Un dia de suerte

Esta es la primera vez que visito el Templo Aire Del Sur. Vine a ver a mi amiga Ikki, an Airbender.

La conocí cuando ella y su familia iban rumbo al Oeste y se perdieron. Entonces teníamos cinco años y nos hicimos amigas enseguida. Cuando sus padres consiguieron un mapa, Ikki tuvo que marcharse.

Hace dos días llegó una carta del templo. Era de Ikki. Se encontraba ahí para enseñar airebending a los más pequeños y pensó que era una buena oportunidad para que la visitara.

Papá me dio permiso con la condición de que Sokka, mi hermano, me acompañara. Empacamos todo y llegamos al punto donde Ikki nos esperaba.

-Katara! Cuanto tiempo!- exclamó Ikki mientras me abrazaba

-Que dices! Tu estas enorme! Y mira que lindas flechas- respondí

-Me costó trabajo ganármelas

-¿Recuerdas a mi hermano Sokka?

Ikki le dirigió una mirada de irritación.

-Como no me iba a acordar- resopló-Me golpeó con su boomerang al bajar del bisonte. Todavía me duele.

Sokka se sonrojó.

-Lo siento. Pensé que eras una foca-tortuga.

Después de los recuerdos, partimos al templo mientras platicábamos. La vista era hermosa y podía ver a los bisontes jugando alrededor de las torres.

Apenas aterrizamos y los pequeños pupilos de Ikki se arremolinaron alrededor de ella.

-Sifu Ikki!- gritaron los niños.

-Hola- los saludó- les quiero presentar a mi amiga Katara. Ella es una waterbender de la tribu agua del Sur.

-Guau- jadearon los niños- Agua

Unos viejos monjes se presentaron frente a nosotros.

-¿Dijiste waterbender, Ikki?

-Sí, Sifu-asintió- Ella es mi amiga Katara y es una waterbender del Sur.

-Felicidades Ikki. Acabas de solucionar un gran problema.

-Qué problema…? Oh! Cierto! Se me olvido por completo- dijo Ikki riendo.

-Mmm…no es que me interese, pero, ¿Qué clase de problema?- me atreví a preguntar

Un monje me dirigió una sonrisa.

-Oh no! No se preocupe joven Katara… Lo que sucede es mi pupilo Aang- explicó- Él es el Avatar y quiere empezar a aprender waterbending, pero no quiere dejar el templo.

-Guau! El Avatar- dije- Sería un gran honor

-Pero papá lo tiene que saber- me interrumpió Sokka

-Claro que lo haré- dije algo molesta. Sokka seguía tratándome como una niña pequeña.

-Excelente- anunció el monje-Por cierto, soy Gyatzo. Iré a traer al joven Avatar.

Se marchó y otro monje se llevó a los niños.

-Aang te caerá muy bien-me dijo Ikki-Es un chico muy listo, aprende rápido y es muy serio con su responsabilidad a pesar de que tiene 12 años.

-Enserio? Para esa edad es genial que sea responsable.

Parece que hoy era mi día de suerte. Encontrar a Ikki era bueno, pero enseñar waterbender al Avatar era aún mejor. Las cosas cambiaban muy rápido.

-Gracias por la presentación Ikki- dijo un chico. Me di media vuelta y era el Avatar Aang.

El chico tenía la piel clara, era casi de mi altura (algo inusual para su edad) y genuinos ojos grises sobre una enorme sonrisa hacia Ikki. Luego desvió su mirada a mí y me miró con una expresión que no supe descifrar. Me causó una buena impresión.

-Hola Aang- lo saludó- Hace tres días que no te veía.

-Estuve practicando. ¿Y tú?-le preguntó mirándome-¿Dónde estuviste?

-Trayendo de visita a una amiga- me señalo con la mano- Ella es Katara y su hermano Sokka. Katara es una waterbender del Sur y está dispuesta a enseñarte aquí en el templo.

-Es un placer- me dijo mientras se inclinaba-Gracias.

-No es nada Aang- respondí-¿Te gustaría comenzar?

-Sería fabuloso- luego su expresión cambió a una de culpabilidad- Lo siento. Viniste a visitar a Ikki y estoy interrumpiendo.

-Claro que no- lo contradijo Ikki-Estaré enseñando todo un año aquí, así que no hay problema. Hay mucho tiempo para platicar.

-¡Yo que creí que ya habían acabado!- se quejó Sokka y le di un codazo.

Ikki tomo del brazo a Sokka.

-Y claro, yo cuidaré a tu hermano.

-No necesito una niñera- rezongó.

-Por supuesto que sí. Me ayudarás con los niños.

Diciendo esto, arrastró a Sokka al interior del templo.

Aang rió entre dientes.

-Conozco el lugar perfecto para practicar- anunció-Vamos.

Lo seguí, bajando y subiendo escaleras hasta que llegamos. Era un claro con un estanque mediano sobre una ligera capa de césped. Una pequeña barrera color hueso rodeaba el borde.

Comencé mostrándole posturas básicas de waterbending. Pero aprendía rápido y en un santiamén aprendió unos cuantos movimientos. Rara vez no entendía y yo tenía que colocarlo en la posición correcta para lograrlo.

Era increíblemente fácil ayudar al Avatar.

Más tarde finalicé el entrenamiento y nos sentamos en la barrera a platicar.

Me preguntó acerca de cómo había conocido a Ikki. Se rió al contarle sobre el boomerang de Sokka. También sobre cómo era la tribu agua y si conocía el Reino Tierra y la Nación del Fuego.

Después me tocó a mí hacer las preguntas. Le pregunté cómo sabían que era el Avatar y otras cosas acerca del tema. Me intrigaba saber cómo hacía un Avatar para hablar con los espíritus.

Además me explico la forma de vida de los nómadas aire.

Tan absorta estaba que no me fijé cuando empezó a atardecer. Pasaron unos minutos sin que habláramos.

-¿Katara?

-¿Sí?

-¿Te quedarás?

Entonces Sokka llegó, contradiciendo mi respuesta.

-Nos vamos Katara. Papá envió una carta diciendo que la señora Ming está a punto de tener a su bebé. Gran-Gran te necesita. Ikki se ofreció a llevarnos.

-Está bien- dije- Iré en un momento.

-Ah. Y Aang, Ikki dijo que subieras a cenar.

Él asintió y Sokka se marchó.

Nos bajamos de la barrera.

-¿Volverás?- me preguntó.

-Tal vez.

-…

-Muchas gracias.

-De nada.

Entonces hizo una esfera de aire, y sentándose en ella se marchó. Lo observé mientras se alejaba y me di media vuelta para irme. Entonces el sonido del aire a mis espaldas me hizo voltear.

Era Aang que venía hacia mí. Se plantó, aun en su esfera, a escasos centímetros.

-Por si acaso…-susurró.

Puso una mano en mi hombro y presionó sus labios en los míos.

Me quedé perpleja por el beso, pero sin pensarlo, le correspondí.

Un poco después, me soltó y se fue sin decir nada.

Me quedé ahí parada, con la cara completamente escarlata y el corazón como un colibrí batiendo alas.

Al llegar con Sokka, comenzó a quejarse.

-…es decir, ¡fabuloso! Mientras tú te estabas divirtiendo con el Avatar, a mí me estaban matando un grupo de pequeños monstruos airbenders. ¡Mira! Tengo cinco moretones en cada brazo por culpa de las caídas. Muchas gracias por dejarme con Ikki… ¿Me estas escuchando Katara?

Resoplé.

-Te quejas demasiado- le respondí.

Se cruzó de brazos y puso cara de niño enrabietado.

Partimos del templo e Ikki preguntó:

-¿Y? ¿Qué tal te fue con Aang?

-Excelente- respiré.

Mi tono de voz le llamó la atención a Ikki y se quedó con cara de confusión.

Me recargué en la parte trasera de la montura del bisonte y mire hacia el templo.

Si…

Definitivamente hoy había sido mi día de suerte.