Resumen: En el fic Zutara completo más largo de este sitio, Iroh envía a Zuko y Katara en una búsqueda para prevenir la caída de la Sociedad del Loto Blanco. Deben encontrar a la Princesa Ursa, antes de que el otoño de paso al invierno. Un cuento épico de una legendaria historia de amor.

La caída del Loto Blanco

Capítulo 6: Irradiar

Música: Patrick Doyle, Science and Magic (Thor)


Un viento fresco hizo descender la temperatura de manera desagradable en la zona montañosa que rodeaba Omashu en esa noche cubierta justo en el momento en que dos caballos-avestruces se alejaban de la ciudad trotando velozmente por los senderos montañosos . Mientras a lo lejos la Aurora Austral danzaba en el cielo, la luna radiante se dejó ver, cubriendo al mundo con un brillo de plata.

Los jinetes encapuchados permanecían en silencio y giraban de vez en cuando para echar una mirada rápida a la ciudad que desaparecía. Tras su charla con el Gran Maestro Iroh, Zuko y Katara habían evitado mirarse de regreso a sus cuartos, donde encontraron sobre la cama los bolsos de los que Iroh les había hablado.


Después de ponerse una camiseta y unos pantalones negros y apagados que había encontrado en la cama junto al bolso de viaje, Katara metió una cantimplora extra con agua fresca y se trenzó el cabello. Luego se echó encima la pesada capa de lana, que mantenía oculto el collar de su madre, y abrochó el prendedor del loto blanco.

Cuando se echaba el bolso al hombro, lista para marchar, se encontró atraída al espejo. Era como si estuviera viendo a la Katara de hacía tres años devolviéndole la mirada lista para ir a buscar al asesino de su madre, solo que ahora tenía unas facciones más maduras. Pero esta vez no encontró ira o tristeza en sus ojos azul océano. En lugar de eso, los ojos le brillaban con una suave determinación y un dejo de entusiasmo, del que se sentía un poquito culpable.

Por un momento, dejó su mirada sobre la puerta que unía su habitación con la de Aang y dejó caer la cabeza.

-Lo siento, Aang. Iroh te explicará –susurró, cerrando los ojos. Luego salió apresuradamente de la habitación, con la trenza golpeándole la espalda.


Zuko, haciendo uso del sigilo del Espíritu Azul, había llegado a sus recámaras sin ser atrapado por ninguno de sus hombres. Suponía que el Chambelán en el cuarto junto al suyo estaba durmiendo, pero aún así fue extremadamente silencioso y lentamente se deshizo el moño alto al sacarse la corona.

Cuando sintió caer el cabello sobre su frente, y un poco más abajo ahora, notó la similitudes con aquel momento de hacía tres años atrás de cuando se había ido también sin aviso. Al menos Mai ahora sabría de antemano donde estaba, aunque no le importara, pensó irónicamente mientras se sacaba la ropa y se ponía el traje negro más suelto.

Lo reconoció como una copia de la ropa que solía usar cuando era el Espíritu Azul y casi esperó encontrar una mascara azul y blanca sonriéndole de oreja a oreja cuando se miró al espejo. Para ser honesto, se sentía bien usar esas ropas de nuevo; se podía mover más libremente con ellas que con sus pesadas batas de seda. No podía esperar para poder sumergirse en el anonimato por un tiempo.

Finalmente, Zuko se metió bajo la cama y sacó sus espadas Dao. Al ponerse de pie se las colocó a la espalda con un solo movimiento fluido. El prendedor del loto dorado prendido en su capa oscura destelló en el proceso. Luego, silenciosamente, se fue a los establos.


Por la Aurora Austral, la ciudad, que debería haber estado en un silencio de muerte a esa hora, todavía estaba atestada de gente que contemplaba anonadada el fenómeno y de niños que correteaban felices.

Para evitar ser reconocido, Zuko y Katara llevaron sus caballos-avestruz por callejuelas, deseando en silencio que el alboroto durara el tiempo suficiente para que ellos pudieran dejar la ciudad antes de que el espectáculo hubiera terminado.

Los espíritus debieron de haber ayudado, porque llegaron a las puertas sin problemas y los guardias, que aparentemente ya habían sido informados, se limitaron a inclinar la cabeza y los dejaron pasar sin contratiempo.

Unos momentos más tardes se encontraron siguiendo un sendero desierto a través de las montañas poniendo distancia rápidamente entre ellos y Omashu. Iban perdidos en sus propios pensamientos, así que no hablaron por un rato. Todavía estaban procesando todo lo que les había pasado en menos de un día.

Katara giró y le dio un último vistazo a Omashu, antes de que desapareciera de su vista cuando doblaron en una curva del sendero.

La Aurora Austral lentamente fue apagándose y terminó por desaparecer también.

Katara suspiró. Un par de días atrás estaba en uno de sus viajes de nunca acabar por el mundo, sintiendo que el cansancio lentamente se apoderaba de ella mientras que Aang no quería oír, ni siquiera, de una pausa. Y luego fueron llamados a Omashu, donde se le encomendó otro viaje casi de inmediato, solo que esta vez sin Aang.

Estaba preocupada por la reacción de él y esperaba que Iroh pudiera explicarle porque había tenido que marchar tan precipitadamente, aunque ella misma todavía no podía comprender del todo que le había llevado a acceder al pedido de Iroh tan fácilmente. Puede que haya sido un repentino impulso de ayudar a Zuko, de ayudar a la Orden del Loto Blanco, y por sobre todas las cosas, la persuasión de Iroh, pensó mientras su caballo-avestruz doblaba en otra curva y la figura encapuchada de Zuko entró nuevamente en su campo de visión. Quizás, durante su ausencia, Aang cambiaría de idea respecto a sus viajes sin fin y podrían asentarse por un momento, pensó Katara, un poquito esperanzada.


Por un momento, los dos viajeros en los caballos-avestruz avanzaron en silencio uno atrás del otro, con la visión limitada por las enormes paredes de piedra que los limitaba. Entonces Zuko se volvió, le sonrió torpemente y sugirió que descansaran cerca de un pequeño lago de montaña que Zuko recordaba de su viaje a Omashu.

Se sentaron junto a un enclenque arbolito, que ya había perdido todas sus hojas, y abrieron sus bolsos en busca de comida.

Agradecidos por la distracción que les brindaba revolver los bolsos, mantuvieron las cabezas gachas, sin saber que decirse ahora que el impacto de la influencia de Iroh y el asombro ante la Aurora Austral había disminuido. Hasta ese momento, no se habían dado cuenta que habían sido obligados a asumir juntos una delicada misión tras apenas haberse visto un par de veces en los últimos tres años.

Finalmente, Katara alzó la vista de su bolso, miró a Zuko que hurgaba silenciosamente entre sus cosas, algunas mechas de cabello le caían desordenadamente sobre la frente, ocultando la mayor parte de su rostro.

-¿Qué tienes ahí? –le preguntó, empezando la conversación.

Sorprendido, levantó la vista y se pasó una mano por el cabello al tiempo que respondía:

-Nada en especial. El equipo de supervivencia de siempre, una manta, un poco de dinero del Reino Tierra…

Volvió a hurgar en su bolso, esta vez con más ganas, y sacó un paquete envuelto que probablemente escondiera la comida bajo él. Zuko quiso dejarlo a un lado, pero algo familiar en él lo hizo detenerse. Vacilante, metió ambas manos en el bolso y empezó a desenvolver el paquete. Agrandó los ojos, conmocionado.

Allí, en sus manos, tenía una máscara azul y blanca que le sonreía. Era perturbadoramente similar a la que había arrojado al Lago Laogai luego de liberar a Appa.

Completamente atónito, la giró y para su sorpresa un papel cayó de la máscara. Lo desenrolló e inmediatamente reconoció la anticuada caligrafía de su tío.


Zuko,

Cuando uno viaja con la Dama Pintada, se necesita una fuerza espiritual equivalente.

Tío Iroh


Katara miraba con creciente curiosidad mientras Zuko hurgaba su bolso y lo vio tensarse súbitamente y concentrar su mirada en algo en el interior del bolso. Quizás se había colado un insecto, supuso, sonriendo ampliamente por dentro.

Su sonrisa titubeó cuando Zuko alzó la vista de repente y la miró fijamente con una extraña expresión en los ojos: una mezcla de remembranzas y fascinación.

Él sabía que había sido Katara quién había actuado como la Dama Pintada una vez. Lo había descubierto en esa horrorosa obra en la Isla Ember. Pero ahora, sin la comedia de mal gusto rodeando a la melodrámatica actriz, se dio cuenta que realmente había sido esa chica sin pretensiones sentada frente a él en ropa de viaje suelta y discreta, la poderosa maestra agua sanadora quien le había llevado la salvación a la aldea de Jang Hui como el poderoso espíritu de la Dama Pintada. Ella había sido la inspiración detrás de su iniciativa para el Comité Parlamentario para la Salud Pública, su tema favorito hasta ahora, aunque nunca había podido explicar por qué. Ahora, casi sentía como si lo hubiera hecho todo por ella…

Sus ojos se fijaron en las sorprendidas facciones de Katara que permaneció sentada frente a él, como si resplandeciera en la luz plateada que la luna proyectaba sobre ella; su piel y cabello brillaban suavemente mientras sus ojos, todavía refulgiendo por la conmoción, brillaban como zafiros. Fácilmente podía pretender ser un espíritu en ese momento, notó Zuko y sintió que su corazón involuntariamente perdía el ritmo.

Katara sintió que las mejillas se le coloreaban bajo su mirada fascinada y desvió la vista.

-¿Qué pasa? –preguntó, cohibida, y nerviosamente se puso a estirar la ropa. Algo en su mirada intensa la ponía nerviosa. Siempre se había puesto nerviosa cuando él la miraba así.

El sonido de su voz pareció sacar a Zuko de sus pensamientos y descubrió la nota.

-Mi tío me recordó el hecho de que salvaste a la gente de Jang Hui como la Dama Pintada –explicó, la voz cargada de admiración.

Katara agrandó los ojos y se sonrojó, avergonzada.

-Simplemente usé el disfraz de la Dama Pintada porque de otra forma los aldeanos no hubieran permitido que una maestra agua los ayudara. Y yo no estaba sola, los otros también ayudaron.

La mirada escrutiñadora de Zuko se suavizó de algún ante su obvia incomodidad.

-Pero fue un logro grandioso. Tu historia es famosa en la Nación del Fuego y La Dama Pintada jamás ha sido tan venerada. Visité Jang Hui y el cambio que provocaste es simplemente increíble. De hecho me inspiró a expandir el Alto Consejo con un comité de salud pública e invitar a Maestros de Agua Control Sanadores para que entrenen a nuestros sanadores. Gracias –concluyó sinceramente volviendo a ser momentáneamente el Señor del Fuego, agradecido con una maestra sanadora por salvar un distrito de su país.

Katara sonrió ligeramente orgullosa e inclinó con gracia la cabeza ante él. Luego alzó súbitamente la mirada, le brillaban los ojos.

-De veras la vi, a la Dama Pintada, sabes –le confesó-, aunque Sokka nunca me creyó. Es un espíritu hermoso y me agradeció por haber limpiado el río.

Aunque Sokka quizás si hubiera estado sorprendido, Zuko no.

-Sokka no tiene razón está vez, yo también la he visto –le contestó con suavidad, de repente no se atrevía a mirar a Katara a los ojos, como si temiera que leyera en los suyos lo que La Dama Pintada le había dicho realmente. Meditó cuánto debía contarle-. Apareció en el estanque de patos-tortuga de mi madre y dejó un loto blanco en el agua –decidió tomar la ruta segura.

-Un loto blanco –susurró Katara-. Tal y como los géiseres…

Zuko recordó el momento en Omashu cuando se miraron tras la aparición del loto blanco en el cielo. Había visto el mismo reconocimiento, el mismo asombro en sus ojos y en ese momento se había dado cuenta que ella también había visto el símbolo. La miró con curiosidad.

-Inconscientemente manipulé el agua formando el símbolo de la flor con el vapor que salía de los manantiales –explicó Katara al ver su mirada interrogante. Luego ambos quedaron en silencio. ¿Acaso la influencia de la Orden del Loto Blanco llegaba a tanto, que podía prepararlos para el viaje que aún no había llegado, a través de imágenes espirituales y mentales como la flor de loto formada por Katara?

Mientras se miraban fijamente con cierto temor, un silencio cómodo se interpuso entre ellos y temor por lo que estaba por venir empezó a penetrarles el corazón. La atmósfera desenfadada desapareció de inmediato cuando una ráfaga de viento atravesó la inaccesible cadena montañosa.

Sacudiéndose de encima la sobrecogedora sensación, Zuko echó otro rápido vistazo a la nota de su tío y tomó una decisión. Sacó la máscara de su bolso y le reveló a la maestra agua uno de sus secretos más grandes. En el momento en que ella vio el delgado metal azul, lo reconoció. Agrandó los ojos.

-Esa máscara… -jadeó, enderezándose sin despejar los ojos de la máscara sonriente-. ¡Es del espíritu azul!

Él asintió en silencio y la mirada asustada de ella encontró la suya.

-¿eres el Espíritu Azul? –Se veía claramente pasmada ahora, tenía la boca abierta mientras lo procesaba, luego sacudió la cabeza-. No puedo creerlo… ¡El afiche de se busca estaba por todo el Reino Tierra!

A pesar de sí, Zuko sonrió con suficiencia, se sentía un poco orgulloso de sí mientras miraba la expresión perpleja de Katara. El Espíritu Azul se había vuelto legendario en el Reino Tierra, un ladrón noble que solo había desafiado a los opresores de la Nación del Fuego. Que fuera, de hecho el mismísimo Señor del Fuego era algo difícil de tragar.

Katara ahora lo miraba con mal disimulada admiración, lo cual debía admitir lo halagaba, pero entonces ella pareció recordar algo.

-En el Templo Aire del Oeste, Aang nos dijo que tú nos salvaste del Almirante Zhao y en la obra que vimos en la Isla Ember lo salvaba el Espíritu Azul… -dijo pensativa, finalmente uniendo todo.

-Oh, bueno –respondió Zuko avergonzado, tratando de esconder sus mejillas coloradas desviando la vista-, no hablemos de esa obra, ¿quieres?

En ese momento Katara cometió el error de mirarlo y cuando sus ojos se encontraron, ambos se pusieron colorados. Katara desvió de inmediato la vista y se aclaró la garganta antes de decir:

-Debí de haber sabido que eras tú. El Espíritu Azul era famoso por sus habilidades con las espadas Dao.

El halago velado hizo que el rostro de Zuko se caldeara y quedó mirando el escuálido árbol tras ellos.

-¿Entonces, por qué no nos los dijiste antes? –escuchó a Katara preguntar suavemente y se encogió de hombros.

-No es algo de lo que esté realmente orgulloso. Lo único bueno que hice con la máscara fue liberar a Appa en el lago Laogai. Tío me obligo a deshacerme de la máscara después de hacer eso, aunque ahora parece pensar que la necesito nuevamente. En aquel entonces solo quería salvar a Aang para atraparlo yo mismo. Antes de eso, solo usaba la máscara para robar comida y cosas para mi tío y yo para que podamos sobrevivir –contó, mientras jugaba distraídamente con la máscara.

-Pero… -Katara miró de manera pensativa al pequeño lago de montaña, un estanque oscuro de infinita profundidad bajo la luz de la luna, recordando el momento en el Templo Aire del Oeste cuando Sokka usó casi las mismas palabras para negar las acciones de Zuko para salvar a Aang. Negó con la cabeza. Zuko estaba siendo demasiado duro consigo mismo-. Si no hubieras salvado a Aang del Almirante Zhao, Sokka y yo probablemente estaríamos muertos -tras ver su mirada conmocionada, se explicó-. Aang estaba tratando de atrapar algunas ranas congeladas del pantano con las que curarnos.

-¿Ranas congeladas? –Preguntó confundido. Entonces su rostro se encendió- ¡Así que es por eso es que Aang se quejaba tanto sobre sus ranas!

Se rió sinceramente y Katara se le unió con gusto, imaginando cómo debió de haber luchado Zuko para llevarse a un obstinado Aang con él.

-¿Qué se suponía que tenían que hacer con eso? –Le preguntó todavía riendo y Katara se estremeció ante el recuerdo.

-Chuparlas –contestó con incomodidad y observó satisfecha como se le deformaba la cara con una expresión disgustada.

Tras un pacífico silencio, finalmente empezaron a comer el pan que habían encontrado en sus bolsos a la vez que Katara buscaba en vano por un regalo de Iroh en su propio bolso.

-Al menos podría haberme dado un sombrero cónico –gruñó decepcionada, sabiendo que tal cosa sería demasiado grande para meter en un bolso. Pero Zuko soltó una risa ahogada y ella le correspondió con una sonrisa vacilante mientras que un poco de su incomodidad inicial se desvanecía en el frío aire otoñal.

Mientras comía en silencio, Katara observaba a Zuko estudiar meticulosamente la máscara que su Tío le había dado buscando alguna diferencia con su vieja máscara. Parecía contento de tenerla de vuelta, a juzgar por la entusiasmada expresión de su rostro, la cual fracasaba en ocultar. Al no haber podido contemplarla antes, le llamaba la atención que el contraste entre el príncipe enojado que había invadido su aldea o el triste muchacho que conoció en las cuevas de cristal de Ba Sing Se fuera tan grande.

No le quitó los ojos de encima mientras él se apartaba mechones de cabello negro de los ojos, acercando la máscara a su rostro para examinarla. Una pequeña sonrisa jugueteaba en sus tranquilas facciones, su intensa mirada dorada estaba empañada por una felicidad que él no había conocido hasta después de haberse unido al Avatar. Irradiaba confianza.

Katara no quería saber porque se había quedado sin aliento por un instante.

-Así que… -empezó de la nada-, los dos tenemos una tendencia a actuar como espíritus, ¿eh?

Zuko asintió con la cabeza. Eso parecía.

Katara miró la máscara con el rabillo del ojo.

-Es azul –indicó lo obvio.

Su compañero volvió a asentir, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

-Sí.

Katara puso los ojos en blanco suspirando y dando el tema por terminado. Se levantó de su incómoda posición y fue a llenar sus cantimploras con agua del lago. Cuando se enderezó, sintió su mirada interrogante sobre su espalda.

-Es agua buena –explicó, sin girarse-. Muy pura. Mucho más fácil de manejar.

-Ya veo –contestó Zuko, pensando en el frasco de cristal que una vez le había mostrado, que contenía agua del Oasis de los Espíritus. Inconscientemente se rozó la cicatriz antes de empezar a recoger las cosas.


Era bien entrada la noche cuando llegaron a una encrucijada. Siete senderos se extendían en todas direcciones que llevaban a lugares desconocidos a lo largo de la enorme cadena montañosa. Solo uno de los caminos conducía a las planicies entre las montañas y al puerto donde tomarían un barco para la Isla Kyoshi. Grandes nubes bloqueaban la vista y el poste indicador pareció ser completamente inútil cuando Zuko desmontó de su caballo-avestruz y limpió la tierra que tenía la pequeña piedra.

-¿No recuerdas la dirección en que viniste? –le preguntó Katara desde su silla, tratando de evitar que la inquieta bestia eligiera un camino al azar, porque veía pasto entre algunas rocas.

Zuko sacudió la cabeza.

-Creo que estaba dormido en ese momento. Es horriblemente cansador estar sentado todo el día en un palanquín que se mece, viendo nada más que las cortinas rojas que te rodean.

-Oh, las cargas de un monarca –suspiró Katara dramáticamente.

-¡Oye! –Exclamó Zuko, indignado, antes de volverse, sonriendo ladino-. ¡Cuidado con lo que dice, Su Alteza Real! –Replicó-. Puedo recordar a una cierta Princesa de la Tribu Agua del Sur que no podía dejar de quejarse del incómodo vestido que tenía puesto el día de la toma de posesión de su padre.

Katara frunció el ceño y se dejó caer en su silla, derrotada.

-Ese vestido me hacía doler de verdad –murmuró haciendo puchero-. Y prefiero mucho más el "campesina".

La sonrisa de suficiencia que recibió de parte de Zuko desapareció cuando lentamente comenzó a llover, limitando aún más el campo de visión y haciendo el camino peligrosamente resbaladizo.

-Esto no es bueno –meditó Zuko con preocupación, entornando los ojos ante la precipitación que aumentaba con rapidez.

Poniéndose la capucha, Zuko volvió a montar en su caballo-avestruz y guió al animal para que se parara junto al de Katara. Agarró las riendas del de ella para evitar que su caballo-avestruz volviera a alejarse.

-Dado que soy el rastreador más experimentado, diré que me dejes elegir el camino que tomaremos –indicó, refiriéndose a la época en que perseguía a Aang, mientras recorría con la mirada los diferentes senderos.

Katara lo miró brevemente desde debajo de su capucha. Poco podía verse del rostro de él, solo sus almendrados ojos dorados brillando de debajo de la caperuza.

-Estás disfrutando esto, ¿verdad? –Preguntó inútilmente, buscando posponer el momento en que tuviera que admitir la verdad de sus palabras.

Para su sorpresa, él de hecho le sonrió con calidez.

-Sí –le respondió antes de girarse sobre su caballo-avestruz y repasar cada una de las posibilidades.

En ese momento la luna se dejó ver de entre las nubes y envió un único rayo de luz hacia la tierra, justo sobre el cuarto sendero a partir del que habían venido. Zuko y Katara alzaron la vista al mismo tiempo y descubrieron la vaga silueta de una muchacha delante de la luna, que se acercaba velozmente. Un haz de luz lunar proyectaba destellos sobre sus etéreas facciones.

-La Princesa Yue –susurró Katara al mismo tiempo que Zuko murmuraba:

-La ex novia de Sokka.

La cabeza de Katara dio un respingo de sorpresa, pero antes de que pudiera decir algo, el espíritu de la luna se les acercó y le sonrió a Zuko.

-Es verdad. Nunca me ha olvidado. Yo siempre lo amaré, pero me alegra que ahora sea feliz.

Giró la cabeza con gracia en dirección a Katara y le habló con énfasis.

-El sacrificio que hice fue para salvar al mundo. Y, Sokka encontró a alguien que lo equilibra perfectamente.

Katara inclinó la cabeza, confundida. No entendía por qué el espíritu de la luna se dirigía tan directamente a ella.

La Princesa Yue sonrió de nuevo y se explicó.

-Fui enviada para mostrarles el camino. Recuerden que con el Avatar actual, el Ciclo del Avatar se completará en este otoño. Ahora los dejaré; que La los acompañe en su viaje.

Al terminar se alejó lentamente hasta que las nubes escondieron la luna por completo otra vez.

Zuko fue el primero en recobrar los sentidos y vacilando, puso una mano sobre el brazo de Katara, tratando de llamar su atención, pero también para consolarla. Parecía perdida en sus pensamientos, su rostro reflejaba situaciones contradictorias.

-¿Vamos, entonces? Necesitamos encontrar un lugar para refugiarnos y dormir un poco –la apremió con suavidad, comprensivo, aunque no entendía del todo.

Katara cerró los ojos con fuerza antes de alzar la vista al encapotado cielo nocturno.

-¿Dijo que la habían enviado? –Preguntó con un tono de voz raro, ignorando las palabras de Zuko.

Zuko, que no esperaba la pregunta, siguió su mirada y sintió la lluvia fría sobre la cara.

-Sí.

Asintiendo con la cabeza una vez, desvió la mirada e hizo girar en silencio a su caballo-avestruz. Lo último que él escuchó antes de que su caballo-avestruz se alejara fue:

-Gracias, Zuko.


N/A: Dado que la palabra irradiar tiene varios significados, pensé que sería lindo incorporar tantos como sea posible en este capítulo. Aquí está el resultado. También, por la influencia del sol en el capítulo anterior, dejé que la luna jugara un papel importante en este capítulo.

En este capítulo Katara también descubre el álter ego de Zuko. Pueden decir que ya lo sabía, pero como en la obra en Los Actores de la Isla Ember solo se referían al Espíritu Azul como el salvador enmascarado de Aang, y no lo conectaban de ninguna manera con Zuko (pero hacían una interesante sugerencia a la maravillosa pareja yaoi de Zukaang ;-)), pienso que puedo suponer con seguridad que Katara no sabe sobre su álter ego.

Para Zuko sin embargo, es diferente. Él sabe sobre el álter ego de Katara, pero cuando él piensa en ello, todavía se imagina a la horrible actriz y a los efectos especiales malísimos de la Obra de la Isla Ember. En este capítulo él descubre finalmente lo que verdaderamente significa que Katara sea la Dama Pintada.

Para concluir, quiero agradecerle a mi beta Lieta por sus valiosas sugerencias.


NT: Bueno, irradiar como que no tiene demasiados significados en español pero sí radiate tenía muchas posibles traducciones como resplandecer, reflejar, destellar y bla, bla, trate de usarlas apropiadamente yo también! :D

Espero que hayan disfrutado del capítulo. Es uno de los más lindos HASTA AHORA :) se van poniendo cada vez mejor! El dos y el seis de julio rindo y dsps tengo que estudiar para un final en agosto así que supongo que tendré un poquito más de tiempo y podré traerles capítulos un poco más seguido. Peeeeero no quiero prometer nada :)

CaFanel, Rashel Shiru, zutaraa forever, funny-life, Fernanda Marchi, Bell Star y Earanel: Muchas gracias por sus palabras! :D Las aprecio muchísimo, gente bella! Espero que estén muy bien y disfruten el capítulo :) Buen finde! :)