DISCLAIMER: Gran parte de los personajes son propiedad de Amanda Hocking.
NOTA: Hay otros personajes que salieron de mi imaginación, para poder llevar a buen puerto la historia. También quiero decir que solamente he leído el primer libro de la saga, "Instinto". Cualquier similitud con el resto de libros es pura coincidencia.

-Peter se ha marchado, Alice.

Aunque la voz de Jack me llegaba claramente, seguían sin mostrar reacción alguna. Habían pasado cuatro días desde el incidente, y aún no había regresado. Pero, yo ya sabía que él no volvería, al menos, en un futuro inmediato. No comprendía los sentimientos que Peter sentía hacia mí, por lo que no podía comprender porque había desaparecido de aquella manera. Mae ocultaba muy mal la tristeza que la afligía y Ezra parecía estar ausente. Ambos estaban medio tumbados en el sofá, susurrándose palabras que no alcanzaba a escuchar. Se les veía apenados y pensé en si estarían hablando de Peter. Mi corazón aceleró levemente los latidos y escuché una débil protesta por parte de Jack.

-No puedo creerme que sigas pensando en él. Es gilipollas.

-Lo siento.

-Y eso es lo que más me molesta. No tienes que pedirme disculpas cada vez que pienses en él. Yo supongo que... que entiendo.

Bufó, aunque por su tono de voz deduje que no estaba enfadado, por el contrario, la marcha de su hermano le había dejado un excelente humor. Incluso pensé que el estar lejos de Peter me ayudaría a olvidarle, pero era obvio que esa tarea me llevaría más de cuatro estúpidos días. También pensé que el estar acompañada de Jack, como al principio, despertaría algo más en mí. No tenía ni idea de que podría ser, aunque deseaba que fueran sentimientos buenos. Aunque, con la ausencia de Peter, era como si mi cuerpo se hubiera apagado. Ni siquiera el tacto de Jack conseguía hacerme arder, de la misma manera cuando estuvimos en su habitación.

-No me siento bien, eso es todo. -Dije, tratando de sonreír. La verdad es que no estoy segura de si logré mi objetivo, pues la expresión seria de Jack no me ayudaba en nada-. Debería irme a casa.

-¡Pero acabamos de llegar! -Exclamó Jack, fingiendo molestia.

-De verdad, no me encuentro bien. Solo tengo ganas de dormir. Quizá esté cansada aún por la falta de sangre. -Mentí, pero descaradamente-. Siempre he tardado más de lo normal en recuperarme.

-Puedes echarte a dormir en la habitación de invitados.

La cara de él era toda un desastroso poema. Sus ojos brillaban, llenos de tristeza e impotencia. Por mucho que me lo ocultara, sabía que le hacía daño verme tan deprimida, y sinceramente, no me importaba. Sonaba egoísta, pero todo había dejado de tener sentido. Cuando Peter me había dicho que no podía seguir viéndoles, comprendí que solo le amaba a él. Aunque me hubiera dolido mucho, podría vivir sin ver a Jack, a Mae o a Ezra, pero no podría seguir sin él. Mi petición para que terminara con mi vida, no solo había sido un total fracaso, si no que técnicamente, había matado mi espíritu. Ya no me importaba nada. Ni mi familia, la suya, los estudios,... incluso los continuos mensajes de Jane me traían sin cuidado. Estuve a punto de mandarla a la mierda, solamente para que dejara de llenarme el móvil con sus insulsos sms.

-No vas a quedarte, ¿verdad? -Controlando a duras penas las lágrimas, negué con la cabeza-. Entonces, te llevo. -Suspiró, derrotado-. ¡Mae! ¡Nos vamos!

Al momento, la aludida estuve de pie a mi lado, abrazándome. Susurró palabras de consuelo y trató, inútilmente, de que no me echara a mí toda la culpa por lo ocurrido, pero lo cierto era que me sentía la peor de las personas en aquel momento. No solo había separado a una familia, había logrado crear enemistad entre dos hermanos y hundirme yo aún más en una vida asquerosa.

-Nos veremos mañana, cariño.

Mae me dio una dulce sonrisa, mientras acariciaba por última vez mi pelo. Miré hacia el salón y cuando descubrí que Ezra me observaba, me despedí con un gesto de la mano. Él me dedicó una sonrisa y después, le abrió los brazos a Mae, quien lloraba silenciosamente.

-No sé si vendré mañana, Jack.

Susurré, cuando estuvimos dentro del jetta. Sentí su ojos sobre mí, pero no despertaba en mí ninguna reacción. Aún así, decidí no mirarle. Mantuve mi vista sobre la alfombrilla, encontrándola raramente tranquilizadora. Esperé, por si él decía algo. Se mantuvo en silencio, y continuó mudo mientras arrancaba el coche y durante todo el trayecto.

-Envíame un mensaje si cambias de opinión.

Me dijo, antes de que saliera del coche. Como siempre, vi como se alejaba por la calle completamente desierta, y cuando desapareció de mi visión, giré para entrar en el portal. Distraídamente, con un dolor terrible en mi alma y unas ganas tremendas de tumbarme en mi cama y llorar, apreté los botones del ascensor. Sin pensar, llamé al timbre y esperé a que Milo me abriera. Se quedó sorprendido de verme, al igual que mi madre, quien estaba a punto de marcharse al trabajo.

-¿Ya estás en casa?

La absurda pregunta de mi madre quedó sin respuesta. Me quité la chaqueta mientras caminaba hasta mi habitación, y al llegar cerré la puerta, echando el pestillo. Finalmente, era libre de llorar durante todo el tiempo que quisiera, aunque preferiblemente sin hacer ningún ruido. Caí boca abajo en la cama, enterrando fuertemente la cara en la almohada, liberando todo el dolor que sentía.

El sonido de voces al otro lado de la puerta me despertó. Aguzando el oído, distinguí claramente los gritos de Jane, mientras Milo trataba de manera totalmente inútil, que ella bajara el volumen. Comprendiendo que estaría allí para verme, busqué a tientas el interruptor de la mesilla y parpadeé cuando la luz me cegó. Sin ganas, me pasé el cepillo por el pelo y me quité el maquillaje con una de las toallitas húmedas que tenía en mi mesilla. Me acerqué al espejo, únicamente para revisarme la ropa, y dándome el visto bueno, abrí la puerta.

De golpe, toda la discusión cesó. Fingiendo alegrarse, Jane corrió hacia mí y me abrazó, mientras observaba como Milo se encogía de hombros y regresaba a su ordenador. Pensé en mostrarme un poco animada, aunque fuera mentira. Segundos después de ese pensamiento, me di cuenta de que no iba a aparentar un estado de ánimo que no tenía ni por asomo.

-¡Estás horrorosa, Alice!

¿Y se suponía que ella debía alegrarme? La miré con ganas de estrangularla, pero ella me ignoró deliberadamente. Me sujetó fuertemente por la muñeca y tiró hacia mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí. Supuse lo que tocaba y acerté. Jane abrió mi armario, rebuscando la ropa que me obligaría a ponerme. Por un momento, quise decirle que no tenía ganas de ir a ninguna parte, y mucho menos con alguien tan desagradable como ella, pero me detuve. Ella parloteaba sin cesar y en algún lugar de toda esa cháchara, algo empezó a captar mi atención.

-… y dijo que realmente es un local fantástico, repleto de chicos guapísimos. Sé que me recordarás el problema que tuvimos con los carnets falsos, pero lo tengo todo solucionado. La amiga de mi vecina conoce al portero, le ha hablado de nosotras y ha conseguido que nos deje entrar cuando lleguemos. –Y todo lo decía casi sin coger aire. Me quedé sorprendida, mientras como un robot cogía la ropa que me entregaba-. Es un sitio algo raro. Ella dice que van muchos locos, con ganas de beber sangre y que al final, si lo hacen. La amiga de mi vecina me ha contado que ella se ha dejado y que es una sensación increíble.

Recordé la agradable sensación que me embargó cuando Peter me mordió, y al momento me regañé interiormente. No era momento para poner caras tristes, pues Jane la captaría y me haría un interrogatorio de película para sonsacarme todo lo que me había pasado. Entonces, esa conversación derivaría en Jack, y yo no quería hablarle de él. Suspiré, recomponiendo la expresión más tranquila que pude encontrar.

-Se que debería haberte contado sobre mis planes antes, pero estuve llamándote y no me cogías el móvil. ¿Me acompañarás?

-Claro.

Respondí, no muy convencida. Una pequeña vocecita en mi cabeza me susurraba, una y otra vez, que olvidara los planes de Jane y me quedara en casa. Pero, ¿Por qué hacerlo? Es decir, si Peter podía largarse y olvidarse de mí tan rápidamente, ¿por qué quedarme en casa a llorar? Con mi actual estado de ánimo, merecía realizar algunas locuras extras para intentar pasar página. Y Jane era la experta en locuras. Salir de la casa de unos vampiros para entrar directamente a uno de esos locales donde las chicas se ofrecían como donantes para ellos no era, quizá, la mejor de las ideas. Pero, en estos momentos no quería pensar con claridad. Quería, por todos los medios, pasar un buen rato.

-Entonces, vístete y ponte guapa. –Sonrió enormemente-. Estaremos bailando rodeadas de tíos buenos en menos que canta un gallo.

En tiempo record estuve arreglada y lista para salir. Ante la atónita mirada de Milo, quien no podía formular palabra alguna, salí por la puerta, escuchando algunas anécdotas del instituto, contadas por Jane. Eran graciosas, eso debía reconocerlo, pero no lograba reírme. Ella me miró de arriba abajo mientras una pícara sonrisa se formaba en sus labios.

-Solo hay dos formas de olvidar las penas. Una, el alcohol. La segunda no es para mojigatos.

Me sorprendió ver como se dirigía hacia un precioso Ford Ka de color azul y, a pesar de no gustarme demasiado los coches, me enamoré de ese en cuanto lo vi. Jane sonrió, mostrándome las llaves. Abrió lentamente la puerta del piloto y me señaló la otra, mientras montaba. Cuando estuve dentro, la observé, sin entender nada.

-Mi padre logró que me admitieran en la autoescuela, y me saqué el carnet hace dos semanas. Hace tres días cumplí los dieciocho y este es mi preciado regalo. –Sintiéndome culpable, la miré.

-Falté… lo siento mucho, Jane.

-No importa. Milo dijo que estuviste enferma, con fiebre y todo. Me alegra ver que ya estás mejor.

Mirándola a los ojos, comprendí que lo decía en serio. Le dediqué la mejor sonrisa que pude esbozar y arrancó, encendiendo la radio. "Till the World Ends" de Britney Spears comenzó a llenar el coche, amenazando con provocarme un dolor de cabeza nada más salir de casa. Como no quería ese resultado, fingí que adoraba la susodicha canción, llegando incluso a tararear parte del tema.