Al principio no era nada más que un pequeño bulto sin importancia rodeado de grandes bellezas. Nadie me hacía caso porque mis hermanas eran jóvenes, esbeltas y maravillosas. Pero ellas iban desapareciendo una a una cuando eran tan magníficas que yo querría morir de vergüenza; y mientras tanto, yo crecía.

El tiempo pasaba y había una persona muy interesada en mi crecimiento. Mi fiel guardián. Me alimentaba y me cuidaba, me protegía y hasta me ponía una música preciosa para que no me aburriera. Estaba creciendo, era más alta y también más peligrosa. Una suave melena me embellecía y llegó un momento en que adquirió el precioso color escarlata que tanto caracterizaba a mis hermanas.

En ese momento yo era realmente feliz y por eso no me daba cuenta de que a mi alrededor había otras bellezas como yo. En mi vanidad, yo me creía la mejor y pensaba que todo lo demás sobraba. Pero sobre todo, me rodeaban otras recién nacidas que me envidiaban con deseo. En los pocos instantes en los que no pensaba en mi brillante hermosura yo pensaba "No os preocupéis, creceréis y seréis hermosas. Como yo". Pero realmente no me importaba.

Mi guardián me seguía visitando todos los días y yo notaba que estaba orgulloso de mí. Me solía susurrar "Pronto, muy pronto, ya" con esa voz grave que tanto aprendí a querer. Los días pasaban y yo era feliz, era la reina de mi mundo, o eso era al menos lo que yo pensaba.

El sol me acariciaba con sus tiernos rayos. Disfrutaba especialmente mientras me alimentaba bajo el astro rey y podía respirar tranquilamente. De repente, una sombra me sobresaltó. Sin embargo, en cuanto me di cuenta de que era mi querido guardián me alegré mucho. A mí me solía prestar más atención que a las demás. Me hablaba y me llamaba por mi nombre: Violet. Era un nombre hermoso, como yo.

Se acercó como muchas otras veces hacía. Sorteó con experiencia aquellas partes de mi cuerpo que podrían herirle, aunque es lo que menos hubiera deseado. Estaba tan cerca de mí… ¡era tan feliz! Al momento siguiente me invadió una sensación de sorpresa. Hacia mí se acercaba un frío metal que resplandecía bajo los rayos solares. Me rodeó el cuerpo con rapidez y, durante un momento, no pasó nada. Después, el afilado acero se cerró produciendo un sonido metálico que hizo que me recorriera un terrible escalofrío. Mi cuidador me levantó del suelo con dulzura y olió mi fragante esencia. Mientras tanto me hablaba en susurros, para que las demás no le oyeran y no tuvieran envidia.

- Ya eres muy hermosa, mi Violet Carson. Eres realmente la más maravillosa. Estoy seguro de que le hubieras encantado a Valerie. Pero tú tienes un destino aún más importante que ser una bella ofrenda en su altar. No. Tú serás mi nota para esos criminales. Tú eres mi regalo especial para Prothero.

Perdí la consciencia y, aunque sabía que no volvería a recuperarla, era feliz. Serviría para los planes de mi amado guardián.


Sé que realmente no tiene que ver mucho con la historia de V de Vendetta, pero es mi pequeña ofrenda para esas rosas que tanto significaban para V. Saludos - Selenia.