¡Buenas! Capítulo 4, sólo podía llamarse así... Pero no es sólo por el significado, el vacío tiene importancia en este capítulo, ya lo vereis.

Debo decir que me costó bastante este capítulo, porque había momentos en que sentía que estaba haciendo OoC y no podía permitirlo, no hay cosa que odie más que el OoC, ¡lo odio más que al Rey! Y eso es mucho. Así que me esforcé bastante para que no hubiera cambios de personalidad, creo que los he eliminado o, al menos, camuflado, por lo que espero que vosotros/as no veáis tampoco OoC.

En este capítulo hay un flashback, como en el anterior, sólo que este es más largo; ya sabéis, está en cursiva. También hay insinuaciones hentai, pero no hay nada explícito, en absoluto. Os lo dejo totalmente a vuestras mentes pervertidas.

Bleach y sus personajes son de Tite Kubo-sensei. Si fueran míos, el Rey... ¡Si ya sabéis lo que diré!

¡Disfrutad del capi!


Capítulo 4 - Vacío

Hacía más de una semana que Rangiku no despertaba en una cama mullida. Debía dar las gracias a que los Kurosaki eran bondadosos con sus doncellas, pues había otros reyes que no tenían en consideración el estado de estas. En cambio, la habitación donde dormían era bastante amplia y tenía suficientes comodidades.

Rangiku se levantó algo más temprano que las otras damas, pues los llantos del pequeño la habían despertado, y, al fin y al cabo, estaba a su cuidado. Había pasado unos minutos con él, calmándolo gracias a sus poderes, y le había dado néctar y ambrosía. Le gustaría que ese niño creciera fuerte y poderoso, para cumplir con su nombre.

Se encontraba ahora junto a los reyes, al igual que Neliel. Debía reconocer que le tenía aprecio a la chica, había conseguido animarla. Era mediodía, ya habían comido y el sol iluminaba la estancia. El pequeño Ichigo jugaba con el pelo de su madre.

― Parece que esta noche ha llovido bastante ―dijo Isshin con expresión serena, observando el exterior―. Eso no es bueno, las cosechas podrían dañarse con otra tormenta así.

Así era, la fuerte lluvia que había caído en el Seiretei también había llegado al mundo mortal con la misma intensidad.

Rangiku miró también el exterior, con el ceño algo fruncido y un rostro entristecido. Esa tormenta no debía significar algo bueno. Volvía a temer por su hija. Se sentía impotente. Lo que había dicho Isshin era cierto, las cosechas podían echarse a perder si la lluvia era demasiado fuerte, la tierra no podría absorber tanta agua y las plantas se ahogarían. Pero eso para ella tenía un significado especial. Era como si el poder de su hermano despreciase el suyo, como si su lluvia la estuviera ahogando a ella. Sí, la ahogaba en la tristeza de lo que había ocurrido por su culpa. Una vez más, estaba jugando con ella. Hace tiempo, había jugado con su cuerpo. Ahora, lo hacía con su alma. ¿Acaso no se cansaba de manipular a los demás? ¿Nunca dejaría de ver a los otros seres vivos como simple entretenimiento?

― Midoriko, ¿qué te pasa? ―oyó la voz de Neliel, que había notado su mirada entristecida. Rangiku hizo un esfuerzo por reponerse y sonrió como si estuviera pasándolo genial.

― No, no me pasa nada ―contestó de la manera más alegre que pudo fingir―. Pero será una lástima si las cosechas se dañan, espero que eso no pase. Además, no sólo las cosechas, si nos quedamos sin fresas, el pequeño Ichigo no estará contento ―dijo mirando al bebé, que ahora tenía una nueva fresa, de los postres que habían comido hacía poco.

― Tienes razón ―dijo Isshin con una sonrisa. Acto seguido, le quitó de las manos la fresa a su niño, que se agarró a su mano y empezó a llorar―. Si sólo con quitársela ya se pone así, no quiero imaginarme lo mal que lo pasaría si no tuviera fresas… ¡Ay! ―Isshin se quejó, pues el bebé acababa de morderle el dedo, con sus pequeños tres dientecitos, para que soltara la fresa― Masaki, si algún día tenemos más hijos o hijas, ¡no le pondremos nombre de fruta! ―dijo riendo.

Rangiku no pudo reprimir su risa, y Neliel tampoco.

― Si Ichigo tiene algún hermanito o hermanita, los protegerá como si fueran sus fresas ―contestó Masaki con una sonrisa―. Mi opinión es que los hermanos mayores nacen antes para proteger a los hermanos pequeños. Seguro que Ichigo también pensará así, y quizá algún día se enorgullecerá de proteger a sus hermanos o hermanas.

Rangiku sonrió tristemente, era verdad, los hermanos mayores deberían proteger a los hermanos pequeños. Parecía mentira que hubiera alguien que, siendo el mayor de varios hermanos, disfrutara en hacerlos sufrir. Estaba segura de que los hermanos o hermanas de Ichigo podrían sentir orgullo de tener un hermano como él. Era totalmente diferente que en su caso. Rangiku sabía que, aún siendo tan pequeño, Ichigo Kurosaki era muy diferente a Aizen. Ichigo le había hecho reír, y sólo habían pasado dos días desde que lo había conocido y se había comprometido a cuidarlo. En cambio, Aizen la había hecho llorar demasiadas veces.

En parte, ese niño le recordaba a Gin, pero no sabía por qué. La verdad es que no se parecían en nada, pero los dos tenían algo en común, en lo más profundo de su corazón. Quizá era el deseo de proteger a sus seres queridos, pues Gin también fue así mientras vivió.

Por esa razón, iba a cuidar de Ichigo. No dejaría que nada malo le pasase mientras estuviera bajo su protección, no permitiría que en eso se pareciese a Gin. Al igual que tampoco permitiría que el naranja fuera abrumado por el negro y el verde esmeralda.

Al igual que no permitiría que las cosechas muriesen bajo una tormenta, una vez más.

Ulquiorra caminaba lentamente hacia la sala del trono. El eco de sus pasos resonaba en los vacíos pasillos del palacio. Por primera vez en mucho tiempo, los pasillos eran los únicos que estaban vacíos. Porque, en ese momento, por una vez en su larga e inmortal vida, él no sentía un vacío tan intenso y profundo como siempre había sentido. Y, aunque sus ojos verdes no reflejaban nada más que esos vacíos pasillos, aún podía ver en su mente un vivo color naranja. El color del cabello de su esposa. Esa noche había dormido en su habitación, tal y como había decidido con anterioridad. Pero no había pasado lo que él había pensado.

Orihime, por su parte, seguía en esa habitación. Estaba recostada en la cama, de hecho acababa de despertarse, y observaba cómo la luz de la luna bañaba el suelo. Sus ojos grises aún estaban entrecerrados por el sueño, pensaba en lo que había pasado durante la noche. No estaba orgullosa de eso, pero tampoco se arrepentía. De hecho, por primera vez en el tiempo que llevaba allí, no estaba triste. Tampoco era como para estar feliz y contenta como si hubiera vuelto junto a su madre, pero no lloraba, y parecía que no volvería a hacerlo en un tiempo, si todo iba bien. Simplemente tenía el corazón sereno.

Los dos pensaban en lo mismo. Ninguno de ellos cambiaría lo que había pasado, y ahora una palabra rondaba en sus mentes. Cinco letras que podían tener un gran significado, y que, en esos momentos, estaban haciendo reflexionar a sus almas.

¿Tanto podían hacer cinco letras? ¿Tan importantes podían llegar a ser?

Para ellos sí. Pues él las había sufrido toda su vida, y ella, la última semana.

Y ahora dejaban de sufrirlo, se habían ayudado mutuamente., quizá sin darse cuenta.

Al menos ya no sentían ese intenso 'vacío'.

Muy lentamente abrió la puerta de su habitación. Orihime, quien estaba sentada en una silla, lo miró. Él cerró los ojos, mentalizándose: esta vez no iba a ceder, por mucho que la mujer le despertara una mínima piedad. Debía eliminar ese sentimiento, no permitiría que residiese en él.

Se acercó a ella, sin decirle nada. Orihime se levantó de la silla y, al ver como Ulquiorra iba hacia donde ella estaba y se acercaba sin detenerse, retrocedió algunos pasos por prudencia. Pero eso no hizo que el dios se detuviera y, cuando ella estuvo acorralada contra la pared, se quedó delante suyo, mirándola a los ojos. Por su parte, Orihime empezaba a estar asustada. ¿Qué estaba pasando?

Ulquiorra, ¿qué…? ―intentó preguntar, pero Ulquiorra la detuvo al juntar sus labios sin previo aviso. Orihime abrió los ojos de sorpresa. Esta vez sí que tenía miedo. ¿Se iba a vengar por la bofetada de hacía unas horas? Si era eso, no se conformaría con un simple beso. El dios del inframundo pasó su lengua por los labios de Orihime y, acto seguido, le obligó a abrir la boca para poder explorarla con su lengua. Ella intentó empujar al otro hacia atrás, poniendo sus manos en el pecho del dios, pero era inútil. Aún así, hubo algo que hizo que no prestara tanta atención al beso: con sus manos sobre la tela de la negra túnica, había tocado en la base del cuello del dios, y allí encontró algo extraño, como si hubiera un agujero; porque eso parecía, pues sus dedos parecían entrar en la piel de su captor.

Ulquiorra, qué… ¿Qué tienes aquí? ―se atrevió a preguntar una curiosa Orihime, haciendo presión en ese extraño hueco, cuando él por fin separó sus labios.

¿Esto? ―Ulquiorra llevó una mano al cuello de su túnica y lo estiró hacia abajo, lo suficiente para dejar ver un agujero que lo atravesaba, como si le hubieran perforado la piel con algo.

Orihime observó aterrada ese agujero. ¿¡Cómo podía tener algo así en la base de su cuello y no afectarle en nada! Una cosa era ser inmortal, ¡y otra muy diferente era soportar como si nada una herida así! Porque eso era una herida… ¿O qué era?

¿Cómo te hiciste esto? ―preguntó con voz débil, esperando una respuesta espeluznante.

Este agujero es el reemplazo de mi corazón por el vacío ―contestó―. El vacío me ha acompañado durante toda mi existencia, pues por muy poco tiempo poseí un corazón, que no tengo ningún interés en reencontrar. Se podría decir que yo represento el vacío, el vacío que queda al abandonar tus sentimientos y, a la vez, abandonar tu debilidad. El poder que se obtiene al dejar de ser débil no llena este vacío. De hecho… Nada puede llenarlo ―sentenció, cerrando los ojos.

¿Por qué dices eso? ―quiso saber Orihime, con una mirada triste― ¿Cómo puedes asegurar que nada puede llenar ese vacío?

¿Crees que hay algo que lo pueda llenar, mujer? ―cuestionó Ulquiorra, mirándola con su penetrante mirada.

Claro que lo hay… ―respondió ella― El corazón puede hacerlo. Los sentimientos como la felicidad pueden llenar tu vacío, sólo tienes que encontrarlos de nuevo ―dijo convencida, sin evitar su mirada.

Tonterías ―replicó el dios―. Si hay algo en este mundo llamado felicidad, tiene que ser lo más parecido a la nada infinita. El nihilismo es no tener nada y no tener nada que perder. Si eso no es la felicidad, entonces… ¿Qué es? ―esa fue una pregunta retórica, y no esperaba que Orihime respondiese. Aún así, ella lo hizo, sorprendiendo al de pelo oscuro.

La felicidad es… ¿Cómo describirlo? Es algo maravilloso ―dijo con una leve sonrisa―. Es un sentimiento que puede llenar cualquier vacío, por profundo que sea. El amor, la amistad… Emociones así provocan la felicidad, aunque a veces también te hagan sufrir. Tus seres queridos son capaces de hacerte feliz. Y un corazón feliz no puede pedir nada más, la felicidad es el sentimiento más agradable que puede tener una persona. El vacío no puede hacerle frente a la felicidad. La felicidad podría llenar este vacío que tienes, sólo necesitas a alguien que quiera dártela… Y aceptar tu corazón.

Ulquiorra permaneció en silencio, pensando en lo absurdo que le habían sonado las palabras de la mujer… ¿Lo estaba diciendo en serio? ¿De verdad consideraba que la felicidad era eso?

Es estúpido ―dijo fríamente―. Lo que tú has descrito es inexistente. ¿Amor y amistad? ¿Alguien que quiera darme felicidad? ¿Aceptar mi corazón? Es ridículo. Esa felicidad que tú dices es efímera. Una simple ilusión que aquellos débiles, que no pueden vivir sin sus sentimientos, creen.

Pero, de hecho, esas palabras fueron dichas, más que para contradecir a Orihime, para convencerse a sí mismo. Pues, por un momento, no había sabido qué responder a lo dicho por la mujer. No iba a permitir que ella cambiase su manera de pensar, y jamás se dejaría llevar por argumentos tan débiles.

La felicidad existe ―volvió a decir Orihime, decidida a no ceder―. El corazón existe. ¿Por qué no quieres aceptarlo? ¿Para no ser débil? No tiene sentido ser poderoso si no puedes ser feliz… ¿Para que no vuelvan a herirte? Dudo que los momentos dolorosos puedan hacer sombra a la felicidad. Acepta tu corazón ―no fue un consejo, sino una petición acompañada de una mirada melancólica.

Ulquiorra cerró los ojos. Esa mujer parecía decidida a convencerlo.

Te lo dije, lo que no veo, no existe ―dijo, pues él no se quedaba atrás en terquedad―. Para mí, tus palabras no tienen sentido. No voy a aceptar algo que no existe.

¿Y entonces cómo explicas que quieras que sea tu esposa? ―preguntó Orihime, queriendo hacerle ver a Ulquiorra que se contradecía― Me dijiste que no tiene sentido, pero si no lo tuviese, no me besarías como has hecho ―su expresión era triste, miraba al dios buscando una respuesta.

Es instinto ―contestó―. Todos los seres, ya sean humanos, animales, dioses o titanes, seguimos nuestro instinto y nos reproducimos para hacer perdurar nuestra especie. También hay quienes lo hacen por diversión o entretenimiento, de hecho, tú naciste fruto de una simple diversión de mi hermano ―esas palabras fueron dichas con la intención de atacar el corazón de la chica, pues, si algo sabía, es que la verdad siempre duele a aquellos que tienen corazón―. Pero yo no soy de esos, no le veo la diversión.

En efecto, a Orihime le había dolido oír la verdad sobre su nacimiento dicha fríamente y sin miramientos, aunque ya la sabía de sobras. Esto, sumado a que empezaba a desesperar por la tozudez del chico, hacía que sus ojos empezaran a humedecerse, con lágrimas amenazando a caer por sus mejillas.

Pero hay gente que lo hace por amor ―replicó―, el amor a una persona a la que aprecias de manera especial, alguien capaz de hacerte feliz…

Aquellas personas que aman, son débiles ―sentenció Ulquiorra―. Según tú, alguien como yo podría conseguir la felicidad con alguien dispuesto a dármela. Obviando lo patético que me parece eso, responde a esta pregunta: ¿en serio crees que hay alguien capaz de 'darle felicidad' a un ser que cambió el corazón por el vacío? ―preguntó desafiante, convencido de que se quedaría callada, intentando encontrar una respuesta inexistente.

En efecto, Orihime calló y desvió la mirada. Pero, antes de que Ulquiorra tuviera tiempo de decir algo, habló.

¿Por qué no? ―preguntó― Sé que, en el fondo, quieres encontrar tu corazón, pero lo niegas. A mí… ―dudó por un momento de decir eso, no estaba segura ni siquiera de sus pensamientos, pero le hizo caso a su corazón y habló― A mí me gustaría ayudarte a encontrar tu corazón perdido y a llenar el vacío que sientes. Porque yo he sentido también ese vacío; estas semanas que he estado aquí, he sentido mi alma vacía al no estar con mi madre. Y sigo sintiéndolo. Los dos tenemos que llenar nuestro vacío, pero antes, tú tienes que encontrar tu corazón. No estoy diciendo que te ame… Pero, si puedo hacerte entender qué son el corazón y la felicidad, entonces me alegraré ―dijo con una sonrisa triste. Hacía días que pensaba en ello, desde esa conversación que tuvieron sobre el corazón. Y realmente, lo que había dicho era cierto. Le gustaría hacer que Ulquiorra recuperase sus sentimientos, pero, en parte, tenía miedo de hacerlo, porque, al parecer, él estaba dispuesto a no ceder.

Por su parte, Ulquiorra no pudo evitar abrir los ojos de sorpresa, acto raro en él, que casi nunca expresaba nada. ¿Cómo podía decir eso después de que él le había hecho sufrir tanto? ¿Se estaba ofreciendo para encontrar su corazón y llenar su vacío? No podía entenderlo. ¿Estaba dispuesta a ayudar a alguien que la había separado de su persona más querida y había intentado destrozar su corazón? Simplemente era impensable. ¿Hasta dónde llegaba la bondad de esa mujer?

El dios del inframundo no sabía que responder ante eso. Se habría esperado cualquier respuesta menos la que acababa de darle. Esas palabras habían hecho trizas su manera de pensar, pues siempre había creído que no existía ninguna persona capaz de simpatizar con alguien que había destrozado su corazón. ¿Tanto efecto tenía esa mujer en él? No podía ser… Pero así era.

¿Y por qué lo harías? ―preguntó Ulquiorra, recuperando su frialdad― ¿Acaso sientes pena por mí? Es estúpido ―si era eso, no iba a permitirlo. Aún sin corazón, conservaba su orgullo, y no iba a dejar que una mujer insignificante lo echara a perder. Se negaba a recuperar su corazón, porque no creía en él.

No, no es eso ―negó Orihime―. Pero me parece injusto que mientras la gente disfruta de la felicidad, el vacío llene tu alma. Me gustaría que tú también pudieses sentir nuestra felicidad… Porque, aunque no quieras admitirlo, quieres sentirla ―dijo, con una sonrisa triste.

Parecía increíble cómo los papeles se habían intercambiado. Hacía una semana, Ulquiorra era el que dejaba sin palabras a Orihime, torturándola mentalmente, y ahora, Orihime era la que hacía dudar al dios, haciendo que no supiese qué responder.

¿Para qué querría sentir felicidad? Eso sólo me volvería débil ―dijo, debía ignorar lo que decía ella―. Tus palabras no tienen sentido a mis oídos. Por mucho que lo intentes, no lograrás cambiar mi manera de ver el mundo, pues lo que no veo, no tiene interés para mí. En el fondo, todas las personas somos seres vacíos que intentamos llenarnos con ilusiones como el corazón. Pero sólo existe el vacío. No hay nada; ni en ti, ni en mí.

Dicho esto, la empujó bruscamente hacia la cama.

Esa conversación fue una guerra de palabras que hizo reflexionar a los dos. Los dos se negaban a ceder a las ideas del otro, especialmente Ulquiorra. Pero una vez acabada la batalla de palabras, había empezado la de cuerpos, y eso fue la gota que colmó el vaso en la mente de Ulquiorra.

Ella no se había resistido. El dios del inframundo pensaba que tendría que forzarla, tal como hizo Aizen con Rangiku, pero no había sido así. Ella había aceptado, incluso, en algún momento, correspondido. ¿Por qué? Tal vez ni siquiera la propia Orihime lo supiera. Pero ese hecho había conseguido que Ulquiorra se apiadase de ella, cuidando todos sus actos y sin ser demasiado brusco, para no hacerle daño a Orihime. Aunque se había propuesto no ceder a las palabras de la chica y hacerlo a su manera, no había podido.

Pero si algo era seguro, era que los dos lo habían disfrutado. Para Orihime había sido algo nuevo. Y, para Ulquiorra, esa fue la única vez que había conseguido algo más que distraerse. De hecho, los dos se sentían mejor ahora. Orihime ya no se encontraba tan deprimida como en los últimos días, y Ulquiorra sentía como si parte de su vacío hubiese desaparecido, sólo por el hecho de que ella lo hubiese aceptado. ¿Acaso estaba volviendo a encontrar su corazón? Si era eso, en parte estaba enfadado consigo mismo, porque sabía que lo haría más débil. Pero, por otro lado, era agradable deshacerse de una pequeña parte de ese vacío inacabable, aunque sea por unos momentos.

¿Qué debía hacer?

¿Debía continuar viendo el mundo de la misma manera, sin creer en aquello que no veía?

¿O debía aceptar su corazón, para así deshacerse para siempre de su profundo vacío… Junto a Orihime?

Continuará...


¿Os han gustado las reflexiones de Orihime y Ulquiorra? Siento que me puse demasiado cursi en algún momento, especialmente cuando habla Inoue. Dudé mucho en hacer que Ulquiorra se apiadase o no de Orihime, al final no pasó nada grave (porque pasar, pasó) Espero que no haya quedado ni rastro de OoC en la atmosfera, odio que les cambien la personalidad a los personajes.

En fin, no hay mucho que decir. Creo que cada vez que sale Rangiku se me ve el plumero con las ganas de escribir sobre Aizen, culpadle a mi lado fangirl, que es quien me obliga.

Paso a los agradecimientos: Ulquori, Luka Cifer, Freyaaa, EldaCifer27, mitsuki minami-chan, Myri Weasley28 y Emo Romántica 03 (me gustan los reviews largos, ¡no te preocupes por eso!), ¡muchas gracias por leer! Por supuesto, gracias también a aquellos que lo ponen a favoritos o alertas y a los que lo leen y no dejan review, mientras lo lean.

¡Nos vemos en el próximo capítulo! No sé cuándo actualizaré, pero quizá esta vez pasen más de cinco días.

~ Yume-chan ~