Sucedió una fría y nublada noche: nuestro erizo azul favorito recorría la ciudad en busca del camino más corto que le llevara de vuelta a su apartamento, donde vivía con Shadow, su amante. Sin previo aviso, las nubes comenzaron a acumularse en el cielo y un par de gotas cayeron sobre la nariz de Sonic, lo que provocó que éste abriera la mano derecha y la elevara para cerciorarse de que, efectivamente, una tormenta estaba a punto de desatarse sobre él. De repente, toda la ciudad se vio envuelta en una potente lluvia en la que los relámpagos hacían de banda sonora.

"Mierda..." pensó el erizo mientras buscaba a toda prisa un lugar donde refugiarse de la dura tormenta, pues Sonic odiaba mojarse.

El puerco espín corrió hasta que divisó a lo lejos un sitio seguro y libre de lluvias.

Cuando llegó, decidió quedarse a contemplar la tormenta y esperar a que amainara. El agua caía sin cesar y mojaba todo a su paso. En numerosos coches, farolas y demás se oía el constante repiqueteo de las incesantes y diminutas gotas transparentes. Mientras observaba la lluvia, Sonic se fijó en una adorable pareja que caminaba bajo el mismo paraguas, y no pudo evitar sentirse algo melancólico.

"Estúpido Shadow..." pensó "Seguro que ahora estará durmiendo... No se molesta ni en esperarme". Y se abrazó a sí mismo involuntariamente.

Sonic y Shadow llevaban varias semanas sin hacer el amor, y esto le estaba afectando al erizo azul, pues notaba a su amante cada vez más distante. Para impedir que el frío se apoderara de su débil cuerpecito, Sonic decidió comenzar a andar sin salirse de la zona cubierta donde se encontraba, procurando que la lluvia no rozara su cerúlea piel.

Entonces observó una fila de tiendas que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, y el erizo se entretuvo mirando los escaparates: tiendas de regalos, pasteles, cafeterías... Todas ellas estaban a punto de cerrar... Todas excepto una que aún mantenía encendido su letrero.

"¿Sex-Shop? ¿Qué es esto?" pensó el erizo mientras pasaba la vista por las enormes y luminosas letras.

En aquel momento, recordó la de veces que Shadow había evitado esa tienda y sintió curiosidad por saber qué había dentro.

En lo primero que se fijó Sonic al entrar fue en la dependienta sentada detrás de una alargada mesa que pasaba las hojas de una revista con parsimonia. Entonces comenzó a echar un vistazo a las estanterías repletas de extraños productos que nunca antes se habría imaginado el inocente puerco espín: la mayoría de todos ellos eran consoladores de un precio razonable, de todos los colores y tamaños, además de un montón de objetos restantes de los cuales unos eran vibradores y otros eran completos enigmas.

De alguna manera, esas cilíndricas formas le provocaban náuseas al delicado estómago del erizo, lo que causó que le entraran ganas de salir corriendo...

- ¿Puedo ayudarte? - le preguntó la dependienta dejando de leer y esbozando una sonrisa - Te veo un poco perdido.

Sonic le devolvió la sonrisa.

- Bueno, yo... es la primera vez que entro aquí - contestó el erizo.

- Me lo imaginaba - dijo la chica levantándose y sin dejar de sonreír - ¿Qué estás buscando?

- Pues... no lo sé - respondió Sonic, visiblemente nervioso.

- Mira, te enseñaré lo que tenemos.

Entonces comenzó a revolver las estanterías hasta que sacó un par de vibradores.

- Éste tiene cuatro velocidades. Y éste otro funciona debajo del agua. Los hay de distintos tamaños dependiendo de la capacidad de la vagina.

- Es que... mi novio no tiene vagina - Sonic reflexionó sobre lo que había dicho y se dio cuenta de que resultó bastante estúpido.

- Bueno, en ese caso, puedo dejarte éste - explicó la chica cogiendo un vibrador distinto - Tiene tres velocidades y lleva pilas incluidas. Un regalo.

- ¿De verdad? Gracias.

- Y ya me contarás qué tal.

Sonic observaba, impresionado, cómo la dependienta manipulaba sin miedo los extraños juguetes. Cuando terminó de envolver el vibrador en una simpática bolsa de regalo, se la entregó al erizo con una amplia sonrisa y deseándole que algún día volviera.

Al llegar de nuevo a su apartamento, Sonic se encontró con que Shadow dormía plácidamente, cosa que no le sorprendió en absoluto. Así que se metió en el baño, dispuesto a disfrutar él solo de su nuevo juguete.

Una vez dentro, después de asegurarse de que Shadow seguía dormido, comenzó a desnudarse. Cuando Sonic sacó el vibrador de su bolsa, un fuerte hormigueo de nervios empezó a recorrerle dentro del estómago.

"¿Y si me hago daño?" pensó.

Era la primera vez que maniobraba con un juguete como ese; esto explica lo mucho que le sorprendió el tacto del vibrador: era suave, como un pene de verdad. Lo encendió una vez, de prueba, a la primera velocidad: el objeto comenzó a temblar levemente. Lo volvió a apagar, se colocó frente al espejo del lavabo y buscó una postura cómoda. Le resultó bastante difícil alinear el vibrador con su entrada, ya que, cuando en un pasado hacía el amor con Shadow, Sonic sólo se limitaba a relajarse y a gemir.

Al encontrar por fin su ano, comenzó a deslizar lentamente al punta del vibrador adentro suyo y sintió cómo su respiración se volvía más agitada, no por placer, sino por los nervios. Cuando hubo metido toda la punta, decidió encenderlo a la primera velocidad y sintió un agradable cosquilleo que le hizo sonreír, lo que le animó a cambiar la velocidad a un nivel más alto. Conforme iba adquiriendo más confianza en sí mismo, se aventuraba a ir introduciendo más y más el vibrador hasta que lo metió por completo. Entonces recordó que existía una velocidad (la más rápida) la cual no había probado aún. Y así lo hizo: activó la velocidad máxima del vibrador y, en un momento, le fue imposible contener sus gritos de placer. Continuó metiéndolo y sacándolo cada vez más deprisa en busca de su próstata. En cuanto la encontró, los ojos se le abrieron como platos y de la comisura de sus labios resbaló un poco de baba acompañado de potentes orgasmos. De repente sintió un fuerte temblor en las piernas debido a la intensa fruición. Su cuerpo comenzó a volverse inestable hasta el punto en el que no pudo aguantar más de pie y cayó torpemente al suelo, pero continuó retorciéndose y jadeando de placer. Nunca antes se había encontrado el punto G, y ahora que lo había conseguido sin ayuda de Shadow, pensó que a partir de ese momento podría divertirse sin él...

- ¿Qué ocurre aquí? - el erizo bicolor despertó e hizo su aparición en la entrada del baño.

En un acto reflejo, Sonic escondió el vibrador detrás de su espalda.

- ¿Por qué te has levantado? - preguntó el erizo azul al borde del éxtasis.

- Oí un golpe y vine a ver qué pasa. ¿Qué haces desnudo?

- Tenía calor - respondió Sonic - ¿Te duchas conmigo?

- ¿Qué escondes ahí? - interrogó Shadow.

- Eh... nada...

- Venga, dímelo.

- Te lo enseño si te duchas conmigo.

El erizo azabache se quedó pensativo un rato, pero respondió decidido a no entrar en el juego de Sonic:

- Olvídalo. Me vuelvo a la cama.

Y entonces se marchó dejando al azulado puerco espín tirado en el suelo.

Después de ponerse su pijama, Sonic se metió en la cama junto con aquel al que consideraba y se suponía que era su pareja una vez escondido el vibrador.

"Si mi cuerpo desnudo reposando débilmente en el frío suelo del baño no le pone a cien, no sé qué lo hará..." pensó el erizo, visiblemente afectado.

Y, a pesar del dolor que sentía en su corazón, el puerco espín azul consiguió conciliar el sueño, pensando en que, muy pronto, regresaría a aquel Sex-Shop.