Saludos, antes que nada agradecerles el apoyo a todos ustedes y espero no decepcionarlas con éste capítulo. Nuevamente, la historia se inspira en el libro y película NEVER LET ME GO, los personajes pertenecen a HOSHINO KATSURA, y el titulo de este capítulo, igual que el anterior son de la banda HOT CHELLE RAE. Gracias a mi hermanita por hacer de mi beta y corregirme mis fallas XD.

WITHOUT YOU:

THE DISTANCE

El tiempo paso rápidamente, luego de estar semanas escribiendo canciones agridulces, había por fin discernido cuáles eran mis sentimientos y me sentía preparado para confiar lo suficiente en Kanda como para decirle lo que sentía por él, pero el tiempo y espacio al parecer estaban en mi contra en aquel momento.

Había decidido que ese sería el día en que le diría lo que sentía, sin importar las consecuencias, después de todo, si no me atrevía jamás sabría la respuesta a mis dudas; así que me arme de valor y en ése momento me encontraba peinando mis cabellos y acomodando mi vestimenta frente a un pequeño espejo preparándome para ir a hablar con él cuando oí un crujido que se había producido al ser girado el pomo de la puerta, dibujándose tras de ella una figura familiar y que bastaba con verla para animarme un poco más el día.

-Lenalee…-la salude, acercándome hasta ella con una sonrisa sincera. Desde hacía un tiempo había empezado a tratarla con menos formalismos y más naturalidad, una muestra de que me había salido un poco de mi burbuja y que en ese entonces la consideraba a ella y a Lavi como si fueran mis hermanos. –¿Le…?

Iba a volver a llamarla cuando ella alzo el rostro, borrando con ello de inmediato mi sonrisa mientras se transformaba a una de preocupación; su mirada acuosa y sus mejillas sonrojadas hablaban por sí mismas. Alcé lentamente mi mano enguantada hasta rozar su mejilla recorriendo lentamente el camino que habían trazado con anterioridad sus lágrimas. Antes de que pudiera decir nada, ella negó con la cabeza, apartándose un poco para luego darme un fuerte abrazo, haciendo que me estremeciera por un momento, aún no podía acostumbrarme del todo al contacto físico con otras personas.

-Lenalee, ¿qué ocurre?, ¿le pasó algo a Lavi…?-pregunté, rodeándola igualmente entre mis brazos, mi preocupación reflejándose en el tono de mi voz, esperando servirle de apoyo mientras liberaba sus lágrimas. La vi negar nuevamente con la cabeza, y dude un poco en continuar-¿…Le pasó algo a Kanda?

Algo en mi voz debió llamar su atención, pues tras pronunciar esas cinco últimas palabras termino por apartarse, secándose las lágrimas con la manga de su chaleco, mirándome detenidamente por un momento, como si estuviera buscando algo hasta que finalmente sonrió asintiendo con la cabeza para sí misma, mientras que yo la observaba allí sin enterarme de nada, sintiéndome cada vez más nervioso.

-Me siento triste Allen-kun… -me confesó finalmente luego de un momento de silencio, volviendo a mirarme al rostro mientras que yo esperaba a que continuara hablando, pues ya la conocía lo suficiente como para saber que así seria, se reflejaba en su mirada que si bien antes parecía tan frágil, ahora se alzaba con fuerza y decisión en terminar lo que fuera que iba a decir. –Se que vas a molestarte con nosotros y espero que puedas perdonarnos algún día, pensaba que sería lo mejor mantener un poco las distancias entre nosotros….-la mire sorprendido, empuñando firmemente mis manos mientras intentaba calmarme, esperando que no fuera a decir lo que tanto temía. –No te preocupes…no es que hayas hecho nada malo Allen-kun, tú eres un buen chico-me respondió cortando mi línea de pensamiento al acariciarme con sus delicadas manos el rostro, en un gesto maternal. La notaba tensa, por lo que le di una de mis sonrisas instándola a continuar con lo que fuera que quisiera decirme en ese momento. –Pensamos que sería lo mejor, pero ahora no estoy tan segura y me arrepiento, creo que debimos pasar más tiempo todos juntos estos últimos días…

-¿Éstos últimos días…?-repetí, acabando por comprender sus palabras, mientras asentía con la cabeza, sintiendo que con realizar ese simple movimiento la cabeza me daba vueltas. –Entonces, ¿ya se van a las cabañas…? ¿Cuándo?

-Hoy mismo…-Abrí los ojos sorprendido, sintiendo que la sangre se iba de mi cabeza, empalideciendo por unos instantes hasta que volví a reaccionar, debí haber colocado una expresión terrible pues el rostro de Lenalee no demostraba nada que no fuera preocupación, hasta que al fin salí de aquel trance -¡Allen-kun!

No me detuve a escucharla, no podía hacerlo, no podía creer que el tiempo había pasado tan deprisa y que ya era momento de que partieran, de separarnos. El único pensamiento que rondaba mi cabeza era el nombre de Kanda, una y otra vez, mientras corría rápidamente por los pasillos, sin detenerme a dar disculpas aún si chocaba con la gente, en ese momento nada más importaba, solo tenía que encontrarle y pronto; rogaba mentalmente que si es que existía algún Dios, me permitiera verle aunque fuera una vez más. Lamentaba que la orden negra fuera un lugar tan grande; ya había recorrido todos y cada uno de los lugares que frecuentaba, sin hallarlo en ninguno de ellos, cometí entonces el error de aventurarme a lugares que no frecuentaba acabando por perderme, vagando por los pasillos sin tener consciencia de cuánto tiempo llevaba así; cuando Lenalee había ido a visitarme el sol se alzaba alto en los cielos, mientras que ahora que por fin hallaba una salida, el sol se ocultaba en las montañas, dejando tras de si un velo rojizo como la sangre. Baje la mirada, dejando que mis cabellos me ocultaran el rostro mientras me dejaba caer en el pasto sintiéndome derrotado, maldiciendo mil veces mi estupidez y mi falta de sentido de orientación, aunque más que nada lamentaba haber tardado tanto en comprender lo que sentía.

Luego de un breve momento, volví a levantarme, sobándome los ojos a pesar de no tener lágrimas que derramar, sentía como si mi corazón se estuviera partiendo en pedazos. Todas mis personas queridas, marchándose todas a la vez, ésta era la segunda vez que experimentaba tal cariño para luego ser despojado de él.

Me dirigí lo más rápido que pude hasta el despacho del director Komui, golpeando apresuradamente la puerta para luego abrir; contemplando su rostro apagado me mantuve en silencio, aún sosteniendo el pomo de la puerta entre mis dedos.

-Kanda, Lavi, Lenalee…-nombre a cada uno con voz ronca, mientras intentaba contener mis emociones, apretando el pomo de la puerta con tanta fuerza que acabe temí llegara a romperlo, así que termine por soltarlo –¿Sabe si ya se han ido…?

Komui tardo bastante en recuperar el habla, pidiéndome finalmente que tomara asiento en un gran sofá rojo que se encontraba frente a su escritorio, hice como me solicitaba mientras observaba su rostro; parecía como si de repente hubiera envejecido, su frente tenía el ceño fruncido, formando pliegues en su piel que parecía haber perdido todo brillo y se me hacia tan seca como la arena, y ahí se mantenía en silencio, mirando distraídamente al tazón de conejo en el que usualmente Lenalee le servía su café, aún cuando este se encontrara vacio en esos instantes.

-Allen-kun, se que aún eres un niño, pero al igual que el resto de los alumnos de la orden oscura, no eres como los niños del exterior, eso lo sabes bien, ¿no es así?-alzó el rostro para mirar si le prestaba atención, a lo que simplemente asentí con la cabeza, mientras mantenía la mirada fija en él, centrando mi total atención en su persona. Vi como se removía incómodo en su asiento, por lo cual supuse que lo que vendría seria una charla seria, se acomodo los lentes, mirando con tristeza el tazón mientras lo depositaba sobre la mesa con pesar. –Voy a comenzar respondiendo a tu pregunta. Efectivamente, se han marchado…- Volvió a realizar una pausa, de la cual estuve agradecido. Aun si antes de oírlo sabía que esas serian sus palabras, seguía siendo doloroso, baje la mirada hacia el piso por un momento, mientras alzaba mi voz pidiéndole que continuara, cuidando que no se notara lo roto que me sentía por dentro al hacerlo. –Allen-kun, está bien que te sientas triste, ustedes eran muy buenos amigos…

-Aún lo somos… -le respondí, mi voz sonando más dura de lo que hubiera querido, aún cuando Komui se hubiera mostrado tan amable conmigo. Seguía sintiendo dolor por su partida, era un dolor muy reciente, aún me sentía molesto porque no me hubieran dicho nada y lamentaba que ahora estuviéramos tan lejos pero eso no significaba que dejáramos de ser amigos…. Quizás aún podríamos vernos alguna vez, quizás durante nuestra estadía en el hospital durante las donaciones pudiéramos cruzarnos por algún pasillo…, tal vez. Me mordí el labio inferior, negando con la cabeza para despejar esos pensamientos. Cuando alcé el rostro esperaba recibir una reprimenda por mi falta de respeto, pero, contrario a lo que creía recibí una sonrisa algo triste de vuelta.

-Me alegra oírte decir eso…-me dijo en apenas un murmullo, acomodándose nuevamente las gafas mientras acariciaba el borde de su tazón, con tal expresión en el rostro que por un momento creí se pondría a llorar. –Quisiera hablarte un poco sobre mi historia…, como sabes, Lenalee al igual que los demás alumnos de éste lugar fueron creados para que sus órganos fueran entregados a quienes pagaran por ellos. Yo tenía una hermana, de ella se realizó la clonación para crear a Lenalee, mi hermana era verdaderamente hermosa tal y como lo es ella –se detuvo un poco y decidí no interrumpirlo. Tenía la misma sonrisa triste en el rostro, tan distinta a la que nos mostraba cuando daba sus discursos o nos contaba sobre una de sus nuevas locas ideas para mejorar el funcionamiento de la institución que acababan de forma caótica, como una vez en que se le ocurrió que realizáramos un experimento que acabo volando con casi todo un salón. –Mi hermana murió en un accidente junto con mis padres, yo ya me encontraba involucrado en la realización de los experimentos de Inocencia con los que fueron creados todos ustedes, aunque no participe del tuyo. Cuando murió mi hermana fue cuando realmente me puse a pensar en lo delicada que es la vida y decidí dejar los experimentos para dedicarme a cuidar de la salud y educación de todos ustedes, aunque en realidad, era más un motivo egoísta para poder ver a Lenalee y ver cómo sería mi hermana a su edad….

No sabía que pensar de sus palabras, no sabía nada de ello, aunque siempre me había parecido extraña su actitud hacia Lenalee ahora podía al menos comprenderlo un poco. Le sonreí, al parecer no estaba en sus planes pero por la expresión que tenía su rostro podía saber que finalmente se había encariñado con Lenalee y la quería mucho, no solo por su parecido a su hermana, sino por quien era en realidad.

-Debes pensar que somos horribles, las personas de afuera….

-Para nada…-le respondí de prisa, dudando un poco antes de continuar -Creo que usted, señor Komui de verdad quiere a Lenalee así que para mí no es una persona horrible. Ahora que no está Lenalee… ¿Seguirá siendo director de éste lugar?

-Claro, es mi trabajo-me respondió con demasiada rapidez y con un tono de voz frio que jamás le había oído utilizar, por lo que lo mire confundido, pero volvió a hablar de inmediato, distrayéndome de lo anterior -¿Tienes alguna otra consulta, Allen-kun?

-¿No hay forma de que pueda salvarla?, a Lenalee- le pregunté, pensando erradamente que ya que su hermana estaba muerta, quizás Lenalee no tendría que donar sus órganos y pudiera llevar una vida normal, como era lo que todos, en el fondo de nuestros corazones esperábamos: tener aunque fuera un poco de libertad sobre qué hacer en el futuro, poder estudiar, quizás, tener una profesión, trabajar como el resto de las personas y poder amar a otro sin preocuparnos por cuánto tiempo nos faltara hasta completar. Pero no teníamos esa libertad, ninguno de nosotros la tendría; habíamos nacido por un propósito y tras cumplir con éste solo nos esperaba la muerte, no había necesidad de tener sueños, no teníamos la libertad para volar hacia ellos.

-No debería haber, yo… le ofrecí hacer todo lo que estuviera a mí alcance para lograrlo, para que tuviera una vida normal como si fuera mi hermana, pero ella no acepto, se lo pregunte muchas veces, pero solo decía que había sido creada para las donaciones y así salvar la vida de otros, que aquí tenía a sus amigos y que éste era su hogar…

Aún quería preguntarle más cosas, pero parecía que el director no estuviera allí, si estaba ahí físicamente, pero sus ojos parecían vacios y hablaba como si se tratara de una grabadora repitiendo cada palabra que le habían programado a decir sin emoción alguna. Parecía perdido, pero ¿Perdido en qué?, tal vez en recuerdos de su hermana, tal vez pensando en el futuro de Lenalee, tal vez en su trabajo para crearnos, no lo entendí entonces y nunca lo sabré. Al final eso fue todo lo que hablamos y yo me marche a la habitación sin mirar a nadie, ese día no baje a comer como otros días en que me atiborraba de toneladas de comida ni tampoco fui a la sala de música a tocar el piano. Cuando llegue a mi cuarto y me senté sobre mi cama encontré algo en lo que no había reparado al entrar a la habitación, me desplace hacia el lado, girando el rostro para ver un paquetito envuelto. Enarque la ceja, cogiéndolo entre mis manos con delicadeza mientras le daba vueltas para ver que era, pero no tenía nada escrito, ni un nombre, ni nada que pudiera orientarme sobre quien lo habría dejado en aquel lugar.

Rompí el envoltorio, suponiendo que ya que se encontraba sobre mi cama, debía ser para mí. En la orden oscura todos los alumnos contaban con la misma cantidad de objetos en su habitación, éstos eran la cama, un velador y una radio con reproductor de discos y casete. Cuando abrí el paquete éste contenía para sorpresa mía el disco que tanto le había gustado a Lenalee y que yo sabía era su objeto más preciado que había podido conseguir en los saldos, me sorprendió en sobremanera que estuviera allí, ya que desde que lo había conseguido se pasaba por los pasillos andando y cantando en voz baja alguna de las canciones del disco, pues las conocía todas y cada una de ellas de memoria y no podía comprender por qué razón me lo entregaba. Sostuve con firmeza el disco, mordiéndome el labio inferior, mientras le agradecía mentalmente, recordándome hacerlo en persona la próxima vez que la viera. Me acerque a la radio, colocando el disco mientras lo ponía en reproducir, mirando la caja del disco, leyendo la lista de canciones, deteniendo mi vista en la que me había nombrado Lenalee: "The Distance", colocando esa primero que las demás, mientras me recostaba en la cama a escuchar, cogiendo el resto del contenido del paquete. Había una carta escrita con una letra perfecta y sin faltas de ortografía, sonreí al reconocer la letra.

"Lavi"

En la carta ponía primero un animoso saludo y en mi mente me imaginaba la voz del mismo pelirrojo diciendo cada una de las palabras, me hablaba de que por suerte les tocaba juntos en las cabañas a Lenalee, Kanda y él, que lamentaba que no hubiésemos podido ir los cuatro porque hubiera sido mucho más divertido, haciéndome sonrojar luego al decir luego que en parte era mejor porque así podría hacer "cosas de adultos" con Lenalee; si Komui leyera eso, dejaría su oficina directamente para ir a matarlo, reí ante ese pensamiento, mi amigo era definitivamente un tanto suicida, como aquellas veces que se metía con Kanda conociendo su baja tolerancia a las bromas, al ruido y a todas las cosas que no tuvieran relación con su platillo favorito: soba o con su entrenamiento, por el complejo de samurái que tenia. Leer lo que escribía Lavi me había mejorado increíblemente los ánimos, pero la carta no terminaba allí, la letra había cambiado y luego de leer las primeras líneas comprendí que se trataba de Lenalee, quien me pedía nuevamente disculpas por la distancia que habían tomado conmigo para tratar de hacer que fuera menos dolorosa su partida, al igual que daba disculpas por Lavi y las cosas que escribía. Me reí, imaginándome a Lenalee dándole un golpecito a Lavi por escribir tales cosas y quitarle la carta, seguramente había pasado algo así. Luego de eso, escribía unas notas un tanto maternales, como que me cuidara y alimentara bien –puse una sonrisa nerviosa al leer eso, ya que no llevaba ni siquiera un día sin ellos y ya me había saltado las comidas de ese día-, que no perdiera mis ánimos, ni la sonrisa que tanto adoraba y que siguiera tocando el piano; lo último que escribió fue que escuchara con atención la canción que ella misma me había recomendado.

Di vuelta la hoja para ver si había algo más, pero por el reverso no habían letras, sino un dibujo…

"¿Kanda…?"

Mi corazón se detuvo por un momento al reconocer el trazo del dibujo, siempre prestaba atención a los trabajos de Kanda en la clase del maestro Tiedoll, y el japonés por más que lo negara era muy bueno en los trabajos manuales. Recorrí el dibujo con los dedos, sintiéndome más tranquilo mientras seguía el trazo del carboncillo, se trataba de una flor, la flor de loto; la recordaba porque había visto una vez a Kanda viendo las distintas flores en uno de los viejos libros de la biblioteca, el dibujo de Kanda era una sola de esas flores y era tan hermosa como las que recordaba habían en la imagen. Sonreí con tristeza al ver que abajo tenía escrito con letra mediana "moyashi", me mordí el labio inferior, cerrando los ojos con fuerza después de dejar la carta encima de mi velador, colocando replay a la canción que decía Lenalee.

Cerré los ojos quitándome los pantalones para recostarme con la camisa puesta y los guantes que llevaba puesto, prestando mayor atención al último estribillo de la canción, sintiendo que reflejaba perfectamente la situación en la que me encontraba ahora.

Well I've got my life

And you've got my world tonight

And I miss you (I miss you), I miss you (I miss you)

And just so you know (killing me)

The distance is what's killing me (time and space)

Time and space have become the enemy (enemy)

And what I need is so far away

And so it goes (hard to breathe)

The distance makes it hard to breathe (won't let go)

My heart won't let go easily (easily)

I don't want to be this far away

Lo que necesitaba en ese momento, era estar con Kanda y decirle lo que sentía, pero estaba demasiado lejos y no podría llegar hasta él. Apreté los ojos con pesar, recordando que aún faltaban tres años para que pudiera ir a las cabañas y para ese entonces quizás Kanda estuviera siendo un cuidador, o peor aún, quizás en ese mismo momento ya hubiera completado. Me estremecí ante ese pensamiento, sin poder quitar de mi cabeza la imagen de Kanda esperando a realizar su última donación, no quería que algo así pasara, definitivamente no lo quería. Y así, en la oscuridad de la habitación, finalmente deje que mis lágrimas cayeran.

*La flor de loto crece en el fango y se alza sobre la superficie para florecer, se cierra por las noches y se hunde bajo el agua, al regresar el sol, al amanecer se vuelve a alzar majestuosamente y se abre otra vez, sin haber sido tocada por la impureza. Simboliza la pureza del corazón y la mente, representa la longevidad, salud, honor y buena fortuna.