"¡Bienvenidos y bienvenidas a la edición 70 de los juegos del hambre!" Escuché gritar a Caryal Neer, la guía de los tributos del distrito 4. Toda la plaza cayó en un profundo silencio mientras el alcalde leía el discurso de todos los años sobre la victoria del Capitolio sobre los distritos y la creación de los juegos del hambre con el fin de recordar los días oscuros, es decir la rebelión. Mis piernas temblaban incontroladamente mientras buscaba con la mirada a mis padres, que se me miraban aterrorizados desde los alrededores de la plaza.

Miré a mis compañeras de "celda" mientras Caryal se acercaba de nuevo a su puesto, hacia las urnas de donde saldría el nombre de la tributo del distrito 4. Mi nombre, ya que por aquel entonces tenía 16 años, estaba inscrito cinco veces en ese infernal bombo y mientras ella introducía la mano solo pensé "que no sea yo, que no sea yo, que no sea yo…"

—Y la tributa de este año será… ¡Annie Cresta!

Mi cabeza se desconectó. Hasta me pareció que escuchaba el "clic" que emitió mi mente. Mis pies empezaron a andar sin recibir órdenes de nadie, y un torrente de lágrimas empezó a caer, caer y caer hasta que me pareció que lo que querían era llegar a la playa de enfrente mi casa. La playa, el mar, mi casa. No los volvería a ver nunca, pues en realidad ni siquiera había considerado la posibilidad de ser escogida. Ahora ya no estaba a tiempo. Ya no tenía tiempo. Sentía que un gran reloj de arena se había posado encima de mí, un reloj que hacia caer su arena lenta y compasadamente, ligeramente más deprisa cada vez. Solo me quedaba una esperanza, una voluntaria.

Antes de subir la escalera miré hacia atrás, esperando a la habitual bestia sanguinaria que se presentara con una voz alegre y amenazadora a la vez, pero nadie dijo nada. Todas me miraban con tristeza, pero al parecer no la suficiente para salvarme la vida. Resignada como nunca lo había estado antes subí las escaleras y me coloqué al lado de Caryal, sin parar de llorar, con los ojos cerrados y mordiéndome los labios. Caryal me palmeó un poco la espalda intentando ser reconfortante y me susurró.

—Las cámaras te están mirando Annie, no escondas la cara a todo el Capitolio.

En ese momento me enfadé un poco ¿Por qué diablos tenía que preocuparme por quedar bien con el capitolio si moriría de todas formas? Entonces no consideré la posibilidad de ganar patrocinadores, pero no hubiera cambiado nada a fin de cuentas. De todas formas levanté el rostro tan alto como pude, pero no pude detener el llanto, que manchaba el vestido y que en unos instantes mancharía el suelo. Sentía las miradas del distrito mirarme fijamente, el capitolio mirarme fijamente, los mentores y el alcalde mirarme fijamente. Todo el mundo tenía la vista posada en mí, y yo no podía parar de llorar.

Al final Caryal negó con la cabeza y metió sin muchas contemplaciones la mano en el bombo de los tributos masculinos. Al darse cuenta de que no había mencionado lo que hacía, por mucho que todos lo supieran, gritó con ánimos renovados.

—Y ahora saldrá el tributo masculino que represente el distrito 4! –Después de remover durante unos segundos para crear suspense, dijo– Y nuestro afortunado joven será… Elrik Tatcher!

Oh no, grité por dentro, y empecé a llorar más fuerte en ver que un joven de apenas 13 años se abría el paso entre la gente con paso confiado y una sonrisa ligeramente burlona. No me lo podía creer, ¿realmente él era un vocacional? ¡Si solo era un niño!

Subió al escenario de un salto y se colocó al otro lado de Caryal Neer. En realidad agradecí un poco que todo el mundo se quedara con él, por qué lo que menos deseaba era ser el maldito centro de atención. Elrik se limitaba a saludar con mucho ánimo a todo Panem y sonreír descaradamente. Entonces Caryal nos hizo dar las manos, pero antes de marcharnos nos retuvo un momento.

—Y ahora señoras y señores, en petición del Capitolio, nos hablará el orgullo del distrito 4 y ahora mentor Finnick Odair!

Cuando Caryal dijo esto, Finnick se levantó con una sonrisa amplía que solo se dirigía a la pantalla y se dirigió al centro del escenario. Solo me di cuenta que me había quedado sola junto a él cuando me fregó la espalda con su mano intentando calmar mis espasmos. Recuerdo que el contacto con su piel, aunque fuera solo por encima de la tela, me despejó como una ola de agua salada mojándome la cara. Miré asustada hacia Caryal, que me miraba con envidia y sorpresa a la vez y a Elrik, que solo me pareció enfadado por robarle la audiencia. Entonces me quedó claro que ese chico quería ganar. Cosa que solo significaba que me mataría a la primera oportunidad. Mientras tanto Finnick me acariciaba la espalda y hablaba a la cámara diciendo que era un honor hablar para ellos y que estaba deseando verlas. No me extrañó que solo se dirigiera al público femenino, conociendo su trabajo.

Y después de dedicar unas pocas palabras más, dejó de acariciarme la espalda y se retiró a un lado para que los pacificadores nos llevaran al palacio de justicia. Ahí me esperaban en una lujosa sala mis padres, que no dejaron de llorar, abrazarme y besarme hasta que se los quisieron llevar. Entonces los agarré tan fuerte como pude y les dije que fueran fuertes. Cuando se hubieron marchado, me esperaba sorprendentemente otra visita. Finnick Odair.

N/A: De acuerdo, os he dejado con la intriga, soy mala. Pero no os tiréis de los pelos, el segundo capítulo ¡está casi listo! Como veis será todo en el punto de vista de Annie Cresta, y solo abarcará sus juegos y algunos capítulos posteriores a los mismos. Espero que no os parezca muy repetitivo ya que algunos fanfics también tratan de lo mismo. Prometo que este será diferente pero todo lo fiel a la historia que pueda pero si encontráis alguna falla dentro del argumento ¡decídmelo! Y nada, ojalá me dejéis reviews, os guste o no os guste la historia.

¡Nos vemos en el segundo capítulo!