XXX 65º 27 de octubre

Jimena marcó el número con rapidez, pero su sorpresa fue mayúscula cuando oyó como sonaba en la cajonera de la entrada, emitiendo un largo suspiro, no se llevó el móvil.

Volvió a coger el teléfono y marcó otro número, hacía mucho tiempo que no lo usaba, pero fue el único que se le ocurrió para saber algo de Eva:

- Diga – contestó una voz masculina al otro lado del teléfono – Diga – repitió.

- ¿Silvestre? – preguntó Jimena.

- No, ¿quién eres?

- …– Jimena dudó – una vieja amiga.

- Espera un momento – oyó como dejaban el teléfono sobre algún mueble, mientras repetían sus palabras al otro lado dice que es una vieja amiga, tiene que ver con…pero la voz no siguió hablando.

- Diga – contestó Silvestre.

- ¿Silvestre?

- El mismo. Lor…Jimena, ¿no? – dijo el hombre.

- Si. Siento llamarte a estas horas, pero…

- No hace falta que sigas. Tranquila Mónica, digo Eva – se corrigió al instante – está bien, pero no está aquí – cortó Silvestre seco.

- ¿La viste? – insistió Jimena.

- ¿Crees necesario preguntar eso? Sabes que coincidimos en el instituto – el hombre se tomó unos segundos antes de continuar – ¿qué pasó?

- Silvestre, siento haberte llamado tan tarde – respondió rápidamente Jimena, para esquivarle.

- No, te vayas por las ramas, ni lo intentes. No me digas que nada, no me digas que no me incumbe, sabes que no puedes pedirme eso. Vi a Mo... a Eva esta mañana y no hacen falta las palabras para saber que tiene que ver contigo, así que dime que pasa – argumentó Silvestre.

- Nosotras, yo…– Jimena suspiró – Discutimos, dije cosas que – la mujer apretó los labios – Silvestre, metí la pata hasta el fondo, tengo que encontrarla, hace un día que no sé nada de ella, el móvil lo dejó en casa, y no ha venido. Por favor, necesito que me ayudes… Y si antes de que digas algo, no tengo derecho a pedirte nada, pero eres la única persona que pensé que podría saber algo de ella. Dudo que esta vez te incumba, además, dejaste de tener derecho hace tiempo…

- Eso es discutible – Silvestre contestó brusco – más si pensaste que te estaría aquí. Pero tienes mucha fe, si crees que después de una bronca contigo iba a venir a verme. Mañana si la veo en el instituto le diré que hablé contigo, pero no te prometo nada, no pienso pedirle nada, ¿de acuerdo?

- Si, gracias. ¿Silvestre?

- Dime.

- Te debo una.

Jimena colgó el teléfono, al menos ahora sabía que Eva estaba bien. Así que decidida a esperar el regreso se sentó en el sillón, pero después un minuto estaba dormida profundamente.