EPÍLOGO

Se pusieron de pie aplaudiendo mientras los jóvenes lanzaban al aire sus birretes color burdeos.

Carlisle y Esme se acercaron a ellos.

- Una ceremonia preciosa – comentó Esme emocionada

- En verdad lo fue – sonrió Bella y una lágrima solitaria descendió por su rostro

- Hey, estás sensible – rió Edward apretándola entre sus brazos

Heidi y Jen se acercaron a ellos enfundadas en sus togas burdeos con sus diplomas enrollados en la mano.

- Hey, princesas! – las saludó Emmett despeinándole el cabello a su hija y logrando que ella se alejara de su mano.

- Qué pasa? – preguntó Heidi mirando a sus padres

- Tu mami, que se emocionó – explicó Edward

- Por qué? – preguntó observándola incrédula con la arrogancia típica de los adolescentes

- Porque mi niñita se acaba de graduar

- Mamá... – le contestó rodando los ojos.

Chelsea llegó hasta ellos seguida por sus padres y sus abuelos paternos. Evadió fácilmente las felicitaciones de sus tíos y sus abuelos y se enfrascó en una conversación con sus dos amigas.

- A qué hora es la reserva en el Lodge? – preguntó Jasper

- A las siete – contestó Emmett y las jóvenes se voltearon hacia ellos

- A qué hora acabaremos de cenar? – preguntó Chelsea

- Qué pregunta es esa? – indagó su padre

- Hay una fiesta de graduación en casa de Gianna Wachsberger.

- Gianna Wachsberger – rió Edward – Odiabas a Gianna Wachsberger cuando estabas en el colegio.

Su sobrina lo miró pensando claramente que estaba delirando.

- Qué va! – dijo restándole importancia con un gesto de la mano

Cada familia en sus respectivos coches se dirigieron al restaurant, para celebrar la graduación de Heidi, Chelsea y Jen, que habían cursado juntas los últimos años de instituto.

- A las 2 en casa, Heidi – dijo Edward mientras sacaba dinero de la cartera para el taxi de su hija cuando ésta se inclinó para despedirse, al acabar la cena.

- Qué? – exclamó claramente contrariada

- Venga ya, tío Edward – apoyó Chelsea – Como mínimo a las 3.

- Me gusta que estemos de acuerdo, cariño – sonrió él besando a su hija – A las 2 en casa, y eso significa dentro de casa y no en el portal con Alec. Tú dentro, él fuera.

Alec era el novio de Heidi, y aunque era un chico encantador, Edward no perdía oportunidad de amedrentarlo con su faceta de padre celoso. El pobre chico tenía terror de Edward y nunca permitía que Heidi se saltara su hora límite.

- Oh, papá, es mi graduación. – se quejó la chica

- Es verdad – le respondió mirando a Bella – Crees que deberíamos pedirle que vuelva a la 1?

- Tal vez

- No, está bien, a las 2 – gruñó Heidi tirando del billete que Edward tenía entre los dedos – Pero ya soy adulta, podríais tenerme más confianza.

- Confiamos en ti, cariño, pero como a partir de septiembre no respetarás mis horarios, espero que los respetes ahora.

Heidi había obtenido una plaza para estudiar arte en Dartmouth, en New Hampshire, y se marcharía en septiembre. Aunque intentaba hacerse la fuerte, Bella estaba devastada por la partida de su pequeñita, no tan pequeña ya.

Anthony, estaba deseando que su agotadora hermana mayor se fuera de casa, mientras la pequeña Nessie, le rogaba que fuese a una universidad más cercana.

Las chicas se marcharon después de que Chelsea intentara sin éxito negociar su hora de regreso con Jasper.

- Anthony, a la cama – dijo Bella entrando en la habitación de su hijo esa noche

- Estoy viendo televisión – se quejó su hijo

- A la cama – repitió con autoridad – Ya es tarde

- Heidi puede volver a casa a las 2, pero yo tengo que irme a la cama a las 12 – gruñó

- Cuando cumplas 18 tendrás los mismos horarios que Heidi tiene ahora – le explicó mientras abría la cama y lo instaba a acostarse.

Después de arropar a su hijo y pasar por la habitación de la más pequeña de la casa para desearle buenas noches, se encontró con su marido en su propia habitación.

- Ven aquí – susurró Edward recostado sobre las almohadas

Se metió bajo las mantas y se acurrucó contra el torso desnudo de su marido.

- Cómo estás?

- Bien

- Te emocionaste hoy

- Es que crecen tan rápido – dijo quejosa – Todavía la veo cuando yo era todo su mundo y ahora apenas si tiene tiempo para mí, cuando Alec le deja un tiempo libre.

- Eso son tonterías – le retrucó él – Heidi te adora y tú lo sabes

- La echaré muchísimo de menos cuando se vaya a la universidad. No sé por qué no pudo elegir algo más cercano, no, tenía que irse al otro lado del país.

- Cielo, Dartmouth es una buena universidad...

- Lo sé, pero no podremos verla nunca

- Esa es la idea de todos los adolescentes al irse a la universidad, no ver nunca a sus padres – rió

Bella bufó separándose de él molesta.

- Parece que no te importara – dijo volteándose de espaldas a él

- Tontita – rió tirando de ella dejándola de espaldas a la cama para cernirse sobre ella – Cómo puedes decir eso? Amo a esa niña y siempre ha sido mi niñita. Desde el día que la conocí en el jardín de mis padres. Aún la recuerdo con sus ojazos azules y sus pequeñas manitas luchando con una botella de refresco.

Aquel día había marcado el que él consideraba el comienzo de su vida. Ese día había conocido a Bella y a su pequeña hijita. Se había enamorado de ambas y se había propuesto formar con ellas una familia. Y lo había logrado. Aunque había sentido miedo cuando James había vuelto para reclamar a su niña, habían logrado dejarle atrás.

Cuando Heidi cumplió quince, decidieron explicarle toda la historia de su padre biológico.

Edward volvió a temer perder a su niña, pero ella simplemente se volvió hacia él y le preguntó si alguna vez se había arrepentido de ser su padre.

Con lágrimas en los ojos, la abrazó jurándole que nada le hacía más feliz cada día, que comprobar que era la hija que siempre había deseado tener. La amaba tanto como a Anthony o Renesmee y nunca había creído que fuera diferente de ellos.

Heidi correspondió feliz a su abrazo y nunca, ni un solo día, recordó que Edward no era su padre biológico.

No habían vuelto a tener noticias de James, por supuesto, pero su padre, aún sin conocer a su nieta, le enviaba un regalo cada cumpleaños. Heidi decía no estar interesada en conocerle, pero a medida que se hacía mayor, cada vez sonaba menos reacia.

Bella le daba de plazo hasta su cumpleaños número 25. Estaba segura que entonces, si no antes, querría conocer a su abuelo. No imaginaba a su hija recibiendo su fideicomiso sin ver a su abuelo para agradecérselo.

- Intento hacerme el fuerte y duro, pero no quiero ni pensar en que se marche. Pero, aunque me duela sé que tenemos que dejarla marchar, de la misma forma que tuve que aceptar que apareciera Alec, aunque me gustaría darle un puñetazo a ese rubito guapo cada vez que le veo besarla.

- Estás celoso de Alec? Pensé que te gustaba.

- Me gusta – dijo con tranquilidad – Tanto que me gustaría que se quedara en Seattle cerca mío, en vez de irse a Dartmouth en septiembre con mi bebé.

Bella no pudo reprimir una carcajada.

- Pues mejor no te contaré que el pasado fin de semana, en el viaje que hicieron a La Push con todos sus amigos, compartieron habitación.

Edward se tensó sobre ella.

- Por qué tenías que contármelo? Preferiría no saberlo.

- Estoy segura de que lo sospechabas.

- No es lo mismo que tener la confirmación. – se dejó caer sobre ella hundiendo el rostro en el cuello de su esposa – Bueno, me consolaré pensando que Jasper lo tiene peor que yo.

Demetri, el novio de Chelsea, era un guitarrista en un grupo de rock duro, lleno de piercings y tatuajes, que llevaba el cabello pintado de azul.

- Sin duda, prefiero a Alec. Pero Jasper tiene dos niños, a ti aún te queda Nessie.

- Tiene cuatro, creo que tengo unos años antes de preocuparme por sus novios.

Bella sonrió comprensiva acariciando a su marido.

- No sabía que te convertirías en un viejo tan gruñón. Creí que serías más moderno.

- Lo soy – discutió y la miró sonriente – Pero no es fácil saber que tu hijita pueda ser sexualmente activa. – dijo entre dientes

- Supongo que va en los genes – ronroneó su mujer sugerente

Se separó de ella burlón antes de lanzarse sobre sus labios.

- Venga, matemos el tiempo hasta las dos de la madrugada, para que me pueda asegurar que Heidi llega a la hora establecida.

- Vale – aceptó Bella enredando las piernas en la estrecha cintura masculina – Pero sólo por eso.


Bueno, mis amores, aquí dejo el epílogo. Espero que lo disfrutéis.

Gracias a todos por leer y también por los reviews, alertas y favoritos!

Este fic ha tenido una buenísima aceptación y me han hecho muy feliz.

Espero que nos sigamos encontrando en otras historias.

Les cuento que tengo hoy empiezo a publicar "MI ULTIMO INTENTO". Aún no tengo mucho adelantado, por lo que, al menos por ahora, no publicaré tan a menudo como FDP, pero espero poder adelantar más. La publico ahora para que, si os gusta, ya os enganchéis.

También para quienes estéis leyendo "El duque y la cortesana", les prometo que no voy a abandonar la historia aunque la realidad es que ahora mismo la tengo muy descuidada, pero prometo que la continuaré tan pronto como pueda.

Besitos enormes! Y gracias por seguirme.

Espero que nos sigamos encontrando.