Disclaimer: Jotaká alabada seas por crear HP, así que ya saben, nada mío, todo de ella.


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Y las margaritas seguirán creciendo.

Ya han pasado más de veinte años desde aquella caída, la caída; no la del Señor Tenebroso, sino la de Fred.

Su gemelo aún recorre el largo camino que separa la entrada del cementerio de la tumba de su hermano, que está plagada de cardos y espinas. Lleva entre el espacio que deja su brazo al separarse de su costado, el brazo de su madre. Una vieja Molly que raya en los setenta, que con la cojera dejada como recuerdo de su caída de las escaleras, todavía está para esos trotes, el de ir a visitar a su hijo difunto.

Vuelve a ser dos de mayo, hace tiempo que se agotaron las lágrimas; los lamentos ya no llenan el vacío dejado y la soledad se ha vuelto compañera eterna. Las risas siguen siendo el dulce aderezo de sus días a días, los correteos de los hijos y nietos en el huerto de la Madriguera, el maravilloso sosiego para ese hombre que se quedó sin su compañero y para esa madre que en las noches sigue orando por su hijo muerto.

George deja que su madre se adelante, observa de lejos cómo limpia el sepulcro de la maleza que ha crecido a su alrededor, después Molly se sienta sobre la lápida y acaricia el nombre de Fred Weasley, héroe, inscrito sobre el mármol frío. Allí se sigue sosteniendo, antes de que un suspiro escape de su boca y vuele por el viento. La madre se levanta y sin voltear a ver al hijo que le quedó vivo retoma el camino hacia la salida.

Es el turno de George para hincarse sobre el suelo e inspeccionar la tierra. Su madre no quitó todo el hierbajo que ha crecido en la tumba; así que, después de buscar y palpar la tierra húmeda por la llovizna, detrás de algunos cardos se encuentra la vida que busca. Allí siguen estando las margaritas blancas sembradas por él en el primer aniversario de la muerte de Fred y que con tempestades y truenos se han sabido mantener de pie.

Son pocas las personas que reparan en las flores que nacen alrededor de la tumba de Fred, pero sólo Angelina sabe que fueron las favoritas de Fred; es ella, la mujer madura, ya no más la adolescente de los buenos y viejos tiempos de los juegos de Quidditch, la que se ha encargado de mantener vivas esas flores como una promesa

Aunque se haya casado con su gemelo, fue el otro, el difunto, el héroe de la guerra, el amor de su vida.

Y aunque las margaritas sigan creciendo, no es lo mismo. No sin Fred.


Lalalá. Volví, regresé el año que dizque se acaba el mundo xD, así que antes que empiece a abrirse la tierra, yo aprovecho y escribo.

Madame. 19/01/12