Prologo

1

¡Vamos chicos! ¡Vámonos a mi casa!—exclamó Rachel sin siquiera ser consciente de que estuviesen escuchándola.

No creo que sea buena idea, Rachel— fue Finn el único que atendió a su llamada— ¿Por qué no nos vamos a mi casa? Mi madre no está, y tengo algo especial para ti— añadió vislumbrando una media sonrisa que la descompuso.

No, no… Es la última vez que vamos a estar todos juntos y no quiero que la fiesta termine ya... Nos vamos a mi casa, continuaremos con la fiesta allí – replicó apartándose de él, y buscando la atención del resto. Atención que logró tras varios intentos.

Era el día, la gran noche después de la graduación y no estaba dispuesta a que fuese Sue Sylvester, como siempre, quien diese por finalizada la última noche que pasarían todos juntos mientras golpeaba con fuerza una enorme campana instalada en uno de los accesos del gimnasio, donde se estaba celebrando el baile.

La sala de los Oscars, como llamaba Rachel a la habitación del sótano de su casa, dónde cada año junto a sus padres veía la ceremonia de aquellos famosos galardones, y otros eventos que solían celebrar, era el lugar elegido para alargar la fiesta. No era una discoteca, ni un club, de hecho, ni siquiera tenía ventanas que permitiese que el aire entrase refrescando el ambiente. Era una simple sala equipada con varios sofás, un par de mesas y un mueble donde reposaba el equipo de música, pero era más que suficiente para ellos, sobre todo si contaban con el permiso para poder hacer uso del mini bar que los Berry tenían en el lugar.

Con música, alcohol y las ganas de continuar, no necesitaron mucho más para seguir disfrutando de una de las noches más especiales de su vida. Y así fue hasta que las horas empezaron a pesar en ellos, sobre todo en alguien a quien Rachel no pudo evitar buscar en varias ocasiones.

El gesto y la palidez en el rostro de Quinn no pasaron desapercibidos para la morena. Ni el maquillaje ni el impresionante vestido malva que llevaba, lograron evitar que el malestar se viese reflejado en ella.

Hey ¿No bailas? –Rachel no dudó en dejar a un lado el extraño baile que mantenía con Puck mientras Finn los observaba resignado, y se acercó a ella dispuesta a averiguar lo que la mantenía sentada en el sofá.

No me apetece mucho, estoy cansada…

¿Qué te ocurre?

Nada, ya te lo he dicho… Estoy cansada—replicó con desgana.

Rachel mantuvo la compostura—Vamos Quinn, es nuestra fiesta de graduación y estás ahí sentada, completamente ausente y fulminando con la mirada a quien se acerca— insistió— Deberías estar bailando con nosotros. ¿Has visto a Puck? Está haciendo su famoso baile y…

Te he dicho que no me apetece, que estoy cansada—la interrumpió con el semblante serio, y dejando escapar un poderoso suspiro repleto de resignación—¿Puedes dejarme tranquila?

Oh… Ok, tranquila… Solo me interesaba por ti. Pensé que después de éstos últimos meses al menos podía hablarte sin que me lanzaras un Slushie a la cara—masculló Rachel segundos antes de girarse, e intentar alejarse de ella. Algo que no logró llevar a cabo.

Rachel… Espera— musitó Quinn deteniendo su marcha, e invitándola que permaneciese allí con ella—Lo siento… ¿Ok? No te quiero tratar mal, pero estoy un poco… Agobiada.

¿Es por Joe?

¿Qué?

¿Te ha pasado con él?— Insistió rápidamente, y Quinn bajó la mirada desganada—¿Es él, verdad? ¿Ya no estáis juntos?

Joe y yo no somos nada, ya deberías saberlo… Solo, solo amigos.

¿Entonces? ¿No estás así por él?

No—respondió contundente, y Rachel aguardó impaciencia a que continuase con la explicación. Quinn volvió a dejar escapar un sonoro suspiro, y se acomodó el pelo tratando de recuperar un poco la compostura— Solo estoy un poco cansada y mareada, creo que me he pasado con el alcohol.

¿Segura?

Sí, Rachel… Solo es eso. Tengo… Tengo ganas de vomitar.

Oh… ¿Y por qué no lo has dicho antes?

¿Para qué? Voy a sentirme mal igual…

No, porque yo te voy a dar la solución perfecta para que se te pase un poco el malestar.

¿Cómo?—masculló Quinn sabiendo de antemano que ya le sería imposible escapar del asedio de la morena, y su ya famosa intensidad.

Ven conmigo— replicó ofreciéndole la mano e invitándola a que se levantase del sofá. Quinn dudó por algunos segundos, y tras ver como no parecía darse por vencida hizo lo que le pidió.

¿Dónde vamos?—cuestionó tras ver como la guiaba hacia las escaleras tras pasar desapercibidas frente al resto.

A respirar un poco— musitó sonriente— Es imposible que te sientas bien aquí con el ambiente tan cargado—añadió permitiendo que fuese justo detrás de ella. Quinn no dudó en deshacerse de su mano y seguirla guardando la distancia, sin saber muy bien lo que pretendía hasta que se percató de como dejaban de lado el salón principal del hogar y seguían ascendiendo hasta la planta superior.

Ok… ¿Me dices que vamos a respirar y me traes a tu habitación?— Preguntó tras ver como Rachel se detenía frente a la misma y la invitaba a pasar.

No creo que sea hora para estar en la calle, Quinn. Aquí estarás más tranquila y podrás respirar un poco—le dijo tras colarse en el interior, y dirigir sus pasos hacia la ventana—Vamos entra, y relájate… No quiero que te vayas aún, y me temo que como sigas así vas a querer marcharte cuanto antes.

Si lo que pretendes es que me duerma un rato para poder seguir con la fiesta, no creo que sea…

No quiero que te duermas. Solo quiero que te alejes un poco de la música y el ruido y te relajes. Nada más. Aquí estarás a salvo de ellos… Nadie te molestará.

Ok… —Respondió resignada, pero con la certeza de saber que tal vez era la mejor idea para acabar con el malestar que sentía— Creo que me va a explotar la cabeza, y dudo que se me pase tan pronto—añadió adentrándose en la habitación para tomar asiento a los pies de la cama.—Pero al menos lo voy a intentar.

Así me gusta— musitó Rachel sonriente— Siéntete como si estuvieses en tu habitación—le dijo mientras abría su armario y se disponía a buscar algo en su interior. Quinn ni siquiera se percató del hecho. Se dejó caer sobre la cama y cubrió su rostro con las manos tratando de evitar que la luz siguiese aumentando el dolor de su cabeza.—La verdad es que ahí abajo hace demasiada calor, y el ruido no ayuda mucho…

No, no ayuda demasiado, y si encima no has dejado de beber, mucho menos. No entiendo como tus padres permiten que hagas fiestas ahí.

Es la noche de la graduación, es un día especial.

Sí, ya… Pero aun así. Mis padres jamás me habrían permitido hacer una fiesta en casa, por muy importante que fuese el evento. Y mucho menos dejarme a solas, como hacen los tuyos.

Bueno, supongo que en ese sentido, tengo mucha suerte—replicó la morena sonriente.

Pues la verdad es que sí… Aunque ¿No se supone que hoy dormías en casa de Finn?

Sí, pero antes quiero estar con los chicos... Y contigo— respondió provocando la suficiente sorpresa en Quinn, como para apartar las manos de su rostro y mirarla por primera vez desde que comenzaron la conversación –Es nuestra última noche como adolescentes y tenemos que aprovecharla al máximo. A partir de mañana ya se supone que debemos ser responsables…

¿Qué… Qué haces?—Quinn ignoró por completo el pequeño sermón de Rachel y no pudo evitar cuestionarla con apenas un hilo de voz. Rachel se giró cuestionándola con la mirada, mostrándose prácticamente desnuda frente a ella.

¿Yo?

Sí, tú… ¿Qué haces desnuda?

Pues… Me estaba cambiando de ropa—respondió extrañada por la reacción de la rubia, que rápidamente se reincorporó en la cama y desvió la mirada hacia la ventana que aparecía a su derecha.

¿Por…? ¿Por qué?

Porque quiero estar más cómoda.

Oh…

¿Ocurre algo, Quinn?—preguntó aún confusa por el comportamiento de la chica— ¿No me puedo cambiar de ropa?

Eh… Sí, claro… Pero no sé. Te, te sienta muy bien el vestido que tenías puesto y… Además, deberías habérmelo dicho y te dejaba a solas para que pudieses cambiarte sin…

¿A solas? Solo me estoy cambiando de ropa, Quinn—replicó viendo como ésta abandonaba la cama y se dirigía hacia la ventana— No creo que sea para tanto. No me da vergüenza cambiarme frente a ti.

No lo decía por eso, es solo que… Bueno, nada. Olvídalo.—Balbuceó esquivándole la mirada. Rachel no supo reaccionar hasta que pudo vislumbrar un leve rubor en sus mejillas.

—¿Has dicho que me sienta muy bien el vestido que tenía puesto?—Cuestionó divertida, pero Quinn simplemente se limitó mirarla de soslayo y mostrar una mueca de sorpresa—¿Es una ilusión mía, o Quinn Fabray está reconociendo que soy realmente hermosa?— bromeó al tiempo que dejaba caer el vestido sobre la cama.

No, no estoy diciendo nada de eso…— Balbuceó sin poder evitar desviar de nuevo la mirada hacia la ventana— Solo te estoy diciendo que el vestido es muy bonito y te queda bien.

Oh… Ok. Me he hecho falsas ilusiones de que por primera vez una chica me diga que no soy un mono… O un tucán, o qué se yo.

No digas tonterías—La interrumpió rápidamente.— No tiene nada que ver con eso, Rachel.

¿No tiene nada que ver con qué? La gente suele reírse de mí y mi aspecto, y no creo que sea algo nuevo para ti. Sabes perfectamente que…

Son tonterías que no deberían afectarte.

¿Ah no? Que te llamen travesti no deja mucho que desear, con todo mi respeto hacia los travestis, que no tienen la culpa de que

Eres hermosa y lo sabes— soltó rápidamente, y Rachel guardó silencio sorprendida No me mires así, no eres estúpida… Eres inteligente y sabes que quienes insultan de esa forma, es porque te tienen envidia.

Vaya… Gracias—susurró sonriéndole. Sonrisa que volvió a dibujar sus mejillas con un rojo intenso mientras trataba de mantener la mirada fija en el exterior, y no sobre ella y su cuerpo.—¿Te estás sonrojando?

¿Qué? No, ¿Por qué me iba a sonrojar?

Me acabas de decir algo hermoso por primera vez en años y parece que te da vergüenza, o...

Ok… Rachel, deja de jugar conmigo. Si lo que buscas es que siga diciéndote cosas así, tal vez deberías bajar y que sea Finn quien lo haga. No tengo ganas de jugar y mucho menos a algo tan estúpido como eso— respondió recuperando la seriedad que solía acompañarla, pero Rachel no pudo evitar volver a sonreír, y no dudó en acercarse a ella con disimulo.

Solo estaba bromeando—musitó sentándose a su lado en el pequeño quicio de la ventana—Quería que olvidases un rato lo que sea que te está haciendo mal, y no me digas que es el alcohol porque sé que hay algo más. Pero veo que no va a salir de ti si no te pregunto. ¿Estás bien con Joe?

¿Otra vez Joe?—la miró molesta— ¿Por qué insistes en saber cómo estoy con él? Ni siquiera estamos juntos—respondió evitando en todo momento mirarla más allá de los ojos.— Somos amigos

¿Amigos?— repitió tratando de mostrarse divertida— ¿Sólo amigos?

Pues sí.

No es eso lo que parecíais hace un par de días.

¿Y qué parecíamos?

Que erais amigos con derecho a roce.

Ok, Rachel ¿Por qué no terminas de vestirte y nos vamos a la sala?— masculló molesta por el interrogatorio, y por la incomodidad que le regalaba el tenerla a su lado prácticamente desnuda.

Vamos Quinn, todos sabemos que han pasado cosas entre vosotros, cosas que no se hacen entre amigos— insistió siendo consciente de como Quinn trataba de esquivarla continuamente con la mirada.

Joe y yo somos amigos—replicó resignada— Deja de pensar que hay algo más. Es un buen chico, pero ya está… No hemos discutido, ni me ha roto el corazón ni nada de eso… Mi cabeza está en Yale.

Pero… Os habéis acostado, ¿Verdad?—cuestionó provocando de nuevo que Quinn la mirase sorprendida.

¿Desde cuando eres tan impertinente?— preguntó fulminándola con la mirada—¿Por qué te interesa tanto saber si me acuesto o no con Joe?

Porque quiero creer que eres mi amiga, y me interesa conocer la vida de mis amigas… Aunque por tus palabras, ya me has respondido.— Respondió al tiempo que se levantaba del improvisado asiento y volvía al armario. Quinn la siguió con la mirada completamente confusa.

¿Te he respondido?

Sí. Está claro que sois amigos con derecho…

Pues no, no está claro porque yo no te he dicho que sí. Aunque… Si así fuera, ¿Qué pasa? No creo que sea algo nuevo, ni que esté mal… ¿O sí?

No, claro que no… Pero me resulta curioso. Es como Santana y Brittany.

No creo que Britt y San sean las únicas que hacen eso— masculló dejándose vencer por la insistencia de la morena.

Ya, ya lo sé… Pero es lo que más cerca tenemos. Ellas ahora son pareja después de ser amigas con derecho a roce.

¿Y?

¿Eso significa que tú lo vas a terminar siendo de Joe? —Preguntó volviendo a sonreír.

Deja de decir tonterías. Ya te he dicho que no estoy interesada en enamorarme, solo pienso en marcharme de ésta ciudad y empezar mi vida en New Haven. No me interesa nada más que…

¿Quinn?— interrumpió girándose de nuevo hacia ella, provocando el silencio en la rubia que seguía tratando de mantener la mirada fija en su rostro, y no en el resto del cuerpo— ¿Tú eres capaz de acostarte con alguien sin estar enamorada de esa persona?

—¿Qué?

—Pues eso, ¿Que si eres capaz de hacerlo con alguien por quien no sientes nada?

Espera… ¿Me estás preguntando todo eso para saber lo que pienso de eso?

Tengo curiosidad.

¿Y por qué no me lo preguntas directamente? Estoy un poco borracha y no paras de marear la perdiz. Si lo que querías de mí era un consejo o una opinión, puedo dártelo directamente sin que me vuelvas loca… Quiero decir, sin que me marees con tus preguntas.

Bueno, no sabía si te iba a sentar bien que te preguntase algo así.

Ok…

¿Y bien?—Insistió curiosa. Quinn tomó una bocanada de aire completamente resignada, y trató de mostrarse serena.

Si te digo que nunca he estado enamorada ¿Respondo a tus dudas?—soltó logrando que el gesto de Rachel se tornase serio.—No te preocupes, es algo que ya tengo bien asimilado.

¿Y no te resulta extraño eso?—preguntó alentando la confusión de la rubia—Quiero decir, has estado todo estos años con chicos, saliendo y entrando, discutiendo y divirtiéndote y me dices que nunca te has enamorado de ninguno de ellos... Es raro, ¿no crees?

Bueno, quizás es que no estoy preparada para el amor— respondió con seriedad— .O quizás mi media naranja no esté en Lima.

O tal vez es que buscas una media naranja y no te has detenido a pensar que tu fruta sea otra.

¿Qué?— preguntó confusa y Rachel dudó temerosa— ¿A qué te refieres?

Quinn… ¿Nunca te has fijado en las chicas?—musitó y el silencio invadió la habitación. Un silencio que Quinn logró disipar tras varios segundos de confusión.

¿Chicas?¿Qué dices? ¿Por qué me iba a tener que fijar en las chicas?

¿Por qué te asustas?

¿Asustarme? ¿De qué hablas?

Has puesto cara de susto ¿Eres homófoba?

¿De qué estás hablando, Rachel?—esgrimió molesta— Te recuerdo que mis dos mejores amigas son lesbianas.

¿Y tú?— volvió a insistir.

¿Yo?—Repitió levantándose de la ventana— ¿De qué estás hablando, Rachel? ¿Me estás jodiendo o estás borracha?

Hey, tranquila, solo estaba preguntado— replicó tratando de sonar serena— Solo quería saber si alguna vez te lo has planteado.

No, y no me lo voy a plantear. Me gustan los chicos desde siempre— respondió un tanto aturdida.

Ok, si tú lo dices me lo creo.

Es que te lo tienes que creer porque es la verdad. Me gustan los chicos—Insistió merodeando cerca de la ventana, tratando de controlar unos nervios que aparecieron sin más en su cuerpo.

Ok, ya lo entendí—murmuró Rachel sin perderla de vista— No es necesario que te pongas así, no pasa nada.

Claro que no pasa nada, pero es absurdo que me preguntes eso— respondió buscando algo de aire a través de la ventana.— Es estúpido.

Ok. No más preguntas de ese tipo—añadió Rachel, que regresó al armario para colocar el vestido. Ese gesto y el silencio que le precedía, instó a Quinn a mirarla de soslayo y a cuestionarla sin siquiera pensarlo.

¿Tú te lo has planteado alguna vez?— preguntó tímidamente mientras la observaba aún en ropa interior.

¿Yo? Claro, todo el mundo se plantea eso alguna vez— respondió sin siquiera mirarla, provocando la sorpresa en Quinn.— ¿Tan raro te resulta?— añadió al notar su mutismo.

Eh... Bueno, de ti si me resulta extraño.

¿Por qué?— volvió a mirarla.

Porque te has dedicado a tratar de conquistar a todos mis ex novios, de hecho, yo pensaba que estabas obsesionada con los chicos.

No— interrumpió rápidamente— No estoy obsesionada con los chicos, y tampoco he querido conquistar a todos tus novios. Las circunstancias han hecho que se crucen en mi camino… Siempre me he dejado llevar por los sentimientos. Sin embargo, no he podido actuar de igual manera con las chicas.

¿Te ha gustado alguna chica?— preguntó interrumpiéndola. Rachel no dudo en sonreír ante la curiosidad y mantuvo la intriga por algunos segundos.— ¿No me respondes?

Te he dicho que me lo he planteado alguna vez, es lógico que alguien haya tenido la culpa, ¿No crees?

¡Oh dios!— Soltó olvidándose por completo del malestar que la acusaba— ¿Por qué no me enteré de esto cuando me dedicaba a pintar cosas en los baños sobre ti?

Mejor que no lo hicieras— replicó sonriente.— Es probable que me hubieses matado.

¿Por?, vamos Rachel, habría sido más divertido para mí, habría inventado otros insultos más originales— Bromeó recuperando la sonrisa.

No estés tan segura—musitó sin perder la diversión y sin dejar de mirarla un solo segundo— Probablemente me habrías insultado más, o incluso te habrías alejado de mí.

Vuelvo a repetirlo, una cosa es que te hubiera hecho la vida aún más imposible y otra cosa es que huya de ti porque seas lesbiana. No soy tan idiota…

—Ok… Si tú lo dices… —Susurró provocando un silencio a continuación que llamó la atención de Quinn.

¿De verdad crees que te habría tratado mal por saber que te gustan las chicas?—cuestionó borrando la sonrisa de su rostro.—No me gusta que tengas esa percepción de mí.

Soy consciente de lo que puedo llegar a provocar en algunas personas, y estoy segura de que habrías huido…

No soy tan mala, de hecho… Pensándolo bien creo que me habrías dado algo de pena.

¿Pena?— preguntó Rachel colocándose frente a ella.

Rachel, te recuerdo que no eras muy bien recibida entre las chicas, solo Tina y Mercedes han estado cerca de ti—respondió tomando asiento en el quicio de la ventana— Por cierto… ¿Es alguna de ellas? ¿Te ha gustado Tina o Mercedes?— pregunto curiosa.

Tienes razón en lo de que nunca he tenido demasiadas amigas, por eso pienso que huirías de mí. Y no, nunca he sentido nada por Tina o Mercedes.

Entonces… ¿Quién ha hecho que te replantees tu sexualidad?

No es justamente que me haya replanteado si soy o no lesbiana. Me gustan los chicos—matizó acercándose a ella—Solo fue curiosidad… Saber qué se sentiría al estar con una chica como ella. No sé… ¿Nunca has tenido dudas así?

Pues no—masculló un tanto incomoda por la cercanía que mostraba Rachel frente a ella.

Pues es una pena… Yo no tendría inconveniente alguno en saciar tu curiosidad.—Soltó y Quinn palideció de repente.—¿Por qué me miras así? Estoy segura de que no soy la primera chica que estaría dispuesta a…

Espera… Espera—balbuceó completamente sorprendida—¿Estás insinuándote?

Puede… ¿Te interesa?

Pues no—respondió rápidamente— Lo siento, pero no tienes nada que hacer conmigo.

¿Estás segura?— preguntó apartando un pequeño mechón del moño que caía sobre los hombros de Quinn.—Me da la sensación de que te pones nerviosa, y si te pones nerviosa es porque…

Rachel, deja de hacer el payaso y vístete.—Esgrimió esquivando un nuevo intento por acariciar sus hombros— Nos estarán buscando.

Estás nerviosa…—Musitó divertida.

¿Nerviosa? No, no lo estoy, así que deja de decir tonterías y vamos, vístete.

Quinn, te estás poniendo nerviosa—insistió acercándose más a ella, tanto que tras la jugada de apartar el pelo, no dudó en rozar sutilmente con sus dedos sobre el cuello.

¿Qué haces?— balbuceó tratando de apartarla, pero Rachel utilizó aquel gesto para llevar la mano de la rubia hacia su propio cuello, obligándola a que la acariciara tímidamente. Quinn enmudeció por completo y la confusión se apoderó de su mirada.

Cierra los ojos— susurró haciéndola reaccionar.

¿Qué dices? ¿Estás loca, Rachel?— replicó apartando rápidamente la mano.

Si no tienes miedo y estás tan segura, no deberías preocuparte.

Ok, esto ya no es divertido… No te ofendas, Rachel, pero no me gustan las chicas y mucho menos tú— espetó esquivándola.

Pues no lo parece, ni siquiera te atreves a rozarme.

¿Y para qué iba a querer rozarte? ¿Estás borracha?— replicó completamente sorprendida.

Acabas de demostrarme que mientes cuando dices que no repudias a una chica si muestra un interés más íntimo, y que no le tienes miedo a algo así, solo falta que demuestre que eres homófoba.

No te equivoques—Respondió enfadada, completamente sorprendida por lo que estaba sucediendo— Que no me gustes no significa que tenga que ser homófoba, o que me den miedo las chicas… No entiendo qué pretendes.

Tranquila… Tranquila, no me voy a lanzar sobre ti, Quinn— masculló tomando asiento en la ventana—Solo quería hacerte ver que realmente huirías.

Ok, basta… No tengo más ganas de discutir de algo tan absurdo. Creo que es mejor que me marche con los demás.

Si te sientes mejor—murmuró logrando que Quinn llevase a cabo su propia decisión de abandonar la habitación. Y lo hizo sin siquiera volver a mirarla. Pero no porque no quisiera, sino porque algo la hizo flaquear y no quería que Rachel se percatara de ello.

No supo que fue, pero fue lo suficientemente extraño como para obligarla a mantenerse en el pasillo durante varios minutos después de abandonar la habitación, completamente petrificada, tratando de comprender qué había sucedido hasta llegar a aquel momento en el que la mismísima Rachel Berry dudaba de su sexualidad, y mucho menos por qué habían llegado a aquel tema de conversación. De lo único que fue consciente fue de cómo no era capaz de marcharse y regresar a la fiesta, con el resto de chicos. De hecho, ni siquiera pudo soltar el picaporte de la puerta.

"¿Qué diablos me sucede?" pensó sin quiera dejar que la voz saliese de sus labios. Cuando quiso darse cuenta, su mano ejercía presión sobre el picaporte, y abría de nuevo la puerta de la habitación ante la sorpresa de Rachel, que al verla regresar al interior no dudó en cuestionarla con la mirada.

No dijo nada. Quinn se detuvo a escasos metros de ella y la miró completamente desconcertada.

¿Ocurre algo? ¿Te sientes mal?—preguntó tras notar el mutismo y la palidez de nuevo haciendo acto de presencia en su rostro—¿Quinn?

¿Por qué me has preguntado eso?—balbuceó sin siquiera pensarlo.

Oh… No, Quinn, ya está no te preocupes, solo ha sido una broma… No, no le des importancia, ¿Ok?— respondió tratando de evitar alargar el supuesto malestar que parecía estar sufriendo por la conversación, pero a Quinn aquella respuesta no le sirvió de nada. De hecho, ni siquiera las escuchó.

Destruyó el escaso espacio que había y avanzó hacia ella logrando que retrocediese un par de pasos por culpa del temor que le provocó la mirada de la rubia. —Quinn… Lo siento, no quería ofenderte…—Susurró cuando la tuvo a escasos centímetros de ella, sintiendo como su gesto se volvía amenazante—Solo… No quería ofenderte, Quinn. Yo, yo solo estaba bromeando y…—No pudo terminar.

El temor que sentía por la más que probable reprimenda que creía que iba a recibir, se convirtió en total y absoluta confusión cuando notó como Quinn se aferraba a su rostro y se adueñaba de sus labios para robarle uno de esos besos en los que olvidas dónde, con quien y por qué estás allí. Tan sorprendente que ni siquiera pudo reaccionar y se dejó llevar sin más, esperando que fuese ella quien saliese de aquel trance en el que parecía estar sumergida.

Lo que no esperaba nunca es que fuese a durar lo que duró.

El calor de sus manos en sus mejillas, la intensidad de sus labios abriéndose paso entre los suyos, y su sabor. Rachel perdió por completo el norte y se perdió por completo mientras Quinn negaba su interés de la forma más contradictoria posible.

Tal vez fue uno, o quizás dos, y puede que tres minutos. No supieron ni del tiempo ni del espacio que las rodeaba. Simplemente se besaron como si fuera algo que hubieran hecho a diario, algo a lo que estaban completamente acostumbradas, como si lo hubiesen estado deseando desde que se conocieron. Se besaron, y si no llega a ser por la necesidad imperiosa de respirar, podrían haber estado besándose durante cuatro, quizás cinco o incluso seis minutos más.

Quinn— susurró Rachel casi sin separar sus labios de los de ella, y fue entonces cuando sus ojos conectaron. Cuando la consciencia regresó y el tiempo recuperó su rutina.

¡Oh dios!—balbuceó apartándose de ella como si una descarga eléctrica la hubiese obligado—Oh… Dios mío.

Eh… Ok, Quinn… ¿Qué ha sido eso?

Maldita sea Rachel ¿Que me has hecho?

¿Yo?... ¿Qué dices? me has besado tú—replicó mientras Quinn comenzaba a retroceder hasta la puerta, con el rubor inundando sus mejillas y acabando con la palidez que había estado maquillándola desde que llegaron allí—Ok… Relájate, ¿Vale? todo está bien. No, no tienes que preocuparte, solo ha sido…

—No, no ha sido nada—la interrumpió torpemente— Estamos borrachas... Eso es lo que sucede, estamos borrachas y por eso me he confundido y… Estamos borrachas—repitió y Rachel asintió tratando de calmarla.

Exacto Quinn, solo estamos borrachas. Todo está bien—respondió, aunque sus palabras sonaron con tan poca convicción, que ni aunque se hubiesen bebido todo el mini bar de sus padres podría creerse.

Borrachas…—susurró la rubia segundos antes de abandonar la habitación, dejando tras ella un sonoro portazo que a punto estuvo de lanzar al suelo el mosaico de fotos que colgaba de una de las paredes de la habitación. Y por supuesto, sacando del trance a Rachel, que no pudo más que dejarse caer sobre la cama, llevando sus dedos hacia los labios y tratando de asimilar lo que acababa de suceder. Lo que acababa de vivir.

Borracha—balbuceó casi de manera imperceptible—¿Borracha?