Bueno, aquí es donde se comenta que no poseo los derechos sobre esta serie de televisión ni sobre sus personajes que pertenecen a Antena 3 y Grupo Boomerang, si no recuerdo mal. De un sueño que tuve sobre la serie nace este breve fic, aunque dándole coherencia de historia. Es sobretodo mariojimenista pero también aparecen el resto de personajes de la serie en plan muy familiar y gracioso. Os aviso de que no es apto para diabéticos porque lo único que sé escribir es dulzura y mundos color rosa, pero bueno como en la serie nos dan más caña, misterios, separaciones y angst pues se compensa. No doy más detalles, porque la gracia del fic está en que vayáis descubriendo sorpresas y de qué va exactamente el argumento a medida que lo leéis. Espero que os guste. ^_^

La Chica De Las Flores

Parte 1

Dejé dos macizos de rosas sobre mi mesa de trabajo, levanté un poco la cabeza y miré por la ventana. Un potente rayo de sol matutino me acarició la mejilla. El cielo estaba azul y limpio, hacia un día radiante. Volví a centrarme en lo que estaba haciendo y terminé el centro principal que había dejado a medias. Me eché un poco hacia atrás y contemplé mi nueva obra de arte. Precioso, pensé para mí misma. Hoy me esperaba otra dura jornada de trabajo en compañía de mi equipo y confiaba en que mi agradable pareja de clientes quedaran contentos con los arreglos florales que llevaba realizando durante las dos últimas semanas. Alargué la mano para coger, de un estante cercano, los dos macizos de azaleas mas frescos que encontré, junto con dos preciosos lazos de raso blanco, media docena de rosas blancas, mosqueta y hojas diferentes para completar y montar dos preciosos ramos. El principal llevaba las azaleas y la media docena de rosas, y el accesorio sólo azaleas. Siempre realizaba dos ramos de novia para todos mis encargos, pues podían pasar muchas cosas, desde que uno de los dos se extraviase durante la ceremonia o que la novia lo encontrase demasiado recargado, o por el contrario, poco vistoso. Llevando dos, siempre estaba segura de acertar. Eché un último vistazo a ambos ramos, primero uno, después el otro y finalmente, satisfecha, sonreí. En ese momento, Tania, mi asistente me sacó de mis pensamientos bruscamente al comunicarme que ya estaba lista la furgoneta. Recogí los dos últimos ramos, los más especiales, y con sumo cuidado me dispuse a transportarlos conmigo en el asiento delantero.

Poco tiempo después llegábamos a un barrio residencial muy bonito, de casas grandes con jardín, todas blancas como la nieve y con tejados grises. Eran todas igualitas, como sacadas de un barrio pijo de película norteamericana, pero aquí mismo, en Madrid. El nombre del lugar "Valleperdido" ya me había llamado la atención *bonito nombre para una urbanización* pensé. Cuando la furgoneta se detuvo, bajé de un salto detrás de mis empleados. Les pedí que empezaran a bajar los arreglos y busqué el número exacto donde me habían dicho que tendría lugar la ceremonia. A primera vista, todas las casas de aquel vecindario parecían iguales, pero enseguida localicé la de mis clientes. Desprendía algo especial. No era la carpa, ni las sillas blancas ni la alfombra dorada dispuestas en el jardín. Tampoco el ir y venir de empleados que se afanaban por alistar los últimos preparativos, ni los pequeños grupos de los primeros invitados que comenzaban a llegar, vestidos con sus mejores galas. Era algo que se respiraba en el aire: tranquilidad, paz, alegría, cariño, magia. Distraída en estos pensamientos como estaba, no me di cuenta de que tropezaba con una señora alta y pelirroja de mediana edad. Llevaba un vestido elegante pero llamativo de color crema, con el bolso a juego, y dos o tres collares de perlas le rodeaban el cuello. Andaba a pasos rápidos arrastrando a un chiquillo rubio de ojos azules vestido con trajecito gris y una corbatita azul cielo, no parecía muy contento. La señora y su hijo habían salido de la nada, arrollándome prácticamente. Quise protestar, pero ella me atajó con rapidez:

- Ay, perdóname hija que casi te tiro las azaleas…-se volvió al pequeño.- ¡Vamos Borjita! Que ya sabéis que no me gusta llegar tarde a los sitios… ¡Antonio, Claudia! ¡Venga!

- Lo que le gusta es llegar demasiado pronto. ¿Por qué siempre tenemos que llamar la atención? -susurró una chica rubia elegantemente vestida al oído del que parecía ser su padre y marido de la señorona.

- Porque ya conoces a tu madre, hija. Si no es el perejil de todas las salsas no está contenta.- Y en tono más alto vociferó hacia donde se encontraba su mujer, ya casi en la puerta de la verja blanca de madera.- ¡Ya vamos, Rosa!

Me pareció ver que miraba con detenimiento el despliegue de empleados, la carpa y toda la disposición del jardín, finalmente me miró a mí y sentí que analizaba con la agudeza de un búho, los dos ramos de flores que yo llevaba la mano, así como los arreglos que mis empleados empezaban a llevar dentro de la casa. La aludida se giró hacia su familia, que acababa de alcanzarla.

- Yo de verdad, Antonio que no me explico a qué viene tanta pompa y tanto despilfarro. Pues ¡no van a renovar los votos solamente! Si ya están casados… de verdad ¿eh? Es que no les entiendo nada...

- Mujer, yo lo encuentro romántico.-contestó su marido con cierto brillo en los ojos.

- Desde luego, Antonio… ¿Qué sabrás tú de romanticismo? Ni que el romanticismo y el despilfarro alegre fuesen lo mismo… que te digo yo que…

Trate de seguir escuchando su azarosa discusión, pero acababan de entrar en la casa y ya no pude oírles. Me di la vuelta y dije a mi equipo que fuesen entrando al jardín y empezasen con la colocación de los arreglos, mientras yo me dirigía hacia la casa. Cuando llegué junto a la puerta y estaba a punto de llamar al timbre, me crucé con un niño moreno monísimo, graciosamente vestido con traje negro y pajarita roja, a juego con sus gafas. Juraría que me acababa de abrir la puerta sin tocar el pomo… Desde luego, la noche que llevaba sin dormir me estaba jugando una mala pasada. Entré en un pequeño recibidor que comunicaba con un salón. El papel pintado de las paredes, con motivos de flores blancas me llamó gratamente la atención. Busqué a Jimena, mi clienta, por la estancia, pero no se encontraba allí. En cambio, sentada en el sofá había una chica morena, que vestía un sencillo pero precioso vestido gris. Curiosamente llevaba puestos unos guantes de cuero, rojos con puntitos blancos que no le lucían nada con el elegante vestido y los zapatos de tacón plateados. Al sentirse observada levantó la cabeza para mirarme y cuando nuestras miradas se cruzaron aproveché para preguntarle.

- Perdona, guapa ¿Has visto a Jimena? Soy Amelia, la florista. Traigo los ramos para la novia.-dije mientras se los mostraba, moviéndolos suavemente hacia un lado.- Mi gente ya está colocando los centros de adorno en su sitio.-Señalé el jardín y la carpa a través del amplio ventanal.

- ¡Hola! Encantada, yo soy Sandra ¿eso que llevas ahí es el ramo de novia? ¿Me dejas verlo? Jimena está terminando de vestirse, acabo de dejarla y ya casi estaba. No creo que tarde mucho, enseguida bajará. Puedes esperarla aquí.

- Muchas gracias, toma.- contesté acercándole el ramo principal.- Traigo dos, para que ella elija el que más le guste.

De repente noté como una extraña presencia, como si alguien estuviese en la habitación y me observara, pero juraría que no había visto a nadie más al entrar. Y entonces, cuando me volví a comprobarlo, me encontré a un chico alto, vestido con esmoquin negro y corbata en el mismo tono. Juraría que había salido de la nada y que un minuto antes no estaba allí.

- ¡A ver si se te quem..CAE y la liamos, Chispitas! Si Jimena se queda sin ramo nos mata. Y bueno Mario ya… no te digo, seguro que empezaría con que es una mala señal o alguna de sus neuras… Si es que siempre haciendo de las tuyas, menos mal que la coleguita florista ha sido lista y ha traído dos…-dijo señalando el que yo sostenía en la otra mano.

- A ver, Culebra que solo tenía un poco de curiosidad por verlo de cerca. Tranquilo que controlo, llevo los guantes puestos. A demás la chica ha sido tan amable de dejármelo un poquito.-me sonrió.

Debo reconocer que me hizo cierta gracia que además de llamarse Culebra, el chaval aquel se dirigiera a mí como "coleguita" lo miré con interés mientras se acercaba a nosotras. Lo que no conseguía entender era por qué la chica necesitaba llevar esos guantes puestos para controlar la situación, pero bueno, ellos sabrían. En estas cosas pensaba cuando un grito me sacó de mis pensamientos con brusquedad.

- ¡A ver, a ver!-gritaba desde el pie de las escaleras la chiquilla más encantadora que había visto en mi vida.

- ¡Cuidado Lucía! A ver si te vas a caer…

Vino corriendo desde allí y empezó a dar saltitos para intentar ver el ramo que sostenía la jovencita. Finalmente alzó los brazos teatralmente hacia el muchacho llamado Culebra que la sostuvo sobra las azaleas para que pudiese ver bien. Quedaba una estampa muy bonita. Estaba a punto de pedirles que hicieran el favor de devolverme el ramo, con la finalidad de poder entregárselo sano y salvo a la novia, cuando observé que los tres se quedaban boquiabiertos mirando en dirección a la escalera que daba al piso superior, justo detrás de mí. Me volví poco a poco intrigada por lo que estaban viendo y me encontré con mi clienta, Jimena en su flamante vestido de novia. Estaba muchísimo más guapa que el día en que ella y su marido entraron en mi floristería cogidos de la mano y me encargaron los arreglos florales de su ceremonia de renovación de votos nupciales. Entonces, él me había dado la sensación de ser un poco despistado y nervioso, ella de ser inteligente y resuelta, ambos parecían buenas personas. Hoy Jimena resplandecía en belleza y elegancia en un vestido blanco marfileño muy ceñido que terminaba en falda de vuelo amplio y una larga cola que tras ella, levantaba del suelo una preciosa niña de pelo castaño de unos 9 o 10 años. Llevaba un vestido azul clarito con una chaquetilla azul oscuro a juego, iguales a los de Lucía. Jimena giró la cabeza hacia ella.

- Cuidado con el escalón, Blanca. Eso es, no nos vayamos a caer. Paso a paso.

- Tranquila mami, todo va a salir muy bien. La ceremonia va a ser muy bonita, lo he visto.

Jimena ante toda respuesta sonrío y la atrajo hacia así en un abrazo. Yo totalmente alucinada sólo acerté a pensar divertida ¿Visto? ¡Qué niña tan graciosa! Ni que le hubiesen traído los Reyes Magos una bola de cristal. Culebra bajó a Lucía, dejándola en el suelo con suavidad y se acercó al pié de la escalera para darle la mano a Jimena y ayudarla a bajar con mayor comodidad los escalones que le restaban. Una vez estuvieron abajo, Sandra amablemente le recordó que yo estaba allí y con un gesto amable me cedió el ramo, yo a mi vez se lo di a su propietaria. Jimena lo tomó de mis manos y se detuvo a observarlo con interés durante unos segundos.

- ¡Es precioso, Amelia! Gracias. Me encanta el ramo, ha quedado maravilloso.

- Yo sonreí orgullosa de que mi trabajo hubiese gustado tanto.

- Tengo este otro por si te gusta más.

- No, el que tengo en la mano es perfecto. La combinación con las rosas es muy bonita.

- Amelia, si no te importa me gustaría llevar el segundo ramo durante la ceremonia, cuando hagamos la entrada en la carpa.-comentó Sandra.

- ¡Claro! Faltaba más, aquí tienes.-sonreí entregándoselo.

- ¿Rosa y Antonio han llegado ya?-preguntó Jimena a Sandra y Culebra.

- Pues no hace rato Jimena…-contestó el muchacho con sorna.- La hemos enviado al jardín como hemos podido para que no estorbara demasiado. La familia Ruano al completo tenemos ya criticándolo todo.

- Bueno ya saben que Mario y yo estamos renovando nuestros votos hoy. Hemos querido organizar una ceremonia a lo grande, como si se tratara de una ceremonia de boda ¿sabe Amelia? Es que nos parecía muy romántico.

A mí me parecía una boda por todo lo alto, pero si ella lo decía pues sería verdad. La chiquilla llamada Lucía parecía muy concentrada en algo que no supe identificar, pero luego me sonrió abiertamente y volvió a mirar a Jimena que le asintió en un gesto que no supe comprender. Todo el mundo parecía extrañamente relajado de repente. Así que aproveché para comentar:

- Mis ayudantes están terminando de colocar los adornos florales, creo que casi han terminado.-señalé el jardín a través del ventanal. Todos los centros y adornos estaban en su sitio y algunos de mis empleados terminaban los últimos detalles.

- De acuerdo, pues me gustaría que se quedaran a la ceremonia y a la fiesta. Estoy muy contenta con su trabajo.

- Claro. Muchas gracias.-sonreí sorprendida. Normalmente tenía por costumbre quedarme a todas las ceremonias que arreglaba por si surgía algún imprevisto con la decoración, pero nunca como invitada. Intentando recuperarme del shock, pedí permiso para salir al jardín a comunicárselo a mis empleados. A lo que accedieron encantados.


(Dentro de la casa) – Culebra -

Cuando la tal Amelia se hubo alejado lo bastante como para estar seguros de que no nos oía, empezamos a hablar bajito entre nosotros.

- Bueno, parece que todo está listo.-nos comentó Jimena.- La florista parece agradable y necesitamos que alguien entretenga a Rosa y le confirme la versión de que estamos renovando los votos. Si no se vendrá todo abajo, ya lo saben chicos. Ahora le diré a Lucas que la siente al lado de los Ruano, preferiblemente al lado de Rosa.

- Jimena lo que no entiendo es que sigamos con paripés para las amistades, el vecindario en general y para los Ruano en particular, cuando hemos salvado a Blanca y la mayoría de la organización esa esta a la fuga y a los que pudimos encerrar ya no volverán a molestarnos.

- Tú lo has dicho, Culebra, la mayoría andan por ahí fugados. Ya saben que contarles toda la verdad habría sido mucho más complicado. Y tampoco hubiera sido justo ponerles en peligro, pues todavía quedan algunos malvados de esos por ahí fuera. Cuanto menos sepan, mejor. Bueno y hablando de temas mucho más alegres ¿Dónde está Mario?

- Ya sabes cómo es, está fuera. Dice que trae mala suerte que el novio vea a la novia antes de la boda.-me reí pensando lo neuras que era Mario.- Que con todo lo que hemos tenido que pasar más vale no tentar a la suerte… es que tiene unas cosas... He tenido que mandar a Carlitos a que lo tranquilice. Están los dos en el altar, mira mira hacia allí. Los dos pingüinos, el mayor y el pequeño…

Jimena me sonrió como toda respuesta.

- Mira quién habla de pingüinos, no te había visto tan elegante en la vida.

- Cállate Chispas que te la estas ganando… no querrás que el padrino de la boda, uysss ceremonia de renovación de los votos.-rectifiqué antes de que la mirada de hielo que me estaba lanzando Jimena me traspasara de lado a lado.- vaya de cualquier manera ¿no? No es que vaya yo muy a gusto con estas fachas pero es lo que toca.

- Yo no creo que los malos vuelvan, o por lo menos no en mucho tiempo, porque no he visto nada.-contestó la enana de Blanca muy convencida.

- Ya mi amor, pero debemos tener cuidado. Por lo menos hasta que los detengan a todos. Y creo que la gente de Valleperdido seguirá más segura sin saber nada de esto durante un tiempo más.

Y con gran trabajo, pues no debía resultar nada fácil moverse con ese vestido, se dirigió hacia la puerta con Blanca y Lucia, una a cada lado levantando un trozo de la larguísima cola.


Hasta aquí la primera parte del fanfic. Podéis dejarme comentarios, los agradeceré mucho ^_^