Hoshi no Gadian
Capítulo 18: "The Survivors"


Soy una colección de alter egos interminables en una lucha infinita.
Al final, sólo uno puede ser real y los otros invisibles.
Cada uno está destinado a ser realidad en su propio universo.

Mas tú podrías estar viviendo el sueño de alguno de ellos.

-.-

Me halaba. Como una fuerza sofocante, de esas cosas que no puedes eludir aunque poseas todas las fuerzas para hacerlo. Me atrapó antes de poder esquivarla, era claro que iba a morir. Quizá mi tiempo había llegado, después de desafiar al tiempo y todas esas cosas que no debía tocar, una noche de esas debía ser el punto final para aquellos que no pueden continuar viviendo porque el dictamen lo indica.

Cansada de tantas cosas en mi cabeza y en mi pecho, decidí dejarme llevar, a lo mejor era el destino, el hitsuzen que me esperaba sólo a mí.

Antes de ser tragada por la oscuridad una mano haló de la mía llevándome a un espacio iluminado, firme pero cálida, dulce, el tacto de alguien que, estando verdaderamente preocupado, no escatimaría esfuerzo para mantenerme con vida.

Aún no, Sakura —dijo su voz —todavía no.

Seguí respirando.

-.-

(Shaoran)

Lo primero que vi al salir fueron las estrellas, infinitas y lejos todas ellas, y no pude evitar sentirme muy idiota al hilar las primeras letras de pensamientos típicos sobre la pequeñez de una persona frente al tamaño del cosmos. Siendo así, la cuestión más evidente de todas, ¿valía la pena todo lo ocurrido por algo tan insignificante como yo?

Y tan irónico como sonara en labios de alguien que constantemente despreciaba a otros por sí mismo, para alabarse o para destruirse, era una verdad que no me atrevería a negar nunca. Éramos seres pequeños y patéticos pataleando en algo mucho más grande que nosotros, y quizá al final del día no cambiaría nada si alguien vivía o moría, como sucedía todo el tiempo. ¿Había cambiado algo para ella?

—Las estrellas —cuando volteé a ver a Sakura por su lamento encontré una sonrisa lastimera en el rostro que también contemplaba el firmamento—. ¿No te parece triste que algo tan hermoso tenga que sufrir tanto?

Supe bien que no se refería a las esferas de gas en el cielo y a pesar de no responder a su pregunta sí, me sumergí en la reflexión que dejó en el aire. Mi conclusión fue que la vida no es justa, para nadie en lo absoluto y justo por eso no sería la primera ni última vez en la que algo doloroso tendría que ocurrirnos.

Como si su cuestionamiento existencial fuera poca cosa, se soltó de mi mano y corrió a brazos de Daidōji, como quien necesita un salvavidas, sollozando cosas inteligibles a las que su amiga sólo supo responder asintiendo y frotando su espalda. Fui consciente de que habíamos regresado con los que nos esperaban, fui consciente del frío y del rocío del césped a mis pies, fui consciente del dolor de mi cuerpo y el malestar en mi cabeza, del desequilibrio de mi banal existencia.

En silencio contemplamos todos cómo pasó abrazando a cada uno de ellos para terminar frente a Meiling, indecisa, con los ojos llorosos y las manos temblorosas. Casi le gritó en la cara "¡Lo siento!" antes de sofocarla en un abrazo arrullado por lo sientos más pequeños y veloces. Ella la observó con extrañeza y esperó a que se calmara, eso tardaría un par de minutos que Sakura finalizaría con un comentario que nadie excepto yo logró entender.

—¡Me encanta cómo llevas tus coletas!

—Muy bien…No tengo idea de qué pasó allá —le dijo— pero te prometo que como sigas llorando voy a-…

Ignoro qué fue lo que me impulsó a hacerlo, pero una vez crucé la distancia que nos separaba en un par de zancadas, su amenaza se cortó con el abrazo en el que la encerré en cuanto la tuve cerca. Tuve que estrecharla con una fuerza ridícula, para creer que se encontraba ahí, que era la Meiling que yo conocía, mi amiga.

Olía exactamente de la misma forma, su figura era cálida y familiar, todo diferente a lo que ocurrió, todo igual a como la recordaba. Apreté los ojos, errático, intentando grabar todo eso en mi memoria, asegurándome de que habíamos logrado escapar y eso, así como Meiling entre mis brazos, no era sueño o mentira alguna.

Ella se quedó completamente inmóvil, sin abrazarme de vuelta, sin saber qué hacer en un episodio que jamás habría ocurrido en nuestra historia. Para ella debía ser tan irreal que eso naciera de mi parte como para mí que pudiera ocurrir del todo. Se movió incómoda, sólo una vez, y falló estrepitosamente al intentar pronunciar mi nombre antes de articularlo en voz alta.

—Xiao Lang... ¿qué haces? ¿Por qué…?

—Cierra la boca, Mei.

El impuso, tal como llegó, se fue y le di la espalda no sin antes lograr ver su rostro completamente rojo y los ojos del mismo color viéndome con incredulidad.

—Vámonos a casa —bramé antes de darle a cualquiera la oportunidad de burlarse por lo que acababa de pasar.

-.-

(Sakura)

Cuando dije que Shaoran y yo necesitábamos hablar un rato a solas, nadie, ni siquiera mi hermano, emitió palabra en contra, pero no estuve segura de que nos darían privacidad hasta que a medio camino subiendo la escalera, vimos a cada quien sumirse en su propia burbuja reflexiva, comprobando que tenían demasiadas cosas en las que pensar como para preocuparse de alguien excepto de sí mismos.

Y aunque mi excusa incluyó la palabra "hablar", hubo un silencio sepulcral al cerrar la puerta de mi habitación. En realidad, todo lo que hicimos fue sentarnos uno junto al otro en el borde inferior de mi cama, mi cabeza en su hombro y su mano sosteniendo la mía firmemente. Ninguno emitió sonido y a decir verdad no estaba segura de que alguno de nosotros buscaba discutir lo que había ocurrido, quizá necesitábamos mutismo en ese espacio seguro, intentando buscar un silencio interior que parecía escaso y difícil de encontrar.

Decir que podía entender todo de pies a cabeza sería una mentira colosal. Conocía los hechos, al menos casi todos, pero intentar darles un orden y sentido correctos me resultaba imposible. Yo misma había visto a otra como yo, distinta pero a la vez igual, una historia diferente pero un objetivo similar, entendía que era posible que cada quien tuviera una especie de alter ego en algún lugar diferente del vasto universo, pero ¿en qué punto pudo cualquier cosa salir tan mal? Y aún más importante: ¿qué podía hacer para evitarlo aquí y ahora?

Porque no dejaba de pensar que en un momento determinado me había equivocado y todo había sido culpa de una decisión que pude hacer.

Me había prometido que haría lo que estuviera en mis manos para velar por el bienestar de los que estaban a mi alrededor, lo último que deseaba era verles sufrir, especialmente por mi causa, y aunque había circunstancias que evidentemente escaparían de mi control, si podía existir un método de evitar aquello que había sido el génesis. La otra cosa que quería evitar a toda costa, era ver una vez más a Meiling convertirse en la mujer que halló medidas desesperadas para socavar su sufrimiento. No quería, menos que nada, volver a ver a Shaoran sometido por esa oscuridad inconsciente que me atemorizó y quiso extinguir la luz que significaba mi existencia.

Debía encontrar, con el tiempo y paciencia suficientes, la forma de mantener esa cerradura intacta, sin dar oportunidad a que la mala fortuna tuviera lugar. No habría devorador de estrellas, ni dolor, ni oscuridad. Sin duda, eventualmente encontraría la forma de lograrlo.

No supe en qué momento había cerrado los ojos casi quedándome dormida. Supuse que mi energía había dado largas en falsa alarma y no tardaría en colapsar, impulsada por la cabeza de Shaoran descansando sobre la mía y su pulgar trazando círculos sobre el dorso de mi mano, deteniéndose cuando la apretó para regresarme a la consciencia.

—Debes descansar.

—Sí— di un pequeño bostezo—, y tú también.

Cuando se levantó, aproveché para estirar mis brazos y recuperar la movilidad que había perdido parcialmente en ellos. Sin embargo, lo que me dijo después dejó mis decisiones a medio camino.

—Luego —al levantarse había sujetado la puerta para salir—. Ahora debo hablar con Meiling.

—¡Espera un poco! ¿No es mejor si lo hacemos mañana?

Le miré preocupada e incrédula, me puse en pie y le halé lejos de la puerta, todo en apenas un par de segundos. Iba a retenerlo en el lugar hasta que tuviera mejor humor, hasta que un sol radiante se asomara por mi ventana y yo estuviera en condiciones de acompañarle. Alterada como me vio, no tuvo opción excepto interrumpir cuanta cosa quisiera hacer.

—Entonces no tendría todo fresco en mi cabeza como ahora. Olvidaría detalles y todo cuanto quiero decir.

—¡Deja que vaya contigo! —Pedí.

—Te dije que debes descansar.

—No tienes que hacer esto solo, te dije que íbamos a hacer esto en igualdad de condiciones y...

—Sakura —bajó la cabeza de modo que me fuera imposible verle el rostro —, no hagas esto más difícil.

Mi corazón se sintió estrecho, ese pinchazo de culpabilidad perforándolo, imposible de evitar. No había sido consciente de cuán problemático había resultado esa resolución para él y yo sólo había insistido en hacerme partícipe, ignorando que tenerme consigo podría resultar aún más doloroso. Honestamente, sólo intentaba llevar a cabo mi propósito de brindarles bienestar.

—No...no tienes que hacerlo solo —repetí avergonzada.

—No —entonces me miró y hallé una sonrisa quebrada en su rostro—, pero es mi responsabilidad.

—Y la mía es preocuparme por ti —le recordé.

Porque sin importar las circunstancias, los nombres o los roles, yo debía velar por él, había sido mi meta silente y era mi propósito como la persona que había decidido quedarse a su lado para siempre.

Su acción inmediata me tomó por sorpresa: un abrazo tan estrecho que me obligó a ocultar la cabeza en su pecho. Como si fuera poca la conmoción, recibí un beso en la frente, prolongado y profundo, casi capaz de curar la herida que mi culpa había acabado de abrir.

—Yo lo sé —me dijo después—, pero también me preocupo por ti y ahora debes dormir.

Tal como me apresó me dejó ir y en medio de mi inmovilidad vio su oportunidad de escape. Alcanzó la puerta y antes de desaparecer tras ella cerrándola me dijo:

—Descansa.

Desarmada, agitada y compungida, sólo pude acceder a su pedido (más orden expresa que otra cosa), cuando mis invitados se fueron sin decir mucho, sin preguntar demasiado y sin sonreírme como acostumbrarían. Después de dejar a un lado los despojos del traje que vestía terminé usando mi pijama, buscando el panda de peluche que Shaoran me había regalado y escondiéndonos a ambos en las cobijas de mi cama, con las persianas abajo y las luces apagadas, sumiéndome en una oscuridad absoluta pero reconfortante, porque sabía que le estaba causando yo misma y estaba en control de ella, era natural, diferente a todo lo que me había ocurrido antes de ese momento.

Me despertó el llamado de alguna cosa.

Había un olor a verano. De ese viento cálido en quietud que te evoca parcelas de césped, helados de frutas y la risa de niños corriendo a compás de una bonita canción. Viajes a la playa, noches estrelladas sin nube alguna y el sonido de un fūrin colgado en la entrada de una casa de madera. Era cálido, y aunque llevaba mi pijama, no sentía frío alguno.

Sentí con firmeza el césped en las palmas de mis pies y cuando levanté la vista al cielo me encontré un árbol de cerezo que no tenía cómo florecer si el clima estaba elevado. Era de noche, había luna llena, aunque pude jurar que la noche anterior había sido menguante. Respiré profundo y el shōji sobre el suelo de madera se abrió con suavidad.

—Lo hiciste muy bien, Sakura.— Me dijo con voz dulce.

Ella vestía un hermoso kimono rosa, el obi en forma de mariposa de púrpura color. Encontré una sonrisa cálida en su rostro y unos ojos carmesí mirándome con dulzura, el lacio cabello oscuro danzaba elegante con un viento invisible que me entregó tranquilidad y confianza. No había visto a la mujer antes pero no tuve temor y su sonrisa se copió en mis labios como si acabara de encontrar a un lejano ser querido.

—¿Señorita…Yūko? —Aventuré curiosa y sin deshacer la sonrisa, asintió lentamente. Mi sonrisa se ensanchó un poco más. —Es un sueño, ¿verdad? —Le pregunté sintiéndome algo tonta, y asintió nuevamente.

Me invitó a sentarme con ella en el engawa, la madera nos recibió silente y ambas dirigimos la mirada al árbol que yacía en medio del jardín. De algún modo, a pesar de nunca haber estado ahí, sentía que me era un sitio familiar y que, por la forma en la que la presencia de esa mujer junto a mí se sentía tan cercana, podría venir un día cualquiera y hacer que se trataba de mi propia casa.

—Has crecido y aprendido mucho. Estaría muy orgullosa de ti. —No entendí a quién se refería pero no le di importancia cuando se encorvó un poco para dejar su rostro a mi altura, me contempló fijamente por un rato y acercó la mano a mi barbilla.

Sentí cómo la sangre bullía en mi interior y cuando el intenso rubor se hizo de mis mejillas ella dejó salir una pequeña risita. No encontré nada divertido en la situación pero decidí no moverme un milímetro, al parecer, ella necesitaba encontrar algo en mi interior. Y yo se lo permití.

—Le diste una segunda oportunidad, una que todos merecemos. Pero debes saber que tu acción no existe por sí misma y algunas cosas podrían cambiar. Lo entiendes, ¿verdad? —Corroboró consternada y asentí con un gesto más serio. —No puedo decirte de qué se trate, lo desconozco, pero con seguridad no te será difícil superarlo.

El que implicara que mi vida no dejaría de conocer fines desafortunados, pruebas vastísimas, demasiado grandes o prontas para alguien que no deseaba superarlas, me afligió por un momento lo suficientemente extenso como para que ella lo notara, mostrándose consternada y haciendo que su roce fuera, de alguna forma, más gentil.

—Tengo algunas cosas que contarte, pero debes hacer la pregunta correcta. Algo me dice que sabes exactamente qué debes cuestionar… —sonrió.

El latido de mi corazón se hizo más fuerte, irregular. Por lo poco que sabía, por lo aún más poco que podía intuir, la persona frente a mí poseía más conocimiento de las cosas que cualquier sabio o erudito que hubiese tenido la oportunidad de conocer en mi vida. Todo lo que había pasado hacía apenas un momento, todo lo que había visto y conocido, todo lo que me había planteado sobre mi vida y la de los demás, había dejado tantos vacíos en mi cabeza y corazón como para pretender que esa oportunidad de conocer las cosas era pequeña y podía dejarla pasar. ¿De qué otra forma podría entender por qué se había tratado de mí y de las cosas que había decidido? ¿O cómo iba a entender cómo una de mis personas más cercanas podía convertirse en mi peor enemigo? ¿En qué otro momento podría comprender por qué a Shaoran le…?

¡Eso es!

Supuse que mi expresión de epifanía le habría resultado obvia hasta a un ciego, Yūko sonrió y dejó de tocarme el rostro para darle lugar a mis razonamientos posteriores.

—Shaoran es mi guardián ahora —inicié—. Ninguno de nosotros entiende muy bien de qué se trata y al parecer nadie estaba al tanto de eso hasta que sucedió. Hay una sola cosa que quiero entender al respecto: por qué.

Por qué un joven inocente habría de sufrir cosas como él, por qué ese mismo algo se divertiría jugando con los significados e implicaciones de una relación conmigo, por qué todo lo que se derivaba de aquello resultaba lastimándonos a nosotros o en nuestro lugar a quienes nos eran preciados. ¿Quiénes lo sabían? ¿Lo sabría ella? ¿Clow había llegado a saberlo? ¿Y si era así por qué nadie tuvo la consideración de dejar guías, como habían hecho conmigo, para no equivocarnos y matar a media ciudad en un accidente que pudo preverse?

Se rio suavemente y finalmente bajó la mano que tenía suspendida. —Nadie lo sabía —. La aseveración me tomó por sorpresa. Fue generosa y me dejó procesarlo un momento antes de reanudar el habla. —Las cosas tienen un inicio pero el final jamás está predicho. Hay cosas sobre él que nadie pudo adivinar, mucho sobre él es incierto pero no por eso es incorrecto. Aun así, hubo quien ya pagó un precio para que las cosas terminaran con un buen final y por eso ambos se encuentran con bienestar.

Hubo una pausa prolongada, finalmente tomó mi mano izquierda entre la suya y a pesar de sentirle helada no me estremecí ni hice gesto alguno.

—Kerberos representa la fuerza y el coraje —me dijo, tomó mi mano derecha con la otra y también la levantó —, Yue representa el conocimiento y la perseverancia —juntó nuestras manos y el encierro me pareció tan maternal que mi corazón se contrajo con nostalgia —pero tú tienes un poder más allá de esas cosas —liberó nuestras manos y posó un índice sobre mi pecho —, los sentimientos puros que albergas, tu estrella, posee un poder muy grande para pasar desatendido. Fortaleza, Conocimiento, Corazón —enumeró señalando cada cosa—, todo lo que alguien con magia debe poseer. Eres sin duda alguien especial, Sakura, y necesitabas a alguien humano que entendiera otras cosas sobre ti.

Sin entender muy bien por qué, quizá debido a las implicaciones de su comentario, me sonrojé de tal forma que creí sentir salirme humo por las orejas. También, sin entenderlo y sin pretender que ocurriera en lo absoluto, recordé la última cita que habíamos tenido, en el parque de diversiones, así como la conversación que tuvimos en el sofá cuando aclaramos las cosas, y cómo en ambas ocasiones Shaoran había traído a la superficie una faceta de mí misma que me era desconocida pero reconfortante…y estaba segura que absolutamente nadie más que él sería capaz de continuar ayudándome a descubrir a esa nueva y primitiva Sakura, así como yo había visto lo más primitivo de sí…

—Esto, por supuesto, no está escrito en ningún lado —continuó— de hecho puede que yo misma esté equivocada, pero es una posibilidad bastante lógica, hablando desde el equilibrio de las cosas.

Asentí, no sin dejar de preguntarme cómo era que sin conocernos bien podía llegar a todas esas conclusiones. De seguir este camino ¿llegaría yo a ser tan sabia como ella?

—¿Sabe por qué esto nos pasa a nosotros? No creo que a nadie más en el mundo le pasen estas cosas, ¿o sí? —sería horrible y compadecería a todos aquellos que sintieran como yo.

—Ocurre que algunos nacemos para cumplir ciertos objetivos y cuando escapamos a ellos, o queremos cambiar alguna circunstancia al respecto, el universo interviene para equilibrarse. Sin embargo, también tenemos los medios para combatirlo y todas aquellas decisiones y cambios tejen nuestro hitsuzen. Si bien el que conocieras al joven Li no es coincidencia, ustedes han hecho todo cuanto les ha sido posible para hacer posible que permanezcan juntos. No te separes de él en ningún momento, ¿está bien?

Y aunque las razones me parecieron evidentes no pude evitar preguntar un "por qué" que se escapó antes de que pudiera meditarlo.

La forma en la que contrajo el rostro con dolor me causó mucho temor, pues comprendí que quizá había tocado alguna fibra sensible, y no pude evitar pensar que me diría algo terrible respecto al futuro.

De ella no conocía mucho excepto su nombre, por la forma en la que escribió comprendí que su forma de hablar era auténtica y que, si alguna vez le veía, como sucedía ahora, tendría plena libertad para actuar transparente en su presencia. Aquella vez tuvo que explicarme quién era y por qué sabía sobre mí. Me envió una petición en medio de un cuento fantástico que me llevó semanas entender, hasta que lo vi con propios ojos en un sueño como aquel. Por la forma en la que habló de sí misma llegué a imaginar todo menos una mujer alta y envidiable que desbordaba protección y sabiduría. Ahora, apenas teniéndola conmigo y brindándome un conocimiento que nadie más pudo concretar, creía conocerla un poco mejor y me sentía agradecida porque me permitiera ser parte de su universo.

Pero, por esa misma razón, porque estaba llegando a conocerla y apreciarla, su gesto me hizo sentir arrepentimiento, lo último que deseaba era consternarla y causar una mala impresión. Cuando dejó de verme e intentó hablar mirando hacia el cielo, comencé a pensar que las malas noticias no eran precisamente para sí.

—No es la primera vez que lo veo —dijo—, en él habita una oscuridad que pocos tienen la facultad de predecir, mucho menos de prevenir, y siempre está envenenada con un propósito único, cada vez diferente.

—¿…Shaoran?— quise saber.

Ella asintió y continuó hablando. —Esta vez tú lograste evitarlo a tiempo. Él no sólo existe para ti, tú estás con él porque tienes los medios para salvarle de sí mismo…todas ustedes siempre lo han logrado…

Me quedé en blanco, intentando descifrar lo que esas palabras significaban más allá de lo evidente. Más allá de ese mañana incierto que aparentemente habíamos cambiado, parecía existir una adivinanza que solo podía tener una explicación en cuanto los primeros nudos comenzaron a atarse en mi cabeza…

—…si hay otras como yo, ¿están ellos bien? ¿¡Están bien!?

Dos octavas arriba, mi voz agónica clamaba por una respuesta inmediata, pues no podía tolerar el hecho de conocer que alguien más, igual a todos nosotros, no había encontrado el final feliz que, supuestamente, a mí ya me estaba esperando. Ella jamás respondió mis últimas preguntas y no dejé de pensar que se trataba de las cuestiones incorrectas, así que no había oportunidad de conocer las respuestas.

De otra forma, tal vez, se trataba de cosas que no podía conocer porque alterarían el destino de todos ellos, de todos los que tenían que ver conmigo, y esa segunda opción me pareció escalofriante.

El trato de Yūko para conmigo era tan especial que de algún modo le sentí como una madre temporal y espontánea que despertaba un deseo terrible de abrazarle y llorar en su regazo, mientras podía calmarme cantando alguna nana y pasando los dedos por mi cabello. Su gélido tacto era inquietante, pero no por ello intimidante, y no dejaba de pensar en las palabras de aquella carta que me había mandado hacía algunos meses pidiendo ese favor extraño…incluso sus palabras estaban teñidas de gratitud y cariño, un corazón precioso que de alguna forma sentía una suerte de admiración por mí. Pero quizá no tan grande como la que yo ahora sentía por ella.

—Aunque haya sido solo en sueños, fue un placer conocerte, Kinomoto Sakura —me dijo de repente con la sonrisa de lado a lado. Me estremecí al entender que era una despedida.

De repente me sentí consternada y triste. Quería conocerla un poco más, agradecerle, porque me había brindado cariño y entendimiento, cosas por las que le estaría siempre en deuda. —M-me gustaría hacer algo por ti, ¡para agradecerte todo!

—Ya lo has hecho, —su tono estaba cargado de nostalgia— todos estamos conectados, ¿verdad? — Asentí. —Entonces no te preocupes, que has hecho lo que debes.

—¿No voy a verte otra vez?

Negó y posó una triste mirada en mí. —No te preocupes… —dudó un poco y finalmente se decidió por sonreírme de nuevo—, yo voy a estar bien. Cuídate mucho, Sakura.

Quise aferrarme con fuerza a su promesa, pero de alguna forma no pude. La tristeza con la que había hablado sobre sí misma me sobrecogió de tal forma que mis ojos se nublaron con lágrimas, haciendo su imagen borrosa e ilegible. Ella iba a estar bien, debía convencerme de ello aunque sonara a una auténtica mentira.

Sakura…

De pronto ya no estaba y me encontré sola con el llanto a medio fluir atorado en mi garganta. Cerré los ojos y me derrumbé. Si todo había terminado, si todos estaban con bien, ¿por qué me sentía tan triste?

Sakura…despierta.

No quería. Solo un poco más de llanto y todo estaría mejor…

—¡Sakura, despierta!

La presión en mi pecho me impidió ser consciente de lo que ocurría en varios segundos. No era verano y no estaba en una preciosa casa de madera charlando con una mujer que no conocía antes de ese sueño. Llovía, de hecho, y las claraboyas de mi habitación hacían que el eco de la lluvia sonara tan fuerte que dejaría a cualquiera temblando de miedo bajo la cama…yo estaba concentrada en el sonido de mi propia respiración, agitada y ajena, sólo interrumpida por el irradiar tenue de la lámpara de estrellas sobre el buró de la ventana y la angustia de Kero, flotando frente a mi cama, pidiéndome que dejara de llorar por la pesadilla que había interrumpido su apacible sueño.

Me quedé absorta en las estrellas que danzaban por el techo y las paredes de mi habitación, con formas inexactas pero tan bonitas como las que solía dibujar en las esquinas de las hojas en mis cuadernos, moviéndose tan despacio como la lámpara giraba sobre sí. Había sido un regalo de cumpleaños y era de mis cosas favoritas, pero jamás le había encontrado tan fascinante y necesaria.

Casi había olvidado mi sueño, la preocupación, la angustia del ser que estaba frente a mí. Kero me observó con tanta seriedad como le era posible proyectar en su forma más amigable.

—Sakura —inició, determinado. Yo me mordí el labio cuando supe a qué quería llegar. —¿Qué ocurrió en ese lugar?

-.-

(Shaoran)

Meiling era demasiado habladora y enérgica para el gusto de cualquiera, incluso el propio, y eso era porque odiaba los silencios, llenándolos siempre con su voz o su risa si nadie más se ofrecía para hacerlo, de modo que al estar sentados de regreso en casa sin decir palabra estaba demasiado inquieta, nerviosa si se prefiere, y estuvo a punto de ponerse a hablar como urraca más de una vez.

Durante todo ese tiempo me la pasé sopesando la idea de contarle o no lo sucedido, influenciado por la preocupación de Sakura, ya que a decir verdad no tenía derecho alguno de hacerle daño con lo que debía confesarle pero por su bien, y el de todos los demás, tampoco tenía por qué mantenerla en incertidumbre. Era injusto y cobarde, dos de las cosas que ambos odiábamos más que nada en el mundo. Así que me decidí por interrumpir su intento abierto por decir alguna bobada, reduciendo el espacio entre nosotros en el sofá al sentarme más cerca y obligarle a mirarme atrapando su rostro entre mis manos, entonces rojo y ardiendo por razones que conocíamos de sobra como para reprochar.

—Mei, tú sabes que eres importante para mí —inicié —y por ello no había ciertas cosas si no creyera que son necesarias para ti…para nosotros.

Muda como pocas veces, me miró firme y asintió, parecida más a un animal asustado que la fiera volátil con la que solía compararla.

—Por eso necesito que entiendas que no haría nada malo a propósito. Hay mucho que debo contarte y tienes que escuchar hasta el final.

Tomó mis manos y las alejó de sí recuperando palidez y compostura al hablarme. —Tiene que ver con lo que Kinomoto dijo cuando me abrazó, ¿verdad?

Sentí temor antes de empezar a hablar, de los más nítidos que conocí, pero ni eso me impidió continuar, explicando los detalles que ya conocíamos en principio, ahondando en los que a ella concernían después.

Recuerdo cómo pareció tomarlo con calma al principio, veíamos cosas raras todo el tiempo y eso no era la excepción, pero la expresión en su rostro cambió gradualmente hasta convertirse en tristeza y horror puros, mucho más vivos de lo que había imaginado y por ello todavía más horribles y difíciles de contemplar. No me detuve hasta llegar a lo que había ocurrido esa madrugada, asegurándome de no dejar nada sin explicar, incluyendo los intentos de suicidio y homicidio en todas las formas, y no precisamente porque no buscara dejar de hablar de todo eso de golpe sino porque a pesar de estar cubriéndose la boca, Meiling y sus ojos llorosos me pidieron que continuara, mirándome con curiosidad morbosa y agónica, expectantes a que llegara el final de la historia, el que llegó tal vez una hora después de haber iniciado y dio paso al mismo silencio con el que iniciamos, el que terminó desplazado por el llanto de mi prima mi lado y un "lo siento" de mi parte que resultó bastante insípido.

No me permitió tocarla una vez hube terminado, a pesar de genuinamente querer abrazarle y permitir que llorara sobre mí, especialmente cuando también necesitaba algo de su parte, para saber que estábamos bien, pero cuando continuó gimoteando, encorvada sobre sí, supe que nos llevaría mucho tiempo regresar a lo que éramos y reparar las heridas que no nos habíamos infligido.

¿Qué mierda, no? Por una vez deseé de verdad poder corresponder a cómo me quería, porque de esa forma nos habríamos evitado esa incomodidad y dolor tan difíciles de sentir, me habría evitado tener que flagelar a la única persona que había ofrecido darlo todo por mí mientras siempre fui incapaz de corresponder semejante sacrificio. Incluso ahora cuando lo había visto, cuando sabía que no era mentira que Meiling Li, en cualquiera de sus formas o personas de los universos, se jugaría todo por alguien que no era capaz de amarle de verdad. Y todo eso, siendo honesto, jamás lo busqué. Así como nunca busqué ninguna de las cosas horribles que me perseguían siempre en mi vida, jodiendo a los demás y afectándome a mí de paso, porque era divertido o necesario, pero en ningún caso tenía una razón de peso. Quizá porque simplemente se trataba de mí.

No sólo había estado destinado a dañar la vida de Sakura, de alguna forma, sino que para equilibrar la balanza, al no tratarse de ella debía ser la persona a mi lado.

Le permití llorar por bastante rato, pensando que me había pasado en crueldad, pero sabiendo también que ella no lo habría creído de nadie más, de todos era yo el menos sínico y más brutalmente honesto como para inventarle un alter ego asesino que mataría por mi causa.

En algún punto su llanto se salió de control y fue cuando la forcé a abrazarme, anulando sus intentos de escape por la fuerza, reduciéndola a un fantasma de persona que eventualmente dejó de llorar y nos permitió a ambos dormir pocas horas sobre el sofá de forma poco práctica y dolorosa, pero aun así necesaria para comenzar a reparar nuestra historia.

Hasta la mañana siguiente, en la que desperté con ella entre mis brazos, no me di cuenta de lo real, devastadoramente valiosa que era, no sólo para mí, y de que me llevaría por lo menos un par de vidas atreverme a confesárselo.

—Quiero regresar— fue su saludo.

Respondí —Yo también— sin referirme precisamente a una casa a al cual volver.

-.-

(Sakura)

Yamazaki es de esas personas que siempre da en el quid de la emoción del momento. Fue algo que pude entender con el pasar de los años, cuando pensaba más como adulta y menos como niña a pesar de la inestabilidad de mi adolescencia. Entender que, a pesar de parecer un poco payaso y un poco insensato, el que interviniera con algún comentario aparentemente despistado en una situación específica tenía toda la intención del mundo, para avivar el humor, aportar otro punto de vista o para cambiar la tabla por completo para que siempre fuera un estado favorable.

Como entonces, cuando tuve que limpiarme los ojos después de llorar por su chiste, respirar hondo para no sufrir fatiga y sostener con mi hombro a Tomoyo que se reía tanto como yo.

Decir que nadie había notado mi mal humor al regresar a clases casi el día después de mi memorable odisea existencial sería una mentira ridícula. Estar un poco desvelada por hablar con Kero contándole todos los detalles era sólo parte del cuadro que me mantuvo ausente y sin mucho ánimo durante la mañana, en el receso Chiharu y Rika se habían acercado a ofrecerme algunos dulces, Naoko se ofreció a hacer mis tareas del día sin que pudiera negarme y después de pasearme en silencio hacia el salón, Yamazaki nos interceptó para contarnos las ocurrencias que había escuchado la noche anterior, haciéndome reír de forma genuina por primera vez en días y olvidar de forma paulatina las cosas que todavía merodeaban por mi cabeza.

Cosas como la fragilidad de mi existencia, la inestabilidad de mi futuro y la ilusión de mis decisiones, todo ello batallando contra mi deseo de continuar viviendo, de ser feliz y de creer que las cosas habían cambiado para bien. Estaba segura, deseosa al menos, de que en cuanto descansara y dejaran de asaltarme los esporádicos episodios de nervios como mariposas en mi pecho, volvería a sonreír como era debido, sin preocuparme ni recordar las cosas terribles.

Y era eso mismo lo que Eriol intentaba transmitirme tras su breve discurso en ese bonito café al que me había invitado sin compromiso alguno con la excusa de cerrar un capítulo de nueva cuenta en esa historia extraña que a los dos nos ataba sin ser nada realmente. Su acompañante, y hasta el día anterior mi directora suplente, ya había hecho lo propio y se había despedido de mí al terminar la jornada, entregando su puesto a la institución y a mí una sonrisa junto a una promesa con el meñique de volver a vernos antes de lo que cualquiera de las dos pudiera esperar.

Él se había quedado mirando por la ventana después de mi pregunta y a pesar de la ansiedad que me provocaba el que no respondiera de inmediato me esforcé para portarme bien y no abrir la boca para nada que no fuera beber de mi taza de té con leche.

—Estoy seguro —dijo finalmente —no hubo cosa que pude haber hecho en Tomoeda aun estando aquí, no veo cómo quedándome definitivamente la cuestión sea diferente. Mi camino no está aquí.

Me mordí la lengua para no gritarle como su falsa acusación ameritaba. —No digas eso. De no estar con nosotros estoy seguro de que habríamos pasado un mal rato…¡uno más grande! —Agregué. —Además, ayudaste mucho a Shaoran, no sabes lo agradecido que está él…bueno, nosotros por eso.

Enfáticamente, Shaoran no me había dicho nada y a decir verdad desconocía mucho de lo que habían hablado los dos antes de que las cosas se esclarecieran para mí, pero mi intuición me decía que de no ser por la intervención de Eriol, Shaoran habría hecho las cosas de forma distinta y tal vez el resultado no habría sido el presente que estábamos compartiendo.

—Cada vez que necesites ayuda, Sakura, no dudes en hablar conmigo, para la cosa más insignificante que te pase por la cabeza. No quiero que vuelva a pasar algo como…lo que sucedió. —A falta de mejores palabras, asentí.

Al iniciar nuestra charla, que ya tenía un par de horas encima, le había compartido mi sueño significativo más reciente, ese en el que la mujer de cabello negro me había explicado cosas sobre mí misma, mis cartas y guardianes mejor que nadie más y quise conocer su apreciación al respecto. En principio se limitó a decir que le conocía vagamente pues su vida pasada y actual se tocaban apenas y poco tenía que ver él en los devenires de la Bruja. Después agregó que así como ella no pudo prever muchas de las cosas ocurridas a pesar de su habilidad, él desconocía tanto o más que yo respecto al nuevo orden de mi magia, así le bautizó, por lo que no podía dar explicación a muchas cosas.

—Sobre lo que dijo la señorita Ichihara —retomé —quisiera saber tu opinión. ¿Crees que hacía falta que alguien más fuera un Guardián para mí y esas cosas? Y no es que me lo tome a mal ahora pero a veces pienso que fue sólo un chiste de mal gusto.

Eriol sonrió, seguro esperando que no me sintiera incómoda. —El universo, por ciencia o por magia, tiene su forma de arreglar los desbalances. Si hay una nueva figura debe haber un nuevo Guardián, es lógica de uno a uno desde que Clow anticipó que fuera así. Que se tratara de tu persona destinada o no pudo haber sido escogencia al dedo. Creo que te habría impactado de igual forma si se tratara de tu hermano, Tomoyo, incluso tu padre, aunque cada uno ya tenía un papel. Sobre quien elige esas cosas no tengo una respuesta, después de algunos años dejas de creer en algunas figuras del hombre y te cuestionas si realmente existe algo que lo coordine o si es cosa de acción y reacción.

Maravillada, como sólo una mocosa lo estaría, me tomó un par de segundos recuperar la compostura para preguntarle una última cosa sobre la cual quería conocer su opinión. —Antes de que te vayas, y porque no quiero hablar de esto por teléfono o por otro medio, necesito saber qué piensas sobre un asunto delicado…y algo místico. ¡Pero es que todo lo que tiene que ver con nosotros lo es!

—Dime.

—Shaoran está convencido de que su entera existencia es "vacía", —enfaticé usando mis dedos para hacer comillas —no me lo ha dicho pero yo sé que cree que sólo existe por mí y aunque todo parece apuntar a que es cierto, no soporto la idea de que sea verdad. ¡Me aterra pensar que él no pueda-…!

—Sakura —interrumpió con dulzura, pidiéndome que volviera a sentarme aunque no supe en qué momento abandoné la silla —no existe tal cosa como una existencia vacía. —Ya en mi lugar, Eriol atrapó mis manos temblorosas entre las suyas, más calmas y frías. —Entiendo lo que él está pensando, no es como si yo no me lo hubiese planteado alguna vez, sólo que le llevará tiempo entender que una misión no hace a una persona, cada quien decide qué hacer de sí mismo y eso incluye seguir pensando que sólo se existe por un propósito. ¿Recuerdas que, para muchos de nosotros, Clow ya tenía pensado un destino? Creo que fue pretencioso de su parte —rio.

Me quedé inmóvil viéndole reír, con mis ojos abiertos y expectantes, sin creer la afirmación tan severa que vino de quien, se supone, era su heredero…u ostentaba un rol similar. Pero entendí perfectamente de qué estaba hablando, se suponía que Yukito debía estar conmigo y no con mi hermano, que lo único que debía hacer Eriol era dividir su magia y vigilarme a mí, y luego estaban tantas otras variables, encabezadas por Shaoran que evadía todas las explicaciones y pronósticos, algo tan huraño y único como él mismo.

Tal vez por eso te gusta, gritó mi cabeza, porque jamás has podido con lo convencional.

Era yo quien se reía ahora.

Nuestro encuentro terminó de forma tan casual como dio inicio, con las tazas a medio beber y una promesa sobre la mesa de buscarle sin atisbo de duda cuando hiciera falta. Salió él primero de la cafetería, después de mi abrazo y de pedirme que no le acompañara a tomar su vuelo de regreso a casa, recordándome, por tercera o cuarta vez ese día, que no le gustaban las despedidas.

—Además, te están esperando y no quisiera que fuera incómodo —anunció antes de dejarme. —Dale un saludo de mi parte.

En efecto había alguien esperando por mí fuera del café, recostado contra un mural junto a unas bonitas flores rosas cuya especie no pude identificar. De brazos cruzados y con la vista fija en mí desde que abandoné el local, Shaoran esperó paciente a que llegara a su encuentro, aunque a pesar de mi saludo emocionado y mi intento por contagiarle el buen humor, el parecía enfrascado en algo demasiado trascendental, como siempre.

Me vería con las cejas encontradas, molesto por alguna razón que a mí me pasaba por encima sin saber qué pudo haber cambiado mientras esperaba por mí luego de hacer alguno de sus trámites complicados. Después de mucho rato de silencio le insté a hablarme cruzándome de brazos siguiendo su juego de no hablar.

—Te tomó de las manos —gruñó.

La risa casi se me escapa de inmediato, afortunadamente me había vuelto lo suficientemente rápida como para evitarlo sabiendo que sólo se pondría peor si escuchaba alguna burla de mi parte. Enternecida, con un gigantesco hanyan atrapado en mi garganta, busqué una de sus manos para apresarla entre la mía y obligarlo a caminar conmigo de regreso a casa.

—¿Eso es lo que te tiene de mal humor? —Aventuré. Se mordió el labio y frunció la nariz antes de negar sin atreverse a mirarme. —¿De qué se trata?

Tomó un profundo respiro, dejando después escapar la respuesta con voz temblorosa.

—Meiling se va mañana.

(...)


N/A: Bueno, ¡hola por aquí! Ha pasado mucho tiempo desde la última actualización pero, ¡sorpresa! No me he olvidado de la historia, ¿cómo podría?

Ha pasado muchísimo durante este tiempo en mi vida personal, cambios dramáticos y algunos muy tristes, razón por la que las respuestas a los reviews del capítulo anterior fueron tan tardías. Pero, parte de esta actualización es una señal de que estoy regresando a estar mucho mejor (inserte carita feliz que fanfiction remueve al publicar por formato). Aprovecho para darles las gracias por sus reviews, apoyo, preguntas, comentarios y todo lo relacionado con el fic, me emociona mucho y me hace ilusión. Aclaraciones a fondo y más info detallada del fanfic en mi blog sam-ely-ember . blogspot. com

Por supuesto, el capítulo no sería posible sin el apoyo de Min Pavlov, a quien deberían buscar en fanfiction y leer sus historias de CLAMP que son una maravilla. También, como se ha vuelto costumbre, agradecimientos a Choco Menta porque sin entrar en detalles, también ayudó a que yo esté hoy aquí actualizando la historia.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!