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Capítulo III

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¡¿Por qué nunca te dijo nada? ¡¿Por qué no te dejó cargar con una parte de ella?

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Hubieras dado cualquier cosa por arrancarle lo que fuera que le hacía sufrir, lo que sea. Tu vida misma si hubiese sido de necesario. Ahí estaba, que la tomara si remordimientos, tú no se la hubieras negado.

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Pero en cambio te había abandonado sin mirar atrás.

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Más no tuviste el valor y él se fue en busca de una venganza que le obsesionaba, dejando que se ahogase en su propia miseria.

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"Fui débil"…

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Pero ahora, a pesar de toda la culpa, de todo ese remordimiento… entre los brazos de ese chico desahogas una buena parte de ese sufrimiento.

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¿Extraño, no?

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Cuando al fin has dejado de gimotear, sientes la brisa golpeando tu cara. Tu nariz moquea, tus ojos están rojos, un poco hinchados, prefieres no tocarlos porque seguro arderán.

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El pasillo donde creías seguir ha sido reemplazado por un lugar abierto, sin paredes de por medio.

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- Pensé que el pasillo no era un buen lugar para llorar, ¡Quiero decir! para estar juntos, ¡No, no es eso!, ¡No pienses mal!…eh… – se escucha nervioso, se contradice. No está seguro de lo que debe decir – T-te traje aquí, parece ser más… eh… ¿Cómo decirlo?...hum… ¿Más tranquilo?

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La voz del chico suena un tanto avergonzada. No te mira. A pesar de seguir teniéndote en brazos y con la confianza de haberte cargado todo el camino hacia la azotea, él no se atreve a mirarte. Se ve un poco preocupado por tu pronta reacción, se muerde los labios, se rasca la mejilla, el cuello, la nuca, la otra mejilla. Parece que comenzará a sudor frío.

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Tú no dices nada, también te sientes avergonzado. Sin embargo te rehúsas a soltarte de su abrazo. Hundes la cabeza en su pecho, restregándote suavemente contra él y sientes como su respiración se corta y su abdomen se tensa ante el contacto.

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Sentados en el suelo, bajo un atardecer que se mira cansado, el momento de separarse no parece llegar. La hora de la salida está próxima, dentro de poco la campana sonará y el alumnado por fin será libre. No sabes cuánto tiempo ha pasado desde su encuentro pero ya es tarde, muy tarde.

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Ni siquiera se conocen pero ya no sientes que eso sea algo importante. Quieres romper con ese silencio, agradecerle pero no sabes cómo. Qué difícil es hablar con un extraño.

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- Le querías ¿Verdad?

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Se le ha escapado y rápido se tapa la boca mientras le miras pasmado.

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¡¿Cómo sabe, quien le ha dicho?

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- No te vayas, no me dejes… – habla con voz cansada, como si hablase consigo mismo – No parabas de repetirlo…– te mira pero aparta la vista enfadado – ¡Es tu culpa por empezar a llorar, no sabía que hacer! ¡Te abrace, es todo ! – responde exaltado de repente. Aprieta los puños no muy seguro del porque ha confesado semejante muestra de afecto – mira niño, si me vas a reclamar algo primero deberías ser más discreto con tus cosas…ese tal Bakura debe ser igual o peor de idiota que tú – añade con desprecio.

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- ¡Cállate! – el chico da un respingo por tu inesperado grito – ¡Tú no sabes nada de él, nada de mí!

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- ¡Pues debiste pensar en eso antes de arrastrarme a esto! – se defiende molesto apenas saliendo de su sorpresa.

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- ¡Nadie te pido tu ayuda!

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- ¡Pues no vi que te quejaras!

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- ¡Eres un estúpido!

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- ¡Y tú un marica cobarde!

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Le lanzas un golpe pero el logra esquivarlo, apenas alcanzando a cazar tu puño. Te remueves furioso intentando defenderte pero él es más rápido y de te derriba sin mucho esfuerzo.

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- ¡Se te acabo el chico amable, imbécil! – advierte, como si se quitase un peso de encima o más bien, el patético disfraz de buena persona – ¡Al carajo, ya me harte de tratarte bien!

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- ¡¿Bien? – reclamas mirándole con desprecio – ¡¿Acaso estás loco?

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El chico se carcajea y tus recuerdos parecen revivir con la gloria de un presente abriéndoles las puertas.

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- ¡No! ¡No es cierto! – gritas, tratando de ahuyentarlos – ¡Suéltame! – le exiges , pidiendo en silencio que deje de recordártelo, removiéndote furioso bajo su cuerpo – ¡Cuando logre soltarme …

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- ¿Qué, qué vas hacer? – se burla de ti, desafiándote con su soberbio mirar – ¿El niñito de Bakura se va a vengar?

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- ¡Deja de repetir su nombre! – con toda la fuerza que puedes lo golpeas, frente con frente, suficientemente doloroso para que te suelte. Libre al fin respiras exhausto, con los brazos extendidos por el suelo, sintiéndote extrañamente relajado.

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El chico ha logrado ponerse de pie y camina hacia a ti, arrastrando los pies en el camino. Ni siquiera haces el esfuerzo por ponerte en guardia, mucho menos por mirarle. Sabes que eso no se solucionará con una simple disculpa y un apretón de manos, él tiene la pinta de ser un completo canalla. Pero tampoco pareces querer defenderte. El enojo ha pasado ya, la necesidad de golpearle se ha esfumado.

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En vez de eso, no puedes dejar de pensar que el nombre saliendo de sus labios te sabe a nostalgia, casi como si él conociera de quien está hablando. Como si reconocieras en ese chico la presencia de…

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"No, no"...

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Te cubres la cara con las manos sintiéndote estúpido. Es ridículo. Lo mejor será largarse de ahí antes de que comiences a imaginar cosas sin sentido.

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Pero cuando quieres huir, el chico te empuja de nuevo al suelo, poniendo un pie encima de ti. Sientes el peso extra sobre tu pecho pero no quieres ni mirarlo a los ojos. Aún no estás listo. No sabes en qué momento la cercanía con ese chico se ha vuelto tan nostálgica.

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"No, no"… te reclamas, sintiendo el ardor de las lágrimas amenazando con caer. Aprietas los dientes, te tiemblan los puños… "No es cierto, no es real"…

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- Lo siento…

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Su voz te regresa a la realidad, sacándote un gesto de incredulidad por sus inesperadas palabras. ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué de repente ha cambiado? Por un instante crees que intenta ser amable más no lo suficiente para quitar su pie de encima.

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Él se da cuenta de la incómoda posición en la que están y deja de pisarte sólo para tirarse a tu lado utilizándote como almohada. Estas a punto de gritarle pero el te cubre el rostro con una mano, impidiéndote hablar.

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- Ya está, ya lo dije y no pienso volver a decirlo – te dice seriamente, apretando con sus dedos tu rostro – ¡Ah, demonios! – reclama llevándose el dedo herido a los labios - ¡Me has sacado sangre!

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No se esperaba que le mordieras.

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- ¡Te lo has buscado! – sentencias, despegando la espalda del frío suelo pero sin poder moverte por completo.

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Se niega a quitarse de tu regazo. Forcejeas con él, jalándole de los cabellos pero él se aferra a tu cintura, pataleando como si jugara contigo. Estas harto de su conducta inusual, de sus inesperadas formas de llamar la atención. Simplemente quieres irte y olvidar ese nefasto encuentro.

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- ¿Por qué no me dejas en paz? – y tu voz ha sido un susurro agonizante. Tus manos se han quedado quietas en el blanco cabello del malhechor.

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- Quiero quedarme contigo.

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Sin pensarlo tus ojos se han encontrado con su mirada. Crees que volverás a caer pero desde su posición ha alzando una mano, rozando con delicadeza tu mejilla.

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- Nada de llantos niño…

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- ¿Quién va a llorar?…- respondes, esta vez sin vacilar.

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- Perfecto, ahora que tengo tu atención… – sonrie satisfecho – hice mal el entrometerme en tus cosas, ya lo he dicho. Es solo que…bueno… no es que me importe mucho pero… ¡demonios, es complicado! – se golpea la frente, indeciso – me creerás loco pero siento que… - suspira, evitando mirarte – te conozco…

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- ¿Qué?

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- Sí, yo también creo que es estúpido pero no me lo puedo quitar de la cabeza. Desde que te vi en las escaleras corrí directo a ti, sin pensar en nada más que no fuera hablarte… es algo raro, lo sé, nunca me había pasado. Y cuando comenzaste a llorar, carajo sentí como si yo tuviera la culpa ¿Puedes creerlo? ¡me sentí realmente mal!, casi me pongo a llorar contigo… ¡Y no te burles!, esto es serio, si le dices a alguien…

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- ¿Por qué me dices esto?

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- No lo sé... ¡Maldición, no lo sé! cuando me di cuenta ya estábamos aquí, hasta se me olvidó que hoy era mi primer día de clase.

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- …

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- La verdad es que cuando comenzaste a hablar de…– se muerde los labios y con severo coraje su mirada se clava en el suelo – ese… – sisea, apretando los dientes – sentí que me moría… no estoy exagerando, lo juro. Ni siquiera sé quién demonios es y ni ganas tengo de conocerle pero lo odie ¡Carajo! ¡Lo odio! ¡Y mientras más lo odio, más mal me siento!... ¡Por las mil serpientes, maldita sea! – alza los brazos al cielo y grita, frustrado por no lograr poner en orden sus pensamientos – ¡A estas alturas seguro parezco un completo lunático! ¡Tengo ganas de llorar, de gritar, de…Argh! ¡No sé qué me pasa! – se tapa los ojos con los brazos, sintiéndose derrotado por el embate de emociones que le remueven su agitado pecho.

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Y tú, conmovido y distante, creer tener una respuesta para toda esa absurda situación que les mantiene cautivos más no te atreves a replicar nada por temor a caer de nuevo al abismo de un pasado hiriente. Ese anhelo que con tanto fervor resuene en el silencio de tu mente debe ser el que intenta engañarte para caer de nuevo en la trampa, ¿Porqué te atormentan? ¿Por qué no puedes desprenderte de la calidez de ese chico que sin saberlo, se ha vuelto una necesidad?

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Porque… porque…

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Miras hacia el atardecer, a las prontas nubes que se acercan a una nueva noche. ¿Donde está la solución, donde el alivio? ¿En qué lugar se ha quedado él?…

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Repites sin cesar dentro de tu cabeza, evocando su presencia, anhelando que con su recuerdo no pierdas tu camino… Bakura…pero su nombre ya no suena doloroso…Bakura… pero la soledad de su recuerdo se va esfumando…Bakura… y te sientes libre, sin culpa, sin remordimientos…

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Sin aferrarte a su ausencia.

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"Quiero quedarme contigo"…

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Algo quiere dibujarse en tu cara. Tus labios se mueven de una manera en que hace mucho tiempo no lo hacían, recordando aquel gesto cándido.

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Y de pronto sonríes.

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Bajas la mirada y con solo verle, esa sonrisa se vuelve más grande, más deliciosa. Él también te sonríe, deseando, sin que tú sepas, poder ser capaz de cumplir su deseo.

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- ¿Cómo te llamas?

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- ¿Eh?

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- Si, si, tú nombre, ¡Dímelo! – te pide impaciente, evitando que te des cuenta que se ha quedado prendado de tu sonrisa.

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- Ryou…

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- Ah…bien, así me gusta – asiente complacido – Mi nombre es Akefia.

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- Akefia…

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Y piensas entonces que tal vez…solo tal vez…

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FIN

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Oh, Rayos, Bakura es sexy *¬*… Akefia también *¬* … Ryou es lindo ¬/¬… me encanta este trío XD…creo que podría acostumbrarme a escribir sobre ellos je.

Ahora que me doy cuenta, puse a Bakura como si de repente pudiera separarse del cuerpo de Ryou y tener su propio cuerpo. Bueno, el interactuar entre ellos fue más fácil :)

Tal vez sea mi lado yaoístico pero creo que al final de la serie Ryou sufre por la ausencia de su Yami… o tal vez este loca y mi locura me este comiendo la razón :D. ¡Demonios es que es irresistible no imaginarles juntos!...

¿Saben en qué capítulo del manga Yami Bakura defiende a Ryou?, he visto solo la imagen: Bakura extendiendo los brazos frente a Ryou, interponiéndose entre él y quién sabe qué cosa. Me dicen que si, efectivamente sale en el manga pero no en que parte.

Solo algunos doujinshis he visto de la pareja, muy pocos por cierto. Si no están en japonés están en venta y no te dejan ver nada ¬_¬. Pero el video de Monster Fable es genial. La cara de Bakura al sacar la lengua es extremadamente deliciosa…o grotesca, aún no estoy segura.

En fin, tonterías mías.

Y… ¿Qué les pareció?

Espero que el fic haya sido de su agrado y muchas gracias por leer ¡Nos vemos!