CAPITULO I

HALLAZGO EN EL CAMPO DE PIÑAS

Honolulu, 1935: Era una noche de verano, de brisa fresca, hecha para el romance y la meditación. Una ronda de policías militares estaban de servicio esa noche, cerca de un campo de piñas, cuando escucharon un ruido

-Matt, ¿Escuchaste?

-Si, me pareció escuchar un gemido. Vamos a ver

Los dos policías se internaron en el sembradío de piñas, a pesar de que se podían cortar con las hojas de las piñas, que son bastante filosas. En un claro de ese campo yacía una mujer semiinconsciente, con la ropa rasgada y sumamente golpeada.

-Llama a la policía… nosotros en estos casos no tenemos jurisdicción ni competencia.

Unos minutos después, llego un patrulla y una ambulancia del hospital militar que quedaba en los cuarteles de la base aérea de Pearl Harbor. El teniente Robert Galloway junto con la oficial detective Marielle Rubattino llegaron al lugar.

-Nosotros estábamos de servicio haciendo ronda, usted sabe que este sembrado de piñas es parte de los terrenos de las barracas de Schofield. Fue cuando escuchamos un gemido, y la hallamos aquí.

-¿Vieron salir a alguien?

-No. No vimos a nadie. Creo que tenia varias horas de estar aquí… por que estaba casi muerta. Parece ser que abusaron de ella.

-Nada podemos adelantar mientras no la examine el forense… -Marielle, este caso es para ti, estabas esperando una oportunidad para lucirte como detective.

-No estoy muy segura, teniente, pero creo que conozco a esta mujer… Aunque tendrían que limpiarle el rostro y curarle los golpes, por que está muy golpeada… me pregunto que bestia habrá hecho esto…

Marielle era una muchacha de unos veintiséis años, cabello negro, ojos color avellana, de mirada recta e inteligente. Tenía cinco años de pertenecer al Departamento de Policía de Honolulu. La ambulancia se llevo a la herida chica al hospital militar de Pearl Harbor. En la estación de policía, Marielle se encuentra con una sorpresa

-Buenas noches, vengo a reportar a una persona desaparecida- dijo un señor de unos cincuenta y siete años.

-A quien viene a reportar?

-Mi esposa, Leilani Haines… ha desaparecido desde hace dos días, me dijo que iba a casa de una amiga, y no ha regresado…

-Encontramos a una mujer en un sembrado de piñas, muy golpeada, no llevaba documentos, está en el hospital militar. Sírvase acompañarnos señor…

-Almirante A. J. Haines… Marina de los Estados Unidos… destacado en los cuarteles de Schofield.

El teniente Galloway y Marielle se miraron con inteligencia, el caso prometía ser interesante. Y era la oportunidad para que la nueva detective se luciera, en una profesión donde los hombres tenían la primacía.

AL LLEGAR AL HOSPITAL…

La mujer yacía en su cama, sedada, el doctor se acercó a los policías y al almirante Haines.

-Nunca había visto un destrozo igual… esta mujer fue violada varias veces… y no conforme con eso, la han golpeado con saña.

-¿Está grave?

-Inconsciente. Hemos hecho lo que se ha podido… Lo malo es que mientras no despierte, no podemos saber qué pasó en realidad.

-Tienen que encontrar a los animales que hicieron esto… -dijo el almirante visiblemente afectado. – Ella no salía mucho de noche…

-¿Tenia su esposa algún pasatiempo que la hiciera salir de casa?

-No, solo cuando íbamos al club de oficiales a bailar los viernes en la noche… y salía conmigo… Esa tarde me dijo que iba a visitar a una amiga y que después iría a jugar bridge con unas amigas de la base. Que no se iba a tardar. No entiendo por qué paso esto.

-¿Su esposa tenia amigos varones?

-No, que yo sepa, los únicos son mis compañeros de trabajo y sus esposas… ¿Por qué iba a salir con un hombre que no fuese yo?

-Entiendo que esto sea difícil para usted, pero tenemos que saber cual era el modus vivendi de su esposa, sus pasatiempos, si salía sola, tenia amigas, incluso si se quedaba a dormir fuera… comprenda, almirante, tenemos un delito que investigar, y debemos tener todas las piezas del rompecabezas.

-Una noche que salimos a bailar unos oficiales de marina que se hallaban en el club la miraban con lujuria. Yo tuve que llamarles la atención.

-¿Recuerda los nombres de esos oficiales?

-Si, Lewis Mallory, James Carson, Match O'Hanlon, y el contramaestre Archibald Cornwell.

-Tendremos que interrogar a esos oficiales, mañana vendremos al hospital a ver si la enferma reaccionó.

AL REGRESAR AL PRECINTO...

Marielle nunca había visto tal violencia contra una mujer… había visto muchas cosas que harían voltear la cabeza al más encallecido de los investigadores, pero nunca vio una cosa parecida.

-¿Qué piensas, Marielle?

-Este caso, jefe, me ha dejado pensando… era una mujer sin nombre, y en menos de un abrir y cerrar de ojos, resulta ser la esposa de un marino, y nada menos que de un almirante… lo que me intriga es, qué hace casada con un hombre tan viejo, una mujer tan joven, que puede ser su hija. No me cabe en la cabeza.

-Ahora se estila que las mujeres se casen con hombres mayores que ellas, por consideraciones de tipo económico y de prestigio.

-La plata de por medio, no importando que el tipo no pueda ni alzar las pantuflas del suelo- dijo Marielle con desdén- No veo la razón de casarse con un hombre que les doble la edad. Ya a esas edades ustedes no reaccionan… usted sabe…- se ruborizó.

-¿Cómo sabes eso, si nunca has probado a un hombre, ni te has probado en ese aspecto?

-No, pero si fuera yo, no me caso con un hombre que vamos, puede ser mi papá, o mi abuelo, en el peor de los casos. Ni por plata yo hago eso.

-Eso lo dices por que tú eres una mujer que trabaja, que no necesita del dinero de un hombre para salir adelante en la vida.

-Y me alegro de que sea así… no sirvo para mantenida, jefe. El día que encuentre pareja, será pareja que le de alegría a mi corazón y a mis sentidos, no una pareja que tenga que arrastrar cuando no pueda ya ni alzar los pies del suelo. Quiero un marido que me ame, no una momia a la cual llevar a cuestas.

-Anda a tu casa, Marielle, mañana tendremos un día muy duro, y tendremos que interrogar a los marinos que el almirante mencionó, y pasar al hospital para saber si la señora Haines reaccionó.- dijo el teniente, esbozando una sonrisa ante la cómica salida de la detective.

-Hasta mañana, teniente. Qué descanse.

-Igual digo, Marielle.

Marielle salio de la oficina y tomó un taxi rumbo a su casa, en la calle del Hotel. Tenía cinco años de haber llegado a Honolulu, procedente de Los Ángeles, California. Allá vivía con su madre, que había muerto hacia cinco años, cuando ella estaba en la Academia de Policía. Era una de las primeras mujeres en formar parte del Departamento de Policía.

Marielle tenía innumerables admiradores en la fuerza, pero no había querido involucrarse con nadie. No deseaba complicarse la vida con un romance. Pero la vida le reservaba una sorpresa.

EN FLORIDA…

Una mujer miraba por la ventana, con gesto triste… era Patricia O'Brien, mientras sostenía en sus manos un telegrama manchado con lágrimas, era la comunicación del Departamento de Defensa, donde le comunicaban la desaparición de su prometido, Alistair Cornwell, desaparecido en acción, cuando su avión cayó cerca de la ciudad de Alsen, en Austria.

-Todavía llorando por él…

-Papá, qué puedo hacer… no me resigno a haber perdido al amor de mi vida- sollozó con desesperación.- Hubiera querido ser yo la muerta.

-No digas eso, Patricia, él no hubiera querido que pensaras así.

-Sin él no tiene sentido mi vida- dijo levantándose de la silla- Me quiero morir… - salio corriendo hacia su cuarto, donde se encerró.

Desde ese día, siempre estaba de ese ánimo, su padre creía que en cualquier momento Patricia intentaría matarse.

En ese momento llegaron sus amigas, Candy White Andrew y Annie Britter. Carl O'Brien suspiró, ojala la presencia de sus amigas ayudara a su hija a superar la aguda pena que estaba sufriendo.

-Buenas tardes, señor O Brien.

-Hola Candy, Annie… Temo que mi hija no está en condiciones de recibirlas…

-Sigue deprimida…

-Si, no quiere ni comer… temo que un día de estos intente…- sollozó triste.

-No diga eso ni en broma… - dijo Annie persignándose.- Venimos de la escuela de enfermeras… Mary Jane quiere que Patricia vuelva a la escuela, ya que pronto tendremos que partir al frente. Ya pasaron la circular de la Cruz Roja Internacional. El señor Dunant necesita que nuestro país tenga un batallón médico en Alemania. Tal vez eso ayude a Paty.

-Ustedes van hacia allá?

-Si. De hecho, ya estamos inscritas, al igual que Flammy. Yo siempre he tenido mis dudas en cuanto a la desaparición de Stear, no sé… hay algo que no me convence del todo- dijo Candy.

-Si creen que eso ayude…- dijo el señor O Brien levantándose de su silla. – Iré a buscar a Paty.

Subio las escaleras, Candy vio que el señor O Brien se veia encorvado, como si le hubieran caído cien años encima.

-Pobre hombre.- dijo Annie- Lo de su hija lo tiene desesperado.

-No es para menos, está igual que yo, desde que Albert se fue al frente junto con Terry y Neal. La tía Elroy esta que se muere, pero tiene que entender que nuestros hombres van a combatir por puro patriotismo. Cuando la patria llama a defenderla, todos tenemos que acudir.

-Igual que nosotras, solo que en distinta forma.

-Si, desgraciadamente, todo esto es por la insania de un loco que se cree dueño del mundo- dijo Candy con rabia- no sabes como detesto a Hitler.

-El racismo por delante….- dijo Annie, con severidad, -como si fuera Dios para componer el mundo. Cuando lo hizo con tanta diversidad de gente, era por que lo quería así, no a conveniencia ajena.

-Por desgracia, él no lo entiende así.

Patricia estaba en la cama, llorando, tumbada en la cama, cuando siente unos golpes en la puerta.

-¡Váyanse, no quiero ver a nadie!

-Patricia, tus amigas vinieron a verte… aquí están Candy y Annie.

Al escuchar el nombre de sus amigas de la escuela de enfermería, se recobra, de ninguna manera dejaría que la vieran en ese estado… No quería que la vieran así... sabía que se preocuparían.

-Hola Paty… - dijo Candy abrazándola

-Candy…- dijo entre sollozos…

Annie observaba la escena…se sentía triste, por que Archie también estaba en el teatro de la guerra… sin imaginar que su prometido… había cometido un desliz con… una mujer casada.

EN EL HOSPITAL DE LA BASE PEARL HARBOR…

Marielle fue a primera hora al hospital, para ver si la enferma había reaccionado… aunque no se hacía muchas ilusiones, era un milagro que esa mujer estuviera viva después de la salvaje golpiza Y el médico le había dicho en privado, que sería un milagro que sobreviviera.

-Sigue igual…

-Sin el testimonio de ella, este caso se cae… lo malo es que no conozco a las amigas de Leilani.

-Ya fueron a interrogar a los oficiales que mencionó el almirante?

-Aún no. – Suspiró con frustración… - si ella se muere, estaremos frente a un caso de homicidio… y eso en la Marina es causal para una corte marcial y una posible condena a muerte, dada la persona en la cual se perpetró. Si tan solo pudiera saber, que ocurrió en esos dos días que estuvo desaparecida…

-Para ser la primera mujer detective en el Departamento de Policía de Honolulu es usted muy detallista.

-Deformación profesional adquirida en la academia. – Dijo encogiéndose de hombros- No es fácil ser una come libros en un ámbito en donde todos son hombres, cualquier conocimiento de más que una tenga, es tomado como presuntuosidad y pedantería. Lastima que mi padre no me dejó ser abogada.

El doctor miró con simpatía a Marielle, una mujer que hacia voltear la cabeza a todos, aunque ella no estuviera consciente de sus atractivos.

-Me voy, aquí no puedo hacer nada por ahora… regresaré a la Estación, mi jefe posiblemente querrá que lo acompañe a la base de Pearl Harbor para indagar a los oficiales que mencionó el almirante. Tiene mi teléfono, doctor, cualquier cambio en la enferma, por pequeño que sea, quiero que me lo informe.

-Así se hará, oficial Rubattino. Buenos días.

-Buenos días, doctor.

La detective salió del hospital… tenia treinta minutos justos para llegar a la Estación e ir a los cuarteles de Pearl Harbor…

Llegó a la estación justo cuando el Teniente Galloway salía a interrogar a las amigas de la víctima.

-¿Cree que podamos sacar algo de ellas?

-Hay que interrogar a todos… no podemos dejar ningún cabo suelto…

-¿Después de esto, cuál es el siguiente paso?

-Ir a los cuarteles Schofield… allí indagaremos a los oficiales que estuvieron en el club la noche del sábado antes de que la chica desapareciera.

-Bien, jefe… Sigo esperando el informe forense. A ver qué arroja.

Llegaron a la casa de la primera de las amigas que había visitado Leilani antes de desaparecer… Se trataba de Doran Nicholson, casada con el contramaestre Brian Nicholson. La mujer les abrió la puerta, y Marielle pudo darse cuenta de que aquella mujer estaba embarazada. De hecho, le calculaba cuatro meses de embarazo.

-Si, Leilani es mi amiga, nos conocemos por que mi marido trabaja con el almirante Haines. Supe por medio de mi marido lo que le ocurrió, el almirante está furioso, quiere que atrapen a los culpables… yo estoy dispuesta a cooperar en lo que haga falta, detectives.

-¿Qué día vio a Leilani por última vez?- preguntó el teniente Galloway

-El domingo… vino a visitarme, a felicitarme por el bebé y ayudarme a planear un baby shower… se quedó hasta las cinco de la tarde

-¿Le dijo a donde se dirigía?

-Si, dijo que iba a casa de Lisa Mc Pherson y de Brianna Mc Kenzie a planear lo del baby shower, que después iría a jugar bridge al club con el resto de las chicas.

-¿Conoce usted bien a Leilani Haines?

-Si, es una mujer coqueta, eso no es extraño siendo tan joven. El almirante le dobla la edad. Ella tiene apenas 26 años.

-Casi mi edad, se podría decir- dijo Marielle, rascándose la barbilla, dubitativa.

-Cuando va al club de oficiales con el almirante, es raro que no haya una pelea. Le alborota las hormonas a todos los hombres, de hecho uno de ellos esta que se muere por ella…

-¿Sabe como se llama?

-Es el contramaestre Archibald Cornwell.

Era la segunda vez que escuchaba ese nombre… Marielle hizo cuentas, o esta mujer estaba celosa por la atención que suscitaba la víctima, pensando que podía quitarle el marido, o envidia.

-Gracias por su cooperación señora Nicholson. Si recuerda algo más no dude en llamarnos…

-A ustedes, detectives. No duden que les llamaré si recuerdo alguna otra cosa.

Al salir de aquella casa, Marielle le comenta a su jefe….

-Segunda vez que escucho el nombre de Archibald Cornwell en este caso. Me temo que tendré que signarlo como sospechoso numero uno.

-No te adelantes, Rubattino. Aun faltan las demás. No tenemos el testimonio de todas, ya cuando lo tengamos, sabremos a quien apretarle más las clavijas para que confiese.

-No sé, pienso que esta mujer no dijo todo, y si el marido también esta en este lío… Ustedes tienen una cosa cuando uno esta esperando un bebé, temen tocarnos por que piensan que le hace daño a la criatura… eso es motivo suficiente para que el hombre, si esta acostumbrado a su comida diaria, mire hacia otro lado, buscando el calor que en el momento no puede obtener.

-Esa mentalidad… - sonrió el jefe Galloway- De donde sacas esa conclusión…

-Sencillamente por que lo vi en mamá. Recuerde que tengo una hermana que es enfermera. Recuerde que yo tengo el apellido de papá, y el de mi madre. El apellido de mi madre es Hamilton. Solo que Flammy nunca quiere usar el apellido paterno, sabe Dios por qué. Yo tenía tres años cuando mamá esperaba a Flammy. Papá no quería ni abrazar a mamá por miedo a que se quebrara.

-Muy observadora para tener solo tres años… -rió- me imagino que tu padre estaría volviéndose loco entre un par de marisabidillas.

-Ni lo crea… papá estaba orgulloso de tener unas hijas tan analíticas y cerebrales… Decía que no íbamos a pasar trabajo en la vida, por que tendríamos las oportunidades que ellos no tuvieron. Y no se equivocó. Una hija enfermera y una hija policía. Nada mal para un inmigrante italiano.

Iban llegando a la casa de Brianna Mc Kenzie… ella les abrió y contestó con amabilidad a sus preguntas.

-¿Cuándo vio por última vez a Leilani Haines?

-El domingo en la tarde, casi como a las siete, nos reunimos con Lisa para preparar el baby shower de Doran. Nos repartimos las tareas, ella quedó de hablar con las chicas del club de bridge y decirles cuanto tenían que aportar de cuota para el baby shower, además se encargaría de que lo publicaran en el mural de la base para que las que quisieran aportar algo más, lo hicieran.

-¿Le dijo para dónde iba después de la reunión?

-Tenían juego esa noche, así que ella iba al club de oficiales, que es donde nos reunimos para jugar, yo no podía ir por que tengo a uno de mis bebes enfermo, por eso no fui.

-¿Cómo es su relación con Leilani, son amigas?

-Si, somos amigas, es más me comentó que iba a pedirle al almirante que la dejara volver a la escuela para terminar la high school y poder matricular materias en la Universidad Católica. Es una pena lo que le pasó.

-¿No recuerda algo más que le haya llamado la atención?

-Ahora que recuerdo, la noche del sábado, mi marido fue al club de oficiales con unos amigos a tomarse unos tragos, y pasó un incidente harto desagradable. Leilani había ido con su esposo a distraerse un rato y bailar, a ella le gusta mucho bailar, y el almirante le da gusto. Ella estaba vestida con un traje muy escotado, que resaltaba bastante su figura… unos amigos de él la miraban con lujuria y uno de ellos quiso propasarse cuando la invito a bailar, hubo una pelea, y uno de los que iban con mi marido se metió a defenderla…

-¿Sabe quien lo hizo?

-Por supuesto, es amigo de mi marido… el contramaestre Archibald Cornwell. Yo a Leilani le he aconsejado que se vista un poco más recatada… ya ella es una mujer casada, y no debe estar buscando ese tipo de inconvenientes.

-Gracias, señora Mc Kenzie, por su cooperación…

-De nada, oficiales, es un placer cooperar con las autoridades.

De camino hacia la casa de Lisa Mc Pherson, Marielle volvió a notar el hecho de que se mencionara de nuevo el nombre del contramaestre Cornwell.

-La segunda vez que se menciona el nombre del contramaestre… ya esto no es casualidad.

-Un polo positivo y uno negativo, veremos quien desbanca a quien o si hay empate.

-Luego de este interrogatorio, iremos a interrogar a los que trabajan en el club de oficiales… algo sacaremos de este embrollo.

-Eso espero…

Al llegar a la casa de Lisa, esta se mostró recelosa… como si estuviera escondiendo algo…

-Si, ella estuvo aquí el domingo, para hablar del baby shower que le vamos a hacer a Doran. Estuvo como hasta las siete y media y luego se fue para el club, había partida de bridge.

-¿Usted no fue?

-No, me sentía con jaqueca y no fui. Mi marido estaba en su trabajo, así que me tomé una pastilla y me acosté.

-¿Cómo es su relación con Leilani?

-No intimamos mucho, de hecho, mi marido trabaja con el almirante, yo no soy muy sociable, me gusta estar en mi casa y ocuparme de mi hogar.

-¿Recuerda algo en especial que le haya llamado la atención?

-La noche del sábado, fui con mi marido a bailar un rato al club de oficiales, a mi no me gusta mucho salir, pero para complacerlo, fui. Y paso algo que nos aguó el momento.

-¿Qué ocurrió?

-Una pelea, uno de los compañeros de trabajo de mi marido estaba pasado de copas y quiso obligar a Leilani a que bailara con él, se quiso propasar, y el almirante le dio un puñetazo. Luego se formo la gresca, mi marido que no es afecto a ese tipo de escándalos, me sacó de allí y nos fuimos. Uno de los que iban con el que estaba borracho, intentó separarlos y le pegaron fuerte…

-¿Sabe quién es?

-El contramaestre Archibald Cornwell…

Marielle miró con inteligencia al jefe Galloway… de nuevo escuchaba el nombre del contramaestre… definitivamente, a él era a quien iban a interrogar primero que a todos los demás.

-Gracias señora Mc Pherson, por su cooperación.

-Esa mujer se busco lo que le pasó, le gusta coquetear con todos y alborotarles la testosterona a todos los marinos que van a ese club. No respeta a su esposo, cree que puede jugar con todos como si fueran juguetes, ya era tiempo que alguien le demostrara que el que juega con fuego, se quema. Cuando esa mujer llega al club, todos quedan babeando por ella… se vuelven animales en celo…

-Alguna vez su marido ha hecho algo…

-No. – Dijo enfática- El es un hombre tranquilo, y me ama…

-Gracias una vez mas…

Al salir, Marielle, comentó, mientras regresaban a la estación con lo que habían averiguado…

-Me temo, que esta señora no es muy popular entre las esposas de los oficiales.

-Así es, y esta mujer, esconde algo, yo no la descartaría como sospechosa… una mujer celosa y despechada es capaz de cualquier cosa.

-Usted parece saber de ese tema… jefe…

-¿Por qué crees que a mis años, todavía estoy soltero? No tengo ganas de que una mujer celosa me amargue la vida… Marielle. - Las que son así creen que las engañas hasta con una escoba vestida de mujer, no tienen seguridad en ellas mismas. Y este es un ejemplo vivo de lo que te digo.

-No le creo, jefe. Usted todavía es un hombre guapo, y en edad de merecer…

-Me sorprende que me lo digas tú precisamente, Marielle, que puedes ser mi hija…

-Precisamente, lo veo con esos ojos, no con ojos de mujer… por ahí debe tener más de un corazón torturado…

-Deja esa imaginación novelesca, Rubattino…a veces me pregunto si en vez de tener amigas y salir a distraerte, te quedas las noches de sábado en casa rodeada de libros.

-Ellos son mis mejores compañeros y amigos… mejor que un novio o un marido, no les tengo que lavar, planchar, dar de comer y su mantenimiento es poco costoso, basta con que los hojee de vez en cuando, y que les sacuda el polvo y los limpie. Como ve, no exigen mucho.

-Eres imposible, Marielle- dijo conteniendo la risa…

La investigación se acaba de abrir, los testimonios son diferentes, y la única que puede decir la verdad de lo que paso, yace inconsciente en una cama de hospital… ¿Se aclarará este hallazgo sangriento? ¿Qué esconde Lisa Mc Pherson?... todo signa a Archibald Cornwell, que no sospecha lo que se le viene encima… y muy pronto, otro personaje, se une a la investigación… y hará que Marielle se replantee algunos esquemas de vida…

Hola: Este es el primer capítulo de mi fic… para tomatazos, zapes, reviews y otros favor escribir a Carla_