Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de CLAMP.


Full summary

El propósito de mi viaje era crecer, volverme independiente y ganar más confianza en mí misma. Sin embargo, lo que ocurrió al comienzo de éste no estaba en mis planes, ni mucho menos lo que pasó después. ¿Obra del destino? No lo sé. Pero si de una cosa puedo estar segura, es que no importa cuántos obstáculos se me presenten en el camino… sólo sé que seguiré adelante. Encontraré ese equilibrio que llevo tanto tiempo buscando y alcanzaré mi meta.

La vida es una composición, una melodía. Una pieza musical escrita con los sentimientos que nacen en el corazón. El comienzo lo decides tú, pero nunca sabrás que vendrá luego del coro o cuando las manos de un pianista dejan de tocar. Aunque sin duda alguna, siempre estarán…

… los aplausos…

El gran sonido que todo artista espera con ansias al final de su actuación. Esa sinfonía cuya labor es decirte; ¡Felicidades, hiciste un excelente trabajo!

Mi aventura da inicio con el título de la obra en la cual formo parte. Un libreto repleto de ideas. Las cuales dentro de tu mente son grandes maravillas, pero cuando se escapan de ese mundo para viajar a través de un bolígrafo y terminar en un pedazo de papel, pierden toda su coherencia. Un actor puede tener muchas personalidades sobre las tablas. Más no obstante, sólo cuenta con una en la vida real. Y deberán creerme si les digo que aún intento descifrar cuál es la encargada de representarme. Y ninguno de mis personajes me ha ayudado a descubrirlo hasta ahora. Por eso estoy en este lugar, para encontrar el reflector que ilumina mi objetivo.

¿En dónde estás?

Pues no estoy lejos. Estoy en ti. Sólo cierra tus ojos y cree…

Es lo que haré. Por sobre todas las cosas, procuraré no detenerme… hasta que te encuentre.


~Capitulpo I: Daylight~

Sakura's POV

Porque la vida tiene diferentes etapas, y estoy consciente de que al terminar una, entraré a una, quizás, más difícil y compleja que la anterior. Pero, ¿saben qué? Estoy preparadísima para enfrentar lo que sea.

¡Sí, así es!

Todo aquello que desee cruzar mi camino, deberá estar atento y con la mirada fija en querer detenerme, porque de lo contrario solamente perderá su tiempo. No me quedaré en el medio, por nada ni por nadie. Una vez que encuentre lo que estoy buscando, seguiré por la línea recta y llegaré a casa con una enorme sonrisa en mis labios.

Si una cosa aprendí de la vida, a mis veintiún años, es que nunca debes rendirte. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Aunque, ¿sabes? Yo tengo mi propia teoría para salir adelante:

Pase lo que pase, todo estará bien.

Aunque parezca increíble e infantil, admitiré que me ha ayudado bastante. Pues me ha hecho creer en algo tan importante como aprender a confiar en mí. Si yo no lo hago, no habrá persona en el mundo que lo haga por mí.

Debo confesar que al principio la idea de un viaje al extranjero me parecía totalmente divertida, claro no lo había experimentado jamás, pero soñaba con el día en que pudiera tener la oportunidad de hacerlo. Era uno de esos sueños locos que mantenía conmigo desde que era una niña de trece años. Edad en donde lo único que piensas es si deberías crecer como todos los demás o elegir ser tú misma y desarrollarte a tu propia manera.

Ser única y especial.

Todos estos pensamientos mantenían mi mente en las nubes por largos períodos de tiempo, y que no les resulte algo extraño, pues mi forma de ser da fe de eso. Sin embargo, si de algo servía tener estas peculiares cualidades, era el poder transcribirlas en notas musicales. Mi piano era quien transmitía todo esto, y tendré que suponer que mi talento en el arte del sonido también recibe sus recompensas. El talento no se pule de un día para otro.

Ahora comprendía a la perfección que las infinitas horas de estudio, las noches en vela, las mañanas sin tiempo para tomar un desayuno de forma decente, el estrés y todos los cambios de ánimos… definitivamente valieron la pena. No, no me refiero a un premio nobel o algo por el estilo. El producto de todo este esfuerzo se vería reflejado en unas horas más al poner rumbo hacia aeropuerto de Tomoeda. ¡La aventura más grande de mi vida estaba a punto de comenzar!

No obstante, una cosa es soñarlo y otra muy diferente es vivirlo. Pero para una dulce chica… joven adulta como yo, nada es imposible.

El sol ya había entregado sus últimos rayos brillantes hace unos momentos, en un crepúsculo vespertino digno de contemplar en compañía de una deliciosa taza de chocolate caliente. Pronto le llegaría su turno al anochecer, a la luna y a sus millones de estrellas.

A estas alturas del día ya había terminado de empacar todas mis cosas, pero aún me restaba ordenar una última maleta. De hecho era la más importante y la cual se encargaría de cargar algunas de mis más valiosas pertenencias. Tenía la costumbre de dejarla siempre para el final, pues pasaba que a veces la nostalgia se apoderaba de mí junto con la necesidad de ver cada una de las cosas una vez más. Era una costumbre más que un simple capricho, pero que siempre me funcionaba perfectamente y sin ningún… problema…

¡Un momento!

No, no, no. Esto no me parece para nada gracioso…

—¡Ay no puede ser! Si lo dejé en este cajón hace un rato, no puedo irme sin… ¡Oh! —me dije a mí misma con una expresión que dejaba en evidencia lo desesperada que estaba. Se preguntarán el porqué de mi repentino cambio y mi sorpresiva desesperación. Bueno…— ¡¿Dónde está mi diario?

¿No les dije que era despistada?

¿No? Juraría que sí… o tal vez no lo hice. Ah, vamos.

Me llevé las manos a la cabeza e intenté hacer memoria de la última vez que lo tuve conmigo. Y claramente el famoso diario ya había sido empacado, pero por extrañas razones que desconozco, lo saqué para aparentemente revisar algo justo cuando mi padre me llamaba desde la cocina para bajar a cenar.

Y ¡Bum! El diario desapareció de vista.

Detestaba cuando me pasaban este tipo de cosas, pero sin embargo seguía realizando las mismas acciones, y en consecuencia… seguía pasando por lo mismo. Siempre me prometía a mí misma que estos incidentes debían servirme de lección, pero fallaba cada vez que lo intentaba.

Finalmente después de veinte minutos de ardua búsqueda, con la habitación convertida en un desastre, mis almohadas por todas partes menos sobre la cama, los peluches en el suelo y no hay necesidad de mencionar qué ocurrió con la ropa… logré encontrarlo.

—¿Cómo podría irme sin ti? —sonreí al momento en que abría mi diario en una página cualquiera, encontrándome con tono café que las tenía, el cual les daba una apariencia antigua tal como a mí me gustaba en los libros. En su interior se encontraban algunas fotografías mías y de mis amigas en la universidad, de mi padre y aunque parezca increíble, de mi hermano— Tendré que llevarte conmigo después de todo, Touya —exclamé su nombre totalmente indignada.

Dios, es que a veces lo odiaba tanto.

Tanto como odiaba perder mis cosas o quedarme dormida todos los días y llegar tarde a la universidad. Había sido bastante paciente si pensamos que llevaba aguantando a mi hermano durante dos décadas. Entonces yo pienso que debería ganarme algo así como un premio, pues no cualquiera duraría ni una simple semana viviendo bajo el mismo techo que Touya. Inténtenlo y verán de lo que hablo.

—¡Sakura, hija! —escuché de repente la voz de papá al otro lado de la puerta— Ya es tarde, deberías dormir un poco. Te espera un largo viaje por la mañana.

Miré uno de los relojes que reposaban en la cabecera de la cama y fruncí el ceño al darme cuenta de lo tarde que era. Mi padre tenía razón. Si no dormía ahora, mi humor sería terrible por la mañana, y sí, el viaje era benditamente… largo.

—¡En seguida! —la repentina llamada de papá me hizo guardar cada cosa en su lugar. El diario esta vez no volvería a jugarme la misma broma, por lo tanto me encargué de guardarlo inmediatamente en mi bolso de mano. No existía posibilidad alguna de que a la mañana siguiente me tendría con los nervios de punta y arrancándome el cabello por no encontrarlo. Me aseguraría de evitar este tipo de situaciones desesperantes, ya bastante tenía con la ansiedad del viaje.

Con gran esfuerzo arrastré las maletas hasta la puerta. ¡No saben cuánto le agradezco al genio que vino con la idea de ponerles ruedas! Realmente no tenía la menor idea cómo iba a cargar con dos maletas de 32 kg cada una por el aeropuerto yo sola. Supuse que lo averiguaría cuando se presentara el momento.

Llevé ambas manos a mis caderas y ¡uf! pude respirar tranquila cuando sentí un gran peso menos al ver que todo ya estaba empacado. ¿Quién dijo que no sería capaz de hacerlo un día antes? Está bien, está bien… una tarde antes. ¡De todas formas lo había conseguido! Y estaba inmensamente feliz por eso.

Para finalizar el día, tomé mi pijama y salí de la habitación con pocas ganas. Estaba tan agotada que el hallar el pasillo completamente oscuro ni siquiera me importó. Arrastré la mano por toda la pared hasta lograr dar con el interruptor de luz, y cuando por fin lo encontré subí el pequeño botón ocasionando que luz iluminara todo el lugar. Afortunadamente el baño estaba a unos cuantos pasos de mí, por lo cual mucho no debía caminar. Cuando atravesé la puerta me hallé frente a frente con mi reflejo en el espejo.

Sí, mi rostro lo decía todo. Si no dormía esta noche, amanecería con unas ojeras terribles y un ánimo de lo peor. Necesitaba todo lo contrario, ser rápida –y que conste, no lo era en absoluto– para terminar con mis últimos deberes e ir a contar ovejitas.

Incliné mi rostro haciendo una ligera mueca. Mi maquillaje estaba fuera de su lugar, como si hubiese restregado a propósito mis manos sobre los ojos por un buen rato. Busqué en el botiquín un poco de algodón junto con crema desmaquilladora y comencé a limpiar el desastre que tenía en el rostro. No me tomó más de cinco minutos ni más de tres bolitas de algodón el volver a tener mi cara medianamente presentable.

Afortunadamente no me tomaría mayor esfuerzo el cambiarme de ropa, ya que sólo traía puesto un vestido del cual podía despojarme fácilmente. Salí del baño aproximadamente a los diez minutos después de haber entrado. ¡Qué veloz! Ah, si tan sólo fuera así cada mañana… pero vamos, eso sería pedir mucho al querido tiempo.

Al salir, sabía que no podía llegar a mi habitación sin antes pasar a despedirme de Touya. Su habitación estaba justo frente al baño después de todo. Al llegar a su puerta me quedé un momento después de tocar tres veces esperando una respuesta. Al escuchar su voz detrás de la puerta, me dispuse a entrar a su cuarto. Lo encontré sentado en su escritorio con un viejo libro de la biblioteca de papá. Probablemente habría leído ese libro unas seis veces, sin embargo jamás se cansaba de él.

—¿Qué quieres Monstruo? —preguntó sin quitar la mirada del libro. Era consciente de que no recibiría nada más que eso de su parte. Pero ésta era la última noche que estaría en Tomoeda, y quisiera o no, iba a prestarme atención aunque fuesen cinco segundos. Incluso si tenía que soportar escucharlo llamarme con ese sobrenombre con el que se refería a mí desde hace décadas.

—Aprovecha mientras puedas de llamarme así, porque a partir de mañana ya no podrás. Y no sabes cuánto me encanta la idea —comenté con una imaginaria pose triunfadora y sintiendo una capa flameando en mi espalda. Esta técnica siempre funcionaba. Touya la odiaba tanto como yo odiaba que me llamara monstruo.

—¿No deberías estar dormida?

Y en ese momento quise reír. Sus ojos lo delataban: Touya estaba sorprendido por la repentina respuesta que le di. ¿Cómo lo sé? Pues había levantado la cabeza de golpe, y el que retirara su atención del libro era algo extraño de ver.

Me sentí orgullosa de mí misma.

—Venía para darte las buenas noches, pero al parecer tu libro es mucho más importante y prefieres eso antes que a tu queridísima hermana… —aclaré dando la mejor actuación de mi vida. Este juego no se terminaba hasta escuchar la respuesta que quería

—No seas tonta, Sakura —comentó Touya—. Sabes que eso no es verdad.

La sonrisa que me regaló era la respuesta que esperaba.

—Buenas noches, hermano —me despedí cerrando la puerta detrás de mí. La sonrisa de mis labios comenzaba a perder algo de firmeza, y entonces me di cuenta que poco a poco mi corazón se apretaba en mi pecho. Mi odioso hermano me haría tanta falta, pero no me permitiría llorar aún. Si de una cosa estaba segura, es que tenía que comenzar a formar aquel escudo invisible, fuerte y poderoso. Un escudo que me protegería de todo.

Comencé mi retorno hacia mi refugio contando los trece pasos que nos distanciaban. No recuerdo cuándo fue que tal brillante idea vino a mi mente, pero he de decir que de pequeña me había sido bastante útil. Jugar a las escondidas con Tomoyo resultaba mucho más sencillo si conocía con más detalle mi propia casa.

Al treceavo paso, giré la perilla de la puerta y la empujé hacia atrás. Ésta era la única habitación oscura que no me asustaba. Si piensan que la razón es porque es mi habitación, lamento informarles que están mal. Mi héroe no se trataba tampoco de mi lámpara espanta fantasmas, claro que no, más bien era mi ventana. A través de ella, cada noche entraban libremente los rayos de luz de luna, espantando todas aquellas sombras misteriosas y silenciosas. Me acerqué tranquilamente hasta que di con el pequeño trozo de madera que la rodeaba. Y pude darme cuenta que no vería esta vista por mucho tiempo.

Contemplé por unos instantes el cielo. Quise quedarme un momento inmóvil, y así, buscar alguna que otra constelación, imaginando por un momento que era una astrónoma en lugar de ser una estudiante de música. Mi imaginación se manifestaba de una manera fabulosa cuando se trataba de encontrar formas en las estrellas. Quién sabe cuántas constelaciones habré inventado, pero por ahora, sólo podía ver rostros felices.

Un bostezo me recordó que era hora de dormir. Abandoné la ventana sin dejar de mirarla, y me recosté sobre la cama abrazada a uno de mis peluches. El reloj marcaba tranquilamente la una y veinte de la madrugada, por lo que tenía unas seis horas para descansar.

Antes de cerrar los ojos, me puse a pensar en las infinitas cosas que podría encontrar luego del aterrizaje y cuando tuviera que salir por esa ancha puerta de cristal. ¿Y si de pronto todo salía mal? ¿Qué iba a pasar si me acobardaba en el último momento? ¿O si me arrepentía de todo una vez que llegara al aeropuerto? No, no dejaré que el simple sentimiento de fracasar me derrumbe. No iba a darme por vencida. Esas incontables metas que navegaban en el barco de los sueños dentro de mi mente no podían quedarse sin un rumbo. El viaje estaba aquí, y yo era la brújula que lo dirigiría.

Seré sincera en un aspecto: existía cierta inseguridad. Cualquiera que fuese la fuente de ésta, sólo mi estómago y las infinitas mariposas que volaban dentro conocían la respuesta. Puedo repetir una y mil veces que estoy preparada e infinitas cosas más, pero lo cierto es que uno nunca sabrá qué le depara el destino.

¿Estoy realmente lista para esto?

Me esperaban muchísimas cosas. Este libro comenzaba ahora, con el pie de página listo para que yo tomara el bolígrafo y escribiera. Escribir sobre lo que pensaba, escribir notas musicales, escribir sobre mí misma. Lo único que necesitaba para tranquilizarme era la voz de todos mis amigos y familia. Necesitaba escucharlos decir "Tranquila, confiamos en ti. Creemos en ti."

Tener confianza y creer en mí.

Sólo pedía eso.

Las cosas funcionan mejor cuando tienes el apoyo de alguien. No dudaré jamás eso. Abrí mis ojos para poder observar mi habitación a oscuras. Esta vez no había encendido mi lamparita espanta fantasmas, y era la primera vez en mucho tiempo que no lo hacía. Sentía, además de todos los nervios y mareos, que no estaba sola, así que sonreí. Una sonrisa para mí y mis peluches. Claro, a ellos también los extrañaría.

—Por favor… que todo salga bien —cerré mis ojos—, estoy segura que todo estará bien… sabes que sí.

Y con el brillo de la luz golpeando mis parpados, finalmente me dormí.

Till I find you

Desperté sin oír el sonido de la alarma tal como lo había sospechado antes de dormir. El extraño presentimiento de anoche resultó ser cierto, y siempre terminaba siendo así.

No soy nada en la oscuridad.

Quise terminar con aquel telón negro que me dejaba en segundo plano abriendo mis ojos, pero los cerré rápidamente.

Y el sol brillará.

Un rayo de luz proveniente desde la ventana se posaba plácidamente sobre mis ojos, impidiéndome la posibilidad de mantenerlos abiertos. ¿Por qué había un rayo de luz? Oh, por supuesto, se trataba de las cortinas. Antes de ir a descansar, había decidido no cerrarlas porque quería un poco de luz natural en la habitación

Cuando me sentí lista para enfrentar nuevamente el destello, me senté en la cama cubriendo mi rostro por completo. Restregué un poco mis ojos, esperando un rato mientras terminaba con aquella somnolencia que se había apoderado de mí. Miré hacia todas partes buscando mi reloj con los ojos entreabiertos, olvidando siempre que éste permanecía sobre el respaldo de la cama. Me giré moviendo mis manos en todas direcciones intentando dar con él, y así, averiguar la hora.

Siete de la mañana.

A pesar de tener media hora para dormir, me levanté y dejé el reloj en su lugar. Caminé hasta la ventana con una mano cubriendo mis ojos, porque éstos aún estaban algo sensibles por los efectos de la luz, mientras que con la otra, aproveché de girar la pequeña perilla y empujar la ventana para dejar que una leve brisa de viento invadiera la habitación. Pero entonces algo me obligó a quedarme allí, como si necesitara oír algo. No supe jamás qué se suponía que debía haber escuchado. Supuse que debía ser algo imaginario, o que el viento estaba tratando de comunicarme algo sobre las nubes. Pero no sentí nada. Tampoco se sentía ruido alguno en la casa. Tal vez, mi Papá y Touya aún seguían dormidos.

Sacudí mi cabeza de un lado a otro, aclarando mi mente y trayéndola conmigo a la realidad. Fui hacia mi escritorio y tomé mi ropa, la cual había dejado ya lista la noche anterior en caso de que me quedara dormida en la mañana.

Salí silenciosamente de la habitación, y me dirigí nuevamente al baño para darme una relajante ducha de agua caliente.

Esta vez batí un nuevo record. Veinte minutos, y ya estaba lista. Sí, créanme… fueron veinte minutos. ¿Ducha exprés? Al contrario, fue una ducha normal. Una de las mejores, la verdad.

¿Es que no me creen? Pero, pero…

Está bien, ustedes ganan. Veinte minutos sí es mucho tiempo, pero ¡por favor! ¿Qué mujer tarda menos que eso?

Cuando abrí la puerta del baño, una nube de vapor me rodeo para salir y expandirse por todo el pasillo. Bajé las escaleras no queriendo despertar a nadie, pero una vez que llegué a la cocina me encontré con mi padre y mi hermano sirviendo lo que sería mi último desayuno con ellos. Quizás el ruido del agua corriendo debió despertarlos, porque estaba bastante segura de que cuando me levanté, además de mí, nadie se encontraba despierto.

Permanecí inmóvil en la entrada de la cocina mirando lo que mi familia hacía, y sintiendo el delicioso aroma de un perfecto desayuno hecho en casa. Unos exquisitos hotcakes preparados por mi hermano y una linda mesa decorada por mi papá.

Ninguna palabra había salido de mi boca, no obstante, no pasó mucho tiempo para que papá se diera cuenta de mi presencia.

Dios, no sé cómo lo hace.

—Hija, hoy te levantaste temprano.

—Debe ser por los nervios. Casi no tengo sueño —le respondí, abandonando mi actual puesto yendo hasta la silla. Me senté en mi lugar y agradecí por la comida que Touya puso frente a mí.

Al parecer era verdad que los nervios me acompañaban ahora, porque en menos de quince segundos ya había comido dos porciones de los hotcakes que tenía en el plato. Sería un hecho que me arrepentiría cuando estuviera sentada en el avión con terribles retorcijones en el estómago.

—Sakura, no comas tan rápido —señaló Touya al verme comer mi desayuno. Me detuve de repente y levanté la vista para mirarlo.

—¡Estoy ansiosa! No puedo evitarlo —respondí riendo—, además la comida está deliciosa —expresé esto último muy contenta, y en vista de que no me diría nada más, seguí comiendo.

Touya no pudo más que observarme. Pude notar que sonreía, tal vez al darse cuenta que su hermanita ya no tenía trece años y que ya no respondía de la misma manera cada vez que me molestaba. Había crecido después de todo.

—¿Ya tienes todo listo? —preguntó.

—Sí, aunque me gustaría poder llevarme todo, pero no puedo guardar el piano en una maleta.

¡No tienen idea cuánto iba a extrañar mi piano!

—No te preocupes, no olvides que en el lugar donde te hospedarás tienen un piano. Podrás seguir tocando sin problemas —comentó mi papá mientras bebía un sorbo de su jugo de naranja.

—Lo sé, Papá.

Una vez que terminé con mi desayuno, me levanté de la mesa y cargué mi plato hasta el fregadero. Luego me dirigí a la habitación a buscar mis maletas con la ayuda de Touya, quien bajó cada una de ellas y también mi bolso de mano.

—Monstruo, ya son las ocho en punto ¡Apresúrate o llegaremos tarde al aeropuerto! —oí gritar a Touya desde el primer piso.

Y pese a la presión que acababa de caer sobre mí, yo no quería salir de mi habitación. Observé por última vez el lugar con bastante atención. Estaba tan vacío, que no parecía a lo que yo estaba acostumbrada a ver todos los días. Definitivamente extrañaría mucho este lugar. Lo único que quedaba eran algunos de mis peluches y unos libros de la universidad sobre el escritorio.

Di una vuelta por el lugar, pasando mi mano sobre la cama lentamente mientras daba algunos pasos para llegar a la puerta, sin dejar de mirar el lugar que me había acogido durante toda mi vida. El lugar que me conocía tan bien y me había visto crecer.

—Volveré pronto, lo prometo.

Con una sonrisa en mis labios y sintiendo el corazón apretado bajo mi pecho, cerré la puerta.

Till I find you

El transcurso hacia el aeropuerto fue bastante placentero. Íbamos en el auto de Touya, quien iba al volante, mi padre en el asiento del pasajero y yo, junto a Tomoyo, en los asientos traseros.

—Ay Sakura, no puedo creer que te vas —comentó ella con un suspiro y una expresión triste en su cara inevitable de ocultar.

—Descuida Tomoyo, sólo serán algunos meses. Ya verás que pasarán muy rápido —le respondí mientras una de mis manos tocaba su hombro, dándole quizás un poco de ánimo.

Pero eso no evitó que yo también me desanimara un poco. La idea de no ver a Tomoyo por tanto tiempo no me parecía para nada agradable. Entendía que, de alguna manera, esto también me ayudaría. Mi amiga me había asegurado hace un tiempo atrás que llegaría el día en que debería aprender a vivir sin el apoyo de ella. Y eso me asustaba notablemente. ¿Quién iba a estar allí cuando me sintiera sola, triste y sin nadie alrededor? ¿Quién me iba a dar consejos cuando necesitara uno?

Nadie. Tomoyo era irremplazable.

Cuando llegamos al aeropuerto de Tomoeda, perdí instantáneamente el color rosa de mis mejillas. Comencé a temblar incluso antes de poder bajar completamente del auto, y una vez que cerré la puerta pude ver en el reflejo de la ventana lo pálida que estaba. No obstante, intenté disimular el nerviosismo para que los demás no lo notaran. Si tenía suerte, tal vez tuve éxito.

Aunque en el momento en que Tomoyo tomó mi mano para caminar juntas hasta la puerta del aeropuerto, supe que había fallado, al menos, en engañar a mi mejor amiga. A pesar de que ninguna dijo una palabra, era sencillo adivinar lo que realmente pasaba.

Papá y Touya nos alcanzaron luego de unos minutos, trayendo con ellos dos carritos transportando las tres maletas que llevaba conmigo. Nos dirigimos inmediatamente hasta el counter para entregarlas a la aerolínea, realizar el check-in y así poder recibir el boleto de avión y guardarlo dentro de mi pasaporte.

No era la primera vez que yo viajaba. Desde muy pequeña solía acompañar a Tomoyo a diversos lugares de Japón. Incluso fuimos de viaje por una semana a Hong Kong cuando teníamos doce años, por lo que viajar ya era una costumbre para mí. Sin embargo, el viaje que me esperaba sería largo y mucha más la distancia en comparación a todos los demás. No era sorpresa que estuviera aterrada en caso de que mis maletas se perdieran en la conexión en Tokio o que terminara perdiéndome en el aeropuerto de Narita buscando el segundo avión.

Tomoyo estaba esperándonos en los asientos junto a un gran ventanal con vista a las pistas de despegue y aterrizaje. Me acerqué a ella justo después de haber chequeado todo y tomé asiento a su lado.

—Ya sabes qué tienes que hacer una vez que llegues… —comenzó Tomoyo.

—Lo sé, Tomoyo. Ya me lo has recordado un millón de veces —le contesté suspirando.

—Es que eres tan distraída…

—Una vez descienda del avión, debo tomar mi teléfono especial y llamar a la querida Tomoyo para entregarle todas las novedades del vuelo, y de toda persona que vea en los alrededores —enumeré cada paso de la lista imaginaria que había en mi cabeza con mis brazos cruzados sobre mi pecho. Había recordado todo a la perfección.

—Oh, I am so proud of you —susurró Tomoyo al momento de abrazarme —, I am going miss you so much.

—I'm missing you already —no pensé que despedirme de ella tendría que ser tan difícil. Pero como lo imaginaba, mis ojos comenzaron a empañarse poco a poco hasta que una tibia lágrima cayó por mi mejilla—, I'll be here soon.

—You will, Sakura.

—Tomoyo.

—¿Qué pasa?

—¿Por qué estamos hablando en inglés? —pregunté todavía con algunas lágrimas en los ojos, pero riendo.

Tomoyo soltó una pequeña carcajada. —Sakura, deberás acostumbrarte. Después de todo, en Inglaterra no hablarás japonés. Así que tienes que empezar desde ahora ya.

—Pero seguimos en Japón.

—No por mucho tiempo —tomoyo desvió su mirada hacia el exterior, para encontrarse con el avión que yo debería abordar en una hora más. Realmente me sorprendí al ver que ya estaba todo listo, pues los hombres encargados del equipaje comenzaban a alejarse del lugar.

Y hablando de equipaje…

—Tomoyo, ¿para qué es la maleta que enviaste por encomienda? —pregunté de repente, recordando que Tomoyo me había mencionado sobre una enorme y pesada maleta morada que había enviado hasta Londres.

—¡Es todo el vestuario que confeccioné para ti! El que viajes usando uno de mis diseños no era suficiente. Ya me conoces, no comprendo cómo puedes seguir sorprendiéndote después de todos estos años, Sakura.

Una maleta enorme y pesada.

—T- Tomoyo, cómo… ¿cómo esperas que cargue esa maleta?

¡Llevaba tres maletas con 32 kg! Y ni siquiera había sido capaz de cargarlas yo sola hasta el counter.

—Tranquila, la maleta llegará al lugar en donde te hospedarás. Pero de no ser así estoy segura que alguien se ofrecerá a ayudarte —y sin dejar que yo pudiera comentar al respecto, Tomoyo alcanzó su bolso y sacó un pequeño paquete de él—. Quiero entregarte esto antes de que te vayas.

—¿Qué…? —Tomoyo lo alejó de mi alcance, acercándolo a su pecho antes de que pudiera tomarlo— ¿Qué es?

Debes prometerme que lo abrirás sólo cuando llegues al aeropuerto, no importa si la curiosidad termina matándote —dijo, entregándome el pequeño paquete—, confío en tu fuerza de voluntad.

Mi fuerza de voluntad y mi curiosidad no garantizaban nada. Tomoyo sabía a la perfección que una promesa de mi parte no se cumplía sin el meñique. La vi sonreír cuando levante mi dedo más pequeño, esperando que lo abrazara con el suyo.

—¿Lista? Ya es hora de que ingreses —escuché a Touya, regresando mi atención nuevamente a la realidad.

Al parecer… ya era hora de partir.

Dios, ya estaba tan cerca, la primera página estaba a punto de dar la vuelta completa.

Los tres me acompañaron hasta la puerta y cada uno se despidió de mí. Entre abrazos y algunas lágrimas, pude ingresar a la sala que me conduciría al avión. No sé cómo mis pies lograron moverse y mis brazos pudieron separarse de mi papá. Una vez que logré pasar por la inspección sin ningún problema, me di vuelta para observar por última vez a las personas que amaba y que ya extrañaba.

Moví mi mano en señal de despedida y con una brillante sonrisa en mi rostro les grité:

—¡Nos vemos pronto!

Con estas palabras seguí caminando, perdiéndolos de vista luego de algunos segundos.

La hora pasó más rápido de lo que yo esperaba, sin darme tiempo de dar una vuelta por el lugar antes de abordar el avión. Saludé amablemente a las aeromozas que me recibieron en la puerta. Una de ellas ofreció su ayuda para que yo pudiera encontrar mi asiento con más facilidad, pero rechacé la oferta, queriendo buscar por mí cuenta propia mi respectivo asiento. Justo por delante del ala derecha. Ése era mi lugar y en donde me sentía más cómoda al momento de viajar: Junto a la ventana.

Llevaba conmigo una cámara que Tomoyo me regaló especialmente para el viaje. Me dijo que capturara especialmente el momento del amanecer, y no debía olvidarlo porque era un espectáculo que se apreciaba mejor cuando estabas cara a cara con ellas…

Y las nubes explotaron para mostrar la luz del día.

A las diez de la mañana, el avión despegó de la ciudad de Tomoeda con la primera parada en Tokio antes de comenzar con la aventura rumbo a Londres, Inglaterra.

Till I find you

La vista que tenía desde la ventana tan impresionante, que me llevó a cuestionarme un par de veces si es que me encontraba en un avión perdida en el cielo de Asia o en el polo norte.

—Es como si fuesen icebergs en lugar de nubes.

¡Realmente lo parecían! El color blanco de éstas, su forma de algodón de azúcar, y… si tan sólo el ala del avión me dejará ver un poco más. Había olvidado lo enormes que eran en los aviones para viajes internacionales.

¡Gigantes!

Fue luego de un rato que recordé que traía conmigo una cámara fotográfica. Tomé mi bolso de mano y comencé a revolver todas las cosas que traía dentro, mientras intentaba encontrarla. Entonces me di cuenta de la utilidad de los compartimientos de éstos, y en que probablemente sería una grandiosa idea que comenzara a usarlos como debían. Mi teléfono terminó en el fondo de éste y mi maquillaje revuelto por todas partes. Terminé causando un desastre que seguramente me provocaría un dolor de cabeza la próxima vez que quisiera buscar algo.

Aunque volviendo al tema de la cámara, la verdad es que no tengo mucha experiencia al tomar fotografías, pero el momento lo ameritaba y debía intentar capturar ese increíble regalo que la naturaleza me brindaba.

—Ahora, ¿cuál será la mejor opción? Tenemos normal, escena nocturna… ¿escena nocturna? ¡Genial! Podré sacarle fotos a la luna y a las estrellas. Interiores, niños y mascotas… ¡Paisaje! Perfecto, ésta es la que necesito. Veamos…

Con un primer intento realmente patético, acerqué la cámara a la ventana, pero sólo me reflejaba yo misma y la visión se hacía bastante borrosa. Probé alejarla un poco pero no conseguía dar con el ángulo ideal para tomar la imagen.

Volví a probar suerte unas cinco veces más… pero nada cambiaba. ¡No quería ver mi reflejo! Quería las nubes…

¡Las nubes!

En ese instante una aeromoza se detuvo justo al lado de mi asiento y me observó con una sonrisa. Imaginé que se debía a la cara de frustrada quizás tenía. ¿Era una escena encantadora? Sin dudas. Al menos eso le escuché decir a ella en voz baja.

—Disculpa, ¿necesitas ayuda con eso? —preguntó.

—Huh… estoy intentando tomar una fotografía, pero no sé cómo hacerlo.

El asiento junto a mí estaba libre, por lo que la aeromoza se sentó sin ningún problema en ese lugar. Una vez que estuvo cómoda, estiró sus manos para que le prestase la cámara fotográfica.

—Te enseñaré un truco, ¿te parece?

Sonreí como una niña pequeña.

—¡Me encantaría!

—Eso pensé —respondió—, veras, si acercas así la cámara jamás podrás encontrar el ángulo que estás buscando.

—Ya veo —comenté, muy atenta a sus palabras.

—Imagino que no intentaste hacer esto —acortó totalmente la distancia entre la cámara y la ventana, juntando la lente con el vidrio. El reflejo que me atormentaba de pronto desapareció. Ahora sí podían verse las nubes o icebergs, como quieran llamarlos.

—¡Wow! Así es todo más claro —exclamé—, ¡muchísimas gracias!

—No hay ningún problema. Me hubiera encantado que alguien me enseñara a mí, pero cuando uno descubre las cosas por sí mismo es mucho mejor y más entretenido ¿no te parece? —expresó levantándose del asiento y acomodando su uniforme— Si necesitas algo, no dudes en llamarme.

—Descuida, no creo que necesite nada por ahora.

Volví a permanecer sola en la fila una vez que la aeromoza se alejó para continuar con su ronda a lo largo del pasillo, chequeando si todos los pasajeros estaban bien, tal como lo había hecho conmigo. Y me distraje quién sabe por cuánto tiempo que por poco olvido lo esencial.

—¡Oh, debo tomar la foto! —grité sin darme cuenta que lo había hecho en voz alta. Todos los pasajeros que se encontraban cercanos a mí, se voltearon a verme con una expresión extraña en sus rostros. Algunos parecían molestos puesto que estaban dormidos y otros simplemente me miraban con una cara de '¿qué-diablos-le-pasa-a-esta-niña?'.

— L-lo siento mucho —sí, fue lo único que fui capaz de decir además de soltar una risa nerviosa. Me volteé hacia la ventana rápidamente con la cámara, evitando que vieran mi cara, la cual estaba increíblemente roja, por cierto.

Me aseguré de que nadie tuviera su atención fija en mí, y cuando logré tranquilizarme un poco, hice exactamente lo que me habían dicho. Presioné el mágico botón pero no sin antes quitarle el flash. ¡Bingo! Había capturado finalmente la foto que buscaba.

—¡Perfecto! A Tomoyo le fascinará esta foto. Tomaré algunas más.

El resto del viaje parecía marchar bien. Ya había comido el almuerzo correspondiente hace una hora y la selección de películas que tenían disponibles era bastante aburrida como para quedarme mirando. La ventana era el único espectáculo verdaderamente alentador junto con la música que tenía en mi iPod.

Ah, mi querida música.

Amaba toda canción compuesta e interpretada en un piano. Al ser pianista, disfrutaba a un nivel superior este tipo de canciones, a diferencia de la música moderna. No despertaba mucho interés en mí. A excepción de algunas canciones de Coldplay. Había tenido la oportunidad de escuchar su último disco y me pareció genial. ¡Quizás hasta pueda verlos! Eso sería una idea estupenda. En mi lista de preferencias dominaba casi al cien por ciento la música británica. The Beatles, The Smiths… ah, un placer para mis oídos.

Luego de meditar un poco con las nubes y los rayos de sol que se asomaban por la ventanilla del avión, bajé la pequeña persiana para bloquear el paso de la luz que se volvía un poco irritante a esta hora del día.

Abrí mi bolso y tomé mi diario junto con un lápiz color rosa. Después de revisar y releer cada cosa escrita en él, fui hasta la última página, y en el tope de ésta escribí: Day 1, encerrando la palabra en un pequeño marco con alitas a los lados. De acuerdo a la pantalla del avión habían transcurrido cinco horas y cuarenta minutos desde el despegue. Oh, aún faltaban unas siete horas para llegar al aeropuerto de Londres. No me resigné ni nada por el estilo, sólo me encogí de hombros y regresé mi atención a la página en blanco del diario, entonces comencé a escribí:

'I'm bored, it's 15:40 PM and I don't know what to do. I'm enjoying the flight and all of that, but seriously… staying aboard on a plane for 12 hours, ha, no way! Maybe I should take a nap… yeah that'd be a good idea. I'll take a nap'

Dejé nuevamente el diario dentro de mi bolso y recliné el asiento lo suficiente para estar cómoda y no molestar al pasajero detrás. Cerré mis ojos y respiré profundamente buscando relajarme para descansar un rato. Utilicé mi chaqueta para cubrirme y así poder dormir mucho más tranquila, evitando así que el aire acondicionado me congelara.

Tomaría una siesta en las nubes.

Señoras y señores, yo no podía negarme a eso.

Al momento en que sentí ese pequeño trance entre mundo real y el mundo de los sueños después de mi siesta, comencé de a poco con un ligero pestañeo, evitando que cualquier luz me dejara ciega. Abrí mi ojo derecho primero, luego el izquierdo, un pestañeo nuevamente y finalmente decidí abrí ambos ojos y enfrentarme a lo que fuese que tuviera en frente.

Pero lo que descubrí sólo consiguió que hiciera una de las muecas más tontas de toda mi vida. ¿Por qué? Porque acababa de comprobar eso que me tenía con una cierta inseguridad desde hace un rato.

Aún seguía en el avión. Y para agregarle una explicación más a mi mueca, tenía un dolor de cuello horrible.

Haciendo el mayor esfuerzo por agachar mi cabeza sin que me doliera demasiado, busqué mi reloj de mano. Éste marcaba las cinco y treinta de la tarde. Dios mío, faltaban un par de horas para llegar a Londres. Un acto reflejo hizo que mi lengua recorriera mis labios, que estaban secos y sin labial. Giré mi cabeza la derecha y me encontré con la persiana abajo. La subí lentamente apreciando como los rayos del sol entraban rápidamente. Una vez arriba, se podía divisar cómo las nubes adquirían una forma mucho más esponjosa que antes.

Sobre un día lleno, y un vuelo lleno. Derrota oscuridad, rompiendo la luz del día.

—Está comenzando a nublarse —susurré para mí misma, con un gesto en mis labios. No se suponía que debía nublarse. Sin embargo, ahora los icebergs estaban más interesantes que nunca.

Argh, estaba tan aburrida. Producto de aquello comencé a imaginar siluetas que corrían sobre las nubes, persiguiendo el avión a toda velocidad.

Estaba tan concentrada en la ventana, que no me di cuenta cuando las aeromozas comenzaron a repartir el snack correspondiente a la hora. A pesar de haber comido hace unas cinco horas, no tenía hambre y ni siquiera me había puesto a pensar en comida. Además, aún me dolía el cuello, aunque un dolor de estómago hubiese sido mucho peor.

La voz de una mujer llamó mi atención.

—Señorita, ¿qué desea servirse?

La aeromoza me entregó un pequeño folleto con un listado de cosas disponibles para consumir. Eché un vistazo rápido antes de darle a conocer mi elección. Debo decir que no me apetecía tomar nada frío de momento. Mi pequeño dilema estaba entre escoger té o café. Usualmente bebo el primero únicamente si es con un poco de leche. Pero la verdad es que entré éste y el café, prefería una dosis de cafeína para mantenerme despierta.

—Hum —murmuré—, sólo un café.

La temperatura del agua estaba perfecta para mí, y luego de preparar el café con un poco de crema de vainilla y azúcar, empecé a beberlo con pequeños sorbos mientras que con mi mano libre recibí una pequeña cajita que contenía algunos comestibles. No tenía apuro alguno y me tomé todo mi tiempo en comer unas deliciosas galletas de limón bañadas en chocolate.

Por primera vez en el viaje decidí mirar la programación del avión. Entré al menú de comedia como primera opción, y me puse tan contenta con mi decisión porque había algo bueno para ver. Era uno de mis capítulos favoritos de mi serie favorita: Friends. Era la última temporada. Episodio en donde Phoebe intentaba enseñarle francés a Joey para una audición, pero por más que intentaba, sólo salían palabras sin sentidos de la boca de él. Solté varias carcajadas sin importarme si estaba molestando a las personas cerca de mí. Era imposible no reír cuando escuchabas a Joey. Incluso la pareja que estaba en la fila paralela a la mía comenzó a reír cuando me escucharon. Tomoyo siempre me había dicho que tenía una risa contagiosa.

¡Hablando del idioma! La verdad es que conocía muy poco de él. Sólo manejaba algunas frases básicas como para poder presentarme con alguien. Estaba convencida de que si quería ir a Francia necesitaba un buen diccionario o un acompañante que manejara el idioma con fluidez. Pero estaba al tanto de que debía intentarlo de todas maneras. De hecho era una de mis tantas metas escritas en mi diario. Pronto tendría la oportunidad y no tenía dudas de eso. Aunque al menos por ahora no estaba en mis planes. No, por favor, estaría totalmente perdida. Nada en el mundo me haría viajar a ese lugar sin antes tener una buena base, y lo digo bastante en serio.

Cuando el reloj marcó las siete y treinta de la tarde, colapsé.

¡Dios! Tenía que matar el tiempo con algo y ya no quedaba absolutamente nada más que hacer. La programación del avión de pronto cambió y ahora lo único que se veía era una recopilación de imágenes. Diversos paisajes de bosques, océanos y muchas cosas de la naturaleza. ¡Yo no quería ver eso! Para eso tenía la ventana.

Y pese a que mi reloj mostraba la hora en que el sol ya debía estar dormido para dejar a la luna adueñarse del cielo, éste último estaba totalmente despejado y el astro más brillante que nunca, claro que el muy odioso estaba bien escondido detrás de todas las nubes. Raro momento de la naturaleza, pensé.

Más tarde, bajé la pequeña mesa que estaba frente a mí y apoyé mi adolorida cabeza sobre mis hombros por un largo momento. No estaba somnolienta ni cansada… sólo aburrida.

Necesitaba un milagro, quería un milagro y gritaría al cielo si algo emocionante ocurría…

—Damas y Caballeros, estamos próximos al aterrizaje. Asegúrense que el respaldo de su asiento está en posición vertical, el cinturón abrochado y su mesa sujeta. Apaguen todo tipo de aparato tecnológico…

Levanté mi cabeza de golpe para ver como todos los pasajeros seguían las instrucciones de la aeromoza. No me importó el momentáneo dolor de cuello que llevaba atormentándome durante gran parte del viaje. Estaba desconcertada y no entendía qué estaba ocurriendo.

Miré mi reloj de muñeca. —Pero, ¿qué…?

Ocho treintaicinco de la tarde. ¿Estás hablando en serio? ¡Faltaba al menos una hora para llegar a Londres!

—Señorita, por favor acomode la mesa en su lugar —pidió una de las aeromozas.

No pude contestar. Creo que lo único que hice fue cumplir con la indicación que acababan de darme. No sé cómo logré ordenar mis cosas dentro de mi bolso. ¿Qué acaso el avión se estaba cayendo? ¿Iba a morir?

No, no entendía… entonces tuve una idea.

—¿Pero qué mierda…?

El buscar una respuesta al asunto en las pantallas me dejaron sin habla. El Avión no aterrizaría en Inglaterra… sino en Francia.

París, Francia.

—Oh...


¡Hola!

Comencemos con esta nueva aventura aclarando algo. Sí, leyeron bien, la palabra es Capitulpo. Palabra que vio la luz un 16 de octubre por un error mío al escribir. Me gustó tanto, que todos los capítulos de esta historia llevarán ese nombre.

¿Qué les pareció? Espero que con este primer capitulpo encontraran ese broche que los mantendrá atentos a la siguiente actualización. La historia está en Rated T más que nada por el vocabulario que contiene, si bien en este cap. no se notó mucho, créanme que se pone interesante cuando aparezca cierto personaje que no ha sido mencionado hasta ahora.

Otra cosa importante, la historia tendrá algunos diálogos en inglés. Calma, calma, no exageraré tanto con el idioma, pero si se dieron cuenta... ¡Sakura estará en Inglaterra! Eso, si es que logra sobrevivir en Francia, jooooo. Así que tranquilos, además, el utilizar este segundo idioma (el cuál amo, por cierto, y mi vida futura depende de él) servirá para practicar y todos salimos ganando.

El tiempo de actualización aún no lo sé muy bien. Podría ser una vez al mes, y es muy probable que lo mantenga así. Y no se preocupen, no dejaré esta historia a medias, no estoy dispuesta a echar a la basura los seis meses que llevo trabajando con ella xD, además, ese dibujo me mantendrá escribiendo!

¡Y por supuesto! Reviews! Quiero saber qué opinan, si les gustó, si no les gustó, si tienen alguna duda que yo pueda aclarar. Los reviews anónimos los responderé en el Blog! así que muy atentos. No sean malitos conmigo, no les tomará más de cinco minutos :)

Desde ya, muchas gracias si ahora estás leyendo esto, el tiempo que le dedicaste significa mucho para mí.

PD: El nombre del capitulpo es una canción de Coldplay, banda que tiene gran influencia en esta historia ;) Se titula "Daylight" (duh) Y aquellas frases en cursiva que encontraste por ahí, son parte de la canción.

PD2: El capitulpo va dedicado a mi querida capitulpo, a Vane, Asuka y Choco. Chicas, con ustedes el mundo de Carcaptor es increíble! Espero animarlas y alegrarles el día con este cap.

PD3: Si deseas comunicarte conmigo, las formas de contacto se encuentran en el profile ;)

¡Un abrazo de oso!

Y por supuesto, ¡Feliz San Valentín!