Disclaimer: Bleach desde ya que no me pertenece, no estaría haciendo un fanfic; todo de Noriaki Kubo.


Lo sé… mi originalidad para poner títulos los apabulla *suspira* A estas alturas —los que me leen seguido— deberían resignarse conmigo. Soy mala para poner títulos XD Pero pese a mi escasa originalidad, verán que no lo es tanto si leen los números en japonés y le buscan la quinta pata al gato.

Puse semejante cartel en el sumario porque soy de las que detestan los sumarios spoileantes (?)


3°, 5°, 9°


Prompt: Vino.

Palabras: 694.

Sub-género: Bl.

Resumen: Disfrutar un poco más visualmente de esa belleza masculina no era un pecado.

Nota: Dadicado al Rukongai, porque varias de las locas de ahí mencionaban sobre que sería épico verlo a Shûhei en versión fanboy con Kensei.


Noveno escuadrón.


Genial, lo que necesitaba para comenzar la mañana: que su propio stalker, fanboy acosador y personal, lo despertase muy temprano para hacerle una entrevista. Otra de las tantas que ya le había hecho desde que había puesto un pie en el Seireitei.

¿Es que a la gente en verdad le interesaba saber todo sobre él? Arqueó una ceja. Por supuesto que no. Las ventas del suplemento habían caído considerablemente desde que él había vuelto a ocupar su cargo.

Shûhei ignoró como siempre el suspiro de hartazgo de su superior, pero lo que no pudo ignorar fue el roce, pues la mano áspera de su dios personal le había acariciado sutilmente la mejilla. Y no era común que durante el desayuno y las entrevistas Kensei se pusiera… cariñoso.

—¿Por qué lo hiciste? —Casi pareció reprocharlo.

—Eh —el teniente parpadeó sin entender la pregunta; pero de golpe se dio cuenta a qué se debía tanto acercamiento. Se tocó la mejilla en el lugar donde tenía tatuado el número que para él era mágico—Es… es de buena suerte —dijo, al no saber qué excusa darle que no fuera una muy vergonzosa.

Que lo admiraba era algo que el mismo Kensei sabía, no había ningún misterio tras ello.

—¿Y sabes lo que significa? —Lo probó.

—Sí, por supuesto… —respondió jactancioso—su nombre. Y el escuadrón.

—O sea —murmuró, elevando con picardía una ceja ante su análisis—, vas por ahí con el nombre de un tipo tatuado en la cara.

—Bueno, pero no es cualquier tipo… —sonrió nervioso.

Era cierto, podía tildarse de extraño, pero no le preocupaba lo que pudieran llegar a opinar los demás al respecto. Por eso se lo había hecho en un lugar tan visible como lo era su mejilla; para que nunca quedara tapado. Porque él llevaba ese número y ese símbolo con orgullo.

De repente Kensei se descubría pensando en obscenidades. Demasiado tiempo rodeado de tanta testosterona en ebullición. Y Mashiro no andaba cerca para aquietar las aguas.

—Dime, ¿tienes otros tatuajes? —preguntó con aparente desidia.

—Pues —la expresión siempre seria del teniente varió a una nítidamente apocada—, está en una zona de difícil acceso.

Kensei sonrió de costado mordiendo una uva. ¿Qué tan de difícil acceso sería esa zona? Después de todo tenía la certeza de que el chico no podría rechazar ningún pedido expreso de él.

—Tengo una idea. En vez de hacer la entrevista —propuso con calma—, vienes a mi cuarto y me muestras ese tatuaje.

—¿A su… cuarto?

—Claro, para tener privacidad —alzó un hombro, displicente—; si es que está en una zona complicada imagino que no querrás que cualquiera te vea mostrándomelo.

—Entiendo —asintió un poco ido. Entre sus manos tenía los papeles con las preguntas que pensaba hacerle a su superior, pero de repente todo eso parecía secundario; porque los deseos de su capitán para él eran órdenes.

Al final se lo mostró. No pudo rehusarse, ¿cómo hacerlo? Se bajó los pantalones con decoro y de esa forma Kensei pudo apreciar en la pelvis el kanji de "este" —el signo cardinal— perfectamente caligrafiado. Frunció el ceño, molesto con el detalle y la indeliberada revelación.

—¿Sabes? —Habló con lentitud, relamiéndose interiormente ante la soberbia semi desnudes de su vasallo—Dicen que es de mala suerte tener tatuajes pares, que deben ser siempre impares —lo dijo por decir, en un modesto intento para evitar que su teniente se vistiese tan rápido. Disfrutar un poco más visualmente de esa belleza masculina no era un pecado.

Shûhei no pudo decir nada, veía el rostro de su capitán muy pegado a su entrepierna, estudiándolo como si realmente quisiera ver cada trazo del tatuaje, lograba ponerlo nervioso. Aun más sentir la calidad respiración. Maldición, Shuuhei rogó para que su propio cuerpo no reaccionase frente a tan ínfimo estímulo; pero lamentablemente no lo logró y eso sucedió.

Sin embargo Kensei no se mostró ofendido por el pormenor. Al contrario.

Por eso y algunos meses después, Shûhei acabó tatuándose otro sesenta y nueve en una zona que también era de difícil acceso. Menos para su capitán; de hecho era el único que tenía libre acceso a esa zona de su cuerpo.


Aclaración: El kanji del signo cardinal "este" es el mismo kanji que tiene en su nombre Tôsen Kaname. (Había olvidado aclarar eso XD)