Parte 2

(Jardín exterior) –Amelia -

Todos los invitados aguardaban ya sentados en sus respectivos asientos. Mis ayudantes hacía rato que habían terminado el trabajo. Se habían puesto muy contentos de que nos hubiesen permitido quedarnos a la ceremonia como invitados. Ellos se encontraban ya en sus sitios, en las últimas filas. Yo me encontraba de pié aguardando a que me indicaran el mío. El muchacho encargado de la organización venia ya hacia mí.

- ¿Amelia?

- Sí, dime.

- Soy Lucas, Jimena me ha pedido que te acompañe a tu sitio. Se ha quedado muy contenta con la decoración floral que has hecho. No quiere que te vayas hasta que se haya acabado todo.

Yo seguía alucinada con el hecho de que unos clientes estuviesen teniendo este detallazo conmigo. Sin más, seguí al chico hasta mi lugar, en una fila bastante cercana al altar y la carpa principal. Cuál fue mi sorpresa al ver que tenia sentada a mi lado a la señorona que casi me tira los ramos esa misma mañana. Me disculpé al pasar delante de una chica joven y quedé confortablemente sentada en medio de ambas.

- Gracias, estoy muy bien situada.- me despedí del amable muchacho.

- Lucas, anda dile a ver a tus tíos si el sarao este empieza ya, que mi Borjita se está poniendo de un insoportable… que este niño imposible que aguante más de 2 horas sentado… ¡Borja! Ven aquí que te estás poniendo bueno de tierra.

- Esto… si Rosa, creo que ya vamos a empezar.- le contestó el muchacho ocultando una risita mientras observaba al susodicho jugando con la tierra del jardín y poniéndose la ropa que ni en un anuncio de detergente.

Lo vi alejarse hasta el final de la alfombra a acomodar a una pareja más de invitados, y entonces la chica que estaba sentada a mi lado me cogió del brazo.

- ¡Hola! ¿Qué tal? Soy Guadalupe. Amiga de Jimena desde la infancia. La verdad es que me quedé de piedra cuando me llegó la invitación esta porque… ¡yo ni siquiera sabía que se había vuelto a casar después de lo del otro! Claro que hace tiempo que no nos veíamos, pero bueno. Un poco raro sí que es que se vuelvan a casar tan pronto. ¿No? Porque eso se hace en las bodas de plata, de oro… ¡yo que sé!

- Estarán muy enamorados…-dije yo intentando poner el punto de vista positivo.

- ¡Un despilfarro inútil! Eso es lo que es.-mi otra vecina de fila había entrado en la conversación sin ser invitada.- Te lo digo yo que soy su vecina y su casera, que es más importante. Yo los he visto pelearse, darse a la bebida, tener discusiones con los críos, sobre todo con el mayor que es un delincuente juvenil… y me dirás tú que es lo tienen que celebrar ¿Qué todavía no se han tirado los trastos a la cabeza? Porque…

Dejé de escuchar lo que Rosa tenía que decir sobre sus "queridos" vecinos e inquilinos cuando mi mirada se desvió hacia el altar mayor, donde Mario, al que recordaba de su breve visita a mi oficina, se movía inquieto de un lado para otro, presa de lo que parecían unos incontenibles nervios. Mentiría si no dijera que observarle era sumamente cómico. De repente, en uno de los vaivenes, el pañuelo dorado que llevaba en la solapa de la chaqueta del traje se cayó al suelo sin que él se diese la más mínima cuenta, absorto como estaba en su discusión con el oficiante y el muchacho llamado Culebra que ejercía de padrino. Entonces me fijé en el niño que abría puertas sin tocar sus pomos, que sostenía el pañuelo en su mano derecha. Lo más extraño era que no recordaba haberlo visto agacharse a recogerlo. Estaba a punto de respirar aliviada, cuando con estupor me di cuenta de que se lo llevaba directamente a la nariz y lo utilizaba para sonarse los mocos estruendosamente. El sonido hizo que todos los asistentes se diesen cuenta de lo que pasaba, cuchicheando unos con otros y alertó a su padre que se había girado bruscamente para intentar arrebatárselo de las manos. Tarde. Mientras Rosa y Guadalupe, que se hacía llamar Wada para los amigos, seguían hablándome de cosas que yo ya no escuchaba, me disculpé y salí disparada hacia el novio y su padrino, llegando a tiempo para escucharles discutir:

- ¡Carlos hijo! ¿Pero es que tanta necesidad de sonarte tenias?

- Jo papá, si es que tú no le hacías ni caso al pañuelito. No te has dado cuenta ni de que se te ha caído, pues pensé que no era importante y lo podía usar…-aclaraba cabizbajo el pequeño.

- Pensé que en aquel momento podía devolverles la deferencia que habían tenido conmigo al invitarme a su celebración.

- Perdonad que os interrumpa…

Mario y Carlos de inmediato levantaron la cabeza al oír mi voz.

- Mire, creo que esto servirá para darle el toque elegante.-continué mientras sacaba de mi bolso una cajita transparente con un delicado capullo de rosa roja en su interior. Lo coloqué con sumo cuidado en el bolsillo de la chaqueta del novio. Me retiré unos 3 pasos y comprobé que quedara en su sitio.- Sí, perfecto.

El hombre me miraba con cara de no comprender nada… Por fin habló.

- Esto… gracias y… ¿usted es?

- Amelia, la florista. Me he encargado de la decoración floral.

- ¡Ah! Pues… pues mire muchas gracias por el detalle que ha tenido. La verdad es que me había fijado y está esto precioso de flores.-dijo mirando en derredor a los centros y los arreglos de las sillas.- Con las rosas, los tulipanes y esas otras azulitas…

- Son azaleas.- le sonreí divertida

- ¡Eso! Eso decía yo… las azaleas es que yo de flores como que no entiendo mucho…

- No se preocupe, gracias a usted y su mujer por invitarme a la celebración. Lo estoy pasando muy bien.

- La coleguita florista ¡que está en todo! Me estás empezando a caer bien, tía…

- Culebra ¡esa boca! Que van a pensar que no tienes educación, disculpe a mi hijo el mayor, que es un poquito gracioso.

- ¡Ah! Pero también es su hijo…

- Si, si claro. Todos son mis hijos, menos aquel.-señaló a Lucas.- que es mi sobrino, pero somos una familia muy muy diversa…

- ¿Sabe? Es la primera vez que asisto a una ceremonia como esta, de una pareja con tantos hijos y casada desde hace años y a la que aun le parece importante celebrar su amor. Son ustedes especiales. Sin duda.-sonreí divertida.- Vuelvo a mi sitio, que no quiero perderme ni un segundo de esta fiesta. Los dejé cuchicheando a mis espaldas, no me importó, me estaba divirtiendo como nunca en aquella extraña segunda boda.

Llegue a mi silla al momento de escuchar las críticas de la inefable Rosa sobre la distribución de los adornos, la habría escuchado con mayor atención de no haberse metido con mis arreglos de rosas blancas y orquídeas, las cuales encontraba sumamente cursis… de todas formas la gente empezaba a removerse y a murmurar, y entonces todo el mundo se levantó cuando empezaron a sonar los conocidos acordes de la marcha nupcial. La novia apareció en escena sobre la alfombra dorada, del brazo de su hijo mayor, el tal Culebra. Blanca y Lucía, las dos pequeñas, llevaban la enorme cola del vestido, mientras Carlos mostraba orgulloso en un cojín las alianzas y Sandra caminaba con el segundo ramo en la mano. Volví a pensar que para ser sólo una renovación de los votos, aquello parecía una boda en toda regla. Pero estos pensamientos se disiparon de nuevo de mi mente en cuanto me quedé absorta en la escena. Cuando Jimena, en su precioso traje de novia pasó ante nosotras majestuosa, como si fuera la felicidad misma, y entró en el campo de visión de Mario, que abrió los ojos como platos y se quedó embobado mirándola, con la boca abierta. Ella, con los ojos chispeantes de alegría esbozo una gran sonrisa ante aquel gesto de ternura. Al fin, estuvieron el uno junto al otro, se miraron largo rato, y finalmente ya cogidos de la mano recorrieron juntos los pocos pasos que les separaban del altar, hasta que quedaron ante el oficiante y dio comienzo la ceremonia. Los contrayentes se miraban tiernamente a los ojos mientras la tal Rosa Ruano seguía parloteando y Wada se secaba las lágrimas con la punta del pañuelo, en un gesto de gran elegancia. Cuando ambos se dieron el "sí quiero", nos embargó la emoción. Mirándose a los ojos escucharon las preguntas del oficiante.

- Mario, ¿quieres como esposa a Jimena?

- Sí quiero

- Jimena, ¿quieres a Mario como esposo?

- Sí quiero

- Entonces yo os declaro marido y mujer. Podéis besaros.

Se besaron ante el clamor y el aplauso popular. Yo me limpié una lágrima furtiva que me rodaba mejilla abajo, sin dejar de pensar que, de todas las bodas en las que habia trabajado, esta era la más bonita que recordaba. Tenía su gracia que los contrayentes llevaran años casados y tuvieran varios hijos, dos de ellos adolescentes.

El resto de la velada había trascurrido plácidamente. La comida del banquete estaba exquisita y acabábamos de presenciar el momento del vals, con el que los novios habían abierto el baile. Llevaba largo rato conversando con Wada que también se sentaba en la misma mesa que yo y necesitaba beber algo, así que me encaminé a la barra libre. Cuando estaba a punto de llegar vi que quedaba junto a la mesa de los novios. Jimena estaba sentada sobre la silla y Mario la miraba con adoración y cierta preocupación, yo no quise entrometerme, al fin y al cabo era casi una desconocida. Así que seguí mi camino hasta la barra y pedí una copa de cava. Blanca pasó justo a mi lado y llegó hasta donde estaban sus padres y sus hermanos.


(Mesa de los novios) – Mario –

Blanca acababa de llegar junto a su madre y la cogió de la mano, al notar el contacto la miró y le sonrío. Desde que la encontramos siempre lo había hecho así, como si no pudiese creer que la niña estaba allí, con ella. Volví a preguntarle sobre el mareo que había tenido en la pista de baile.

- Jimena, ¿Estás bien?-no pude evitar el tono sufridor

- Sí, tranquilo. Estoy bien. Sólo ha sido un pequeño mareo sin importancia. No te preocupes, de verdad.

Lucía intentó aclarar la situación, como hacia siempre.

- Él no quiere, pero se preocupa. Te quiere mucho.-Esta niña siempre igual, quieras o no lo suelta todo. Pensé ansioso.

- Eso creo que está claro, cariño. ¿Qué te he dicho de leer en las cabezas ajenas? Yo creo que deben de haber sido las vueltas. Tanto baile tanto baile… y con lo pato que yo soy que te debo de haber llevado mal seguro y claro no puede ser porque después…

- Mamá, seguro que ha sido por el hermanito.-intervino Blanca con rapidez

- ¿Qué hermanito Blanca? ¿Qué estás diciendo?

- El mareo… que será por el hermanito que llevas aquí.-dijo resueltamente la niña posando con cariño su mano derecha sobre el vientre de su madre.

Jimena y yo nos miramos asombrados. Me acababa de quedar sin habla.

- Sí, estará aquí en unos meses, se va a llamar…

- No, cariño, mejor déjalo. Mejor ya lo sabremos en su momento.-sonrió Jimena a su hija, consciente de que estábamos recibiendo demasiada información como para asimilarla, así de golpe. La niña se dio la vuelta y cogiendo de la mano a Lucía ambas se alejaron hacia la pista de baile, canturreando felices. Yo me derrumbé sobre la silla más cercana.

- ¿Estás embarazada?-pregunté retóricamente abriendo unos ojos como platos y mirándole fijamente el abdomen. Ella me cogió la mano y me miró a los ojos.

- Eso parece, cariño. No será porque no lo hayamos estado intentando ¿no?

- ¡No, no! Por supuesto que no… pero es que es una sorpresa, no un sorpresón.-me miro con esa cara tan suya de "no Mario por favor no entres en Panic Attak otra vez" intenté calmarme antes de seguir hablando.- Agradable, agradable, pero una sorpresa al fin y al cabo. Que menuda tribu vamos a montar, con Carlitos, Blanca, Lucía, el que viene en camino, Lucas… que todavía no se arregla con los suyos… Y menos mal que Sandra ha vuelto con su familia y que el Culebra y su hermano ya vuelan solos porque si no dime tu a mí lo que…

- No pude seguir hablando porque mi recién estrenada esposa se había ido acercando hacia mí para callarme con un beso, primero tierno y después más apasionado.

- No te pongas nervioso, todo irá bien.-nos miramos a los ojos.-Todo va a ir bien.

- Si estás conmigo, no tengo ninguna duda.

- ¿Entonces? Sabes que voy a estar contigo para siempre. Lo dice el contrato que firmamos hoy.

Volvimos a perdernos el uno en la mirada de la otra, y nos besamos. Puse mi mano sobre su vientre, todavía plano como una tabla.

- ¡Voy a ser padre otra vez Jimena!

- Vamos a ser padres, los dos. Otra vez. Juntos. Gracias por tan bello regalo, amor mío. El más grande que podías hacerme.

De nuevo, como tantas otras veces, me dejaba sin palabras. Mirándola sonreír, con los ojos brillantes de ilusión.

- Te quiero, Jimena García.

- Yo también te quiero, Mario Montero… ¿Qué estas pensando?

- En lo divertido que va a ser el momento en que se lo contemos a toda la familia… Disimula… que por ahí viene la florista, una chica muy agradable, lo que no comprendo es porque la hemos invitado a nuestra boda.

- Porque necesitaba a alguien para distraer a Rosa y que no fuese alguien a quien ella conociera, para que no le pudiese sonsacar. Lo de la renovación de los votos tenía que colar…

- ¡Hola pareja! Sólo venia a despedirme. Quería daros las gracias por haberme contratado y sobre todo por haberme invitado a la fiesta. Sois los primeros clientes que lo han hecho. ¡Felicidades! Tenéis una familia muy maja.

- Gracias Amelia, espero que lo hayas pasado bien.

- Muy bien, aunque bueno, esa vecina vuestra es un poco pesada, aunque se le acaba cogiendo cariño. Me despido, espero que sigáis teniendo una vida maravillosa.

- Gracias, la semana que viene pasaremos por la floristería a pagarte.

- Oh, tranquilos no tengáis prisa. Adiós.

- Adiós.

Nos despedimos con dos besos de la chica y la vimos alejarse hasta que llegó a la puerta del jardín. Sin saberlo, nos había ayudado mucho más de lo que creía. Jimena y yo sonreímos y volvimos a ocupar la pista de baile central. Mientras a nuestro lado bailaban formando parejas más o menos proporcionadas, Culebra y Sandra, Lucía y Carlitos, Blanca y Lucas. Y sentimos que aquel momento era el principio de una vida en la que dejábamos de ser una familia de mentira, para convertirnos, al fin, en una familia de verdad.

FIN


Escribí este fanfic hace bastantes meses, cuando era mariojimenista. Acababa de ver cumplido el sueño de que Mario y Jimena, mis personajes favoritos, empezaran a vivir un acercamiento prometedor en su historia de amor. De momento es el único fanfic de "Los Protegidos" que he llegado a materializar, tengo más ideas rondándome por la cabeza, e incluso empezadas, pero todavía no he tenido ilusión de plasmarlas o adaptarlas a las nuevas historias que están por venir. Desde que supe que Angie Cepeda (la actriz que interpretaba a Jimena) se iba de la serie mi concepción de ella no ha sido la misma. Tampoco se muy bien el rumbo que llevará a partir de ahora, ni si los nuevos personajes van a conseguir atraparme. Tampoco ha ayudado mucho el parón de casi un año que nos ha impuesto Antena 3 para poder ver los nuevos episodios. Supongo que cuando la tercera temporada se reanude mi ilusión por la serie volverá a ser la misma que antes. Hasta entonces, aquí dejo mi pequeño testimonio de lo que fué mi ilusión y gusto por esta preciosa serie de TV. Espero que os haya gustado ^_^