SUMARY: Porque antes de que se formalizara su relación, pasaron cosas sin previo aviso.

Parejas principales: Yamato x Sora

Mención de parejas secundarias: Taichi x Mimi y Takeru x Hikari

Género: Drama & Romance

Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen, sino a su creador Akiyoshi Hongo.


WITHOUT WARNING

by: Atori


Lunes, 04 de febrero de 2002

Yamato caminaba tranquilo por el largo pasillo del instituto. Trataba de ocultar la emoción, que lo embargaba por dentro, en la típica máscara que mostraba ante todos sin excepción. Pues no era muy normal que él, de aire pasota y cool como le decían las chicas, pusiera una sonrisa de imbécil y estúpida propia de Yagami en sus tiempos de inmadurez. Pero es que enterarse que uno de sus profesores había aceptado en prestarles un viejo almacén que poseía para sus ensayos con la banda que había formado, era motivo para caminar con una sonrisa boba.

¡Adiós a los horarios limitados para ensayar en el aula de música!

¡Adiós a ese espacio tan pequeño!

¡Y adiós a realizar los ensayos con el volumen tan bajo donde ninguno de los cuatro integrantes de Teenage Wolves, podía darse cuenta si la letra iba bien acompasada con la melodía o si los instrumentos iban bien sincronizados.

¡Adiós a todo eso!

Haciendo un formateo en su mente sobre esos recuerdos, Yamato empujó la puerta corrediza que daba al interior de la sala de profesores, pensando en cómo serían los futuros ensayos.

Buscando con la mirada sobre el espacioso cuarto, no solo se encontró con su profesor, sino con Sora y su profesor de matemáticas charlando con ella muy seriamente. Guiado por su curiosidad y con extrañeza, se encaminó hasta su profesor, sin apartar, en ningún momento, la mirada de su mejor amiga y del calvorotas de matemáticas.

Avanzando lentamente, para su sorpresa, descubrió angustia en el rostro de Sora, asintiendo sumisa lo que aquel profesor de matemáticas le decía.

Quiso afinar el oído más intrigado, pero aquel calvo se ocupaba de que su conversación no llegase a oídos de los colegas de profesión que tenía a ambos lados, los cuales, disimuladamente, apartaban sus ojos de la mesa para observar a profesor y alumna.

Llegando hasta la mesa donde estaba su profesor, éste advirtió su presencia, y dejando de corregir sus respectivos exámenes, se centró en Ishida.

-¡Ah, Ishida-Kun! ¡Ya estás aquí! Aquí tienes las llaves del almacén –tendiéndoselas-. Sed cuidadosos y tenedlo bien limpio, ¿eh?

-Descuide, Kazama-Sensei. Y en nombre de todos, muchísimas gracias por prestarnos un lugar para que pudiéramos ensayar –Agradeciéndoselo con formalidad, para después posar nuevamente su mirada en Takenouchi y en el calvo de matemáticas.

-Tú eres muy amigo de Takenouchi-San ¿no? Supongo que estarás preocupado por su situación actual –Le preguntó el profesor, tras ver cómo la miraba fijamente.

-¿A qué se refiere? –Volteando a verle con interés y extrañeza dibujados en su cara.

-¿No te lo dijo? –Preguntó extrañado.

Si era una mala noticia o un problema, por supuesto que no se lo diría, ni a él ni a nadie. Desde siempre, Sora había tenido la mala costumbre de guardarse lo que le pasaba. Para él mismo era un misterio que ella aún tuviera fuerzas para sonreír y aparentar que todo estaba bien.

Eso era algo que admiraba, pues a diferencia de él, no se cortaba en hacer de sus problemas una razón de peso para enfadarse con los que le rodeaban por cualquier tontería. Afortunadamente, eso había cambiado gracias al Digimundo, y sobre todo, gracias a Gabumon. Sin embargo, parecía que su mejor amiga aún seguía encerrándose en sí misma para no preocupar a los demás.

.

-Esto es todo lo que puedo hacer por ti, Takenouchi-San –dando un largo suspiro-. Procura esforzarte si no quieres repetir curso.

-Entendido –Apretando con fuerza todo el material que su profesor de matemáticas le había entregado.

-Ya puedes retirarte.

Sora se sintió medio aliviada tras escuchar aquellas palabras. Aún así, el bochorno de haber sido duramente reprendida y ser oída por los profesores que estaban cerca, no se lo quitaba nadie.

Con la cabeza todavía gacha, salió de la sala de profesores, como si hubiera salido de un campo de batalla, herida y mutilada.

Vio unos zapatos cruzados frente a ella y alzando la cabeza, se encontró con Yamato fuera, como si la estuviera esperando.

No tardó en poner la mayor de sus sonrisas.

-¡Hola, Yamato-Kun! ¿Qué haces por aquí?

-Venía a buscar algo de parte de Kazama-Sensei.

-¡Ah, es cierto! Taichi me dijo que Kazama-Sensei prestaba a tu grupo su almacén –Recordó-. ¡Qué bien! ¿Verdad?

Yamato suspiró silenciosamente. Sin duda, Sora haría todo lo posible para evadir sus problemas. Y eso que hasta hace unos segundos la había visto tan desalmada, que cualquiera de sus amigos cercanos le preguntaría sobre su estado. Y sin embargo, ella usaba alguna noticia enfocada en su contrario para que se olvidaran de ella. Pero él no era un idiota despistado como Taichi o Joe.

-Kazama-Sensei me ha contado que es probable que repitas –Comentó cruzándose los brazos a medida que se apoyaba mejor en la pared, mirándola tan fijamente como molesto.

-¡Ah! Bueno… -asomando una sonrisa nerviosa-. Solo es por culpa de una asignatura. Ya sabes que en este instituto si suspendes una, te mandan repetir –recordándole entre risas nerviosas-. Y las matemáticas nunca se me habían dado bien. ¡Pero no te preocupes! Takarada-Sensei me dio material para estudiar. Solo tengo que esforzarme y aprobar en la recuperación.

Pero para sorpresa de la pelirroja, Yamato le había cogido uno de los libros que el profesor Takarada le había dado. Le echó una rápida ojeada y arrugó la nariz.

-Son ejercicios con solucionario. Así no entenderás porqué has fallado –Cerrando bruscamente el libro-. ¿Quieres que te ayude?

Pues no era por presumir de sus noventa y ocho puntos en el examen, pero las matemáticas le parecían tan fáciles como tocar su armónica con los ojos cerrados.

-¡En absoluto! –Negando tan rápidamente como sus extremidades al coger el libro prestado por su profesor de matemáticas-. Tienes la banda y tienes que hacer las cosas de casa y preparar la comida para ti y para tu padre. ¡De ninguna manera puedo pedirte que quites el único tiempo libre que tienes!

Y cogiéndola desprevenida, esta vez no solo le quitó el libro que antes había tomado, sino el resto de material, dejándola con las manos completamente vacías.

-En la azotea durante los descansos –Diciéndole el lugar y momentos en que él la ayudaría, a medida que emprendía marcha pasillo adelante.

Sora solo pudo quedarse con la boca abierta, admirando cómo se iba perdiendo en la distancia. Ella se había negado para no molestarlo. Sabía que tenía muchas preocupaciones, que no quería sumarle una más. Pero él, se había ofrecido a la fuerza, sin aceptar un no.

-Gracias, Yamato –Susurró quedamente con una pequeña sonrisa, sintiéndose afortunada de tener grandes amigos como él.

.

Viernes, 08 de febrero de 2002

-Eh, ¿has oído lo que se dice por ahí? Yamato-Kun y Takenouchi-San se ven juntos en horas de descanso.

Esa frase fue escuchada por Taichi, quién hasta aquel momento, estaba tomando su almuerzo tranquilamente. Con los palillos y el trozo de tortilla parados en el aire, miró de reojo al pequeño grupo de chicas, compañeras suyas de clase, que cuchicheaban sobre el tema.

-¿Estarán saliendo juntos? –Cuestionó otra.

El trozo de tortilla se escurrió de sus palillos ante esa simple pregunta. Su mejor amigo y su amor platónico, ¿saliendo juntos?

¡Imposible!

Yamato nunca ha mostrado sentir algo especial por Sora, y Sora jamás tuvo acercamiento tan íntimo hacia Yamato. No mentía que desde que habían comenzado la secundaria, Yamato había acaparado toda la atención femenina por su atractivo, así como Sora volverse más femenina. Pero de ahí a que de un día para otro comenzasen a salir, era algo ilógico.

-Yo no creo que estén saliendo. Cuando se les ven juntos, van cargados de libros.

-¿Y si es una tapadera? –Volvió a preguntar la que comentó que salían juntos- Después de todo, ¿no os parece que hacen muy buena pareja?

Taichi volvió a coger otro trozo de su tortilla sin despegar la oreja de la conversación.

-La verdad es que eso es cierto. Yamato-Kun, aparte de ser lindo y cool, es muy maduro, y Takenouchi-San es igual de madura y responsable que él.

Taichi masticó lentamente el trozo de tortilla, como si aquel sonido pudiera interferir en lo que escuchaba.

-Pero si Takenouchi-San no tiene ningún atractivo –Comentó la que había iniciado el tema, contrariando la opinión de sus amigas-. ¿Cómo va a gustarle alguien así a Yamato-Kun?

-Eso es verdad –Apoyó la que sugirió que salían juntos, dándose cuenta de lo insensatez que había dicho-. Quizás es que lo de los libros no sea una tapadera y la esté ayudando.

-Ahora recuerdo que Takenouchi-San, pese a tener un promedio bastante elevado en sus notas, como Yamato-Kun –sin poder evitar agregar con emoción-, sacó una puntuación muy baja en matemáticas.

-Y Yamato-Kun sacó la nota más alta de todo el curso. ¡Con lo meticuloso que es Takarada-Sensei!

-Pues entonces debe ser eso –sentenciando-. Yamato-Kun solamente la estará ayudando.

La tercera chica y la segunda persona que le parecía bien la relación entre Yamato y Sora, puso un puchero ante la realidad entre sus amigas.

-¡Jo! Con lo buena pareja que hacen…

-…

Taichi terminó su almuerzo y cerró su bento pensativo, sopesando lo que había escuchado.

Sora era su amor platónico, precisamente porque ya había perdido las esperanzas con ella tras haber sido rechazado el año pasado. Desde entonces, a pesar de todo, no había dejado de quererla y en cuidarla de ciertos moscones que iban detrás de ella, juzgándolos él mismo como no calificados como pretendientes de Sora.

Jamás había llegado a pensar en Yamato como candidato para Sora.

-…

Quizás estaba dejando que su imaginación volara demasiado como aquellas chicas, y no había nada entre ambos.

Pero entonces, ¿por qué Yamato no le había prestado la misma ayuda a él, como hizo con Sora?

Él también tenía problemas con la asignatura y de no aprobar la recuperación, correría el riesgo de repetir curso.

-…

Quizás debería comprobarlo, sino, no quedaría tranquilo.

.

Lunes, 11 de febrero de 2002

-¡¿Siete fallos de diez? –Se lamentó Sora viendo la hoja llena de correcciones en rojo de mano de Yamato.

-Tranquila –Contrario a ella, Yamato lucía demasiado calmado.

-¡¿Cómo quieres que esté tranquila? ¡Mañana tengo la recuperación y parece como si no hubiera aprendido nada! ¡Te has molestado para nada! –Sintiendo tanta rabia de ella misma, que hasta le daban ganas de llorar como una niña pequeña.

Era tan patético como ella misma.

-No me hiciste caso y estuviste día y noche estudiando todo el fin de semana, ¿verdad? –La acusó con suavidad.

-…

Sora bajó la cabeza avergonzada, tratando de retener las lágrimas que amenazaban con salir. Yamato la había ayudado durante toda la semana pasada, que como profesor tenía que reconocer que se le daba mejor que a Takarada-Sensei. Con él, había logrado entender todas las fórmulas sin problemas. El viernes, antes de despedirse, Yamato le había sugerido que repasara muy por encima lo básico, sin matarse demasiado, de lo contrario acabaría por sentirse presionada. Sin embargo, ella, con toda la intención de agradecerle su trabajo, se había dedicado casi las veinticuatro horas a repasar y así sacar la máxima nota. Pero parece que solo había obtenido el efecto contrario.

Apretó los puños sobre su falda verde con fuerza.

Había echado por borda la ayuda que Yamato le había dado.

Deshonraría a su madre al notificarle que repetiría curso por culpa de una asignatura, teniendo un promedio en el resto bastante aceptable.

Sintió como Yamato se levantaba, seguramente decepcionado con ella. De ahora en adelante, de seguro que no le volvería a ayudarla.

-¡Vámonos!

Sora parpadeó una vez, para mirarle. Se asombró al verlo con una cálida sonrisa en su rostro y con la mano tendida hacia ella. Miró aquella extremidad sin entender muy bien qué es lo que pretendía, así como marcharse. ¿A dónde? ¿A clase? Aún faltaban diez minutos para que el descanso finalizara.

Para mayor sorpresa suya, el propio Yamato le cogió de la mano. Su cuerpo ligero y su confusión hicieron que se levantara, cayendo todo su material al suelo y chocando contra el pecho de Yamato.

Un latir sonoro se produjo en el corazón de la chica y un sonrojo en sus mejillas por semejante cercanía.

En ese instante, toda su mente se concentró en cada parte de su cuerpo, especialmente en su mano, sintiendo la de Yamato como nunca antes lo había sentido.

Ishida no le dio tiempo a que lo mirara, ya que comenzó a correr con su mano sujeta. Dio gracias a ser una buena deportista, porque Yamato corría como si se lo llevara el diablo, pero cuando atravesaron el patio escolar y pusieron un pie fuera del recinto escolar, fue cuando Sora tuvo más conciencia de que se estaban escapando del instituto.

-Yamato, ¿a dónde vamos? ¡Tenemos clase!

Yamato se giró, lanzándola una dulce sonrisa.

-Confía en mí.

Y nuevamente ese sonoro latido en su corazón.

Sora no podía dejar de observarlo, dejándose llevar por él, confiando ciegamente en él. Apretó su mano, demostrándole mediante ese gesto, su confianza puesta sobre él.

.

Sora abrió la boca por completo al descubrir el lugar al que Yamato la había llevado. No mentía que cuando habían cogido el metro, se había sentido algo recelada porque la estaba llevando más lejos de lo que imaginaba. Pero con lo que tenía enfrente, las dudas se habían esfumado como por arte de magia. Con ese mismo asombro, observó a Yamato, como si no se creyese lo que tenía delante. El chico solo le sonrió con ternura infinita, donde si estuviera cuerda, sentiría nuevamente ese fuerte y sonoro latido proveniente de su corazón.

-Venga, entremos –Le indicó Yamato con su mano todavía sujeta.

Sora volvió a dejarse arrastrar, pero esta vez por el zoológico, donde debido al horario matutino, no había mucha gente visitando a aquellos animales enjaulados.

Atravesando la zona de los reptiles, Sora se apegó a Yamato temerosa. Aunque en el Digimundo hubiera vivido aventuras terroríficas, eso no quitaba que tuviera miedo a unos animales alargados que echaban su lengua viperina a cada transeúnte que pasaba por su jaula.

-Oye, Yamato, ¿por qué me has traído al zoo? –Preguntándole con toda la intención de ignorar a aquellos bichos sin que su miedo saliera a flote.

-¿No te gusta? –Devolviéndole la pregunta.

-¡Sí! ¡Claro que me gusta! –Le respondió, pero las serpientes no. Y si no fuera por los malditos reptiles, se pondría nostálgica, pues de alguna manera, aquellos animales tan raros y poco comunes de ver en la vida real, los relacionaba con los digimons. Podía ver en el león que dormía la siesta, como el comodón que era por naturaleza, observando tranquilamente a Leomon en él; En los monos, al terrorífico, pero gracioso, había que reconocerlo, Etemon; A los elefantes, recordándole a Mammothmon; A aquellas focas tan graciosas siendo tan parecidas a Gomamon; Incluso en los lobos, podía ver al digimon de Yamato.

-…

Escuchó el sonido de las aves y bajó la cabeza tanto como pudo. Sin lugar a dudas aquel cantar le recordaba tanto a Piyomon cuando pronunciaba su nombre en una melodía que a ella, al principio, le resultaba cargante.

Fue Yamato el que decidió que se detuvieran y observar a aquellos animales voladores. Sora no puso ninguna objeción, solo se dedicó a mirarlos por si casualidades de la vida, alguno se parecía a Piyomon. Sin embargo solo encontraba papagayos verdes y blancos parecidos a Parrotmon o a Kokatorimon respectivamente.

¿Desde cuándo existían pájaros rosas? Se preguntaba con cierta pena.

-Es sorprendente cómo animales que siempre hemos tenido a nuestro alrededor, existan en un mundo digital bajo otra forma, figura y aún por encima hablen, ¿verdad? –fueron las palabras de Yamato, quién observaba a aquellas aves cantar, apoyado sobre la barandilla que ponía límite entre los visitantes y los animales.

Sora lo miró sorprendida de que Yamato tuviera la misma asociación de animales con digimons que ella.

-Tú también…

La devuelta de mirada por parte del rubio con una sonrisa, desvelaba la afirmación. Se giró por completo, para apoyarse de espaldas a la jaula, tornándose melancólico y expresivo. La brisa de febrero comenzó a revolotear aquel cabello dorado que había decidido dejarlo crecer.

-Hace unas semanas, Takeru me invitó a que fuera al zoo. Lo que no sabía es que mi madre también estaría presente –Sora advirtió cómo le cambiaba la cara en un gesto extraño tras mencionar el nombre de su progenitora-. No sé si sabes, pero cuando estoy con mi madre me siento algo incómodo –cruzándose de brazos, mientras miraba el piso-. Cuando mis padres se divorciaron, Takeru se quedó con mi madre y yo con mi padre, como ya sabes. Desde entonces, hasta lo del Digimundo no la había vuelto a ver –sonriendo amargamente y levantó la cabeza, observando cómo Sora mostraba toda su atención en su relato-. Por eso, ver a la madre que no se ha puesto en contacto contigo durante todos aquellos años, me era difícil saber cómo dirigirme o qué decirle –sus ojos azules viajaron ahora al cielo envuelto en pequeñas nubes-. Nunca le tuve rencor, pues siempre supe que si nunca se había puesto en contacto conmigo, había sido porque temía escuchar la voz de mi padre. Además, después de todo, es mi madre –Suspirando con fuerza y volvió a girar su cuerpo, fijando su atención sobre las aves. Sora imitó su movimiento, pero sin apartar los ojos de él, siguiendo pendiente de lo que le contaba-. Eso no significa que impida que me sienta incómodo cada vez que la veo. Supongo que Takeru pretende que entre mi madre y yo nos llevemos de forma natural, pero las posibilidades son las mismas que el hecho de que mis padres vuelvan a estar juntos –una pequeña sonrisa amarga se formó en la comisura de sus labios-. Por eso, aquel día, puse las distancias, y para no tener que hablar con mi madre, observaba con todo detalle a todos los animales, llegando a ver en muchos de ellos a nuestros amigos digimons. Poco a poco aquello me fue animando y sin darme cuenta, me encontraba hablando con mi madre sobre la banda que había formado –soltando una pequeña risa como si se estuviera riendo de sí mismo-. Sin embargo, la próxima vez que la vi, volví a sentir este sentimiento de incomodidad. Supongo que fue venir a este lugar lo que me llevó a sentirme bien conmigo mismo, como cuando estaba con Gabumon. Y no me equivoqué.

Sora al rato comprendió que si Yamato la había llevado allí, había sido con la intención de animarla cómo le había pasado a él, en un estado de ansiedad y estrés. Y la verdad es que había funcionado. Ya no tenía la pena de haber fallado tan notoriamente un día antes del examen, ni el sentimiento de decepción que debió haberle causado a Yamato.

Miró a las aves, y tras pestañear una vez, divisó a uno de los funcionarios del zoológico donde traía un nuevo tipo de ave a la jaula. Aquel ave era rosa y de ojos azules como Piyomon. En aquel tipo de pájaro, Sora pudo ver la sonrisa, la voz y el amor incondicional que su digimon siempre le había brindado.

Bajó la cabeza con la intención de ocultar una pequeña lagrimilla de emoción que se escapaba de sus ojos. Apretó con fuerza la barandilla como si eso le diera fuerzas para que las siguientes lágrimas no la acompañaran. Sin embargo, con el deseo de ver una vez más a ese extraño tipo de ave tan parecido a Piyomon, Sora levantó la cabeza.

-Trajeron esa extraña especie hace dos días. Cuando lo vi, me pareció ver a tu digimon –Le confesó.

Sora sonrió, comprendiendo que Yamato no solo la había traído para animarla, sino para que pudiera ver a su digimon a través de aquella ave.

-Gracias, Yamato.

Yamato solo asintió.

Inconscientemente, Sora dejó caer su cabeza sobre el hombro del rubio, donde las lágrimas caían libres, sin ser retenidas a la fuerza por su usuaria. La emoción de ver aquel tipo de ave, tan parecida a su digimon, se había colado tanto, como los recuerdos pasados siendo el de su despedida el más inolvidable.

-Volveremos a verles –Le dijo Yamato confiado, sin mirarla, sabiendo cómo se sentía. Yamato la rodeó con su mano, posándola sobre su hombro en gesto de apoyo, para transmitirle aquella confianza.

Un poco más atrás de ellos, Taichi observaba aquella escena con especial atención, mientras comía unos cacahuetes que había comprado hace poco.

No se sentía sorprendido por lo que sus ojos veían, simplemente se encontraba inexpresivo.

-Mira aquellos dos, qué románticos se ven, ¿verdad? –volviendo a escuchar voces femeninas ajenas.

-Es cierto. Seguro que se han saltado las clases para pasarlo juntos. ¡Qué envidia ser joven! –Comentaba la otra emocionada.

Y Taichi volvió a fijarse en sus dos amigos con un pensamiento en la cabeza.

.

Martes, 12 de febrero de 2002

Sora corría por el pasillo del instituto llena de euforia. Poco le importaba ser el centro de atención de aquellos que la veían, o mostrar una imagen poco femenina al correr.

¡HABÍA APROBADO Y ESO ERA LO ÚNICO QUE LE IMPORTABA!

¡HABÍA APROBADO!

¡HABÍA APROBADO!

Una hora después de haber terminado el examen de recuperación, encontrándose en el descanso, la había llamado a la sala de profesores. Su profesor de matemáticas no había tardado en notificarle los noventa y cinco puntos sacados en el examen de recuperación, así como su alabanza, felicidad y sorpresa de haber sacado una nota tan alta. Y ella, recuperada de la impresión, se había marchado de la sala de profesores, con la emoción y el deseo de contárselo cuanto antes a Yamato.

Corrió la puerta que daba a su clase, jadeante y con la sonrisa pintada en su cara, pero inmediatamente se la borró al no encontrarlo.

-¿Y Yamato? –preguntó a uno de los compañeros de banda con el que también compartía clase.

-Está en el aula de música.

Sora no tardó en dirigirse hacia el aula mencionada. Estaba tan emocionada y deseosa de contárselo, de agradecerle, de decirle los noventa y cinco obtenidos que ni se imaginaba que sacaría. Y eso que esta vez, le había hecho caso, y ayer no había tocado para nada los libros. También, ¿cómo hacerlo cuando habían estado en el zoo hasta altas horas de la tarde? Se habían saltado todas las clases posteriores, se habían dejado todo el material escolar en la azotea, se habían quedado ahí plantados mirando aquellas aves, hasta que el frío de la tarde, los alertó del tiempo que llevaban recordando viejos tiempos que tanto añoraban.

Yamato había sido tan considerado que para protegerla del frío, le había ofrecido su chaqueta y le había vuelto a pasar el brazo. Ella se había quejado, preocupándose más de que él se resfriara. Pero él había aludido que le llegaba con el calor que le transmitía su cuerpo junto al suyo.

Recordaba que sus mejillas se habían teñido de carmesí como en esos momentos al recordarlo.

Yamato…

Susurraba en su mente.

Aproximándose a su destino, escuchó el murmullo de voces femeninas y Sora se detuvo en seco al divisar a unas chicas paradas detrás de la puerta del aula de música, observando desde la ventana que daba al interior, a Yamato, componiendo concentradamente la nueva letra.

-¡Qué lindo se ve!

Con la sonrisa borrada por segunda vez de su rostro, Sora se fue acercando a paso lento y silencioso hasta las ventanas que también daban al interior del aula.

Ver a Yamato sentado sobre una de las mesas con su guitarra y auriculares en la oreja, deteniéndose a cada acorde para apuntar algo en un papel que tenía aparte, de aquella forma tan concentrada, ignorante de las espectadoras que lo observaban como modelo de pasarela, hizo que las mejillas de Sora se volvieran a teñir de rojo. Nuevamente aquel latir acelerado que había sentido el día anterior cuando había estado cerca de Yamato.

Sora llevó una mano al pecho, como si así, quisiera tranquilizarlo.

-¡Qué guapo es! –murmuró otra.

-Lo que daría por estar a su lado, ahora mismo.

-¡De eso nada, guapa! ¡Yo merezco estar a su lado!

-¿Qué dices? Yo soy más guapa que vosotras.

Y comenzó una pequeña discusión entre aquellas chicas, sobre que una era más guapa y más indicada para Yamato que la otra. En esa disputa, Sora solo podía admirar a Yamato con pena y desolación, comprendiendo hacia donde se estaban enfocando aquellos sentimientos que empezaban a crecer dentro de ella.

Miró de reojo a todas esas chicas: tenían el pelo largo fino y lacio, la piel tan clara y bien cuidada que parecía de porcelana. Estaban tan proporcionadas que no podía creerse que aquellas chicas tuvieran trece años como ella. Su actitud, aunque actualmente violenta, no impedía que el rasgo de la feminidad imperara sobre ellas.

Mientras que ella…

A través de la cristalera, observó su propio reflejo encontrándose a aquella niña de once años poco arreglada y poco femenina con su casco azul, donde casi siempre era confundida con un chico. Habían pasado dos años y ya no llevaba aquel casco. También, había comenzado a usar falda, sintiéndose linda con ella, tras haberse visto frente al espejo el primer día de instituto. Pero Yamato había conocido a la Sora marimacho de antaño y aunque tuviera la ventaja de ser muy amigos gracias al Digimundo, eso quedaba en simplemente eso: una buena amistad como la que mantenía con Mimi o Hikari, siendo ellas más bonitas que ella.

¿Por qué tendría que ser ella tan especial?

-¿No vas a entrar y darle la buena noticia? –preguntó alguien a sus espaldas.

Sora se sobresaltó. Al girarse se encontró a Taichi con las manos en los bolsillos, mirándola seriamente.

-Taichi, ¿qué haces aquí?

El moreno se encogió de hombros y se sumó a los espectadores del rubio.

-Escuché como el calvorotas de Takarada hablaba con tu tutor sobre la nota tan alta que sacaste en la recuperación de mates. Supuse que correrías para contárselo a Yamato.

-Esa era mi intención –sincerándose para verlo nuevamente-. Pero ahora está muy ocupado. Supongo que tendrá que espabilarse para el próximo concierto. Le he quitado mucho tiempo –terminando la frase en un susurro, advirtiendo ella misma de lo que el propio Yamato había sacrificado por ella.

Taichi la miró todavía con ese semblante serio.

-Se ha preocupado mucho por ti. Un poco raro, viniendo de él, ¿no?

-Bueno… -poniéndose algo nerviosa-. Después de todo es lo que haría por cualquiera, como por ejemplo con Mimi –y no supo porqué, pero la sola idea de pensar en Yamato con Mimi no le gustó nada. ¡En absoluto! Ni aunque solo se tratara de estudio. Mimi era muy carismática y muy divertida a su lado. Sin olvidarse de lo muy bonita que era.

Aquel congojo era tan visible para Taichi que ya no tuvo dudas sobre lo que pensaba. Lanzando un fuerte suspiro acompañados de una sonrisa, volvió a enfocarse en su mejor amigo.

-Yo creo que te equivocas –sintió la mirada de la pelirroja sobre su figura, expectante a que le diera una explicación a su contradicción-. Yamato sabe de sobra lo mal que se me dan las mates, también tuve que hacer la recuperación, pero él, pese a que es mi mejor amigo, no se ha molestado en ayudarme.

Sora lo miró con la boca abierta, buscando mil teorías para justificar eso, pero por mucho que indagaba, no daba encontrado nada.

Aún así, siguió rebuscando alguna razón, por lo que sin darse cuenta, se vio empujada por Taichi hacia la segunda puerta que daba al aula de música. Recobró el sentido cuando Yagami abrió la puerta corrediza, así como la atención del resto de chicas para ver quién había interrumpido a Ishida. Sora se encontró con la realidad frente a ella y a Yamato sorprendido de verla.

-Oye Yamato, que Sora tiene que contarte algo muy importante –y cerró la puerta dejándoles solos, ante el murmullo y el fastidio de las otras chicas.

-¿Ocurre algo, Sora? –preguntó Yamato preocupado, dejando a un lado los auriculares y la guitarra a la que estaban conectados. Bajó de la mesa y se acercó hacia ella manteniendo las distancias.

Sora se sintió sonrojada y haciendo acto de una timidez que no creía que existía en su persona, bajó la cabeza, centrándose en las zapatillas escolares con su apellido y clase bordados en ella.

Había aprobado.

¿Tan difícil era de decir?

Si Taichi no hubiera insinuado que Yamato la había ayudado porque la veía de manera especial, entonces, no se sentiría de aquella manera.

-¿Sora? –la llamó con un tono confuso.

Sora se decidió a alzar la cabeza. Por encima de su hombro vio a las chicas que contemplaban la escena, como espectadoras en un cine, deseando que la película no tuviera un final desagradable. Pudo ver como una chica, muy bonita, parecía llorar realmente de pena, como si el hecho de que Yamato estuviera con otra chica, le afectara enormemente. Como si Yamato le gustara realmente.

-…

Cerró los ojos y cogió aire.

-¡He aprobado, Yamato! –confesó cambiando drásticamente a uno alegre, como si la pena de hace unos segundos nunca hubiese existido- ¡Saqué un noventa y cinco, ni más ni menos! –haciendo con los dedos la señal de la victoria.

-¡¿En serio? –ignorando la extraña cara que había tenido antes la pelirroja, Yamato se alegró igual o más que ella. Se fue acercando a Sora para transmitirle su enhorabuena con gestos, pero cuando se percató de que a paso que daba ella retrocedía como si no quisiera que se acercara a ella, la alegría se esfumó de su cara- Sora, ¿qué…? –estaba a punto de preguntar lo que pasaba, pero…

-Perdona Yamato, pero dentro de poco se acaba el descanso y todavía no he almorzado. ¡Nos vemos! ¡Y gracias por tu ayuda! –despidiéndose con la misma sonrisa y ánimo como cuando le había notificado su aprobado.

Aún así, eso dejaba a Yamato confuso. Tras esa sonrisa, ella había escondido algo que no sabía muy bien lo que era. Pero de algo estaba seguro, ella había vuelto a asomar esa sonrisa de que todo estaba bien, mientras que ella por dentro, lo pasaba fatal.

Yamato divisó a Taichi apoyado sobre el marco de la puerta abierta por el que Sora se había marchado, luego el murmullo de chicas acopladas en el otro lado de la puerta.

-¿Me acompañas? Te invito –se ofreció Yamato, balanceando su bento recogido en un pañuelo azul.

Yamato no pudo declinar su oferta. En la cara de Taichi se veía claramente que aquella invitación era para hablarle sobre porqué Sora había actuado de esa manera o algo en relación con Takenouchi.

.

En la azotea del instituto, Yamato comía parte de la tortilla que su mejor amigo le había ofrecido, así como la verdura que al moreno tanto le disgustaba, todo lo contrario a él, que como cocinero mayoritario en su casa, había aprendido a comer de todo.

-Oye Yamato, a ti te gusta Sora, ¿verdad?

La pregunta directa y repentina de Yagami lo cogió tan de sorpresa que casi se atraganta con el último trozo de tortilla.

-¿Perdona? –tosiendo, mirándole incrédulo por la pregunta formulada sin más.

-Escuchaste bien lo que dije –mirándole serio como si el hecho de tomar a broma aquello, le molestara-. A ti te gusta Sora.

La mirada fija y furiosa de su mejor amigo, hizo que Yamato desviara sus ojos hacia lo poco que le quedaba de verdura.

-Si te preocupa el hecho de que estuvimos juntos últimamente porque a ti te gusta, no hay problema que no siento nada por ella –jugando distraídamente con su comida.

Taichi se quedó callado unos segundos, los suficientes para dejar que una brisa de aire se pasara sobre ellos, erizándole los vellos de piel a Yamato, especialmente por llevar en esos momentos la fina camisa blanca del instituto.

¡Cómo lamentaba el haber dejado su chaqueta en clase!

-Me gusta Sora, sí –Confesó Taichi y Yamato hundió un poco más la cabeza-. Me gusta desde que éramos pequeños. Pero, cuando estábamos en el Mundo Digimon también me gustaba Mimi y aún me gusta. ¿A ti te gusta Mimi?

-¡No!

Y su respuesta fue más concisa que la anterior, donde no había contestado ni un sí ni un no rotundo.

-Y ese no, no me dijiste cuando te pregunté si te gustaba Sora

-Y ya te dije que por mí no tienes porqué preocuparte –volvía Yamato a repetir la misma respuesta.

-Entonces, SÍ, te gusta –enfatizó Taichi.

-¡Joder, Tai! –bramó Yamato enfadado, llamándolo por su abreviación, levantándose del sitio, provocando que todo el almuerzo aterrizase en el sucio suelo- ¡¿Tu cabeza hueca no entiende que no quiero traicionarte? ¡NO, DE NUEVO! –con su mente en el Mundo de Digimon, donde por puro egoísmo de querer saber lo que era la amistad, había conllevado a pelearse en serio con él.

Taichi, dejando su almuerzo a un lado, se levantó para estar a la misma altura que su mejor amigo.

-Pero si ella te ha elegido a ti, no es motivo para sentirme traicionado, sino aliviado de que la persona con la que ella está es de confianza, como lo eres tú –Yamato agrandó los ojos impresionado-. Además, te dije que también me gusta Mimi –mirándole con una sonrisa despreocupada-. Si cambio lo que siento por Sora así de fácil, significa que no siento lo mismo que tú por ella, ¿no?

-Quizás… -apoyando no muy convencido su teoría.

-Además, que yo me declaré el año pasado y me rechazó –confesó con una sonrisa despreocupada- Y pensándolo bien, no sabes cuánto me alegra, porque estos días habéis sido objeto de rumor sobre la pareja más linda del instituto –dándole unas fuertes palmaditas sobre la espalda, tan fuertes que en el rostro del rubio se dibujaba muecas de dolor-. Dicen que hacéis una muy buena pareja y tienen razón. Ambos os compenetráis y os veis tan bien cuando estáis juntos como tu hermano y mi hermana.

-¡Auch! ¡Deja de darme en la espalda, imbécil! –se quejó el rubio enfadado y ligeramente sonrojado por lo escuchado.

-¡Es que es la verdad! Tu emblema es el de la amistad y el de Sora el del amor. ¿Acaso el 14 de febrero no es el día del amor y la amistad en algunos países?

-…

Como el rubio era un desinteresado en esas cosas, jamás llegó a indagar en que ese día a mediados de febrero significara un día especial en honor a Sora y a él.

Pero…

El recuerdo de la distancia impuesta por la pelirroja se coló como un flash instantáneo.

Se dio la vuelta y comenzó a recoger la comida que él había tirado en acto reflejo al levantarse.

-Aunque existan todas esas coincidencias yo no le gusto a Sora. ¿No recuerdas que no me dejó acercarme a menos de cinco metros de ella?

-Quizás se sintiese nerviosa si te acercabas –Viendo solamente su espalda.

-Sé interpretar perfectamente cuando quieren que mantenga las distancias porque no le gusta la compañía del otro –por algo él mismo había manifestado los mismos síntomas hacia su madre. Recogió el último trozo de verdura y colocándolo en la bandejita prestada por su mejor amigo, se la devolvió-. Gracias por invitarme, Taichi. Mañana haré doble ración en compensación por tu invitación. La comida de tu madre quedará por los suelos cuando pruebes la mía –dijo antes de marcharse, en un intento de bromear y que el tema sobre Sora fuera hundido, pues él mismo estaba demasiado tocado para seguir hurgando en él.

Le gustaba Sora, no. No le gustaba.

Más correcto era decir que estaba enamorado de ella.

Pero él conocía de sobra la relación tan estrecha que mantenía con Taichi, y careciendo de ese valor tan característico en Yagami o de la esperanza de Takeru, Yamato se había decidido a cuidarla y ayudarla con la careta de mejor amigo que siempre estaría ahí para que siguiera sonriendo.

El día anterior había disfrutado tanto de su compañía que ver como ese día lo rechazaba, le dejaba con un mal sabor de boca.

Seguramente se habría arrepentido de cómo actuó ayer con él o algo parecido.

Sus pasos se detuvieron al verla parada en la puerta de su clase, charlando con una de sus compañeras, donde parecían sentirse emocionadas por algo, seguramente por la nota tan alta obtenida de alguien tan escrupuloso como el calvorotas de mates. Al sentir su intensa mirada, Sora se giró y al verle, le lanzó una sonrisa momentánea y obligó a sus compañeras a meterse en clase.

Bueno, aunque le estuviera rechazando, aún podía seguir disfrutando de esa sonrisa tan encantadora que tanto le encantaba.

En serio que admiraba esa cara donde escondía sus problemas para no preocupar a los demás. La primera vez que lo había descubierto, fue cuando el emblema de Sora había brillado y Birdramon había evolucionado a Garudamon; Pero cuando la había encontrado hundida en la misma oscuridad que había estado él, fue cuando se había asustado tanto que no le había importado que hablara egoístamente si con eso lograba traerla de vuelta. Solo quería que dejara ese mal hábito para que no cayera en esa oscuridad tan dolorosa y cruel.

Sonrió al recordar la amargura y la molestia que Sora había sufrido cuando Taichi le había regalado aquella horquilla para acabar peleados. Él tuvo que mediar en el asunto, pero no había conseguido nada. Y días después, había recibido llamada de Sora para tranquilizarlo de que había perdonado a Taichi. El tono con el que se lo había dicho, fue suficiente para que los celos saliesen a flote y descubrir que estaba tan enamorado de su mejor amiga como nunca había creído.

Pero ella se sentía atraída por Taichi, eso lo apreciaba, sobre todo cuando empezó a usar aquella horquilla que le había regalado.

Y se sintió perdido, pero resignado, porque por lo menos ella sonreía de verdad.

Pero Taichi le había dicho que se le había declarado y que Sora le había rechazado.

Sería muy bonito que ella comenzara a interesarse en su persona, pero la realidad era la que tenía. Ella no quería que se acercara y sonreía con naturalidad, sin sonrojos o nerviosismo, pero escondiendo aquello que no entendía.

Sonó el timbre que finalizaba el descanso y Yamato suspiró al ver que todo lo ocurrido cuando le había dado clases, solo había sido un sueño, donde tras despertar se encontraba como al principio: con su amistad. Una amistad muy fuerte y especial y con eso ya se tendría que dar por contento y satisfecho.

.

Jueves, 14 de febrero de 2002

Yamato jamás se imaginaría que aquel día fuera tan ajetreado.

¡Vamos!

Ni en toda su vida imaginaría que en un día tan conmemorativo como aquel, recibir docenas y docenas de chocolatinas acompañadas de declaraciones de, prácticamente, todo el instituto.

Que su popularidad creciese, era bueno porque hacía publicidad para su banda. Pero bueno, que recibir de una cantidad exagerada de chicas, era para recibir bromas de sus amigos y seguro que de su padre. Por no hablar de los continuos rechazos que tuvo que dar. No podía aceptar un chocolate hecho con tanto cariño si total no veía ese sentimiento ni le interesaba.

Eso sí, recordaba como algunas chicas se habían marchado llorando a lágrima viva, pero la realidad era esa. Él ya estaba enamorado de Sora y de ahí nadie lo sacaría.

Abrumado por tanto jaleo y murmullos, Yamato había decidido saltarse las clases posteriores y dirigirse al zoológico para animarse un rato. Quizás comenzaría a tener un monólogo silencioso con aquel lobo negro de tonalidades blancas y ojos rojos.

Un MetalGarurumon en versión oscura, pensó para sí mismo con gracia.

Al llegar, no le sorprendió encontrarse algunas parejas de personas mayores, aunque pocas debido a la hora matutina donde la mayoría de la gente estaría trabajando.

Desechando el sentimiento soledad que empezaba a tener, decidió ir junto al lobo para hacerle compañía. Fue entonces cuando se percató que él mismo era y sería para siempre un lobo solitario. Había tenido un digimon con forma de lobo; el nombre del grupo, escogido por él mismo, llevaba los lobos como recuerdo de lo solitaria que seguía siendo su vida.

Encontró al lobo de marras, acostado sobre el suelo. Tras ver como se acercaba hasta la zona permitida, el lobo alzó graciosamente una de sus orejas y levantó la cabeza para mirar al humano con indiferencia. Yamato sonrió con amargura, sintiéndose demasiado identificado con el animal cuando era un crío. Desinteresado, esperando que si no le prestaba atención, el lobo dejó de mirarlo y volvió a acostarse.

Lo que Yamato daba por hacer lo mismo que él. Ignorar todo lo que te rodea y hacer como si nada existiese. Vivir la vida como te plazca y solo. Así no existirían las preocupaciones, solo la del sobrevivir.

El sonido de las aves, lo despertó de su ensoñación, así como al propio lobo quién había levantado la cabeza bruscamente. Yamato estiró la cabeza, divisando la zona donde estaban aquellos animales voladores y lo bien que se había sentido el lunes pasado con Sora.

Suspiró viendo aquellos momentos como recuerdos fugaces de lo que nunca se repetiría. Miró al lobo con una sonrisa, quién desde hace tiempo le llevaba observando.

-¿Verdad? –hablándole.

El animal en respuesta volvió a acostarse, pero esta vez con los ojos abiertos, observándole fijamente, como si con la mirada lo invitara a que entrase en la jaula y pudiera devorarlo.

Yamato se rió ligeramente, sintiéndose estúpido por conversar con un animal que no entendía más que comer carne y dormir. Pero necesitaba tanto a Gabumon para desahogarse que le parecía el único que pudiera tranquilizarlo y hacerlo volver a ser el que era.

Pero ya había pasado más de un año y no tenía noticias de él. Sacó el digivice que siempre llevaba consigo, notando como día tras día iba perdiendo ese brillo sagrado que lo hacían importante y especial. Tocó uno de los dos botones que lo componía y ni sonido hacía. Parecía la imitación de un digivice original.

-Tienes que tener fe, Yamato –Yamato abrió los ojos como platos y girándose a un lado, sorprendido, se fijó en que Sora se encontraba ahí presente, observando al lobo que debido a su presencia se había puesto en pie-. Es eso lo que me dijiste el otro día, ¿no? –y la vio sonreír, aunque la distancia que mantenía era demasiado prudente para ella.

-¿Qué haces aquí? –observando como el mamífero comenzaba a moverse de un lado para otro, como si estuviera inquieto.

-Te buscaba… Y no te encontraba por el instituto… Por alguna razón pensé que estarías aquí… -hablaba atropelladamente y seguía sin mirarle.

-¿Qué quieres?

Sora cogió aire y se decidió a hacerle frente y mirarle a la cara. Apresurada sacó algo de su mochila.

-Toma.

Yamato miró de reojo lo que le tendía y el asombro no se lo quitó nadie al ver cómo ella le ofrecía una cajita plana color azul con un lazo rojo, donde su contenido era demasiado obvio. La miró y se encontró con las mejillas teñidas des mismo color que el lazo.

-Todavía no te he agradecido adecuadamente por haberme ayudado y hoy es el día del amor y la amistad.

Yamato detuvo la mano emocionada que iba para recoger el presente.

-¿El día del amor y la amistad? –repitió.

-¡Claro! En este día no tiene porqué regalarse chocolatinas a tu pareja o a quién te gusta.

Y Yamato bajó la mano al sentir una puñalada clavándose en el corazón. No vio como Sora se mordía el labio inferior y mostraba en su rostro una señal de dolor por lo dicho, donde le destrozaba por dentro, solo el lobo fue testigo de ello. También vio como la cara de Takenouchi volvía a ser despreocupada y feliz.

-Y cómo me ayudaste…

Así que solo se lo regalaba porqué le había ayudado. Si no lo hubiera hecho, ni en sueños recibiría una chocolatina suya.

Doble puñalada, pero esta por detrás.

-¿Yamato?

La miró a los ojos advirtiendo ese matiz de preocupación que tanto hacía gala, luego su mano todavía estirada, a la espera que recogiera el obsequio.

Pero, ¿qué esperaba?

¿Acaso no se recordaba que en aquella batalla del amor, él ya había perdido?

No tenía que esperar más de la vida.

Yamato volvió a levantar la mano y cogió el paquete. Sora no tardó en retirar sus manos y apartarse dos pasos hacia atrás con una sonrisa que el rubio pudo advertir nuevamente algo que escondía y que no le quería decir para no preocuparlo.

Un gruñido por parte del lobo.

Yamato lo miró de reojo, donde seguía moviéndose de un lado para el otro. Pudo ver cómo Gabumon lo reprendía por dejar que las cosas quedaran así. Recordándole lo que casi pierde, dejándola que siga guardándose los problemas para sí misma.

-Yamato, me marcho, ¿vale? A ver si llego a última hora.

Y Yamato reaccionó al instante. Sin dejarle que diera un paso que los alejara más, Yamato le había cogido de la mano con fuerza y firmeza. Vio sorpresa y otra vez ese sonrojo en las mejillas de la pelirroja.

Al cabo de unos segundos, recuperada de la sensación, Yamato notó como Sora trataba de zafarse con discreción.

-¿Pasa algo? –preguntó con esa sonrisa falsa.

Esa que opacaba la auténtica que tanto le gustaba.

-¿Por qué escapas de mí? –preguntó directo y la pregunta fue como un puñetazo en la cara que borró aquella sonrisa para dar paso al pánico y al nerviosismo. Yamato se fijó en cómo ahora Sora quería zafarse pero con descaro, como si tuviera verdadero deseo de escapar de él, como si fuera un asesino a sueldo. Eso lo mosqueó y el lobo volvió a rugir entre dientes.

Lo siguiente que sucedió fue un fuerte rugido por parte del lobo y la atención de todos los que estaban cerca de los dos adolescentes.

Sora se encontraba sorprendida y temblando.

No, no era ella, sino la mano de Yamato.

-¿Yamato? –susurró confusa.

¿Por qué había hecho presión sobre la mano con la que tenía sujeta para obligarla a que cayera sobre él y tenerla aprisionada con la otra mano sobre su cabellera pelirroja, temblando como gelatina? ¿Por qué aquella proximidad de cabeza con cabeza?

-¿Acaso me odias? –preguntó con la misma voz temblorosa que aquella mano haciendo presión sobre sus cabellos anaranjados.

Y la pregunta fue de tal impacto que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para apartarse de su pecho y mirarlo directamente a sus ojos azules. Y lo que se encontró fue pena, desolación y angustia, como si aquello fuera la explicación a su comportamiento frente a él.

Le cogió las mejillas con ambas manos, sintiéndose mal por lo que había hecho. Quiso escapar de él, porque era la única salida para que sus sentimientos no salieran a flote y deprimir a aquellas chicas que amaban a Yamato en serio y eran mucho mejores que ella. Jamás pensó que aquello hundiera a Yamato de esa manera.

-¡No, claro que no te odio! –contestó con la verdad por delante.

-¿Entonces?

A pesar de que estaban siendo vistos por el resto de la gente, tanto a Yamato como a Sora les dio igual. Yamato estaba centrar en saber porqué ella se alejaba de esa manera y Sora quería dejarle en claro que no odiaba al rubio, que si se alejaba de él era para no hacer daño a los demás. Pero eso no podía decirle. No quería confesarle sus sentimientos a alguien tan inalcanzable como él.

Incapaz de seguir sosteniendo su mirada, buscando alguna excusa creíble, Sora abandonó sus manos de sus mejillas frías, contraste a las suyas que las sentía tan caliente como un volcán en erupción.

-¿Es porque…? -tragando saliva duramente- ¿Te gusto? –se atrevió a decir, teniendo por alguna razón la conversación de Taichi en mente.

Y la respuesta reflejada en el rostro de Sora fue suficiente para dejar a Yamato perplejo. Esta vez fue él quien puso las distancias al ir soltándola y mirarla incrédulo.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

A veces me sorprendo de lo cabrona que soy. Cuando terminé de escribir el continuará, me dije a mí misma que esto jodería a cualquiera, pero he regresado a los malos hábitos de dejarlo en lo chachi piruli XD

Antes de nada quisiera aclarar que en Japón el sistema de puntuación es de cero a cien puntos.

Pues este proyecto es en conmemoración de los diez años que cumple nuestra parejita, el sorato. En principio quería hacerlo oneshoot, pero de ser así, entonces quedaría con el final abierto que conocemos a medias por el anime de Digimon 02 y eso me dejaría a mí con un mal sabor de boca. Por eso, para conmemorar esta década, quiero realizar este fic siguiendo los pasos transcurridos que los ha llevado a que se formalicen como pareja.

Pues hala, a disfrutar del fic.

Feliz día del amor y la amistad (motivo por el que subo fic sorato) y aunque no me deis unas chocolatinas, sí me gustaría unos reviews para saber vuestra opinión.

'Atori'