Pupilas de Gato II

Más, eres todo y mucho más

¿Cómo retomas los hilos de tu vida anterior?
¿Cómo sigues adelante, cuando en lo profundo de tu corazón
comienzas a entender que ya no hay vuelta atrás?
Hay cosas que el tiempo no puede curar,
dolores que nos han calado tan hondo… que se han hecho parte de nosotros.

(El Retorno del Rey, versión P. Jackson)

Nota: Durante la GF 2011 tuve el privilegio de escribir un relato que nació siendo un songfic, para luego transformarse en un minific y, con el paso de los años (casi cuatro), en un fic. Se titula Pupilas de Gato I y cumplió su ciclo durante abril de 2011. Sin embargo, el final no fue el típico final, sino que, más bien, un nuevo comienzo. Este fic es la continuación de dicha historia. Por lo tanto, para entender este fic, necesitas leer la primera parte, disponible en el Foro Rosa o bien, aquí mismo en FanFiction.Si ya leíste Pupilas I, estás lista entonces para la segunda parte. ¡Espero que te guste!

Capítulo 1

A los pocos minutos su respiración era suave y acompasada. Su pecho subía y bajaba y sus músculos luchaban por relajarse, pero algo lo impedía. Mirar su rostro dormido era algo que no había hecho en muchos, muchos años. Vigilar sus sueños había sido su actividad tantas noches, cuando Albert llegó inconsciente al hospital, y otras tantas cuando vivían juntos y aún no se recuperaba del todo de sus heridas de guerra o tras el accidente que, irónicamente, terminó por devolverle sus recuerdos.

Entonces ella era sólo una chiquilla que había tenido la audacia de retomar su vida sola, primero cruzando el océano tras un sueño, luego estudiando una carrera que para su "familia" era una deshonra. Pero ella lo había hecho porque el hombre que ahora dormía en su regazo la había inspirado. Él era un luchador y había emigrado al lugar más salvaje de la tierra persiguiendo la libertad que tanto amaba. Nunca se había despedido, pero sí le había escrito para disculparse por aquello. Albert. Siempre Albert. El cariño que los unía por entonces era tan sencillo y limpio como el reflejo de la luna sobre el lago. No había ningún compromiso entre ambos, salvo el del afecto sincero. Albert… siempre Albert. Su rostro sonriente aparecía entonces en su mente y le recordaba que siempre se podía seguir adelante, porque él salía adelante a pesar de no tener a nadie, a pesar de estar tanto o más solo que ella misma.

Y ahora ese hombre alegre, lleno de vida, el dueño de la sonrisa tranquila y fresca, quien había sido tantas veces su refugio y su apoyo, yacía en su regazo como una sombra del que alguna vez había sido. Candy seguía acariciando suavemente su cabello desordenado y su rostro, tratando de calmar su sueño intranquilo. Pero no lo conseguía. A ratos la respiración se agitaba, a ratos se movía, a ratos su rostro reflejaba desesperación. ¿Qué soñaba? Nada bueno, eso estaba claro. Era como vivir todo de nuevo, como verlo en aquella fría y sucia sala de hospital, ardiendo en fiebre y repitiendo entre quejidos "Chicago, Chicago". Ahora no hablaba, pero su rostro reflejaba otra vez sufrimiento.

Sí, Albert estaba ojeroso y nuevas líneas surcaban su rostro. No, ya no era el joven que alguna vez la había ayudado a saltar los muros del San Pablo… ni tampoco era el muchachito que ella había conocido en una colina. Sin embargo, era todo eso y más. Y también, nada. De pronto el rostro de Albert fue para ella como un espejo y pudo verse con dolorosa claridad. Sí, su rostro, su cuerpo, su cabello habían cambiado. Y no, no era ella ya la niña que alguna vez había saltado los muros del San Pablo. Ya no era una chiquilla y en su rostro también había huellas del paso del tiempo.

Albert se agitó y una lágrima rodó por su mejilla. Candy la secó con sumo cuidado. ¿Debería despertarlo? ¿Debería sacarlo de esa pesadilla? ¿Cuántas noches se había dormido ella misma llorando en silencio, para no molestar al resto? ¿Cuántas veces había despertado con los ojos hinchados y el cuerpo cansado tras una noche cargada de imágenes que sólo la destruían más?

- Albert… Albert… - lo llamó muy despacito, sacudiendo con extrema suavidad su hombro – Albert, despierta…

Pero Albert no despertó. En lugar de eso, se giró y su respiración retomó un ritmo más acompasado. Candy notó que los músculos de su cuello se relajaron. Ahora su mejilla derecha reposaba en su regazo y lo veía de perfil. Rostro perfecto. Cabello desordenado, sí, pero aún de oro. Tenía los labios levemente apretados. ¿Qué soñaba? Su frente llevaba la marca del paso del tiempo. ¡Albert tenía algunas pequeñas arrugas en la frente! La visión la hizo sonreír, hasta que volvió a mirarse en su rostro. ¿Y qué tal ella? ¿Qué tal esas desagradables líneas alrededor de sus ojos que se empeñaban en recordarle que ya no era una quinceañera?

Rostro perfecto y barba de tres días. Albert siempre sería un rebelde. ¿O tal vez no? Recordó de pronto la batalla que por primera vez los había enfrentado. El hombre que dormía en su regazo era el mismo que la había intimidado y que había ridiculizado sus sueños, el mismo hombre que la había inspirado a soñar y el mismo hombre que había sido la razón de sus sueños infantiles. ¿Qué hombre era el que ahora tenía en su regazo? Candy miró nuevamente su rostro y acarició su mejilla. Su rostro no reflejaba ahora la arrogancia que había visto en él durante esa batalla, no, pero tampoco reflejaba la dulzura con la que tantas veces la había recibido cuando ella lloraba por alguna pena inmerecida. Su rostro reflejaba cansancio y tristeza. Fue como mirarse a sí misma de nuevo. Era reconocer la misma pena que a ella la había embargado, el mismo dolor de haberse traicionado a sí misma y haber perdido el camino.

Con su dedo índice recorrió suavemente el puente de la nariz de Albert para luego recorrer sus labios. Eran suaves y tibios… eran labios que sabían besar muy bien. Sin quererlo recordó la escena que ella y Tom habían presenciado en la fiesta de Annie. Los suaves labios que su dedo curioso acariciaba se habían posado en el cuello de la mujer que ella esperaba que Albert rechazara… ¿qué se sentiría...? ¡Pero qué estaba pensando! Albert dormía indefenso y ella tenía que recordar justo esa escena… Pero es que… ¿cómo no hacerlo? Rostro perfecto. Labios perfectos. Largas y espesas pestañas perfectas... Prefirió dejar de darle vueltas al asunto y ordenó a su travieso dedo abocarse a la tarea de ordenar sus cejas. Así estaba mejor. La última vez que se había acercado más de la cuenta… ¡Rayos! Había hecho el papelón de su vida y había intentado usarlo a él para sacarle celos a Terry. ¿Cómo había llegado tan lejos? Esa noche había comenzado a tocar fondo y él, el mismo que ahora dormía en su regazo, había terminado por correrla de su casa.

Candy suspiró pesadamente. Ella también estaba cansada. Las últimas semanas las había dedicado por completo al cuidado de la tía abuela y a apoyar a Archie y a todos cuantos necesitaran su ayuda... Le debía tanto a tantas personas. Había defraudado a tanta gente y se había defraudado a ella misma. Se había convertido en todo lo que ella nunca hubiese querido ser… lo mismo que Albert. Candy lo miró nuevamente, más bien mirándose a sí misma y no al hombre cuyo rostro y cabello no dejaba de acariciar. Él la había invitado a formar parte de su familia; ella le había pedido que la dejara libre. Él la había rescatado de las garras del sufrimiento; ella había vuelto feliz a esa misma desdicha. Él nunca le había pedido algo a cambio y ella, a su vez, se conformó pensando siempre que él "entendería" sus falta de agradecimiento. Él defendió su libertad contra todo y contra todos y ella, en cambio, usó su libertad para esclavizarse.

Había pasado tanto entre ellos y a la vez, nada. Se habían conocido siendo niños y habían terminado por perderse en algún punto de su juventud… ¿volverían a rencontrarse ahora, siendo adultos?

Y aun cuando lo hicieran, ¿lograrían reconocerse?

CONTINUARÁ...


Hola: Muchas gracias por haber leído este primer capítulo de Pupilas de Gato II. Si estás aquí, es porque ya leíste completo Pupilas I, así que... ¡TE LO AGRADEZCO DE CORAZÓN! Espero que la historia no te decepcione y, sobre todo, espero contar con tu apoyo y tus comentarios hasta el final. He leído todos, todos los comentarios, pero lo que pasa es que no puede contestarlos porque la mayoría de ustedes no tiene activada la opción para recibir respuestas. Por eso sólo hago comentarios generales al final de los capítulos.

Sobre esta nueva historia, sólo una advertencia: este fic no fue hecho contra el tiempo, por lo cual los capítulos son, en general, un poco más extensos que los anteriores. Lamentablemente FFnet no permite darle mucho formato al texto, así que muchas de las cosas "lindas" que he hecho en el original aquí se pierden. Pero más que los adornos, lo importante es el contenido... eso creo. En fin, comienza Pupilas de Gato II.

¡Tus comentarios son mi sueldo!

PCR

PD: A la amiga que me pidió que cambiara el final de Pupilas I: ¡cero problema! Como no sabías que había continuación, tenías razones para protestar contra el final de Pupilas I. Así no hay razón para prohibirte que leas esta historia ni ninguna otra. ¡Sólo diste tu opinión! Así que, por favor, no te preocupes para nada. No sé tu nombre y no puedo responderte por mensajería, así que te dejo el aviso aquí ;-) ¡Un abrazo!