¡Hola a todas!

Estaba empezando a creer que nunca terminaría este Outtake, pero finalmente lo hice. Creo que había perdido práctica después de tanto tiempo sin escribir. Sabía exactamente que quería que pasara, pero no lograba ponerlo en palabras. Pero aquí lo tienen.

Primero que nada, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SU PACIENCIA Y ESPERAR A QUE VOLVIERA Y TERMINARA ESTE OUTTAKE.

Gracias a:

Lady Andy Pao

Camila Elizabeth Cullen Masen

carolina

nany87

Sky TwiCullen

Gia Melii Cullen 12

cullen n masen

VictoriaMasenCullenVulturi

Lukiis Cullen

Gabymuse

isa28

Tata XOXO

Robmy

Nurymisu

Amanda-Cullen-Salvatore

ConyFarias

huzito cullen

marchu aizlin

ale

LaVaga-CullenBlack

maritza

Abigail Robsten Cullen

Aries AL

GRACIAS CHICAS, DE VERDAD, ESPERO QUE DISFRUTEN ESTE ÚLTIMO OUTTAKE

Y VA DEDICADO PARA USTEDES LECTORES, Y AQUELLOS QUE ADEMÁS DE DARME UNA OPORTUNIDAD

ME APOYAN Y DEJAN LINDAS PALABRAS EN SUS REVIEWS,

AQUELLOS A QUIENES HAN PUESTO EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS A ESTA CORTA HISTORIA.

¡GRACIAS!


La cita outtake

Era un hábito asqueroso, lo sabía. Yo mismo odiaba tener que recurrir a esto, pero no me encontraba en el mejor estado mental para reprenderme a mí mismo – como lo haría Esme – para detenerme. Me dejaba en shock el darme cuenta hasta qué punto estaba nervioso, hasta qué punto ese nerviosismo me estaba llevando. Hacía años que no necesitaba de esto para sentirme más tranquilo.

Sacudí la cabeza, echándole un vistazo – por la doceava vez – al reloj en la pared. Parecía que las manecillas se movían más lentamente de lo usual, solo para molestarme.

Revisé la hora en mi celular, y luego en el reloj en mi muñeca, para asegurarme que no era el reloj de la pared que se proponía molestarme, sino que era yo mismo que me encontraba paranoico.

Y como me temía, era yo el paranoico.

Ataqué con más ansias a mis pobres e indefensas uñas cuando me di cuenta de eso.

Sabía que Bella sabría de mi ataque de ansiedad tan pronto como viera mis maltratadas manos, pero seguía sin poder detenerme. Evitar tal daño a mis manos.

Miré al reloj de nuevo, molesto – ya no sabía si conmigo o el reloj – para darme cuenta que no habían pasado más de cinco minutos, y que aún me quedaba una hora más por esperar.

"Maldición," murmuré, resquebrajando a un más mis uñas. Avancé, enojado ahora, hacia el reloj, lo tomé fuertemente entre mis manos, y lo aventé al suelo, causando un resonante ruido al caer y partirse en pequeñas piezas, con satisfacción.

"Esto es terrible," murmuré para mi interior. Rebusqué entre los cajones, buscando lo que sabía con seguridad que debía estar allí, donde lo había dejado la última vez. Lo había comprado especialmente para esta ocasión que había esperado con ansias desde la invitación.

¿Dónde rayos podía estar metido?

Avancé a pasos pesados y echando humo por los oídos hacia mi celular. Lo tomé con tanta fuerza que casi creía aplastarlo, de haber tenido la fuerza suficiente.

Resoplé, tratando de respirar profundamente para calmarme.

Ring…

No hubo respuesta. ¿Dónde rayos se había metido?

Ring…

Sino contestaba… esa duende me las iba a pagar.

"Bells," Alice contestó a la tercera vez que sonó, su voz contenía ese tonito que me decía Sé exactamente lo que te pasa. Lo odiaba.

"Déjate de tontadas, Alice, y ven aquí ya mismo," le exigí, sin tiempo para ser amable.

"Bella Swan, cálmate, y toma un profundo respiro," Alice me dijo seriamente. "¿Listo?"

Hice caso de su consejo – u orden, sería más correcto – y contesté "Sí."

"Te veo en diez minutos," dijo y antes de poder protestar, la línea se cortó.

Quince malditos minutos después, y aun no había nada.

Estaba a punto de salir por esa puerta y solucionar mi problema yo mismo. Era obvio que no contaba con nadie, estaba por mi propia cuenta.

Avancé de un lado a otro, de esta manera solo iba a ponerme peor, y para cuando llegara la hora de ver esta persona que me había traído de cabeza toda la semana, iba a ser un desastre. Necesitaba encontrar la respuesta para lograr que finalmente hiciera lo que quería.

Agarré el estúpido reloj en mi muñeca, y me lo quité, sacando el pequeño botón de a lado para adelantar la hora.

Listo. 6:55 p.m.

Solté una carcajada. "En serio me estoy volviendo loco," dije debajo de mi aliento, sacudiendo ligeramente la cabeza. Me pasé las manos por el cabello, jalándolo en respuesta a mi frustración.

No era bueno para esto de las citas. Por esa misma razón trataba de mantener un perfil bajo entre las mujeres – algo que no lograba con mucho éxito, para ser honestos – y librarme de la obligación de llegar y preguntar si querían cenar conmigo algún día. Todas las mujeres de ahora esperaban que después de una primera cita tuviera sexo con ellas. Y yo no había sido criado de esa forma. Esme me mataría si supiera que me comportaba de forma tan poco caballerosa, incluso si las mujeres no se portaban como unas damas.

Mi celular decidió sonar en ese momento, y a mi casi me causa un infarto.

Sacudí la cabeza, por quien sabe que vez, mientras lo sacaba del bolsillo de mi pantalón. Ni siquiera me había dado cuenta que mis manos habían empezado a sudar.

Al abrir el celular, mis ojos aterrizaran en la hora, solo para enfurecerme al darme cuenta que solo han pasado – de nuevo – apenas diez minutos. ¿Qué rayos pasaba con el tiempo el día de hoy? El maldito día teníaa que llegar a su final, aunque no quisiera.

"¿Qué?" contesto en un grito – que era una mezcla de frustración y enojo – sin siquiera ver quien llamaba.

"Edward Anthony Cullen Masen…"

¡Rayos!

Ahora me pregunto si llegaré a tener la oportunidad de esa cena con Bella después de esto.

Esto no me podía estar pasando.

¿Era mi día de mala suerte o que estaba pasando conmigo?

Era un problema tras otro, ninguno que viera pudiera solucionar pronto. Y me estaba molestando, no quería estar de mal humor para nuestra primera cita.

Pero era inevitable. Sacudí la cabeza, e incluso hice algunos estiramientos con la esperanza de que un poco del estrés que me estaba poniendo de mal humor se bajara, o desapareciera. Todo con pocos resultados.

¿Dónde demonios se había metido Alice?

Miré a la hora en mi celular, y habían pasado… ¿cinco minutos?

¡Esto era increíble!

Antes de que pudiera darme de golpes contra la pared, el timbre de mi departamento sonó, y solté un respiro de alivio. Tenía que ser Alice. Nadie más en este momento sería bienvenido, excepto si Alice había decidido incluir a Rosalie. Me encaminé tan rápido a la puerta que parecía que estaba casi corriendo aun en mi gran toalla azul, para abrirle a mi duendecita.

"Finalmente," exclamé, tomándola de las muñecas para forzarla a entrar al departamento antes de que tuviera tiempo de siquiera pestañear.

"Whoa," Alice murmuró, realmente sorprendida. "Esto si es una urgencia, para que estes en este estado."

Asentí vigorosamente. "Necesito tu ayuda. Urgentemente."

"Todo saldrá bien, Bells," Alice murmuró, abrazándome. "Ya lo verás. Cálmate y en seguida solucionaremos tu dilema."

"Gracias, gracias, muchas gracias," le dije, siendo cien por ciento honesta.

"Nah, ni lo menciones," me dijo tomándome de la mano, y llevándome hacia mi recamara.

Me soltó al entrar, y siguió directamente hacia mi armario. En menos de cinco minutos ya salía con pedazos de tela – que suponía era la ropa elegida – en sus manos, las dejó caer en la cama, y por fin me di cuenta de que se trataba.

"No," sacudí la cabeza con fuerza. "No, no, no. No saldré con eso puesto, Alice."

"Lo harás," Alice me dijo con ese tono suyo que no dejaba espacio a duda.

Estaba en terribles problemas si había decidido hacerme esto.

Ahora tenía que encontrar la manera de salirme de esta situación en la que solamente yo me había metido, nadie me había ayudado, y era lo peor del caso.

"Ahm," tartamudee, inseguro de como proseguir. "¿Hola, mamá?"

"Nada de eso," Esme me respondió un poco alterada. "¿Qué forma de contestar a tu madre es esa, eh?"

Me estremecí. "Lo siento, mamá. Ni siquiera revisé el identificador de llamadas."

Esme resopló ligeramente, y podía verla claramente, con su mano libre bien puesta en su cadera, su rostro impaciente mientras me escuchaba dar excusas tontas – claro, no tan tontas como las de Emmett – y me decidía a hablar claro. Me sentía tan tonto, también; esta no era mi conducta normal. Claro que nunca había salido en una cita con una chica que me gustara tanto como Bella.

"Nervioso, ¿cierto?" Esme preguntó con tono sabio.

Asentí, aun cuando no me podía ver. "¿Cómo lo adivinaste?"

"Bueno," Esme contestó, con un tono indulgente ahora. "Esta no es tu conducta normal, hijo. Y te conozco."

Reí, sí, Esme me conocía muy bien. Yo era más predecible que Emmett.

"Lo sé, nunca me había sentido así de nervioso," le dije, sintiéndome frustrado me pasé una mano por el cabello, dejándolo más desordenado de lo usual – aunque en realidad no había mucha diferencia.

"No juegues con tu cabello," Esme me advirtió, conociendo a la perfección mi tic nervioso. "O mejor pensado, hazlo. A las chicas les encanta tu cabello."

Sentí el calor subir a mi rostro, dejándolo en llamas.

Me aclaré la garganta, "Uhm, gracias."

Esme se rió al otro lado de la línea. "Es cierto, hijo. Pero dime… ¿A dónde llevarás a Bella?"

"Es un buen lugar para empezar," su voz estaba llena de seguridad, no había cabida a duda. "Le encantará."

Resoplé.

¡Por favor!

Volteé a mirar la hora, preguntándome cuando terminaría la tortura que ese tonto reloj estaba cometiendo contra mí. ¿Qué le pasaba al tiempo el día de hoy? No tenía idea de que me odiara tanto. Pero no le daría la satisfacción de verme totalmente demente por su causa.

Me concentré en las palabras que eran arrojadas hacia mí. No tenía idea de porque estaba soportando todo lo que implicaba salir en esta primera cita.

"Ouch," me quejé cuando sentí un fuerte jalón. "Eso dolió, Alice."

Y como sino le importara mi dolor y sufrimiento – estaba dramatizando, lo sabía – volvió a jalar fuertemente de mi cabello. "No empieces, Bella Swan. Esto no es nada comparado a como sería si…"

"Ni lo digas," la interrumpí.

¡Por Dios! ¿Creía que me acostaría con él en la primera cita? No era una zorra.

Pero estaba segura que valdría la pena, en especial si después de conocer lo aburrida y sosa que era en verdad, no la segura y atrevida Bella que había mostrado en un momento de locura, salía corriendo, alejándose rápidamente de mí. No querría perderme de mi única oportunidad.

Alice siguió con más jalones, aunque menos dolorosos, quizá se había apiadado finalmente de mí, y decidí dejar de quejarme.

"Ahora ven," me dijo, haciéndome que me levantara, tomó algo de ropa del armario y volvió. "Pruébate esto."

Gruñí al ver algunas de sus elecciones.

Pero me las puse, de cualquier forma. Alice siempre encontraba la forma de que lucieran bien en mí.

Y así fue, al final me quedé sin aliento al ver el resultado frente a mí.

"Wow, Alice, te luciste en verdad," murmuré completamente impresionada con la persona que veía en el espejo.

"Edward se quedará boca abierta al verte, te lo aseguro."

Suponía que era verdad, había pruebas de eso. Ya había pasado antes, así que no tenía por qué cuestionarlo.

Miré hacia abajo y revisé mi atuendo, preguntándome si esto era lo que uno debía o podía usar en una primera cita. Pero en realidad no me iba a poner a pensar en ello demasiado, para eso había pedido ayuda. Aunque pensándolo bien, era vergonzoso el que necesitara pedir ayuda para decidir – a esta edad – que ponerme.

"La Bella Italia," respondí sin más.

"Oh," su voz melódica sonó en mis oídos. "Buena elección, aunque no me sorprende."

Me estaba sonrojando más en los últimos cinco minutos que en los últimos cinco años de mi vida.

¿Qué me pasaba?

"Gracias, supongo," respondí algo reluctante.

Esme rió entre dientes, y me deseó buena suerte antes de despedirse.

Me pasé las manos por el cabello unas cuantas veces más, pero no hubo resultados agradables, o al menos, los esperados. Mi cabello jamás se comportaba, ya no era algo nuevo para mí.

Revisé por vigésima vez mi reloj, y solté un suspiro de alivio al notar que la hora finalmente se aproximaba, más rápidamente que en los últimos quince minutos. Casi brincaba de arriba abajo como un tonto niño emocionado por salir al parque después de hacer su tarea.

Esme tenía razón, nada tenía porque salir mal. A menos que Bella decidiera no salir conmigo a último momento.

Tomé las llaves de mi Volvo – el cual, afortunadamente había salido del taller mecánico un día después de conocer a Bella – y conté hasta diez, y luego hasta veinte para calmar mis nervios.

Claro que era casi imposible, y no estaba completamente seguro de porque me encontraba tan nervioso.

Quizá… quizá era porque Bella había dado el primer paso, así que me estaba dando cuenta ahora mismo, en este preciso segundo, de que era mi turno de tomar la iniciativa esta vez. No quería parecer un tonto que no sabía como actuar con una chica, o que ella debía ser siempre la que diera el primer paso.

Tomé un profundo suspiro, y salí por la puerta de mi apartamento, prometiéndome ser valiente esta noche y hacer a Bella pasar un gran rato.

Me eché una última mirada en el espejo, contando los segundos para que esta tortura acabara y lo bueno empezara.

Me preguntaba que final tendría esta noche, y que pasaría entre nosotros.

"Gracias, Alice," murmuré asombrada, después de mirarme en el espejo. Alice siempre hacía milagros con mi persona, aunque ella siempre alegaba que no hacía nada, solamente resaltar mi belleza. Yo estaba segura que no era así.

Con un pesado suspiro, me volví hacia Alice. Mi mirada lo decía todo.

"En cualquier momento llegará, Bella, no te preocupes," me aseguró, acercándose a mí para rodearme con sus brazos.

Asentí. "Solo estoy nerviosa."

Alice resopló. "¿Crees que no lo sé? Te conozco, Bells. Pero todo saldrá bien, ya verás."

"Sí, lo sé," dije débilmente. En realidad no lo sé.

¡Cállate!

Iba a perder una batalla tonta conmigo misma. Y no me lo pedía permitir en estos momentos. Así que encuadré mis hombros y repetí como una mantra en mi mente que todo saldría bien.

Solo rezaba para que fuera así.

"Cuenta hasta diez, Bella, y cálmate," Alice me exigió, sacudiéndome ligeramente de los hombros, una expresión seria en su rostro de duendecilla.

Solté un respiro, asintiendo, para comenzar con mi cuenta a la normalidad.

Uno.

Me era difícil concentrarme, pero sabía que tenía que calmarme.

Dos.

Porque Alice tenía razón. Todo saldría bien.

Tres.

Solamente tenía que pensar en Edward, para saberlo.

Cuatro.

Ese chico me había conquistado incluso antes de ver que era un caballero.

Cinco.

De esos príncipes azules que ya no encontrabas.

Seis.

Con esos ojos verdes esmeralda, esa sonrisa y ese revoltoso y sexy cabello.

Siete.

Nada podía salir mal. Si me había invitado a salir después de lo que había hecho.

Ocho.

Debía ser una muy, muy buena señal.

Nueve.

Y en ese momento, sabía que todo saldría bien. Mis nervios habían desaparecido completamente.

Diez.

Sonreí, calmada ahora.

Hasta que el timbre de la puerta sonó.

Ding dong… ding dong…

Me pasé ambas manos por el cabello, mientras los segundos pasaban y la puerta seguía cerrada, el timbre resonando aun en mi cabeza. Esperando, nervioso y un total desastre.

Esme ya me hubiera regañado si me viera en esta condición.

Solo lograba escuchar murmullos al otro lado de la puerta, así que no estaba seguro de si habían escuchado el timbre o qué pasaba allí dentro. No creía posible que el timbre hubiera pasado desapercibido. De cualquier forma, volví a tocar.

Antes que el primer ding se hubiera detenido para dar paso al dong la puerta ya estaba siendo abierta.

Fruncí un poco el ceño, confundido.

Miré de nuevo el número del apartamento, y una carcajada pegajosa me hizo volver la vista hacia la pequeña chica frente a mí, que me miraba con estos hipnóticos ojos grises y cabello negro, que se asemejaba al mio un poco, incontrolablemente disparado hacia todos lados.

Sonrió, y me dijo, "No te preocupes, Edward, estas en el lugar correcto," luego me guiñó un ojo.

"Alice," una voz dulce y familiar siseó desde el interior del departamento.

"Oh, Bella," la chica frente a mí, quien ahora sabía se llamaba Alice, giró un poco hacia el interior, diciendo. "No seas ridícula. Como si Edward no supiera que habías hablado con tus amigas de él."

Y ahora la reconocía.

Esta era una de las amigas de Bella, con quienes había ido aquel día en el autobús.

Reí entre dientes, y Alice volteo hacia mí, una ceja alzada. "Ya te recordé," dije simplemente.

Alice sonrió. "Ya era hora. Soy muy memorable, ¿cierto?"

Un gruñido ahora, seguido de un "Alice, ya vete."

"Bien, bien," Alice murmuró, rodando los ojos. "Ya me voy," dijo mientras salía, dejando la puerta abierta detrás de ella. "Suerte," me dijo con otro guiño.

"Gracias," respondí un poco tarde, y confundido.

Exactamente, ¿para qué necesitaría suerte esta noche? A menos que… ¿no pensaba que… que iba a llevármela a la… cama, o sí? ¿Eso esperaba Bella? ¿Creía que me acostaría con ella en la primera cita? Ese ni siquiera era mi estilo.

Tomé un respiro profundo, antes de dar un paso hacia adelante, adentrándome al apartamento de Bella por primera vez.

"¿Ah… Bella?" la llamé tranquilamente, aunque al parecer demasiado, porque no hubo respuesta. Apenas me había escuchado yo mismo. "¿Hola?"

Esta vez mi voz sonó con más volumen, y Bella respondió. "En un minuto salgo."

Asentí, aunque ella no me podía ver.

Al parecer Bella no era la excepción a esta regla en especial. Las chicas siempre estaban listas tarde. Y el típico "en un minuto salgo" ya había sido pronunciado.

Miré a mí alrededor, dejando que mis ojos se deslizaran por el apartamento que me rodeaba y lo poco que podía ver. Era un apartamento… limpio y ordenado. Los colores eran neutros, y no me decían mucho sobre su personalidad. Era como si simplemente lo hubiera pintado por tener que pintarlo. Me pregunté ausentemente de que color sería su recamara. Aunque no era como si planeara conocerla esta noche, al menos.

Los muebles no eran tan neutros, tenía que añadir. Tenía un toque entre moderno y clásico. Combinaban a la perfección unos con otros, eso creía. Me llamó la atención un mueble en el medio de la pared frente a mí, tenía la forma de una chimenea y encima de el, había al menos una docena de portarretratos.

No lo pude evitar, me llamaban. Así que en un momento, me encontraba de pie frente a todos esos portarretratos.

Y de repente sentí como si estuviera mirando al pasado; aunque no era precisamente el pasado, sino el de Bella. Podía verla claramente en cada una de las fotografías que ahora observaba. Incluso de bebé, Bella había sido hermosa, podías decir con seguridad que esa pequeña llegaría a ser a quien ahora veía. En cada una y todas las fotografías podía decir sin duda quien era Bella; incluso en una foto en la que salía con una chica muy parecida a ella, quizá a la edad de doce o trece años; ambas lucían como adolescentes. Pero incluso entonces, la adolescencia no la había dañado como muchas otras niñas. Su piel seguía siendo tan blanca como la leche, y lucía suave y perfecta, sin efectos ni rastros de acné. Toda ella era perfección, y de repente me sentí muy afortunado de que ella haya sido quien me eligiera. Eso tenía que significar algo bueno.

Me volteé de un brinco, cuando de repente escuché una garganta aclararse.

Y casi me fui para atrás. Deseé por un segundo haber estado sentado para así no temer haberme caído de la impresión.

W-O-W.

Me sentí tonto por no tener una mejor palabra que describiera lo que sentía al ver a Bella de pie frente a mí, luciendo impresionantemente casual en un par de skinny jeans, una blusa azul de manga larga que se ajustaba y moldeaba a su cuerpo como una segunda piel, y hacía que su piel luciera incluso más cremosa y deseable que antes. Su cabello estaba recogido en una cola de caballo que parecía no haber tomado mucho esfuerzo; y aunque me encantaba su cabello chocolate, también me encantaba la idea de ver su rostro sin nada que lo ocultara de mí. Su rostro lucía limpio, como si apenas hubiera puesto algo de maquillaje – que no necesitaba, para nada – y un par de converse que terminaban su look.

¿Cómo lograba que algo tan casual luciera tan bien en ella? No podía entenderlo, pero no me quejaba.

"H-ho-hola," tartamudeé un saludo.

¡Por Dios! Lo que esta chica me hacía, y apenas se había aclarado la garganta para llamar mi atención. No quería ni saber que pasaría si… ¿qué estaba diciendo? Claro que quería saber.

Bella sonrió como si le hubiera hecho el día. "Hola… Edward."

Y, ¿cómo no sonreír en respuesta? Así que lo hice. "Luces," dije suspirando, buscando la palabra correcta; aunque estaba seguro que no la había. Nada podía describir lo despampanante que lucía sin esfuerzo. Lo que me haría si se esforzara. "hermosa."

Sus mejillas se incendiaron con un precioso carmesí, que solamente causó que ahora luciera más perfecta que antes.

¿Cómo lo lograba? No tenía ni idea, pero me encantaba.

Sus ojos, entonces, me recorrieron de pies a cabeza. "Tú, también."

Murmuré un tranquilo gracias, y me acerqué lentamente a ella, observando cada centímetro de su rostro, midiendo sus reacciones. Sus mejillas se sonrojaron – si era posible – todavía más al ver mis acciones, y sus ojos tomaron un travieso brillo que solo me hizo querer seguir.

Esta chica me intrigaba profundamente, me hacía desear querer conocerla, querer estar a su lado todo el tiempo; eso lo había comprobado estos últimos días en que no había sido incapaz de dejar de pensar en ella.

Sus ojos se agrandaron ligeramente, sus labios se separaron apenas y su respiración empezaba a entrecortarse entre más me acercaba. Sus mejillas parecían estar permanentemente incendiadas de lo rojas que ahora estaban. Su mirada era tan penetrante que me encontré con dificultad para verla, pero no me dejé alejar mi mirada. Estaba demasiado hipnotizado como para lograrlo.

Estaba ahora a solo unos milímetros de tocar sus labios con los míos, y sentía un ardor recorrer lentamente mi cuerpo, pero al mismo tiempo parecía mi cuerpo prenderse en fuego en un instante tan rápido como un pestañeo.

Mi lengua levemente tocó mis labios para humedecerlos, preparándome, y casi pude sentirme humedecer los suyos con los míos. Tal proximidad terminaría por dejarme en cenizas. El calor que emanaban…

¡Dios!

Había besado a una buena cantidad de chicas en muchas ocasiones, una fiesta por aquí o por allá, una novia en la preparatoria, o besos robados; pero esto con Bella era… otra cosa, como de otro mundo, de otro universo. Sinceramente, me encontraba perdido intentando encontrar una palabra que describiera perfectamente lo que Bella me estaba haciendo sentir.

Un shock eléctrico revivió cada hueso, cada vena y cada sinapsis dentro de mí después de tan solo tocar sus cálidos labios con los míos.

Ni siquiera los había movido, ni siquiera había cambiado el ángulo de mi rostro para empezar a besarla como era debido, y ya sentía más de lo que jamás me había hecho sentir nadie antes.

Me pregunté vagamente que clase de veneno o pócima tenían sus labios para haberme hipnotizado con tan solo sentirlos.

Y justo antes de que pudiera realizar cualquier movimiento, Bella sonrió alejándose de mí lentamente, como sino estuviera segura de que alejarse fuera lo que quisiera hacer. Yo, seguramente, no quería que se alejara aun. Una encantadora risilla salió de sus perfectos labios, abrí mis ojos para encontrarme con los suyos brillando y sus mejillas completamente sonrojadas.

"¿Demasiado pronto?" pregunté tranquilamente.

Aunque estaba segura que era sarcasmo en un pequeñísima parte. Después de todo, la chica había tenido mi trasero en su boca, me había mordido.

Sus mejillas se incendiaron todavía más. "No es eso. Pero…" desvió su mirada, mordiendo su labios inferior. "Tenemos una cita, ¿que no?"

Asentí, un poco avergonzado. "Tienes razón."

Bella sonrió ampliamente, y tomó mi mano. "¿Nos vamos?"

Su sonrisa era contagiosa, así que me encontré sonriéndole de regreso. "De acuerdo."

Di un paso hacia la puerta, y Bella me siguió, deteniéndose unos segundos a tomar una chaqueta y su bolso, antes de seguirme. Cerró la puerta al salir, y le colocó el seguro.

El silencio hizo su presencia fuertemente entre nosotros dos mientras nos dirigíamos a la salida. Avancé hacia el Volvo, soltando por un instante la mano de Bella para sacar las llaves y quitar los seguros para abrirle la puerta, solo para darme cuenta que Bella siguió caminando hacia el otro lado…

¿Qué rayos?

"Ahm, ¿Bella?"

Bella se paró repentinamente, volteando hacia mí con expresión confundida. Mi frente se arrugó ligeramente.

"¿Qué…?" su rostro primero confundido, mostró un cambio repentino, como si ya entendiera lo que pasaba. Bien, porque yo no. "Oh, lo siento," dijo, mientras regresaba a donde la esperaba.

"¿Qué fue eso?" le pregunté, mientras abría la puerta del pasajero.

Bella sonrió pequeñamente, y sus mejillas se incendiaron. "Ahm, nada. Es solo que… me confundí."

"No entiendo," dije con un ligero tono de frustración.

Ella me respondió con una sonrisita. "Es mi camioneta," dijo apuntando hacia una vieja y destartalada camioneta Chevy roja, que parecía más un objeto perteneciente a un museo que un transporte seguro y funcionable.

"Oh," murmuré, entendiendo ahora. "La costumbre, ¿no?"

Sus mejillas, una vez más – y estaba seguro que no sería la ultima vez de la noche – se sonrojaron ardientemente. Asintió como avergonzada, "Eso creo," murmurando en voz baja.

Ambos entramos al Volvo, yo después de ayudarla y cerrar su puerta como todo el caballero que me habían criado a ser. Y nos dirigimos a La Bella Italia.

Mi mente repentinamente volvió al momento en que había sentido aquella mordida en mi trasero, y una sonrisa desdeñosa se formó en mi rostro. Bella lo notó, alzó una ceja y preguntó. "¿En qué piensas?"

Sonreí, "Creo que tú lo sabes."

Bella sacudió la cabeza, sus mejillas coloradas. "Oh creo que sí lo sé, toda la semana he pensando en eso."

Voltee a verla rápidamente, antes de volver mi mirada al camino.

Quería saber como había pensado en ello, pero no preguntaría eso antes de que apenas empezáramos la primera cita.

"¿Por qué lo hiciste?" pregunté, sinceramente curioso.

Bella bajó la mirada, "Ahm, fue un… fue un reto."

"¿Un reto?" repetí como tonto, mi frente arrugándose.

"Así es," Bella asintió. "Rosalie y Alice me retaron a que no… te mordería."

Resoplé. Genial, había sido un reto.

Bella notó mi cambio de humor. "Oh no, Edward," dijo apresuradamente. "Reto o no, de igual forma hubiera mordido tu trasero con gusto."

Voltee a verla, sonriendo con desdén de nuevo. "¿Ah sí?"

Sus ojos se agrandaron, cayendo en cuenta de lo que acababa de decir. "Lo que quiero decir es que, me encantó el resultado. En realidad, no soy del tipo de chica que reacciona ante los retos. Fuiste , Edward. Simplemente, tenia que… hacerlo."

Eso era interesante.

"Desde que subimos al autobús y te vi…" su voz se detuvo, pero su tono empezaba a tomar un tono soñador. "Eres, con honestidad, el hombre más atractivo que he visto jamás. Y todo un caballero. Eres un sueño, de verdad."

Sonreí. "Supongo que debo decir gracias."

Bella sonrió, parecía avergonzada ante su confesión. "Pero tu también eres la mujer más atractiva que jamás he visto."

Bella resopló ante mis palabras. "Claro. Como si te fuera a creer después de que vieras a Rosalie."

Desaceleré para así poder distraerme un poco del camino, esta calle no tenía mucho tráfico, así que no era tan inseguro. Tomé su mano, "Incluso si Rosalie fuera mi tipo, de verdad, y hablo en serio, eres muy hermosa, créeme."

"Supongo que debo decir gracias," Bella dijo sonriendo, copiando mis palabras.

"Pero me alegra que me hayas mordido," le dije después de acelerar. Causando que sus mejillas se tornaron de ese encantador rojo que ya empezaba a gustarme más de lo usual.

Estábamos riendo, y pasando un gran rato juntos. La cena hasta el momento había estado magnifica, más deliciosa de lo que Bella había probado antes. Rosalie en verdad se había lucido. Edward no había tenido idea de que la frondosa rubia, amiga de Bella, era la dueña y chef de La Bella Italia. Había sido una enorme sorpresa llegar y que Bella hubiera sido saludada con emoción por la hostess del restaurante.

"Esto es…" me quedé sin palabras por un momento.

Bella soltó una carcajada. "Lo sé. Es deliciosamente increíble, ¿no crees?"

"Eso es quedarse corto," estuve de acuerdo.

Ambos reímos un poco más, compartiendo historias pasadas, experiencias, e incluso un poco de nuestras infancias; solo un poco, nada muy vergonzoso.

Soltando una carcajada, terminé de contar uno de mis más añorados recuerdos.

"Y Esme… salió de la casa… corriendo…" las lágrimas corrían ahora por mis mejillas, Bella sentía que le faltaba el aire mientras escuchaba lo que le contaba. No estaba segura que tanto más podría escuchar antes de hacerse pipí y avergonzarse. "su cabello lleno… de plumas… gritando Edward Anthony Masen Cullen, ya verás jovencito…"

Más risas y lágrimas rodaron, llamando la atención de aquellos a su alrededor que seguían comiendo sus cenas tranquilamente.

"Oh por Dios," Bella dijo entre jadeos, tratando de controlar su risa y respiración. "Me hubiera encantado conocerte de niño. Apuesto a que eras encantador."

Me puso colorado. ¿Encantador? Estaba seguro que así era, y no por opinión propia, pero todos quienes me habían conocido o veían fotografías mías de niño decían lo mismo que Bella acababa de decir.

"¿Encantador?" una voz melódica y demasiado familiar hizo eco en mis oídos. Oh Dios, ojalá solo hubiera sido en mis oídos. "Era el niño más hermoso que jamás he visto, y no solo lo digo como su madre."

Voltee en ese momento para encontrarme con los azules ojos de mi madre adoptiva, que me miraban llenos de amor y melancolía, como si le gustaría volver a ver a su pequeño niño de mamá. No había mucha diferencia ahora, no era un niño, era un hombre de mami. Eso era – hasta cierto punto – muy, muy vergonzoso.

"Mamá," mi tono tenía cierto grado de advertencia. ¿Qué hacía aquí? "¿Qué haces aquí?"

Esme sonrió, volteando por encima de su hombro, buscando seguramente a Carlisle.

"Oh, nada," dijo con una voz falsamente inocente. "Nos recomendaron este lugar a Carlisle y a mí, y decidimos venir a darle una oportunidad."

"Claro," mi voz reflejaba claramente mi sarcasmo.

Esme se aclaró la garganta, volviendo su mirada a Bella. "Bueno, y ¿no me vas a presentar a tan encantadora jovencita?"

Voltee a ver a Bella, sonriendo con desdén.

Yo no el único encantador aquí, al parecer. Bella se sonrojó, sonriendo tímidamente.

Si Bella supiera que le había contado a Esme la forma en que nos habíamos conocido, se moriría de vergüenza.

"Ahm, mamá ella es Bella," dije apuntando gentilmente a Bella, no dudaría que Esme me diera una palmada de reproche en la mañana si me atrevía a apuntar a Bella. "Bella, ella es mi madre, Esme."

Bella sonrió, aun parecía algo forzada, casi como una mueca. Sus mejillas aun estaban rojas y evidentemente se sentía incomoda.

"Oh, Bella," mamá alargó la e de forma extraña, lo cual me puso, incluso a mí, incomodo.

Mi mirada se fue tras la forma de Esme, viendo que Carlisle se acercaba con una pacifica sonrisa en el rostro, su cambio – igual que el de Esme, ahora notaba – era muy informal para el lugar y la ocasión, mamá y papá siempre andaban de forma inmaculada, limpiamente vestidos. Era como si ninguno de los hubiera planeado venir a cenar a este lugar.

O Carlisle no hubiera tenido idea.

Eso era más posible.

"Hijo," Carlisle me saludó, sus ojos azules – tan azules como los de Esme – brillaban mientras esperaba la presentación, también.

Sus ojos fueron de mí a Bella, y luego de regreso.

Suspiré, un tanto frustrado.

¿Qué rayos hacían aquí? Esme había ido algo lejos, esta era apenas la primera cita. ¡Quien sabía si habría una segunda! Oh, a quien engañaba, claro que habría una segunda cita. Si estaba en su poder, la habría. Solo esperaba que Bella aceptara. Aunque le quedaba un poco de duda después de este espectáculo.

"Bella, él es mi padre, Carlisle… papá, ella es Bella," los presentó rápidamente, su frente ligeramente arrugada, mostrando si disgusto.

Carlisle asintió, "Un gusto, Bella."

Bella apenas logró sonreír, se sentía un poco confundida. "Un gusto."

Un silencio que crece y crece hasta volverse más incomodo que el hecho de que mis padres estén en el mismo restaurante que Bella y yo en nuestra primera cita empieza a dar vueltas a nuestro alrededor. Incluso el ruido causado por los otros clientes aun cenando parecen ser casi ignorados por nosotros. Por un momento, parecemos estar en nuestra propia burbuja; solo que desearía que en tal burbuja, solo estuviéramos Bella y yo.

Mamá, por favor, vete de aquí, en mi mente repetía mirándola a los ojos; desesperándome más y más.

¿Qué esperaba?

Esme se aclaró la garganta, y todos volteamos a verla. Sus ojos brillaban de esa manera que siempre me decía No te gustará lo que haré, pero es necesario.

Joder. ¿Qué planeaba ahora? ¿Arruinar el resto de nuestra cita?

Estaba en shock, Esme nunca se comportaba de esta manera. Había estado tan emocionada cuando le había contado de Bella. A menos que no le haya agradado. Pero no había notado nada que me dijera eso. Estaba tan confundido. Y ni quería saber como se sentía Bella al respecto.

Apostaba que jamás volvería a salir conmigo.

"Necesito un mesero," dijo Esme, mirando a su alrededor. "¿Dónde hay un mesero?"

Arrugué la frente, al igual que Carlisle. Un gesto que, al parecer, había heredado de él. Me preguntaba para que necesitaba un mesero sin siquiera haberse elegido una mesa aun, y sentarse en ella. El mesero vendría solo.

Bella se levantó, "¿Jacob?" llamó a alguien, su voz elevándose entre la gente. Un chico moreno y cabello negro, con una complexión que casi competía con la de Emmett, volteo y se encaminó hacia nosotros. Una sonrisa esparciéndose en su rostro al ver quien era la dueña de la voz.

La arruga en mi frente se hizo más profunda.

"¡Bells!" exclamó con demasiada alegría y entusiasmo. "No te había visto, estaba atendiendo la sala privada."

Bella le sonrió de regreso, demasiado alegre, para mi opinión, también.

"Oh, no te preocupes," dijo con tono despreocupado. "Pero aquí los señores necesitan una mesa."

El chico llamado Jacob sonrió grandemente. "Claro, síganme," les dijo a mis padres, empezando a girar para guiarlos a una mesa.

"Ahm," Esme murmuró, levantando una mano para detenerlo con una señal. "Necesitamos que pongas otra mesa aquí, si se podría."

"Esme…" Carlisle trató de detenerla, pero mi Esme volteo y lo silenció con una mirada llena de significancia. Luego volteo a verme, diciendo lo siento en silencio.

Solté un profundo suspiro.

Jacob levantó una ceja. "Claro, ¿porque no?"

"Muchas gracias, es muy amable," Esme dijo con gentileza.

"¿Mamá, qué crees que haces?" siseé, molesto ahora con justa razón. Claro que Esme no me había criado para hablarle así.

"Cuida tu lenguaje, jovencito," me reprendió suavemente, aun consciente de la compañía. Claro, me recordaría de agradecerle eso luego, pensé sarcásticamente.

"Edward," Bella murmuró, colocando una de sus manos sobre la mía. "No me molesta."

Voltee a verla, sorprendido. "¿Estas segura?"

Bella sonrió, asintiendo. "Lo estoy."

Me volví a Esme, quien estaba sonriendo enormemente, mostrando sus blancos y perfectamente alineados dientes. "Muchas gracias, Bella."

Bella simplemente sonrió educadamente de nuevo. Aunque notaba que genuinamente no le importaba. Jacob apareció en ese momento, cargando una mesa y dos sillas, en cada brazo. Las colocó, y sacó de su bolsillo el mantel de la mesa. Se disculpó para retirarse a traer lo que faltaba. Al volver, decoró la mesa como las demás y les entregó a mis padres los menús, ofreciéndoles una bebida.

Mis padres, especialmente Esme, empezaron a hacer plática. Por un momento, me dejé descansar. Bella lucía totalmente cómoda después de un rato. Debía aceptar que mis padres eran personas realmente amigables, así que Bella debió notarlo, y dejarse sentir cómoda. Me alegraba, porque de verdad quería una segunda cita. Una tercera, una cuarta…

Bella se acercó a mí, para murmurar en mi oído. "Me agradan tus padres," podía sentir la sonrisa que había en su rostro al verla a los ojos.

"Bien," murmuré, mis ojos bajando rápidamente a sus labios, para luego volver a los suyos. "Me temía que fueran a espantarte con su conducta. Juro que no tenía idea…"

Bella colocó sus labios sobre los míos solamente el tiempo suficiente para callarme.

"Esta bien, no importa," me dijo sonriendo, sus ojos brillando con picardía.

No pude más que responder sonriendo. Ignorando las miradas que mis padres nos echaban, la sonrisa conocedora de mi madre, y al mundo alrededor.

Bella y yo nos retiramos antes que mis padres terminaran, dado que nosotros habíamos llegado mucho antes y habíamos acabado con la cena y el postre. Además, también quería darles un poco de privacidad… oh tontería, yo quería privacidad con Bella.

Sonreí ampliamente, mientras salíamos del restaurante. Mi brazo seguramente afirmado en la pequeña cintura de Bella, ella haciendo lo mismo conmigo.

"Esme es muy simpática," Bella murmuró mientras avanzábamos hacia el Volvo. "Me recuerda mucho a ti."

Solté una carcajada. "Deberías conocer a mi hermano, Emmett, él es peor que mi mamá."

Bella sonrió. "¿Cómo?"

"En realidad, soy más parecido a Carlisle, más tranquilo, más serio," le dije, deteniéndome a lado del pasajero para abrir la puerta a Bella. "Emmett es más… ¿cómo lo pongo? ¿Bullicioso? ¿Escandaloso? Tiene una personalidad muy abierta, es el típico payaso de la clase, ¿sabes?"

"Me encantaría conocerlo algún día," sus ojos contenían algo de aprehensión, como si temiera estuviera diciendo demasiado.

"Algún día," estuve de acuerdo, porque a mi también me encantaría.

Bajé mi mirada a sus ojos chocolate, envolviéndome en sus profundidades. Eran magnéticos, hipnotizantes.

"Eres hermosa, ¿lo sabias?" mi voz apenas sonaba como un murmullo, me sentía en la novena nube. Estar con Bella era maravilloso, y no quería que este sentimiento terminara jamás.

Me asustaba un poco sentirme así, pero me agradaba, mucho.

Bella sacudió ligeramente su cabeza, pero yo me agaché hacia ella, atrapando sus labios con los míos.

Oooh sí, me agradaba esta sensación demasiado como para dejarla ir.

Cuando nos separamos para tomar aire, la miré directo a los ojos. "¿Qué opinas de una segunda cita?"

Sus ojos brillaron con tanta fuerza, tanta emoción, que casi me dejan cegado.

"No hay nada que quiera mas," dijo en un suspiro.

Besé sus labios una vez más. "Yo tampoco."

Estaba seguro que esto era solo el principio de una increíble historia, y estaba ansioso por seguir viviéndola.


Gracias por leer, y espero sus opiniones al respecto.

Escribiendo esto último, me di cuenta que hay mucho más que contar, así que quizá en un futuro expanda la historia.

Espero lo hayan disfrutado, y nos leemos pronto en "Un Ángel Condenado." :D