Bien, sé que me he perdido en el espacio-tiempo pero he vuelto con una traducción de un Dramione bastante peculiar; 100% oscuro. Es la primer historia de Yen (thecellarfloor) usualmente escribe poemas pero se decidió a expandir sus horizontes.

Una advertencia, esta historia contiene un DRACO malvado, obscuro, psicópata, retorcido, sadístico y sexy. Realmente, Draco es muy, muy, muy malo aquí y si no pueden soportarlo, sigan buscando otro fic.

Si les gusta un Draco obscuro, van a adorar esto…

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.. La historia original es de thecellarfloor (u/2433143/thecellarfloor). Traducción por Giselita, con el permiso de la autora.


La biblioteca se encontraba desierta cuando se sentó a leer un libro.

Alicia en el país de las maravillas. El titulo contiene un cierto misterio, ¿verdad? Hermione recordó los días de su niñez, cuando aun no sabía que era una bruja. Lo había leído numerosas veces, hasta el punto de que casi se lo sabía de memoria.

Era diferente a los demás libros que su madre quería que leyera de niña…ya que Alicia no era como las demás jóvenes de las otras historias. Alicia no era una princesa, Alicia no tenía un príncipe y Alicia, no importaba cuanta gente conociera, se encontraba terrible e innegablemente sola. Algo relacionado con eso le había intrigado en aquel entonces, y ahora parecía que nada había cambiado luego de todos esos años…

A Hermione Granger le asustaba y, a la vez, fascinaba pensar en que ella y Alicia tenían muchas cosas en común.

Hogwarts. El lugar era su aventura, su madriguera, su taza de té, su castillo de corazones, su hogar. A menudo pensaba en aquel lugar como su propio "País de las Maravillas".

Había vivido aquí por siete años. Había pasado por muchas cosas, entre ellas luchar en la batalla final contra Voldemort junto con sus dos mejores amigos. Al final, habían triunfado. Ahora el Mundo Mágico finalmente estaba en paz.

Pero las cosas habían comenzado a cambiar. A pesar de que la guerra había terminado, aun tenía repercusiones. Sus amigos comenzaron a apartarse. No sabía porque, pero día a día podría sentirles más lejos de ella.

O quizás no habían sido ellos. Quizás solo era ella la que se distanciaba…

Sea lo que fuere, estaba asustada. Se sentía incapaz de detenerlo. Tenía miedo de que el tiempo pasara y ya fueran inalcanzables para ella, que se irían completamente y ella estaría nuevamente sola.

¿Cómo Alicia?

Pero el País de las Maravillas había sido solo un sueño para Alicia y para cuando había vuelto de él, estaba a salvo. Hermione no tenía ese lujo. Hogwarts-Hogwarts era real.

-¿Necesitas algo, Malfoy?- dijo con poco interés. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no lo había notado sentarse frente a ella en la mesa. La castaña apartó su vista del libro y lo miró fijamente. Su cabello plateado era un revuelo y cubría sus grises ojos. Sus manos estaban metidas en sus bolsillos y sus pies apoyados sobre la mesa. Su mera presencia demandaba atención. Estaba haciéndole una sonrisa torcida como siempre, pero había algo diferente en ella, y no en el buen sentido. Hermione se estremeció levemente cuando encontró su mirada. Estaba fría y sin expresión alguna…

-¿Cómo has estado Granger?

-No hagas preguntas tan amistosas,- Fue su turno de sonreír. Por las últimas semanas, Malfoy había estado actuando bastante raro. Se sentaba a su lado o cerca de ella cuando estaban en la misma clase, la miraba mientras comían en el Gran Salón o aparecía dramáticamente de la nada cuando se encontraba sola. No le había prestado importancia alguna a ello. Quizás solo lo estaba haciendo para irritarla. – Cualquiera pensaría que realmente te intereso.- añadió para enfadarlo.

Pues como podía ser que Draco Malfoy pudiera estar interesado en lo que ve como a una basura.

Repentinamente, cambió de posición y se inclinó hacia ella. Hermione presionó su espalda contra la silla, alarmada, sosteniendo su varita dentro del bolsillo de su túnica en caso de que intentase algo.

-¿Y si lo estuviera?- Se inclinó aun mas, disfrutando la obvia incomodidad de la castaña.

-¿Qué?- Aquella respuesta la había tomado por sorpresa. La sonrisa de Malfoy se agrandó aun más y entonces le tomó por la barbilla, obligándola a mirarle. Hermione se estremeció al sentir su mano sobre su piel, mientras que Draco parecía perplejo.

-Tus ojos, Granger. Son tan transparentes, tan inocentes y honestos,- dijo distraídamente, mientras la estudiaba. Se acercaba lentamente a ella, como si fuera a besarla. Hermione estaba tan sorprendida por su extraño comportamiento que no podía apartarse. Estaba diciendo incoherencias. ¿De qué demonios estaba hablando?

-¿D-de que-de qué demonios estás hablando?

-Deberías aprender a ocultarlos.- Estaba tan cerca de ella que podría sentir su aliento rozando su piel. – Son tan…tentadores.

Hermione se estremeció ante sus palabras pero nunca se admitiría que sintió miedo. Estaba demasiado aturdida como para decir nada. Sentía que la boca se le secaba. ¿A qué se refería con tentadores? ¿Qué le ocurría?

-No puedes simplemente-Yo—Yo- tartamudeó. Finalmente, se las arreglo para apartarlo de su cuerpo. Se puso de pie torpemente, juntando sus libros y metiéndolos apresuradamente en su bolso. Claramente Malfoy había perdido el juicio y tenía un mal presentimiento sobre ello. Se giró para salir de allí.

-McGonagall quería algo.

La castaña se detuvo a medio camino. Volvió a mirarlo, molesta de que tuviera una excusa para retenerla. Se miraron el uno al otro por unos instantes. Sus instintos le decían que corriera ahora-a ponerse a salvo-pero se rehusaba a sentirse intimidada.

Malfoy le dio una sonrisa sarcástica y con su pie apartó la silla donde había estado sentada antes. – Siéntate.

Hermione maldijo para sus adentros y se sentó a regañadientes, manteniendo la silla lo más lejos que podía de la mesa. El simplemente sonrió.

-No voy a asesinarte, amor. Solo quiero hablar.

-No me llames así,- dijo Hermione echa una furia. – No quiero hablar contigo. No quiero estar cerca de ti. No quiero tener nada que ver contigo. Ahora por favor dime que quería McGonagall y vete.

-Granger, Granger, Granger,- le hablaba como si fuera una niña y eso la sacaba de quicio. – Esa no es forma de hablarle a un Malfoy. De cualquier forma, deberías saber que es tu propia culpa.

-¿Culpa? ¿Qué es mi culpa?

-Esto.- dijo moviendo sus manos como si fuera la cosa más obvia en el mundo. Hermione le miraba confundida y él volvió a sonreír. -¿Realmente no tienes idea?

-No. Por favor ilumíname.

-No.- dijo, repentinamente mas entusiasmado. Esto se estaba volviendo escalofriante. – Tu ignorancia lo hace más interesante.- añadió el rubio poniéndose de pie, volteándose para irse.

¿Su qué?

-¿Qué era lo que la profesora McGonagall quería decirme?- le gritó.

Malfoy simplemente le concedió otra sonrisa torcida y siguió su camino.

Realmente no había ningún mensaje de McGonagall, ¿verdad?

Hermione maldijo en voz baja y se obligo a no echarle una maldición allí mismo.


-¿Qué está ocurriendo?- les preguntó Hermione a las personas que se encontraban frente a ella. Una enorme multitud se había apiñonado en el pasillo. Los estudiantes estaban entusiasmados por algo. Aunque no podía ver a través de las cabezas, sabía que debía detener lo que fuera que estaba ocurriendo. Después de todo, era su trabajo como Premio Anual.

-¡Draco Malfoy y Blaise Zabini se están peleando!- dijo un estudiante de primer año, a quien ella no conocía, con bastante entusiasmo. Sus labios se apretaron e una fina línea. ¿Cómo se atrevían a armar tal conmoción? Intentó abrirse paso entre los estudiantes pero nada parecía dar resultado y estaba atascada al final de la multitud. Molesta, se movió para agarrar su varita pero unos segundos después las personas comenzaron a apartarse, probablemente para darle paso a alguien.

Draco Malfoy se abrió paso entre la multitud con una expresión de enfado en su rostro. Todos se veían sorprendidos y asustados al mismo tiempo de él. A su paso se escuchaban susurros, pero a Malfoy no le importaban. Su labio estaba sangrando y tenía un golpe terrible a un lado de su rostro. Su cabello estaba revuelto y su expresión era la de un asesino en busca de una víctima, aunque probablemente eso hizo segundos atrás.

Hermione temía pensar que había ocurrido con Zabini. Le vio tendido como un cadáver unos cuantos pasos lejos de Malfoy. Nadie se había atrevido a acercarse a él, en caso de que Malfoy decidiera volver. Con todo el coraje Gryffindoriano que pudo juntar, Hermione Granger se mantuvo donde estaba. No le dio paso como lo había hecho la multitud, tampoco mantuvo distancia alguna. Estaba determinada a decirle cual era su opinión y una posible detención. Ahora se encontraba cara a cara con Malfoy y la mirada asesina de este no ayudaba a su coraje para nada.

Estaba a punto de decir algo cuando finalmente Malfoy la vio. Se abalanzó sobre ella tan rápido, que apenas tuvo tiempo de la apreto contra la pared y presionó sus labios bruscamente sobre los de ella. El rubio alzó una de sus manos y descargó un golpe sobre el vidrio de la ventana que se encontraba detrás de la cabeza de la castaña, rompiéndolo por completo. Los estudiantes, antes apiñonados por la emoción de presenciar la pelea, se voltearon y ahogaron un grito de sorpresa al ver lo que ocurria.

Pero Hermione no podía gritar. Incluso no podía respirar.

¿Qué has hecho? Sus pensamientos gritaban violentamente. Malfoy le dio una última mirada antes de alejarse con un rasguño en su mano debido a su violento accionar.

Todos estaban quietos, demasiado aturdidos por lo que acababan de presenciar.

Hermione estaba temblando de ira, sus manos colgaban a sus lados presionados en dos puños. -¡Vuelvan a sus dormitorios! ¡Ahora!- gritó. Todos se tropezaron son sus pies al alejarse.

Con un movimiento de su varita, el vidrio de la ventana volvió a su condición original. Hermione se acerco a la forma inconsciente de Blaise Zabini.


-Ya te lo dije Harry, creo que se trae algo conmigo,- trató de explicarle a sus amigos mientras se encontraban en el Gran Salón. Hermione estaba sentada, mirando a su sopa, jugando con la cuchara. Había perdido el apetito el instante en el que Malfoy comenzó a mirarla fijamente.

-¿Quién? ¿Malfoy?- dijo Harry frunciendo el ceño. –Esta desquiciado, Hermione. Probablemente lo hace para molestarte.

-Merlín, tiene razón Hermione.- dijo Ron mientras llenaba su plato de una exagerada ración de comida, lo suficiente como para alimentar a todo un pelotón. – No creo que ese imbécil quiera salir con alguien como tú.

-¿Alguien como yo?- repitió la castaña molesta, comenzando a alzar la voz. – ¿Qué quieres decir con eso, Ronald?

-De seguro anda atrás de chicas mas lind- sus ojos se agrandaron al instante en que se dio cuenta de lo que estaba diciendo. Harry le hecho una mirada al instante en que Hermione golpeó la mesa con las palmas de sus manos y se puso de pie.

-Los veo más tarde,- dijo fríamente. Sabía a lo que se referían. Simplemente no podían creer que alguien le mostrara el menor interés a ella. No había escuchado nada sobre el beso (Merlín, sentía nauseas al decirlo), y tampoco planeaba decírselos. Aun si eventualmente se enteraban de lo ocurrido, ella lo negaría. Hermione le alejó sin siquiera mirarlos una vez más.

Y podía sentir los ojos de todos sobre ella. Hasta podía oír sus susurros. Y sabia de lo que estaban hablando.

Se maldijo a sí misma y caminó furiosa hacia la enfermería. Zabini estaba recostado en una de las camas, con un libro en sus manos. No se molesto en alzar la vista cuando ella se sentó a un lado de la cama.

Por un momento permanecieron en silencio. Ella no hablaba, sus pensamientos repasaban los eventos ocurridos. Draco Malfoy no era estúpido. Sabía lo que ocurriría como resultado de sus acciones. Sabía que los rumores se extenderían. Sabía que posiblemente esto mancharía su apellido de sangre pura.

¿Entonces por que aun así lo hizo?

Obviamente con la guerra terminada la sangre ya poco importaba. Pero aun así…no podía evitar sentirse insegura. Era como si algo muy malo estuviera a punto de ocurrir.

-¿Si?- dijo Blaise Zabini, mientras seguía leyendo su libro. Solo en aquel entonces se dio cuenta de que había estado hablando consigo misma.

-Disculpa,- respondió amargamente. Apartó los inseguros pensamientos y le dio una cálida sonrisa - ¿Cómo te sientes?

-Mejor.- dijo, cerrando finalmente el libro y volviéndose hacia ella. Su relación con Blaise se había vuelto algo más civilizada desde el comienzo del año. El también era Premio Anual y afortunadamente, estaba dispuesto a hacer las diferencias a un lado para trabajar juntos. A pesar de que era un Slytherin, lo respetaba, y él a ella.

Incluso mucha gente decía que harían una perfecta pareja.

-Yo—eee, quería preguntarte algo,- dijo suavemente, insegura de si quería continuar.

-Si, por supuesto,- dijo – cualquier cosa,

-¿Que ocurrió entre Malfoy y tú?

-Todo menos eso,- respondió secamente. Hermione se estremeció cuando su mirada encontró la suya.

-¿Por qué? ¿Es algo así como un secreto?

-No, solo estoy preocupado por lo que sucedería.

-¿Te refieres a que le tienes miedo a él?- le respondió tajantemente. No podía entender como alguien tan inteligente como Blaise estaba asustado de alguien como Malfoy. No era tan peligroso, ¿verdad?

¿Verdad?

Él apartó su mirada de la de la castaña y suspiró, -Draco es mas malvado y peligroso de lo que crees.

-¿Lo es?- preguntó, sus facciones se tornaron en una mueca de incredulidad.

-Si Granger, lo es.- dijo seriamente. Blaise cerró sus ojos por un momento, como si pensara en lo que diría a continuación. –No sabes ni la mitad. Te lo advierto ahora, como tu-conocido. Ten cuidado. Está tras de ti-

-Blaise,- Hermione escuchó una fría y familiar voz antes de que Blaise pudiera terminar su oración. Se estremeció cuando sintió el brazo de Malfoy rodeando su cintura, presionando sus cuerpos y, por un instante, Hermione sintió el vertiginoso sentimiento de miedo nuevamente. Lo apartó lejos. Malfoy estaba de pie, con una expresión de arrogancia y su sonrisa torcida fija en su rostro. -¿Cómo estás?

-Granger estaba a punto de irse,- dijo Blaise, con un tono de advertencia en su voz. Estaba tratando de decirle que corriera lejos, pero siendo tan testaruda como lo era, no lo hizo.

-Excelente, entonces iré con ella.- Dijo Malfoy, sin que su sonrisa abandonara su rostro. Los ojos de Blaise se agrandaron al instante.

-Creo que puede arreglárselas sola, Draco,- murmuró entre dientes. –Además, ¿no viniste a hablar conmigo?

-No tengo nada que decirte,- Dijo Malfoy fríamente. –Solo estaba asegurándome de que estuviera vivo. Desafortunadamente, lo estas.- El rubio le tomo a Hermione de la mano y la arrastró salvajemente mientras caminaba hacia la puerta.

-¡Hey! ¿Qué crees-¡Suéltame Malfoy!

Blaise Zabini sacudió su cabeza. Granger no saldría libre de esta.