Lo sé, merezco un castigo. Siento mucho el abandono, pero lo prometido es deuda. No tengo palabras para elaborar una disculpa digna, porque ha pasado más de un año y no sé si algún lector –buen samaritano- tendrá curiosidad por saber cómo terminará esta historia.

Quería mencionar que hice algunas correcciones en ciertos capítulos, ya que había ciertos errores que, gracias a sus reviews, me hicieron notar.

Sin más que agregar, espero que disfruten de la lectura.

Muchas gracias para aquellos que me leyeron siempre, a pesar de mi inconsistencia. Este capítulo va dedicado a ustedes.


Mi pelirroja y algo inesperado

Las pelirrojas son complejas en todos los aspectos.

Después de esta ardua trayectoria, he llegado a una simple conclusión en base a mi objeto de estudio: las pelirrojas son de aquellas personas que carecen de filtro cerebral, lo cual puede ser positivo y negativo en ciertas situaciones. Sin embargo, había ciertos acontecimientos, que hacían que mi estudio se fuera directamente al tacho de basura.

Ejemplo que narraré a continuación.

Último día de clases.

Despedidas emotivas.

Algunos rostros empapados por lágrimas.

Promesas de una carta pronta.

Me encontraba sentado en la mesa de las serpientes, en el gran comedor. Era la hora de la cena, y el silencio reinaba por parte de los alumnos de último curso, había de incluirme en aquel silencio masivo. Se sentía extraño no volver el año siguiente y ver las caras a las cuales uno, como persona, se había acostumbrado a observar. Observar cómo cada uno de tus compañeros, cambiaba físicamente y por qué no decirlo, también surgía el esperado cambio de actitud. Lo que los adultos bien llaman, o aclamaban con gusto: ¡Por fin, maduró!

Miraba mi plato de puré de papa con asado, no sentía mucho apetito. De hecho, sentía un nudo en la garganta, y sabía exactamente cuál era el motivo de ese nudo.

Mis nervios estaban a flor de piel. Había tomado una decisión determinante. Una decisión que, probablemente, haría que mi padre me desheredara, pegara el grito en el cielo y me dijera con un enojo contenido: tu educación mágica fue un gasto económico injustificable.

La razón para todo lo anterior mencionado era simple.

Yo había decidido estudiar literatura. Abandonaría el mundo mágico y estudiaría esa bella carrera en una universidad muggle de muy buena reputación; tenía la carta de aceptación hacía más de un mes guardada con mucha cautela dentro del cajón de mi velador.

Me sentía tan orgulloso.

Podía decir con una sonrisa que ese sacrificio que había hecho, o mejor dicho, aquel placer culposo de acostarme más tarde para elaborar aquellos ensayos de libros muggles, habían valido cada adormecimiento de mano, cada callo en el dedo, cada fatiga por las mañanas y cada bostezo. Sí, lo valía. Lo único que me preocupaba era que no le había hecho mención del tema a Rose, probablemente se enojaría y me diría lo primero que se le viniera a la mente.

Dirigí mi vista a la mesa de los leones, ahí estaba ella. Aseguraba con certeza que había tomado con Rose el camino más largo. Un camino lleno de obstáculos, lleno de diferencias, pero un camino que tenía una gran recompensa: amor perpetuo.

He de confesar que cuando apenas tenía once años, sentía cierta curiosidad por la pelirroja, pero jamás cruzó por mi mente tener con ella la consolidada relación que ambos habíamos construido. Lo nuestro era especial, no podía mentir y decirle al mundo que lo que teníamos era una gran historia de amor donde todo era perfecto, porque sería una blasfemia. Creo que una de mis cualidades era la sinceridad, y lo cierto era que nuestro amor estaba lejos de la perfección. Era tan imperfecto, en tantos aspectos, que sacaba lo mejor de nosotros para resolver problemas de pareja a través de la bien conocida "comunicación". Era tan imperfecto, que habíamos logrado crecer juntos, de la mano. Era tan imperfecto, que lo podía definir como "un amor contemporáneo, pero totalmente real".

Ella sintió mi mirada, giró su cabeza y me sonrió. Sentí un calor en el estómago, su mirada lapislázuli hacía que me estremeciera. Una invasión de recuerdos acaparó mi mente.

Tuve un lapsus en el cual me pregunté si el amor verdadero prevalecía a través del tiempo. Me pregunté si los dos seguiríamos amándonos a pesar de la distancia. Me pregunté si ella iba a aceptar tener una relación conmigo a pesar del poco tiempo que le iba a poder dedicar.

-¿Perdido en tus pensamientos? –interrumpió Christine.

-No estoy perdido, sólo medito…

-¿Aún no se lo has contado, verdad? –su voz sonaba como un típico "llamado de atención de madre". Yo me limité a observar mi plato de comida como si fuera lo más asombroso y existente sobre la faz de la tierra.

-Verdad, pero en unos segundos lo sabrá –miré fijo al lugar donde Rose Weasley estaba conversando amenamente con Albus. De repente, mi lechuza dejó un paquete, lo suficientemente obvio para adivinar qué había en éste. La pelirroja dejó de hablar con su primo y me miró interrogante. Yo le sonreí de lado, animándola a que procediera con mi obsequio. Tal fue su mirada de asombro al darse cuenta que tenía bajo su posesión el libro negro que tanto guardaba yo con recelo, que hizo el ademán de levantarse. Desde la distancia, podía observar sus rizos rojos y alborotados, la calidez de su mirada y un ligero frunce en su pecosa frente.

Me miró intensamente.

Le devolví la mirada.

Apretó el libro contra su pecho mientras podía ver cómo la emoción se imponía como protagonista en su precioso rostro.

Se preguntarán dónde estoy escribiendo ahora, ya que por obvios motivos, el libro negro no era parte de mi posesión actual.

Sólo diré que lo que relato en estos momentos, es un recuerdo. Un recuerdo que me perturba, que no abandona mi mente, y no es que me fuerce en hacerlo. De hecho, quisiera mantener fresca en mi memoria, aquella expresión que tomó su rostro cuando abrió mi preciado diario.

Le había dejado una nota que espero no equivocarme al re escribirla para ustedes:

Rose, te amo.

No tuve la oportunidad para decirte que de ahora en adelante, nos vemos obligados a tomar caminos diferentes. Te quiero contar que ingresé a una prestigiosa universidad muggle para estudiar la carrera de literatura.

Imagino que debes sentirte fastidiada, y que de seguro quieres levantarte de tu asiento y patearme el culo para desfogarte. Te pido, por favor, no lo hagas. No te preocupes, sé que estaremos bien. Soy consciente que son cambios grandes, pero yo no quiero que dejes de perseguir tus sueños por mí. Sé que si te lo hubiese dicho cuando recibí la carta de aceptación, hubieras dejado tus planes para acompañarme en mi nuevo trayecto, pero no es lo que quiero para ambos.

El amor es libre, Rose. Una estúpida distancia no logrará que lo que sienta por ti cambie.

Quiero que te esfuerces. Que seas, como siempre, la mejor de tu clase. ¡Te deseo muchos éxitos, serás una gran medimaga!

Te preguntarás: ¿Por qué te estoy entregando mi diario?

Lo cierto es, que más allá de un diario, es una confesión. Una confesión, que pienso que está en las manos adecuadas.

Espero que cada anécdota, la recuerdes con cariño. Espero que cada frase, te saque una sonrisa. Espero que cada palabra, te recuerde a mí, cuando esté lejos.

¿Eres consciente, Rose Weasley, que llevas contigo un pedazo de mi alma?

La pelirroja alzó la mirada, sus ojos azules estaban nublados con lágrimas. De repente, una sonrisa de complicidad se dejó entrever en sus labios rosas.

Conclusión final del estudio: lo confieso, me gustan las pelirrojas.


¡Hola! Si llegaron hasta aquí, quiere decir que son los lectores más fieles del mundo mundial. No tengo palabras para agradecer cada gesto que tuvieron para conmigo.

Quería comentarles que:

CAMBIARÉ MI NOMBRE DE USUARIO. YA NO EXISTE "Nella21" (me reservo el motivo). Así que, ADIÓS Nella21, Hola Arya21 :)

Finalmente, quería mandar un abrazo fuerte a todas las personas que leyeron esta historia. La verdad es que la hice con mucho cariño. Respecto al final, soy partidaria de los finales abiertos. De esta forma, cada uno podrá imaginar a gusto qué sucedió después.

Nos vemos pronto.

¡Miles de besos!