1.- Cuenta la leyenda…

Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, antes de los días de juventud del maestro Oogway antes de que los Grandes Maestros del Kung Fu se volvieran grandes figuras de China, los dragones visitaban los campos y los valles.

Los dragones vivían en los reinos del cielo pero bajaban llevados por la curiosidad para ver las obras que hacían los mortales en la tierra, los conejos sembrando hortalizas, los cerdos cuidando las diminutas plantitas de arroz, las ovejas tejiendo y preparando el arroz cocido, en fin, todos los habitantes del valle.

Pero fue uno entre todos los dragones quién se interesó más por ver a los jóvenes maestros, entre ellos una tortuga pequeñita que mucho tiempo después se convertiría en el gran Maestro del Maestro Shifu, él que pasaba más tiempo en la tierra; tanto que en un pergamino de oro plasmó la más importante de las enseñanzas que cualquier maestro del Kung Fu debe aprender…

Una noche Dai, la Diosa de las Tormentas desató toda su furia en una terrible tormenta que amenazó con inundar toda China y los dragones volaban entre los rayos y los relámpagos para tratar de controlar la furia del agua… cuando la lluvia cesó, los dragones descendieron agotados pero orgullosos de su obra, los aldeanos estaban felices por haber sido salvados pero la felicidad no duró mucho ya que la Diosa estaba muy enojada por el atrevimiento de los dragones.

Mientras los animalitos de China y los dragones celebraban el haber sobrevivido la Diosa apareció y obligó a los dragones a retirarse para siempre de la tierra, no podrían pisar de nuevo los valles, no podrían comer de nuevo el arroz cocido ni bailar al ritmo de la música ya que de lo contrario ella misma se encargaría de azotar toda China de nuevo con sus tormentas, los dragones no podían permitirlo así que decidieron que se retirarían de nuevo al reino de las nubes para vigilar desde ahí la seguridad de todo el valle y no provocar la furia de la Diosa, el joven dragón que amaba ver a los jóvenes maestros practicar Kung Fu, les dio el Rollo dorado diciendo que quién descifrará sus secretos se convertiría en el Guerrero Dragón. Los jóvenes maestros en especial la dulce y pequeña tortuguita Oogway estaban muy tristes por la despedida de los dragones pero como dijo el más sabio de los dragones "Está despedida no es para siempre, porque nada dura para siempre, y un día, regresaremos… quién sabe, tal vez el Guerrero Dragón nos invite de nuevo a comer arroz cocido…"

Y así los dragones desaparecieron de China… aunque se dice que aun se les puede ver volando entre las nubes cuando uno levanta la vista después de que ha pasado la lluvia…

¡Eso fue bárbaro!- exclamó Po.

No importaba cuanto tiempo pasara, el panda siempre disfrutaba de los cuentos de su padre el señor Ping. El cuento de los dragones era uno de sus favoritos, bueno, no era real como las historias de los Cinco Furiosos, pero era una buena historia.

Vamos Po- el ganso le sonreía mientras seguía cortando las verduras en cuadritos para la sopa del día- puedes preparar fideos mientras me escuchas.

Oh sí, los fideos- como siempre Po se había distraído.

Ese día el maestro Shifu les había dado una tarde de descanso en el Templo de Jade a los Cinco y a Po así que nuestro panda había bajado lo más rápido que podía las escaleras (sí, adivinaron, se había caído y las bajó rebotando) para visitar a su padre.

Mientras preparaban la comida, Po había pedido que le contara una de sus historias favoritas.

Po había disfrutado mucha la tarde con su padre, los fideos habían estado deliciosos y se habían pasado todo el tiempo platicando, después de la derrota de Tai Lung y de Lord Shen, el Valle y toda China disfrutaban de una bien merecida paz y Po junto con sus amigos podían darse la oportunidad de tener un respiro.

Caía ya la noche cuando una ligera lluvia comenzó.

Po ¿tienes que irte ahora? ¡Vas a mojarte!- le despedía su padre desde la entrada del restaurante.

¡Descuida, soy el Guerrero Dragón seré más rápido que la lluvia!- se despidió Po.

¡Estás empapado!- exclamó la Maestra Víbora.

Nuestro Guerrero Dragón no había sido "tan" rápido y llegó completamente empapado al Templo de Jade, corrijo, llegó completamente agotado por las escaleras y empapado por la lluvia.

Bueno, sí, este, bueno, es parte del entrenamiento ¿sabes?- decía el pobre Panda mojado.

Será mejor que te seques antes de que enfermes- intervino la Maestra Tigresa- además mojas el piso…

¡Qué lluvia!- dijo Mantis viendo por la ventana- ¡Pareciera que el cielo se nos viene encima!

Los Cinco Maestros y el Maestro Shifu miraban la lluvia caer desde el interior del Palacio de Jade.

Eso me recuerda una historia que me contaba mi padre- comenzó Po.

¡Vamos Po, cuéntanos!- dijo alegremente Mono mientras comía una de sus galletas.

Bueno, había una vez…-Po comenzó la leyenda de los dragones.

¡Es una muy buena historia, Po!- aplaudió Grulla.

Esa no me la sabía- reconoció Mono.

No creo que ese sea el origen del Rollo del Dragón- negó Tigresa.

Bueno, a mí me gustaba esa historia- se defendió Po- además imaginen que realmente hubiera dragones ¡Dragones!

Pero Po- sonreía la maestra Víbora- no hay dragones ¿o sí, Maestro Shifu?

Antes de que el maestro Shifu pudiera contestar un trueno terrible silenció a todos, era como el gruñido de una bestia salvaje muy enojada, aunque no quisieran reconocerlo a todos les había dado un poco de miedo, bueno, mucho miedo ya que cuando se dieron cuenta Mono, Grulla, Mantis y Víbora estaban abrazados a Po.

Eh ¿qué cree que fue eso, Maestro Shifu?- preguntó Po cuando los demás lo soltaron.

No lo sé, pero me temo… no es bueno- contestó el Maestro Shifu- nunca había escuchado algo semejante.

Solo es la tormenta- habló Tigresa quién no se había alterado por el ruido.

Sí, bueno, eso…- Po sí había tenido miedo.

Uno, dos, tres fuertes golpes sonaron en la puerta del Palacio de Jade haciendo que todos gritaran de miedo al ser tomados por sorpresa, una vez más los Maestros se habían abrazado a Po quien temblaba visiblemente. La Maestra Tigresa fue la primera en ir a la puerta preparada para enfrentar a quién estuviera afuera si se trataba de un enemigo.

El Maestro Shifu y los demás también llegaron a la puerta justo cuando Tigresa abría, esperaban ver un furioso gorila, un temible rinoceronte, el fantasma de Tai Lung, el cañón de Lord Shen y en lugar de eso estaba de pie un… un…

Buenas noches- habló el recién llegado- Disculpen la intromisión, espero no haberlos asustado…

¡Un dragón!- gritó emocionado Po.

En efecto se trataba de un dragón, no un cocodrilo, no una serpiente sino un dragón como las figuras de los dragones del Templo de Jade, como los dragones de los que hablaban las historias del señor Ping, ¡Un dragón! ¡Un dragón verdadero! Un dragón de ojos esmeraldas y escamas doradas, No llevaba puesta ropa alguna pero sus escamas bien podían pasar por una casaca dorada o por una fuerte armadura, tampoco estaba de pie sobre sus dos patas sino que se apoyaba sobre las cuatro.

¡Panda!- le reprendió el Maestro Shifu.

Oh, descuide, fue una descortesía de mi parte el llegar sin avisar- intervino el dragón sonriendo- Mi nombre es Longwang, hijo de Quing Long, señor del firmamento. ¿Serían tan amables de decirme si el Maestro Oogway se encuentra en el Palacio de Jade?

Continuara…