YOU FOUND ME

Freak on a leash

"Pero yo sé cómo es querer morir, como duele sonreír, como tratas de encajar pero no puedes y como te lastimas a ti mismo tratando de matar por fuera lo que está por dentro"

Winona Ryder (Girl, interrupted- Inocencia Interrumpida)

Mathew Williams de diecisiete años recién cumplidos gruñó bajo el cobijo de sus frazadas cuando el irritante e insoportable sonar de su alarma lo despertó de su sueño, sacó una mano de su montón de cobijas buscando el maldito aparato y cuando lo encontró lo arrojó lejos haciendo callar la alarma así que de nuevo se acurrucó en su cama sin siquiera haber abierto los ojos una sola vez sin embargo no pudo volver a dormir ya que podía escuchar el golpeteo de los tacones de su madre afuera en el pasillo pues a la mujer se le hacía tarde para ir a trabajar.

-Matty cariño, ya levántate o llegarás tarde al colegio- le anunció su madre llamando a su puerta, el aludido frunció el seño enterrándose aun más bajo las sábanas, no quería tener que despertar esa mañana… mejor dicho deseaba no poder despertar nunca…

El chico se preparó mentalmente para aguantar otro día de monótona, aburrida y solitaria rutina por lo tanto se quitó los cobertores de encima entreabriendo sus ojos, sintió el típico escalofrío recorrerle por todo el cuerpo cuando sus pies descalzos se apoyaron en el piso helado de su insípida habitación de paredes blancas. Recorrió con ojos ausentes el piso del cuarto encontrando su ropa: pantalones de mezclilla deslavados, una playera blanca y una sudadera roja que se puso sin importarle que llevara más de una semana seguida usándola, por ultimo sus lentes, se echó el cabello hacía atrás y se dirigió un rápido vistazo al espejo en donde solo encontró a un muchacho de cabello rubio medianamente largo y algo descuidado, cara paliducha por la completa falta de rayos de sol y un par de ojos azules opacos, faltos de ese brillo y vida que tenían los chicos de su edad; sin importarle que el reflejo le mostrara una versión patética de él mismo, se puso la capucha sobre la cabeza y salió de su habitación.

-ya me voy, llegaré tarde así que no me esperes- le anunció su mamá desde la planta baja escuchando solo el cerrar de la puerta.

-si madre… de todos modos no planeaba esperarte- dijo Matt a su soledad en su típica voz suave y baja que casi siempre era confundida por un susurro.

El rubio bajó las escaleras sintiendo como si el cuerpo le pesara toneladas, llegó a la cocina donde vio una pequeña montaña de hot cackes, tomó uno y le dio tres mordidas para después dejarlo de nuevo en el plato. Hacía un tiempo que la comida solo le sabía a tierra, si seguía alimentándose era por la mera costumbre de hacerlo pues había veces en las que podía no sentir hambre en todo el día… seguro podría ser la envidia de cualquier anoréxica. Sin muchos ánimos fue por su mochila, se la puso en el hombro y salió camino a la escuela… Matt odiaba la escuela, le asqueaba ese ambiente adolescente lleno de retrasados que se hacían llamar estudiantes que en verdad solo estaban ahí para perder el tiempo de sus vidas organizando fiestas y ligándose a mas de una tipa estúpida que medía su valor usando como estándar la cantidad de chicos que querían llevársela a la cama; y los que no eran así solo eran otro montón de personas que querían pasar con buenas calificaciones, entrar a una buena escuela para después tener una trabajo bien remunerado y tal vez solo la tercera parte de todos ellos terminarían cumpliendo sus sueños y haciendo lo que les gustaba aunque obviamente Matt no entraba dentro de ninguno de esos grupos, para él ir a la escuela todos los días era como despertar y comer: solo lo hacía porque era su rutina, un habito que poco a poco se volvía pesado y cansado.

Como todos los días, pasó de clase en clase sin ser notado excepto por sus profesores que solo atinaban a decirle: "Señor Williams, tiene que ponerle más empeño a la clase" Para que ponerle empeño si mientras pasara la materia estaba bien ¿no? Además nada de lo que aprendía ahí le serviría ¿Para qué querría saber el porqué de la segunda Guerra Mundial o la Guerra de los Cien Años?

A la hora del almuerzo de nuevo estaba solo, en una alejada esquina del jardín bajo la sombra de un árbol bebiendo el jugo de manzana que su madre se empeñaba en meter en su mochila antes de que esta se fuera, al parecer aun no entendía que Mathew ya tenía diecisiete años no siete pero aun así lo bebía para llenar su estomago y no tener que estar desmayándose por ahí, una vez le sucedió y no fue nada agradable escuchar los gritoneos de su progenitora reclamándole el hecho de que nunca se alimentaba como Dios manda.

El chico miraba a los otros jóvenes que corrían por el jardín algunos jugando soccer otros americano, sin llevar algún abrigo que los protegiera del gélido frío pues la actividad física les permitía darse ese lujo mientras que Matt tiritaba ligeramente tomando entre sus manos su cartón de jugo con sus labios pegados al popote siguiendo con sus ojos el balón de soccer, escuchaba a las chicas que los animaban con sus grititos agudos y aplausos efusivos, corriendo a abrazarlos cuando alguien metía un gol u otras les daban apasionados besos en los labios los cuales Matt miraba con atención pues había veces como aquellas en las que por una decima de segundo deseaba poder ser como ellos, tan solo por un fugaz instante daría lo que fuera por poder ser uno de esos retrasados adolescentes que perdían su tiempo… siendo felices…

Soltó un resoplido aun con el popote dentro de su boca justo en el instante en que el balón chocó contra su rostro tirando su jugo y pegándole directo en el labio que chocó contra sus dientes logrando un leve sangrado además de un fuerte ardor.

-¡disculpa!- se excusó uno de los jugadores corriendo por el balón mientras que Matt se quejaba llevándose la mano al labio sintiendo su cara punzar por el balonazo -¿Estás bien?- le siguió preguntando el muchacho al cual se le notaban unas tremendas ganas de carcajearse ahí mismo

-si… estoy bien- respondió Matt ocultando sus ojos bajo su flequillo notando que al chico se le escapaban pequeñas risitas

-perdóname por favor, es que no te vimos- se disculpó de nuevo el joven y aquello fue como otro golpe para Matt ¿Qué no lo vieron? ¡Que se fueran a la mierda! Seguro lo habían hecho a propósito, lo sabía por la forma en que a lo lejos todos los otros chicos reían señalándolo y las muchachas aunque ocultaban sus risas tras sus manos les daban ligeros golpecitos a los varones en el brazo diciéndoles cosas como "no seas malo" o "pobre chico"

-n… no te preocupes, no me pasó nada- mentira, le estaba sangrando el labio y seguro tenía una enorme marca roja en la cara por el golpe además de que obviamente se sentía humillado, mas cuando el chico se fue y chocó su mano con la de otro muchacho volteando a ver de reojo a Matt mientras reían de manera maldosa… pero no tenía por qué molestarle, así era su vida… cuando no lo estaban ignorando era la burla de algunos, aquello solo era parte de la rutina.

Terminando el receso se retomaron las clases, una vez más se volvió invisible, caminando entre los pasillos con la mirada clavada en el piso, sentía el chocar de sus hombros con el de otras personas que no se dignaban a mirarlo, solo seguían con su camino sin importarles el hecho de que había una triste existencia robándoles el oxigeno caminando por el mismo pasillo, que asistía a sus misma clases, que los miraba a veces desde la sombras que ellos mismos proyectaban… tampoco es como si a él le importara así que habiendo terminado otro tortuoso día de escuela Mathew caminó con parsimonia hasta la parada del autobús donde había más personas esperando el transporte público, de nuevo se puso la capucha sobre la cabeza ocultando su cara que en ese momento tenía un enrome moretón en la mejilla y el labio.

El autobús se detuvo, la puerta se abrió y las personas subieron una a una, cuando era el turno de Matt la puerta se cerró justo en sus narices y el autobús arrancó, el rubio se quedó con los ojos muy abiertos casi con un pie levantado para subir al autobús… pero se fue… ¡el jodido autobús se fue! El conductor era un imbécil que no lo había visto y se largó… pero si él estaba ahí, justo enfrente…

-aquí estoy- dijo en un susurro viendo como la gente volvía a juntarse en la parada –aquí estoy…- repitió en un voz un poco más alta queriendo que todos lo escucharan.

-¡ESTOY AQUÍ!- gritó por fin cerrando los ojos esperando sobresaltar a la gente a su alrededor, que lo miraran como a un loco vagabundo, que se alejaran de él con temor… pero nadie movió ni un maldito musculo… nadie lo escuchó y nadie ni siquiera lo vio.

Volteó a todos lados viendo como todos seguían en sus asuntos y una rara desesperación lo invadió, sintió como una extraña fuerza le oprimía la garganta y todo su cuerpo temblaba sin razón alguna, empezó a respirar con dificultad viendo la mismísima indiferencia tatuada en los rostros de aquellos que se mantenían mirando sus relojes de pulsera en sus muñecas o sacaban los celulares de sus bolsillos viendo la hora, esperando al siguiente autobús sin notar a la persona que estaba al borde de un precipicio emocional el cual echó a correr tan rápido como sus piernas se lo permitían.

Solo quería correr, correr hasta que la presión en su garganta desapareciera, quería gritar tan fuerte que se le desgarrara las cuerda vocales pero no podía pues cuando lo intentaba solo salían lagrimas y el frío y el temblor en su cuerpo no se iba, solo se intensificaba y entre mas intentaba soltar algún sonido más eran las lagrimas que salían mezcladas con gruñidos que pretendían ser sollozos. Matt seguía corriendo, quería que las piernas se le desprendieran, que su cuerpo se fuera volando junto con el viento… quería desaparecer…

Y ese último pensamiento se hizo más fuerte y real cuando se encontró a sí mismo en un puente peatonal, recargándose en el barandal del mismo respirando tan hondo que el aire gélido le quemaba la garganta y las fosas nasales; vio los automóviles ir y venir rápidamente en direcciones contrarias sin detenerse para nada, aun lloraba pues no podía controlar el llanto que lo hacía doblarse como si tuviera alguna especie de dolor físico, casi caía de rodillas sintiendo que el llanto sería eterno pues ya ni siquiera lo podía controlar pero se dio fuerzas a sí mismo para levantarse y pasar un pie por el barandal y después el otro quedando ahora parado sobre una estrecha barda de concreto, sus manos se agarraban fuerte del helado metal de la baranda. La adrenalina lo invadió al verse a centímetros de una muerte segura, las lágrimas aun escurrían pero eran secadas por el viento que soplaba fuerte sobre sus mejillas rojas, su pecho subía y bajaba acelerado y sus manos habían comenzado a sudar como si estuvieran empapadas, respiró profundo intentando no mirar abajo, solo al cielo gris del que alcanzaba a divisar uno que otro rayo de sol… de un momento a otro se preguntó si el paraíso o el infierno existirían, si era así estaba seguro que Dios lo perdonaría porque ya no podía soportar más aquello, ya no podía soportar esa tristeza eterna con la que se levantaba y se iba a dormir todos los días, no podía ser tan fuerte como para pretender todos los días que su creciente soledad no le importaba, sabía que tenía a su madre y que ella hacía todos los esfuerzos posibles para mantenerlo y darle una vida plena ¡Pero ya no podía! En serio que no, sus fuerzas poco a poco fueron mermando y sin darse cuenta su sola existencia se había convertido en parte de una rutina que le asqueaba… no tenía razones solidas para morir… pero tampoco tenía razones suficientes para seguir viviendo… solo quería que todo terminara y que esos sentimientos se fueran lejos, tan lejos como fuera posible.

Ahora solo tenía que soltarse y todo terminaría

-Excusez-moi vous parlez français? (Disculpa ¿Hablas francés?)- Justo antes de que sus manos soltaran el barandal una voz masculina preguntó. Asombrado de la poca falta de sentido común de aquella persona Matt volteó a verlo aun respirando de manera acelerada, casi con una expresión que claramente decía "¿Me estás hablando a mí, el tipo que está al borde del suicidio?"

-Oh, creo que no… perdón es que como aquí en Canadá hay quienes hablan francés di por hecho que eras uno de ellos, perdona mi rudeza- se disculpó hablando en ingles el hombre de largo cabello rubio y penetrantes ojos azules, con escasa barba y que lucía un elegante abrigo de lana

-¿Me habla a mí?- preguntó Mathew esperando que no fuera así porque estaba a punto de arrojarse al tráfico y no le gustaría ser interrumpido justo cuando había tomado valor para hacerlo.

-por supuesto que te hablo a ti, eres el único al que veo aquí- respondió el hombre recargando su espalda y codos en el barandal –oh por cierto ¿tienes un encendedor? No acostumbro a fumar nunca pero hoy de verdad necesito un cigarrillo, tuve una junta esta mañana que de verdad me dejó con los nervios de punta- se quejaba el hombre de marcado acento francés sacando un cigarro del interior de su abrigo

-¿Alguna vez has tenido que discutir acerca de turismo con un inglés? Espero nunca te pase porque esos tipos son intransigentes y poco elegantes, creen que un gran reloj a un lado de un río es algo digno de verse, por favor… ¡La torre Eiffel es algo digno de verse! No una isla nublada pero ese hooligan cree que su casa es patrimonio de la humanidad, ni siquiera sirven buena comida… Mon Dieu de solo pensarlo ya me dio asco…- se quejaba sin parar el ojiazul jugando con el cigarro entre sus dedos frunciendo el seño con cada comentario –y luego ese alemán que quiere venir a poner orden…- seguía diciendo.

-¡Cállese!- gritó Matt de pronto viendo como el hombre abría mucho sus ojos y lo volteaba a ver sorprendido –lo siento mucho pero sus problemas no me importan y si no se ha dado cuenta estoy a punto de suicidarme así que ¿quiere por favor cerrar su boca y dejarme en paz?- le exigió Matt notando que el rubio ponía una expresión aburrida en su rostro.

-está bien te dejaré en paz, puedes saltar si quieres- le dijo ahora llevándose el cigarro a la boca sin siquiera cambiar de posición.

Matt retomó su atención al tráfico, de pronto la distancia entre el puente y el concreto le pareció muchísimo más amplia que minutos antes, los autos iban demasiado mas rápido y la adrenalina se había convertido en miedo.

-¿Qué pasa? ¿No ibas a saltar?- le motivó el caballero metiendo sus manos a los bolsillos del abrigo

-¡si lo haré!- gritó Mathew recordando el porqué estaba haciendo eso… si, era porque estaba cansado, exhausto mejor dicho y si se dejaba caer todo terminaría en cuestión de segundos por lo tanto ignorando a la persona a su lado que se veía no tenía intención de detenerlo, el adolescente cerró sus ojos sintiendo una última vez la brisa golpearle el rostro recordando a su madre, pidiéndole perdón mentalmente porque sabía que ella lloraría, después de todo él era lo único que la pobre mujer tenía; a pesar de no ser muy creyente pidió perdón a Dios y también esperaba que pudiera entender el porqué haría eso.

El muchacho respiró hondo, ya se soltaría, apoyó bien sus pies en el estrecho espacio donde estaba parado pero no contaba con que hubiera una parte ligeramente congelada así que sin quererlo su pie resbaló haciéndolo caer.

Mathew dio el grito más fuerte que había dado en toda su vida cuando sintió que sus pies perdían el piso y su mano sacaba fuerza de quien sabe donde para poder sostenerse de la estrecha barda donde segundos antes estaba parado, un miedo inhumano se apodero de él cuando sus dedos en cuestión de segundos comenzaron a entumecerse amenazando con ceder ante su peso. No no no no eso no tenía que pasar así, tenía miedo, muchísimo miedo, él no debería morir así, por un patético resbalón, él no debería morir sintiendo ese terror devorándole hasta el estomago, la muerte debería ser indolora y sin emociones que lo perturbaran pero ahora en ese instante era todo lo contrario, sabía que le dolería y que si no moría al instante sufriría, no quería sentir eso ¡Por favor no quería sentir dolor… ya no más dolor!

Mientras Matt movía sus pies desesperado e intentaba no soltarse vio frente a él una mano que se extendía hacía él, una mano de dedos largos y piel blanca, que a pesar de querer parecer fina y elegante tenía ciertas marcas que dejaban ver trabajos forzados a lo largo de su existencia. Sin dudarlo dos veces Mathew se aferró a esa mano que lo subió y lo ayudó a retomar tierra firme, incluso lo cargaron para llegar al otro lado del barandal donde el chico se aferró al dueño de esa mano, se aferró tan fuerte que incluso hizo caer a la otra persona que olía a agua de rosas y tenía un abrigo de lana.

No quería soltarlo aun estaba tan aterrado que sentía que si lo soltaba caería de nuevo, incluso le costaba trabajo respirar.

-ya, estás bien mon petit- le susurró el hombre al odio acariciándole el cabello y la espalda al muchacho que no lo soltaba por nada del mundo, no quería soltarlo… no quería caer otra vez.

Tras media hora, lo cual fue el tiempo que Matt tardó en ganar valor para liberar al hombre este lo invitó a ir por algo de beber para que se tranquilizara aunque tuvieron que tomar un taxi pues el chico apenas si podía caminar por los nervios que aun estaban a flor de piel.

-bienvenido a mi casa de campo- dijo el rubio señalándole una nada modesta casa de dos pisos y un enorme jardín rebosante de rosales y lirios –pasa, estás en tu casa- le invitó el ojiazul.

Aunque Matt sabía que era una estupidez ir a la casa de un completo desconocido había aceptado ir, de todos modos había estado a punto de morir, que lo secuestraran y violaran tal vez ya no se le haría tan aterrador aunque para su buena suerte ninguna de las dos cosas sucedió.

El hombre lo invitó a pasar a su "casa de campo" la cual más bien parecía una mansión de estilo barroco con muebles tapizados en finos brocados, pinturas al oleo y elegantes tapices, hasta la cocina era elegante.

-toma asiento por favor- le pidió el hombre entrando a la cocina seguido de Matt que veía todo sintiéndose como si estuviera en un museo. El adulto buscó entre los estantes de la cocina una botella de vino y un par de copas, llenó una a la mitad y la otra hasta el tope la cual se la extendió a Mathew.

-esto te ayudará a relajarte- le ofreció a lo cual el chico pareció un poco apenado.

- lo siento aun soy menor de edad- se excusó alejando un poco la copa de él cuidando de no derramar el vino y su anfitrión soltó en carcajadas.

-¿No me digas que eso de ser menor de edad te detiene de beber?- preguntó dándole un sorbo a su propia copa viendo como el adolescente bajaba la mirada afligido dándose cuenta de que el muchacho hablaba en serio.

-no se burle- le pidió Matt con sus manos en el regazo jugando con sus dedos nervioso

-no me burlo ni tampoco quiero obligarte a cometer un delito, te lo ofrezco para que te calmes un poco… aun estás temblando- explicó el rubio señalando con la mirada los brazos del chico que aun se contraían.

Mathew intento confiar en el hombre así que tomó la copa entre sus manos y le dio un largo trago; el sabor a vino era un poco desconocido para él pero aun así le dio tragos muy largos sintiendo el ligero ardor en su garganta que para su sorpresa si logró calmarlo un poco, en cuestión de segundos se acabó el vino y dejó la copa en la mesa mientras que el hombre apenas si llevaba la mitad de su bebida.

-¿Y cómo te llamas?- le preguntó el dueño de la casa rompiendo el hielo.

-Mathew…- respondió el rubio paseando su dedo índice por el filo de la copa sin querer mirar a los ojos del hombre pues estaba casi seguro de que le daría un sermón acerca del valor de la vida o algo así.

-bonito nombre- murmuró el otro rubio quedando todo en silencio, tanto que se hizo insoportable

-¿Y? ¿No va a llamar a mi madre o a la policía o a un psiquiatra?- preguntó Matt molesto por lo incomodo del ambiente

-¿quieres que lo haga?- cuestionó el otro sirviéndose un poco mas de vino.

-¡no!- exclamó Matt –pero supuse que usted lo haría… después de todo me salvó…- murmuró

-yo no te salvé- le corrigió el francés con un rostro un poco más serio

-claro que si… usted me dio la mano y…-

-no te confundas petit, yo extendí mi mano, tú la tomaste después de todo yo nunca te dije que lo hicieras, tú te salvaste solo- le corrigió dejando a un ligeramente asombrado Mathew ¿qué tan ciertas eran esas palabras?

-usted es raro- solo eso alcanzó a decir pues no tenía respuesta para la pregunta anterior.

-¿Eh? No quiero escuchar eso de un loco suicida- dijo sin ninguna delicadeza el rubio logrando que Matt soltara una leve risita, al menos ese hombre no parecía tenerle lastima y eso de cierta manera se sentía bien.

-por cierto ¿cuál es su nombre?- preguntó Matt notando su completa falta de educación, el hombre retomó su sonrisa galante mientras meneaba la copa de vino viendo el liquido rojo moverse

-para ti soy Francis Bonefoy- contestó Francis llevándose la copa a los labios

-¿Por qué solo para mí?- preguntó Matt dándose cuenta de que el hombre no le iba a contestar, solo seguía sonriendo porque Francis Bonefoy solo era el otro nombre con el que pocos conocían a la Republica de Francia.