Notas de la autora:

Este fic fue escrito para hd_holidays en Livejournal, y terminó teniendo cerca de 50000 palabras, pero por alguna razón se siente mucho más corto. No estoy segura de cómo funciona. Me enamoré perdidamente de los personajes originales en esto, desde los aurores hasta el fontanero, así que sigo pensando en ellos con mucho cariño. Espero que también les guste a ustedes. ¡FELICES FIESTAS, sin importar qué época del año sea ahora! *los ama a todos*

Notas de traducción:

Bueno, pues qué puedo decirles… Sí, más de Cheryl Dyson. Cuando leí esto me gustó sobremanera, y espero que a ustedes les guste también.

Recuerden, nada me pertenece, yo solo traduzco, con autorización… :D

Disfruten…


Sábado 4 de Noviembre, 2006

Tremaine estaba ebrio. No tan ebrio como para no poder caminar, claro, pero lo suficiente como para recargarse sobre Angelique, haciendo que Paul lo ayudara a coordinarse.

-¿A dónde vamos?- preguntó, tal vez por la tercera vez.

-Al Club Seabreeze, pequeño idiota,- replicó Paul, y lo golpeó con el codo. -¿Ese último Vodka Tonic te mató las últimas neuronas?

-Lo dices como si Tremmy tuviera algunas qué matar,- dijo Marcy, riendo, y Tremaine frunció el ceño. Odiaba ese maldito sobrenombre. Tampoco le gustaba mucho Marcy, pero ella era la amiga de Angelique y tenía que tolerarla.

-Uno no se hace socio de una firma de abogados sin tener un alto nivel de inteligencia, Mar-Mar,- refutó Tremaine.

-¿Eres un abogado?- preguntó Paul, abriendo los ojos como platos. Angelique comenzó a reírse por lo bajo. A Tremaine le gustaba cuando la chica se reía: sus senos se sacudían de la manera más favorecedora. -¡No sabía! ¡Me siento honrado de estar ante tan ilustre figura! ¿Cómo debe dirigirse uno a su estimada grandeza?

-Cállate,- dijo Tremaine, con una risa. -Aunque no me importaría que prefirieras llamarme…

-¿Lord Petulante?- sugirió Paul.

-¿Asesor Disparatado?- preguntó Angelique al mismo tiempo.

Tremaine bufó. Siempre podía contar con sus amigos para que lo ayudaran a mantener los pies sobre la tierra.

-Será Asesor Polla Poderosa para ti, mujer. (1)

Los otros siguieron riendo y haciendo chistes, pero Angelique lo apretó más fuerte en un sentido provocativo.

-Bueno, eso es cierto.

Tremaine le apretó el trasero con gusto e hizo un comentario, pero, de repente, el aire bajó su temperatura unos veinte grados. Cuando se rió, el aliento de Paul formó una nube.

-¡Vaya!- gritó Marcy. -¿Por qué está tan malditamente frío aquí?

-¡Apuesto a que es un fantasma!- dijo Paul en un tono muy bajo. Se encorvó y puso sus dedos como garras. -O… un… demonio.

-No es divertido, Paul,- dijo Marcy, y lo golpeó con un puño. Falló cuando él se movió a un lado, riendo. -Vamos, vayamos al Chelsea. Esto me pone los pelos de punta.

-Pensé que habíamos quedado que Tremaine era el miedoso,- dijo Paul, pero Tremaine notó que incluso él aceleró el paso. El frío no parecía natural, y era alarmante. Tremaine no creía en fantasmas o demonios, pero algo en su cerebro primitivo había comenzado a gritar.

-Vamos,- dijo Tremaine, y caminó más rápido. Angelique trotó para alcanzarlos.

-¡Tal vez son los aliens!- gritó Paul, con dramatismo.

El comentario le sacó una risa a Tremaine, aunque el chico deseaba que Paul se callara. Algo no estaba bien. A pesar del alcohol en su sangre, de repente se sintió completamente sobrio.

-Oh Dios,- dijo Angelique, y la oscuridad se unió al frío, como si las estrellas y las luces de la calle y de las casas hubieran sido tragadas. -Oh Dios, no…

-¿Qué?- susurró Tremaine, y el frío lo caló hasta los huesos, hasta la médula. Un sentimiento de completa desesperanza lo sobrepasó, mezclándose con desesperación y repentina, absoluta tristeza. Pensó haber escuchado a Angelique gritar, pero el sonido le llegaba de muy lejos, muy leve. Algo frío se cerró alrededor de la muñeca de Tremaine, más frío que el aire que había convertido su respiración en una nube de niebla. No podía ver nada.

Un olor pútrido lo asaltó; olía a muerte y putrefacción. Le dio de lleno en el rostro, como el aire congelado entra a un osario, y aún así no podía recabar fuerzas para alejarse. No podía respirar: lo que fuera que estaba ahí parecía absorber el aire de sus pulmones. Mientras los pensamientos de Tremaine se iban al abismo, sintió que algo terrible se pegaba a su boca.

Besado por la muerte, pensó débilmente. Besado por la muerte, besado por la muerte, besado por…

Miércoles 8 de Noviembre, 2006

Los pasos de Harry se oyeron en el frío corredor blanco mientras caminaba con brío detrás del hombre vestido de blanco. El olor a antiséptico era fuerte y Harry trató de no arrugar la nariz por el olor de hospital, que parecía ser el mismo en todo el mundo, ya fuera con los ingleses o escoceses, con los muggles o los magos. El olor de líquido limpiador y algo que el cerebro de Harry amablemente reconoció como el aroma de enfermedad y dolencia penetró por sus fosas nasales.

Harry miró al hombre junto a él para ver si sus alrededores lo incomodaban, pero, como siempre, llevaba puesta una máscara imperturbable. Harry se forzó a poner una expresión de educado interés mientras regresaba su atención al doctor muggle que caminaba en frente de ellos.

-…tercer caso esta semana. Es completamente desconcertante.- El doctor se detuvo ante una puerta cerrada que tenía una placa sosa con la notación 4G y un borde blanco. -Espero que su presencia no indique algo…- se inclinó hacia adelante, -relacionado con el gobierno.

-Eso es lo que esperamos determinar, doctor,- dijo Harry, manteniendo el mismo tono bajo que el hombre había usado. -Necesitamos descartar la participación de ciertos, por decirlo de una forma, elementos anti gubernamentales.

El doctor miró por el corredor para asegurarse de que nadie los estaba escuchando, y luego susurró:

-¿Terroristas? ¿Cree que es posible?

-Todo es posible,- dijo Draco. -Pero es muy poco verosímil. Es nuestro trabajo descartar lo inverosímil y enfocarnos en las posibilidades restantes para encontrar la causa real. Lo que sería mucho más fácil si pudiéramos seguir con nuestra inspección.- El doctor se enderezó al escuchar esas secas palabras, y sus labios formaron una delgada línea.

-Por supuesto,- dijo bruscamente, y abrió la puerta.

-¿Tienes que ser un completo idiota?- murmuró Harry, mientras pasaba junto a su irritante compañero.

-¿Tienes que pasar todo el día platicando a lo tonto con muggles? Me gustaría acabar con esto y salir de aquí.

Harry frunció el ceño, pero puso una expresión calmada antes de encontrarse con los ojos del doctor, mientras se aproximaba a la cama. El hombre tenía un historial médico en la mano y comenzó a pasar las hojas, leyendo en voz alta.

-Margaret Snead, 29 años, vive en el 45 de Paseo Oakesdale, en Pembroke. Era una asistente de ventas en la tienda Norton's Fine Footwear and Handbags, en el 774 de Farnley Drive. (2) Ningún problema de salud antes de antier, aparte de que le extirparon las amígdalas a los quince en un procedimiento quirúrgico rutinario. Su corazón y sus órganos funcionan con normalidad. Todo parece estar en perfecta condición, excepto que no tiene nada de actividad cerebral.

Harry asintió, tratando de mantener una apariencia profesional al confrontar a una joven mujer que estaba, para todos los efectos, muerta. Su cuerpo seguía funcionando, pero era una concha vacía, desprovista de vida. Harry había visto muchos casos similares últimamente.

-¿Cuándo ocurrió?

El doctor miró al compañero de Harry y luego alzó una ceja. Harry se contuvo de hacer un comentario cuando vio que Malfoy sostenía una brillante pluma verde sobre un cuadernillo forrado de cuero.

-Interesante pluma,- comentó el doctor.

-Reliquia familiar,- replicó Malfoy. -¿Cuándo ocurrió?

El doctor negó con la cabeza; poco complacido, obviamente, con el tono brusco de Malfoy.

-Fue traída el martes en la noche. Hasta ahora, todos los intentos de estimular actividad cerebral han fallado. A pesar de todos los tratamientos aplicados, continúa comatosa.

-De acuerdo con el reporte de los mug… de la policía, ella estaba caminando a su casa de una fiesta con un grupo de amigos en la calle Brighton, poco después de la una de la mañana en punto. Dijeron que la temperatura del aire bajó drásticamente, y que luego Margaret se tensó y cayó sobre la acera, colapsando. A pesar de los intentos de sus amigos por revivirla, simplemente se quedó ahí tumbada, quieta, y… como está ahora. ¿Es eso correcto?

-Hasta donde tengo conocimiento,- replicó el doctor.

-¿Y este caso es similar al de Tremaine Johnston y Bethany Billingsley, que están también en este hospital?

-Por lo que podemos notar, los síntomas son idénticos, así como la repentina pérdida de sus facultades. En un momento estaban caminando, y al siguiente se encontraban boca abajo y sin actividad cerebral.

-Hay otros casos en otros hospitales locales, ¿correcto?- Parecía que Malfoy se encontraba hablando de plantas de jardín o ingredientes de pociones por la emoción en su tono.

-Diecisiete casos, de los que tengo conocimiento,- replicó el doctor.

Malfoy asintió y metió la pluma en el diario.

-Gracias, doctor. ¿Potter?- Sin esperar que Harry respondiera, Malfoy salió del cuarto.

-Me alegra que no sea médico,- dijo el doctor, secamente. -Comportamiento de lo más fino.

-Sí, él es… algo especial. Gracias por su ayuda, doctor. Le haremos saber si algo sale a la luz.

-Estoy seguro que sí,- replicó el hombre fríamente.

Harry se volteó y se apuró a seguir a Malfoy, alcanzándolo ante las puertas de metal pulido del elevador. Malfoy no dijo nada, solo se quedó viendo a las puertas hasta que se abrieron. Dos empleados vestidos de blanco y un muggle vestido con ropa de calle salieron, dejando el elevador vacío. Harry y Malfoy entraron.

-¿Qué piensas?- preguntó Harry cuando las puertas se cerraron.

-¿No es obvio?

Harry se mordió la lengua. Malfoy tenía el molesto hábito de contestar preguntas con preguntas. Claro, tenía docenas de molestos hábitos, pero ése se mostraba varias veces al día.

-Sí, solo estaba pidiendo tu opinión. Son dementores, ¿no?

-Muy bien, Potter. Es casi como si hubieras aprendido a pensar por ti mismo.

Harry retorció los dedos, con ganas de sacar su varita de la funda en su muñeca y hechizar a Malfoy con algo desagradable. Se entretuvo por un momento (o dos) pensando en Malfoy con granos del tamaño de huevos, o calvicie permanente, o tal vez inflándose como un globo gigante, tal y como la tía Marge lo había hecho hacía tanto tiempo.

Malfoy se volteó para mirarlo y sus ojos se entrecerraron al ver la no muy amable sonrisa de Harry.

Las puertas se abrieron y Harry salió del elevador, se empujó por entre la multitud de muggles en la entrada del hospital, y caminó hasta el estacionamiento. Malfoy no tuvo problema para seguirlo: tenía piernas largas y un andar rápido. El estacionamiento tenía varios niveles de concreto y metal; con escaleras a las que se podía acceder por unas puertas pesadas, con la pintura pelándose y marcas hechas con pintura en aerosol.

Harry llegó a una de las escaleras y se detuvo en el descanso. Esperó hasta que la puerta se cerró detrás de Malfoy.

-Dementores, pero, ¿cómo los probamos? Anders no va a creernos si se lo decimos.- Harry no era fan de Artemis Anders, el jefe del Departamento de Aurores. El bastardo se apegaba demasiado a las reglas: se rehusaba a hacer cualquier cosa si no había montañas de evidencia, y también era responsable de asignar a Draco Malfoy a ser el compañero temporal de Harry.

-Qué pena que el jefe de Aurores no crea lo que el Salvador le dice,- murmuró Malfoy mientras sacaba su varita. -Piensa en todo el papeleo que nos ahorraríamos.

-Mira, Malfoy…- Harry miró la varita de Malfoy. Era nueva, por supuesto, dado que la antigua varita de espino de Malfoy estaba en el viejo baúl escolar de Harry, guardado en el ático en el número 12 de Grimmauld Place. Ésa jamás respondería a la voluntad de Malfoy, eso seguro. La nueva, sin embargo, era una curiosidad. La madera era muy pálida, de aspecto casi delicado, recta y sin adornos, a excepción de una correa de cuero verde envuelta en hilo de plata.

-Olvídalo, Potter,- dijo Malfoy. -En ausencia de evidencia empírica, la preponderancia de la prueba debe, entonces, apoyarse con el peso de lo circunstancial.

Harry no dijo nada, simplemente frunció el ceño. Sabía que, cuando Malfoy no estaba diciendo algo molesto o sarcástico, escupía palabras que no entendía. Los ojos grises se encontraron con los suyos y Malfoy suspiró dramáticamente.

-Significa que tenemos que seguir hablando con la gente, y si todos nos dicen lo mismo (en este caso, señalando que los dementores son los culpables), entonces a Anders no le quedará de otra más que reconocer que hicimos nuestros trabajos y que nuestra hipótesis, incluso con tu aporte, es la correcta. Ahora, ¿dónde tuvo lugar el último ataque? No la señorita Snead, sino el anterior. Johnston.

-El Club Seabreeze. Johnston y sus amigos salieron del club y estaban caminando a otro bar subiendo la calle cuando Johnston colapsó.

Malfoy estiró la mano y la cerró alrededor del bíceps de Harry con un asentimiento.

-Llévanos ahí. Tengo una lista de los amigos de Johnston. Podemos empezar con ellos.

Harry ignore el tono de orden y los apareció en West Brompton.

Aparecieron en el techo de un edificio justamente en frente del club de jazz. Era un edificio grande de vidrio y ladrillo que estaba bajo remodelación, así que cualquier constructor desordenado podría ser fácilmente evitado. Malfoy lo soltó y caminó a la escalera de inmediato; sacó su cuadernillo y lo abrió.

-La novia vive cerca de aquí. Angelique Watson. ¿Hablaste con ella?

-No,- replicó Harry. -Hansom le tomó la declaración. Él dijo que la chica era agresiva.

-La mayoría de los muggles lo son,- dijo Malfoy con frialdad, y luego le lanzó un Alohomora a la puerta antes de abrirla y comenzar a bajar. Alcanzaron la calle con rapidez y Harry fue lo suficientemente cuidadoso para cerrar la puerta del piso de abajo cuando salieron, pues sabía que Malfoy ni se molestaría. El club, en frente, estaba abierto, con la música de jazz ya sonando por las ventanas abiertas.

-Dudo que esté dentro,- dijo Harry, acercándose a Malfoy. -Su novio está en estado vegetativo en el hospital. Lo más seguro es que esté en casa.

-De acuerdo. Vive a la vuelta de la esquina.- Caminaron por una calle silenciosa, trazada por departamentos de ladrillo y mortero. Las luces de Navidad titilaban en muchas ventanas, y brillaban en árboles y arbustos, puestas al azar. Pasaron varios edificios y doblaron en la esquina.

Harry le lanzaba miradas furtivas a Malfoy, que se veía mejor en ropa muggle de lo que Harry se había esperado. La Oficina de Coordinación de los Muggles (3) tenía asesores de vestimenta para todas las misiones que requerían contacto con los muggles. Harry se habría sentido bien usando pantalones de mezclilla y una camiseta, pero Parkins insistió en que semejante ropa no era un atuendo apropiado para figuras muggles de autoridad. Así pues, él y Malfoy llevaban idénticos pantalones negros, camisas blancas con corbatas negras, y sacos negros. Harry pensó que Malfoy se veía jodidamente increíble, aunque no lo admitiría jamás, ni siquiera bajo Veritaserum.

Malfoy se detuvo antes una puerta de hierro forjado y la empujó para abrirla, causando un oxidado chillido. Harry quitó sus pensamientos de su casual admiración del físico de Malfoy y se concentró en su misión. Malfoy revisó los nombres de la placa junto al tablero numérico con su largo dedo índice, deteniéndose en Johnston. Usó su dedo menique para marcar con cautela 659, como si los gérmenes muggles pudieran pasársele si usaba mucha presión.

Después de varios largos momentos de escuchar el pequeño timbre sonar por la bocina, una voz brotó, con una palabra:

-¿Diga?

-¿Señorita Watson?- preguntó Malfoy, acercándose a la bocina. -Soy el agente Malfoy, de la Policía de Servicios Especiales de Londres. Al agente Potter y a mí nos gustaría hablar con usted acerca de Tremaine Johnston.

Hubo un largo silencio y Malfoy miró a Harry con expresión vagamente preocupada. Harry repasó las palabras de Malfoy, pero, al parecer, había dicho lo correcto. Sí había una Fuerza Policial de Servicios Especiales en Londres, creada especialmente por el primer ministro muggle para lidiar con asuntos mágicos, aunque pocas personas aparte del primer ministro conocían las funciones de la división. Sus identificaciones y papeles muggles eran auténticos y válidos.

-Suban,- dijo la voz, finalmente. -Estoy en el 25.- Un zumbido se oyó y el seguro de la puerta se abrió. Malfoy bajó la manija y abrió la puerta de metal. Harry lo siguió hacia adentro. Malfoy ignoró el elevador y se dirigió a la puerta que decía "Escaleras", subiendo tres pisos con facilidad.

La puerta del departamento 25 estaba entreabierta, así que Malfoy la empujó para abrirla. Angelique Watson estaba de pie, en el centro del pequeño cuarto, fumando un cigarrillo. El cuarto estaba lleno de humo, pero ella solo los miró y dejó salir otra nube de humo al aire.

-¿Ya despertó Tremaine?- preguntó con un tono apagado.

Harry negó con la cabeza y ella retiró la mirada.

-Sí, no creí que lo hiciera.- Hizo un sonido sardónico y les indicó que tomaran asiento en un sillón cubierto de tela rayada. Los muebles se veían caros, pero el departamento era un desorden. Libros, revistas, papeles y sobres se encontraban esparcidos sobre cada superficie, medio enterrando objetos como platos sin lavar, tazones y vasos. Harry movió varias revistas sobre el sillón para tener lugar donde sentarse. Malfoy se veía como si prefiriera recibir un Avada Kedavra que sentarse. Su cuadernillo y su pluma reaparecieron.

-¿Puede decirnos dónde se encontraba cuando Tremaine Johnston colapsó?

La mujer se volteó para mirar de mala manera a Malfoy y Harry parpadeó cuando vio el otro lado de su rostro. Una gran marca de nacimiento cubría la mayor parte de su mejilla derecha. Era de un color rojizo y parecía la marca de una mano.

-Ya pasé por esto con los policías. ¿Qué no tienen el maldito reporte policial?

Malfoy le lanzó una mirada fría, que Harry pensó que era impresionante, y deseó poder imitarla. No había intimidado al doctor en el hospital, pero Angelique retiró la mirada antes de dejarse caer en una silla en frente de Harry. Apagó su cigarrillo en un cenicero repleto sobre la mesa.

-Preferimos sacar nuestra propia información,- dijo Malfoy.

-Bien. Como quiera. Estábamos en el Club Seabreeze celebrando el compromiso de Marcy hasta después de media noche. Nos cansamos de la música y decidimos caminar al Chelsea para tratar de sacarle a Barbara unos tragos gratis. Ella trabaja allí y Tremaine le gusta.- Su voz, que había tenido un tono monótono, se detuvo en el nombre, pero solo por un momento. Luego continuó. -Le gustaba. Estábamos un poco ebrios y estábamos bromeando, riendo como lunáticos. Paul estaba de payaso, haciendo que Tremaine se riera.- Angelique sonrió sin ganas al recordar y sus ojos se encendieron con un húmedo brillo. -Ya casi llegábamos cuando todo se puso frío. Así como, muy frío. Todos nos detuvimos y comenzamos a asustarnos un poco. Paul gritó algo acerca de fantasmas y aliens y eso hizo que Tremaine se riera de nuevo. Estúpido bastardo.

Harry miró a Malfoy a los ojos por un momento. La risa iba de acuerdo a su teoría: los dementores habrían sido atraídos por un grupo feliz, riendo. La pluma de Malfoy hacía sonidos de rasgueado, en el silencio.

-Y luego Tremaine colapsó y eso fue todo.- Su voz se volvió casual y Harry la miró profundamente. Sus instintos de auror estaban sonando.

-¿Notó algo más aparte del frío?- preguntó Malfoy. -¿Algo más, algo inusual? ¿Sombras? ¿Movimiento? ¿Algo, lo que sea?

-¿A qué se refiere con sombras?- preguntó la mujer.

-No tenga miedo de hablar,- le aconsejó Harry. -Incluso si suena… loco. Solo estamos buscando información.

-Loco,- repitió ella,- como… ¿dementores?

Harry ahogó un grito.

-¿Sabe acerca de los dementores?

Angelique frunció el ceño.

-Lo sabía. Ustedes dos son magos, ¿no es cierto? Joder…

-¿Cómo sabe acerca de los magos?- contrarrestó Harry. Miró a Malfoy, que se encogió de hombros.

-Fui a esa estúpida escuela en Escocia,- dijo entre dientes.

-¿Hogwarts? ¿Usted fue a Hogwarts?

-Esa misma,- dijo ella, con desprecio. -Pensé que resolvería todos mis problemas. Estaba tan feliz cuando esa maldita lechuza me trajo la carta. Me iría y aprendería magia y todo en mi vida de mierda sería maravilloso.- Negó con la cabeza. -Que se jodan.

-¿Qué pasó?- preguntó Harry, impresionado por su tono viperino.

-Empeoró todo, eso pasó. ¿Ve esto?- Se señaló con enojo la imperfección en su rostro y asintió. -Sí, todos se burlaban de mí, todo el tiempo cuando era niña. Todo el jodido tiempo. Pensé que podría aprender magia y que todos me la pagarían por ser tan malos conmigo.- La mujer bufó. -Los idiotas en esa escuela fueron incluso peor. Me ponían apodos y los apoyaban con encantamientos cada que podían. Las bromas y el tormento eran un millón de veces peores que en otra escuela de por aquí. Después de tres meses no pude soportarlo más. Le escribí a mamá y le dije que me llevara a casa. Que se jodiera la magia. No la necesitaba. Todos ustedes pueden pudrirse con su magia, en lo que a mí respecta.

Harry pensó en su archivo. Había nacido dos años antes que Harry; era difícil creer que había sido molestada en Hogwarts solo dos años antes de que él llegara. Harry no podía imaginar renunciar a la magia. No por ninguna cantidad de molestias o tormento. Tenía sus propios recuerdos desagradables de Hogwarts: el incidente con el heredero de Slytherin en segundo año, por decir algo. Pero jamás habría renunciado a Hogwarts. Abrió su boca para decirle eso, pero la voz de Malfoy hizo acto de aparición.

-Entonces, vio a un dementor.

Angelique alcanzó el paquete de cigarrillos de una mesa y sacó uno. Se lo puso en la poca y estaba a punto de agarrar el encendedor cuando la punta brilló de color rojo. La mujer miró a Malfoy.

-Gracias,- articuló, alrededor del cigarrillo.

Le dio una gran calada, se lo sacó tomándolo entre sus dedos, índice y medio, y dejó salir una larga nube de humo al aire.

-Sí, lo vi. Esa maldita cosa se dirigió a Tremaine, se posó en su rostro y comenzó a succionar. Traté de detenerlo, pero estaba tan frío, que apenas me podía mover. No tenía la energía para hacer algo más que gritar.- La mujer se estremeció. -Todo estaba tan oscuro. Ninguno de los otros podía verlo. Ni siquiera estaba segura de lo que era hasta después, cuando todo regresó a mí. Dementores. Cuidan la prisión mágica, ¿verdad? Los niños solían asustarme con historias acerca de ellos. En Hogwarts.

-Solían cuidar la prisión,- dijo Malfoy, -hasta que se escaparon para unirse a su nuevo jefe. Al menos, hasta que Potter, aquí presente, lo mató. Ahora, parece que andar libres, atacando muggles indefensos.

Angelique se veía espantada por primera vez.

-Pueden detenerlos, ¿no es cierto?

-Los detendremos,- dijo Malfoy, con confianza.

-¿Y qué hay con Tremaine? ¿Pueden repararlo?

Malfoy solo negó con la cabeza.

-Me temo que no existe una cura para un beso de dementor.- Su voz se oía sorprendentemente gentil; era la primera vez que Harry escuchaba algo remotamente parecido a la compasión en la voz de su compañero.

Angelique rodó los ojos y le dio otra calada a su cigarrillo. Los miró desdeñosamente.

-Sí, eso es lo que dijeron de mi rostro. Estoy casi segura de que es pura mierda, pero tal vez tenga razón con lo de Tremaine.- Suspiró con pesadez. -Era un buen hombre. Yo esperaba…- Cerró los ojos y respiró entrecortadamente. Harry sintió que la mujer estaba a punto de perder la cabeza.

-Creo que tenemos todo lo que necesitamos,- dijo gentilmente. -Nos iremos ahora.

-Si no le molesta, me gustaría volver para que firmara una declaración una vez que confirmemos su historia acerca de…- Las palabras de Malfoy se cortaron cuando los dedos de Harry rodearon su brazo con brusquedad. Harry se había levantado del sillón para agarrar a su compañero, cuyo momento de compasión había sido, obviamente, una casualidad. -Suéltame, Potter.

-Dije que nos iremos ahora,- replicó Harry, a través de sus dientes apretados. -Gracias por su tiempo, Angelique. Lamento su pérdida.

La mujer solo asintió y se quitó el cigarrillo, viendo por la ventana el brillo rosado que provocaba el sol poniéndose.

-Vamos, Malfoy,- dijo Harry, y lo jaló hacia la puerta.

Malfoy se soltó de su agarre.

-Bien,- dijo. -Señorita Watson, si no le molesta que le pregunte, ¿en qué Casa fue seleccionada?

Ella respondió sin voltearse.

-Ravenclaw.

-Gracias,-dijo Malfoy, y luego salió por la puerta, siguiendo a Harry.

Bajaron las escaleras y llegaron a la planta baja, sin hablar, hasta que la puerta de hierro se cerró detrás de ellos. Caminaron de regreso al club de jazz. Finalmente, Harry negó con la cabeza y miró a Malfoy.

-No puedo ni imaginarlo.

Malfoy lo miró por el rabillo del ojo.

-¿No hay oportunidad de que renuncies a la magia y regreses a tu vida antigua de muggle?

Harry bufó.

-Cuando el Infierno se congele.

Malfoy sonrió, en verdad, una sonrisa genuina que parecía iluminar desde adentro sus grises ojos. Harry casi se detuvo para verlo.

-Qué pena,- dijo Malfoy.

Harry desvió la mirada, perturbado por la onda cálida que la sonrisa de Malfoy había iniciado. Asumió que solo era una reacción a la sorpresa de ver una emoción humana en la cara del imbécil.

-Cállate,- dijo entre dientes. -¿Deberíamos hablar con algún otro amigo de Tremaine?

-¿Para qué molestarnos? Solo necesitamos ir a Hogwarts, encontrar una copia de la carta de Hogwarts de Angelique Watson y el registro de su selección, y se acabó. Suficiente evidencia, incluso para la demencia de Anders. Y podemos darle las memorias para el pensadero, si es necesario.

-Sí, bien. Supongo que el día terminó, ¿verdad?

-Se acabó. Te veo mañana, Potter.

-Buenas noches, Malfoy.

No dijeron más mientras regresaban a la bodega vacía, se metieron, y se desaparecieron.

Continuará…


(1) Sí, juego de palabras. El "Disparatado" de antes es en inglés Cockamamie, y "Polla Poderosa" es Cock-a-mighty

(2) Sería "La tienda de Norton de buen calzado y bolsas"… Lo busqué pero no apareció que existiera en realidad…

(3) Según mi edición de "El Príncipe Mestizo" (bueno, "El misterio del príncipe"), este es el nombre de la oficina que ayuda a los magos a pasar desapercibidos y así…


En el próximo capítulo:

Cuando la puerta de la jaula cerró, Malfoy sacó su varita y le quitó la capucha a Ayah con un hechizo. Harry se frotó el brazo a escondidas.

-¿Por qué no lechuzas, o flamencos, o guacamayos?

Malfoy lo miró y luego metió la tercera jaula.

-¿Por qué? ¿Me veo más apto para flamencos para ti?

Harry se acomodó el copete.

-Bueno… sí.

Malfoy lo fulminó con la mirada

-¿Flamencos?

Harry se rió.

-Bueno, tal vez no flamencos, pero sí algo un poco más llamativo que los halcones.

Hasta la próxima…

Adigium21