Mi primer fanfic de Sherlock... Espero que les guste! (nunca sé que poner en estas situaciones U.U")


Caos en Baker street

Capítulo 1: Celos

Para Sherlock Holmes, ella siempre fue la mujer. Raramente he escuchado que la mencionara por ningún otro nombre. A sus ojos, eclipsa y supera todo lo que hace a su sexo. No es que sintiera por Irene Adler ninguna emoción que tuviera nada que ver con el amor, decía él. Todas esas emociones, y esa en particular repugnaban a su mente fría, precisa pero admirablemente equilibrada. Para él, solo había una mujer, y esa mujer era la que se llamaba Irene Adler, la única que fue capaz de estar a su altura.

Y aún que él niega haber tenido cualquier sentimiento hacia ella, no puedo quitar de mi mente el recuerdo de un Sherlock desolado por su ficticia muerte, de las noches en vela escuchando el sonido de su violín. Por mucho que lo intento, que me repito en mi mente que él no puede sentir nada, no puedo dejar de pensar en la conversación que mantuve con la Srta. Adler.

-Dile que estas viva.- le pedí, no soportaría ni un solo día viéndolo en ese estado.

-No puedo.

-Bien, se lo diré y aun así no te ayudaré.-me giré para irme.

-¿Qué puedo decir?

-¡¿Qué dices normalmente?¡Le has escrito un montón!- me giré furioso para contestarle, me ardía la sangre.

- Solo lo normal.

- No hay nada normal en este caso.

-"Buenos días. Me encanta tu gracioso sombrero". "Esta noche estoy triste, vamos a cenar". "Sales sexy en la tele, cenemos juntos". "No tengo hambre". "Vamos a cenar".- comenzó a recitar algunos de los mensajes que le había estado enviando a lo largo del día.

-¿Estuviste coqueteando con Sherlock Holmes?- le pregunté en un tono que ni yo sabía descifrar.

- Él nunca responde.

-No, Sherlock siempre responde a todo, es el "Señor Frase clave", sobreviviría a Dios intentando tener la última palabra.

-¿Eso me hace especial?

-No lo sé, quizás. –le respondí inseguro.

-¿Tienes celos?- me pregunto con esa sonrisa seductora de labios carmesí.

- No somos pareja.

- Sí, lo sois- afirmó ella.

¿Lo somos? Pienso mientras le observo, escribiendo en su portátil, desde la cocina.

-Lo dudo.-susurro sin darme cuenta, pero él, no deja pasar por alto ningún detalle.

-¿De qué dudas John?- me pregunta sin dejar de mirar la pantalla de su ordenador. Perdón, de mí ordenador.

-Nada- le respondo sin pensar, se perfectamente que sabe que estoy mintiendo.

-Mientes.- afirma, y ahora sí que me mira directamente desde su sitio, estudiándome – Ya hace unos meses que estas pensativo. Por las ojeras de bajo de tus ojos podría decir que no has dormido mucho últimamente sin contar que más de una mañana te he encontrado durmiendo en el sofá o encima el escritorio. Y hace ya unos cuentos minutos que fuiste a traerme un té, pero podría asegurar que este ya está frio.

-¿Algún día podrás dejar de estudiarme?- le digo con fastidio mientras comienzo otra vez hacer el té.

-Ya hace unas cuantas semanas que no tenemos ningún caso, me estoy aburriendo.

-¡Sí que tenemos casos!-le grito desde la cocina- Lo que pasa es que a ti te parecen todos aburridos.

En este momento aparece la Sra. Hudson por la puerta. Como siempre, pasa más tiempo en nuestro piso que en el suyo.

Detrás de ella hay alguien más, es Mycroft.

A Sherlock no le pasa desapercibida la visita de su querido hermano. Me pregunto de donde vendrá esa rivalidad aún que por los trozos de conversación que mantienen podría decir que es algún tipo de resentimiento infantil, no me extrañaría, se comportan como dos críos.

-A qué se debe tu inesperada visita, Mycroft?- le dice el detective a su hermano con un tono nada agradable.

-¡Sherlock, trata bien a tu hermano!-le regaña la casera. A veces pienso que ve a los hermanos Holmes como sus hijos.

-Solo vine a visitarte, antes te ponías muy feliz cuando venía.

-Antes.

-Bueno…- interrumpo- ¿te quedaras mucho tiempo?

-Ya se va- me interrumpe Sherlock.

-¿Quieres un té?-ignoro a mi compañero de piso.

-Sí, gracias- me dice mientras se quita el abrigo y se acomoda en el sofá al lado de Sherlock.

La Sra. Hudson se ofrece ayudarme, siempre lo hace todo y que se pasa el día quejándose de que no es la sirvienta, pero creo que en el fondo le gusta ayudarnos.

Es raro que Mycroft nos visite, dudo mucho que haya venido solo a visitar. Siempre que viene trae problemas detrás de él. Me preocupa que tenga algo que ver con Sherlock.

El té ya está hecho. Lo ponemos en una bandeja y lo llevamos al comedor donde esos dos aún están en la misma posición que los dejamos. No parecen demasiado cómodos con la compañía del otro.

Sherlock está tenso, lo noto, en este largo tiempo he aprendido a descifrar lo que piensa, o al menos a descifrar una pequeña parte de lo que piensa.

Es increíble como de dependiente me he hecho de este hombre, al punto de dar mi vida por la suya. Si el no estuviera, si por alguna razón tuviera que irme de Baker Street y volver a mi vida anterior, moriría.

-John, estas temblando- me comenta la Sra. Hudson preocupada delante la mirada preocupada de los dos hombres en la sala.

Me miro las manos, estoy aún sujetando la tetera con el té. Tengo las manos bañadas en sudor y, efectivamente me tiemblan sin control. ¿Nerviosismo?, ¿excitación?, ¿miedo? No lo sé, no sé qué me pasa pero no me dejan de temblar.

Levanto la mirada y veo sus caras de preocupación. Él me mira, me analiza con la mirada, desvía la vista hasta el termómetro que hay encima de la mesa. Lo siento Sherlock, tus deducciones están erradas, no es el frio lo que hace que mi cuerpo no deje de temblar, dudo mucho que puedas deducirlo, ni yo mismo puedo.

Dejo la tetera encima de la mesa. El sonido de la tapa temblando cesa al terminar el movimiento producido por mis manos.

-No hace frío, estamos a 24 grados. No tienes motivos para estar nervioso, puedo deducir que la tetera no está lo suficiente llena como para preocuparte de que se caiga algo, no es la visita de Mycroft, más de una vez ha venido y esto no ha pasado. Yo iría al médico, John, últimamente no pareces muy sano. Te necesito al 100%.-me dice él con su monótono tono de voz.

Mycroft me está mirando, Sherlock es muy bueno deduciendo pero Mycroft que parece sobresalir por encima de su hermano en lo que se refiere a deducción, la diferencia es que mientras Sherlock se dedica al trabajo de campo, Mycroft no se mueve de su sitio y prefiere admitir sus errores antes de esforzarse en tener la razón, o así me lo describió el detective una vez.

Se ha dado cuenta, Mycroft sea dado cuenta de lo que realmente me pone nervioso. No es él lo que me inquieta, sino Sherlock. Me lo advirtió indirectamente, como todo el mundo, pero yo estaba muy ciego y muy sordo. Sherlock es como un imán, tiene un campo de atracción y, cuando caes en él, no se puede escapar.

Quiero a Sherlock. Le debo 12 pavos a Harry.

-Aaaahhhh…- un jadeo se deja escuchar en la sala.

Todos nos sobresaltamos.

-¿Sherlock aún no cámbiate ese ruido tan descortés?-dijo la casera un poco escandalizada.

Ese sonido solo podía ser de una persona, pero eso era imposible.

-Sherlock- le nombré.

Mycroft y yo nos miramos alertados, no era posible, ella estaba muerta, pero Sherlock no parecía alertado. Se perfectamente que no creyó la mentira que le conté sobre su desaparición, y más aún al confirmarme el contenido del último mensaje que recibió.

"Adiós, sr Holmes"

Tan simple y a la vez tan simbólico. Parecía lógico que ya supiera su trágico final, o su huida de ese final.

Él se levanta de su sitio y con paso lento se aproxima al mueble del lado de la ventana y coge su móvil de encima. Lee el mensaje sin cambiar las facciones de su cara.

-Sherlock, ella está muerta.- le digo yo.

-Estáis hablando de Irene Adler, ¿verdad?- nos cuestiona Mycroft.

-Te equivocas John.- me contesta él.

-No, Sherlock, él tiene razón, hace unos meses ella fue capturada por una célula terrorista y fue decapitada, fui minucioso en comprobar que realmente fuera ella.

-Pues no lo fuiste demasiado, querido hermano.- sentenció el detective- yo estaba allí.

Estaba viva, todo este tempo fuimos engañados por segunda vez por esa mujer, la mujer, la únicaque Sherlock no despreciaba como el resto de los mortales.

-¿Qué decía el mensaje?- pregunté. Celos.

-"Buenos días, sr Holmes. Se acabó el papel del váter, tendrás que comprar de nuevo."- me dice él.

Todos dirigimos la mirada hacia la puerta del baño que se entreabre lentamente y muestra la figura escondida de la señorita Adler, tan magnifica como siempre. No puedo dejar de sentirme enfadado, celoso, engañado…

-Parece que hace rato que sabes que estaba aquí- dice una voz femenina desde el baño.

-Creo que haré más té…- comenta la casera sin saber muy bien que está pasando y aprovechando para salir de la situación donde sabe de sobras que sobra.

-Muy amable pero no hace falta- le dice ella.

-Bueno… mejor voy arriba- dice para no molestar y se va escaleras arriba.

-Muy inteligente señorita Adler- comenta Mycroft aún sentado luego de dar un sorbo a su té.

-Gracias

-¿Por qué has vuelto?- le pregunto con malas maneras.

-¿Celoso?-me repite la dichosa pregunta.

-Puede

-Has avanzado- me dice con ironía.

-Me lo tomare como un cumplido, gracias.

Él nos mira intrigado sin sacar ninguna conclusión sobre nuestra conversación. Su hermano sonríe, como odio esa sonrisa.

-¿He venido a buscar mi móvil, lo tienes tú verdad?- dice ella dirigiéndose al objeto de mi deseo.-Además, tengo algunos asuntos que atender con viejos conocidos.-añade mirando fijamente a Sherlock.

Él estira el brazo y saca de dentro del cajón superior del mueble donde descansaba su móvil anteriormente, el teléfono que tantos dolores de cabeza nos dio un tiempo atrás.

-Para su información ha sido vaciado, no hay nada dentro.- le dice Mycroft.

-No te creía tan estúpido como para no hacerlo - le contesta ella- Para mí tiene un valor sentimental, no me interesa lo que pueda contener.

-Tómalo y vete- le dio yo.

-Últimamente tu mal estado de salud te está volviendo bastante arisco, John.- me dice divertido Mycroft. Seguro que está disfrutando de mi sufrimiento el muy maldito.

-Fuera de mi casa- les digo autoritario, lo que me faltaba, que él, precisamente él me diga que no estoy siendo amable, como si él fuera miss simpatía.

Ella recupera su móvil no sin antes darle una de sus sensuales caricias mientras se aleja hacia la puerta junto al hermano de Sherlock que observa la situación divertido.

-Por favor deja de coquetear con Sherlock y haz el favor de salir de nuestra casa, teneos un caso que resolver.

-John, no tene…

Le doy una significativa mirada para que se calle, que por suerte entiende como un "como no te calles ya te puedes ir a comprar tu l leche".

-Oh por dios parecéis una pareja – comenta divertido Mycroft. Seguro que se está riendo interiormente en estos momentos.

-Sí, y John es la mujer gruñona- le sigue ella divertida.

-No somos pareja- repito yo como un disco rayado.

-Claro que lo sois- contestan ellos antes de cerrarles la puerta delante de las narices.

Sé que me está mirando fijamente, no me atrevo a girarme.

-¿Lo somos?- pregunto en un susurro por segunda vez en el día.

-Seguramente...

CONTINUARA...


Aquí termina el primer capítulo de "Caos en Baker Street que ya tengo escrito hasta el capítulo 4 y que aún no se hacia donde dirigir mi historia así que si repentinamente la categoría cambia... xD