Capítulo diez.

Videl lloraba amargamente mientras abrían todas y cada una de las puertas del palacio. Gohan ya la había puesto al día del romance entre Trunks y Marron y le había hecho partícipe de su temor.

–No pueden haber huido. ¡Es una locura! ¡Se están jugando la vida! –Videl todavía no podía creerse aquella situación. ¿Cómo había podido Marron, su dama de compañía, pero sobre todo su mejor amiga, algo tan importante como aquello?

–Hemos peinado el palacio y no hay rastro de ellos. Llevamos horas buscando y no hay suerte –Gohan, exhausto, cerró una última puerta y se volteó hacia la princesa. No soportaba verla tan desconsolada. La abrazó como si quisiera protegerla de hasta la última mota de polvo que osara posarse sobre ella.

Pero ella no era ese tipo de princesa desvalida con la que había que tener cien ojos. Ella era fuerte y obstinada. Aquellas lágrimas eran por su amiga, porque sabía que, si la huida salía a la luz, Marron estaba sentenciada.

–No vamos a permitir que les pase nada. Ellos son nuestros amigos, son nuestra familia –dijo el chico con determinación. –No podemos permitir que nadie se entere. Voy a revisar la sala de control para ver los registros de los despegues de las naves. Mientras tanto debes actuar con toda la normalidad posible. Vuelve a tu habitación, me reuniré contigo más tarde.

Videl asintió. Se robaron un último beso furtivo en el pasillo y él se marchó con paso firme. Ella volvió a su habitación, la búsqueda la había dejado agotada mentalmente. Sintió como el liviano vestido le sobraba, como la tiara y el recogido de su pelo le apretaban las sienes y los zapatos le ardían en sus pies. Se deshizo de todo eso y quedó vestida con un fino camisón de seda que llevaba a modo de ropa interior y salió al inmenso balcón del que disponía. El sol ya comenzaba a bajar hacia el horizonte, y bajo su resplandor contempló a lo lejos con añoranza los campos donde días antes Gohan le había enseñado a volar, donde sin prisa, pero sin pausa, su amor había surgido.

Habían pasado solo unos días, pero ella ya los sentía como toda una vida. Como si Gohan ya formara parte de su existencia desde siempre. Se conocieron hacía una eternidad, y no podía imaginar que aquel chiquillo serio y recto se acabaría convirtiendo en su otra mitad. Apretó sus manos contra la gruesa baranda de piedra y cerró los ojos, dejándose acariciar por la brisa. ¿Por qué tenía que ser todo tan difícil para ella y sus amigos?

Bra. Eternamente enamorada de Goten, y él tan ciego y caprichoso. En el corazón nadie mandaba, ahora bien lo sabía Videl, y solo esperaba que su amiga y princesa vecina encontrara la paz que parecía faltarle. No, ella no haría ninguna tontería que pudiera poner en riesgo a Goten.

Y Marron. Su preciosa y dulce Marron. ¿Cómo no lo había visto? Después de tantos años juntas y ella no fue capaz de dejar entrever lo que se ocultaba en lo más profundo de su corazón. Videl se sintió culpable de no haber escuchado más atentamente a su amiga cuando ella le preguntó por Trunks. Ahora entendía su voz melancólica y su triste sonrisa.

–Videl.

Una serena voz muy familiar para ella la hizo abrir los ojos y girarse. La Reina Althea estaba bajo el arco de entrada al balcón tan bella y solemne como siempre.

–Madre… –atinó a decir sin darse cuenta de que las lágrimas inundaban sus ojos. La reina se percató de ello y corrió hacia su hija, a la que abrazó instintivamente. Su pequeña se dejó querer y ambas se arrodillaron fundidas en el abrazo. Las lágrimas de la princesa parecían incontenibles, y aquello la hizo sentir aún peor.

–¿Qué tienes? Mi preciosa hija… ¿Qué te ocurre? –insistió mientras le acariciaba su larga melena azabache. Ella no paraba de soltar hipidos. Mirel pensó que su hija estaba sobrepasada por el adelanto de la fiesta de compromiso, al fin y al cabo una vez celebrada, la boda no tardaría en llegar. ¿Se habría precipitado tomando aquella decisión? En el fondo lo único que ella anhelaba es que su hermosa princesa fuera feliz. Y no le faltó razón cuando tras la discusión en la Sala de Audiencias Videl reclamó mejor formación para poder gobernar con sabiduría –Tal vez… Tal vez podamos aplazar un tiempo todo esto.

Videl abrió los ojos y rápidamente miró a su madre fijamente, tomándola con desesperación de los brazos.

–¿De verdad, madre? ¿Podríamos hacer eso? –exhaló Videl esperanzada. Pudo atisbar en los ojos de su madre cierta decepción y una nueva punzada de remordimientos la atacó. No quería decepcionarla. Ella había sido educada para ser una reina y pensaba serlo, pero haría lo imposible para que no fuera a costa de la felicidad de sus seres queridos y de la suya propia. –Creo que deberíamos aprovechar este tiempo para completar mi formación. Tenías razón cuando dijiste que no estaba preparada. Lo único que deseo es llegar a ser una reina tan querida como tú –mintió. Realmente aquello era una mentira piadosa y solo estaba ocultando parte de la verdad. Videl se vio con energía renovada por un instante y abrazó a Mirel con fuerza.

Aquel cambio de actitud en su hija fue la confirmación de que había tomado la decisión correcta. Ella misma se encargaría de dar la noticia a los Reyes vecinos y así se lo hizo saber a la princesa.

–En vista de lo que nos esperaba mañana, esta noche no habíamos planificado ninguna cena especial. Te recomiendo que te des un baño y vayas a dormir temprano, puede que nos esperen días complicados. –La Reina ya se encontraba en la puerta de la habitación dispuesta a marcharse. –Llamaré a Marron para que te ayude.

–¡NO! –exclamó Videl. Se dio cuenta de la brusquedad de la palabra y sonrió cuando su madre se giró extrañada. –Marron salió a buscar algunas cosas que le había pedido para la fiesta… Como ya no hay prisa yo misma la avisaré cuando vuelva…

–Está bien. Descansa, hija mía.

Mirel cerró la puerta tras de sí y Videl sintió como si le hubieran quitado una pesada mochila de encima, suspiró tranquila y se sentó esperanzada aguardando a que Gohan volviera con alguna noticia.

Cuando la reina hubo salido, se topó directamente con Bra, que la miraba con gesto serio y mirada decidida.

–Majestad, ¿podría hablar con vos un momento?


Son Gohan aprovechó el descanso del controlador aéreo para allanar la sala y mirar los registros. A simple vista todo parecía en orden, pero no tardó en darse cuenta de que una de las naves de transporte básico de Altace había desaparecido del hangar. ¿Cómo había pasado por alto el guardia algo así?

Por último, solo quedaba revisar las grabaciones del hangar. Comenzó a oír ruidos en el pasillo, el controlador volvía. Rebobinaba a toda prisa las grabaciones hasta que algo llamó su atención. En mitad de la madrugada dos encapuchados tomaron la nave que faltaba y huyeron sin solicitar permiso y sin notificar el destino. En un movimiento de uno de ellos, distinguió claramente la cara de Marron y los mechones rubios cayendo sobre sus hombros. Lo habían hecho.

–¡EH! ¿Qué estás haciendo? –bramó el guardia. Gohan se sobresaltó y pulsó en botón para parar la grabación in extremis. Se volteó levantando levemente las manos en señal de paz.

–¡Disculpa! Solo venía a notificar que mañana necesitaré una de las naves pequeñas de Vegeta –mintió. Pero tenía que comprobar hasta qué punto el controlador sabía de la falta de aquella nave. –¿Tendréis disponible alguna de las de Altace? La Reina nos ha autorizado a usarlas en caso de ser necesario y probablemente estén mejor preparadas que las nuestras para un viaje rápido.

–Lo siento… –contestó aún un poco receloso de haberlo encontrado allí. –Todas las naves están ya reservadas mañana para los invitados de la fiesta de los príncipes. La única que quedaba ha sido llevada a reparar sin garantía de que esté lista para mañana.

–No pasa nada. Que sea una de las nuestras, entonces. Gracias. –Y sin más dilación Gohan salió de la sala. Trunks y Marron al menos habían procurado dejar los menos cabos sueltos posibles. ¿Pero cuánto tiempo podría pasar sin que los descubrieran? No mucho más, eso estaba claro.

En cuanto divisó la primera ventana abierta, se dirigió a ella y guardándose de ojos indiscretos, salió volando para dirigirse a los aposentos de la princesa.

Una vez allí, aterrizó suavemente en el balcón y miró con timidez hacia el fondo de la habitación.

–¡Gohan! –exclamó Videl al verlo. ¡Qué diferente la encontraba ahora en comparación a hace un rato! Se la veía casi exultante. Se lanzó a sus brazos y él se sonrojó ante aquella cálida bienvenida.

–Videl, me temo que no traigo buenas noticias. Trunks y Marron tomaron una nave y han partido. No sé si estarán en el planeta o habrán salido ya de él. Fue de madrugada.

–Oh… –Se entristeció ella. Pronto recuperó parte del ánimo, ella también tenía noticias que compartir. –Podemos ganar algo de tiempo. Mi madre ha decidido aplazar todo lo del compromiso para más adelante –explicó. –Los encontraremos para que regresen a tiempo y podamos aclarar todo esto. Nuestros padres deben escucharnos.

Gohan quería contagiarse un poco del optimismo que emanaba de aquellos zafiros que lo miraban fijamente. El sol ya estaba muy bajo y en sus ojos se reflejaban los destellos anaranjados del horizonte. En un acto que estaba entre lo voluntario y lo reflejo la rodeó por la cintura y la besó como nunca lo había hecho.

Videl quedaba fascinaba cuando sus labios se tocaban. Cada vez, cada beso, era diferente del anterior. Este era profundo, húmedo, rebosante de amor. La princesa agarró del cabello con pasión al guerrero, el cual comenzó a acariciar sobre la seda el cuerpo de la princesa recorriendo su espalda, bajando su boca al cuello y casi sujetándola porque ella sentía que podría desmayarse de felicidad. Algunas voces medio lejanas se escucharon al otro lado de la puerta. Se miraron deseando más de ellos. Videl lo tomó de la mano y lo guio de nuevo hacia el balcón. Como dos niños traviesos y bajo el amparo de la ya casi completa noche, salieron volando hacia un lugar mejor.

En pocos minutos Videl le descubrió a Gohan otro pequeño paraíso escondido en las cercanías del palacio. La cascada fluía y salpicaba el pequeño recorte de hierba que la rodeaba. Aquel rincón no era fácil de encontrar a pie ya que estaba rodeado de una intensa vegetación, pero volando lo divisaron con bastante facilidad. No estaba ni muy lejos ni muy cerca del palacio, lo suficiente para que la princesa y sus amigas hicieran inocentes excursiones.

Videl se adelantó y comenzó a adentrarse en el agua. Gohan la siguió hipnotizado por su figura, por su melena cayendo salvaje por la espalda. La abrazó por la espalda y siguió por donde lo había dejado, pasando la boca por su cuello y siguiendo las líneas que marcaban el perfecto y firme cuerpo de su amada. Ella se dio la vuelta y juntos se sumergieron en el agua.

La mirada de la chica cambió completamente, y tras un breve instante, se quitó el camisón de seda empapado, que se hundió por el peso del agua en la tela. Gohan no se esperaba ese movimiento por parte de Videl, pero cuando vio esa mirada de deseo y amor en ella, la imitó y recorrió la corta distancia que había entre ellos.

Los besos y las caricias fueron ganando intensidad, así como sus respiraciones, casi acompasadas, entre las cuales se dejaba escapar algún gemido. Ninguno había experimentado algo remotamente parecido, nadie les había explicado qué debían hacer, pero no les hizo falta. Ellos estaban conectados de alguna manera que nadie podría entender. Lo suyo era superior a cualquier alianza, a cualquier reino o a todo ser que pudiera interponerse entre los dos.

Gohan y Videl ya habían decidido su futuro al entregarse el uno al otro, y eso ya nada ni nadie podría evitarlo.


La Reina Altea escuchaba perpleja a la princesa Bra. Ella había hecho llamar también a sus padres ya que lo que les estaba contando atañía a los dos reinos. Kakarotto se había unido a ellos, sin dar crédito a lo que le estaban contando del menor de sus hijos.

–¡Esto es un insulto! –bramó el Rey Vegeta.

–Bra, hija mía. ¿Estás segura de lo que dices? Todos conocemos a Goten y a veces puede ser un poco… –insistió la Reina Bulma.

–Goten no haría algo así. No se jugaría su reputación y la de nuestra familia por un asunto así –intentó convencerse Kararotto.

–¡Silencio, por favor! –pidió Altea con desesperación. –Estás acusando a una Pura, Princesa Bra. Pares es mi confesora, casi una hija para mí. No puedo tolerar esas acusaciones. No sin pruebas –determinó con seriedad.

Bra se sentía humillada como si fuera una cría al no encontrar el apoyo de sus padres, cada palabra que escuchaba le hacía brotar más y más rabia en su interior. ¿Quería pruebas? Ella se las iba a dar.

–¿Pruebas decís, Majestad? No tenéis más que acompañarme.

Goten y Pares estaban llegando a la cascada cuando escucharon voces y risas en aquel idílico paraje. La noche ya era cerrada y Goten le pidió que guardara silencio llevándose el dedo a la boca. Se acercaron un poco más y apartaron las últimas ramas que les separaban de la cascada.

Solo vieron dos siluetas, muy juntas, eso estaba claro, pero no llegaban a distinguir de quiénes se trataban. Los dos espías se miraron divertidos y Pares se sintió un poco abochornada de estar presenciando un momento tan íntimo. Solo se distinguían besos y el rumor de una conversación, pero se sentía como que estaba interfiriendo en algo sagrado.

De repente, Goten y Pares se volvieron al escuchar nuevas voces, esta vez provenientes del camino por el que ellos habían venido.

–¿Es que acaso todo el mundo a este lado del planeta conoce este lugar? –susurró irritado el joven. Volvió a tomar a Pares de la mano y se ocultaron entre otros arbustos que custodiaban una roca.

Aquellas siluetas sí las reconocieron. Bra encabezaba una comitiva compuesta de los mismísimos reyes de Altace y Vegeta y de su propio padre.

–¿Bra? ¿Padre? –exhaló en silencio Goten.

–Majestad… Si me encuentra aquí es mi perdición. –Pares se alteró tanto que Goten tuvo que tirar de ella para evitar que fueran descubiertos.

Bra se detuvo a pocos pasos de su destino. Por un momento titubeó y se volvió a preguntar si estaba haciendo lo correcto. Y si Goten la podría perdonar alguna vez. Pero pronto escuchó unas risas traviesas y las voces de una pareja joven y de nuevo sintió como la bilis y el odio le recorrían todo el cuerpo hasta el último de sus cabellos.

–Y así, Majestad, es como se descubre a una indigna de vuestra devoción. –Bra, haciendo un infrecuente uso de su fuerza de Saiyajin arrancó las ramas que los separaban de la cascada.

El grupo entró al ya no tan secreto paraje, y lo que encontraron fue peor que cualquiera de las pesadillas o pensamientos que pudieron cruzarse en sus mentes.

Bra se quedó petrificada y sin aliento. Aquello no podía estar pasando.

–¡VIDEL! –chilló Altea.

–Gohan, hijo… –susurró Kakarotto sintiendo como con cada una de esas palabras su espíritu se despegara del cuerpo para irse diluyendo con el aire.


Freetalk: El final se acerca, pero... ¿Será feliz?

Gracias por vuestra lectura y ánimos siempre.

Dragon Ball es © de Akira Toriyama