Propósito #1 para la FF, 2012.

Ok, lo admitiré… ya les tengo cariño a Tai y Yama, los extrañaría si no nos acompañaran a lo largo del año. Además, tuve este chispazo de inspiración en septiembre u octubre y no podía dejarlo pasar (ya tengo las ideas para algunos capítulos en particular).

Aclaración: Precuela de Vivir en pareja, ahora les veremos antes de formalizar.


No pediré perdón

Hacía calor y la paleta se derretía, estaba dejando una serie de gotitas en el suelo justo al lado de sus zapatos; y mientras Yamato comía la propia, seguía pensando en la razón por la cual le había comprado una al moreno: para no compartir.

Y no que le molestara, era un hábito de años, pero también admitía que una… se había vuelto ninguna, y ya no eran niños.

Con la maleta al hombro y viendo que el otro demoraría, decidió soltarla y sentarse en una banca. Estaba esperando que Tai saliera de los vestidores, habían tenido práctica de soccer durante casi media tarde y antes de eso, una mañana repleta de clases y tareas.

–¡Cada día tardas menos! –exclamó Tai, acercándose con el cabello mojado y esa enorme sonrisa tan suya al haber estado entrenando horas consecutivas y sentirse satisfecho con ello–. Tuve que golpear puertas para ver si estabas todavía en las regaderas. ¿Tienes prisa?

–No, pero te dije que estudiaría luego de la práctica…

El rubio habló paciente y le tendió la paleta de limón, la suya ya iba por la mitad y obviamente no se derretía como la otra.

–Entonces, sí –enfatizó la palabra–, tienes prisa.

Tai recibió la paleta y cuando planeaba llevársela a la boca…, el calor terminó por hacer lo propio y, por culpa de la gravedad, ésta se deslizó por el palito cayendo al suelo.

Splash…

Un poco más, y terminaba sobre los pies de Tai.

–Demoraste mucho.

Yamato se encogió de hombros, restándose responsabilidad, pero Tai se sentó a su lado y le miró fijamente; cuando no obtuvo respuesta, se movió, dio una mirada a la paleta en manos de su amigo y elevó la atención de regresó al rubio.

–Comparteeeeeee…

A Tai le faltaba poner grandes ojos, como de cachorrito, para ser aún más demandante pero también bastaba con el índice señalando la boca ajena y ese gesto mudo, un claro "ahhhh" que obligó a Yamato a ceder, acercándole la paleta.

El otro no lo pensó dos veces, y se adueñó de la misma.

–Andas muy roñoso –replicó Tai, mordiendo el hielo pero siendo sincero.

El chico se ganó una mirada pero Yamato prolongó su silencio e incluso pareció pensar en lo que respondería en lugar de sólo negar su mal humor como siempre hacía. Tai llevaba unos meses notándole irritable pero, como lo suyo no era leer mentes, hasta ese momento había encontrado la forma oportuna de sacar el tema a colación.

Podían ser mejores amigos mas, ciertamente, hablar de sentimientos no se les daba bien. Era eso, y el ser varones… una simple palmadita en la espalda bastaba para hacerle saber al otro que le apoyaba.

–No falta mucho para el examen –finalmente, Yamato había encontrado algo que decir.

–Ajá…

Tai tenía la boca llena, el paladar un tanto congelado, y no encontró nada más elocuente que añadir.

–El de ingreso a la universidad –el rubio aclaró aquello, como si no fuera obvio–. No puedo creer que estés tan tranquilo, ¿acaso piensas desertar y dedicarte al soccer?

–¡A qué no es mala idea!, ¿verdad?...

–Supongo…

Era el equivalente a decir que Yamato se dedicaría sólo a la música y aunque sonaba genial, el rubio tenía esa palpable necesidad de al menos pasar su examen de ingreso y luego ya darse el lujo -que sí sería uno- de elegir sí quedarse o no.

Además, era una época complicada…

En la vida de Yamato no todo se reducía al examen, y realmente éste no era capaz de saber qué era lo que pasaba por la mente de Tai; a veces se desesperaba tanto, y él moreno simplemente le sonreía y le recordaba que todo estaría bien.

Ojalá…

–Relájate, seguro apruebas.

Yamato volvió a mirarle y ante lo que era una frase de apoyo, dicha con toda la sinceridad de parte de Tai, esbozó media sonrisa; luego, recogió su maleta con el equipo de soccer y se levantó de la banca seguido por el otro.

–Ahora se supone que tú debes decirme lo mismo –Tai puntualizó aquello–, ¡mal amigo! ¡Y yo que siempre me esfuerzo!

–No seas dramático.

Sonrió dándole un empujón al tenerle a su lado, uno que Tai imitó con tal de no quedarse atrás; Codazos, puñetazos fingidos, uno que otro abrazo tosco que se convertía en un forcejeo lleno de camaradería y risas…, eran cosas de todos los días.

–Si estudiarás la mitad del tiempo que entrenas –alegó el rubio, pasándose la diestra por el cabello–, podría decirlo con toda confianza.

Sin embargo, Yamato sabía de antemano que éste también estudiaba y que tenía la presión de sus padres de por medio; era un tanto diferente para él, que si bien tenía a su padre preguntando qué haría… tenía más libertad para elegir por cuenta propia.

Cuán rápido había quedado atrás esa época en donde lo más importante era salir del colegio para llegar a tiempo a casa y encender la televisión.

–¿Vendrás a cenar?

Tai pasó un brazo por los hombros de Yamato, acercándole a él.

–Creo que hoy es noche de hamburguesas y hay un helado en la nevera que tiene mi nombre también –recordó, entusiasmado con la idea–. Te podría invitar… ya sabes –y le mostró el palito de la ex paleta, antes de arrojarlo a un bote de basura cercano.

–¿Hamburguesas y helado?–Yamato lo meditó–. Lo haces más difícil así…

–¡Pues si no hay nada que decidir! –replicó, apretando el abrazo sobre el rubio–. Además, dejamos una película a medias y ya sabes que en casa no les molesta si te quedas a dormir.

–Ya sé.

Yamato afirmó, pasaba mucho -demasiado- tiempo en casa de los Yagami.

–Y aún con todo –una ceja, en el rostro de Tai, se arqueó con cierto reproche–, piensas decir que no.

El rubio se encogió de hombros. Tai era un amigo acaparador, exigente en sus tiempos y actividades; sin embargo, ese día tenía otro pendiente y una muy buena razón para guardar -un poco- las distancias.

–Iré a la biblioteca, y más tarde tengo ensayo con la banda.

–Uhm…

Para nada convencido, ahora fue Tai quien se encogió de hombros.

–A ver si alguna vez me ayudas a mí a estudiar –replicó otorgándole una mirada tajante antes de soltarle–. La empalagosita esa, saca mejores calificaciones que yo. Te recuerdo, todos estudiamos en la misma clase.

–¿Empalagosita?...

–Esa –recalcó Tai.

–Oh.

Y por primera vez en todo el rato, Yamato sonrió a sus anchas y pareció más él mismo; quizás, lucía hasta algo entusiasmado. Tai hubiera reparado en ello, si acaso no se hubiera quedado con la imagen mental de la castaña pechugona que miraba al rubio y sonreía, seguramente muy lejos de ecuaciones algebraicas.

–No te pongas celoso –fue la respuesta que obtuvo.

–¡No estoy celoso! –Tai alzó la voz pero se recompuso de inmediato–. Es que soy tu amigo y me doy cuenta de cosas que tú no, además… ¿por qué no me ayudas a mí? Tengo prioridad, son años de conocernos.

Había temas y circunstancias, precisamente por los años de conocerse, que Yamato no discutiría en vano con Tai; no sería la primera vez que el moreno se quejara de los muchos amigos que había perdido por cuestiones de faldas, y de lo duro que era cuando todos comenzaban a emparejarse y a tener citas.

–Bien, bien…

Palmeándole el costado, Yamato negó con suavidad.

Si solía cumplir los caprichos de Tai era porque le quería, y le era inevitable el desear que las cosas entre ellos estuvieran bien… aunque sabía que el otro no se ofendería realmente, ni su amistad terminaría por cosas simples y un tanto absurdas como aquella.

Además, no lo estaba dejando de lado por una chica.

–¿Bien? –Tai insistió, adivinando hacia donde iba Yamato.

–Elige el día y estudiamos –terminó su frase, buscando la mirada del otro–, ¿ok?

–Hoy –la determinación se notaba en el tono de voz de Tai.

Pero como si estuviera hablando con un niño pequeño, entusiasmado y olvidadizo, Yamato se pidió paciencia.

–Hoy prometiste llevar a Hikari a comprar materiales para su proyecto –le recordó, aunque en lo personal imaginaba que la chica podía hacerlo sola o bien, sería más feliz de ir en compañía de sus amigas.

–¡Rayos!

Acostumbrado a Tai, Yamato sonrió.

–Ni hablar –replicó–, eres un hermano mayor sobreprotector.

–Por supuesto –y con el orgullo exaltado, Tai apretó el brazo de su mochila–. ¿Has visto a Hikari últimamente? ¡Es preciosa! ¡Una chica tan linda no puede andar sola! ¡No sabes los peligros que hay! Tienes suerte de tener un hermano, las cosas así son más fáciles… seguro puedes aconsejarle y te escuchara, en cambio Hikari…

Un bufido completó la frase, justo cuando Yamato había detenido sus pasos y parecía esperar una pausa en toda la verborrea del moreno. Tai notó los ojos claros fijos en su persona y, fugazmente, se preguntó si acaso había estado hablando demasiado o si tenía algo raro en la cara y el otro estaba a punto de hacer un mal chiste sobre ello.

–Yo voy hacia allá.

Como si hubiera sido necesario y no conociera su propia escuela, Tai volvió la mirada hacia la derecha siguiendo el sendero que conducía hacia la biblioteca; alto y con paredes de cristal, el edificio se notaba desde donde ellos se encontraban.

–Bien… –Tai movió la cabeza, sintiendo que algo se le estaba escapando.

–Ve con cuidado –Yamato se despidió.

–Claro, tú igual.

Si continuaba derecho Tai llegaría a la salida, mas no había dado ni dos pasos en esa dirección cuando recordó aquel detalle que estaba repicando con mortal insistencia en su cabeza; ¡el rubio le había hecho trampa!

–¡Yama! –exclamó, girándose hacia él.

Aunque ya bastante lejos, el aludido volvió la mirada hacia Tai.

–¡Estudiemos mañana! ¡Por la tarde!

Una afirmación y una sonrisa, Yamato no se molestó en gritar y sólo elevó la diestra para hacerle saber que estaba de acuerdo. Realmente, Tai no necesitaba más para saber que el rubio separaría el tiempo y le ayudaría con los estudios; podía no parecerlo pero, a él también le importaba aprobar el examen y aún no estaba seguro de qué otra cosa haría si acaso no aplicaba.

Incluso ya había recibido un reproche de su madre, quien alegaba que pasaba demasiado tiempo con Yamato. Obviamente, él se había defendido. Ellos eran mejores amigos, ¡claro que pasaban mucho tiempo juntos! ¡Así debía de ser!

Pero si estudiaban un poco, seguro que su madre se calmaría.

–Mañana…

Con mejor ánimo, Tai salió de la escuela para dirigirse a casa.

oOo


Todos digan "Awww, son mejores amigos".

Así comenzamos. A los que vienen del otro fic… gracias~, espero que éste les guste. Y a los que son nuevos, vayan al otro (dudo que quieran esperar todo el año xD).