No lo entiendo. ¿Qué tiene él que no tenga yo? ¿Qué es lo que tan atractivo le hace a su vista? ¿Por qué no se da cuenta de que estoy interesado en él? ¿Por qué no me mira a mí?

He de aceptar, aunque sea muy penoso, que estoy desesperado por un poco de su atención.

Mi obsesión comenzó aquel día, cuando fui a visitar a Iason como todos los fines de semana. Era su primer día, y casi ni lo noto, si no fuera por ese pequeño error suyo, quizás nunca me hubiese fijado en él.

Se le había caído la bandeja donde nos traía la comida, asustado, limpió todo con una gran rapidez el desastre causado, disculpándose por lo bajo.

Me sorprendió su belleza en primera estancia, recuerdo que felicité a Iason por el buen aspecto de su nuevo mueble, y él me contestó que aunque un poco torpe en realidad también era muy inteligente.

Conforme pasaba el tiempo, me sorprendía a mí mismo pensando en él, en su precioso cabello rojo, sus ojos dorados, profundos, excitantes, cuando eso pasaba me reprendía a mí mismo y me apartaba de tales pensamientos. No fue hasta aquella noche que no acepté mi obsesión con él.

Había soñado con él, como otras veces, pero esta vez con la diferencia que en mi sueño teníamos sexo.

Me imaginé esa voz preciosa suya, que solo había escuchado cuando murmuraba un par de cosas, gimiendo mi nombre. Me imaginé el tacto de su pelirrojo cabello. Me imaginé sus ojos vidriosos llenos de placer y cariño. Me imaginé su delicado cuerpo de adolescente desnudo y agitado, cubierto con una pequeña capa de sudor.

Me lo imaginé diciéndome que me amaba.

Desperté de aquel sueño erótico completamente agitado, con una erección increíblemente dolorosa, y con un solo pensamiento en mi cabeza.

Volver ese sueño realidad.

Tenía que tenerlo entre brazos.

Desde entonces no me preocupo por esos pensamientos, algo en mí dice que es algo normal. Lo que sé que no es normal es ese odio intenso e inexplicable hacia Iason.

Bueno, casi inexplicable. Yo sé porque es. Porque Katze lo ama.

Lo ama tanto.

Y odio eso.

He visto como lo mira, como se queda embelesado, como aparta la mirada sonrojado.

Odio esas miradas.

No importa lo que haga, nunca recibiré una de esas miradas.

Y aún así, lo intento.

Como ahora, que llevo más de 2 horas alistándome para la reunión semanal con Iason. Sé que Katze estará ahí, así que he de verme espléndido.

He de verme perfecto.

Mejor que Iason.

No voy a dejar que esta vez suceda lo mismo que las otras, algo en mí dice que hoy es el día especial. El día en el que Katze – cansado del rechazo de Iason – voltee hacia otro lado, y entonces… entonces me verá a mí, y me amará.