Sherlock BBC

…SER….

Por DarkCryonic

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2012-02-24

"Puede que no seas la persona más lúcida, pero como conductor de la luz eres insuperable." Season 2-Cap.2

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Miró por sobre su hombro menos de 5 segundos, y lo comprendió. Sonrió levemente y volvió a perderse en la información que entregaba el buscador de su móvil.

-Sherlock, ¿si quiera me estás escuchando?

Las ideas viajaban a gran velocidad. Podría ser que... no. Era demasiado vulgar, aunque el supuesto asesino no podía ser tampoco muy inteligente. Pero, no. Aquello no cuadraba con el modus operatis. Las marcas en las muñecas y las piernas. Las habían arrastrado. Aunque…

-¡Sherlock!

Apretó los ojos y ladeó levemente la cabeza a causa del grito junto a él. Sus ojos no se apartaron del móvil y sus dedos siguieron moviéndose en busca de más información.

-John, estoy pensando.—Dijo sin mirarle si quiera. Sabía que eso ponía nervioso al otro.

-Deja de hacer eso, y dime ¿qué diablos se supone que hace ese cadáver en la mesa de la cocina?

Suspiró con cansancio. ¿Por qué le preguntaba eso? Era obvio. Se negó a responder y siguió pensando en por qué el asesino había matado a dos mujeres que no tenían nada en común. Entendía la forma, pero no el origen. ¿Dónde estaría la conexión?... El gimnasio, No. Una de ella no asistía, se le podía notar de lejos. Quizás algún Pub, no, no tenían tiempo libre, eso era obvio en como tenían el cabello y las uñas, algún grupo... La iglesia… naaa… ya nadie cree en esas...

-Sería bueno que sacaras ese cadáver antes que apeste la casa o sea la hora de la cena….—Escuchó decir a John con un tono de voz que demostraba que su paciencia se había ido por la ventana.

-Tranquilo, no apestará hasta dentro de 8 horas y por lo de la cena, podemos comer fuera...—Dijo sin mirarle. Podría ser una venganza o un juego al azar. El azar era entretenido, no obstante ilógico a primera vista… aun creyendo que se usa el libre albedrío, hay una marca que siempre se mantiene en lo que hacemos. No dejaban de ser ellos mismos. Así que el patrón existía, más allá del modus.

-¿8 horas? ¿Qué diablos le hiciste?—Exclamó John. Vio de reojo que éste se levantaba del sillón y caminaba hacia la cocina, en menos de 4 minutos estuvo de vuelta y se quedó de pie junto a él con los brazos cruzados sobre el pecho.—Dime que no le hiciste lo que creo que le hiciste.—Dijo con cara seria.

-No seas absurdo. Si sabes lo que hice, ¿por qué quieres que lo desmienta?

-Sólo tenía la esperanza…-Empezó a decir antes de cubrirse la cara con ambas manos y guardar silencio. Luego elevó sus manos hacia arriba en un gesto dramático y caminó hasta el sillón. Esta vez se dejó caer con desgano y cerró los ojos.

-¿La esperanzas de qué? De qué negara lo obvio. Eres médico, John. Deberías saberlo y entenderlo. Y así evitaríamos estas conversaciones.

El asesino debía tener algunas ideas de medicina básica. No había duda. La manera como mezclaba los medicamentos tenía un toque de conocimiento que no tendría un adicto o un vendedor. Y la forma en que puso los cuerpos… Sí, allí había algo peculiar... que se le hacía conocido…

-Sí. Eso debe ser. –Dijo sin mirar a nadie en especial. Escribió rápidamente en el móvil y sonrió. Lestrade tenía que encargarse de la parte que seguía.

Miró a John mientras giraba en la silla y guardaba el móvil. Echó una leve mirada al cadáver en la mesa. Sonrió.

John le miró al dejar de escuchar el movimiento de los dedos de Sherlock en el celular.

-¿Solucionado?—Preguntó sintiéndose tonto al instante. Bajó la mirada. Era estúpido. Debía empezar a hacerle caso a Sherlock cuando le hablaba sobre decir lo obvio.

-Sí. El tipo de la funeraria.

John guardó silencio. No quería preguntar. Sí. Se sentía feo no ser como Sherlock en este tipo de cuestiones, el resto del día se sentía bastante bien con ser sólo John Watson.

Con una de sus manos en la frente, evitando la mirada del Detective consultor, miró hacía la cocina.

-Tranquilo. La quitaré ahora mismo. Los de la morgue vendrán por ella en unos minutos.—Dijo el pelinegro adelantándose a su nueva queja silenciosa.

Apoyó con más fuerza la planta de sus pies en el suelo. Estaba tratando de liberar su fuerza por otro medio, más civilizado. Dispararle a la pared nunca le había parecido una forma de hacerlo. Ni siquiera era divertido. Golpear a Sherlock, quizás.

Vio que Sherlock cambiaba de la silla a su sillón preferido.

-¿No quieres saber cómo lo averigüé?

Su cerebro gritó sí. Pero su cuerpo negó moviendo la cabeza y sin cambiar de postura en el sillón. No quería escucharlo y sentirse más tonto de lo que ya se sentía. No había sido un buen día. Estaba cansado. Y oír las "obvias" deducciones del pelinegro, no estaban en sus planes para mejorar lo que quedaba de la tarde.

-¿Ni si quiera para el registro en tu blog?—Preguntó Sherlock mientras tomaba el violín entre sus manos, preparándose para aburrirse de nuevo.

John volvió a negar con más fuerza. Sherlock sonrió con suficiencia antes de atormentar al doctor con su versión tormentosa del Caprice n° 24 de Paganini.

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Se había mantenido sentado en el rincón de su cuarto sin pensar demasiado, cosa extraña. Sherlock Holmes no era de quedarse quieto y en blanco en un rincón. Algo debía estar mal. Miró a su alrededor y fue cuando vio la jeringa tirada a un lado. Ah, ya lo había recordado. Pero qué extraño, normalmente debería tener otro efecto. Sintió algo de pesadez en todo el cuerpo cuando trató de llegar a su cama. Sus brazos estaban medio adormecidos y sus ojos apenas podían mantenerse abiertos lo suficiente para concentrarse. Por alguna razón se puso a recordar imágenes que creyó desechar. Era niño y estaba en el internado. Odiaba ese lugar, era aburrido y lleno de reglas. ¿Cuántas veces le habían castigado? 10, 50 veces. Cientos.

Apoyó el cuerpo hacia la pared a su derecha, con tan poco control que su cabeza dio un golpe contra ella. Su madre nunca había cocinado para ellos. Era demasiado aristócrata como para entrar en una cocina. Así que se daba cuenta después de mucho, que nunca sabría ese pequeño detalle.

¿Qué hora sería? Era de día cuando decidió meterse en su cuarto y pasar el tiempo a solar leyendo. Pero por alguna razón había terminado inyectándose una dosis de uno de sus estimulantes más ilegales. No que lo hubiera pensado anticipadamente, pero tampoco podía decir que lo había meditado lo suficiente o que buscaba algo con ello. No había casos que resolver, no había estado aburrido, bueno, no tanto. Sólo había estado allí y luego aquí… y ya. Una cosa lleva a la otra y la otra, al vacío.

Estaba oscuro, o eso pensaba. También podría ser efecto de la droga el que no pudiera ver bien.

Abrió los ojos. Estaba mucho más oscuro que antes. Seguía allí en el rincón. Sus brazos seguían sintiéndose pesados. Pero sus piernas le permitieron ponerse en pie. Camino los dos pasos a su cama y cayó en ella. Unos minutos después había usado sus fuerzas para taparse con su manta y esconderse bajo ella. A lo lejos escuchó el timbre de mensaje de su móvil, pero no tuvo ganas de buscarlo.

Observaba el pequeño resto de metal a través del microscopio. Buscaba una respuesta rápida y acertada. Los asesinos no hacían explotar a sus víctimas sin antes prever un gran espectáculo. Era lo esperado. El lujo y la muerte de la mano. Pero ese pedacito se estaba oponiendo a la lógica. Y si sólo fue un accidente. Una mera casualidad. Un algo sin querer…

Se paró de golpe y de paso tiró la silla al suelo. Eso no podía ser. Era inapropiado para su estado de aburrimiento.

-¿Qué pasó?—Preguntó John apareciendo en la cocina.

-Una casualidad.—Respondió Sherlock indicando el microscopio.—Un maldito accidente.—Dijo sin explicar más mientras escribía en un corto mensaje a Lestrade su conclusión.

-¿No hay asesino?

-¿No te fastidia?—Preguntó es respuesta antes de dirigirse a su cuarto y cerrar la puerta de golpe.

Siempre había pensado que su cerebro era la única cosa que valía la pena. Como su hermano le decía generalmente, los sentimientos estaban sobrevalorados. Y por lo mismo, no tenía cuidado de ellos. Pero a veces se sentía más incomodo de lo normal, cuando percibía aquella mirada de decepción en la cara de John Watson. El asunto es que no entendía porque no se había acostumbrado ya con el tiempo que llevaban siendo compañeros de piso y de trabajo. Le había visto destruir argumentos a base de comentarios hirientes y mal intencionados. Pero, John, seguía mirándole sorprendido cuando era él la parte que recibía sus comentarios.

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Estando recostado en el sofá, se pegó el segundo parche de nicotina. Por alguna razón aún no podía descifrar ese código, aunque su cerebro le decía que estaba a milímetros de llegar a comprenderlo. Un parche más. Estaba por pegarse el tercero cuando apareció Watson y se le quedó viendo con seriedad.

-No puedo pensar claro. –Dijo como excusa adelantándose a las palabras de médico.

-Te estás envenenando.

-Tranquilo. Sólo hago realidad lo que todas las personas que me conocen esperan que haga.—Dijo tapando su rostro con su brazo derecho.

-¿Y qué se supone que esperan que hagas?

-Que termine matando a alguien. Ya sabes.—Dijo con un tono liviano.

-Ah eso. Pero pensaba que matarse a sí mismo no contaba.—Dijo John sentándose en su sillón.

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Estaba solo. Siempre lo había estado. Si no podían seguir sus deducciones y metodologías, no podían acompañarlo en el viaje. Estaba solo. Debía ser atroz no ser él. Era lo que pensaba cada vez que veía sus caras de no entender nada. Pero sabía, que ser él, era aún más terrible que no serlo. Porque al revelar todo, nada queda. Y si nada queda, el mundo no interesa. Es aburrido. Y es mejor quedarse en su cuarto en un rincón, olvidándose del mundo.

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Cuando despertó en su cama envuelto en mantas que no eran de él, lo supo. Había sido encontrado por John. Mala idea de drogarse justo un día en que decide volver antes de sus turnos en el hospital. Su boca sabía raro. Tenía sed y las cortinas de su cuarto estaban dejando entrar el sol agónico típico del Londres otoñal.

John entró en su cuarto unos 5 minutos después, con una tasa de café que dejó entre sus manos. Notó que no le miraba. Cerró los ojos y escuchó dentro de su cabeza todas las palabras que el médico no decía. Cada una de las quejas. De los gestos. De las miradas llenas de decepción.

-No voy a decir que lo siento. Tampoco diré que no lo volveré a hacer.—Dijo antes de beber un par de sorbos de café.—Y sé que lo sabes. Pero aún así no lo entiendes.

-¡Entender una mierda! Si quieres matarte, porque mejor no usas algo más rápido. Pensé que eras más inteligente y sólo te comportas como un niño estúpido e inmaduro.—Dijo el médico mientras caminaba de un lado a otro, muy enojado.

-Si quisiera matarme, ya lo habría hecho.—Dijo mirándole caminar. John le miró una vez más y salió del cuarto dando un portazo.

Mycroft siempre aparecía cuando nadie lo esperaba. Parecía tener un radar incorporado para elegir el peor momento.

-Hola hermanito.—Saludo mientras se sentaba con su paraguas entre las manos.

-¿Haciendo visitas de cortesía?—Preguntó mientras tomaba su violín como una forma de defensa. Si no se iba por las buenas, tendría que hacerle escuchar su última versión de uno de los clásicos de Vivaldi.

-Algo así. Más bien había venido a checar que no te estuvieras metiendo más cosas en el sistema.

Sherlock arrugó el ceño. Ya le habían ido con el cuento. Podía asegurar que no era John, sino los secuaces ocultos de su hermano.

-No sabía que estabas tan preocupado.

-Eres mi hermano. Tengo una responsabilidad moral.

-Pues ahórratela.

-Sé que algo te molesta en estos días, y me preocupa el hecho que termines protagonizando alguna estupidez.

-Estoy bastante bien. Ya puedes irte a casa.

El mayor se puso en pie y le dio una mirada antes de alejarse rumbo a la escalera, pero antes de bajar el primer escalón volteó a verle. Fueron sólo 3 segundos, pero Sherlock lo supo. Mycroft lo sabía, mejor que él mismo. Aquello no iba a terminar bien y no importara que hiciera el resto, nada podía evitar el desenlace que todos habían pronosticado para él antes si quiera de cumplir los 4 años de edad.

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DarkCryonic 07/03/2012 02:31:25 a.m.