Hola, hola, mi gente bonita ^^... ¡Ah, qué perpicaces! Un fic nuevecito de paquete...

Comentarios, lo que sea: ay, emoción! XDDDD

Los dejo: con cariño, aquí les va...


Sobrenatural

Prólogo

La estrelló contra la pared: Miyuki golpeó no una, sino mil veces, pero no obtenía respuesta alguna. Se besaban como si no hubiese mañana… La echó contra la cama, y la risa de la bruna no se hizo esperar: ante tal hecho, Miyuki golpeó con mayor brío la puerta, a lo que ambos se miraron y bufaron al unísono.

Natsumi se hizo de notar: no había forma de continuar su repertorio, hasta unas horas más.

-Te dije que nos besáramos… Sabes que no puedes controlarte cuando—todo reclamo fue interrumpido por un golpe hacia las canillas de su pretendiente por las siguientes palabras lascivas que soltaría, el cual retrocedió un tanto.

-Cállate, Zelig: te he dicho que no te pusieras meloso aquí…

Abrió la puerta lentamente, buscando el modo de salir desapercibidos del lugar, cuando un empujón de la morena la hizo caer de posaderas al piso, ante la sonrisa de treinta y dos dientes del muchacho.

-Ajá: así te quería pillar… Natsumi Tsujimoto… Eres una flojonaza: te he dicho que teníamos que estar en la estación hace ya media—en medio de su discurso, cayó en cuenta del muchacho que estaba tras la bruna. Abrió los ojos, sorprendida: era el mismo chico que había visto cuando estaban las dos de parranda, para celebrar la resolución de los falsos policías.

Un joven corpulento, pero no en demasía: de cabello café oscuro, engominado y con patillas. Los ojos caramelo se mantenían fijos en Natsumi, mientras la morena movía las cejas con malicia, ante la incomodidad de la bruna.

Esa pilla: estuvo toda la velada mirando al muchacho, quien estaba con unas muchachas más. No tuvo, al parecer, mucho trabajo por hacer, ¡con lo guapísimo que era!

-Vaya, vaya, Tsujimoto: no me presentaste a tu invitado…- espetó Miyuki, de brazos cruzados contra el marco de la puerta: supo, desde ese instante, que su compañera le haría pasar un buen momento de incomodidad.

El muchacho, quien ni siquiera había sentido la vergüenza de su compañera, le dio la mano con fuerza, a lo que Miyuki sonrió incitante- Miyuki Kobayakawa, compañera de esta atolondrada… y tú eres…

-Zelig von Wolfstadt… El compañero de cama…- dijo con soltura, y una sonrisa que no daba asomo de entender lo que había dicho. Un puntapié de su interlocutora le hizo mascullar y mirar desentendido por la agresión a Natsumi.

-¡El camarada, quiso decir!...- espetó, mirando con enojo al alemán, por su soltura- Verás,… Zelig recientemente llegó desde Alemania: no maneja muchos modismos del idioma, aunque debo confesar que es un prodigio. Se puede comunicar perfectamente en un japonés impecable…

-Por supuesto, primor: y tu inglés en la cama es—

Se escuchó el golpe en todo el edificio.


-¡Bueno, Miyuki!: ¿qué te pareció Zelig? Te dije que podría conseguir que el chico me mirara: es que tiene esos ojos color miel que me volvieron loca… Se nota que no es un pervertido, como de los que me has advertido…

La azabache entornó los ojos, cansada con la media hora ya de discurso: siempre era lo mismo con Natsumi.

La aludida de sus pensamientos salió de la ducha, con la bata a medio amarrar: estaba concentrada en el nudo, aunque era una excusa más para volar en sus pensamientos, en Zelig y la mirada fija que le prodigaba.

-Natsumi, no quiero que te ilusiones con ese chico…

-¡Pero si no he terminado de describírtelo!: ah, mujer… Ahora sí no me he equivoca—

Antes de terminar la frase, la azabache la silenció con un dedo: ante este gesto, se abstuvo de continuar. Miyuki prosiguió- Natsumi, escúchame: esto lo hago por tu bien…- musitó dulce, acomodándole un mechón de cabellos detrás de su oreja- No quiero que me malinterpretes: tu capacidad de hacer amigos, buenos amigos es fantástica… Tienes un ángel que muchos desearían poseer…- exhaló un instante y le dio la espalda- Sin embargo, en el caso de parejas, tus elecciones dejan mucho que desear…

-Pero Miyuki, tu opinión—

-¡Mi opinión!- continuó la ojiazul, con espeto: luego, suavizó su tono de voz- mi opinión se ve sustentada en mucho hechos, ¿o debo recordarte qué es lo que ocurre con cada novio que presentas en nuestra casa?

La mirada de la chica se opaca: baja la mirada y asiente levemente. Miyuki sonríe, al ver la aceptación por parte de la bruna- … Son engañosos: todos ellos. Los hombres te utilizan; y cuando les das un espacio a favor, te engañan con la primera mujer que ven…

-Sólo me engañan contigo…- musitó Natsumi, a lo que su compañera continúa.

-¿Y sigues siendo mi amiga porque?

La bruna bufa y responde apagada- … Porque eres la única persona fiel que tengo…

-Linda…- tomó su rostro y le dio un beso en la frente- No te arrepentirás de la decisión que has tomado: mañana en la mañana, lo cortas…

El sinsabor del hecho la hace mirarla con desesperación: Miyuki intuye su tristeza y la culmina- … Nada mejor que un corte limpio, sin dolor, ¿no lo crees así?

-Sí, tienes razón: termino con él mañana…

-Sí, sí: ésa es mi chica… No se te escapa nada, ¿eh? No te aflijas, pequeña- fue a la cocina, a revolver la olla en donde estaba haciendo el causeo de fideos-: en cuanto sigas mis consejos, cada uno de ellos, tendrás a una persona que en verdad te quiera como corresponde. Sin las mentiras ni el dolor que siempre te causan…- culminó, con la cuchara señalándola.

Deseaba rebatirle, pero su compañera de trabajo tenía un poder tan grande en ella que le era difícil contradecirle un ápice.

Nada: Miyuki quería algo de ella y lo conseguía al pie de la letra.

-Hey…- el llamado suave de su compañera la puso en alerta- ¿quieres que nos duchemos juntas? Así, como te gusta…

No, ¡no!: no quería hacerlo… Le decía el instinto que no podía dejarse llevar…

-D-de acuerdo…

Caso perdido: ocurría con cada hecho que implicara su aprobación.


Mascullaba unos insultos a su casillero: intentaba, a presión, meter sus ropas.

-Maldita sea… ¡Que te metas, te digo!

En eso estaba, sin percatarse que se acercaba el teniente Toukairin: no la había visto en el entrenamiento de primeros auxilios, cuando siempre se sentaba en primera fila, preparada para ponerlo en predicamento.

Se apoyó contra el locker del lado, mirando a la susodicha luchar contra las leyes de continente-contenido.

-¿Algún problema con su casillero, oficial Tsujimoto?- escuchó decir a Kachou, al verla tan afanada en su discusión con el objeto de discordia. Al ver al objeto de sus cuitas tan de cerca (casi de nariz), gritó y la ropa salió a presión, regándose por todo el lugar: uno de sus interiores, el amarillo, se balanceó ligero en el aire, hasta dar en la cabeza del capitán de la estación.

Todo era silencio: Natsumi quería llorar de la vergüenza, ¿era posible tener tan mala suerte?…

Frente a dos personas a las que admiraba, llegar a dar tal espectáculo.

-… Bueno, señorita Tsujimoto, espero que, para la próxima, ordene como corresponde sus pertenencias: no queremos una escena similar con el inspector Arizuka. Demasiados problemas hay ya, como para tener a ese hombre de punto fijo en la estación.

Nada: nada que le indicase que suponía de la existencia de la prenda que pendía de su cabeza: miró hacia el teniente Toukairin, en una súplica muda.

En un acto, casi de tele transportación, la prenda ya no se encontraba en la cabeza de su superior: ambos pendientes de la distancia prudente, para hacer el vergonzoso intercambio…

De pronto, cayó en cuenta: la mirada se direccionó en el teniente, y quiso enterrarse hasta el fondo de la tierra.

Miraba, atentamente, la prenda de la susodicha: amarilla, con un oso tirando la lengua, en la parte de la retaguardia. No supo si agradecerle por la ayuda prestada, o espetarle y darle una colleja por la dedicación a algo tan íntimamente suyo.

Optó por carraspear, a lo que el teniente, con el rostro azorado, le dio la prenda a la dueña.

-L-lo lamento, oficial… Espero no haya pensado que quería guardarlo…

Iba a contestarle, cuando sintió el frío en la naciente de la nuca: miró hacia atrás, encontrándose con la cara iracunda de Zelig. Vio al teniente, la prenda extendida hacia ella, y la asociación le dio escalofríos.

-No, Zelig: no es lo que tú piensas… Nosotros—

Pero la réplica no llego a ella: haciendo gala de su porte, la hizo tiernamente a un lado, para enfrentarse verbalmente al tipo, que osaba tocar a Natsumi.

- Verdammt wolf, was sie pretent tun, um mit meiner frau zu tun?

La bruna frunció el ceño: claramente, le estaba hablando en alemán. Miró hacia el teniente, quien puso una cara de desconcierto que jamás había visto en un hombre tan compuesto como él: no era de miedo, sino de asombro.

Contrario a lo que la oficial pensaba, Toukairin respondió a la afrenta.

- Seien sie ruhiger mann, den ich keine absichten zum unrespet mein freund habe…- le dijo, con la voz entrecortada por su propia inseguridad.

Tal nivel de desconcierto la llenó de dudas, respecto a las dos personas que creía conocer bien: no sabía si estar así por escucharles hablar como conocidos, o por lo poco que sabía de ambos.

Pero los pensamientos y cavilaciones se disiparon: tras unos instantes de tensión, los colmillos de Zelig se mostraron, sonrientes, y una suave risa comenzó a llenar la habitación la que terminó en carcajada.

El teniente bajó las manos, al captar que el peligro había pasado, mientras Natsumi no entendía bien qué era lo que había ocurrido en esos instantes: sintió el agarre del germano en sus hombros, y un sonoro beso en la mejilla.

-¡Ja, ja, ja, ja! Habérmelo explicado así… Lamento la escena, compañero…

El teniente sonrió, no muy convencido de su propio relajo, al saberse arreglada la situación.

Debió haber previsto esos detalles: la mirada inquisidora de ambos chicos, la palabra "compañero", la cual supuso, tontamente, de origen alemán… El ambiente que delataba que no era la primera vez que se habían encontrado…

-Ay, Natsumi, Natsumi: no sé qué pajaritos tienes en la cabeza… Mira que dejar en predicamento a este chico por tu desorden…

La mirada de reproche recayó en el teniente- No tenías porqué decirle todo…- masculló, enojada por su falta de tacto.

-Se equivoca oficial: yo no lo he—

-¡Pamplinas!: pequeñeces que ya no tienen sentido… Hey,- llamó su atención: al voltear, sintió el casco puesto en su cabeza, en un instante- Ya es hora de comer: te invito a sushi…

Los ojos se le iluminaron: asintió, con alegría.

El teniente los despidió: al verlos alejarse, se dio cuenta que el muchacho había tomado la prenda de ella, y se la puso en el bolsillo. Acto seguido, se dio vuelta unos segundos, mirándole como para haberle disparado.

Empuñó ambas manos, incapaz de poder revertir la situación.

Cuando creía que había escapado de las peleas…


-… Soy una interesada…- musitó Natsumi, al sacarse el casco de la cabeza: Zelig la quedó mirando, con el ceño fruncido. Al verse capta de su atención, sonrió ampliamente- No sé si salgo contigo por ti o por esta hermosa moto: ¡si tengo un orgasmo, al siquiera mirarla!

Los pasos del germano se detuvieron ante la espalda de la oficial: la tomó hacia sí, con toda la ternura que podía prodigarle…

-… No quiero que te asustes, por lo que voy a decirte…- musitó, dejándole el oído expuesto: los nervios del rechazo latigaron sin piedad su corazón herido. Las palabras, sin embargo, no fueron las elucubradas; mucho menos las parecidas a su compañera- … pero, no quiero seguir esta relación de amistad con beneficios…

Se dio vuelta, con los ojos iluminados, aunque con el ceño fruncido ante él.

-No lo sigamos, entonces… Zelig, no te amarraré a nada…

-No me entiendes, mein lieber freund- la puso, enfrente suyo, con esa mirada tan nítida y pura- Al contrario, es precisamente lo que tengo en mente.

La besó de improviso. Apenas pudo cerrar los ojos, cuando sintió el tacto de un metal pasar por su dedo: intentó soltarle, pero el agarre se tornó más fuerte, a medida que se le resistía.

Cuando pudo despegarse de él, la vista se desvió a su dedo anular: una sortija, plateada, con una inscripción que, aunque sencilla, era casi milenaria.

-Esto es hermosísimo, ¿por qué a mí?

-Basto con estos momentos, Natsumi, para darme cuenta que eres la única mujer a la que verdaderamente amaría: el anillo es para probarte que tu amiga está equivocada…- la tomó con brusquedad de los hombros: estaba acostumbrada a la fuerza desmedida del chico, era sin intencionalidad- No seré un hombre más en tu vida: … no puedes cortarme, porque no permitiré estar un solo segundo alejado de ti…

Le sonrió, melancólica: lo alejó de sí, y el occidental supo el nivel de injerencia que tenía Miyuki sobre su bruna.

-Tengo que pensarlo… Esto no va como lo había planeado…- musitó, friccionándose los brazos con celosía: el muchacho bufó, dando por sentado que nada lograría con presionarle.

-De acuerdo: será como tú digas…- Natsumi le sonríe, a lo que el bruno la presiona contra sí- …pero no por mucho…- terminó, besándola en la boca- Vamos, que me diste hambre…

La dejó en el piso, pero Natsumi aún se sentía elevada en el aire.


-Maldición, dejé ese maldito celular…- masculló.

Dejó la moto en el cobertizo: corrió hacia la puerta de la estación. Forzó la puerta que daba hacia el hall, pero estaba cerrada. Tras patearla, con rabia, corrió hacia la parte posterior, en búsqueda de la ventana siempre confiable, la que falta por cerrar.

Observó, de unos metros de distancia, la vía de su salvación: estaba por dirigirse a ella, cuando unos sonidos, provenientes de la azotea, la desenfocaron de su propósito.

Vio al teniente, mirando hacia el cielo: estaba por saludarle, cuando cayó en cuenta que estaba sólo en bóxers.

Miraba la luna, atento, la luna llena y amarillenta que fue desvelada de entre las nubes de lluvia:… de lo que fue espectadora, al poco rato después, era increíble.

Vello, en sus piernas y en su pecho: los brazos, cubriéndose lentamente… La transformación culminó cuando, en un aullido, los colmillos brillaron del escondite de las encías.

Un gemido de impresión alertó al ser súper natural: la mirada se fijó en ella, quien había tapado, tardíamente, su boca a dos manos.

Sin dar lugar a una persecución, la bruna salió corriendo del lugar: el teniente, en su fuero animal, vio a la chica alejarse, y saltó hasta caer al piso. Producto de la fuerza del salto, una onda sísmica hizo que Natsumi cayera, y el movimiento telúrico rompió con los vidrios del edificio.

No miró hacia atrás: sabía que, de caer en sus garras, todo terminaría mal. Se incorporó, a trastabillas, y buscó desesperada, llegar al cobertizo.

Por suerte de su condición física, logró alargar la persecución entre devorador y presa: tomó su Yahama y aceleró a máxima velocidad.


Apenas y pudo cruzar unas calles: miraba, por el retrovisor, cómo la bestia,- en la que se había transformado Toukairin-, corría por las ventanas de los edificios, hundiéndolas por su peso, rota ya la ley de la gravedad.

La seguía, estaba en su búsqueda: y nada parecía impedimento… A sabiendas, por el comportamiento normal de su compañero, que nada en su condición actual llamaba a la cordura ni a la consciencia, que sólo le quedaba el huir.

Tenía que salir de allí: la gente comenzó a gritar, desesperada, ante la imagen del teniente.

Fue hasta un callejón, para volver a las zonas residenciales, cuando ocurrió lo inesperado: Shouji, en forma licántropo, aterrizó todo su peso en el motor de su motocicleta, lo que hizo que Natsumi saliera disparada.

Afortunadamente, el contenedor de basura sirvió para aplacar la fuerza de la caída: salió, con lentitud, pero al más mínimo movimiento que tuvo, apenas pudo salir del contenedor, la pierna izquierda le falló.

Cayó al piso de posaderas: ante el adormecimiento, pues no tenía dolor, supo inmediatamente que se trataba de una fractura.

Herida, sola y sin salida

Mierda: iba a morir.

El licántropo iba hacia ella: en un acto instintivo, se cubrió con ambos brazos.

Apenas y alcanzó a tomarle el brazo.

Natsumi, temblando de pies a cabeza, se dio cuenta que había pasado tiempo ya, y no lo sentía cerca. Bajó los brazos, y vio cómo se retorcía en el suelo, con la garra echando humos.

Una luz fosforescente, proveniente de su mano, le hizo caer en cuenta.

Era el anillo: el anillo que le había entregado Zelig.

Se tomó la cabeza a dos manos: nada en su mente encajaba.

-Qué mierda… Qué mierda ha pasado aquí…- musitó, casi al borde de la locura.

De pronto, vio que se incorporaba: pero ya no estaba transformado.

Se tomó fuertemente de la cabeza, se le veía aturdido, conmocionado: pronto, recae en la figura de la oficial, la moto quemada y el temblor que la poseía. Las alarmas de los autos y los gritos de la gente recomponían el rompecabezas que, en su estado bestial, estaba en neutralidad.

Quiso acercarse, intentar explicarle, cuando ella toma su pistola de servicio y le apunta.

-Quieto- masculló, con el temor que volviera a convertirse: el teniente se acerco, de nueva cuenta, con la angustia en sus ojos azulinos, pero nada aminoraba el éxtasis de verse en peligro de muerte-, ¡quieto, mierda!

Continuará…