Chapter 1: I don't feel the same way, ever.

Cerré mi sesión furiosa. ¿Cómo se atrevía a publicar un corazón en mi muro? ¡Un corazón y un te amo! ¡Así, sin más! Me habían dicho que le gustaba más que como amigos...

Pero no me podía permitir pensar en ello. Él era solamente un amigo mío. Al menos, eso era lo que él significaba para mí. ¡Dios, estás cosas no eran lo mío!

Odié que me lo hayan dicho. Me refiero, ¿por qué iba a importarme aquello, si yo no sentía nada por él? Solamente me hacían sentir incómoda en su presencia, al tratar de no pasar de la línea de amistad con él, a cada segundo, para que no pudiese malinterpretar nada de lo que hacía.

Me dediqué a pensar en otra cosa que no fuese eso. Pero a Alice, se le ocurrió mandarme un mensaje.

Querida Bella, ya vi qué te traes con tu amiguito. ¿Por qué no me habías dicho nada? Estaré esperando tu llamada, lo sabes. Así que no lo retrases.

Te quiero.

Perfecto.

Telefoneé a Alice, y contestó al segundo timbre.

–Bella –respondió al teléfono.

–Hola Alice –dije secamente.

–¿Por qué ese tono, Bells? ¿No ves que tienes un admirador? –preguntó con voz cantarina.

–Alice, eso no importa, no siento nada por él. Sería cruel ilusionarlo y lo sabes muy bien.

–Pero Bella...

–Nada –le corté–, imagina que le hicieran lo mismo a uno de tus amigos, no sé, por ejemplo a Emmett.

–Pero es tu hermano mayor. Eso es diferente. Este chico no me toca de nada y mucho menos a ti –explicó con voz paciente.

–Sí, pero es sentido común. No tiene ni un punto ilusionarlo falsamente. Eres cruel Alice Masen.

–Solamente te quería ayudar en tu nula vida amorosa Isabella –dijo en un tono indignado, como una madre decepcionada con su hija.

–Gracias, pero no necesito tu ayuda. Te quiero Alice –le recordé para que se le pasara el enojo.

–Yo también te quiero Bella. Aunque seas cabezota –dijo a regañadientes. Colgué el auricular, sonriendo por lo enfurruñada que estaba Alice por una tontería. Sin embargo, una tontería que podría lastimar a alguien más. Y eso no era justo, por donde se viera.

Ya se le pasaría.

Me dediqué a practicar piano el resto de la tarde y estudié como, por media hora, un poco de matemáticas para estar aunque sea un poco preparada para el día siguiente.

Charlie y Reneé llegaron una hora después de que cenara, lo cual ya era bastante tarde. Y Emmett no apareció por ningún lado.

Mis padres estaban preocupados, pero traté de tranquilizarlos, diciéndoles que tal vez se quedó en casa de Jasper, y solamente se le olvidó avisar.

–Puede que sí, pero al menos pudo prestar el teléfono de casa de Jasper. No vivimos en esta época en vano –dijo en un tono irritado. Ni siquiera sabía si estaba con Jasper y Charlie lo tomó como algo seguro.

Reneé estaba un poco más tranquila, puesto que ella era mucho más infantil y desenfrenada que Charlie.

Le mandé un mensaje a Emmett, rogando que llevara su celular con él.

Emmett, dime que estás con Jasper, por favor. Charlie y Reneé están preocupados. –Bella

A los pocos minutos sonó el teléfono. Esperaba que fuera Emmett, no me gustaba ver la cara de angustia de Charlie, aunque fuera por una causa tan insignificante. No es como si Emmett se hubiese fugado o algo parecido.

Charlie corrió a contestar el teléfono.

No se había calmado para cuando lo contestó, pero había cierta nota de alivio en su voz.

Terminó de hablar con mi hermano y le dijo a Reneé que, efectivamente, estaba con Jasper, como había dicho.

Lunes.

Llegué al instituto temprano. Y Alice ya estaba ahí, en su lugar de siempre, esperándome, junto con Rosalie.

–Hola Bella –dijeron al mismo tiempo.

–Hola chicas –respondí–, ¿saben algo de Jasper y Emmett?

Me miraron confundidas.

–Bueno –continué–, es que ayer Emmett se quedó con él, ¿no les comentaron nada?

–No, no sabía –dijo Alice.

–Sí, a mí tampoco me dijo nada Emmett. Luego se anda quejando –dijo con una mirada glacial al tiempo que enfocaba sus ojos por encima de mi cabeza.

Alice y yo seguimos su mirada.

Mi hermano y Jasper se estaban bajando del flamante auto de Edward Masen.

–¿No estaba en mi casa esta mañana? –preguntó confundida Alice.

Rosalie se encogió de hombros.

Los tres, comenzaron a caminar hacia nuestra dirección. No tenían buena pinta. Pero no era el típico semblante de pasar mala noche. Había algo más en sus miradas, algo que trataban de ocultar. Y escondían sonrisas cómplices debajo de sus máscaras de apariente seriedad.

Emmett y Jasper, abrazaron a sus respectivas parejas. Los cuatro sonrieron.

Edward me miraba como si me estuviese estudiando.

–Buenos días –saludó con voz suave y aterciopelada.

–Hola –respondí en un susurro.

Por lo general, no era muy común que Edward me hablara. Fuera de la cortesía habitual, como ahora, por supuesto. Esto sí era común.

–¿Te importaría que te acompañe a tu salón de clase? –preguntó con voz amable y un leve rastro de nerviosismo.

Muy bien. Eso sí que no era común.

Volteé a ver a Alice y a Rose en busca de ayuda, pero ya se habían alejado con sus novios, por lo que tendría que enfrentarme sola a la mirada curiosa de Edward.

–Eh... supongo –dije algo insegura. Abrió la puerta del instituto para mí, como todo un caballero.

Me gustaba que hiciera aquello, pero para ser sincera, me ponía un poco nerviosa.

Me dio una mirada significativa, que no supe interpretar, mientras pasaba por su lado.

–¿Cómo has estado, Isabella? –solamente él me seguía diciendo así y lo odiaba, aunque cuando salía de sus labios tan dulcemente, no me molestaba tanto.

–Muy atareada. Y si no es mucha molestia, me gustaría que me llames Bella – agregué.

–Como gustes, Bella –me sonrió con su sonrisa torcida.

–Gracias –respondí en un susurro. Él era el único capaz de dejarme sin habla, con la pena de decir algo estúpido en su presencia y quedar como una completa tonta. En cambio, él se veía muy relajado con esa sonrisa suya– ¿y tú?

–Más que bien, a decir verdad. He tenido una epifanía anoche –dijo con voz esperanzada y sus ojos adquirieron un brillo peculiar. Era el verde más bonito que le había visto.

–¿Sí? ¿En qué consiste? –no sabía si era correcto preguntarle, pero él sacó el tema a relucir.

–Ya lo sabrás –sonrió torcidamente, de nuevo–. Serás la primera en enterarte.

Eso me hizo sentir, en un modo, especial. Aunque era muy estúpido de mi parte. ¿Qué tendría de especial para Edward?

–¿Me debería sentir halagada? –pregunté estúpidamente.

–En realidad, no lo sé –en ese momento se detuvo–. Llegamos.

–Gracias por acompañarme –sonreí.

–Es un placer. Nos vemos, Bella.

Se volteó y se fue. Y yo me quedé como una idiota ahí parada. Viendo su fuerte y masculina espalda, junto con esa gracia que tenía para caminar. Caminaba más elegantemente que muchas chicas, incluyéndome.

La clase de Literatura pasó rápidamente. El profesor Berti nos había dejado leer Romeo y Julieta para el final del semestre y entregarle una reflexión acerca de la obra, en vez del examen final. Lo agradecí internamente.

Fui directo a la cafetería a la mesa en la que nos sentábamos Alice, Rose y yo. Y eventualmente sus novios, si no estaban con los de fútbol.

Estaba vacía, así que me dispuse a esperarlas, mientras sacaba mis apuntes de Matemáticas para ver qué podía entender.

Alguien se sentó en la mesa, justo en frente de mí.

–Hola Bella –saludó una voz ronca y grave.

–Hola Jake –respondí. Le iba a preguntar ahora–. Dime, ¿por qué pusiste eso en mi muro?

Su cara se descompuso en una mueca, al ver que no fue de mi agrado, pero rápidamente se recompuso y adoptó una sonrisa soncarrona.

–Se me antojó. ¿Qué, no te gustó?

–Por supuesto que no. ¡Dios! Eres tan...

–¿Tan encantador?

–No, más bien irritante y pedante.

–¿Y porqué simplemente no lo borraste? –preguntó con expresión dolida.

–No soy tan mala Jacob. Pero tú sí. Desde que nos comenzamos a juntar, dejé en claro cómo me sentía respecto a ti. Lo sabes –dije seria.

–Sí, yo también lo dejé en claro. Y también te dije que no iba a dejar de luchar –respondió en el mismo tono serio, mirándome directamente a los ojos.

–Bueno, ni siquiera sé por qué lo haces, porque solamente estás luchando contigo mismo.

Tomó mis manos entre las suyas. Se sentían cálidas y grandes. Pero incorrectas.

–Mira, Bella, jamás te lastimaría. Te prometo que siempre te voy a cuidar y siempre voy a estar ahí para ti.

–Jacob, no me prometas nada, ¿sí? Ni siquiera somos pareja o algo semejante –trataba de no mirarlo ya que cuando lo veía directamente a los ojos, se sentían tan sinceros, que dolía no corresponderle.

–Pero podemos serlo Bella. Solo tienes que darme una oportunidad. Solamente una –su voz iba siendo cada vez más baja y su mirada suplicante.

–Jacob, no hagas esto... –susurré. Se había acercado demasiado a mí, mientras hablábamos y no era necesario hablar más fuerte que un susurro.

–¿Qué Bella? ¿Sincerarme contigo? ¿Hacerte ver que tienes opciones?

–¡Dios, Jacob! ¡No quiero opciones! –intenté quitar mis manos de entre las suyas, pero eso solo hizo que él apretara más el agarre.

–Jacob, por favor, suéltame. Ya no quiero seguir hablando de esto.

–No, Bella, escúchame, un segundo más. Solo te pido una cita. Déjame mostrarte que soy bueno para ti.

–No lo sé, no...

–Solo piénsalo, ¿vale? –dijo con una sonrisa. Se acercó peligrosamente a mi rostro, y me plantó un beso en la mejilla.

Me sonrojé, porque todo el mundo volteó a ver en ese momento. ¡Iba a matar a Jacob!

Desvié mi vista de las miradas curiosas, hacia mis apuntes, de nuevo. Pero ya no me podía concentrar.

Alcé mi vista para asegurarme de que Jacob se hubiese largado de una vez, cuando lo vi. Sentado en una esquina de la cafetería con Emmett y Jasper a su lado. Edward me veía... intensamente. Era una mirada diferente de las que siempre me daba y por un momento, sentí como mi corazón se encogió al notar que no dejaba de mirarme.

¿Qué estaría pasando por su mente?


Hola, de nuevo yo, después de... mucho tiempo. Espero que les guste esta historia. Se me ocurrió un día. Ya está lista, así que mañana será el segundo capítulo, sin falta. Lo prometo.
Realmente espero que les guste.
También estoy trabajando en otro one-shot ahora mismo. Se me ocurrió en la escuela un día, ya verán de qué hablo. Creo tenerlo listo, para cuando termine esta historia, el próximo domingo, si no calculo mal.
Gracias por leerme.