Disclaimer: Todos los personajes de Sailor Moon son propiedad de la maravillosa mangaka: Naoko Takeuchi.

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Strange Valentine's Day

Por

Corazón de Diamante

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–¡Me largo de aquí!

Estoy tan furiosa, que creí que caería al frío suelo al dar la media vuelta tan rápido, pero el tacón de mi –hermosa y costosa– zapatilla soporto mi peso.

No podía creer todo el tiempo que invertí esta mañana y parte de la tarde para mi arreglo personal. No soy una persona que tenga el hábito de madrugar. Mi profesora se hubiese sorprendido; al saber que me levante antes de que la alarma de mí de mi celular timbrara. Bueno… pero también se hubiese enojado, porque este milagro solo sucedió, para ir al salón de belleza. Karmesite y sus tres hermanas (dueñas del salón) se habían esmerado en su trabajo y yo estaba encantada con el resultado; cuando vi mi reflejo por primera vez en el espejo; no me reconocí. Adornaron mi cabello suelto –que peinaron de una forma sencilla, pero elegante– con una hermosa diadema con flores rosas que combinan con mi vestido. El maquillaje me hace ver como un ángel –que modesta soy–. Las uñas de mis manos fueron decoradas con naturaleza muerta y hermosas piedras plateadas. Mis pies lucen perfectos en las zapatillas descubiertas. Mi mejor amiga Molly; quien es hija de la dueña de la joyería Osap, me hizo un gran descuento en un hermoso juego de collar y aretes, y si a eso le sumamos el obsequio que compre, me quede endeudada por un largo tiempo. Aun así me sentía inmensamente feliz. Deseaba que mi primer: San Valentín –con noviol– fuese perfecto.

Ya en mi habitación, veía el reloj que se encontraba sobre la pared; el sonido que provocaban las manecillas, me reconfortaban en mi espera. El reloj cucú que se encontraba en la sala, anunciaban que eran las ocho en punto. Mis manos temblaron cuando abrí la puerta-ventana corrediza de mi balcón. Me decepcione al no ver ni rastro de mi novio. Recargue mis codos sobre la baranda del balcón, al girar un poco mi cabeza, me di cuenta que la luna llena resplandecía intensamente sobre el oscuro cielo… Tanto que ya no pude seguir viéndola. Al dirigir de nuevo mí vista a la calle, me di cuenta de que en la entrada de mi casa se encontraba un hermoso carruaje; digno de una princesa. Sin pensarlo tome el obsequio que se encontraba sobre la mesita de noche, lo guarde en mi bolsa de mano, me puse mi abrigo blanco y salí de mi habitación. No supe cómo, pero baje en unos segundos todos los escalones, siendo que era la primera vez que usaba zapatos de tacón; parecía que los tenía de toda la vida. Estaba a punto de abrir la puerta cuando escuche una tos fingida. No me había dado cuenta de que mi papá, se encontraba sentado en uno de los sillones de la sala. Mi papá no estaba muy convencido de que una joven de 16 años tuviese novio. Y más si esa joven se trataba de su querida niña. Mi mamá me ayudo a convencer a mi papá, para que aceptara mi noviazgo, pero ella me puso la condición: de que si reprobaba alguna materia, me inscribiría en el internado católico, donde asistía Rei; la perfecta hija de unos amigos de mis padres. Como pude conteste rápidamente, todos los cuestionamientos de mi papá. Quería irme antes de que mi odioso hermano menor, bajara para burlarse de mí. Mi papá me hizo prometerle que llegaría a las doce en punto y me despedí de ellos, con un beso en la mejilla.

No sé por qué pensé que el carruaje ya no estaría; el cochero bajo de este, cuando se percato que me acercaba, abrió la puerta, me ayudo a subir, y por segunda vez me sentí decepcionada. ¿Dónde estaba mi príncipe? El cochero me entrego un bello antifaz y me lo puse.

En el transcurso del camino, mi imaginación se dio vuelo, creando la más romántica velada. No podía negar que fue muy lindo detalle, lo del paseo nocturno y sería aún más interesante sí él se encontrara a mi lado abrazándome.

Suspire, y me ilusione, al pensar que él me estaría esperando en la entrada del jardín –adornado con las más bellas rosas– de un elegante restaurante. Podía sentir como latía descontroladamente mi corazón. Me sonroje al pensar en el mágico beso que coronaria la culminación de este 14 de febrero.

Por culpa de mis ensoñaciones, no me di cuenta que el cochero de nuevo me ofrecía su mano, para bajar. Al incorporarme del asiento, me percate de un curioso detalle respecto a los dos caballos que jalaban el carruaje; uno era de un inmaculado color blanco y el otro de color negro azabache. Al bajar, me quede incrédula, y sentí mi estomago; como cuando estas en la cima de la rueda de la fortuna. El joven cochero que me había ayudado a bajar, me hizo la seña de que entrara a aquel lugar. Al principio pensé que se trataba de una broma de muy mal gusto. Era la tercera vez, por esta noche que me sentía decepcionada, pero también sumamente enojada.

¡Mi cita de ensueño se convirtió en una pesadilla. Y por ningún motivo –ni loca que estuviera– iba a internarme en aquel tétrico cementerio!

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Continuara…

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16/02/2012