Advertencias: Contiene yaoi (Taito).

Disclaimer: Ningún personaje de Digimon me pertenece. Esta historia no tiene fines de lucro, más que de entretenimiento.

Natsuko.

9. Confesiones.

Tres meses habían pasado; tres meses que se habían ido como agua para Natsuko, cada uno más rápido que el anterior. Ese día en particular había pedido la tarde libre en el trabajo para salir al centro comercial, sin rumbo fijo; tenía algo en la mente, aunque la idea no terminaba de formarse por completo. Lo único que sabía era que quería algo especial para sus hijos, con Takeru terminando la secundaria y Yamato a punto de irse lejos... aunque ella seguía sin saber qué decisión profesional había tomado.

Caminando entre los aparadores y escaparates, sonrió al mirar la pizzería favorita de su familia. Su familia, ¿acaso todo lo que había pasado antes no había sido real? les había tomado demasiado tiempo encontrar el camino, eso era seguro, pero ahora no podría pedir otra cosa. Bueno, quizás un carro nuevo, pero no debía ser tan ambiciosa; quizás la pizza era buena idea.

Unos quince minutos después, e impregnada del olor a pan recién horneado, salió aún con una sonrisa en sus labios, hasta que vio a su hijo mayor, apenas un par de tiendas adelante, hablando por teléfono. Natsuko dudó, pues aunque la relación entre ellos había mejorado ligeramente, y Yamato solía ayudarle a cocinar, aún no eran capaces de interactuar del todo normal. Armándose de valor y sujetando bien la caja de papel, caminó hacia donde estaba el joven de espaldas.

- Sí... No, no puedo.- El rubio suspiró, sin darse cuenta que su madre estaba detrás de él.- Lo sé, lo lamento... Prometí ayudarle, será mañana... Ajá... yo también. Adiós.

Yamato cortó la comunicación y se quedó mirando el celular unos segundos antes de cerrarlo y guardarlo en el bolsillo del pantalón.

- ¿Alguna admiradora?- Preguntó Natsuko, provocando que él diera un pequeño salto.

- Mamá...- No pudo evitar un sonrojo que cruzó por su cara, como cada vez que pensaba en él.- No.. digo, bueno... algo así.

Natsuko se permitió reír ante el bochorno de su hijo, que se pasaba la mano nerviosamente entre el cabello.

- Sabes, deberías invitarla a cenar un día de estos.- Le dijo, entregándole la pizza y caminando a su lado.

- Sí, claro.- Contestó distraídamente, antes de aclararse la garganta.- ¿A quién?

- A tu novia.- Yamato asintió en silencio, sin saber que decir, ¿cómo podría insinuarle que su novia ya había ido a cenar más veces de las que ella podría imaginarse?

Sin embargo, tenía otras cosas en que pensar. Se acercaban los exámenes de admisión y a pesar de haber solicitado ficha para la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio, a pedido de los demás integrantes de la banda, cada día se sentía más alejado de ese medio.

- Dime, mamá, ¿nunca sentiste que no pertenecías al mundo del periodismo?- Cambió el tema, antes de entrar a la van que estaba en el estacionamiento del centro comercial. Natsuko miró a su hijo, tratando de entender lo que pensaba.

- No, Yama. Escribir, seguir una noticia, reportar los hechos cuando están pasando, son cosas que me dan una emoción que no puedo explicar, es la adrenalina de sentir que algo te apasiona; como cuando tú cantas o tocas el bajo, ¿entiendes?

- Pero... ¿y sí de repente ya no lo sientes como antes?

- Entonces, quizás no es lo tuyo.- Le dijo, abrochándose el cinturón de seguridad.- Escucha Yamato, tú tienes un gran talento para la música, pero si eso ya no te llena, no te dejes llevar por lo que piensen los demás y escoge algo que realmente te haga sentirte vivo.- La mujer encendió el vehículo, antes de colocar su mano en la pierna del joven.- Y recuerda que tu padre y yo siempre te apoyaremos.

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- Papá, ¿podemos hablar?

La cabeza de su hijo mayor, asomándose a su oficina, nunca había sido buena señal. Así que dejó el teclado en su lugar y, apagando el monitor, asintió con la cabeza.

- ¿Qué pasa? ¿Problemas de chicas?- Le dijo, guiñándole un ojo, aunque en el fondo y por la cara de seriedad del rubio, sabía que era otra cosa.

- ¿Qué?- Yamato se sentó a su lado, antes de fingir una sonrisa.- No es eso. Es sólo, ya se aproximan los exámenes para la universidad.

- Sí, y debes estar orgulloso hijo, tus calificaciones son bastante buenas; seguro encontrarás un buen sitio.- Sonrió orgulloso el hombre, cruzando sus brazos sobre el pecho.

- ¿Aunque fuera lejos?- Preguntó el menor, sin mirarlo directamente a los ojos. El corazón de Hiroaki se pausó por momentos mientras una idea empezaba a rondar por su cabeza.

- ¿Qué tan lejos?- Al no obtener respuesta, colocó sus manos en los hombros de su interlocutor.- ¿Qué estás pensando, Yamato?

- He decidido dejar la banda.- Comentó, cambiando ligeramente el tema.

- ¿Por qué? Es tu vida.

- No papá, ya no lo es.- ¿Cómo explicar que había dejado de ser suficiente para él?- Ya no.- Al ver que su padre no respondía inmediatamente, agregó.- Además, no me dejaría tiempo para estudiar y la fecha de mi examen se aproxima.

Hiroaki asintió, si su hijo estaba decidido y era algo que él deseaba, estaba bien; a final de cuentas era su vida, no la de él, y mientras fuera feliz era más que suficiente.

- ¿Dónde?

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- ¿Cómo pudiste?- Fue lo primero que le soltó a la mujer al entrar al cuarto.

- ¿De qué hablas, Hiroaki?- Ella dejó el cepillo con el que estaba arreglando su cabello sobre el tocador, para mirarlo sorprendida.

- Yamato.- Se acercó, paso a paso.- ¿Cómo pudiste? ¿Te das cuenta que se quiere ir al otro lado del mundo? ¿Y simplemente decides apoyarlo así como así? ¡Apenas tiene dieciocho!

- Pero... es lo que él desea.- Natsuko no se dejó intimidar y se puso de pie, confrontando a su esposo.- Es muy capaz, estoy segura que le irá bien.

- ¿Tú qué sabes?- Le espetó, alejándose de ella hacia el otro lado de la habitación.- ¿Acaso lo conoces? ¿Sabes sus deseos, sus miedos, sus aspiraciones? No, Natsuko, con apenas un par de meses no puedes conocer a una persona.

Las palabras, frías y secas de él, calaron en el fondo de su alma. Tenía razón, en parte; por querer encajar en la vida de su hijo había decidido apoyarlo, pero era algo que sentía que debía hacer, algo correcto.

- Tienes razón, no lo conozco.- Dijo, sentándose en el borde de la cama.- Pero lo intento, Hiroaki. Sólo quiero hacer lo correcto, aunque eso signifique verlo partir hacia un lugar completamente desconocido.- El hombre le devolvía la mirada, aplacándose un poco.- Y tu deberías hacer lo mismo.

- No quiero verlo lejos.- Admitió, sentándose finalmente junto a ella.- Siempre ha estado conmigo y si se va, ya no regresará.- Las manos de ella se posaron sobre las suyas y los ojos azules lo miraron con ternura.

- Claro que lo hará.- Lo besó suavemente en la mejilla sin afeitar.- Somos su familia.- Otro beso, antes de añadir con un toque de picardía.- Y además, su novia seguro estará esperándolo también.

Hiroaki asintió, acariciándole el cabello, mientras se recordaba sí mismo tener una larga charla con su hijo.

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En el cuarto de al lado, y ajeno a todo lo demás, un rubio dejaba la libreta en la que había estado escribiendo durante más de media hora. Se frotó los ojos y miró el reloj, pensando que apenas y tenía tiempo para terminar la tarea pendiente; pero por más que había querido, no había podido dejar de escribir. Una pequeña historia que insistía en salir hacia el papel, en un boceto de apenas cinco o seis hojas. Al final, escribió un par de palabras antes de tomar los ejercicios de cálculo que estaban sobre la mesita.

"Para Hikari".

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Las vacaciones no dejan nada bueno, pero aquí estoy de nuevo, con otro capítulo. Quizás un poco suelto, pero no quería dejar pasar más tiempo. Debo terminar la historia!

En fin, espero que les haya gustado.

Gracias por leer! =)