Lo de siempre: Soul Eater no me pertenece. Es de un tal Atsushi Okubo, ese que nos ha hecho sufrir una innumerable cantidad de veces con su prodigioso manga. Si fuera mío... en fin, sería un asco.

Y así es como llegamos al final definitivo de esta historia. Muchas gracias por todos los comentarios que me han ido dejado a lo largo del fic, y también a quienes han soportado la espera de cada nueva actualización. Si bien puedo decir que estoy contenta con el resultado final de la historia, no podré nunca sentirme enteramente orgullosa por mis meses de demora. Espero que sepan que lo siento, y al mismo tiempo les agradezco por haber seguido ahí.

IMPORTANTE: Este epílogo está escrito desde el punto de vista de Maka, como había mencionado antes. Aunque también habría resultado interesante narrado por Soul, pero en fin. Espero que les guste de todos modos.

Ahora sí, los dejo con el epílogo.

Si ustedes gustan...

¡Lean!


Invierno


Epílogo

Esa mañana había decidido ir al cementerio a visitar la lápida de Kami. Aún era de noche cuando había llegado, pero había permanecido un largo rato allí, sentada, tratando de tranquilizarme.

Shinigami había dicho que ese mismo día decidiría qué hacer con los prisioneros. Y eso incluía tanto a Soul como a Chrona. El día anterior mi arma había confesado sobre su pasado al Dios de la Muerte, y aunque había creído que el veredicto sería dicho aquel mismo día, había decidido retrasarlo hasta hoy. Parecía a propósito: no podía soportar ni un segundo más con toda esa incertidumbre.

Aunque Wes había tenido una reacción mucho peor. Nos habíamos encontrado en el departamento de Soul esa noche, como habíamos dicho, y cuando le conté que todos conoceríamos la decisión del Shinigami al día siguiente, se había vuelto loco. Por poco y destruía el departamento de su hermano por completo, aunque había podido tranquilizarle. Esa vez, me había dicho que permanecería por el resto del día en casa de Soul, a espera de noticias. Cuando supiera qué ocurriría, sencillamente llamaría a su casa.

Esa era otra de las razones por las que no pude pegar ojo en toda la noche: mientras que yo me quedaba en casa de mi tío, había un brujo en uno de los departamentos de Death City, y cuyos ataques de ira podían hacer más que llamar la atención de los vecinos. Esperaba que al menos él hubiera conseguido dormir esa noche. Además de eso, teníamos casi asegurado que ya no habría ningún tipo de inspección en casa de mi arma por parte de Shibusen, como había ocurrido desde su huida de la ciudad, cuando buscaban más pruebas para comprobar su culpabilidad (no habían hallado nada). Wes había tratado de tranquilizarme diciendo que, en caso de que se apareciera alguien de la nada, él trataría de marcharse sin ser visto... ¡Como si eso me hubiera ayudado a sentir calma de alguna forma!

Así que, mientras seguía en casa de Stein, recordé las veces en que mi madre se acercaba a mí cada vez que me notaba intranquila, y hablar con ella siempre me había resultado de gran ayuda. Y en ese momento la necesitaba. Quería que estuviera a mi lado para darme esa paz que varias veces me había ayudado a encontrar, y más que nada, me hubiera gustado tenerla frente a mí para ser capaz de abrazarla, de oír nuevamente su voz y ver una vez más su sonrisa.

Por eso fui al cementerio. Apenas había abierto cuando llegué, y estaba prácticamente vacío. Aún se mantenía así, al menos en donde yo estaba.

No estaba segura de cuanto tiempo había pasado mientras que me quedaba sentada en el suelo, al lado de su lápida. El frío ya no era tan terrible como antes: se acercaba la primavera, y los árboles comenzaban a recobrar sus hojas y flores. Death City lucía menos tétrico en primavera, y eso parecía animar siempre a sus ciudadanos.

Aunque esta vez la ciudad necesitaría más que la primavera para animar a su gente.

Había salido el sol, y yo aún seguía observando la foto de mi madre que había en la lápida, una foto que no recordaba haber visto antes. En la imagen, sonreía directo a la cámara. Era como si me estuviera mirando directo a los ojos a mí en ese momento. Y aunque sabía que no era así, que ella no estaba ahí, de alguna forma había logrado hipnotizarme. Nos mirábamos. Yo observaba su sonrisa, sus ojos límpidos; y ella veía en mí todo lo que la necesitaba, y a su vez me prometía que todo estaría bien. Siempre había dicho eso: días antes de que ella se fuera, me había dicho que mantuviera esperanzas.

—¿Puedes prometerme que todo irá bien? —murmuré—, como solías hacer antes.

La foto me siguió observando en silencio, como total respuesta a lo que acababa de pedir.

Solté aire y me puse de pie. Cuando estaba a punto de marcharme, comenzó a sonar mi teléfono en el bolsillo. Por un momento creí que se trataría de Spirit llamando para saber en donde estaba, teniendo en cuenta que me había ido sin avisarle de nada a nadie.

Pero al ver el número de quien me llamaba, me quedé de piedra. Era Kid.

—¿Hola? —atendí.

—Soul y Chrona van a ser liberados. Mi padre acaba de decirles.


Pasó una semana hasta que Soul se curó completamente y pudo volver a su departamento. De no haber sido por la magia de Kim, seguramente le habría llevado más tiempo recuperarse. Así que ese día lo acompañé desde Shibusen a su hogar, y había estado tanto tiempo acostado que parecía haberse olvidado de cómo caminar, porque iba con todo el cuidado posible. Tardamos en bajar las escaleras de Shibusen el doble de lo acostumbrado.

Cuando llegamos a su casa luego de toda aquella travesía, lucía agotadísimo.

—Black Star me contó que te visitó todos los días —le dije—, seguro que pensaba que la presencia de un gran ser como él te curaba, o algo así.

—No lo sé —contestó Soul—, pero no dejaba de presumir que había conseguido el alma de un brujo. Aunque me pregunto cuántas almas de demonio les quedan para convertir a Tsubaki en Death Scythe.

Fue a la cocina y volvió a con varias hogazas de pan. Se sentó en la mesa y comenzó a comer la primera. Le dije que no en cuanto me ofreció una.

—Tenemos casi la misma cantidad de almas capturadas que ellos —continué—, así que estamos técnicamente iguales.

Soul negó mientras seguía comiendo y hablando con la boca llena.

—El alma del brujo es una gran ventaja. Se nos adelantaron, y Black Star goza de ello.

—No lo hace por maldad —dije, tras un rato de silencio—. Es solo que él... bueno, tiene la necesidad de compartirlo con todo el mundo.

Soul sonrió. Sus mejillas parecían a punto de reventar con toda la comida que se había mandado. Ya apenas quedaba un pequeño trozo de la primera hogaza.

Nos quedamos unos segundos callados. En la casa de Soul hacía algo de frío, pero porque había estado ese último tiempo deshabitada. Su hermano había hecho la última visita el día que nos enteramos que lo liberarían, pero había prometido volver a visitarlo. Aunque no estaba segura de cuándo sería eso.

Chrona había salido el mismo día en que se lo informaron, y volvió a la habitación que le dio Shibusen desde su ingreso a la academia. Aunque esa semana no la había visto lo suficiente, siendo que pasaba más tiempo en la enfermería cuidando de Soul. De todas formas, Kid la acompañó durante aquellos días, por lo que sabía que estaba en buenas manos.

Soul comenzó a devorar la segunda hogaza cuando le dije que comiera despacio o tendría que volver a la enfermería. Respondió algo que no entendí por tener la boca llena, pero me hizo caso y me conformé con eso.

Aún así, seguí observándolo. Mientras Soul comía con más calma, presté atención a sus ojos escarlata. Me costó apartar las imágenes de sus padres de mi cabeza. Además de eso, no podía imaginarme cómo había sido su vida junto a ellos. Podía hacerme una idea, sí, pero solo él podía saber exactamente lo que había sentido y sufrido. Aunque había visto algo de aquel miedo en su alma en el momento en que los tuvo frente a él. Y aún así, había elegido luchar.

—Soul —le llamé, y dirigió sus ojos hacia mí—, ¿cómo estás?

—Mejor —respondió enseguida—. Es decir, ya no me duele la herida, pero aún así sé que debo ser cuidadoso y...

—No me refiero a eso —dije, interrumpiéndolo. Su expresión cambió. Dejó a un lado la comida, y se cruzó de brazos sobre la mesa mientras me miraba seria y fijamente, en silencio—. Lo digo por tus padres.

Se echó hacia atrás en su asiento, aunque no parecía sorprendido. Sin embargo se tomó su momento para responder.

—Entonces si es por ellos, también me encuentro bien. Ya tienen la condena a muerte, al igual que Giriko. Pagarán por todo lo que han hecho: es lo que se merecen.

Habló con tanta frialdad que por un momento me hizo sentir intimidada. Pero yo me sentía igual que él. Arachne y Medusa habían muerto en la batalla; sus padres morirían por la condena la semana siguiente, al igual que Giriko.

—Es así como te sientes tú respecto a él —dijo Soul refiriéndose a dicha arma—, ¿no es verdad?

Claro que era cierto. Me había sorprendido oír que Stein no lo había matado en cuanto había tenido la oportunidad: estaba segura que no desperdiciaría su oportunidad de vengarse, porque si hubiera dependido de mí, es lo que hubiera hecho. Pero me habían explicado que Marie no se lo había permitido: algo oscuro amenazaba con dominar a Stein en ese momento, y si cometía un homicidio como ese, posiblemente hubiera sucumbido ante la locura.

De todas formas Giriko iba a morir. La razón por la que Kami ya no estaba entre nosotros dejaría de existir dentro de unos días.

—Sí —respondí finalmente—, supongo.

Suspiré mientras robaba uno de los panes que había traído Soul y comenzaba a comer, esperando que la comida fuera llenándome y quitando espacio a la ansiedad.

—Wes posiblemente venga esta noche —comenté—. Por favor, trata de convencerlo de que sea más cuidadoso. En las veces que estuvo aquí milagrosamente no llamó la atención de los vecinos.

Soul asintió, y de pronto se veía agotado. Sin embargo no dijo nada. Parecía seguir meditando lo que habíamos hablado un momento atrás. Y yo aún lo hacía.

Recordaba ese día constantemente. Las explosiones. Shinigami y Asura. Una mezcla de cabello blanco y múltiples miradas rojizas. El dolor y la sangre. La sangre de Soul.

Volví a mirarlo. Tenía que decírselo: lo había intentado todos aquellos días, pero nunca estábamos completamente solos, o sencillamente no me salían las palabras. Pensé que aquella era una oportunidad única para hablar con él.

—¿Soul?

—¿Sí? —inquirió, aunque sin alzar la cabeza. Estaba fingiendo estar concentrado juntando las migas de pan a un costado.

—Yo... aún no te he agradecido —dije, y me mordí el labio mientras vacilaba. No estaba segura de si eran las palabras adecuadas, pero era difícil encontrar un modo correcto para decir aquello. Me percaté de que Soul había alzado la mirada, y me observaba con completa curiosidad—. Ese día me salvaste la vida. Tu madre pudo haberme matado, pero tú la detuviste. Incluso me cubriste con tu cuerpo, y... De no ser por Wes, habrías muerto. Estarías muerto ahora, Soul. Y no fue solo ese único día: varias veces antes, en distintas luchas. Tú siempre cuidaste de mí. Y quiero agradecértelo.

Enmudeció. Se pasó la mano por el cabello y terminó tironeando de las puntas.

—Soy tu arma —respondió finalmente—, desde entonces mi deber es protegerte. Y... tampoco quisiera perderte. Daría mi vida por ti, sin siquiera pensarlo.

Me quedé atónita. No era la primera vez en la que Soul era honesto; de hecho, lo notaba mucho más sincero conmigo desde que me había contado de su pasado. Y podía entender que era porque ya no había más por ocultar. Antes debía medir cada cosa que decía, para que no comenzara a sospechar de su familia y su relación con los brujos.

De todos modos, lo que dijo llegó a conmoverme. Pensé en lo distinto que eran las cosas ahora de antes: cuando ni siquiera tenía un arma y apenas salía de Death City. Ahora tenía un compañero capaz de defenderme con su vida, que confiaba en mí y en el que yo había aprendido a creer. Y me sentía igual de capaz de dar mi vida por él, de estar a su lado en todo momento.

Se había formado un lazo más fuerte que nunca entre ambos.

—¿Recuerdas cuando prometí volverme más fuerte, Soul? —Él asintió, un poco más animado—. Quería serlo para ser capaz de proteger a aquellos que son importantes para mí, como lo hizo mi madre en su momento. Y quiero ser capaz de protegerte a ti, a todos. Pero necesito de mi arma para lograr eso. Somos un equipo, ¿recuerdas? No me perdonaría nunca que te sacrificaras por mí, así que nos volveremos lo suficientemente fuertes para que algo así no vuelva a ser necesario. Y te convertiré en Death Scythe. Es mi promesa.

Me puse de pie y llevé el pan a la cocina, de donde Soul lo había sacado anteriormente. Cuando volví, el seguía sentado en la silla, mirándome fijamente a los ojos.

—Es algo tarde —dije—, tal vez deba ir volviendo a lo de Stein.

—Maka —me detuvo Soul cuando me dirigía hacia la puerta—, dijiste que con Spirit estaban buscando un nuevo sitio donde mudarse, ¿verdad?

—Sí —respondí, algo extrañado por haber sacado ese tema de la nada—, sí, la casa de Stein ya no nos queda. Marie estará viviendo con él dentro de un tiempo, ya que su frecuencia de alma es similar a la mía de y de mi madre, y eso lo ayudará a mejorar. Así que estamos viendo a donde irnos para entonces. ¿Por qué la pregunta?

Soul se removió incómodo en la silla. Y no estaba segura, pero parecía estar sonrojándose.

—Entonces, ¿qué te parecería mudarte aquí, conmigo? —sugirió, evitando mi mirada. El extremo de la mesa parecía haber llamado su atención completamente.

Me quedé tiesa en donde estaba, mirándolo en un completo estado de incredulidad.

—¿Estás hablando en serio? —pregunté.

—Es en serio —me aseguró, y estuve largo rato hasta que acepté que no estaba de broma ni nada. Era de verdad.

¿Mudarme con él? ¿A aquel departamento? Jamás se me había pasado por la cabeza vivir en un sitio diferente al de mi familia. Pero se trataba de mi arma, quien era igual de importante para mí.

—Pero, ¿en dónde dormiría? No hay sitio para otro cuarto —solté.

—Este departamento tiene dos habitaciones, Maka. Podría simplemente mover el piano de lugar y allí tendrías tu propio espacio —explicó—. Además, con lo que recibimos de Shibusen, podríamos pagar perfectamente entre los dos el alquiler de este lugar. Lo digo por si el dinero te parece un problema. Tampoco pienso dejar mi empleo, y podría ayudarte comprando muebles nuevos si es lo que necesitas.

Me quedé abrumada. Había pensado en todos los detalles, y yo aún trataba de asimilar la idea.

Soul tuvo que adivinar por mi expresión lo desconcertada que estaba, porque de un momento a otro se puso de pie y se apoyó contra el muro que tenía delante mío, cerca.

—Mira, estuve pensando en eso de que mejoráramos como técnico y arma. Y creo que tomar esta decisión nos ayudaría a, no sé, ¿fortalecer nuestra relación? Stein mencionó alguna vez algo como eso.

Sí, era cierto. La mayoría de los técnicos y armas convivían en Death City. De alguna forma, eso fortalecía la relación ya existente.

—¿Estás seguro? —insistí—. Creí que estabas bien viviendo solo. Ya sabes, no me gustaría ser una molestia para ti.

Soul sonrió ante mis palabras. Una hilera de dientes afilados apareció entre sus labios. Seguramente notaba que estaba a poco de ceder.

—¿No acabas prometerme que me convertirás en una Death Scythe? Si es así, pienso que vivir juntos puede ser de gran ayuda. Y tampoco me molestaría tenerte aquí, Maka. Es más, la verdad es que me gustaría. Eres mi técnico.

Sentía las ganas de sonreír, pero estaba demasiado nerviosa como para sentirme enteramente tranquila.

Pero no podía negar que las palabras de Soul me habían convencido. Ya habíamos vivido juntos antes, por lo que tenía cierta idea de cómo era compartir un mismo hogar. ¿Qué tan diferente sería en esta ocasión? Solo tendríamos que repartirnos las distintas tareas que requería el cuidado de una casa entre ambos, y él ya lo hacía bastante bien por su cuenta.

—¿Entonces? —volvió a preguntar.

—... Sí.

—¿Sí?

—Sí —repetí, esta vez liberando la sonrisa que había estado conteniendo.

Soul se metió las manos en los bolsillos de su pantalón, relajándose. Me miraba de una manera extraña, como si estuviera debatiendo entre decirme algo o no. Empecé a preguntarme qué.

—Ven —dijo tras un rato, y comenzó a dirigirse hacia el pasillo que se escondía a sus espaldas.

Caminé tras él mientras abría la puerta del que yo había designado mentalmente como el cuarto del piano, y luego de meterse primero dejó la puerta abierta para que avanzara. Una vez allí, Soul ya se había sentado frente al piano, y comenzaba a rozar las teclas con las yemas de sus dedos.

Recordé la última vez que lo había visto allí, a punto de tocar. No había pasado tanto tiempo desde entonces, pero las diferencias eran varias. Para empezar, en ese momento era de noche, mientras que ahora aún era de día, así que la luz del sol caía sobre el piano negro del centro de la habitación.

Pero eso era lo menos importante.

Me quedé de pie frente a la puerta mientras Soul comenzaba a tocar. Y las notas fueron completamente distintas a las de aquella noche. Eran dulces, suaves. Parecían sacadas de las manos de otro pianista, de lo sentimientos de otra persona. No era el lado oscuro que Soul me había presentado en aquella ocasión. Tampoco estaba segura de que se tratara del Soul que tenía delante mío en aquel presente.

Era como si hablara del invierno dejado atrás. De los cambios. De la victoria triste a pesar de las heridas profundas. De lo sincero y lo real. De los que siempre habían estado. Y mientras la música avanzaba, comenzaba a sentirme extrañamente identificada con ella. Como si también hablara de mí, en parte.

Me mantuve de pie mientras el piano seguía adornando el departamento con su maravilloso sonido, comprendiendo que no era una simple melodía: era aquello que Soul no había podido expresar en palabras. Era la frecuencia de nuestras almas fluyendo por toda la habitación.

Y yo la escuché.