Escrito por y para Rosa, una amiga que siente fascinación por Hinata y por Apple también. Rosa, espero que t'agradi!


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Regla 1 para la supervivencia en Apple: "Nunca jamás muestres tus debilidades (o te comerán)"

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El día del 23 cumpleaños de Hinata Hyuga fue probablemente el peor día de toda su vida.

Haciendo cuentas de todo lo que le había sucedido, sólo el día de Navidad del año pasado había sido más catastrófico, y pensad, por Dios, que se juntaron todos los Hyuga ese día. Para comer. En un McDonnalds.

Volviendo a nuestros días, podríamos por tanto definir el comienzo de esta historia como trágico, dramático y ligeramente gracioso, eso sí, porque no hay desgracia ajena que no divierta a alguien.

Y la verdad es que nuestra protagonista es muy divertida incluso cuando no quiere serlo, o sea siempre, porque Hinata Hyuga tiene el sentido del humor de una lechuga y pilla los chistes a la velocidad de un caracol, pero hay algo en ella (más bien un todo) que continuamente la hace el centro de todas las risas.

Caerse continuamente, por ejemplo en medio de la recepción de la sede de Apple en Cupertino, California, puede tener algo que ver.

- ¡Auch! ¡JODER!

- Señorita, ¿está usted bien?

La amable recepcionista que le tiende la mano tiene escrita la palabra "compasión" por toda la cara. Es evidente que se está fijando en el pelo alborotado de nuestra protagonista, su camisa arrugada con la enorme mancha de café y su falda girada. Por la posición de la falda, Hinata calcula que debe estar enseñándole su ropa interior de Hello Kitty a media California.

Hinata desea estar a tres metros bajo tierra, y cuando su observadora conciencia le recuerda que además de la caída había soltado un taco a gritos nada menos que en Apple, quiere ser invisible también.

- Sí, sí, perdone.

Se levanta y hace como que su dignidad no se ha quedado en el suelo tras ella. Está roja como un tomate, y como su color natural de piel es blanco fantasmal, podría dirigir el tráfico con aquel rubor.

Pi*pi

Hinata sacó su móvil del bolsillo de su chaqueta y lee el sms.

"¿COMO VA TODO? YA TIENES EL PUESTO, ME IMAGINO"

Nunca ha logrado entender por qué su padre se empeña en escribir todos sus mensajes, absolutamente todos, en mayúscula. Cuando le preguntó, su primo aseguró que tenía que ver con el honor y la grandeza familiar, el poder de las letras escritas y más chorradas de esas. Hinata, por supuesto, no quiso replicar, pero ahora que está en la sede central de la compañía que más admira, el siglo XXI vibra en el aire como nunca antes y cualquier cosa antigua o tradicional debería ser desechada en una de esas adorables papeleritas blancas.

Suspira. Su padre, que es el que lleva los pantalones en su casa y aspira a llevarlos también en la de los demás, no aceptará una derrota. Debe conseguir este trabajo sea como sea.


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- Oh, Dios mío, nunca me van a dar ese trabajo.

- ¿Quieres calmarte? Explícame qué ha pasado exactamente. No puede haber ido tan mal, ¿no?

No, no ha ido tan mal. Para una entrevista en esta compañía, al menos. Hinata sabe de casos que habían salido llorando de aquel despacho de selección de personal.

Ella al menos sólo tiene los ojos rojos.

La cosa fue más o menos así:

Tras su aparatosa caída en la recepción, Hinata se recuperó y fue a coger el ascensor para subir al segundo piso, donde se encontraba el área de recursos humanos.

Llegar siquiera a aquel lugar, apartado de la mano de Dios pero en el centro mismo del universo para muchos seguidores de la firma, había sido toda una aventura. El famoso e impresionante "campus", tal como se le llama por su parecido con un campus universitario, era una pequeña maravilla arquitectónica de Apple Inc: más de treinta edificios se encontraban juntos (pero no revueltos) en un paisaje verdoso, circunvalado por caminos y carreteras, atravesado por la Infinite Loop, para Hinata el "paseo de la fama". A lado y lado de esa calle de original nombre (se ve que tiene que ver con algo de programación) se encuentran los seis edificios que constituyen la base de operaciones de la compañía.

Hay incluso una cafetería para trabajadores antes de llegar al primero, y sé que os moriréis de amor, pero se llama "Apple Mac". Hinata había entrado, había visto qué tipo de gente tomaba algo y le había dado tanta vergüenza que alguien se fijara en ella que había vuelto a salir sin comer nada.

Esto viene a cuento porque justo cuando entró para empezar su entrevista de trabajo, en el segundo piso de uno de los maravillosos edificios de una de las empresas más geniales del mundo, con un señor trajeado al otro lado de la mesa e incluso con una lámpare en forma de manzana mordida junto a la ventana (la quiero la quiero la quiero), justo entonces le rugió el estómago.

Debió pensar entonces que las cosas malas nunca vienen solas, pero estaba demasiado ocupada intentando no parecer idiota.

El señor que la entrevistó rondaba los cuarenta, era elegante y tenía un semblante autoritario, y aunque tenía una foto de su familia sobre la mesa y seguro que era de lo más dulce en casa, a ella la miró como si un mosquito gigante hubiera entrado en la habitación y el tuviera una gran zapatilla en la mano.

- Hinata Hyuga, supongo.

- S-sí, señor. Muchas gra-

El hombre le clavó otra mirada:

Sigue hablando y voy a acabar muy rápido contigo. – decía la mirada, y tenía la voz grave.

¿Cómo hace eso?

No lo sabía, pero si sabía que sería más prudente hacer caso a la vocecita en su cabeza.

El hombre comenzó a ojear un portafolio sin prestarle el más mínimo caso mientras ella se quedaba de pie, con las manos entrelazándose nerviosamente pero callada como una tumba.

- ¿Qué hace aún de pie? Siéntese.

- Sí, por supesto que… - otra vez esa mirada – Sí.

Tras un par de minutos más de incómodo silencio, el hombre volvió a hablar. Lo hizo observando todavía sus papeles, y Hinata tuvo que esforzarse para darse cuenta de que se refería a ella.

- Graduada en Márketing en la universidad de Standford, ¿no?

- Sí.

- ¿Máster?

- En Mercados de las Tecnologías, señor.

- No tiene experiencia.

- N-no, señor.

- No era una pregunta.

- … perdone.

No te disculpes – dijo esta vez la mirada. Y añadió – y habla más alto, hija, que no voy a hacer esfuerzos para oírte.

Qué habilidad más guay, pensó una parte de Hinata, la otra simplemente juraba y perjuraba que se estaba volviendo loca.

- ... de este trabajo?

Oh dios. ¿Eso era una pregunta, verdad?

Hinata optó por hacer como que seguía una mosca invisible. El entrevistador (o su mirada) optó por pensar que era tonta, pero le repitió la pregunta de todos modos.

- ¿Conoce las habilidades necesarias y las implicaciones de este trabajo?

Pues claro que las conocía. Se hubiera ofendido si no tuviera un gran muro llamado "timidez" ocupándole medio cerebro.

- Liderazgo, capacidad de trabajar en equipo, inteligencia… - ¿qué más? – y… ¡i-imaginación! Es lo más importante para… una coordinadora de márketing.

El hombre no dijo nada.

No está mal.

- Gracias.

- ¿Qué?

- ¿Eh? No, nada, disculpe.

- El puesto está bastante solicitado, señorita. ¿Qué le hace pensar que usted es adecuada para el cargo?

Hinata se quedó en blanco. Sabía que le iban a hacer este tipo de preguntas. Lo sabía, e incluso se las había preparado, pero prepararlas era una cosa y hacerlo allí delante, con todos los ojos de Apple (y los del entrevistador) clavados en ella, con toda la presión del momento, era infinitamente más difícil.

Infinita, como esta calle.

Abrió la boca para contestar pero no le salió nada.

Oh, por favor – decía la mirada.

¡Reacciona! Decía su conciencia.

Pero Hinata no supo decir nada.

- Buscamos un perfil muy determinado en esta compañía, señorita Hyuga. ¿Ya había pasado la preselección?

- S-sí

- ¿Y el test?

- Sí, sí…

- Escríbame en este papel tres de sus cualidades y tres de sus defectos, por favor. Tiene un par de minutos.

Tardó la mitad de ese tiempo en pensarlos, y la otra mitad en escribirlos.

El hombre ignoró el papel y le hizo un par de preguntas más, pero Hinata notó que había desconectado desde el momento en que ella se había quedado en blanco. Era obvio que, en la mente de aquel hombre trajeado y serio y eficiente y que seguro nunca se quedaba con la boca abierta como un tonto, ella ya no era una candidata al puesto.

Al salir del despacho, se cruzó con otra candidata. Era una chica más alta que ella, rubia, con una camisa inmaculada, una sonrisa profident y una fuerza en los ojos como la de un halcón. El tipo de chica que conseguía lo que quería.

El tipo de persona al que Hinata nunca podría ganar.

Tuvo ganas de llorar, en aquel momento. En aquel instante de derrota suprema, en el que se sintió tan fuera de lugar en aquel edificio blanco impoluto, rodeada de gente perfecta con trabajos perfectos que le hacían recordar lo imperfecta que era ella. Lo mucho que resaltaba allí, con sus rasgos de japonesa y su pelo tan oscuro y su camisa manchada y su odiosa timidez. Lo imposible que era luchar contra la corriente.

Ella no era nadie. Sólo era una pececilla graduada más en un mar lleno de tiburones…

Pi*pi

Se giró por instinto a agarrar el móvil y al hacerlo sin querer soltó su maletín. Cayó al suelo con tan mala pata, que se abrió, y todo su contenido voló en varias direcciones. Hinata había pensado que no podía estar más avergonzada, pero tener que agacharse a recoger sus bocetos y sus proyectos estúpidos e infantiles y de pececilla graduada en el suelo fue la guinda del pastel.


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- Vale, si fue bastante mal. Yo lo habría hecho mejor.

- ¡Sakura-chan!

Sakura suspira al otro lado de la línea, su amiga siempre la acaba ablandando.

- ¿Al menos algún alma caritativa te ayudó a recoger los papeles?

- Sí, un chico que pasaba por allí. Me dio tanta vergüenza que miré al suelo todo el rato y ni siquiera le di las gracias… soy un desastre.

- ¡No digas eso, podría haber sido peor!

- ¿Peor que el rechazo absoluto y caerme dos veces?

- Podrías haberte caído encima de alguien.

Y a pesar de todo, Hinata Hyuga capta el chiste.

- Felicidades, Hinata.

Cuelga y le suena el móvil, y al abrir el mensaje que antes le había hecho caer, sonríe. Ha sido uno de los peores días de su vida, pero mañana será otro nuevo.

Mete el móvil en el bolso, pero este aún brilla con el sms abierto.

To: Hinata Hyuga

From: Papá

"FELIZ CUMPLEAñOS, HINATA. ESTOY ORGULLOSO DE TI."


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El señor de la mirada habladora está repasando unos documentos cuando el-que-no-debe-ser-nombrado entra en su despacho. Tiene tentaciones de echarlo a patadas, porque la última vez que entró le echó sin querer un cappuccino ardiendo encima del traje.

- ¡Heeey! ¿Cómo han ido las entrevistas?

Esfúmate-dice la mirada, pero por suerte o por desgracia el poder de sus miradas asesinas no tiene el más mínimo efecto en el cabeza hueca que tiene delante. Viendo que no se va a librar, va al grano.

- Doce candidatos, 7 hombres y 5 mujeres. Mediocres la mayoría. Hay una mujer interesante, con experiencia en IBM y buena actitud que…

- ¿Quién era la chica japonesa?

- ¿Qué?

- Una chica como asiática, muy joven, con la camisa manchada de café.

- Ah, sí, un auténtico desastre, pobre chiquilla. Tiene buena base académica, pero no tiene experiencia y con esa manera de tartamudear y ponerse roja no creo que vaya a llegar muy…

- La quiero.

Durante un breve instante el hombre de la mirada y el-que-no-debe-ser-nombrado se quedan mirándose.

- ¿¡Qué!

- Que la quiero a ella. No es discutible, ¡lo siento!.

Esa sonrisa como si fuera una idea genial… vaya tipo.

- Creo que no sabes lo que dices, no te va a servir de nada.

- Bueno, eso lo tendré que ver yo.

- … como quieras. Es tu departamento, pero yo me lavo las manos.

- ¡OK! ¡Gracias!

Y se marcha tan rápido como ha llegado.


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Horas más tarde, en su casa, el-que-no-debe-ser-nombrado, o para sus vecinos, Naruto Uzumaki, mira y remira con interés la hoja que tiene entre manos. Se trata de un esbozo sencillo, pequeño y algo sucio, de un ordenador portátil. Tras él y a su alrededor hay espirales de colores, sobre ellas peces que nadan y pulpos en las esquinas de las páginas, y del ordenador semi abierto sale una luz intensa, como si dentro contuviera el más hermoso de los tesoros marinos.

Naruto sonríe enseñando todos los dientes, como los tiburones.


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¡Hasta aquí por ahora! ¡Gracias por leer!