoísta

- ¿Egoísta? Cruel es un mejor calificativo para tu actuar

- ¿Me ofrecerías algún trago?

- Lo siento, no tenemos alcohol en esta casa, si quieres puedo ofrecerte un té o agua

- Agua estaría bien

Después de un momento de incómodo silencio, Carlisle le ofreció tomar asiento a su padre. Mientras, Edward y Alice, oían la conversación, ocultos en la oscuridad del cuarto.

- Bien, pues tú dirás ¿a que has venido realmente?

- Hijo… Veo por tus diplomas que te convertiste en médico… tal y como lo querías

Carlisle suspiró, esta conversación no llegaría a ninguna parte, no obstante, en ningún momento perdió la templanza.

- Carlisle – Retomó la conversación William- sé que hice mal en darte la espalda como lo hice, pero debes comprender que quería y siempre he deseado lo mejor para ti

- Y eso significaba, desde tu punto de vista, ¿dejar abandonados a mi esposa e hijo?... ¿Qué clase de humano crees que soy? Jamás se me pasó eso por la cabeza, ¿Crees que mi madre se hubiese sentido orgullosa de mí si no hubiese permanecido junto a Esme?... A diferencia tuya, yo no soy un monstruo, ni pretendo serlo – Dijo Carlisle. Con una serenidad increíble

- Has cambiado hijo, puedo notarlo

- Por supuesto que lo he hecho, ya no soy ese adolescente errante a quien abandonaste en un país que no era el suyo, con una novia embarazada… tuve que madurar rápido, el niño que venía en camino me necesitaba y por supuesto que aún lo hace… así como también mi pequeña princesa…

- Quiero enmendar mis acciones, volví a redactar el testamento, Carlisle

- No me interesa tu dinero, tengo un buen empleo, y disfruto de lo que hago, soy bueno en lo que hago

- Lo sé… escúchame por favor… me agradaría muchísimo, si vuelves a casa conmigo…

- ¿A casa? ¿A casa dices? Este es mi hogar, donde se encuentre mi familia

- Yo también soy de tu familia

- Hace casi dos décadas que dejaste de serlo, ese mismo día en que decidiste abandonarme… No sé que es lo que te propones o cual es tu afán… ¿Por qué nunca eres capaz de decirme las cosas mirándome a la cara?

- Hijo…

- Pues dime, ¿Qué es lo que esperabas?

- Creía que podía enmendar mis errores

- Padre, eso no es algo tan fácil, no es como poner y pegar algo que has roto… compréndeme a mi, yo ya no confío en ti, antepusiste todos tus intereses a los míos, me abandonaste, cuando más necesite de ti como padre

- Lo siento… de verdad lo siento, pero esa chica no te convenía

- Esa chica, se llama Esmerald, es mi esposa y madre de mis hijos… ¿y qué sabes tu si me conviene o no? ¿Sabes a caso lo brillante que es? ¿Sabes que gracias a sus sacrificios podemos estar aquí donde estamos? ¿Sabes que gracias a Esme, es que pude finalizar al escuela de medicina y convertirme en lo que soy ahora?... Pues no, no lo sabes, por que decidiste dejar que tu orgullo y prejuicio reinara ante todo

- Sé que ha pasado un tiempo

- ¿Un tiempo? Padre, han sido quince años en que no he sabido nada de ti… hasta ahora. Dime una cosa ¿para que te tomaste la molestia?

- Carlisle… tengo cáncer – Ya no más rodeos, fue directo al grano

- ¿Desde cuando?

- Me lo diagnosticaron hace algunos meses, fue cuando decidí que debía buscarte… y no fue fácil

- ¿Qué tipo de cáncer tienes?

- Es un cáncer hepático… pero, ya está ramificado por todo el organismo

- Entonces es una metástasis… - Carlisle suspiró u se paseo las manos por su cabello- Pues esto no me lo esperaba… ¿Y que es lo que creías que lograrías presentándote después de tantos años?

- La verdad no lo sé, sólo, es solamente que quería volver a verte… No sabes lo doloroso que ha sido todo esto

- Tu eres el gran culpable de que las cosas resultaran así… mira hasta donde te llevaron tu orgullo y terquedad… Pudiste haber sido parte de la vida de Edward pero lo rechazaste…

- Sé que ya no tengo suficiente tiempo para que perdones mi actuar…

- Padre, en algún momento de mi vida, dejé todo ese rencor que sentía hacia ti… lo dejé ir… no te odio, tal vez lo hice en una primera instancia, pero no lo hago ahora, en algún momento de mi vida, perdoné todo tu actuar… si te lo digo ahora, es solo para sacarme de encima, lo que hace años he querido decirte sin tener la oportunidad de poder hacerlo – Un sereno Carlisle se enfrentaba a su padre, tras años de abandono. Él mismo estaba asombrado de su templanza y claridad al pensar.

- Dime algo… ¿cómo se llama la pequeña?

- Mary Alice… como mamá

Poco tiempo después, William Cullen falleció. No cumplió su cometido, pero si pudo pedir disculpas por su actuar en el pasado. Alice y Edward, no sintieron su partida; únicamente, sintieron tristeza por Carlisle.

Al morir William, dejó todos sus bienes materiales, acciones en la bolsa y una enorme suma de dinero a su hijo Carlisle, además de un fideicomiso para Edward y Alice, que se haría efecto en cuanto cumpliesen los veinticinco años. No obstante dejó estipulado un suculento fondo para pagar los estudios de Alice y Edward. A Esme, le pagó sus deudas universitarias y su maestría en comunicaciones.

Para Carlisle, fue un duro golpe. "Tanto tiempo desperdiciado", solía repetirse una y otra vez. Con el incondicional apoyo de Esme y su gran amigo Aro, logró sobreponerse.

….

- Alice

- Edward

- Ésta vez, yo conduzco

- ¿Qué tiene de malo mi conducción?

- Nada, hermanita, es solamente que tu enorme barriga puede golpearse con el volante

En respuesta, Alice le dio un puñetazo en el hombro. Mientras Edward conducía, preguntó a su hermana.

- ¿Qué era lo que pensabas taaaan profundamente en mi sala?

- Ah, eh, la verdad, estaba recordando cuando William llegó de imprevisto a casa…

- Lo recuerdo también

Un horrible despertar tuvo Isabella. Dolor de espalda, cuello y cintura. Sin ánimos de comer nada.

Tomó su laptop y comenzó a buscar algo de información sobre el embarazo en Internet. ¿Es que realmente era normal tener ese tipo de nauseas?

Todo lo que busco, no le daba respuestas certeras. Además, aprovechó el momento para averiguar sobre algún otro médico ginecólogo que pudiese controlar su embarazo, pediría cita con ella. Eso es, eso es lo que haría. Sería una excepcional y muy responsable embarazada, ya basta de miedos e inseguridades. Tomó el teléfono y marco.

- Consulta de la Doctora Proctor

- Si, hola, quisiera una cita con la Doctora Jane Proctor, por favor

- Dejeme ver… tengo fechas disponibles a partir del 20 de diciembre

- Pero eso es en… casi tres semanas más ¿no tiene algo antes a esa fecha?

- No, no hay nada, la doctora se encuentra fuera del país en este momento ¿tomará la hora?

- Si está bien, la tomo

- Muy bien, ¿señorita?

- Isabella Swan

- Entonces, señorita Swan, para el día jueves 20 de diciembre a las 16:00 hrs.

- Está bien, muchas gracias

Se tumbó otra vez en la cama.

Haría las cosas bien… la decisión estaba tomada, sería una madre ejemplar..aunque tuviese que hacer las cosas sola, sin Angela ni… ni el padre del bebé…

¿Qué diría Edward de todo esto? Tenía serias dudas en decirle o no…

La verdad, Isabella Swan, estaba asustada y confundida. Jamás en su vida sintió una entrega de esa manera cuando estuvo con Edward. Nunca se había enamorado… excepto por esta vez. Había abierto su corazón, pero temía salir lastimada. No obstante, esto no lo sabía de manera conciente; todo su subconsciente le jugaba malas pasadas, era ella quien boicoteaba sus relaciones sentimentales haciendo que no fuese capaz de relacionarse con nadie, únicamente con Angela… su fiel amiga, confidente y hermana por elección, Angela… con quien se había peleado a muerte, por tratar de esconder su secreto. ¿Qué le diría ella de todo este enredo que solita creó? Pues, la respuesta es clara, le diría que no sea idiota y corra tras el hombre que le ofrece su vida en bandeja de plata.

Por lo menos, Bella tenía algo claro, estaba embarazada, sería madre, y en tres semanas más iría a un chequeo médico. Solamente, era de esperar, que esa tal doctora Jane Proctor, fuese de confianza e hiciese que Isabella se sintiera cómoda con ella. Pero nada sería como con Edward…

Decidió levantarse, aunque sin ganas, esas nauseas eran horribles ¿no se suponían que paraban hasta el inicio del segundo trimestre? ¡Oh! ¡Claro! ¿Cómo saberlo? ¡Si Isabella no había vuelto a ir a un control médico, por consiguiente ella creía que tenía unos tres meses de embarazo, cuando tal vez, tuviese más o menos!

Finalmente, salió del cuarto del hotel donde se quedaba… no era lo más lujoso, pero a ella no le importaba; partió rumbo al centro comercial. Pasaría por aquella librería… talvez existieran libros sobre embarazo, quizás pudiese averiguar algo, mientras espera su cita con la famosilla doctora Jane Proctor.

Aparcó su carcacha… solamente Dios sabe como ese coche puede seguir funcionando, es digno de una pieza de museo de vehículos de los años cincuenta. Sin mirar a ninguna otra tienda, fue directamente a la librería.

- Bella… tanto tiempo sin verte ¿cómo va el trabajo? – La dulce y amable dependienta la saludó

- Bien, creo… gracias Mel, ¿Qué tal tú? ¿Cómo va todo?

- Bueno, ya sabes, como siempre, mucho trabajo, poniéndose al día con las novedades ¿buscas algo en especial? ¿O estás a la siga de "La novela erótica de la cual todos están comentando"?

- ¿Novela erótica?

- Dime que por lo menos lo has leído u oído en los noticiaros

- La verdad, no, he estado un poco atareada… ¿de que novela estás hablando?

- De Las Sombras de Gray, es una trilogía, es bastante interesante… ahora si te interesa ese género tenemos bastantes más que podrían interesante como por ejemplo "El rapto de la Bella Durmiente" de Anne Rice, aunque, el contenido de ese es bastante más intenso que la trilogía de Gray y si…- Isabella levantó una mano para interrumpirla, ciertamente ahora no quería leer nada sobre ese tipo de literatura

- La verdad, no me interesa mucho la novela erótica, pero agradezco tu orientación… más bien lo que busco es, es algo para, para una amiga, si, para una amiga que supo que está embarazada… ¿tienes algo sobre el embarazo?

- A decir verdad, bastante, desde que comer durante el embarazo hasta el momento del parto y los cuidados de bebé… ven por aquí, también puedes sentarte y verlos con calma, seguramente más de alguno, será del gusto de tu amiga

Melanie, hizo pasar a Bella a la sección de libros de bebé y embarazo. Le indicó los sugeridos, más vendidos y con mejor crítica. Isabella los tomó todos, se sentó en una cómoda butaca y comenzó a hojearlos. Estaba absolutamente concentrada y absorta, que no se dio cuenta de quien ingresó al local. Se trataba de ese torbellino de felicidad llamado Alice en compañía de su hermano. Comenzaron a ver diversos títulos, Edward se fue al ala de historia, le agradaba leer ensayos sobre la primera y segunda guerra mundial; mientras Alice, buscaba libros para bebés, con texturas y sonidos.

Bella ya se había decidido, se había encontrado con tres libros que le llamaron la atención y se veían prometedores, inclusive, uno de ellos tenía un DVD con información sobre el parto, lactancia e higiene del recién nacido. Pasó casi a lado de Edward, quien se hallaba de espaldas a ella, revisando un enorme libro acerca de fotografías de guerras. Ninguno de los dos se percató de la presencia del otro.

- ¿Entonces?

- Me llevo estos Mel ¿sabes? Creo que se ven muy buenos

- Así es, este es uno de los que más vendemos para padres primerizos, creo que a tu amiga le agradará muchísimo

- Si, creo que si

Isabella canceló sus libros. Iría a estudiarlos con detenimiento.

Siguió caminando por el centro comercial, cuando un aroma a chocolate llenó sus sentidos. Hipnotizada por el aroma del chocolate, se sentó en aquel café, y pidió una enorme taza de chocolate caliente. Aparentemente, era una de las pocas cosas que podía tolerar sin vomitarla enseguida. Aprovechó el momento, y sacó uno de sus libros… comenzaría el estudio de inmediato. "Solo espero que salga algo con las nauseas" pensaba Isabella, mientras se dejaba seducir por el intenso y cálido sabor del chocolate.

Alice y Edward, por su parte, habían salido de la librería, cada uno con un "botín" diferente; Alice, con un cargamento de libros infantiles, unos cuantos que se llevaba a casa, y otros muchos, que pidió a Melanie que los despachara por correo para que llegasen a su domicilio. Edward, solamente había comprado tres libros.

Caminaron un poco, habían quedado en ir al café que quedaba cerca. El strudell de manzana se estaba volviendo la debilidad de Edward y Alice, quería probar el kuchen de chocolate del cual tanto le habían hablado. Iban caminando, hablando ridiculeces de hermanos, cuando entra al campo visual de Edward, esa cabellera rubia, que tanto dolor en un pasado le había causado. Tanya se les acercó, no estaba sola.

- Edward, Alice, que gusto verlos – Dijo con una genuina sonrisa. En efecto, para ella era agradable verlos.- ¡Alice! ¿Para cuando esperas al bebé?

- Me quedan unas semanas, pero ya sabes, puede adelantarse…- Contestó Alice acariciando su vientre.

- Puede adelantase si tu no haces el reposo correspondiente hermanita- Edward le dijo a su hermana.

- Y el doctor ha hablado… Escucha, con Edward, íbamos camino a un café ¿quieren acompañarnos? – Edward fulminó a Alice con la mirada. Ciertamente, no quería compartir un café con su ex novia.

- Por mi parte encantada ¿Qué dices tu, amor? Te gustaría acompañarnos Laurent- Contestó la rubia ex novia de Edward.

- Sería un honor… ya que Edward salvó a nuestro bebé- Habló Laurent con su marcado acento francés.

- ¿En serio? Eso no me lo habías dicho hermanito- Dijo Alice, dirigiéndose a su hermano.

Edward, miró a Alice, y dijo algo entre dientes que nadie entendió, y finalmente accedió a tomar un incomodo café, con su ex novia y el novio de ésta.

Edward creía que hoy sería un día tranquilo. No esperaba nada más.

Isabella seguía cabizbaja muy concentrada en uno de los libros de embarazo…"las náuseas y vómitos son los síntomas mas comunes durante la primera etapa del embarazo; no se conoce la causa. Se cree que es debido al incremento de la hormona gonadotropina crónica, que aparece durante el embarazo…" Apenas si notó cuando la mesera le trajo el recibo de su consumo. Estaba concentradísima en su lectura.

Edward, Alice, Laurent y Tanya, entraron al café y se acomodaron en una mesa para cuatro personas.

- Entonces Edward, cuéntame como fue eso del bebé de Tanya

- Fue algo así Al, sólo hacia mi trabajo… en mi día libre

- ¿En tu día libre? ¿¡En ese día libre!?

- Si, Alice en ese día libre

(Ese día libre, era el día en que Edward se fue con Bella, y Alice presintió que sería una buena noche para su hermano)

- ¿Y qué lo que sucedió?

- Lo habitual, llamaron del hospital

- Y como ellos no pueden vivir sin ti, llamaron para molestarte

- Si más o menos, únicamente, que Jessica, la enfermera de turno, me decía que había una rubia loca que no dejaría que nadie la tocara excepto, yo

- Estaba asustada Eddi, lo sabes – Dijo Tanya sintiéndose culpable. Edward detestaba que le dijeran Eddi.

- Me di cuenta de ello… cuando entré Tanya estaba arrinconada y no dejaba que nadie la tocara, le lanzó unos cojines a las enfermeras… realmente parecía una loca

- Laurent estaba en Francia, estaba sola… cuando oí tu nombre, mi primera reacción fue quererte cerca, se que eres un excelente médico… ¿quién mejor para ayudarme en ese momento que tú?

- Sabes ahora, que debes guardar reposo…

- Lo sé… es que… me faltaban algunas cosas para el cuarto del bebé

- Igual a mí – Con entusiasmo dijo Alice

- Y siempre te estaremos agradecidos por lo que hiciste por nuestro bebé

- Sé que en el pasado te ocasione mucho dolor Edward, y realmente lo siento, siento que las cosas hayan terminado así entre nosotros, pero quiero que sepas que te admiro muchísimo y te tengo mucho aprecio, eres una gran persona que merece lo mejor

Edward miraba un tanto extrañado a Tanya. ¡Qué encuentro y conversación más bizarra!

- Eh, ¿gracias?, lo siento Tanya, pero esta conversación es muy extraña… y bizarra

- Lo sé, y lo siento Eddi… pero hacía algún tiempo que necesitaba decírtelo a la cara, lo conversé con Laurent, y estuvo de acuerdo en que habían cosas del pasado que debía dejar ir y entonces…

Isabella estaba por levantarse de su mesa. Tomó su libro en las manos y siguió leyendo, mientras con torpeza se alejaba de su lugar.

Pasó con la nariz pegada al libro, al lado de Edward, ésta vez él si la vio, y su día cambió desde un horrible y desagradable día, con un encuentro un tanto extraño y con una lista interminable de compras… Se levantó, sin decirle nada a nadie, claramente lo miraron extraño. ¿Quién diablos se levanta en medio de una conversación?

- Bella – La llamó Edward

Al oír esa aterciopelada voz caramelo, a Bella se le cayeron sus libros al suelo, se puso tan nerviosa que le tiritaban las manos y rodillas, apenas podía mantenerse en pie. No quiso mirarlo a los ojos, sabía que si lo hacía sería su perdición.

- Bella… - Edward la alcanzó, se agachó y le ayudó a recoger sus libros.

Isabella, no dejaba la vista de sus libros.

- Ah… mmm.. Hola, Edward – Dijo Bella, sin apartar la vista del suelo

Edward, tomó uno de los ejemplares, lo miró perplejo, alzó una ceja y miró a Bella, le preguntó

- Bella… ¿no estarás embarazada o sí?

- ¿¡Qué!?

- Si fuera así, me lo dirías ¿no es verdad?

- ¿Embarazada? ¿Yo? ¡Ah! ¿¡Lo dices por los libros!?... no, no tienes de que preocuparte… además, no es posible…

- Si mal no lo recuerdo estabas bajo un tratamiento hormonal, Isabella, y si, podría ocurrir… además, se que no concurriste a tu cita al centro de inseminación artificial… Entonces… sólo nos queda esa noche

- Bueno, pues, no tienes de que preocuparte – Mintió descaradamente. Alzó la mirada y se encontró con esos hipnotizantes ojos verdes, que sólo lograban deslumbrarla y perder el hilo de lo que estaba diciendo.- Y… ¿qué te estaba diciendo?

Con una sonrisa ladeada, Edward le contestó

- Me dices que es imposible que estés embarazada

- Ah, si eso, si… no tienes de que preocuparte Edward, además, sólo fue una vez – Isabella mordió su labio inferior

- Creo que fue más que una vez, Bella – Le dijo Edward, paseándose las manos por el broncíneo cabello, mostrando su nerviosismo

Isabella enrojeció como un tomate remaduro y algo como la letra de una canción "All night long" resonaba en su cabeza, era una canción que solía tararear Angela cuando se refería a sus noches con Ben.

- Eh, bueno, pero yo… no lo estoy – Mintió otra vez, evitándolo a los ojos

- ¿Y? ¿Cómo has estado?

- Amm, bueno, pues bien… ¿y tú?

- Bien, aún esperando a que me devuelvas alguna de mis llamadas

Golpe bajo para Bella. En efecto, Edward la había llamado un sin fin de veces, pero siempre, le contestaba que ella lo llamaría de vuelta, y claro, jamás lo hacía. Aunque en su interior, moría de ganas de hacerlo, pero se acobardaba.

- Oh, eso, yo, lo siento, es que de verdad, he tenido mucho trabajo este último tiempo, y creo haberte dicho que no tenía ni tiempo ni corazón para comenzar una relación, menos ahora, que el negocio está creciendo tanto…

- ¿Y algún día lo tendrás?

- ¿Qué cosa?

Edward resopló. Volvió a su sonrisa ladeada

- Tiempo y corazón

La pregunta tomó desprevenida a Bella, se quedó abriendo y cerrando la boca, esperando a que las ideas se formaran en su cerebro y salieran por la boca, pero nada.

- No necesitas contestarme ahora- Edward dijo, y con su dedo índice, acarició levemente el mentón de Bella, quien se estremeció al contacto.

- Yo, bueno, yo debo irme ahora Edward, ha sido un gusto verte

Isabella sintió un leve mareo que por poco la tira al suelo, y que no pasó desapercibido por Edward, quien le preguntó

- ¿Segura que te encuentras bien?... además, te noto más delgada – Dijo con preocupación. Isabella si se veía un tanto enferma. Grandes tonos violeta bajo sus párpados; más pálidos de lo normal… unos cuantos kilos menos. Si, definitivamente se veía poco saludable.

- Si, estoy bien, es sólo que tengo mucho trabajo – La gran mentira de siempre para refugiarse

- ¿Dónde ibas ahora?

- A casa

- ¿Te gustaría acompañarme con un café o algo?

- Eh, es que, ya bebí algo, y sólo quiero irme a casa

- Puedo llevarte si quieres

- No, no te preocupes, vine en mi auto

- ¿En esa pieza de museo?

- No seas así con mi coche

- ¿Puedo acompañarte hasta tu auto?

- No es necesario

- Me darías paz mental si me lo permites

- Está bien

Comenzaron a caminar hasta la carcacha de Bella…

- Y dime Bella ¿de que van todos esos libros de embarazo? ¿Quieres intentarlo otra vez?

- Eh, bueno, yo… no lo sé Edward… y… unos amigos serán padres, y creo que será un buen regalo… son muy informativos

- Ya sabes, que si necesitas algo, o si quieres preguntarme algo, puedes confiar en mi

- Gracias, Edward

- Y si quieres volver a intentarlo… ya sabes, lo del bebé, puedo ayudarte gustoso – Un muy descarado Edward le dijo a Bella

Ella, roja como un cangrejo, contestó, apenas audible, sin mirarlo a los ojos, dijo

- Gracias…lo tendré en mente… ammmm, bueno, aquí estamos… en mi coche

- Digno de una pieza de antigüedades… ¿Sabes? A mi abuelo le encantaría tenerlo en su poder, incluso, conociéndolo, lo restauraría y lo vendería a un valor incalculable

- ¿En serio?

- Te hablo en serio, es un conocido librero y anticuario… su tienda era hermosa, quedaba en Chicago… de hecho, crecí allí

- Algo así me dijo tu madre. Debe haber sido genial crecer rodeado de libros

- Bueno, si… fue de esa manera como aprendí a leer. Me gustaría que lo conocieras, es una gran persona, y extremadamente culto, es como una enciclopedia

- Sería lindo conocerlo – Bella estaba absolutamente deslumbrada

- ¿Tienes planes para el sábado que viene? – "Por favor que diga que no, que diga no"

Bella se lo quedó pensando un momento "¿Qué tendría de malo si salgo con él? Además creo que en algún momento tendré que decirle…"

- Pues, de momento no, no tengo planes

- ¿Entonces, paso por ti a medio día?

- Ah… eh, "No puedo decirle que ya no vivo con Angela, no aún, es vergonzoso" ¿y si yo paso por ti a medio día?

- Si eso te acomoda más, perfecto, pero iremos en mi coche… el tuyo puede darnos una mala pasada

- ¡Hey! Más respeto con mi carro

- Tienes mucho apego sentimental con él

- La verdad, fue mi primer coche… fue un obsequio de mi padre

- Oh, ya veo… ¿por qué nunca hablas de ellos?

- Están muertos Edward

- Lo siento, no quise entrometerme, sé que no es mi asunto

- No, no lo sientas, ya fue hace algún tiempo, y solamente tengo este carro y la casa como recuerdo material, no creo que pueda despojarme tan pronto de él… como sea, entonces ¿quedamos el sábado?

- Te estaré esperando

Edward se acercó a Bella, y logró robarle un beso. Isabella enrojeció violentamente. No se lo esperaba.

Se subió a su auto, y se fue. Edward se quedó parado en el estacionamiento. ¡Si! ¡Demonios, sí! ¡Le había dicho que si!

De pronto, su burbuja se rompió, un mensaje de Alice…

Tendría que volver. A esa extraña y bizarra conversación con su ex novia y su actual prometido. Rarísimo.

Isabella llegó al cuarto de hotel.

Su misión era informarse todo lo que pudiera sobre el embarazo del cual no sabía ni cuantas semanas tenía, y, además, comenzar a buscar departamento nuevo.

Durante esa semana, leyó muchísimo. Estudio todos los libros que había comprado y también, ya tenía unas citas con una corredora de propiedades para ver departamentos. Esa semana vería unos cinco.

El primero, era un no rotundo. ¿Quién diablos puede vivir en un lugar así de pequeño?... Ni pensarlo, menos ahora que necesitaría una habitación extra para el bebé. Tal vez. Si viviera en Hong Kong, podría volver a los espacios reducidos, pero, gracias a Dios, se encontraba en su país. Fue una ardua búsqueda. Mucho caminar, tanto así, que casi se queda sin zapatos de tanto andar y andar; desde la mañana al atardecer. Pero, finalmente lo encontró, el apartamento ideal. Era pequeño, pero perfecto para lo que Isabella necesitaba en ese momento; dos habitaciones, una pequeña, para el bebé, cocina americana y una pequeña salita. No necesitaba nada más. Quedaba un poco lejos del Litchi, relativamente cerca del Hospital, y bajo el edificio, un hermoso parque de juegos para niños. Sencillamente ideal. Lo tomó en cuanto lo vio. Podría mudarse esa misma semana. Estaba feliz, radiante.

Comenzó a preparar las cosas para mudarse a su nuevo apartamento. Hacer estas cosas sola, exigía de un gran esfuerzo físico, pero ¿a quien podría pedirle ayuda? Pues no tenía a quien recurrir… aun no quería decir nada sobre su embarazo.

Comenzó a cargar sus pertenencias en su vehículo. Subió y bajó escaleras; acomodó su colchón en el suelo y algunas cosas, y debía comprar otras con urgencia.

Esa noche quedaría instalada en lo que sería su nuevo hogar.

Estaba en la duda de llamar a Angela. Nunca había pasado tanto tiempo peleadas en que no cruzaran ninguna palabra. ¿Pero que es lo que le diría? "Lo siento amiga, pero es que mis alocadas hormonas me hacen andar insoportable y además con nauseas todo el día" no, ciertamente no le diría eso. En algún momento lo haría, aun no sabía cuando.

El día en que Aro Volturi dejó de existir

Esa mañana, Edward estaba radiante. Al día siguiente tendría su divina y milagrosa cita con Bella, quien por fin (y gracias al cielo, Jesús, Dios, La Virgen, Los Santos, Los Ángeles, Ganesh, y todas las demás divinidades) dijo que si, y dejó de escabullirse como un conejo.

Pero, no todo puede ser perfecto. El día había comenzado con un sol maravilloso, luminoso y cálido, no obstante, a las diez y siete minutos del día viernes siete de diciembre, unas horribles y amenazantes nubes oscurecieron al astro rey, bloqueando toda su luminosidad y calidez. En ese instante, Carlisle llamó a Edward, para darle una de las peores noticias que ha recibido en la vida, un augurio de lo que el creía imposible, tan solo al oír a su padre pronunciar si nombre. Se quedó helado, de una pieza…

- ¿Cuándo?

- Fue esta madrugada Renata lo encontró…

- ¿Estás en casa?

- Alice viene en camino con Jasper

- Voy para allá

Devastado.

Desamparado.

Derribado.

Infeliz.

Triste.

Solo.

Así se sentía, con un vacío enorme.

Su abuelo, había dejado de existir. Algo que él jamás creyó posible que sucedería, o por lo menos concientemente no lo había meditado. Pero allí estaba, la muerte golpeando a su puerta, con ese aroma floral y ese hábito negro. ¿Cuántas veces había lidiado con ella? ¿Cuántas veces se había burlado de la muerte?... Pero está vez, tocó a su puerta, y se llevó a alguien muy amado, respetado y admirado.

Tomó su teléfono y llamó a Bella para cancelar la cita, que tanto, le costó concretar.

Isabella, le dijo que no se preocupara, que podían programarlo para otro día, y lo que necesitara, contara con ella.

Edward, fue a casa de sus padres, a programar la última despedida a su abuelo.

Ya era sábado. Isabella estaba triste por Edward. Sabía exactamente lo que es sentirse desamparada; sabía lo que se siente cuando muere alguien querido muy cercano. Y lo sabía muy bien, pues cuando perdió a sus padres, fue como si le arrancaran la piel y luego le tiraran ácido. Fue muy doloroso para ella… y aún no supera el duelo.

La tarde había transcurrido lenta. Ningún mensaje ni llamadas de nadie, en especial de Edward. Bella sentía la necesidad de consolarlo, quería estar con él y darle su apoyo, que él la sintiera cerca, que pudiera confiarle su dolor. Pero, por experiencia propia, sabía que tal vez, quisiera estar solo, sin ser molestado.

Finalmente, se el cansancio y un fuerte dolor en general acabaron por tumbarla a la cama. Había sido una semana extenuante. Caminó desde muy temprano en la mañana, hasta el atardecer durante días buscando el apartamento ideal; después, la mudanza. No es que tuviese tantas cosas, pero el esfuerzo físico que conlleva, fue arduo. Y desde hacía dos días que estaba con un malestar en la espalda baja y vientre. Tal vez fuera falta de comida, quizás hizo algún movimiento brusco que le ocasionó el dolor de espalda. Probablemente con el calor de la cama y un buen descansar, se le pasaría.

Despertó de madrugada, con un dolor punzante en la zona del cóccix y el vientre bajo. Pero eso no fue todo. Tenía una sensación extraña, algo no iba bien, para nada de bien.

Después del funeral, Edward, se fue al hospital… el trabajo, siempre le ayudaba a refugiar sus sentimientos y frustraciones. Haría turnos dobles.

Alice despertó con violencia, abrumada y exaltada. Salió de la cama lo más rápido que pudo. Sentía que algo iba muy mal. Jasper, trató de tranquilizarla. Estaba muy alterada. De pronto… sólo lo supo. Llamó a Edward… algo estaba mal, muy mal…

Isabella encendió la luz de su cuarto, se destapó…

Un grito ahogado salió de su garganta, la desesperación se hizo presente… un manchón de rojo carmín inundaba su cama de sábanas blancas. Entró en pánico, comenzó a llorar desesperadamente, a hipar, a hiperventilar. Estaba sola, estaba teniendo un aborto espontáneo y estaba sola, sin nadie que pudiese ayudarla. Estaba perdiendo a su bebé.

Trató de pensar con la mente fría. Como pudo, presa del intenso dolor que sentía, salió de la cama, tomó las llaves de su coche y su teléfono. Marcó el número de Angela, sin importar lo estúpidamente enfadadas que pudiesen estar, esto era monumentalmente más importante, y la necesitaba; aun que, no contaba con que su llamada pasara directamente al buzón de voz. Intentó tres veces más, mientras se dirigía al Hospital. Estaba muy asustada. Por primera vez, después de la muerte de sus padres que se sentía tan sola en el mundo. No quería que nada malo le pasara a su bebé, a su precioso bebé.

Ingresó al recinto hospitalario a duras penas. Afortunadamente, notaron su expresión de pánico y terror, además de una notoria mancha roja en sus blancos pantaloncillos de dormir.

La hicieron pasar a un box de atención de urgencia.

- No te preocupes linda, haremos todo lo posible para parar las contracciones – Le decía la enfermera, mientras le pinchaba con una aguja para administrarle medicamentos intravenosos

Isabella no paraba de llorar. Jamás había estado tan sola en la vida. Había pasado por muchas cosas, pero algo como esto jamás. Lágrimas anegaban los ojos de Bella y salían sin control.

- Ya viene el doctor… te pondrás bien – Continuaba diciéndole la enfermera, para calmarla

Y justamente, en ese momento, ingresa Edward al box donde en una camilla, Bella se encuentra conectada a diversos instrumentos.

- ¿Bella? – Edward miró a Isabella, mientras terminaba de comprender la escena. Inmediatamente, dejó sus sentimientos de lado, y dejó que la frialdad reinara su cuerpo. Comenzó a trabajar frenéticamente para parar ese aborto espontáneo que Isabella estaba sufriendo.

- ¡Lo s-siento… lo siento, realmente lo siento! – Se lamentaba Bella entre sollozos y con el rostro bañado en lágrimas.

Inevitablemente, de la peor manera, Edward supo que Isabella estaba embarazada.


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¿Qué tal?...

Espero que sea de su agrado =D, saben que si quieren algún adelanto me avisan ;)

No me odien niñas… pero a nuestra Cabezota Bella tenía que pasarle algo que la hiciera reaccionar.

Soundrack:

"Estranged" – "November Rain" Guns and Roses

"Paranoid Android" – "Karma Police" – "No Surprises" – "Fake Plastics Trees" Radiohead

"Canción para mañana" Los Bunkers

"Wish you were here" Pink Floyd

Y porsupuesto, Los Nocturnos de Chopin

Espero sus comentarios =D

Gracias por tu gran apoyo con estas locuras mias amiga Mel! Te extraño mujer, estras 3 horas que nos separan, son horribles :P

Gracias niñas bonitas por su infinita paciencia…

Un gran abrazo y besos para todas

Regina.