Por qué cuando crees que ya solo toca ser feliz, la vida se empeña en seguir poniéndote pruebas? Cómo no tener dudas? Cómo no tener miedos? Él me amaba, estaba segura, y juntos podríamos contra todos. O no? TH-Lemmons Secuela de DOS HOMBRES Y UNA DECISIÓN

DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

DECISIONES TOMADAS

CAPITULO 1

BPOV

- Si hay dos rayitas, entonces tendremos dos hermanitos?

- No, si hay dos rayitas tendremos un hermanito, y si sólo hay una rayita quiere decir que todavía no tendremos ningún hermanito

- Y si hay tres rayitas? – insistió Anthony recordando los números que había aprendido en la guardería

- No puede haber tres rayitas

- Por qué no?

- Porque sólo hay espacio para dos – dije enseñándole el palito de plástico de la prueba de embarazo

Me había encontrado a mi hijo tumbado en mi cama esperándome cuando salía del baño con la prueba de embarazo en la mano y había sido imposible evitar sus preguntas. Con tres años todo llamaba su atención y todo tenía que saberlo.

Así fue que me encontré esperando que transcurrieran los cinco minutos más largos de mi vida satisfaciendo la curiosidad de Anthony.

Acostado panza abajo y con su carita apoyada sobre sus manos miraba el palito de plástico cuando sonaron en mi reloj los cinco minutos esperados.

La segunda marca nunca apareció.

- Sólo hay una rayita – dijo solemne y levantó su rostro para mirarme

- Entonces no habrá un hermanito – expliqué sin poder contener las lágrimas que rodaron por mi rostro

- Por qué lloras, mami? – dijo poniéndose de pie sobre la cama y echándose en mis brazos

- No es nada, cariño, solo que mami está triste porque quería tener otro bebé – expliqué

- Quieres que dibujemos otra rayita con mis crayones? – ofreció haciéndome reír

- No hace falta, cielo, otro día lo haremos mejor.

Cuando el año anterior había quedado embarazada sin haberlo buscado, Edward y yo nos emocionamos mucho tras la sorpresa inicial. El embarazo no había prosperado y a las pocas semanas lo perdí.

Para entonces ya las ganas de tener un nuevo bebé habían enraizado en nosotros, y decidimos buscarlo.

Desde entonces había tenido tres retrasos pero todos habían sido falsas alarmas. Edward se lo tomaba con mucha más calma que yo, pero para mí cada negativo era una tortura. Sentía pánico de no poder darle otro hijo a Edward sabiendo cuánto lo deseaba.

Me había ofrecido que nos hiciéramos las pruebas para determinar si algo no iba bien, pero sabía que sólo lo había hecho para que yo me quedase más tranquila. Él era de la idea de esperar y dejar simplemente que llegara cuando debiera llegar. Yo tenía miedo de no ser suficiente mujer para él y no poder darle lo que deseaba.

Cuando lo pensaba racionalmente me daba cuenta que eran tonterías pero no podía evitar pensarlo alguna vez.

Me sentía tan frustrada que había decidido ocultarle a Edward mi retraso hasta que no tuviera el resultado de la prueba de embarazo. Ahora ya no tenía nada que contar.

Sequé mis lágrimas y bajé con Anthony para terminar de organizar la cena que la señora Sue había dejado en el horno, ya que Edward no tardaría en llegar.

Edward y yo aún continuábamos trabajando en Twiligth Constructions, aunque mi horario ahora me permitía estar en casa después del mediodía. Edward aún trabajaba por las tardes, lo que lo hacía llegar a casa algunos días ya entrada la noche.

La tristeza ya había pasado cuando Edward entró esa tarde.

EPOV

- Vamos, Anthony, ahora el pantalón – dije poniéndole el pijama antes de meterlo en la cama, mientras él continuaba con su monólogo sobre lo que había hecho ese día

Era tarde y yo estaba agotado y deseoso de sentarme junto a mi dulce mujercita para tomarnos un café en la tranquilidad de la noche.

Estos días en el despacho estaban resultando un tanto pesados, ya que teníamos unos proyectos importantes entre manos y tenía que reconocer que no le estaba prestando mucha atención a la charla de Anthony con el pequeño Kevin Couver sobre la pequeña hermanita de éste, hasta que una frase me hizo volver la cabeza hacia él.

- … y mami estaba muy triste

- Por qué estaba triste mami? – pregunté con curiosidad

- Porque solo había una rayita en el palito y entonces no tendremos un hermanito

- En qué palito? – le miré frunciendo el entrecejo

- En el que tenía cuando le fui a pedir si podía comer una galleta de chocolate de la abuela Esme – me dijo, molesto porque yo no le hubiera escuchado

- Mami tenía un palito de plástico con una rayita hoy? – pregunté preocupado porque Bella no me hubiera dicho nada sobre una prueba de embarazo

- Sí, pero ella quería dos rayitas pero no quería que yo las pintara con los crayones. Es porque me salgo por fuera cuando pinto los dibujos?

- Claro que no, cielo.

- Entonces, tú crees que puedes ayudarme a dibujar otra rayita

- No te preocupes, cariño. Yo lo arreglaré – prometí arropándolo y encendiendo la pequeña luz de su camita.

Bajé al salón luego de permanecer varios minutos en el pasillo, afuera de la habitación de Anthony, intentando recomponerme y entender.

Bella estaba sentada en el sofá con su taza de café en las manos. Se acurrucó contra mí cuando me senté a su lado.

- Duerme? – preguntó en un susurro y asentí – Acaba de empezar – dijo refiriéndose al capítulo de Criminal Minds que se veía en el televisor.

No fui capaz de prestar atención a la serie, mi mente iba una y otra vez hacia la imagen de Bella la última vez que habíamos hecho juntos una prueba de embarazo. Su dolor cuando el resultado fue negativo me había desgarrado y sabía que hoy debía haber pasado por la misma sensación, salvo que yo no había estado a su lado para abrazarla y decirle que no se preocupara.

- Sabía que era la madre – dijo sonriente sacándome de mi letargo – Siempre lo sé – se burló estirándose sobre mí para besar mis labios

Sonreí en silencio y me miró frunciendo el entrecejo

- Sucede algo, cariño?

- Por qué no me lo dijiste, Bells?

- Qué cosa? – me miró extrañada

- Que tenías un retraso – expliqué

Bajó la mirada sonrojada e intentó apartarse de mí, no se lo permití, atrayéndola nuevamente a mi regazo y levantando su cara poniendo dos dedos bajo su barbilla.

- Lo siento – murmuró

- Por qué, cielo? Por qué me lo ocultaste?

- No quería decírtelo hasta no tener la confirmación. No quería desilusionarte otra vez – las lágrimas rodaron en silencio por sus mejillas y la apreté contra mi pecho

- No lo entiendes, Bella, no me desilusionas. Nunca. Nada hay que puedas hacer que vaya a desilusionarme, princesa. Me haces el hombre más feliz de la tierra desde hace cuatro años. Cómo eres capaz de creer que me podrías desilusionar?

- Sé que quieres tener un bebé y también sé que no soy capaz de dártelo – dijo con un quejido

- Bella, lo que yo quiero es que tú seas feliz, cariño. Y sé muy bien que te haría muy feliz tener un bebé. Es por ti por lo que yo lo deseo. Bella, yo no necesito nada más que a ti y a Anthony. Con vosotros dos a mi lado, ya puede desaparecer el mundo entero que yo continuaré siendo feliz.

- Pero tú querías que lo intentáramos…

- Sí. Si tú quieres, sí. Pero no quiero hacerlo si esto va a separarnos.

- No nos separaría si yo fuera capaz de hacerlo – dijo lastimera y rompió en llanto escondida en mi pecho

- Bells, no podemos continuar así. Esto va a matarnos, Bella, tal vez deberíamos dejar de pensar en tener un bebé. Dejemos que todo fluya, que sea lo que tenga que ser.

- Pero… - discutió

- No, cariño, no creo que nos haga bien obsesionarnos con quedar embarazados. Ya sucederá cuando deba suceder. Al fin y al cabo así ha sido anteriormente.

- Pero yo…

- No, Bells, piénsalo, cielo. No nos hace bien seguir así, amor. Hacemos el amor en tus días fértiles cada 48 horas porque sino los espermatozoides no son buenos. En la postura del misionero porque es más fácil que lleguen al óvulo. Al final debes levantar un poco las caderas. – enumeré molesto – Basta, Bella, no quiero más esto. Quiero que sea como antes, como siempre ha sido, que hagamos el amor tanto como podamos, aprovechando cada vez que Anthony no está con nosotros. – dije metiendo mis manos bajo su camiseta y recorriendo su cuello con mi lengua – Que lo hagamos en la cama, pero también en el sofá, en la cocina, en el coche y hasta en la alfombra. Diablos! quiero que lo hagamos en la oficina. En todas las posturas que nos imaginemos. - continué acariciándola y mis manos fueron directas a sus pechos que se endurecieron con el contacto – Quiero que correrme en tu boca no sea un desperdicio – susurré haciéndola jadear.

Suavemente la tumbé sobre el sofá para reclinarme sobre ella besándola a la vez que levantaba su camiseta. Bajé mis labios por su cuello hasta alcanzar sus pechos, con mis labios rodeé uno de sus pezones que se puso rígido al contacto con mi lengua. Mientras mi boca se ocupaba de sus pechos, mi mano se deslizó hasta sus ingles y se coló bajo el satén de sus bragas. Bella dio un respingo cuando comencé a acariciar su pubis perfectamente depilado.

- Oh, Edward… te necesito… - suspiró

- Claro que sí, princesa… - dije colando un dedo dentro de su apretada cavidad

Comencé a embestirla con mis dedos mientras mi pulgar frotaba con fuerza su clítoris.

- Dios! – exclamó jadeante – Voy a correrme muy pronto

- Hazlo, cielo, necesito verte… - rogué

Sentí su enorme secreción mojando mi mano cuando intentó ahogar sus gemidos contra uno de los cojines del sofá.

- Venga, nena, quiero darte otro orgasmo…

- No puedo, Edward – rogó intentando alejarse de mis dedos

- Sí que puedes – aseguré y dirigí mis labios a su hendidura sin retirar mis dedos de su interior

Lamí sus deliciosos pliegues donde aún permanecía la prueba de su éxtasis. Con mis toques volvió a retorcerse mientras la asaltaba con mis dedos. Se arqueó contra mi mano buscando incrementar la profundidad de la penetración y retiré mi mano haciéndola jadear con desesperación. Bajé de un tirón el pantalón de mi pijama y mis bóxer liberando mi erección que dirigí de inmediato a su raja. Colé la punta entre sus labios más íntimos y sus manos en mis glúteos me empujaron hacia ella empalándose contra mí.

Me levanté sin salirme de su interior y la llevé conmigo cuando me puse de rodillas sobre el sofá sosteniéndola por la cintura. Bella comenzó a montarme con desesperación y tras unas pocas embestidas se apretó fuertemente contra mí, mordiendo mi hombro para acallar su grito. La fuerte presión sobre mi miembro extrajo hasta la última gota de mi semilla cuando me corrí con desespero en su interior.

Nos quedamos perfectamente encajados durante varios minutos intentando calmar nuestras respiraciones.

- Te amo, Bells

- Y yo a ti – susurró

- Te amo y te necesito – confesé – Te necesito así, como siempre

- Te necesito, Edward. Necesito que me perdones toda la tensión de estos meses. No sabía que te hacía sentir así. Te prometo que intentaré tomármelo con calma, lo prometo.

- Estamos juntos, Bells, estamos juntos en esto y en todo. Pero tal vez lo mejor será darnos un respiro. Sólo unos meses, con calma, ya verás que todo llegará cuando deba llegar.

- No importa, Edward. Si os tengo a ti y a Anthony, no importa nada más.

- Siempre nos tendrás – prometí sabiendo que nada podría separarme de mi amor.


Bueno, aquí vuelvo con la tan esperada secuela de DOS HOMBRES Y UNA DECISIÓN. Espero que os guste.

Todavía la tengo muy "verde" pero espero que salga bien.

Besitos y nos seguimos leyendo!