Esta es una idea que me surgió hace un par de días y no me pude sacar de la mente. Es un pequeño fic sobre la relación entre los padres de Yamato y Takeru a lo largo de la serie (y con sus hijos); por lo mismo, aunque trataré de seguir el orden cronológico, puede que haya capítulos que salten la línea temporal y que pueden ser leídos en orden de publicación o no.

Simplemente creo que es una relación que aunque parezca casi nula, tiene mucho que explotar, ya que no se mencionan nuevas parejas para ninguno de los dos, lo que me lleva a pensar que en el fondo se siguen amando.

En fin, si algún personaje esta OOC les pido una disculpa. Además, cualquier variación con los datos reales que se tienen es pura libertad creativa. Dicho esto, los dejo con el fic.

Advertencias: Puede contener yaoi implícito o explícito en un futuro (Taito).

Disclaimer: Ningún personaje de Digimon me pertenece. Esta historia no tiene fines de lucro, más que de entretenimiento.

Natsuko.

1. El principio del final.

- Supongo que hoy dormiré en el sofá. Buenas noches hijo.

Fueron las únicas palabras que dijo antes de salir de la habitación, sin cerrar completamente la puerta. Su hijo yacía en la pequeña cama, durmiendo plácidamente después de un largo día en la guardería. Su esposa no estaba (motivos de trabajo) y ahora se encontraba solo; por primera vez después de tanto tiempo.

Había intentado descansar con su hijo en su propia cama pero, por alguna extraña razón, no le había parecido lo correcto; así que se había pasado la última media hora acariciando esa cabecita rubia para sumergir al pequeño en el mundo de los sueños. Dios, tenía tanto de ella, su aire, su cabello, su olor. Sus ojos.

- Sus mismos ojos.- Dijo en un suspiro, mientras se sentaba en el sofá para mirar un poco la televisión, cobija en mano. El celular en la mesita de centro, justo al lado de la cajetilla de cigarros. Y encendió el aparato.

Ella era periodista. Una periodista un par de años menor que él, con el cabello dorado como el sol. Francia, le había escuchado decir en una ocasión en el elevador. Extraña combinación, pensó, al tiempo que miraba su caminar altivo y desenfadado mientras se bajaba un par de pisos antes.

Con el tiempo aprendió su horario; ella llegaba un poco después que él, con el maletín perfectamente cerrado y una taza de café en la otra mano. A mediodía salía a almorzar a alguno de los lugares cerca, casi siempre sola. Algunas veces interceptaba por uno de sus compañeros de trabajo, otras con aire de nostalgia mientras leía las noticias del tiraje anterior.

Por la noche, casi siempre se las arreglaba para interceptarla en el elevador. Siempre en el fondo, para poder oler bien su perfume. Poco a poco, ella empezó a dedicarle una sonrisa de complicidad que era el broche para cerrar un día lleno de trabajo, noticias y emisiones. Eso y el cigarrillo que se fumaba justo al salir del edificio.

Y ahora, empezaba a sentirse diferente. Vacío, solo, agotado, enojado y nuevamente vacío; tal como ella cuando le recibía después de un largo día. Siempre llegaba primero, para tener lista la cena y poder cuidar al pequeño niño, cada vez más inquieto; cuando él llegaba, pasadas las nueve, recibía una mirada fría y un "seguro la cena ya está fría" sin siquiera voltear a verlo.

- Lo lamento, mucho trabajo en la oficina. No volverá a pasar.- Fueron las disculpas escuchas las primeras veces, el maletín en el piso y la corbata a medio desanudar.

- No te preocupes, amor. Todo es por esto, por nosotros.- Y respondía, con un brillo en los ojos, azules como el mar. Un breve beso y luego el calor que emanaba de la cocina anunciando la cena.

Pero volvió a pasar, una y otra y otra vez. Llegadas tardías, esposas abandonadas en la cama con lencería fina a juego con los labios carmesí. Cajetillas de cigarros vacías dentro del maletín, cada día más pesado. Y soledad, mucha, demasiada.

- Natsuko.- Le dijo apenas él había entrado al elevador. Y estiró la mano.

- Hiroaki.- Sonrió.

Quizás todo había sido breve, rápido, desesperado; como aquellos besos en el mismo elevador, como aquellas salidas culminando con un café al desayuno. Breves, asfixiantes, terriblemente agonizantes, pero placenteros.

- ¿Qué nos pasó?- Se preguntó al cambiar los canales sin mirar la programación, sin esperar respuesta porque en el fondo ya sabía.

- Nuestra casa.- Dijo, con una sonrisa escapándose sobre sus labios.- Nuestra.

- Nuestra.- Concordó él, aprisionándola entre sus brazos, recostándola en el sofá casi nuevo que acaban de comprar.

- A este paso, los niños llegarán antes de tiempo, Hiroaki.- Le dijo, mientras lo besaba con ternura y suavidad. El cabello dorado desparramándose sobre la camisa blanca. Manos grandes acariciando la delicada espalda, besos con aroma a cigarro y café.

El nudo en la garganta, al recordar todo lo que habían pasado ahí, en esa casa, en ese sofá, le impedía pasar saliva. Le impedía hablar también; quería, sí, pero el orgullo lo contenía. Orgullo y algo más: el sentirse desarmado.

- Te amo. ¿Lo sabes? Te amo.

- Creo que ya lo había oído un par de veces.- El resto del pastel de bodas se encontraba sobre la mesa. Su plato descansaba sobre su regazo, su mirada sobre ella. La botella de vino, vacía, en un rincón.

- En serio.

Suspiró, pasándose una mano por el cansado rostro. Luego, su mirada se desvió de su reloj (ya pasaban de las dos) a su dedo anular; o mejor dicho, a su anillo. Discreto, no demasiado costoso, de cuando las carreras de ambos apenas despegaban. De promesas sin decir y sueños por cumplir, los mismos que ahora le daban un peso cada vez mayor; insoportable.

- Y, a pesar de todo, te amo.- Susurró, esperando que el sonido llegara a su destinatario.- Lo que lo hace peor, todavía.

- ¡Un niño! ¿Oíste amor? ¡Es un niño!- Dijo ella, con los ojos brillantes de ilusión y sus manos sobre su pequeño vientre, ligeramente abultado.

- Deberá ser igual que tú. Tendrá tu cabello y tus ojos.- Sus ojos.

- Quizás.- Le dijo, justo antes de darle un breve beso, apenas rozando los labios.

- Perdóname.- Fue todo lo que pudo articular, tomando la mano entre las propias, besándola, acariciando su vientre. Su hijo. Y de ella.

- Solo, me gustaría saber que hicimos mal.- Tal vez nada, o todo. Tantas cosas que pudieron cambiar pero no hicieron, tantas frases gastadas de no ser dichas y tantos "quizás" que no era necesario enumerarlos todos.

Aunque, siempre existiría la posibilidad...

- Sigues despierto.- Le había dicho, afirmando más que preguntando, un par de semanas atrás. La discusión había sido fuerte, ella quejándose de su abandono, él de su frialdad.

- El sofá no es tan cómodo como antes.- Dijo, mirándola de reojo pero siendo incapaz de voltear directamente. Cobarde, susurraba una voz en su interior.

Natsuko se sonrojó en demasía, mientras desviaba la mirada completamente azorada y sin saber que decir. Por un instante, con la bata suave y delicada, los ojos cerrados y las pestañas demasiado largas, le pareció tan vulnerable que no pudo evitar alzar su mano hacia ella.

- Lo lamento.- Fue todo lo que dijo, mirando su mano acariciar lentamente la de ella.

- Hiroaki. Yo también.- El se sentó sobre el sofá, invitándola a hacer lo mismo. La manta sobre ambos y la cabeza de ella sobre su pecho.- Yo también.

Y ahora todo se terminaba, así de fácil. Con un par de palabras dando por terminado aquello que amenazaba con salírsele del pecho. Porque la amaba, tan seguro como no había estado nunca de otra cosa; aunque eso no fuera suficiente.

-Pero, en realidad, ¿qué es?

- Te fallé. No pude cumplir mi promesa de estar ahí para ti.- Le susurró al oído, las ropas cayendo al piso y el sofá sucumbiendo tras su peso.

Ella lo cayó con un beso ahogado, sollozante y suplicante. Un "aún no, no te vayas" que no necesitaba palabras porque esa mirada, tan cristalina y frágil que era difícil reconocerla, lo decía todo.

- Si fuera siempre así...- Y lo sabía, no llegaría siempre temprano y ella no lo esperaría siempre tan transparente como ese día.

- Calla, Hiroaki. Solo hoy, solo ahora.- Le dijo, en tono de respuesta, para después descender sus manos por las marcadas caderas.

Había sido suficiente para hacerlo funcionar un par de días, antes de caer en la rutina; porque nadie dijo que el amor sería fácil, y el de ellos parecía predestinado al fracaso. Nadie dijo que los cuentos terminaran siempre bien, ¿cierto?

- Yamato.- Hiroaki sostenía en brazos al pequeño recién nacido. Aún no abría sus ojos, pero de antemano sabía que eran azules, al igual que su pelo rubio. Como ella.- Que se llame Yamato.

Despertó con el sonido del reloj. Las seis. Se puso en pie y fue a atender a su hijo, de poco más de dos años. Unos minutos después, y mamila en mano, el teléfono sonó.

- Natsuko.- Ni siquiera tuvo que esperar a escuchar la voz para saber que era ella, siempre lo sabía.

- Hiroaki, necesitamos hablar...- La voz dudosa, entre alegre, preocupada, triste. Agobiada.

- ¿Pasa algo?

"Aún no, por favor, aún no". Tal vez se demoraría más en regresar del trabajo. Tal vez había pasado algo bueno, tal vez se había dado cuenta que seguía amándolo como él a ella. Que lo necesitaba, que aún no era tiempo.

- ¿Sabe usted que la amo, Sra. Ishida?

- Estoy embarazada.

o.O.o.O.o.O.o

Como ven, en este primer capítulo se abordó el tema de cómo se conocieron hasta como empezaron los roces entre ellos, culminando con el embarazo de Takeru.

Espero que les haya gustado. Cualquier crítica, comentario o sugerencia es bienvenido, solo tienen que dejar un review.

Gracias por leer! =)