Welcome to the Rileys

Allison comenzó a mover sus caderas al ritmo de la música, se acercó a la barra metálica y comenzó a hacer giros increíbles mientras decenas de personas la miraban. Llevaba ya un mes el La Vegas y no le había ido nada mal, llamaba a Doug casi a diario para contarle como iba su vida y hablarle de lo maravillosa que era esa ciudad. Él seguía sin aprobar el trabajo de Allison pero, como ella misma le había dicho, era lo que mejor sabía hacer. Al menos, desde que estaba allí había dejado la prostitución, el sueldo que tenía era muy alto en comparación al de New Orleáns, podía vivir en un buen piso, pagar todas las facturas y todavía le sobraba para darse algún capricho de vez en cuando.

Alguien gritó al fondo de la sala, ella no se desconcentró, bajó del pequeño escenario en el que se encontraba y comenzó a pasear entre los clientes de manera seductora, a continuación, volvió a subirse al escenario, apretó su cuerpo contra la fría barra metálica e hizo una acrobacia casi imposible de imaginar mientras los espectadores gritaban y aplaudían eufóricos. Sonrió y le guiñó un ojo a uno de los asistentes que la miraba embelesado desde su mesa.

Hola, me llamo Cameron, te he visto bailar ahí dentro, eres muy buena.

Gracias. –Le dijo Allison sin dejar de caminar.

Esto… ¿cómo te llamas?

Lo miró de arriba abajo y decidió que no valía la pena arriesgarse, optó por no revelarle su verdadera identidad.

Me llamo Emily. –Respondió.

Un placer conocerte ¿te apetece ir a tomar algo?

Allison se paró en seco y lo miró, acto seguido dijo:

Mira, Cameron, agradezco tu intento de ligar conmigo o como quieras llamarlo pero la verdad es que estoy muy cansada, quizás en otra ocasión.

¡Ah! Está bien, vale… lo comprendo, bueno, la verdad es que no pretendía ligar contigo, de todas formas toma –sacó una pequeña tarjeta del bolsillo y se la dio- es mi tarjeta, soy escritor y necesito cierta información para mi novela, me vendría de perlas que tu me ayudases, llámame cuando tengas un rato libre.

Ella se quedó un momento mirando la tarjeta, luego la guardó en el bolsillo y sacó las llaves de su coche.

Está bien, te llamaré cuando pueda.

Gracias. –Dijo el escritor mientras sonreía.

Que pases una buena noche. –Dijo ella mientras abría el coche y se metía dentro.

Lo mismo digo.

Allison le dirigió una última sonrisa y acto seguido arancó el motor, condujo hasta el pequeño apartamento en el que se alojaba. Cuando llegó, abrió la puerta, tiró al suelo la mochila en la que llevaba la escasa ropa que utilizaba en sus actuaciones, fue hacia la cama y se dejó caer. Ni siquiera se desvistió o desmaquilló, estaba tan cansada que en ese momento no podía pensar en nada que no fuera dormir, esa noche se le había hecho especialmente larga. Sabía que debía llamar a Doug pero pensó que a él no le importaría que la llamada la realizara al día siguiente. Esa noche soñó con Cameron, a eso de las 9:00 se despertó, estaba sudando y respiraba entrecortadamente, había tenido otra pesadilla. Se encontraba de nuevo en New Orleáns, cuando Doug no había aparecido todavía, estaba trabajando en el club cuando un nuevo cliente entró, se lo llevó a la habitación y allí le contó la verdad sobre quien era, resultó que ese hombre era un policia, la detuvieron y la metieron en la carcel.

Se levantó de la cama y fue directa al baño, se dio una ducha y cuando hubo terminado se preparó algo de comer. Después decidió llamar a Doug y hablarle sobre lo que había pasado a noche.

Ya sabes que confío plenamente en ti, lo que me preocupa es que esa persona no sea quien dice ser y te pase algo malo, ya sabes que si necesitas algo estamos aquí.

Lo sé, muchas gracias, en serio, si tengo algún problema te llamaré, pero ahora tengo que colgar.

Está bien, cuídate.

Una vez que colgó sacó la tarjeta que Cameron le había dado la noche anterior y marcó el número que aparecía impreso, esperó unos segundos y al final concertó una cita con el escritor ese mismo día, a la hora de comer en un restaurante cercano al club en el que ella trabajaba.

A la hora acordada ella se presentó en el lugar y lo vio sentado en una mesa que estaba al fondo, llevaba una camiseta blanca y una chupa negra por encima que contrastaba con sus ojos azules y combinaba con su pelo rubio, no tenía la apariencia del típico escritor, se acercó a él.

- Hola, ¿llego tarde?

Él levantó la vista de unos folios que había estado revisando hasta el momento y sonrió.

No, yo he llegado pronto, siéntate. –Dijo mientras señalaba la silla vacía.

Bueno y… ¿en que consiste todo esto? –Preguntó ella.

Verás, necesito documentarme para escribir mi novela, va a tratar de una bailarina que trabaja en un club… poco recomendable, por asi decirlo y que tras una serie de circunstancias, después de haber vivido en la miseria y haber padecido mas de un infortunio, alcanza una buena vida, mucho mejor de la que lla había soñado jamás.

¿Y que pinto yo en todo esto?

Pues… necesito que me cuentes cosas… de tu profesión, tengo que conocerla a fondo para poder crear un personaje realista.

Ajá, entiendo aunque… no sé por qué tienes que preguntarme a mí, hay miles de chicas en Las Vegas que hacen lo mismo que yo, incluso tu mismo podrías trabajar en un club como esos.

Lo sé, pero la protagonista es un personaje femenino y para que sea más real necesito que una mujer me cuente con detalle como es ese mundo.

Está bien, esto irá para largo ¿qué es lo que quieres saber? –Dijo mientras se cruzaba de brazos sobre la mesa.