No tengo excusa ni perdón por la tremenda demora… excepto mencionar que tuve una mudanza, medio cielorraso caído en mi dormitorio, exámenes finales, un incendio (una habitación quedó medio destruida, y el resto de la casa, cubierto de hollín), inundación en la mitad de la casa, Navidad y Año Nuevo con visitas, un perro viejito y enfermo… sí, estuve un tanto atareada.

Una vez más, los personajes y la trama son de Suzanne Collins, la redacción pertenece a huckin-cupakes, yo sólo traduzco.


Respecto a la fenomenal portada que el fic luce ahora, se la debemos a Dani-vg9806. Al respecto, ella explica:

"La idea de este Fan-Art fue interpretar por el dibujo literalmente, el nombre de la novela. Y como se llama A TRAVÉS DEL OJO[...], bueno, lo dibuje en sentido literal. Por ser tan pequeño no se nota, o se nota muy poco, pero en la pupila del ojo vemos varios cuadros con dibujos pequeños dentro de cada uno de estos cuadros. Estos cuadros son las pantallas del cuarto de los Mentores y los pequeños dibujos muestran a los diferentes tributos... En un cuadro podemos ver a dos profesionales, bajo una carpa al lado de la pila de suministros. En otro cuadro vemos a Rue con la lanza en su pecho, en otro vemos una de las fogatas de Rue y Katniss, en otro en la esquina vemos la cornucopia (la de la película), y en otro, muy en la esquina a duras penas visible, a Thresh en medio de un campo de trigo. El tiempo de estos cuadros no es el mismo, hay cosas de antes y después, pero no recuerdo muy bien que pasaba simultáneamente en esta parte del libro. Ahora, las situaciones pueden estar diferentes al libro, pero es más porque me guié de la película, puesto a que el libro no lo he leído en un buen tiempo, y mi memoria tiene a fallar."

¡Gracias por tu tiempo y tu arte, Dani!


Recapitulando:

En el último capítulo, Peeta despertó por fin de la dosis de jarabe somnífero que Katniss le había hecho tragar para ir a buscar la cura de la septicemia en el Banquete y atendió las heridas de Katniss.

Johanna le dio una palmadita en el hombro a Chaff, que está teniendo que ver cómo Cato persigue casi sin descanso a Thresh; los Agentes de la Paz le advirtieron a Johanna que el contacto entre Mentores está prohibido, a lo que ella les respondió que por supuesto esa palmadita significa que su distrito está en plena rebelión y que ella estaba invitando a los demás a unirse a la fiesta.

Chaff trató de minimizar la situación, pero Johanna (por supuesto) no pudo dejar las cosas como estaban, sino que anunció públicamente que el Capitolio no tiene a nadie que usar contra ella y que su distrito efectivamente se estaba rebelando. Un dardo salió disparado de una pared y la dejó inconsciente, no sin que antes ella mascullara que todos los demás (Finnick, Chaff y Haymitch) eran unos cobardes.

Los Agentes de la Paz se llevaron a Johanna a la rastra, nadie sabe a dónde ni a hacerle qué. Haymitch se dice que de momento rebelión es lo último en su mente.

¿De acuerdo hasta ahí? Entonces, vamos al capítulo siguiente:


Johanna.

No puedo imaginarme qué la impulsó a decir algo como eso. Tampoco puedo escapar a la culpa de que yo no hice nada, pero sólo alguien con un deseo suicida trae a colación la idea de una rebelión en los Cuarteles Generales de los Juegos, con los Organizadores de los Juegos cerniéndose sobre botones que pueden causar dolor y muerte en cuestión de segundos, y con Agentes de la Paz portando armas por todo el lugar. Si yo hubiese luchado, probablemente hubiese acabado inconsciente y encerrado también, ¿y qué hubiese pasado entonces con mis Tributos?

Años atrás, alguien del Distrito 10 cometió el error de burlarse de los Organizadores de los Juegos, y si bien él sobrevivió, sus tributos fueron "eliminados" de los Juegos. No he vivido lo suficiente como para saber qué hacen cuando dices algo y ya no tienes tributos que puedan herir. Supongo que no pueden herirte si eres lo suficientemente querible. Entonces la audiencia del Capitolio empezaría a hacer preguntas. Pero eso me hace preguntarme… ¿es Johanna lo bastante querible?

No puedo ni hablarle a los otros Mentores de esto, porque no quiero poner nervioso a Seneca. Es frustrantemente irritante, como si me picara en un lugar que no alcanzo a rascarme por mí mismo pero nadie parece dispuesto a ayudarme. Chaff y Finnick han estado completamente silenciosos desde que Johanna fue arrastrada fuera de la puerta, y hasta Effie ha estado inusualmente callada desde su regreso, como si supiera que algo está pasando. Siento las paredes de este lugar cerrándose a mi alrededor y tomo otro trago de mi sustento líquido, tratando de mantener mi cabeza despejada. Lo que sea que le estén haciendo a Johanna, no hay nada que yo pueda hacer por ella. La única gente a la que le puedo ayudar es a mis Tributos. Aprieto los dientes y trato de prestarle atención a mis chicos, conscientemente empujando a Johanna al fondo de mi mente y tratando de convencerme que preguntar por ella sólo lo hará peor. Tal vez, si sólo ignoramos lo que pasó, serán menos duros con ella…

—Haymitch dijo que tomaría trabajo convencerte.

El sonido de la voz de Peeta diciendo mi nombre me saca de mi ensimismamiento, y vuelvo mi atención hacia él. Sólo estuve escuchando con poca atención la conversación, por lo que le toma un minuto a mi cerebro caer en la cuenta qué está pasando en la pantalla en vivo. Que es, que él está hablando de sus sentimientos por ella.

—¿Haymitch? ¿Qué tiene que ver él con esto?

Más de lo que nunca querrás saber, Preciosa pienso para mí, arrancándole la etiqueta a mi última botella. Sé que pasó el último día desangrándose, pero me gustaría que se apurara y regresara al juego. Para ser una chica tan inteligente, para mi gusto a veces ella sólo no es lo bastante rápida en entender qué pasa. Se tira de cabeza en situaciones de vida o muerte sin un segundo pensamiento, pero pedirle que se detenga a pensar es imposible. Conseguir su participación en un romance es como tratar de estrujar sangre de una piedra, y no luce muy genuino si sólo parte de Peeta todo el tiempo, como hasta ahora. Cualquier chica puede besar a un chico, pero Katniss necesita añadir algo de sustancia a esa relación. No luce tan real si las palabras sólo salen de la boca de Peeta. Su parte es maravillosa, seguro, pero la parte de Katniss, tan carente de brillo, deja que desear. Tal vez es porque la participación de Peeta es real, mientras que Katniss sólo está actuando.

—Cato y Thresh, ¿eh? Supongo que es demasiado pedir que simultáneamente se maten el uno al otro —dice Peeta.

Me muevo incómodo en mi silla y miro a Chaff, que aún está mirando a Cato y Thresh con expresión estresada, completamente ignorante de cuanto pasa a su alrededor. Por él estoy hinchando por Thresh, pero definitivamente harías las cosas más fáciles más adelante si los dos se mataran el uno al otro. En las pantallas estuvo teniendo lugar un incansable juego del gato y el ratón, durante horas. Thresh no es capaz de descansar lo suficiente antes de que Cato esté de vuelta siguiéndole la pista, persiguiéndolo por los campos de grano. Cato parece volverse más fuerte y feroz con cada hora que pasa, mientras que Thresh parece agotado, listo para colapsar en cualquier momento, a pesar de su constante caminata. El chico tendrá la contextura de un toro, pero eso no significa que no pueda cansarse como el resto de nosotros. Le falta el puro espíritu que Cato tiene.

—Creo que nos hubiese caído bien Thresh. Creo que en el Distrito Doce hubiese sido nuestro amigo —replica Katniss.

—Esperemos que Cato lo mate, así no tenemos que hacerlo nosotros.

Katniss, que parece tomar todo tan estoicamente, lagrimea, y Peeta le pregunta si siente dolor, pero yo sé la verdad. Thresh le salvó la vida, y la única manera de que ella pueda salir con vida de este lugar es si Thresh pierde la suya. Es fácil vovlerse loco en la Arena si empiezas a pensar acerca de eso. Yo debería saberlo. Deseo que pudiese estar ahí con ella, para decirle que mantenga la cabeza fría y que no piense en nadie más que en ella misma. Eso es imperativo para su supervivencia. Al final del día todos son descartables, mientras no seas tú.

La vulnerabilidad de Katniss sale a la lauz para que todos la vean cuando le dice a Peeta que quiere ir a casa. La debilidad es generalmente mal vista en la Arena, pero si puede recomponerse rápidamente, mostrar emoción humana puede incluso ser beneficioso. Espero que lo sea, al menos. Miro de reojo a Effie, que está aferrada a un pañuelito, y suspiro de alivio. Effie es siempre está pensando lo que el resto del Capitolio está pensando, de manera que si ella piensa que es encantador que Katniss esté perdiendo la razón, hay posibilidades que el resto piense eso también.

Peeta monta guardia mientras Katniss vuelve a dormir, y por un largo rato no hay más sonidos que la lluvia, el susurro de la hierba cuando Cato persigue a Thresh, y el ruido de los Agentes de la Paz cambiando de turno detrás de nosotros. No hay nada más en que pensar que el hecho que Johanna está en una habitación en algún lado, que le están haciendo vaya uno a saber qué, mientras yo estoy acá sano y salvo. A medida que el tiempo pasa esa picazón se vuelve insoportable, y después de tragar el resto de mi botella me giro a mirar la luz parpadeante que indica que estoy siendo filmado. Seneca puede oírme ahora, donde sea que esté en esta maldita prisión. Camino hacia la mitad de la habitación y abro la boca, deseando decirle exactamente lo que pienso.

—Haymitch —advierte Finnick. Puedo oír su advertencia implícita: tus Tributos, viejo.

Aprieto los dientes, sabiendo que Finnick tiene razón. Sería jugar con sus vidas decir algo ahora mismo. Sólo porque la audiencia ama a mis chicos no quiere decir que estarán a salvo de la ira de los Organizadores de los Juegos si yo digo algo. Pero no puedo abandonar a Johanna. La estúpida chica necesita a alguien que se preocupe por ella. Estoy parado ahí, mirando a la cámara, sopesando mis opciones.

—Seneca —dice de pronto una voz detrás de mí, con tranquila convicción—. Manda a Johanna de regreso, antes de que nos fuerces a hacer algo estúpido. Hazle saber a Snow que pienso incitar una rebelión yo mismo, si eso es lo que toma.

Me giro, y Chaff está tranquilamente sentado en su silla, mirando al fondo de la habitación sin parpadear. En su pantalla, Thresh aún está abriéndose camino por los campos, como ha estado haciendo por horas, sin saber qye las palabras de su Mentor han sin duda lo han metido en una gran cantidad de problemas con la gente que está controlando su destino.

Acusadoramente fulmino con la mirada a Chaff, y él me devuelve una mirada inexpresiva, antes de girarse de regreso a su pantalla. Es como si él supiera lo que va a pasar, y se hubiese resignado al hecho que su tributo va a morir en la Arena, de una manera u otra. Él sólo está acelerando el proceso. Los Agentes de la Paz no van a tocarlo, no cuando tiene un tributo que usar en contra de él.

Y aquí estoy, de pie en medio de la habitación, luciendo como un absoluto cobarde. Da igual, Chaff, les hizo saber lo que pensamos, y si yo añadiera algo sería convertir innecesariamente en objetivos a mis Tributos, ¿no? Pero no puedo quedarme callado, ¿o sí? No puedo dejar a Chaff solo poniéndole el cuerpo a las balas sin más.

—Siéntate, 'Mitch —murmura Chaff.

—Pero–

—Abernathy —salta él, señalando con la cabeza a la pantalla donde Katniss está durmiendo—. Siéntate.

Le lanzo una última mirada amenazante a la luz parpadeante antes de regresar a mi asiento. Finnick me pasa la botellla y la tomo, echándome atrás en la butaca para observar a mis tributos. Thresh estará muerto lo bastante pronto, y aunque Chaff aún tiene un ojo puesto en su pantalla, intermitentemente mira hacia mi parte de la pared de pantallas, centrándose en Katniss.

Después de una hora mirando por el rabillo del ojo a Chaff mirando a Katniss, giro mi cabeza por completo, para hacerle saber que sé lo que está haciendo. Encuentro los cansados ojos de un hombre que he conocido por 23 años, y puedo ver el mensaje que hay en ellos tan claro como la luz del día.

No la dejes perder, Haymitch.