Capítulo 15

—Supongo que necesitan algo de privacidad —el tono divertido de Davy la sacó de sus pensamientos.

Por un breve momento, había olvidado la imperiosa presencia de ese hombre. Y, al encontrarse a solas con Zac, no pudo evitar sentir otro estremecimiento.

El corazón de Vanessa dio un vuelco al ver que las facciones de él se suavizaban, aunque no del todo, al esbozar una cínica sonrisa. Sus ojos le recorrieron el cuerpo, como una apasionante caricia, y después, volvió de nuevo a encontrarse con su mirada. A pesar de su risueña, casi divertida actitud, Vanessa no podía discernir lo que él estaba pensando.

—Confieso que anoche tomé a modo de broma el comentario de Davy sobre haberte visto en este lugar —dijo con voz ronca—. Has demostrado ser una mujer bastante escurridiza como para haberle creído tan fácilmente.

Vanessa alzó la barbilla desafiante. Las palabras de él sonaban tan tranquilas, con una actitud despreocupada que le ponía los pelos de punta, manteniéndola con la guardia en alto.

—Sin embargo, te has tomado la molestia de venir a averiguarlo por tu propia cuenta, ¿no es así?

—No hubiera querido perderme la oportunidad de verte otra vez, nena —dijo con mordaz ironía—. He de decir que has estado atormentando mis pensamientos desde nuestro último encuentro.

Vanessa recordó la herida que le había hecho en la pierna con su pistola. No pudo evitar desviar la mirada hacia ese lugar, al parecer, se había recuperado del todo.

—Sobrevivo, si te lo habías estado preguntando —dijo él con sarcasmo.

—Veo que eres más difícil de exterminar que una rata.

—Claro, se necesita más que eso para acabar conmigo, preciosa… aunque —se acercó un paso a ella. Vanessa permaneció inmóvil—, ten por seguro que una noche contigo estaría demasiado cerca de lograrlo.

—No pienso correr el riesgo.

—Qué lástima —la sonrisa desapareció de su rostro dejando paso a una sombría expresión—. Sabes bien que congeniamos perfectamente en la cama.

Vanessa se estremeció ante la lujuriosa promesa de una noche en compañía de ese hombre, pero hizo un esfuerzo por recordarse a sí misma de que él era su enemigo. Un hombre de la ley que estaba esperando castigarla en cuanto bajara la guardia.

No se lo podía permitir.

Zac avanzó un par de pasos más hacia ella, y apoyó ambas manos sobre el Corvette, dejándola acorralada entre su cuerpo y el coche. Vanessa no podía moverse sin que su cuerpo tocara el de él y sentía su cálido aliento acariciando suavemente su mejilla acalorada.

¡Infierno y condenación! Estaba siendo traicionada por su propio cuerpo ante las sensaciones que le provocaba su cercanía. Y, de pronto, él alargó una mano hacia a ella para tocarle con inquietante lentitud la curva de su cuello.

—¿Qué te propones haciendo esto? —musitó ella entre dientes, viéndose reacia a que sus caricias la afectaran de tal manera que respondiera con ferviente deseo.

Él curvó los labios en una seductora sonrisa.

—Disfrutar un poco con tu cercanía —dijo en un ronco susurro que le erizó la piel—, contemplar las reacciones de tu cuerpo ante mi mera presencia.

—¡Yo no estoy…!

—Ah, pero claro que si —la interrumpió, acariciándole el labio inferior con el pulgar—. Te estremeces con solo sentir mi respiración y mis caricias te derriten por dentro. ¡Mírate, cariño, ni siquiera te he besado y ya estas ardiendo por mí!

—Eres un bastardo arrogante.

Zac soltó una suave risita que vibró en su interior.

—Muchos me lo han dicho.

Y antes de que pudiera hacer algún movimiento, él se inclinó sobre ella capturando sus labios en un roce suave que le daba la autorización de separarse en cualquier momento…, sin embargo, ella ni siquiera se movió.

Zac acentuó una sonrisa triunfal cuando la tomó por la cintura, apegándola a su cuerpo, y profundizar el beso. Vanessa no pudo evitar solar un gemido cuando probó nuevamente ese decadente sabor masculino. El aroma a tabaco y a hombre envolvió sus sentidos, haciéndole perder por un momento la cabeza.

¡Por todo lo que era santo, estaba permitiendo que la besara!

Comprendió que ya era demasiado tarde para resistirse cuando él la apoyó en el coche y comenzó a restregarse contra su cuerpo. Vanessa abrió los ojos, alarmada, ¡él estaba realmente excitado! Podía sentir el duro miembro, exigiendo una rápida liberación de esos opresivos pantalones.

Los recuerdos de aquella noche en Los Angeles fueron suficientes para ponerla a temblar. Todo su traicionero cuerpo reclamaba el de él, pidiendo con clemencia sus expertas caricias.

—No fue una mentira decirte que obsesionas mis pensamientos —musitó él entre dientes, antes de entregarle otro largo y profundo beso—. Me vuelves loco.

Vanessa no podía creer que sus palabras fueran sinceras, no después del incidente ocurrido en el casino Black Hawk. Ella aún tenía pesadillas con el disparo que marcó la relación entre ambos, y no podía creerse que él dejara escapar el asunto así como si nada hubiera pasado cuando el impacto de la bala perforó la piel de su pierna.

«Vanessa, tienes que usar la cabeza. Debes hacerlo»

Quería seguir desesperadamente la orden de esa vocecilla pero su cuerpo había adquirido vida propia. No podía centrarse en algo que no fueran las caricias de Zac. Él era el que estaba volviéndola loca, aunque era demasiado orgullosa para admitir algo así en voz alta.

Entonces, se recordó a sí misma el lugar donde se encontraban. Estaban a la vista de cualquier curioso que se detuviera a mirar la espectáculo que estaban dando en plena calle. Sean podía ser uno de esos testigos.

—No, no te apartes de mí —susurró él contra sus labios.

Pero tenía que hacerlo.

Ejerciendo toda su fuerza de voluntad, Vanessa le puso ambas manos sobre el pecho para apartarlo de ella. Tuvo que ignorar la chispeante corriente que le atravesó el cuerpo al tocar ese torso musculoso, y enfocarse en la determinante decisión de alejarse de él.

Zac aun mantenía los ojos cerrados mientras ella trataba de apaciguar su agitada respiración.

—Bien —dijo él, soltando un profundo suspiro—. Ya que te muestras tan reticente a estar conmigo…, eso me lleva a hacerte una proposición.

Vanessa frunció el ceño.

—¿Qué clase de proposición?

Él esbozó una sonrisa.

—Supongo que estás aquí para competir, ¿no es así? —Al ver que ella no respondía, se animó a proseguir—, entonces, ¿qué tal si hacemos de esto algo interesante?

Ella seguía mirándolo con cautela.

—Una carrera contra mí… si yo gano, pasarás una noche entera en mi cama.

Se quedó paralizada por unos momentos, sin dar crédito a lo que sus oídos habían escuchado, pero después, lo miró con ojos desafiantes.

—¿Qué hay si yo gano?

—Entonces, preciosa, te olvidarás de que un día me conociste —sonrió—. Será como si nada hubiera pasado entre nosotros, y te dejaré ir.

Vanessa procesó sus palabras con detenimiento.

Aquello implicaba que no la castigaría por lo sucedido en el Black Hawk. Ni por nada más. Sin embargo, ya había competido contra él y sabía que no sería una victoria fácil. Esta vez, se estaba poniendo mucho en juego como para tomarse las cosas a la ligera.

—Sigo esperando, nena ¿Aceptas entonces?

Maldijo la duda que le advertía acerca de que algo malo estaba tramando ese hombre. Parecía haber una trampa detrás de sus palabras. Pero Vanessa no era una chiquilla asustadiza, sabía tomar riesgos y lo que le prometía era algo que no podía pasar por alto.

Se proponía ganar la carrera.

—Acepto.