Tercer capítulo. Personalmente creo que no me quedó como lo esperaba. Ojalá el próximo realmente me quede tal y como lo estoy elaborando.

3. Te necesitamos, Cure Breeze

-Marina… -dijo Ayame mirando aquel celular que Marina le había dejado.

-Esa estúpida niña-pyon... -dijo Fluffy mientras roía una enorme zanahoria. -No puede renunciar a ser una Precure-pyon. ¡Es algo que ya lleva dentro de ella! ¡Nadie más puede sustituirla!

-¡Fluffy! -gritó Ayame reprendiendo al hada. -Yo también estoy preocupada por Marina. Pero si te pones en ese plan, mucho menos querrá ayudarnos…

¿Entonces qué propones-pyon? –preguntó Fluffy.

-Bueno… ¡No sé! –gritó Ayame. –Debe haber algo para convencerla de que se una a nosotros.

-¿Verla en la escuela mañana-pyon? –preguntó de nuevo el hada no muy convencido del plan improvisado de Ayame.

-Es la única opción. –dijo Ayame colocándose la sábana para dormir.

-Pero Ayame-pyon, verás… -dijo Fluffy interrumpiéndose a sí mismo después de darse cuenta de que Ayame había caído rápidamente en un profundo sueño.

Fluffy se bajó de la cama y caminó hacia el balcón de la ventana. Se sentó y miró fijamente hacia la Luna. Luego bajó la mirada y suspiró.

-Ya no queda tiempo-pyon. –contestó con tristeza.

-¿Así que fracasaste en tu plan, Lumia? -preguntó una voz en aquel recinto.

-Lamento mucho mi derrota, gran jefe. -contestó aquella chica inclinándose ante una enorme sombra.

-Lamento que mi hermana sea tan tonta, gran jefe. -contestó un joven más pequeño, delgado y de piel pálida, acercándose al estrado.

-Tú cállate. -gritó Lumia al ver que su hermano menor se burlaba de ella. -Gran jefe, la información que se me proporcionó era incorrecta. Hay dos Precure ahora mismo.

-Y serán más si no hacemos nada. -contestó GroundQuake acercándose a donde se encontraban los demás. -Lumia, debemos hacer algo para evitar que las demás aparezcan.

-Si no fuera culpa de mi hermana, nada de esto estaría pasando. -dijo aquel joven.

-Dante tiene razón. -contestó el gran jefe, nunca mostrando su rostro ni su figura. -Lumia, ese error lo has cometido tú, y deberás repararlo pronto.

-El problema, gran jefe. -contestó una figura más pequeña, encorvada y con una túnica. -Es que ahora que se ha desatado esto, las tres Precure restantes aparecerán una por una y no hay forma de detener su aparición.

GroundQuake volteó hacia donde estaba esa figura, y con una mano tomó la parte del cuello de la túnica alzando a aquel anciano.

-¿Y qué propones, vejete? -preguntó desafiándolo. -Ni consultando a tus cartas has podido determinar la ubicación de la Semilla del Reino Verde.

-Pero he hecho cientos de predicciones. -contestó aquel brujo. -Y todas han acertado.

-¿¡O no recuerdas quién ha sido el que ha ideado las estrategias que nos han llevado a cometer los más grandes robos de toda la historia!? -preguntó el profesor, algo irritado por las palabras del brujo.

-Merlímaco. -contestó la voz del gran jefe. -En vista de que estos dos han fracasado, te encargo a ti el deber de detener a las Precure y evitar que aparezcan las demás.

-¡Hey! -gritó aquel muchacho enojado, quizás esperando la oportunidad de su vida. -¿Y yo qué? ¿Acaso no cree que pueda detener a las Precure yo solo?

-Cálmate Dante... -contestó Lumia. -No deberías enojarte con el gran jefe.

-¡Yo me largo de aquí! -gritó Dante furioso saliendo del recinto.

-¡Dante! -gritó el profesor intentando calmar a su compañero. -Maldita sea... ¿Eh? ¿A dónde se fue ese brujo?

-Se fue mientras Dante hacía su berrinche. -contestó Lumia.

-¡Arrgghh! -gritó GroundQuake a punto de jalarse los cabellos. -¡Ustedes me van a sacar canas!

-Llegaste temprano, Marina. -contestó la señora viendo a su hija entrar por la puerta del restaurante.

-Las prácticas terminaron temprano. -contestó Marina sin siquiera voltear a su madre.

-¿Sucede algo? -preguntó la señora intentando entablar una plática con su hija.

Marina suspiró por un momento y dijo:

-Mamá... ¿Qué harías si supieras que eres la única que puede resolver un problema?

-¿Un problema? -dijo su madre tratando de responder la pregunta que le estaba haciendo su hija. -¿Es algo de la escuela? ¿Es con tus amigas?

-Más o menos... -contestó Marina bajando la mirada. -Preferiría no decírtelo...

-Nunca me has guardado secretos. -contestó la madre de Marina en un tono ligeramente severo.

-Por favor mamá... -dijo Marina tratando de evadir el cuestionamiento de su madre. -No es algo que realmente deba contar a alguien eso.

-Bien, de acuerdo. -contestó su madre quitándose el delantal después de un arduo día de trabajo. -Si realmente crees que nadie más puede hacer eso que tú dices, entonces hazlo. Si es algo de lo que depende mucha gente, entonces con más razón debes hacerlo.

-Entiendo... -contestó Marina en voz baja. -¡Iré a mi habitación!

-¿No vas a cenar antes? -preguntó su madre mirando a su hija subir las escaleras.

-No, tengo muchas cosas por hacer. ¡Nos vemos mañana!

-Esta niña...

Marina entró a su habitación y se sentó sobre la cama, mirando hacia la ventana, hacia el vacío de la noche.

-Ayame... Perdóname...

La campana de la escuela sonó ese día, anunciando el inicio de las clases. Pero tal parecía ser que Marina estaba en su mundo, llevándose inclusive una reprimenda por la profesora de inglés al no responder cuando pasaban lista. Ayame estaba preocupada. No sabía ni siquiera por qué se portaba así, pero lo peor de todo fue justo cuando la campana sonó anunciando la hora de la comida. Marina fue la primera en salir, casi a toda prisa. Ayame trató de seguirla, hasta llegar a un pasillo casi vacío.

-¡Marina!

-Ah, hola Ayame… -dijo Marina en voz baja.

-¿Qué pasa? –preguntó Ayame mirando hacia todos lados de su amiga. -¿Te sientes bien? ¿Fue algo que comiste anoche?

-No, no es eso. –contestó aquella chica. –Es sobre lo de las Precure.

-Ah, eso. –dijo Ayame llevándose la mano a la cabeza intentando rascarla, un poco incómoda por la pregunta. -¿Podemos hablar de eso en otro lado?

-Perdona por lo que pasó ayer.

-No tienes de qué disculparte. –dijo Ayame.

Ambas estaban en el invernadero del club de jardinería. Aprovechando que la hora de la comida era un buen momento para estar solas, decidieron quedarse en ese lugar.

-¡Claro que tiene-pyon! –gritó Fluffy saliendo del bolso de Ayame.

-¡Fluffy! –gritó Ayame furiosa al ver al hada reprochar la actitud de Marina. -¿En qué quedamos?

-¡Marina-pyon! –gritó el conejo sin hacer caso a la advertencia de su amiga. -¡Ser una Precure es un deber que no puedes eludir-pyon!

-¡Por favor Fluffy! –gritó Ayame nuevamente. –Aunque Fluffy tiene algo de razón. Marina, necesitamos que nos ayudes para combatir a esos piratas del reino de Puzzle.

Marina tomó un poco de aire y dijo:

-Es que… todo lo que me dices suena muy extraño. Ese enorme monstruo, el desierto en el que se convirtió nuestra escuela… Además ya se acercan las eliminatorias regionales de natación, y mi madre quiere que esté atendiendo el restaurante… No podría con todo eso. Quizás si la situación del negocio fuera más colorida, yo…

-¿Negocio? ¿Colorida? –preguntó Ayame en voz baja, quizás teniendo una brillante idea. -¡Ya sé qué le hace falta!

-¡Por favor, Yukiko-chan! –gritaron ambas chicas al unísono en el mismo lugar donde se reunían todos los días a comer.

-¿Qué sea la atracción del restaurante de la familia de Marina? –preguntó Yukiko algo confundida.

-¡Por favor! ¡Solo será un día! –gritó Ayame suplicando. -¡Hazlo por Marina!

-¡Por favor! –contestó Marina.

-De… de acuerdo… -dijo Yukiko no tan convencida. –Aun no sé que voy a hacer allí, pero todo sea para ayudar a una amiga.

-¿Qué hiciste qué? –gritó la madre de Marina aquella noche.

-Anda mamá. –contestó Marina. –Este restaurante nos ha dado el sustento por muchos años. ¿Por qué no darle otro toque?

-Pero necesitamos dinero para eso, y así como van las cosas ahora no podemos darle esos retoques que tanto quisiéramos.

-Sé que no podemos hacer mucho, ni siquiera podremos terminar de pintar todo el restaurante en una tarde… -dijo Marina. -¡Pero ya verás! Vamos a dejar este lugar lo más limpio que se pueda de acuerdo a nuestras posibilidades.

-Está bien. –dijo la madre de Marina. –Solo no se esfuercen más allá de sus posibilidades.

-¿Cómo se ve, Fluffy? –preguntó Ayame en su cuarto mientras acomodaba unas frutas en un platón.

-¿Y eso para qué es-pyon? –preguntó Fluffy.

-Es para el restaurante de Marina. –dijo Ayame. –Vamos a darle un nuevo aspecto, el poco que se pueda.

-Se ve apetitoso-pyon. –dijo Fluffy. -¿Puedo comerlo?

-Después. –contestó Ayame. –Primero tenemos que ver cómo va a quedar el arreglo final. Mañana iremos por las frutas para el resto de los arreglos.

-Yo te digo que se ve apetitoso.

-Ummm… -dijo Ayame mientras daba vueltas a la mesa para observar por todos los ángulos su arreglo de frutas. –Creo que le falta algo.

-¿Una zanahoria? –preguntó el conejo.

-¡Claro que no! Tal vez… ¡Ya sé!

Ayame corrió hacia el refrigerador, tomó un racimo de uvas y la colocó en una sección vacía del tazón, haciendo que las uvas salieran del mismo.

-¡Perfecto! ¡Le tomaré una foto para comprar las frutas necesarias! ¡Y quizás tome algunas del invernadero! ¿Me ayudarás con eso mañana temprano?

-¿Tengo que hacerlo-pyon? –preguntó Fluffy.

-Deberías. –dijo Ayame a punto de enojarse. –Si queremos ayudar un poco a Marina, debemos dar lo mejor. Ya verás, será una excelente Precure.

-¡Ya entiendo-pyon! ¡Entonces así será!

A la mañana siguiente, Ayame llegaba apresurada a la casa de Marina, sosteniendo una enorme cantidad de bolsas repletas de fruta.

-¿Llegué a tiempo? –preguntó Ayame al ver a Marina barriendo las hojas secas del lugar.

-Sí, Yukiko no ha llegado. –contestó Marina. -¿Le dijiste que viniera en la mañana?

-Claro que le dije. No debe tardar en llegar.

En ese momento apareció desde la esquina un enorme auto último modelo, blanco y con las ventanas polarizadas, el cual se estacionó precisamente en la puerta del restaurante. Una de las puertas traseras se abrió, y de ella salió Yukiko, mostrando un gran vestido floreado con un sombrero que tenía como detalle un girasol en uno de los costados.

-¡Wow! ¡Qué bien te ves! –gritó Ayame sorprendida al ver lo bien que le quedaba ese modelo.

-Ayame… -dijo Marina en voz baja. -¿No le dijiste para qué tenía que venir?

-Esto… No. Pero ya se me ocurrirá algo.

-Buenos días, Ayame, Marina. -contestó Yukiko muy amable quitándose el sombrero.

-Buenos días, Yukiko. -contestó Marina. -Hoy te ves muy bien.

-Sí... -dijo Yukiko algo impresionada. -Creo que el uniforme no me ayuda mucho.

-Oh, veo que invitaste a una amiga. -dijo la madre de Marina al ver a Yukiko.

-Buenos días señora. -contestó aquella chica. -En realidad me acaban de transferir hace unos días.

-¿Pero no crees que ya somos tus amigas? -preguntó Ayame abrazando a Yukiko.

-Eso creo... -dijo Yukiko algo incómoda.

-Bien, creo que podemos comenzar. -contestó Marina. -Mi madre y yo vamos a barrer las hojas y a pintar parte del frente.

-Yo arreglaré los tazones de frutas y el decorado. -contestó Ayame. -Y Yukiko será el atractivo visual.

-¿Eh? -preguntó Marina. -¿El atractivo visual?

-Supongo que esa era tu idea cuando dijiste acerca de firmar autógrafos... -contestó Yukiko sonriente, aunque con un semblante no muy convencido.

-Ya entiendo... -dijo Marina. -Entonces, manos a la obra.

En ese preciso instante, Marina y su madre comenzaron a limpiar el terreno, y a colocar un poco de pintura para disimular los pedazos de pintura que se estaban cayendo ya. Mientras tanto, Ayame y Yukiko comenzaron a arreglar un poco el interior. En realidad no necesitaba un cambio radical puesto que el interior estaba bastante cuidado, aunque quizás necesitaba un toque más natural.

-¿Qué es lo que vamos a hacer nosotras? -preguntó Yukiko.

-Esto. -comentó Ayame mostrando la foto del arreglo que había hecho.

-¡Increíble! ¿Lo hiciste tú sola?

-Así es, es algo que mi madre me enseñó. -contestó Ayame.

-Increíble. Quisiera que me enseñaras a hacer algo como eso.

-Es muy simple. -comentó Ayame.

En ese instante tomó la primera mesa y comenzó a acomodar las frutas y varios tazones.

-Solo tienes que elegir la mejor fruta disponible. -dijo mientras tomaba un durazno. -¿Hueles esto?

-Sí... -dijo Yukiko. -Y su color...

-Así es. Y si se coloca adecuadamente, puede hacer un lindo centro de mesa para el mostrador.

Ayame y Yukiko comenzaron a armar los arreglos. En eso Fluffy sale del bolso y comienza a saltar hacia los pies de Yukiko.

-¡Qué lindo conejito! -gritó Yukiko con tal alegría. -¡Y tiene una mancha con forma de corazón!

-¡Ah! ¡Fluffy! -gritó Ayame asustada al ver al hada.

-¿Es tuyo? -preguntó Yukiko tomando a Fluffy entre sus brazos. -Es un nombre muy bonito, y mira, es tan esponjadito...

-Si supieras que no es tan tierno como crees… -dijo Ayame en voz baja.

-¿Dijiste algo?

-¡No! ¡Nada! ¿Qué te parece si hacemos más arreglos? Esta fruta alcanzará para 2 tazones más.

Así, todas las chicas trabajaron juntas para poder abrir el restaurante a tiempo, invitando a toda la gente a comer. No solo pintaron el exterior, sino también parte del interior. Cambiaron cortinas y manteles, colgaron plantas en las ventanas y colocaron tazones con fruta para que la gente pudiese degustar como cortesía del local. Algo que las chicas no esperaban era que Yukiko, al ver a la gente llegar al lugar, comenzó a actuar de anfitriona, echando un poco a perder el plan de Ayame. Pero bueno, lo importante fue que la presencia de Yukiko hizo que la gente llegara al lugar, haciendo incluso que muchos tuvieran que comer en mesas que improvisadamente colocaban afuera, y otros más tuvieran que irse por no encontrar mesas disponibles.

Al terminar la jornada, las tres chicas terminaron totalmente exhaustas, pero con la satisfacción de haber ayudado a una de ellas. De pronto, en la noche, llegó el mismo auto que se había estacionado en la mañana.

-¡Ah! -gritó Yukiko. -Ya vinieron a buscarme. ¡Nos vemos!

-¿No vas a quedarte a tomar algo? -preguntó Marina.

-No, y disculpa mucho mi descortesía. -dijo Yukiko corriendo hacia el carro. -¡Nos vemos el lunes en clases!

-Esta niña... -dijo Marina. -Hace unos días me dijo que quería tener amigas, pero...

-Supongo que será simpática a su manera. -contestó Ayame. -Al menos lo es a simple vista.

-Debe ser...

-Hey, Ayame... -habló Fluffy desde dentro del bolso.

-¡Fluffy! -gritó Ayame. -¡No debes hablar en público!

-No te preocupes Ayame. -contestó Marina. -Mi mamá fue a descansar, no se escucha nada desde allí.

-Entonces escucha-pyon. -dijo el hada. -Si mi instinto no me falla, esa chica que estaba con ustedes es una Precure-pyon.

-¿Qué? -gritó Ayame. -¿Una Precure? ¿Y por qué no me dijiste antes?

-No quería que me regañaras por hablar en público... -dijo Fluffy escondiéndose de nuevo en el bolso.

-Qué más da... -contestó Ayame. -Creo que tendremos que verla el lunes.

-Esto... -dijo Marina agachando la mirada. -Hablando de las Precure... yo...

Pero la plática de ambas chicas resultó interrumpida cuando un a túnica oscura que le cubría la cabeza y llevando una bola de cristal en la mano, dejando ver únicamente una especie de ojos pero que no dejaba ver su rostro. Marina se levantó y dijo:

-Lo siento, señor. Pero ya cerramos por hoy, le pediré que se retire.

-Así que este es el punto de reunión de las Precure... -contestó el sujeto.

-¡Puzzle! -gritó Ayame levantándose de su asiento al escuchar a aquel señor.

-Felicidades. Has acertado.

El sujeto puso una semilla en el piso, y esta se enterró por arte de magia desapareciendo.

-Kawaita, vive a través de la energía vital de todo lo que está a tu alrededor. -contestó el sujeto con el mismo tono de voz con el que hablaba normalmente.

El suelo comenzó a temblar a medida que el restaurante y varias casas de alrededor se convirtieron en arena. El temblor provocó que la frágil estructura hecha de arena del restaurante se viniera hacia abajo cubriendo a ambas chicas. Al salir éstas de la arena, vieron como un enorme monstruo parecido a un árbol pero con forma de araña.

-¿Qué es eso? -gritó Marina. -¿Qué le pasó al restaurante? ¿Y mi mamá?

-Todo se convirtió en arena-pyon. -gritó Fluffy.

-¿Qué?

-Sí. -contestó Ayame sosteniendo su celular de color rosa. -Y no regresarán a la normalidad si no hacemos nada. ¡Precure! ¡Revitalize!

De un momento a otro Ayame se convirtió en Cure Strawberry, y corrió hacia el Kawaita. Sin embargo éste comenzó a lanzar unos "escupitajos" que parecían ser seda. Strawberry pudo sortear varios de los disparos de seda, pero al saltar para intentar atacar al Kawaita, éste lanzó otro disparo de seda que impactó sobre ella, convirtiéndose en una telaraña que la envolvió por completo, cayendo al suelo sin moverse.

-¡Ayame! -gritó Marina al ver a su amiga en peligro.

-¡Kawaita! -gritó el monstruo alzando su cabeza como si estuviese orgulloso de su logro.

-No puedo... moverme... -gritó Strawberry, lanzando un pequeño quejido de dolor al notar que la telaraña que la envolvía comenzaba a estrujarla.

-¡Tienes que ayudarla-pyon! -gritó Fluffy a Marina.

-¡Pero yo...! -gritó Marina algo nerviosa.

-¡Si no lo haces, Ayame saldrá lastimada y todo esto será un desierto el resto de nuestras vidas-pyon! -gritó el conejo.

-¡Por favor... Marina! -gritó Strawberry intentando liberarse de aquella trampa mortal. -¡Sólo tú puedes hacerlo...!

-Ayame... -dijo Marina en voz baja.

"Si realmente crees que nadie más puede hacer eso que tú dices, entonces hazlo. Si es algo de lo que depende mucha gente, entonces con más razón debes hacerlo."

Marina recordó las palabras de su madre con tal resonancia en su cabeza.

-Tiene razón. -contestó. -Hemos trabajado mucho para darle un pequeño retoque al restaurante... Es lo único que tenemos... ¡No quiero que se desintegre algo en lo que hemos luchado tanto! ¡Fluffy! ¡Quiero ser una Precure!

-¡Ese es el espíritu-pyon! -gritó Fluffy, formando una pequeña luz desde su lomo en forma de corazón, del cual salió un pequeño celular color azul.

-¡Precure! ¡Revitalize! -gritó Marina sosteniendo con fuerza aquel celular.

Así, Marina terminó, después de algunos segundos de transformación, en aparecer de nuevo como Cure Breeze.

-¡Estoy aquí para defender la semilla del reino verde! ¡Soy Cure Breeze! -gritó la nueva Precure.

Breeze era más ágil que Strawberry corriendo, y eso lo demostraba al esquivar sin mucho problema los ataques del Kawaita hasta llegar a donde se encontraba su amiga. Allí, Breeze lanzó una patada hacia aquella telaraña, rompiéndola al instante.

-¡Breeze! -gritó Strawberry contenta al verse liberada de aquella trampa.

-Perdóname, Strawberry. -contestó Breeze dándole la mano para que su amiga se incorporara.

-No pasa nada. -contestó. -¿Qué te parece si nos encargamos de ese Kawaita?

-Excelente idea. -contestó Breeze con una mueca macabra en su rostro.

-¿Kawaita? -preguntó el monstruo un poco confundido.

Las dos Precure corrieron hacia el Kawaita, defendiéndose éste con sus disparos de telarañas, los cuales las chicas pudieron esquivar algunas, mientras que otras las desintegraron a base de golpes de puño. Pero al notar que los disparos eran constantes y parecían infinitos, a Breeze se le ocurrió una extraña pero eficaz idea.

-¡Strawberry! -gritó. -¡Haré de señuelo mientras tú lo atacas!

-¡De acuerdo!

Breeze se puso adelante y comenzó a correr hacia el Kawaita, haciendo que éste intentara atacarla con esas telarañas. Uno tras otro logró esquivar varias, y las que de plano intentaron impactar hacia ella las logró detener a golpes de puños y patadas casi voladoras. En eso, Strawberry apareció por atrás, saliendo libre de los ataques del monstruo e impactando directamente con un fuerte puñetazo que hizo que el Kawaite inclusive se fuera de espaldas, haciendo imposible ponerse de pie.

-¡Eso es-pyon! -gritó Fluffy. -¡Ahora es su oportunidad-pyon!

-¡Precure! ¡Breeze Tidal Wave! -gritó Breeze, a lo que secundó Strawberry con su "Precure Strawberry Spray".

Ambos ataques se combinaron, un maremoto con un disparo de ataque color rosa, dando como resultado una combinación nunca antes vista, vistosa y por demás potente, el cual envolvió al Kawaita desintegrándolo en el acto, soltando una pequeña semilla purificada.

-Justo como lo predije. -contestó aquel sujeto extraño desapareciendo en ese mismo instante.

Después de haber restaurado todo a su normalidad, Marina le hizo una pequeña confesión a Ayame acerca del por qué había rechazado en un principio ser una Precure.

-Tenía miedo. -le dijo.

-¿Miedo?

-Sí... -dijo Marina intentando excusarse, aunque no parecía del todo convencida de sus palabras. -En parte es cierto que el negocio de la familia y mis prácticas de natación me absorbían la mayor parte del tiempo. Pero aun no lograba comprender todo eso de los Kawaita y el desierto y eso... Ahora sé que si sigo huyendo, todos a los que quiero sufrirán mucho, y no quisiera que les pasara nada... Como a ti, Ayame.

-¡No te preocupes! -contestó Ayame dándole un fuerte abrazo a su amiga. -¡Sabía que estaríamos juntas en esto!

-¡Entonces es perfecto-pyon! -gritó Fluffy. -¡Ya tenemos dos Precure, y solo faltan tres más-pyon!

-Una pregunta, Fluffy... -dijo Marina observando a su alrededor, con el restaurante cerrado. -¿Por qué el restaurante se ve más colorido?

-¡Cierto! -gritó Ayame. -¡Se ve mejor que como lo habíamos dejado antes!

El restaurante parecía ser un local totalmente nuevo. Cortinas cambiadas y limpias, una barra de ensaladas que no estaba allí, además de macetas con plantas nuevas que adornaban la entrada y un candelabro que pendía desde la mitad del techo.

-Bueno... no sé cómo explicarlo-pyon... -dijo Fluffy. -Pero las semillas de los Kawaita purificados dan vida en el lugar donde se entierran.

-Interesante... -dijo Ayame sorprendida con la explicación del conejo.

-Bien Ayame. -contestó Marina. -Ya es tarde, deberías ir a casa.

Minutos antes, justo cuando Yukiko abordó el automóvil que la llevaría directamente a casa, muchas cosas pasaban por la mente de la joven. Quizás, el imaginar que sin pedir nada a cambio, dos chicas que apenas acababa de conocer de la escuela se estaban convirtiendo en lo que podrían ser sus mejores amigas.

-Oye, Phillip-san... -dijo aquella chica.

-Dígame, señorita Okada.

Yukiko se quedó callada. Tal vez no era el momento ni el lugar ideales para abrir sus preocupaciones.

-Nada, disculpa. Mejor vámonos a casa.

-Como usted ordene, señorita Okada.

Continuará...