Niña de mi alma.

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Cap.34:Crepusculo perfecto.

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BellaPOV.

Cansada de ese feo sonido dejé mi guitarra a un lado de mi cama, incapaz de sacar al menos una sola nota correctamente, los nervios me estaban trastornando.

Tocar la guitarra siempre me había relajado, pero parecía que ahora eso ya quedaba en un pasado muy lejano, lo que sentía rayaba de una simple agitación.

Estaba sola en mi habitación, bueno en realidad estaba sola en toda la casa, esperando a mi perfecto novio vampiro.

Y era viernes.

Todavía no entendía la necesidad de Alice de decirme esas cosas unos días antes, había tenido en mente ignorarla, no iba a ponerme bonita ropa interior solo porque ella me lo decía, claro que al final termine por no llevarle la contraria aunque seguía molesta con ella por tenerme tantos días en tensión absoluta.

Hoy me había levantado agitada, estuve distraída en el instituto y cuando llegué a casa Edward ni siquiera entró, solo me había dicho que subiera a mi habitación que él tenia "recados" que hacer. Un fugaz recuerdo de cuando nos conocimos en el supermercado me vino a la cabeza de repente.

Había entrado lo mas tranquilamente posible, pero no estaban ni mi madre ni mis hermanos. Oh, me falto mencionar la parte en donde casi muero cuando entre a mi cuarto y leí la nota que Edward me había dejado sobre la mesada. Su camiseta estaba en el suelo, de los topless de la ultima noche.

Había sido bastante claro al respecto, mi novio me pidió específicamente que me preparase un bolso con ropa cómoda para dos días. Claro que con Alice y su nariz impertinente ya todo estaba arreglado. Me pregunto si habrá visto todo o solo tuvo que entrar en mi habitación y leer la nota de Edward. Mi bolso estaba armado sobre mi cama y a su lado había un vestido blanco y un par de zapatos; bajos, seguramente para intentar hacer buena letra.

Me puse roja cuando decidí abrir el bolso para ver su contenido: había desde pequeños shorts, hasta remeritas de tirantes, todo lo demás estaba lleno de ropa interior muy, muy atrevida. Con las piernas temblando saque un montoncito de esa tela transparente y fina. ¿Ella esperaba que me pusiera esto? O aun peor, ¿esperaba él que me pusiera esto?

Me puse las manos sobre el rostro caliente cuando la realidad comenzó a trepar sobre mi. La espera se había acabado, en poco mas de horas Edward y yo seriamos una sola persona, disfrutando físicamente.

Alice había tenido razón, y yo muy en el fondo también sabia que ella no se equivocaba, pero aquí, esperando que él regresara a buscarme rodeada de esa lencería atrevida, la cosa era bastante diferente.

Temblando de miedo y ansias tome la ropa que había sobre la cama y el conjunto de ropa interior mas lindo que encontré; uno de color azul marino con los bordes en plateado.

Entre en el baño y me desnudé rápidamente. Oh no, ¿Qué pasaba con el tema de mi… cosita sin depilar? O sea, no es que estuviese muy peluda pero, ¿Edward esperaba acaso que me depilara o algo así?

Intenté restarle importancia, ya era tarde como para estar dándole vueltas a esos asuntos, abrí el grifo de agua y me mire en el espejo; estaba con las mejillas coloradas y el pelo revuelto, mis uñas pintadas con el esmalte saltado estaban todas mordidas, como las uñas de una típica adolescente, mi cuerpo lo veía bien, aunque siempre infantil para mi gusto, ojalá tuviese las curvas de Rosalie o de Alice… esperaba ser suficiente para él.

Me di un baño rápido y me coloque con mucho mimo la ropa interior pero las malditas bragas se me metían en el trasero, ¿eso iba así?

Estaba luchando con el sujetador cuando sonó mi celular anunciando un mensaje, mi corazón comenzó a palpitar alocadamente, por suerte solo era la metida de Alice:

"Esta perfecto así. Se le llaman tangas, ya te acostumbraras. Mucha suerte.

XOXO."

Oh no, esto ya era acoso.

"Ni se te ocurra andar husmeando Alice Cullen."

Le respondí, por suerte no contesto más.

Me eché sobre la cabeza el delicado vestido blanco hasta la rodilla, tratando de no mirar como el sujetador apretaba mis pechos y hacia marcar mis pezones. Me peine con rudeza, minuciosamente, cada vez respirando mas agitada. ¿Cuánto tiempo tenia antes de que llegara Edward? ¿Por qué de repente me sentía tan desquiciada?

Luego de calzarme los zapatos me tiré en mi cama con mi guitarra, intentando relajarme con las notas desiguales que llegaba a formar. Luego de quince minutos aquí estaba yo, muerta de miedo. Y Edward que me hacia esperar. ¡Joder! ¡¿Quería acaso que muriese de un colapso mental?!

Me asusté cuando lo vi parado en la puerta, observándome con los ojos oscuros. Madre mía, estaba exquisitamente hermoso con esa fina camisa negra que resaltaba todos sus músculos, el pelo como siempre alborotado y su palidez perfecta e inhumana. Me robó el aliento por varios segundos.

Una lenta sonrisa se apoderó de su rostro mientras caminaba hacia mi. Esto estaba mal, sentía como miles de cables electrizantes me azotaban el cuerpo con cada paso que daba, era como si estuviésemos atados con cintas de goma y que la distancia entre nosotros nos tomase un gran dolor y esfuerzo. Me acarició las mejillas con sus dedos muy helados, ¿o yo estaba muy caliente?

-Estas hermosa, ángel. ¿Estas lista?

Carraspeé intentando formar palabras coherentes en mi cabeza, parecía que me había tragado la lengua.

-Si, si estoy lista –contesté.

Lo mire fijamente quedándome atrapada con su belleza, dios lo amaba tanto que hasta dolía.

Me tomó de la mano y la acercó lentamente a sus helados labios, besando mis nudillos con cuidado.

-¿Estas segura de esto? –preguntó-. Porque una vez que te saque de aquí no creo que pueda volver.

Agh maldición, ¿Cómo me decía esas cosas y esperaba que estuviera todavía cuerda? ¡Claro que lo quería! Lo quería a él, quería su amor incondicional y su deseo aplastante.

-Sabes que si –dije coquetamente. Me acerqué a besarlo, impaciente por sentirlo más cerca de mí.

Me rodeó el cuerpo con los brazos y me aplastó contra su pecho de piedra, reclamando mi lengua y mis labios con los suyos. Gemí en su boca, si seguía haciendo eso no llegaríamos a ningún lugar donde quería llevarme… un momento, ¿pensaba llevarme a algún motel o algo así? No, él no sería capaz.

Las únicas cosas que se le ocurrían a Edward eran románticas y perfectas, y esa noche seria una prueba más de eso.

Se rio entre dientes cuando, prácticamente, me despegó de él. Me besó la frente, tomó mi bolso lleno de ropa provocativa y me llevó camino a las escaleras. Lo miré de reojo, se veía endemoniadamente hermoso y sensual y lo peor de todo: tranquilo. ¿De donde acumulaba tanta paz este hombre?

No pude evitar sonrojarme cuando eché un vistazo a la puerta cerrada de la cocina.

-Emm, Edward… ¿mamá está aquí? –susurré lo más bajito posible, ignorando que, siendo mi familia vampiro, se escucharía en todas partes.

-Claro que no –frunció el seño cuando me miró, precavido-. ¿Quieres quedarte? –preguntó preocupado. Era obvio a que se refería si estaba arrepentida.

-¡No, no! Quiero ver tu regalo –me sonrojé ante lo último, captando un doble sentido. ¡Dios que mente pervertida tenía!

Se rio entre dientes antes de tomarme en brazos y cargarme hasta el Volvo. Mi cara no podía estar mas roja de lo que ya estaba. Rápidamente aceleró en una dirección desconocida.

El estaba tranquilo dentro del silencio que habíamos formado, y yo, no podía quedarme quieta en mi lugar por mas de tres segundos.

Me daba miedo mirar hacia atrás y darme cuenta de lo mucho que habíamos recorrido juntos. Él era mi salvador, mi héroe, la maravillosa persona que me había rescatado de entre la mugre de las calles. Lo había visto como un hermano y luego como un amante, alguien en quien yo podía confiar, alguien a quien le entregaba absolutamente todo, hasta mi cuerpo.

Parecía mas nervioso cuando giró en una curva cerrada y tomó camino por una carretera de tierra. Mi corazón parecía querer correr fuera de mi pecho y perderse en algún lugar lejano. ¿Porqué Edward estaba nervioso de repente? ¿Lo había abrumado por fin la realidad de lo que pasaría esta noche?

Cuando la carretera terminó en un espacio abierto no pude evitar abrir la boca de la sorpresa. Estacionó el Volvo.

-Espero que… no sea demasiado –comento con una hermosa sonrisa de lado, esas que me robaban el aliento.

Observé maravillada el regalo de Edward frente a mí. En un acogedor espacio entre los arboles del bosque se situaba una reconfortante cabaña de un solo piso, con techo de tejas, paredes de madera de roble, grandes ventanales antiguos y una enorme chimenea asomando a un lado, con un insistente humo gris saliendo de su boca.

-¿No te gusta? –se removió en el asiento, incomodo, malinterpretando mi silencio.

Me desabroché el cinturón y me lancé sobre sus brazos, quedando colgada sobre él.

-Oh, Edward, esto es perfecto, ¿estas loco, como no va a gustarme algo así? –dije entre lagrimas.

Rio entre dientes al tiempo que se relajaba y escondí mi rostro en su cuello. Edward me había regalado una casa, ¡me había regalado una casa! Bueno, una cabaña… pero era mas o menos lo mismo. ¿Este lugar era para nosotros entones? No quedaba tan lejos de la casa de Esme, Dios mío, ya no podía reconocer el lugar donde había estado los últimos años como propio, ¡ahora tenia una enteramente mía! Nuestra.

Se bajó rápidamente del coche y me abrió la puerta como todo un caballero. Puso una llave en mi mano cuando por fin estuve fuera del Volvo.

-Adelante –me animó-. Hecha un vistazo. Yo… llevaré las maletas.

Asentí con la cabeza incapaz de decir algo coherente, las palabras no se querían formar en mi mente así que ni intentar decirlas. Caminé por el estrecho pasillo de piedra iluminado tenuemente hacia la puerta de mi hogar.

Edward se estaba tomando su tiempo con los míseros bolsos pero que mas daba, yo quería entrar. Me apresuré a colocar la llave en su sitio y entrar rápidamente. El interior estaba iluminado con velas y un par de lámparas colocadas a cada extremo de lo que vendría a ser la salita de estar, a lo lejos podía ver el fulgor del fuego encendido doblando por la derecha, allí, había un comedor diario pequeño; con un sillón mediano y una televisión de pantalla plana, seguí adelante, emocionada por lo que veía. La decoración era hermosa y sencilla, con los muebles en madera, mucho vidrio y las sillas y sofás de cuero.

Había un pequeño baño, pero lo suficientemente grande para meter dentro una bañera circular con hidromasajes. Alrededor de esta misma había preparado un sinfín de velas aromáticas de color rojo y dorado y esencias y sales para preparar el mas delicioso de los baños.

Mi mente parecía que se había derretido por el calor acogedor de la pequeña cabaña, el aroma a roble y a vida silvestre entraba a raudales por una ventana semi abierta en un largo corredor que llevaba a unas puertas grandes y con decorados en la madera. La abrí lentamente, maravillándome con la espaciosa habitación que había al otro lado.

Lo mas hermoso y enorme de todo aquello era la cama que se encontraba en el centro, sin mas iluminación que una lámpara encendida a un lado, junto a una pequeña mesita y un sillón de cuero blanco. Me descalcé al instante, solo para sentir la sensación suave y almidonada de la alfombra roja debajo de mí. La gran cama me había hipnotizado, en esa habitación hacía mas calor que en cualquier otro lugar de la casita, amaba el cobertor de color dorado, como los ojos de Edward.

Me acerqué y con deliberada lentitud pasé la mano por la suave cubierta de la cama. Me sobresalté cuando una mano helada me acarició la piel de la espalda que mi vestido dejaba al descubierto.

Las manos de Edward corrieron mi cabello hacia un lado y rodearon mis brazos para acariciarlos lentamente, muy lentamente, desde los codos hasta los hombros.

-¿Te ha gustado? –susurró con voz ronca sobre mi cuello.

Mi corazón comenzó a palpitar fuertemente contra mis costillas al tiempo en que me sonrojaba.

-S-si me encanta, esto… no se como, agradecerte –dije entrecortadamente, casi sin aire.

-Puede que se me ocurra algo –ronroneó mientras me bajaba el cierre de la espalda. Oh mierda, oh joder, ¿ya, ahora? Me tensé como un palo-. Si quieres puedes tener unos minutos humanos –me ofreció.

Negué con la cabeza y me volví a estremecer cuando bajó las tiras de mi vestido. Dios, madre mía, en cualquier momento se caería y quedaría con esa ropa horrorosamente fina y traslúcida. De repente me entró una desesperada necesidad de ponerme algo mas decente.

Y ni hablar del tema de mi…, ya.

Me rodeó con sus brazos para que el vestido no caiga y apretó mi espalda contra su pecho de piedra. Gimió de frustración sobre mi cuello.

-Oh Bella, ángel por favor, si no quieres… detenme ahora, ya Bella –me dijo en un tono torturado, como si estuviese usando todo su autocontrol para no lanzarse sobre mi cuerpo.

Se me hizo agua la boca. ¿Qué me rogaba? ¿Qué lo detenga si no quería hacer esto? El deseo tan cuidadosamente contenido estalló dentro de mi, como una muralla que se viene abajo y deja correr el agua. Ya tenia mas de dieciséis años, y a pesar de ser tan joven, tan distraída y tan desastrosamente insegura con mi cuerpo, estaba mas que dispuesta a entregarme a Edward, de darle absolutamente todo.

-Edward –jadeé terriblemente excitada. Si, lo reconocía, tenia la entrepierna sensible.

Rogué:

-Bésame.

Me dio la vuelta con esa sobrehumana rapidez que lo caracterizaba y me alzó de la cintura para juntar sus labios con los míos en un beso desesperado, lleno de hambre y lujuria.

Ronroneó seductoramente cuando enrosqué mis piernas en sus caderas y lo apreté contra mi cuerpo. Me aparté de él para poder respirar y me estremecí cuando atravesó la tela de mi ropa con sus dedos, tocando mi piel ardiente con suavidad.

Jadeé cuando se deshizo rápidamente del vestido, quedando en ropa interior colgada de su cuerpo, Edward me besó la mandíbula, el cuello y el inició de mis pechos, todavía apretados dentro del sujetador azul.

Me inclinó hacia atrás muy despacio, presionándome contra el cobertor dorado y debajo de su cuerpo de piedra. Con las manos apoyadas a cada lado de mi cabeza se alejó la distancia de sus brazos extendidos para observarme fijamente, con sus ojos negros llameando deseo puro.

Miró de arriba abajo sin perderse ningún detalle, con esa atenta mirada, con anhelo y fascinación, me sentí cohibida. El muy cabrón encima se rio de mi colorado rostro.

-Eres tan hermosa… -susurró antes de besarme de nuevo.

Mis manos por si solas se encargaron de su camisa y de acariciar los perfectos músculos de su pecho, espalda y estómago. El pudor se fue al diablo mientras Edward rompía mi sujetador azul y lo lanzaba a lo lejos, besando y acariciando todo lo que podía de mí.

Fue bajando con besos desde mi cuello hasta mi vientre y subiendo de nuevo hasta sacarme gemidos ya incontrolables. Él mismo se apresuró a quitarse los pantalones y colocarme a ahorcadas sobre sus caderas para que yo pudiese disfrutar de su cuerpo como el había hecho con el mío.

Me moví sobre él para besar y acariciar a mi antojo todo lo que quería, oyendo maravillada sus jadeos entremezclados con los míos. Mi nombre dicho con esa voz tan ronca y fuera de sí me estaba llevando a vagar por las estrellas. Lo besé en la boca y sin darme cuenta comencé a buscar un poco de fricción, rozando sus caderas contra las mías. Lo llevé a la locura.

Con un gruñido animal se deshizo de mis bragas, arrancándolas a jirones y giró sobre si mismo para inmovilizarme contra el colchón. Abrí mis piernas, impaciente por sentirlo de una buena vez. Joder, sentía mi zona mas intima llorando por un poco de algo, no sabia que mierda me pasaba pero quería que Edward me rozara allí.

Bajé mis manos para acariciarlo, primero tímidamente por encima de su ropa interior y luego mas audaz hasta quitarle los bóxer ayudándome con mis piernas. Dios mío, Edward era hermoso, perfecto y suave al tacto de mi mano sudorosa. Me maravillé de lo listo que estaba para mí.

-Bella… -gimió lentamente mientras mi mano se movía sobre él. Ante esa vista sentí otro nuevo y aplastante calambre de placer que me recorrió entera y se situó como un nudo mas en mi vientre.

-Edward…, te necesito –jadeé torpemente mientras mordisqueaba mi cuello.

Se acercó a mi aún más y lo rodeé nuevamente con mis piernas para que no quedara ningún espacio entre nosotros. Me agarré de sus hombros cuando me miró a los ojos y me sonrió de esa manera suya de hacerme perder la noción de lo que ocurría. Pero allí, en ese momento, nada podía hacerme perder el hilo de lo que sentía, de lo que estaba experimentando mi cuerpo con sensaciones tan fieras que parecía que me iba a romper.

Edward entró en mi lentamente, me tensé, ardía como el demonio, pero la sensación de él expandiendo mi interior hacia que el placer le ganara a todo lo demás. Cerré los ojos, disfrutando de aquello que Edward me estaba haciendo, el amor de mi vida. Con un gruñido ensordecedor que provenía de su pecho se alejó de mi y volvió a entrar, haciéndome gritar su nombre de pura dicha.

-Estás tan caliente –susurró en mi oído con su voz distorsionada y ronca. Me estremecí cuando volvía a chocar sus caderas delicadamente contra las mías. El dolor iba pasando.

Madre mía, no esperaba que esto fuese así, no podía ser real, era demasiado intenso y placentero para mi salud mental. Edward volvió a embestirme; mas duro y profundo esta vez. Otra vez grité su nombre.

-Eres mía, solo mía ¿oíste? –murmuró sobre la piel de mis pechos sin dejar de moverse.

Me entregué completamente a mis instintos y me moví con él, jugando a ver quien podía darle mas placer al otro. Por momentos, mientras Edward me susurraba esas cosas en el oído, parecía que estaba perdiendo miserablemente y por otros, cuando lo tocaba o besaba por ciertos lugares y gemía de esa forma animal, me sentía una diosa.

La presión aumentaba en mi vientre conforme sus embestidas me hacían sudar, gritar y gemir. Parecía que en cualquier momento fuese a explotar como un globo y dejar salir fuertemente un tsunami dentro de mi. Joder, Edward se sentía exquisito ahí dentro y su dureza me indicaba que no estaba muy lejos de cómo me encontraba yo.

-Ed-dward –jadeé en la piel de su hombro-. Te amo.

Sus ojos negros como el carbón se enfocaron con los míos, a escasos centímetros de mi rostro, respiraba con dificultad con sus labios entre abiertos, los músculos de sus brazos tensos, uno agarrándome de la cintura y otro flexionado por encima de mi cabeza, su pecho se movía al compás del mío y mi sudor lo bañaba en delicadas gotas que lo hacían brillar. Parecía más humano que nunca, a excepción de esos ojos animales que me miraban con hambre, excitados y necesitados.

-Y yo te amo a ti, ángel –se acercó a besarme-. Te amo tanto…

El tiempo paso lentamente, abrazados el uno a otro como si fuera la última vez que nos veríamos, la última vez que nos tocaríamos. Sus caricias eran tiernas pero insistentes y fuertes. Edward si que se había estado conteniendo…

Mis piernas me dolían ya del esfuerzo en mantenerme pegada a él y… joder, me sentía… ¿húmeda? Si, mi parte intima estaba muy mojada y resbaladiza, y que yo supiera las mujeres no sudábamos por allí.

El nudo en mi vientre aumento de tamaño y peso, como si fuese posible. Ya ni respondía a los comentarios que Edward hacia, él también estaba perdido en su propio mundo, un mundo que inexplicablemente también se conectaba con el mío. Nunca lo había oído maldecir tanto.

Caí rendida sobre el colchón cuando mis piernas comenzaron a temblar, ¿Era el esfuerzo u otra cosa? Estrujé las sabanas con fuerza entre mis manos mientras Edward se movía mas rápido y me besaba la clavícula.

Grité cuando el nudo se expandió y me corrí con fuerza, dejando mi cuerpo exhausto y desvencijado pero todavía con la capacidad de sentir un liquido frío dentro de mi. Sonreí de placer cuando Edward gimió y salió de mi cuerpo para recostarse sobre mi. Él también se había corrido y una inexplicable sensación de saciedad y felicidad me recorría entera.

Edward llamó mi atención, o eso intentó:

-Bella.

-Hmm…

-¿Estas herida? –pregunto preocupado, abrí los ojos para ver esa misma expresión cuando me preguntaba si estaba bien; después de que me caí de algún lado.

Le sonreí y le acaricié la cara. Negué con la cabeza. Suspiró aliviado y giró sobre si mismo para dejarme descansar sobre su pecho. Mierda, no me podía ni mover, igualmente eso no contaba como herida. Mi interior latía, pero estaba segura que era por su falta mas que por otra cosa.

Experimente felizmente lo que Rosalie llamaba "alegría pos-sexo". Como Cenicienta en su final feliz, o algo parecido, no era rubia.

Edward me acarició la espalda con sus dedos suavemente, mientras murmuraba mi nana, cada tanto besaba mi frente o sumaba a sus caricias su otra mano, que me apretaba contra él, estallando diminutos volcanes de placer. Él tenia el cuerpo mas hermoso y perfecto…

Rendida por el sueño y el esfuerzo me quedé dormida sobre su pecho, sudorosa, denuda y sintiéndome completa por primera vez.

*o*

-¿Qué te parece este? –mi hermana alzó un diminuto vestido dorado ajustado al cuerpo.

-Humm… puede ser –respondí, todavía indecisa-. Nunca fui a bailar Alice, pero creo que Edward se molestará si salgo con mis amigos vestida así.

Alice bufó.

-Se supone que eres una adolescente normal, por lo cual debes vestirte de cierta forma, ¿Qué llevaras si no, unos jeans? –preguntó revolviendo entre la ropa que había sobre mi cama.

Pareció asustada cuando me vio considerarlo.

-De todas formas no tengo muchas ganas de ir, es solo una prueba, no me quedaré mucho rato –le advertí tomando el vestido, ella sonrió satisfecha.

Me probé la molesta cosa que Alice quería que me pusiera, me quedaba bien, aunque algo corta para mi gusto, me hubiese gustado mas usarlo en alguna salida con Edward. Él decía que mis piernas eran su fuerte.

Sonreí mientras me colocaba los zapatos altos, todavía no podía creer lo electrizados que Edward y yo habíamos quedado luego de esa maravillosa noche, aquella en la que me hizo gritar su nombre como una loca.

Y quien iba a pensar que el sexo era adictivo, nunca me lo hubiese imaginado, siempre tuve curiosidad sobre el tema pero siendo sincera me parecía algo que se hacia con tu pareja cada cierto tiempo.

Uf, todo lo opuesto, mi querido vampiro no me dejaba ni dormir en las noches. A veces, directamente nos íbamos los dos a nuestra pequeña cabaña –le había pedido por favor que fuese de los dos- y me hacia el amor en esa acalorada habitación.

Ah y también en la sala, y creo que en la cocina, ¿en la ducha contaba? Pues sea como sea Edward tenia la manía de hacerme manteca en sus manos, era encantador, claro que a él también le afectaba todo lo que me hacia y terminábamos descontrolándonos por completo.

No se lo había dicho a mis amigas, y por suerte no parecían notar el rubor casi constante en mi piel y mis ojos brillantes, si no, tendría que dar muchas explicaciones.

Mi madre se encargaba muy sutilmente de retirarse en cuanto oía que Edward se acercaba a lo lejos, se lo agradecía, porque no se que cosa extraña le estaban haciendo Jasper y Emmet cuando iban a cazar ya que venia hecho un loco, me cargaba al hombro y me llevaba a la cama como todo un cavernícola.

Con mis hermanas era otra historia, ya si se sabían casi toda la historia al derecho y al revés, todo eso fruto de miles de horas de un exhaustivo interrogatorio, ellas tenían ventaja al ser inmortales, no se cansaban de lanzar una pregunta tras otra y hasta llegaban a confundirme al punto en que terminaba diciendo cosas muy, muy intimas.

Mientras Alice arreglaba mi cabello recordé la cara de molestia de Edward cuando le había dicho mis planes de esta noche, y se puso aun peor cuando no lo deje replicarme nada, ya que se lo había dicho muy segura de mi. Había mejorado bastante mi seguridad y autoestima desde que le había entregado a Edward mi virginidad, Alice aseguraba que era porque él era mi destino, y siempre te sientes segura y completa con tu propio destino. Eso tenía mucho sentido.

Cuando el trabajo de mi hermana estuvo terminado ya estaba lista para salir, estaba emocionada por ver a Edward, había extrañado sus labios toda la tarde y encima estaría la noche fuera y sin él. Estaba muy tentada en llevarlo conmigo pero, ¿Quién iba a bailar con su hermano? Además dudaba que Edward solo "bailase" conmigo.

Me puse un abrigo liviano, tomé mi bolso y di saltitos por la escalera hasta llegar abajo. Me dirigía a la sala donde estaban mis hermanos cuando unos fuertes brazos aprisionaron mi cintura por detrás.

-Esto… es completamente indecente –me advirtió en mi oído.

-¿La ropa o solo como me estas apretando? –susurré, refiriéndome a como presionaba sus caderas contra mi trasero.

Aflojó un poco sus brazos y se rio entre dientes.

-Eres terrible.

Me revolví en sus brazos para quedar frente a él, su perfecto rostro me miraba con picardía, sus ojos estaban dorados y brillantes, su piel pálida y perfecta que me llamaba a tocarla, su cabello rebelde y cobrizo, sus labios perfilados y suaves y esa barbilla recta que me volvía loca. Hacía años que no cambiaba y aún así me seguía deslumbrando como la primera vez que lo vi.

-Estas hermosa –dijo besándome suavemente-. Toda una rompecorazones.

-No seas ridículo. Vamos, antes de que se haga tarde.

Me tomó de la mano y me besó los nudillos, mientras sus ojos dorados se oscurecían como el carbón.

-Vamos, antes de que decida secuestrarte a nuestra cabaña y convertir ese lindo vestido en jirones –me guiñó un ojo.

Se me cortó la respiración, sentí mis entrañas revolviéndose de deseo y mi rostro poniéndose colorado.

Las risas de Emmet que provenían de la sala no se hicieron esperar mucho. Maldición, otra vez había olvidado que no estábamos solos.

Avergonzada, arrastré a Edward hacia afuera de la casa de mis padres y me subí al Volvo con la cara enrojecida.

-No le hagas caso, Bella. Es un idiota –comentó mientras aceleraba en dirección al centro de Forks.

-Lo sé, es que… no puedo explicarte Edward, pero no me gusta andar ventilando nuestras intimidades por ahí, y menos a Emmet.

Me tomó de la mano, la besó con mimo y la dejó sobre su muslo.

-Te entiendo, y lo respeto, tendremos más cuidado –frunció el seño de repente-. ¿Harías algo por mi esta noche, ángel?

Fruncí el seño, confusa por su repentino cambio de humor.

-Dime.

Suspiró una gran bocanada y supe que el discurso iba a ser largo.

-No voy a prohibirte que hagas este tipo de salidas, no me corresponde, no soy quien para ser tan egoísta y tirano, pero te pido, te ruego si es necesario Bella, a que seas prudente con lo que pase ahí dentro, ¿Me entendiste?

Me miró a los ojos fijamente, ignorando la oscura carretera.

-Lo sé Edward, no va a pasar nada. Esteré acompañada.

Le acaricié la pierna para relajarlo. Mis hermanas lo habían obligado prácticamente a que, una vez que me llevase al lugar de reunión, regresara directamente para la casa. Que no podía quedarse dando vueltas en la puerta controlando todos mis movimientos. Si había algún peligro, Alice lo vería. Yo las apoye en ese punto, él tenia que dejar de ser tan exagerado, ¿Qué probabilidades había de que ocurriese algo? Tenia mala suerte, ¡pero no estaba maldita!

-No quiero ofenderte pero tu "compañía" apenas se puede cuidar a si misma.

-Mis amigas y amigos saben moverse en este ambiente Edward, estaré con ellos. Es un pueblo pequeño, probablemente todos los que asistirán esta noche ya estén allí, si quieres te doy permiso para que les des una leída a sus mentes para ver si se filtro algún asesino en serie o algo por el estilo –conteste mordaz, tomándole el pelo.

Funcionó, me miro con el seño fruncido antes de aparcar frente al pub. Observé la entrada, maravillada, el lugar era mas grande de lo que había imaginado y estaba bastante bien proporcionado, pintado de verde fosforescente era una gran invitación a casi todos los adolescentes del pueblo. La fila era larga pero pude divisar a mis amigos entre la multitud, esperando para entrar. Iríamos en el horario para menores, ya que todos lo éramos. Edward gruñó a mi lado.

-No se para que me dijiste que lea sus mentes. Ahora menos quiero dejarte ir –protestó.

Me giré a verlo. Tenia el seño fruncido, los ojos molestos y entrecerrados, con arrugas en su frente y sin embargo parecía todo un dios. Me percate de lo fina que era la camiseta que dejaba ver sus músculos. La tensión estaba subiendo entre nosotros, podía palparlo perfectamente.

Carraspeé.

-Recuerda que nos quedamos en el turno de las ocho hasta las doce. Te veo mas tarde.

Mi ignorancia hacia él derribó sus murallas de enfado, me agarró de los brazos y me estampó bruscamente contra el asiento del coche para besarme, insistentemente, en la boca y bajando por mi cuello hasta el escote de mi vestido.

-Edward. Por favor, hazme tuya –jadeé incoherentemente.

Luego de besarme los parpados cerrados se alejó de mi, dejándome dispuesta y con ganas de mas. Lo mire echando humo.

-Lo hiciste a propósito, para que cambie de opinión.

No dijo nada, y me bajé del coche, molesta y con ganas de hacer el amor.


Nota de Autora:

Queridas lectoras, no se como disculparme debido a mi ausencia, pero les aseguro que era muy necesaria. Ultimamente me he sentido que escribo para los demas y no para mi propia satisfaccion, habia dias en los que no queria escribir pero lo hacia igualmente para que tuviesen el capitulo lo mas antes posible, pero si no hay inspiracion los capitulos no quedan bien, y aunque sus comentarios han sido siempre positivos YO SE que los ultimos capitulos dejaban bastante que desear. Por esa razon (ademas de motivos personales) tube que tomarme un descanzo.

Les pido disculpas.

¿Que decir del este capi? Bueno, si quedo confuso lo lamento y si no les gusto aun mas, pero personalmente me he sentido muy relajada escribiendolo asi que eso cuenta mucho para mi. Hay links en mi perfil para que vean los vestidos.

¿Como seran las publiciones de ahora en mas? Bueno, no publicare todas las semanas, no solamente por el motivo que antes les mencione si no tambien por otros:

1)Mi computadora personal esta rota y tengo que usar la pc, que comparto con toda mi familia, por lo cual el tiempo es muy limitado.

2)Me inscribire en un proyecto de verano en el cual de lunes a viernes estare ocupada en las mañanas en un club de verano ayudando a cuidar a los niños pequeños.

3)En mi casa estan construyendo y hay que ayudar a limpiar la tierra y los escombros a cada rato.

No se cuando publicare pero NO abandonare la historia, seguire escribiendo a interbalos cuando pueda hacerlo y publicare tambien cuando pueda, ademas estoy escribiendo una nueva historia, si, se llamara: MI AMOR OSCURO, (Edward-Bella) Pero desde ya les aviso que la irè escribiendo de a poco y la estarè publicando recien cuando termine esta historia. Pero se los voy diciendo para que sepan que SI estoy escribiendo.

Muchas gracias por leerme.

Cariños.

Flor