No fue una novedad que las siguientes semanas Seiya y yo pasáramos todo el tiempo juntos. A pesar de las personas más allegadas a nosotros que sabían muy bien que al principio nada de eso hubiera podido ser estaban muy sorprendidas, también estaban felices por nuestro cambio. Mi madre obviamente quería que me casara con Seiya, pero si lo hacía enamorada mucho mejor, porque así se sentiría muy bien de haberme unido a él. Esa palabra me resultaba difícil de creer, pero la verdad era que poco a poco y sin darme cuenta supe que Seiya era todo lo que yo quería a pesar de todas nuestras diferentes, porque siempre fuimos el uno para el otro. Todos nos miraban maravillados del cambio total que había dado nuestra relación, ya ni siquiera podíamos estar más de dos horas sin vernos. Yo me sentía más feliz que nunca, y además mi padre estaba mucho más feliz que yo al verme adorar a Seiya, pues siempre fue ese su sueño.

Ese día tuve que ir a la universidad a recoger algunos papeles. Afortunadamente si tenía suerte, sería la última vez que andaría por ahí. Duré alrededor de dos horas en terminar y cuando salí encontré a Darien recargado en un árbol. Me miraba extrañamente y yo me estremecí, sus ojos me causaban temor. ¿Por qué me estaría esperando? Yo le había dejado claro que no quería nada ya, que no quería verlo. Se me acercó con lentitud y no me había dado cuenta de que yo me había detenido por completo, esperando a su llegada.

-Vaya, vaya, la señorita Serena Tsukino, ¿a qué nos debe el honor?

-Qué quieres, Darien, solo vine por unos papeles.

-Claro… oye, sí que se me había olvidado lo bonita que eres.-dijo mientras me tomaba un mechón de cabello.

-Dime qué quieres para que pueda irme tranquilamente.

-¿Es que no es obvio? Te quiero a ti, porque a mí no puedes dejarme solo porque sí, Serena, ¿quién te crees?

De pronto sentí una de sus manos rodearme el cuello y apretármelo tan fuerte que me era casi imposible respirar.

-No quiero que te cases y no quiero que me dejes. Tú vendrás conmigo, hablaremos, haremos acuerdos y luego saldrás a decir que a quien amas es a mí.

Sentí como besaba mis labios mientras reía, una lágrima resbaló por mi mejilla y de pronto noté como podía respirar de nuevo a causa de que Darien me había soltado para caer al suelo. Seiya lo había golpeado y se encontraba dándole patadas mientras Darien se retorcía en el suelo y yo trataba de tomar aire. Me asusté mucho, creí que podría morir asfixiada y que además de todo Darien se saldría con la suya.

Seiya me jaló del brazo fuerte y me llevó hasta el auto, obligándome a entrar. Manejó tan rápido que creí que nos estrellaríamos en cualquier momento. Él no dijo, no me habló, ni siquiera me miró. Su miraba estaba llena de rabia y al fin se detuvo cerca de un parque y trató de respirar hondo.

-Por qué te estabas tocando, por qué quería hacerte daño, Serena, casi estuve a punto de matarlo porque nadie va a hacerte daño si estoy yo aquí, mientras viva nadie, escúchame bien, nadie se va a atrever a ponerte una mano encima.

No dije nada. Por un lado me sentía realmente aliviada de que todo hubiera salido bien, por otro, me alegraba mucho que Seiya pensara así y quisiera defenderme. Mi corazón latía fuertemente y no podía resistir más estar un segundo sin besarlo. Me acerqué a él y le tomé el rostro para obligarlo a mirarme. Lo besé hasta que el aliento se me terminó porque no soportaba verlo tan enojado. Él me quitó delicadamente mientras me acariciaba el rostro y sonreía, haciendo desaparecer las líneas de expresión que me indicaban su estado de ánimo.

-No tienes idea del poder que tienen tus besos sobre mí… son como un poder mágico que hace que hasta mis más bajos instintos se calmen.

-Es que odio verte en ese estado, no quiero que te sientas así… fue un accidente.

-Un accidente que pudo haberte hecho mucho daño y que yo no podía permitir. Pero te juro que ese idiota me las va a pagar, porque no se va a quedar así, me voy a encargar de meterlo a la cárcel.

-Pero…

-Serena.-me dijo seriamente.-él trató de cometer un delito muy grave, no se puede dejar suelto.

Yo no dije nada porque él tenía razón, aunque yo no quería que eso pasara, lo único que yo quería era que nos dejara en paz, especialmente a mí para poder ser feliz con Seiya. Nos quedamos en silencio un largo rato, yo no quise interrumpir su estabilidad, porque sabía que él estaba tratando de controlarse, jamás lo había visto tan enojado. De pronto me miró misteriosamente y se bajó del carro, indicándome con la mano que lo siguiera. Cuando estuve fuera del auto me di cuenta de que no tenía idea de dónde me encontraba, jamás había estado de ese lado de la ciudad. Lo seguí en silencio hasta lo que parecía ser un lago, aunque más bien a mí me parecía un pantano. Estaba oscuro a pesar de ser medio día, los árboles que rodeaban el lugar eran tan altos y frondosos que lograban tapar la luz del sol. A su vez, el lago estaba tan lleno de moho, plantas y quién sabe cuánto más, lo que provocaba un efecto de oscuridad. A pesar de todo aquel ambiente sombrío y tétrico, el lugar era hermoso, jamás había visto algo así en la ciudad.

-Tú me llevaste a conocer tu lugar favorito.-dijo Seiya tomándome la mano.-Ahora yo te traje al mío.

-No creí que existiera algo así en Tokio. Es…

-¿Hermoso?

-Pues sí, sí es hermoso, aunque iba a decir, diferente, encantador.

-Sé que no es el lugar de ensueño en donde las princesas como tú soñarían con tener un encuentro romántico, pero me describe muy bien. Es misterioso, sombrío, pero muy pasional y sincero.

Yo reí. Jamás había visto a Seiya tan serio con sus propios pensamientos.

-Te traje aquí, Serena, porque es el único lugar que me tranquiliza y que me hace olvidar mis problemas aunque sea por unos instantes. Y también porque… bueno, es mi lugar favorito, quiero que tú lo compartas conmigo.

-Muchas gracias… me hace sentir especial.

Seiya entonces me miró de frente y tomo mis dos manos.

-Oye… te traje aquí porque quería decirte que… yo…

Seiya estaba nervioso y yo muy sorprendida por su actitud.

-Siento algo muy especial por ti. Quiero confesarte que siempre me has gustado mucho, desde que éramos pequeños, pero nunca fui lo suficientemente atrevido para decírtelo, a pesar de que para mí las mujeres nunca fueron un problema, siempre te tuve miedo, tuve miedo de que me rechazaras. Estuve muy feliz cuando tu padre quiso que nos casáramos porque creí que era la oportunidad perfecta de estar cerca de ti. Y ahora que hemos estado juntos… que has sido mía… puedo decirte que te quiero como nunca he querido a nadie, que jamás creí querer a alguien así. Quiero pasar mi vida contigo siempre, porque eres la mujer que siempre he soñado tener, y… te amo…

No pude contenerme más ante las palabras de Seiya. Me sentía tan feliz de escucharlo que las lágrimas se me salieron poco a poco y lo abracé tan fuerte como nunca antes lo había hecho.

-Seiya… creo que… después de todos los momentos malos que hemos pasado, a pesar de todo eso, a pesar de que cuando te veía con Rei… bueno, tengo que aceptar que lo odiaba, aunque en ese momento no tenía idea de por qué me molestaba tanto, ahora estoy segura de que es porque siempre te quise, aunque muy en el fondo. La verdad nunca me imaginé estar aquí y mucho menos que algún día te diría que yo…

-¿Me amas?-dijo Seiya acercando su rostro al mío.

-Te amo, Seiya Kou. ¡Eres un monstruo!

Nos besamos en el mismo instante en que un torrente de lluvia comenzó a caer sobre nosotros. Parecía la escena de una película de amor, pero no me importaba. No podíamos seguir negando, ni fingiendo, todo ese jueguito nos había hecho amarnos, o más bien, aceptar lo que desde hace mucho tiempo ya sabíamos que pasaba.

-¿Segura que no me estas mintiendo?

-¿Seguro que no estas fingiendo para llevarme a la cama?

-Hmmm… más bien pensaba llevarte a otro lugar, ya que no hay camas por aquí cerca.-dijo Seiya mirando el auto.

De pronto me tomó entre brazos y me llevó hasta el auto. No había nadie por ahí, y a pesar de que era un lugar muy incómodo, no me importó. Lo único que quería era estar en los brazos de Seiya de nuevo y sentir lo que había sentido hacía unas semanas en el campo.

Regresamos a la ciudad dos horas después, me dejó en casa pues ya era casi de noche y él tenía que ver a su madre para checar algunas cosas de la boda. Los preparativos ya estaban casi listos, mi madre y la de Seiya se habían encargado de todo y ambas estaban sorprendidas de que ahora sí quisiera participar más en ellos.

Varios días después, no había tenido la oportunidad de ver a Seiya, pues al parecer papá lo tenía trabajando muy duro y tenía demasiado trabajo extra. Esa tarde Mina entró a mi habitación con un semblante serio, un par de ojos preocupados y el periódico en la mano. Le sonreí aunque borré mi sonrisa cuando vi su expresión de preocupación. Se sentó en el borde de la cama sin decir nada.

-¿Qué te sucede? Deja de hacer esa cara…

-Es que…

-Vamos, ya, qué te pasa Mina. ¿Qué hay en ese periódico que te preocupa tanto?-le dije mientras se lo arrebataba bruscamente.

Cuando lo leí detenidamente mi corazón casi se detuvo, y por un momento creo que así fue. En la primera página había una foto grande de Seiya, mi Seiya besando a la puta de Rei. Por un momento creí que iba a desmayarme del coraje, y luego lei. "Joven millonario engaña a su prometido en vísperas de su boda… ¿No era verdad entonces que se amaban tanto?" Aventé el periódico tan fuerte como pude hacia la ventana que casi la quiebro. Las lágrimas comenzaron a salir a borbotones de mis ojos y me eché sobre el colchón para poder llorar mejor. Mina trató de tranquilizarme pero la alejé bruscamente sin importarme nada. No quería saber nada de nadie, mucho menos del monstruo de mi prometido. ¿Por qué me hacía eso cuando al fin le había confesado que lo amaba? Le había entregado todo, absolutamente todo. Y él me mintió como toda la vida, sabía perfectamente que estaba enamorada y él solo me utilizó, se encargó lentamente de enamorarme para tenerme segura, porque claro, no quería perder la empresa de mi padre. En ese momento lo único que podía sentir era odio. Porque jamás le iba a perdonar que me hubiera engañado.

Mina salió de mi habitación una hora después de tratar de hablar conmigo, sin éxito, decidió irse. Estuve toda la mañana recostada en mi cama derramando lágrimas, ni mi mamá, ni nadie pudo lograr entrar a mi habitación. El rencor incrementaba con el tiempo, no podía soportar las ganas que tenía de matarlo. Pero eso no se quedaría así. Me levanté y me vestí rápidamente para ir a la empresa. Cuando llegué ni siquiera me importó anunciar mi llegada, tan solo entré sin permiso hasta la oficina de Seiya y lo encontré en su escritorio anotando unas cosas. Cuando levantó la vista sonrió, pero luego se dio cuenta que algo no estaba bien por mi aspecto. Lo único que hice fue aventarle el periódico, el cual tomó y leyó. Me miró preocupado, como si no supiera nada de lo que pasaba.

-Esto no es verdad, Serena, es un juego.

-Yo no creo que los paparazzis estén jugando, Seiya, muchas felicidades por haberte burlado de mí, lo conseguiste.

Me di la vuelta para irme pero él me lo impidió poniéndose delante de mí y tomándome por los hombros.

-No puedes creer esa basura.-dijo seriamente.-¡Por Dios esto debe tener una explicación!

-Claro, llevas días evitándome y no me parecería extraño que estuvieras con esa zorra…

-Es que no es así.-dijo intentado besarme, pero me quité.-Tienes que creerme, tú sabes que yo no haría eso, ¡nunca!

-Por favor, Seiya, si siempre has sido un mujeriego mentiroso, ¿por qué tendría que creerte ahora?-me solté de sus brazos.-Será mejor que me dejes en paz, esto se ha terminado, yo no voy a perdonarte esto, nunca.

-No, Serena, tú y yo nos vamos a casar, ¡créeme!-dijo con los ojos rojos.

Empecé a llorar, porque no resistí tantas mentiras.

-Claro que nos vamos a casar.-le dije.-Porque amarnos era solo un trato, ¿no?, siempre ha sido un juego para complacer a nuestros padres, pero nada más… nos vamos a casar pero te juro que nunca vas a volver a tocarme, y nunca vas a volver a escuchar de mis labios decir te amo.

Salí de su oficina tratando de fingir que nada sucedía, sonriendo, limpiándome las lágrimas. Esa noche no quise hacer nada, ni esa noche ni las siguientes semanas… porque ya nada me importaba, si no podía tener algo sincero y único, no podía tener nada. Ya no me importaba el mundo ni nadie, lo único que quería era quedarme en mi habitación y no saber nada de lo que pasaba en el mundo exterior, en el que seguramente se estarían burlando de mí como lo hizo Seiya. Dejé de comer por días, no salí en semanas, no tenía caso. Solo quería morir.