No soy propietaria de Arnold.

Oxo

Ya era de noche, cuando Arnold entró a la cocina. Ahí estaba su hijo adolescente, sentado en la mesa cerca del refrigerador. Se veía muy pensativo y triste.

-¿Phillipe? Hola.

-Hola, papá.

-¿Te sientes bien? –Arnold preguntó preocupado.

Phillipe hizo una mueca.

-Mmm… ¿problemas de mujeres?

Phillipe negó con la cabeza. Pero Arnold insistió.

-¿Sabes que si necesitas cualquier cosa, puedes decirme?

-¿Sabes qué papá? No creo que entiendas. No todos conocemos a nuestra alma gemela en preescolar.

Arnold sonrió a la respuesta de su hijo.

-Así que sí son problemas de mujeres.

-Supongo –dijo Phillipe.

-¿Y? –interrogó Arnold

-¿Y? -Phillipe respondió de regreso.

-Phillipe, dado que tú madre no está en casa, creo que sería un gran momento para que me cuentes.

-No hay nada que contar. A Dannae le gusta otro chico. Yo no soy suficiente para ella.

Arnold arrugó el entrecejo. No le gustaba que Phillipe sufriera, pero en parte entendía.

-A lo mejor, ella no es suficientemente buena para ti. Y dime, ¿qué pasó con Johanssen?

-¿Theresa? Papá, no la veo desde hace tiempo…

-Ah, es una lástima. Yo creo que aún guardo una invitación de matrimonio.-dijo Arnold sonriendo ante el recuerdo.

-¡Papá! Eso fue cuando tenía 6 años.

-¿Y qué cambió? –preguntó Arnold, acercándose al refrigerador y abriéndolo.

-¿colegio internado de superdotados? No la he visto en años, ¿y eso que tiene que ver con esto? –preguntó Phillipe, mirando a su padre con ojos sospechosos.

-Nada… por ahora. ¿Cerveza sin alcohol?-preguntó Arnold, mientras tomaba una.

-No. Gracias- respondió Phillipe, suspirando con frustración.

Arnold se sentó frente a su hijo y abrió la cerveza.

-¿Quieres contarme la historia completa? –preguntó Arnold.

-¿Qué importancia tiene? No cambiará nada –dijo Phillipe.

-Bien. Entonces, tal vez quieras escuchar una historia.

-¿Una historia con moraleja?

-No. Esas se las dejo a tu tío Gerald. Creo que es hora de que conozcas la historia de tu madre y mía. O al menos, parte de ella.

-¿Vas a restregarme los años de matrimonio para que vuelva a creer en el amor?

-¿Prefieres contarme tu trágica historia?

Phillipe cambió su postura y puso cara divertida.

-No, estoy feliz de escucharte.

Arnold sonrió a su hijo.

-Me alegro. Y mucho. Porque veo que casi no la conoces, y si soy el primero en contártela, tengo más posibilidades de defenderme.

Phillipe enarcó una ceja y miró con curiosidad.

-Es parte de la historia –aclaró Arnold, elevando los ojos al cielo. Y luego de un suspiro, miró a su hijo, y comenzó.

-Bueno, tú sabes, conocí a tu madre en preescolar.

-Déjame adivinar, desde el momento en que la viste, supiste que era la niña de tu vida- dijo con cierta amargura Phillipe. Arnold reaccionó con una gran carcajada.

-Jajaja. ¡Oh, no! Ojalá hubiese sabido… habría sido todo mucho más simple. – Arnold miró a su hijo con cariño- pero ella sí recuerda que le alabe su moño rosa… -Arnold de pronto se quedó congelado.

-¿Papá?- preguntó Phillipe, preocupado por la cara de temor de su padre.

-Phillipe, prométeme que nunca le dirás a tu madre.-dijo Arnold repentinamente serio.

-¿Decirle qué?

-Que no recuerdo haber alabado su moño rosa.

-¡¿Qué?- preguntó Phillipe extrañado.

-¡Promételo!- urgió Arnold.

-¡Está bien, está bien! ¡Lo prometo!- Phillipe hizo el gesto de promesa de boy scout. Arnold sonrió, aún intranquilo. –pero aún no entiendo ¿qué problema hay…?

-¡¿Qué problema hay?- Arnold interrumpió a su hijo. Phillipe no recordaba haber escuchado a su padre tan nervioso.- ¡Dios! Si no fuera por eso, el mundo colapsaría, tal vez tú no existirías…

-Pero existo.- apuntó Phillipe, pensando en tranquilizar a su padre.

-Sí, gracias a Dios- Arnold sonrío a Phillipe- Pero me podría costar el matrimonio.

-Papá, estás exagerando.- respondió Phillipe, en tono tranquilizador - Peor que mamá.

-Oh, no. No creo que entiendas. Verás, cuando tu madre era niña, sus padres no le prestaban mucha atención. El primer día de preescolar, ella recuerda haber caminado sola bajo la lluvia, porque sus padres…, bien, digamos que no recordaron que ella tenía su primer día de clases, así que ella fue sola.

Phillipe escuchaba a su padre. No creía mucho que su madre a los 3 años de edad hubiese podido caminar sola por la calle, sin que nadie reparara en ella y diera aviso a la policía, o se preguntara por su familia.

-Ella recuerda que cuando estaba frente al preescolar, yo la cubrí con mi paraguas, y le dije que me gustaba su moño rosa porque combinaba con su ropa.

-Pero papá, yo creo que ella entendería que no recordaras eso. Mi recuerdo más antiguo es a los 5 años...

-Bueno, pero para tu madre fue muy importante. Ese momento comenzó todo.

-¿y tú que recuerdas?- preguntó Phillipe, tomando a su padre por sorpresa.

-Sólo recuerdo imágenes. Recuerdo que era muy tierna. Y he soñado recordando el compartir mis galletas con ella, o conversar…- Arnold añadió con una sonrisa.

-¿Ves, papá? Mi punto. Se conocieron, y se amaron por siempre.- insistió Phillipe, aún tratando de tranquilizar a su padre. ¡Vamos! Por no recordar algo a los 3 años, no iban a pelear o separarse, ¿verdad?

-Oh, no. Luego de eso, todo cambió.

-¿Ves?

-No, cambió para peor. Un chico la molestó, y Helga se defendió. Y para asegurarse que nadie volviese a molestarla, se puso muy agresiva con todos.

-¿Excepto contigo?- preguntó Phillipe

-Conmigo era peor.- sentenció Arnold.

-¡Pero si tú no le hiciste nada!- Arnold suspiró al oír la exclamación de su hijo.

-Supongo que ese fue mi error por muchos años. – Phillipe miró confundido a su padre. Arnold explicó -Helga no deseaba que nadie la molestara. Y cuando se es niño, bueno, que te agrade alguien significa muchas veces ser objeto de burla de los demás. Además, del temor al rechazo.

-¿Me estás diciendo que mamá se enamoró de ti a los tres años?

-Sí. Y para ocultar lo que sentía, era muy agresiva conmigo.

-¿te pegaba?

-No, nunca lo hizo- Arnold sonrió a su hijo –Pero sí me decía apodos y siempre estaba molestándome.

-Vaya…nunca lo hubiera imaginado. Por eso eran los sermones cuando trataba mal a Theresa….- murmuró Phillipe, y luego preguntó a su padre- ¿y tú?

Arnold había sonreído al escuchar las murmuraciones de su hijo. Aún recordaba la cara de pánico que tenía Helga cuando supo que Phillipe había tratado mal a su amiguita. Ella no quería que su hijo pasara lo mismo que ella, ni tampoco hiciera sufrir a una niña inocente, más aún la hija de Phoebe.

-¿Yo? Bueno, sabía que Helga era una buena persona. En verdad, me agradaba mucho, pero era tan agresiva que era mejor mantener distancia.

-¿Mantener distancia?

-Sí.-Arnold suspiró -¿Nunca te has preguntado por qué nuestros amigos actúan nerviosos frente a tu madre?

Phillipe negó con la cabeza.

-Bueno, tú madre era el terror de la escuela. No había nadie que pudiera hacerle frente. Ni siquiera el chico más fuerte. Me atrevería a decir que por años fue la chica más fuerte de la escuela, y con el peor carácter.

-Suena terrible, ¿y qué hacías tú? –preguntó Phillipe. Le costaba imaginar a su madre siendo el matón del colegio.

-Bueno, trataba de no meterme con ella y ser indiferente a sus bromas. Y cuando llegaba a un límite, le gritaba que ya estaba cansado de sus bromas pesadas.

-¿le gritabas? ¿y qué hacía ella? –Phillipe estaba sorprendido. Nunca había imaginado esto.

-Me gritaba de vuelta y peor. No había manera de ganarle a Helga. Lo máximo que se podía aspirar era a empatar con ella.

-Vaya, no suena cómo una historia de amor.

-¿Cierto?- preguntó Arnold con un ligero tono de esperanza en su voz. Phillipe miró a su padre extrañado.

-No…- Arnold sonrió feliz ante la respuesta de su hijo.

-Me alegro tanto ser el que te cuente primero esta historia, porque según tu bisabuelo era obvio que ella me quería y yo era el denso.

-¿El "abue" pensaba que mamá te quería porque te trataba mal?

-Sí, eso fue justamente lo que me dijo a los 9 años.

-Vaya; entonces, según la teoría del abue, todos los matones de mi colegio eran homosexuales y me deseaban fervientemente. –reflexionó Phillipe. Arnold rió ante esta ocurrencia.

-Sí, bueno, tu "abue" era muy especial.

-¿Y cuando cambiaron las cosas?

-Cuando tu madre me dijo que me amaba.

-¿Qué?, ¿cómo? ¿Y lo dijo así de la nada? –Phillipe parecía en shock.

-Sí, de la nada, en un tejado, a veinte minutos de que volaran el viejo vecindario.

-Espera… ¿Cuándo estaban salvando el barrio de Industrias Futuro?

-Sí. Ahí mismo.

-¿Cómo fue?

-No entraré en detalles. Pero ¿recuerdas cómo se pone tu madre cuando está estresada? –Phillipe asintió- Ahora, imagínala de nueve años. -Phillipe asintió y tragó saliva. Definitivamente, la imaginación la había heredado de Helga. –Sí, fue…caótico, como sospecho puedes imaginar. Y después se retractó.

-¡¿Qué?

-Sí, se retractó. Dijo que había sido el calor del momento. Oh, bueno. Yo le pregunté si había sido eso; ¡no podía creerlo! Y ella dijo que sí, que sólo había sido la tensión.

-¿Y nunca aclararon las cosas?

-Bueno, si no hubiésemos aclarado las cosas, no te estaría contando la historia –sonrió Arnold.

-Pero, ¿qué pasó entonces? ¿en serio nunca dio la más mínima señal?

-Bueno, algunas cosas extrañas que habían ocurrido en mi vida hasta ese momento, comenzaron a tener sentido. Y ahí comencé a observar las señales.

-¿Cuáles?

-Hmm… -Arnold hizo un esfuerzo para recordar- había un libro de poemas sobre mí…

-¿Mamá escribía poemas sobre ti?

-Sí. Bastante buenos. Pero cuando encontré ese libro no sabía que eran de ella. Y claro, ella tampoco me lo dijo.

-¿Y no comparaste la escritura? Yo habría hecho eso…

-Bueno, sí, lo hice- Arnold se frotaba nervioso el cuello- pero cuando llegué a Helga ya estaba cansado y la descarté de manera automática. Imagínate, tu matón escribiendo poemas de amor sobre ti. No tenía sentido.

-¿y tuvo sentido después?

-Claro. Eso, el loro que recitaba otro poema de amor- Arnold sonrió ante la cara de incredulidad de su hijo- el regalo extra de cada Navidad, el medallón…

-Ok. Muchas cosas raras. Entiendo.- dijo Phillipe mirando a su padre- Pero, ¿nunca preguntaste quién estaba detrás de eso?

-Bueno, supuse que Cecile- Arnold rió ante su ingenuidad en la infancia.

-¿Quién era Cecile?

-Tu madre disfrazada para poder pasar un San Valentín conmigo.

Phillipe se pegó en la frente con su mano.

-Papá, lamento decirlo, pero ahora estás quedando como ciego. ¿Fuiste a una cita con mamá y no la reconociste?

-¡Phillipe, escucha! Ella era mi matón, la chica que siempre me decía que me odiaba, que me tiraba bolitas de papel, me salpicaba de agua, me empujaba. ¿Cómo iba a pensar que escribía poesía y podía ser tan…?

-¿desesperadamente romántica? –sugirió Phillipe con su ceja enarcada.

-Sí, veo que ya lo pillaste –se rió Arnold ruborizado.- Pero además, tu madre es una maestra del disfraz.

-Ahá- dijo Phillipe incrédulo.- Bueno, ¿cómo ocurrió el milagro, entonces?

-Bueno, supongo que simplemente y por primera vez, me puse a pensar en Helga de otro modo.

-¿Si?

-Sí. Helga me agradaba, sabía que el ser matón era una coraza, pero no sabía para qué. Y empecé a unir piezas. Y a darme cuenta que era divertido pasar tiempo con ella, y molestarla.

-¿molestarla?- preguntó Phillipe. Arnold se rascó el cuello nervioso.

-Sí; no habíamos cambiado tanto. Helga seguía molestándome, pero yo deseaba conocerla más, y comencé a molestarla de regreso sólo para ver su reacción. Además, era bonita cuando se enojaba- Arnold sonrió ante el recuerdo.

-O sea, que se molestaban como forma de flirtear- Phillipe miró a su padre con una cara dividida entre la ironía divertida y la seria incredulidad -es un poco raro, ¿no?

-Bueno, mirado así, fríamente…

-¿Y qué edad tenían al menos?- preguntó Phillipe, interrumpiendo a su padre.

-Diez.

-¿Diez? ¿Ustedes coqueteaban a los diez años y yo no pude salir a una fiesta hasta los quince?

-¡Yo no fui a una fiesta hasta los dieciséis! Y no cambies el tema para tu beneficio. Además, en ese entonces ni siquiera habíamos ido a una cita.

-¿Y Cecile?- Preguntó Phillipe mordaz.

-No cuenta- gruñó Arnold.

-Está bien- Phillipe elevó sus ojos al cielo.- Bueno, ¿cuándo comenzaron a salir?

-Humm, bueno, aún no nos ponemos de acuerdo sobre eso- respondió Arnold pensativo.

-Papá, no me vas a decir que todavía no salen porque no te lo creería- dijo Phillipe, enarcando una ceja.

-¿Eh? Oh, no. Bueno, lo que pasa es que en esto de molestarnos, salimos algunas veces, pero como parte de las bromas.- respondió Arnold sonriendo. Phillipe lo miró confundido.

-¿Salieron para molestarse?

-Sí. Por ejemplo, para la celebración del Día de los Inocentes de Abril, ella me hizo bromas pesadas todo el día, así que yo le pedí un consejo a tu bisabuelo, y él me recomendó una broma que consistía en un regalo falso. Pero cuando Helga abrió el regalo, salió una luz que la dejó temporalmente ciega. Y se vengó no dejándome saber que era sólo temporal y obligándome a acompañarla al baile escolar...

-¡Espera, espera, espera! Tú ya estabas interesado en ella, pero no la invitaste. En lugar de eso, le hiciste una broma pesada y ella te invitó. Y de hecho, no te invitó sino que te obligó a acompañarla fingiendo estar ciega.- Phillipe miró a su padre con cara sorprendida.

-Sí.

-¿Qué estaba mal con ustedes?- Phillipe preguntó con cara extraña. Arnold se rió.

-Jajaja. Muchas cosas, supongo. Tu tío Gerald me hacía esa misma pregunta casi todo el tiempo.

-¿Y?

-No sé. Supongo que la edad. Sólo éramos niños- Arnold seguía sonriendo. Phillipe suspiró.

-¿Y cuándo comenzaron a salir en serio?

-Ah, bueno. Después que le confesé que la quería.

-Vaya, al fin. ¿Y cómo fue?

-Muy incómodo, con mucha ansiedad y adrenalina.

-¿Adrenalina?

-Sí. Es que estábamos en la selva, en un acantilado, a punto de ser atrapados por la Sombra.

-Parece que hay un factor que se repite- dijo Phillipe con cara de cansancio.

-¿Eh?

-¿A punto de ser derribado el vecindario? ¿a punto de ser atrapados por la Sombra? Por favor, dime que cuando me concibieron no estaban en ningún tipo de peligro mortal- dijo Phillipe. Arnold estaba muy ruborizado, pero aún así se rió.

-No responderé esa petición. Pero creo que tienes razón con tu observación, nunca lo había pensado- Arnold contestó, logrando que su voz saliera en un tono normal.

-¿Y entonces? No dijiste que era sólo el calor del momento, verdad?

-Bueno, de hecho, sí.- Arnold respondió, tratando de recordar.

-¡¿Estás bromeando?

-No. Cuando todo terminó, Helga me preguntó, más bien me dijo que había sido sólo el calor del momento y que entendía. Y yo pensé que me estaba rechazando, y dije que sí.

-Uf, qué mal suena eso- Phillipe miró a su padre pensativo.

-Sí. Fue doloroso. Pero me sirvió para darme cuenta que la quería mucho más de lo que pensaba. Y bueno, tu madre y yo somos muy testarudos.- Arnold sonrió y guiñó un ojo.

-¿tú y mamá testarudos? Noo, ¿en serio?- bromeó Phillipe- ¿y entonces?

-Bien, a la primera oportunidad que tuve para hablar con Helga, le dije que no era el calor del momento y que si me había equivocado en algo fue en decirle que la quería, porque en realidad la amaba.

-¡Ugh, qué cursi!– Phillipe fingió cara de asco.

-Sí, con tu madre a veces competimos en eso.- Arnold sonrió.

-Así que, déjame adivinar, mamá aceptó ser tu novia y están juntos desde entonces- Phillipe descansaba su cabeza con su mano izquierda.

-Ahm, casi.- Arnold sonrió.- Tu madre primero se burló y después aceptó ser mi novia. Y sólo salimos un año.

-¿Un año?

-Sí. Éramos la pareja más estable y popular de once años; éramos la única. Pero discutimos y rompimos.

-¿Mamá rompió contigo?

-No, fue mutuo acuerdo.

-Ahá- Phillipe dijo con incredulidad -O sea que sí, mamá rompió contigo.

-¡No! ¿por qué todos suponen que cuando uno dice que fue mutuo acuerdo, quiere decir que es la mujer la que terminó la relación?

-Porque es lo que uno dice para no quedar mal o dar lástima- respondió Phillipe con un tono que remarcaba lo obvio que le resultaba.

-Bueno, pero en este caso, sí fue de mutuo acuerdo.- Arnold señaló con ligera molestia.

-Ok, ok. Te voy a creer.- dijo Phillipe- ¿así que se separaron, no se vieron en años, hasta que de pronto el destino los volvió a unir?

-¿Sugieres que mi relación con tu madre es como una película de Hollywood?- Arnold preguntó con una ceja enarcada. –En todo caso, no. Rompimos y seguimos viéndonos todos los días en el colegio. Al principio era incómodo, pero logramos ignorarnos y nuestros compañeros dejaron de molestarnos.

-¿Y qué fue lo cursi qué ocurrió? ¿Un nuevo compañero?

-No, chico listo.- Arnold respondió con algo de cansancio.

-Pero fue cursi y estuvieron en peligro mortal.- Phillipe sonreía.

-Fue el día de San Valentín.- Arnold miró fijo la cerveza en su mano, mientras Phillipe reía abiertamente.

-¿Y el peligro mortal?

-No había ningún peligro mortal- Arnold seguía mirando su cerveza; su hijo lo miró extrañado. Arnold suspiró. –Cuando salimos a nuestro primer San Valentín oficial, nos prometimos que todos los días de San Valentín los pasaríamos juntos en un restaurante francés. A menos que no tuviésemos dinero para costear la cena.- Arnold sonrió- Y a mí me gusta cumplir mi palabra.

-Lo que quiere decir que aún querías a mamá, pero no tenías idea de qué hacer.

-Sí, Cierto. Así que me disfracé y le envié una invitación de un admirador secreto.

-¿Cecilio?- Arnold rió ante la ocurrencia de su hijo.

-No, Andrés.

-¿Y mamá no te reconoció?- preguntó Phillipe extrañado.

-Bueno, es una historia complicada y ya es tarde, pero para resumir, tu madre tuvo la misma idea y me había invitado como admiradora secreta una hora más temprano.

-¿Qué?- la pregunta brotó espontánea en Phillipe- Pero tú ahora sí la reconociste ¿verdad?

-Te dije que era una historia complicada, pero sí, la reconocí.- Arnold sonreía ante el recuerdo.- Así que tuvimos una doble cita y volvimos a salir, pero en secreto.

-¿En secreto? ¿por qué?- Phillipe miraba confundido.

-Porque no queríamos que nadie volviera a preguntar, molestar u opinar sobre nosotros. Y ahí duramos un poco más.

-¿Volvieron a terminar?- Phillipe tenía los ojos abiertos.

-Uff, con tu madre hemos terminado muchas veces. Tu tía Phoebe tenía la teoría que terminábamos por miedo a caer en la rutina. Recuerdo una vez que terminamos tres veces el mismo día.

-¿Y se reconciliaron tres veces ese mismo día?- Phillipe preguntó con cara sorprendida.

-No. Cuando nos reconciliamos por tercera vez ya era pasada medianoche, así que técnicamente no.

-Papá, perdóname qué insista, pero, ¿qué estaba mal con ustedes? ¿cómo se casaron?

-Supongo que nos aburrimos de romper. Al final, acordamos con Helga que en lugar de terminar, sólo reconociéramos que nos irritábamos fácilmente y que cuando eso ocurriera, nos fuésemos a pasear al parque en vez de mandarnos al infierno. Quedaba más cerca y era menos complicado.- Arnold no pudo evitar reírse en voz baja.

-Así que por eso tenemos gato- murmuró Phillipe; Arnold miró a su hijo con curiosidad- Una vez me desperté y tú no estabas. Y cuando le pregunté a mamá, me respondió que habías ido a buscar al gato al parque. Nunca entendí por qué podías haber hecho eso, si Nieve estaba en la cocina.

-Ah, sí. Recuerdo que Helga me comentó después- Arnold sonrió.

-Y por eso mamá tiene un horario extraño para salir a trotar, incluso con zapatos que no son para correr.- Arnold suspiró ante esa respuesta.

-Sí. Pero no le digas que lo sabes. Le remordería la culpa salir a trotar y no tienes idea lo útil que ha sido eso.

-¿Pero por qué pelean?

-Oh, ya casi no peleamos. A veces discutimos, pero siempre es bueno tener la válvula de escape a mano.

-¿Y por qué discuten?

-Bueno, no sé, pueden ser muchas cosas.- Arnold se rascó el cuello pensativo- Una vez incluso discutimos por quién tenía mayor razón de sentirse culpable por haber peleado.- Phillipe se pegó en la frente con su mano.

-En serio, ¿cómo se casaron?- Phillipe miró a su padre con seriedad.

-Bueno, para que veas cómo el amor puede ser más fuerte- Arnold sonrió a su hijo.

-Y complicado- añadió Phillipe- ¿cómo fue que se casaron?

-¿Sabes? Es tarde y la historia es larga. ¿Qué tal si la dejamos para otro día?

-¡Papá!- se quejó Phillipe- sólo son las doce.

-Bueno, para mí eso es tarde. Ten algo de compasión de tu viejo. Además, tu madre debe estar por llegar.- dijo Arnold levantándose y yendo a botar la lata de la cerveza al basurero. El ruido de un auto acercándose se dejó oír.

-Está bien, papá. Pero mañana.- Phillipe miró a su padre fijamente.

-Sí, mañana. Buenas noches Phillipe.- Arnold se acercó a su hijo y cariñosamente despeinó a su hijo.

-Buenas noches, papá. Y gracias.

-¿Eh? De nada.- dijo Arnold con cariño. Luego, añadió repentinamente serio- Y Phillipe.

-¿Hum?

-No le digas a tu madre…- Arnold comenzó a decir rápidamente y en voz baja. Phillipe lo interrumpió.

-No, papá. No te preocupes. Aunque realmente pienso que exageras.

-Gracias, hijo.- Arnold suspiró aliviado. Y sonriendo, salió de la pieza.

Phillipe miró a su padre irse, y luego suspiró y se levantó con una resolución tomada. Tal vez no era tan tarde y tenía la suficiente suerte para que su amiga a distancia, Theressa, estuviese conectada. Era la única persona con quien sentía la suficiente confianza para hablar de lo que fuera excepto cuál era su nombre real. Qué ironía que fuese de familia el fingir ser otra persona para acercarse a alguien. Pero una vez más, agradeció la frágil protección a su identidad que podía dar internet.